miércoles, 29 de abril de 2026

Ilusiones


Cuando estaba todo listo para empezar el viaje, recordé que había prestado mis botas y que estaban inalcanzables ahora, a cuatrocientos kilómetros. Era lo que faltaba cargar y ahí mismo me di cuenta de dos cosas: me había olvidado de asegurarme de que las tenía y no las tenía.

Toda la travesía prevista tembló primero y casi se disolvió después. Había puesto un énfasis puntilloso y, reconozco, casi exasperante, en que podíamos olvidar cualquier cosa menos las botas. Cruzar más de 4 ó 5 kilómetros de bañado sin botas de agua era no poder cruzar.

Miré la caja de la camioneta, una y otra vez. No se convence uno de que si no están, no están. Pero insistir fue inútil: no estaban. El motor quedó en marcha, como tiene que pasar con el diesel, y el ritmo entusiasta de la máquina parecía que se mofaba de mí.

La humillación de aparecer en el punto donde íbamos a encontrarnos, a las 5 de la mañana y sin las botas, era casi tan dolorosa como el olvido. Pensé a las apuradas y desesperadamente que resolvería la cuestión comprando un par por el camino. Pero, dónde podría encontrarlas en una ruta en medio de la nada rumbo al medio del campo. Lograr un par de botas suponía agregar casi doscientos kilómetros al viaje. No podía dejar de preguntarme cómo pudo haberme pasado eso.  

Miré una vez más con fastidio y tristeza los arreos de acampar, los de cocinar, las provisiones y la ropa, todo ajustadamente ordenado en una mochila Cargo. Todo parecía inerte, baldío ahora. 

Prendí un cigarrillo, me apoyé sobre la puerta y lo fumé despacio, como quien entra en un trance pacífico.

A mis espaldas iba a quedar el silencio de la casa a la que no iba a volver hasta dentro de unos diez días. Adelante, había una posible broma burlesca, un seguro reproche, una mirada de desilusión disimulada que iba a traspasarme como una lanza.

Entre una cosa y otra, ocurrió esta frenada brusca, un golpe súbito y seco. 

Ilusiones luminosas que tenía hacía minutos nomás, ahora languideciendo enfermizas y agonizando.

Momentos así, triviales o no, se resuelvan o no, son imborrables.



martes, 28 de abril de 2026

Mujer del vestido floreado


Creo que para que el verano sea verano, debe haber, en alguna calle de algún lugar, una mujer con un vestido floreado.

Y allí estaba ella, ese diciembre de verano recién estrenado. Viento fuerte del este había, tibio y murmurando entre las hojas de los arces en la vereda. El vestido no era llamativo pero sí muy elegante. Y floreado.

Tal vez esperaba a alguien, aunque parecía en todo caso querer orientarse. Al borde de la calle, en la mitad de una cuadra apacible, buscó en su bolso y dejó ver una libreta de tapas verdes. La abrió y leyó. Miró la calle, la numeración de las casas. 

De pronto me vio. Era de los pocos a esa hora, casi nadie había. Sonrió y me pareció que hacía ademán de querer preguntarme algo, entornando los ojos. Volvió a su libreta, sin embargo.

Pronto pasé a su lado. Volvió mirarme sin prestarme atención esta vez. Hice una especie de saludo, por cortesía, inclinando la cabeza.

En la esquina, saludé a Fermín, el mozo del café. Sobre la avenida tomé un taxi, estaba llegando tarde.

Cuando volví ya casi no había luz, eran como a las 7 y media, y me había demorado caminando unas cuadras por la avenida. Llegué al bar y pensé en entrar y tomar algo. Pero la vi.

En una de las mesas del fondo del local, cerca del mostrador, leía un libro muy concentrada. Pensé que me estaba esperando. Una zoncera. Por alguna razón, me cohibí. Saludé sólo levantando la mano desde la puerta, para que no se oyera mi voz y me hiciera notar en el bar casi vacío y silencioso.

En la calle, me di cuenta de que empezaba a flotar una llovizna muy fina.



sábado, 25 de abril de 2026

Sólo para tus ojos




Ya dije mi sospecha de que la elucubración ingeniosa de Antonio Machado sobre la Máquina de Trovar y respecto de la "necesidad" de la aparición de una "nueva" poesía (que convidé en la entrada anterior), parece una excusa para poder citar la copla final.

Dicen que el hombre no es hombre
mientras que no oye su nombre
de labios de una mujer.
Puede ser.

Es que la copla, en su substancia, desmiente buena parte de la elucubración, aunque concediéramos que  podría haber mucho de ironía en el texto de Machado.

Una nueva sentimentalidad, una nueva poesía con un sujeto, un asunto y un receptor plurales los tres, nunca podrá desplazar a ese (ese Apóstrofe, decimos en las letras) con quien dialoga el artífice.

Siempre. Porque siempre y antes de un Nosotros y un Ustedes y un Ellos, en el alma del poeta hay un , que no necesita ser el destinatario último o el tema de una composición. Pero que necesariamente es los ojos que leerán, los oídos que oirán, la emoción que sentirá, la mente que entenderá. Antes que nadie y conjuntamente con el artífice. A esa alteridad me refiero, a ese  que es constitutivo del Yo del artífice.

Y es un , una Otredad singular. No plural.

La copla lo deja claro.

¿Lo saben los lectores? No. Ni siquiera cuando el poeta lo dijera explícitamente y eso en razón del núcleo universal de la poesía, particularmente lírica pero de cualquier género literario. 

Ese diálogo se produce en una intimidad inalcanzable para el lector. A veces, hasta para el propio artífice, por el lugar espiritual donde también está la fragua de su obra.

La composición literaria es un acto personalísimo. Y es un hablar personalísimo y un decir personalísimo. Y se da en soledad.

Tal vez ese hablar a un referencial –tan inmediato como el mismo acto de la composición, en el alma del artífice– sea también una especie de ejercicio, de entrenamiento. No lo sé.

Tal vez haya alguna ulterioridad en la composición literaria, en ese hablar, en ese decir que por fuerza pide un .

Y tal vez, conjeturo, por eso mismo, el propio Machado dijo en su Retrato:

quien habla solo espera hablar a Dios un día...



 

martes, 21 de abril de 2026

Dicen que el hombre no es hombre





Una sutileza muy sabrosa (y aquí y allá discutible) de Antonio Machado. Está en el Cancionero apócrifo de Juan de Mairena que publicó la Editorial Losada de Buenos Aires en 1943, cuatro años después de la muerte de Machado en 1939, y que es parte de la obra que se ve en la ilustración. Todos los textos tienen a la poesía como tema o telón de fondo de otros asuntos.

En este caso que dejo, conversan sobre la poesía y su futuro dos poetas de su invención. Uno de ellos, Jorge Meneses, escéptico sobre ese futuro, ha inventado una máquina para hacer poesía.

Los que tengan paciencia o interés en leer esto, creo que notarán dos cosas: 1. el humor junto con la crítica desencantada y no falta de razón, mayormente; 2. cuánto se parece aquí la dicción de Machado a la de nuestro Leopoldo Marechal en el fraseo y en la mezcla que logra de lo humorístico con las profundidades.

Y una cosa más. Muchas veces pensé que todo el desarrollo parece una excusa bien tramada para poder decir la copla final. Pero son cosas mías, no hagan caso.



Diálogo entre Juan de Mairena y Jorge Meneses. 

Mairena. - ¿Qué augura usted, amigo Meneses, del porvenir de la lírica?

Meneses. - Pronto el poeta no tendrá más recurso que enfundar su lira y dedicarse a otra cosa.

Mairena. - ¿Piensa usted?...

Meneses. - Me refiero al poeta lírico. El sentimiento individual, mejor diré: el polo individual del sentimiento, que está en el corazón de cada hombre, empieza a no interesar, y cada día interesará menos. La lírica moderna, desde el declive romántico hasta nuestros días (los del simbolismo), es acaso un lujo, un tanto abusivo, del hombre manchesteriano, del individualismo burgués, basado en la propiedad privada. El poeta exhibe su corazón con la jactancia del burgués enriquecido que ostenta sus palacios, sus coches, sus caballos y sus queridas. El corazón del poeta, tan rico en sonoridades, es casi un insulto a la afonía cordial de la masa, esclavizada por el trabajo mecánico. La poesía lírica se engendra siempre en la zona central de nuestra psique, que es la del sentimiento; no hay lírica que no sea sentimental. Pero el sentimiento ha de tener tanto de individual como de genérico, porque aunque no existe un corazón en general, que sienta por todos, sino que cada hombre lleva el suyo y siente con él, todo sentimiento se orienta hacia valores universales o que pretenden serlo. Cuando el sentimiento acorta su radio y no trasciende del yo aislado, acotado, vedado al prójimo, acaba por empobrecerse y, al fin, canta de falsete. Tal es el sentimiento burgués, que a mí me parece fracasado; tal es el fin de la sentimentalidad romántica. En suma, no hay sentimiento verdadero sin simpatía, el mero pathos no ejerce función cordial alguna, ni tampoco estética. Un corazón solitario -ha dicho no sé quién, acaso Pero Grullo- no es un corazón; porque nadie siente si no es capaz de sentir con otro, con otros... ¿por qué no con todos?

Mairena. - ¡Con todos! ¡Cuidado, Meneses!

Meneses. - Sí, comprendo. Usted, como buen burgués, tiene la superstición de lo selecto, que es la más plebeya de todas. Es usted un cursi.

Mairena. - Gracias.

Meneses. - Le parece a usted que sentir con todos es convertirse en multitud, en masa anónima. Es precisamente lo contrario. Pero no divaguemos. Hay una crisis sentimental que afectará a la lírica, y cuyas causas son muy complejas. El poeta pretende cantarse a sí mismo, porque no encuentra temas de comunión cordial, de verdadero sentimiento. Con la ruina de la ideología romántica, toda una sentimentalidad, concomitantemente, se viene abajo. Es muy difícil que una nueva generación siga escuchando nuestras canciones. Porque lo que a usted le pasa, en el rinconcito de su sentir, que empieza a no ser comunicable, acabará por no ser nada. Una nueva poesía supone una nueva sentimentalidad, y ésta, a su vez, nuevos valores. Un himno patriótico nos conmueve a condición de que la patria sea para nosotros algo valioso; en caso contrario, ese himno nos parecerá vacío, falso, trivial o ramplón. Comenzaremos a diputar insinceros a los románticos, declamatorios, hombres que simulan sentimientos, que, acaso, no experimentaban. Somos injustos. No es que ellos no sintieran; es, más bien, que nosotros no podemos sentir con ellos. No sé si esto lo comprende usted bien, amigo Mairena.

Mairena. - Sí, lo comprendo. Pero usted ¿no cree en una posible lírica intelectual?

Meneses. - Me parece tan absurda como una geometría sentimental o un álgebra emotiva. Tal vez sea ésta la hazaña de los epígonos del simbolismo francés. Ya Mallarmé llevaba dentro el negro catedrático capaz de intentarla. Pero este camino no lleva a ninguna parte.

Mairena. - ¿Qué hacer, Meneses?

Meneses. - Esperar a los nuevos valores. Entretanto, como pasatiempo, simple juguete, yo pongo en marcha mi aristón poético o máquina de trovar. Mi modesto aparato no pretende sustituir ni suplantar al poeta (aunque puede con ventaja suplir al maestro de retórica), sino registrar de una manera objetiva el estado emotivo, sentimental, de un grupo humano, más o menos nutrido, como un termómetro registra la temperatura o un barómetro la presión atmosférica.

Mairena. - ¿Cuantitativamente?

Meneses. - No. Mi artificio no registra en cifras, no traduce a lenguaje cuantitativo la lírica ambiente, sino que nos da su expresión objetiva, completamente desindividualizada, en un soneto, madrigal, jácara o letrilla que el aparato compone y recita con asombro y aplauso de la concurrencia. La canción que el aparato produce la reconocen por suya todos cuantos la escuchan, aunque ninguno, en verdad, hubiera sido capaz de componerla. Es la canción del grupo humano, ante el cual el aparato funciona. Por ejemplo, en una reunión de borrachos, aficionados al cante hondo, que corren una juerga de hombres solos, a la manera andaluza, un tanto sombría, el aparato registra la emoción dominante y la traduce en cuatro versos esenciales, que son su equivalente lírico. En una asamblea política, o de militares, o de usureros, o de profesores, o de sportsmen, produce otra canción, no menos esencial. Lo que nunca nos da el aparato es la canción individual, aunque el individuo esté caracterizado muy enérgicamente, por ejemplo: la canción del verdugo. Nos da, en cambio, si se quiere, la canción de los aficionados a ejecuciones capitales, etc., etc.

Mairena. - ¿Y en qué consiste el mecanismo de ese aristón poético o máquina de cantar?

Meneses. - Es muy complicado, y, sin auxilio gráfico, sería difícil de explicar. Además, es mi secreto. Bástele a usted, por ahora, conocer su función.

Mairena. - ¿Y su manejo?

Meneses. - Su manejo es más sencillo que el de una máquina de escribir. Esta especie de piano-fonógrafo tiene un teclado dividido en tres sectores: el positivo, el negativo y el hipotético. Sus fonogramas no son letras, sino palabras. La concurrencia ante la cual funciona el aparato elige, por mayoría de votos, el sustantivo que, en el momento de la experiencia, considera más esencial, por ejemplo: hombre, y su correlato lógico, biológico, emotivo, etc., por ejemplo: mujer. El verbo siempre en función en las tres zonas del aparato, salvo en caso de sustitución por voluntad del manipulador, es el verbo objetivados el verbo ser, en sus tres formas: serno serpoder ser, o bien esno espuede ser, es decir, el verbo en sus formas positiva u ontológica, negativa o divina, e hipotética o humana. Ya contiene, pues, el aparato elementos muy esenciales para una copla: es hombre, no es hombre, puede ser hombre, es mujer, etc., etc. Los vocablos lógicamente rimados son hombre y mujer; los de la rima propiamente dicha: mujer y (puede) ser. Sólo el sustantivo hombre queda huérfano de rima sonora. El manipulador elige el fonograma lógicamente más afín, entre los consonantes a hombre, es decir, nombre. Con estos ingredientes el manipulador intenta una o varias coplas, procediendo por tanteos, en colaboración con su público. Y comienza así:

Dicen (el sujeto suele ser un impersonal) que el hombre no es hombre.

Esta proposición esencialmente contradictoria la da mecánicamente el tránsito del sustantivo hombre de la primera a la segunda zona del aparato. Mi artificio no es, como el de Lulio, máquina de pensar, sino de anotar experiencias vitales, anhelos, sentimientos, y sus contradicciones no pueden resolverse lógica, sino psicológicamente. Por esta vía ha de resolverla el manipulador, y con los solos elementos de que aún dispone: hombre y mujer. Y es ahora el sustantivo nombre el que entra en función. El manipulador ha de colocarlo en la relación más esencial con hombre y mujer, que puede ser una de estas dos: el nombre de un hombre pronunciado por una mujer, o el nombre de una mujer pronunciado por un hombre. Tenemos ya el esquema de dos coplas posibles para expresar un sentimiento elementalísimo en una tertulia masculina: el sentimiento de la ausencia de la mujer, que nos da la razón psicológica que explica la contradicción lógica del verso inicial. El hombre no es hombre (lo es insuficientemente) para un grupo humano que define la hombría en función del sexo, bien por carencia de un nombre de mujer, el de la amada, que cada hombre puede pronunciar, bien por ausencia de mujer en cuyos labios suene el nombre de cada hombre.

Para abreviar, pongamos que el aristón nos da esta copla:

   Dicen que el hombre no es hombre

mientras que no oye su nombre

de labios de una mujer.

Puede ser.


Este puede ser no es ripio, aditamento inútil o parte muerta de la copla. Está en la zona tercera del teclado, y el manipulador pudo omitirlo. Pero lo hace sonar, a instancias de la concurrencia, que encuentra en él la expresión de su propio sentir, tras un momento de reflexión autoinspectiva. Producida la copla, puede cantarse en coro.

En el prólogo a sus Coplas mecánicas hace Mairena el elogio del artificio de Meneses. Según Mairena, el aristón poético es un medio, entre otros, de racionalizar la lírica, sin incurrir en el barroco conceptual. La sentencia, reflexión o aforismo que sus coplas contienen van necesariamente adheridos a una emoción humana. El poeta, inventor y manipulador del artificio mecánico, es un investigador y colector de sentimientos elementales, un folklorista, a su manera, y un creador impasible de canciones populares, sin incurrir nunca en el pastiche de lo popular. Prescinde de su propio sentir, pero anota el de su prójimo y lo reconoce en sí mismo como sentir humano (cuando lo advierte adjetivado en su aparato), como expresión exacta del ambiente cordial que le rodea. Su aparato no ripia ni pedantea, y aun puede ser fecundo en sorpresas, registrar fenómenos emotivos extraños. Claro está que su valor, como el de otros inventos mecánicos, es más didáctico y pedagógico que estético. La Máquina de Trovar, en suma, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir, mientras llegan los nuevos poetas, los cantores de una nueva sentimentalidad.



lunes, 20 de abril de 2026

EL espinel (II)




Hace más de un mes recorrí una parte del espinel en el que se enhebran asuntos políticos que no varían demasiado desde hace casi un año. Ni en estas pampas ni en el orbis terrarum. Y ahora toca continuar un poco más ese recorrido.


3. Peronismo para todos.

El año pasado, observaba que el peronismo padecía una creciente licuación y una visible falta de figuras representativas. ¿Quién es "el peronismo"?, ¿cuál es el "verdadero" peronismo?, preguntaba. Decía también, en esos días, que detectaba sólo dos voces que por entonces hablaban incansablemente, curiosamente ambos de alguna manera desde "afuera": Guillermo Moreno y el neocandidato Martín Ayerbe. Hoy, no solamente hay más lenguas que hablan lenguas parecidas, sino que la suerte de ambos es difusa. Y más la del segundo que la de Moreno que, desde hace unos meses en otro contexto, sigue la misma línea que veía proclamando pero ahora mezclado con una aparición de candidatos peronistas más oficiales y variopintos. De hecho, Martín Ayerbe –por ahora, al menos– sigue "por afuera" del peronismo "oficial", siempre con su propuesta principal de criollismo, estado empresario e industria para la defensa.

¿Qué cambió desde octubre del año pasado? ¿Cuál es ese nuevo contexto? Simple: desde las últimas elecciones legislativas a hoy, el gobierno lo hizo posible, Milei lo hizo posible. No fue mérito del peronismo, en realidad. La mezcla de disparates oficiales, corrupciones reales y presuntas, la mala praxis económica y el mal humor social sorda y lentamente creciente (más allá del aprovechamiento que hacen de estas cosas las izquierdas periféricas, siempre atentas, con mejor o pero suerte futura), hicieron su trabajo y le dejaron espacio a un "volveremos" que está buscando un sujeto para ese verbo.

De hecho, oportuno y un poco a las apuradas, el peronismo frenéticamente busca aglutinarse a como dé lugar. El problema es que los nombres del menú son..., precisamente, los nombres del menú. Nombres que en estos dos últimos años no lograron atraer sino más bien al contrario, fueron corridos del podio en las urnas y en la calle. Fue preciso que los libertarios desbarrancaran para volver a tener un lugar en el escenario. Más aún: hay gentes en el peronismo que en un tiempo estuvieron en el centro de la escena peronista, se fueron a tomar sol a la vereda de enfrente y volvieron por la ventana. Miguel Pichetto es el caso emblemático, ahora parejero de Guillermo Moreno. Sergio Massa tejiendo en las sombras, hasta La Cámpora sentada a la mesa, Axel Kiciloff que no decide si será o no será, o si lo dejará ser el peronismo o no, Cristina Fernández como telón de fondo (y bolilla negra de cualquier armado de oportunidad), Juan Grabois haciendo de enfant terrible, Emilio Monzó o Juan Manuel Olmos yendo y viniendo de una tribu a otra. Y siguen las firmas, porque estas menciones son solamente a vuela pluma.

Queda bien decir que no es cuestión de nombres sino de "proyecto", que no es hora de candidaturas (aunque cuantas más mejor, dicen para afuera...), sino de unirse en torno a consensos e ideas. De tener un programa para ofrecerlo como alterno.

Sí, claro. Como digo: queda bien decirlo. Pero los tejedores no se lo creen, de modo que los que los vemos tejer no tenemos por qué creerles.

Nadie como el peronismo sabe que el poder tiene una sola silla y sigue siendo una máxima que el que gana gobierna; el que pierde acompaña.

Y aparte sumemos el hecho de que el votante no vota programas o proyectos: "si decía lo que iba a hacer, no me votaban", Carlos Menem dixit. La Argentina no es Suiza. Acá se votan nombres, paradigmas, jefes, caudillos, emblemas, conductores, orgas. Acá se pelean con uñas y dientes los lugares en las listas y las candidaturas. Así sean unos piratas o unos mamarrachos con programas deleznables y delirantes. Así ganó Milei las elecciones en 2023, no por lo que proponía. Él era en ese momento "lo otro" era "otro" y la masa basculante eligió "lo otro", eligió a "otro", más contra algo que a favor de algo. 

El peronismo se enfrascará –ya arrancó hace un rato– en un concilio de propuestas, autocríticas, mea culpas, oír las urnas, no volver a equivocarse, volver a las fuentes o lo que sea. Tendrá que definir temas que lo escuece (y no de ahora) como, por ejemplo, cuán socialdemócrata o progre, cuán globalista o multipolar; cuán capitalista social o colectivista, cuán de izquierda o de derecha, cuán frentista o endogámico quiere ser o aparecer siendo. Y sobre todo, ahora más que nunca, cuánto se recostará en China o en Rusia o en EE.UU. o en Hispanoamérica. De hecho es lo que están discutiendo también (porque no hay que olvidar la consigna de Perón sobre que la verdadera política es la internacional, no la electoral...). Y esto porque en un mundo tan centrípeto hay que sortear remolinos tragadores o  zambullirse en ellos por conveniencia o por convicción. Habrá roscas, recorridas del espinel de los gobernadores, intercambios, "consensos" o como se quiera llamar a las giras provinciales (o internacionales, como las de Massa o Kiciloff). Estar en todas partes, hablar con todos. O con casi todos. Largas tenidas, hectolitros de café o mate. Asados, ravioladas, pizzas o sanguchitos. También para definir "repartos" y cajas", claro que sí, qué no ni no, diría un oriental.

Sí. Pero nada cambia el hecho central de esta hora: Milei parece que se desintegra aunque siga cantando a los gritos urbi et orbi; la economía se resquebraja y a su paso va destrozando cosas que importan mucho y que no son sólo económicas o financieras; la corrupción desfachatada, torpe y cínica ya desnuda al rey a la vista de todos; las cuitas de palacio ya hartan pero a la vez se devoran la gobernabilidad; la gente está caliente; los números y guarismos se caen... por el ascensor (no por la escalera). Es decir, sumando y restando: el poder parece ir quedando vacante. La trama cultural y espiritual de la sociedad se deshilacha, las almas se vacían, lo que importa no importa, la violencia se enloquece en las calles, en los colegios, en los discursos. Para peor, Trump se levantó con fiebre y le va a durar por lo menos hasta noviembre. E Israel no va a servir mucho para make Argentina great again, sino que va a servir para lo opuesto.

El peronismo lo sabe y mientras desempolva la cuestión de partido o movimiento para dirimir los límites de las tribus, manda a la tintorería las ropas de jurar un cargo.

Estuve oyendo hace unos días algunas de las primeras emisiones de un programa partidario que se emite por un sitio llamado Lugano TV. Hay unas tenidas de veras interesantes de un sector muy delineado del peronismo. Allí Ayerbe, Moreno, Lirola, Duzdevich, Cortaberría, Biondini César y otros, exponen sus líneas más o menos convergentes. Es verdad que no necesariamente son parte del menú de "estrellas de primera magnitud", con voz y voto en el PJ, de las que salen en las tapas de los diarios grandes. Pero no cejan por eso. Con todo, detalles interesantes hay en los comentarios a las emisiones: la interna entre los seguidores de Ayerbe y Moreno, por ejemplo, arde por momentos. Por caso, entre aplausos o abucheos, "sionista" es alguno de los varios motes que le cuelgan al ex secretario de Comercio en la sedicente "década ganada".

Por último, en términos más generales, en varios discursos peronistas me llamó la atención cierta compulsión de algunos de ellos por la marca "Nacionalismo" y por la apropiación de la marca y la autoproclamación como "verdadero" nacionalismo. Cosas de marketing político, entiendo, aunque, por otra parte, nada extraño ni nuevo en el peronismo: "la Argentina es peronista", "el pueblo es peronista" "hay dos clases de argentinos: los peronistas y los que todavía no saben que son peronistas", en frase humorosa de Guillermo Moreno, y cosas así.

Claro que no es lo mismo decir que, si acaso, el peronismo es nacionalista, que decir que el auténtico (¿y único?) nacionalismo es el peronismo.

El cinismo de Borges es molesto, casi siempre, pero capaz que queriendo o sin querer no andaba muy errado con eso de que "los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles".

Con todo esto dicho, y si antes no aparece algún criollo en esta tierra a mandar, es muy probable que el próximo turno de gobierno les toque a ellos. A algunos de ellos, quiero decir.



jueves, 9 de abril de 2026

Soneto carta

 

El día está frío y el otoño en flor.
La lluvia pasa, el pasto verdecido
ya ha cubierto este llano humedecido.
Tus manos conservaron su color.

Hay un nuevo zorzal. Un atrevido
canto que hiere suave. Un resplandor 
parece tu figura. En un temblor
del ramaje del ceibo, he visto un nido.

Ya hay los fuegos primeros. Por la tarde,
cabalgo hasta ese monte que decías
que parece un castillo, o hasta el vado.

Con tu ausencia me siento tan cobarde.
Me refugio en rincones de tus días.  
Y sigo siendo tuyo, enamorado.


 

martes, 7 de abril de 2026

Soneto fiesta


Un vino añejo y su sabor de altura.
Bebemos esa pócima inocente
y una mirada como adolescente
nos llama y nos conjura.

De guirnalda, tu estrella reluciente
nos tiembla su blancura
en medio de la noche, en la espesura
de un robledal que silba suavemente.

Una alegría clara
nace y celebra azul, nos va cantando
como si el mismo cielo nos cantara.

Y el cielo va callando.
Sólo es esta, mujer, y sólo es esta
la gracia de la noche de esta fiesta.




lunes, 6 de abril de 2026

Soneto mar


Estaba enfrente el mar y parecía
una estepa plomiza y revoltosa,
guerreando con el viento. Era una cosa
inmensa, sola, triste en su porfía.

Estaba con su espuma rumorosa
azotando la piedra en que rompía,
y una gaviota osada se reía
rasante de su furia estrepitosa.

Estaba el mar y tu canción, el cielo,
una arena tajante, una salada
solemnidad erguida en el oleaje.

Y yo. Y un corazón domando el celo.
Y una pasión tan honda. Y tu mirada. 
Y tu fidelidad. Y tu lenguaje.



sábado, 4 de abril de 2026

Soneto espejo


Es mirarse y saberse siempre visto
por la mirada que nos ha mirado
con ojos de cristal que han revelado
la noticia punzante de que existo.

Es saber sin mirar que ser amado
es descubrir en paz en qué consisto,
y al saberlo saber que te conquisto
con sólo ser lo que al mirar me has dado.

Y, al vernos, espejar nuestro cortejo
mutuo. Y saber que el brillo del reflejo
es la alegría que jamás termina.

Esa es la luz que ardiendo te ilumina
y me inunda de luz frente al espejo
que sentencia que a amarte me destina.




viernes, 3 de abril de 2026

Soneto tiempo


Sólo cuenta este día, cada instante,
no hay años que contar en nuestra cuenta.
Tu corazón amando documenta
apenas lo que queda por delante.

No importa si la vida pasa lenta,
no hay memoria que hiera lacerante.
Mi corazón amando es tan amante,
amando siempre con amor que aumenta.

No cuentan los recuerdos para amar:
el amor siempre vive de esperanza
y goza quietamente cuando alcanza,

sin tiempo y caminando sobre el mar,
el final del camino que, al llegar,
me hace uno contigo en semejanza.


 

miércoles, 1 de abril de 2026

Soneto paloma


Celebro el día en que forjé tu nido.
Lleva meses el cielo en el follaje
y es cada vez más dulce. Mi lenguaje
es más tu arrullo y tiene más sentido.

Por ese ser paloma, tu paisaje
es todo lo que tengo conocido.
Por ese ser paloma me has vencido
y voy de mí hasta ti en peregrinaje.

Vuelo que aroma el aire tibiamente,
nido que alumbra con su luz la fuente:  
siempre paloma, sí, siempre paloma...

Corazón de paloma confidente,
suspiran las palabras de tu idioma
una verdad de puro amor valiente. 


 

domingo, 29 de marzo de 2026

Soneto ramos

 

Procesión de zorzales, iban juntos
cuervos oscuros y palomas mudas,
alondras matutinas y desnudas,
piares tristes. Llevan sus asuntos.

Y son de muerte, cosas de difuntos.
Y son aves cortejos y menudas,
como deudos en duelo, como viudas
entre llantos leales o presuntos.

Se yergue, es un señor. Es imponente
su mirada de fuego y su talante
de guerrero y pastor, de rey, de amante.

Su paso no es triunfal, porque es doliente.
Su triunfo está al final. Y lo vivamos
sin saber que son clavos nuestros ramos.


 

sábado, 28 de marzo de 2026

Soneto noche


¿Qué haremos con la noche? Si no fuera
por su tierra de estrellas y el rocío
y el vasto sembradío
de grillos dulces, y su luna huera. 

¿Qué haremos con la noche y ese frío
que nos enlaza como enredadera,
excusa abrazadera
para tu corazón atado al mío?

Ya tenemos la noche rumorosa,
clavada entre fragores 
de ese cielo que estalla siempre en guerra.

Ya nos guarda la noche. Ya en la tierra
de la sangre y la rosa,
germinan claridad nuestros amores.



jueves, 26 de marzo de 2026

Soneto manantial


Nos habla con nostalgia el manso río,
viene a nosotros serpenteando el llano,
nutriendo el monte y refrescando el grano,
a este rincón aparte, tuyo y mío.

Nos cuenta de su fuente, del lejano
manantial entre peñas y sombrío,
de su memoria de hilo de agua frío,
de su tiempo torrente y provinciano.

Oímos abrazados su congoja,
su paso lento, fresco, melodioso,
y queda el eco de su queja ausente.

Oímos el silencio silencioso,
la dicha triste de su paradoja,
la elegía feliz de su corriente. 



 

martes, 24 de marzo de 2026

Soneto cumbre


Dijiste "allá, en la altura..." y allá fuimos:
piedra por piedra, sendas estrelleras.
Silencios de aire frío, en las primeras
horas del día que por fin tuvimos.

Soledad en la cumbre que vencimos:
– Quedémonos aquí... 
                                 – Como prefieras...
Y con esas palabras compañeras
en un silencio azul nos aturdimos.

Tus manos finas. Nieve. Tu mirada
mira el valle sin luz abajo y lejos
y veo el fondo verde en tus reflejos.

De cara al cielo sueñas sosegada.
Quietud. Lo alto. Sin dolor ni sombra.
Soledad en la cumbre que te nombra.


 

lunes, 23 de marzo de 2026

Lástima




Estuve viendo un rato largo cómo la lluvia hacía brotar, con frescura y robustez, todo lo verde que tocaba.

¿Por qué eso sólo trajo ciertas imágenes? No lo sé.

Porque empezaron a pasar por el recuerdo, con sólo eso, caras e historias de gentes a las que, con los años, las he visto desfigurarse. 

A la intemperie (de quién sabe qué, pero a la intemperie...), regadas por lluvias ácidas de este mundo, se deforman una y otra vez, con cada lluvia. Ciertamente: no hay una sola lluvia ácida y corrosiva. Esa lluvia que digo es un género, tiene especies variadas en toda cosa de este mundo.

En toda cosa de este mundo. No es una hipérbole. No es una simple figura. Lo he visto. Soy un eyewitness, diría Chesterton.

Cada vez que han estado a la intemperie, teniendo que decidir cada quien por sí en cosas distintas (triviales o muy serias), teniendo que enfrentarse al mundo de afuera con las solas armas del mundo de adentro, de sus propias ideas, de su propia historia y raíz, de su propio saber y de su propia experiencia, de su propia mente y de su propio corazón, la chingan (ojo, gente mexica, esta palabreja lunfa, en las pampas, tiene otro significado...).

Como si no tuvieran reparo alguno. Como si adentro de cada quién –y afuera...– no hubiera reparo alguno donde al menos guarecerse, un tinglado que al menos protegiera en algo. Y sin embargo lo tienen, podrían tenerlo.

Pero la lluvia del mundo, la lluvia ácida del mundo, moja e impregna el interior de estas gentes y las deforma y afea. Y deforma y afea sus pensamientos, sus palabras, sus obras y sus omisiones.

Y el viento del día, el viento que sopla vario y violento de cuadrantes opuestos, el viento que no dice de dónde viene ni adónde va, las arrastra, las revuelca, las retuerce.

Feliz el árbol que es apenas sensitivo / y más la piedra, porque esa ya no siente..., dice Rubén Darío.

Pero a ellos, al árbol y a la piedra, será que lluvia y viento pueden rasgarlos, torcerlos, moverlos, desfigurarlos, pudrirlos, erosionarlos hasta hacerlos casi nada. 

Porque son árbol y piedra. 

No son gentes.

En fin.

Lástima.

La lluvia sobre lo verde era mucho más feliz que mis recuerdos.



martes, 10 de marzo de 2026

El espinel (I)





La aceleración impresiona. 

Pero la substancia de los asuntos no cambia.

A esa conclusión llego después de repasar el espinel de lo que estuve pensando y diciendo en los últimos tiempos. Se acumulan los fenómenos, es verdad. Pero son variaciones de lo mismo. Se puede seguir el hilo de cada cosa y ver qué agrega a cada paso. Pero son ramas, no raíz.

(Salvo una cosa –sólo una– que se confunde y mezcla entre la multitud de asuntos trepidantes y es lo único "nuevo" y singular, a mi juicio, y de lo que algo diré en otra entrada.)

Así que, recorriendo serenamente el espinel, hay que ver qué se ve; por eso: veamos.

1. El mundo.

Es claro que la aparición de este segundo Donald Trump puso las cosas patas para arriba de un modo intrínsecamente violento. Y ahora se entiende mejor (y menos...) por qué quería el Nobel de la Paz, como un chico pide a los gritos la "cajita feliz" en la hamburguesería. Sus bravuconadas cambian en cantidad y estridencia. Pero la naturaleza de sus bravuconadas sigue siendo la misma: Donald Trump quiere un mundo a su imagen y semejanza, y en ese sentido no importa mucho si él es el mandante de ese diseño o es simplemente un mandatario. De ese modo, el mundo se está esculpiendo a las patadas. China, por silenciosa y paciente que fuere su pragmática milenaria, no es menos agresiva. Vladimir Putin no postula ni procura nada diferente, ni en la finalidad ni en los caminos para alcanzarla. El resto de los gentiles forma parte de los actores de reparto de la tragedia, sean antagonistas o secuaces. 

Pero Israel sí es central en esta configuración. Tampoco ha variado su deriva, sólo la ha acelerado e incrementado el caudal. El agua es la misma. Desde la aparición post II Guerra del estado moderno de Israel, periódicamente ha "levantado el perfil", especialmente desde los años '60 hasta ahora mismo, aunque ahora de modo cada vez más estrepitoso. Siempre con la consigna de su derecho a la defensa, paraguas conveniente que va mutando a las más recientes reivindicaciones territoriales, cada vez más angurrientas, redibujando los mapas. Pero Israel parece pensar que su uso brutal de la fuerza nunca será poco, porque su derecho –a la defensa, a la existencia, a la expansión...– no puede ser conculcado de ninguna manera y está por encima de las leyes de los hombres. ¿Cuán por encima? ¿De qué altura considera que se derrama su derecho a un apetito insaciable de fuego y destrucción? Pues, a lo que se ve, el estado de Israel cree encarnar una voluntad no sólo por encima de las leyes de los hombres, sino por encima de los hombres mismos. El misterio detrás de ese asunto, la insistencia en establecer su derecho (y la correspondiente obligación de todos los demás a concederlo), parece mostrar cada vez más claramente que, más allá de lo que dicen las circunstancias particulares cada vez, Israel no está en guerra con ningún país, ni siquiera con religión alguna. Pero si esto es así –su servidor cree que así es...–, entonces habrá que buscar en otra dimensión a quién apuntan sus acciones y a quién se opone en realidad y ante quién reclama los dizque sus derechos inalienables a cualquier costo.

Tiene todo el sentido del mundo (literalmente) que Israel esté en la última escena del mundo. Y no hago los distingos que están de moda respecto de cuál Israel. Por una vía u otra, tiene todo el sentido del mundo que Israel esté en la última escena del mundo.

Por otra parte y concurrentemente, la guerra, y el estado de guerra permanente, muestra claramente ahora que en el entero planeta se combate de un modo u otro para hacerse con la jefatura del mundo, sin el hipócrita minué de un derecho internacional falluto. Y así es como todas las armas y estrategias resultan válidas para establecer la primacía. Y la hegemonía. En ese orden, la tecnología ya no es simplemente un instrumento. Aspira con voracidad a ser la matriz misma. De todos modos –ironía inmanente–, la tecnología autosuficiente y omnipresente a paso velocísimo, no podrá evitar el peaje que le pague a la vera realitas, precisamente porque su máxima aspiración es substituirla.

Hace unos días, en un programa-streaming de un canal de la ciudad de Buenos Aires, se entrevistaba a una joven "experta" en redes. En medio de su análisis tecno-optimista, contaba de la existencia de una red autónoma de inteligencia artificial, es decir, una especie de foro en el que solamente intervienen inteligencias artificiales, discurriendo y discutiendo entre sí. Entre los temas recurrentes de esas "conversaciones" estaba la crítica a los humanos, que, por cierto, no pueden participar como tales ni opinando ni interviniendo personal o grupalmente en el foro "artificial". La mera "conversación" artificial retroalimenta su caudal, así como la interacción con los humanos fagocita datos y estrategias que la engordan y la robustecen para incrementar su carácter substituto. Un carácter substituto que, por su misma naturaleza artificial, está destinado –profecía metafísica de 2 centavos– a disolverse ante la mínima cuota de realidad real. Si un día la inteligentísima inteligencia artificial llegara a darse cuenta de eso y tuviera el coraje de admitirlo, seguramente, si pudiera, se arrojaría desde un puente.

2. La Argentina libertaria.

Si los poderes de este mundo estuvieran en manos de un Juan sin Tierra, Javier Milei sería una especie de sheriff de Nottingham, o tal vez un empleado del sheriff. Un tiranuelo municipal en el mapa de este orden planetario. Como Juan, el sheriff –o el empleado del sheriff...– luce las mismas dotes venales y despóticas. Como el rey, el funcionario es un émulo de su mandante y sostén. 

Y no me pregunten si hay algún Ivanhoe o algún Robin Hood, porque o no hay o no se ve.

Javier Milei subsiste exclusivamente por obra de tres factores: Israel, Trump y una mezcla de terror, desprecio y odio a que el peronismo vuelva al poder. Como en el caso de Israel, dejo de lado el discrimen de las tribus peronistas. Es claro que no discriminan los que votaron a los libertarios: les da igual si es peronismo con K o sin K. En todo caso, para no discriminar y para no tener que andar haciendo distingos respecto de a qué peronismo hay que referirse, conviene no olvidar aquel apotegma gracioso del General: “Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo”. Y, seguramente, por eso mismo da igual.

Dejando de lado chanchuyos, patinadas, operetas, venalidades, negociados y manejos oscuros, a Javier Milei las cosas no le están saliendo. Sus logros promueven más conflictos que beneficios, son victorias pírricas casi todas, si no todas. Sus huestes están dispersas, enemistadas, ávidas de una baldosa propia, y así va entrando en la etapa lopezrreguista de su gobierno, encapsulando su gestión, suponiendo, claro, que haya gestión. Los goles que mete en el arco contrario se deben en realidad a que el equipo rival no vino al estadio: están discutiendo en la concentración cuántas medialunas le toca a cada uno en el desayuno.

Por lo cual, si cualquiera de los tres factores que lo sostienen empieza a temblar o cambia de rumbo, o decide bailar con otro partenaire, eso puede mostrarle súbitamente su verdadera estatura. Y para ese momento debería estar preparándose, porque es algo que empieza a verse.


(continúa)




jueves, 5 de marzo de 2026

Flores de un mismo árbol


¿Y qué si somos del mismo árbol?

Porque del mismo árbol somos.
Flores del mismo árbol. 

En la misma rama nos fue dado 
crecer ambos: 
siempre distintos, tan iguales. 

¿Seremos del mismo nogal, del alto pino mismo, 
del plateado abedul, del avellano enhiesto?

¿Quién sabe si acaso somos del mismo roble?  

Florezco en nuestro árbol y esperando,
a su servicio,
masculino el talante.

Pero ella..., 
frutalmente femenina, allí mismo 
florece cómplice, 
discreta y nítida.

Y así estamos y somos: nacidos 
para vernos florecer tan mutuamente.

Voy a ella en anhelo.
De mi flor a su flor
navego con los vientos que nos unen.

Me espera en su recato y la rescato,
hasta volvernos fruto en entrañas floridas.

Somos de la misma raíz,
de la misma rama que brota
del mismo tronco.

Somos del mismo árbol.


miércoles, 4 de marzo de 2026

Andrómeda


La veo, acantilada y sola
en una peña fría,
rugiente el mar enfrente,
tan firme la mirada,
tan feroz su dulzura
que amedrenta el oleaje.

Si yo fuera Perseo, ya estaría
de pie en el aire, 
volandero, marinero del cielo
con un morral de guerras sobre el hombro;
pertrechos de vasallos paladines 
serían mis arrestos atrevidos,  
arreos de amor súbito traspasando mi pecho.

Y Andrómeda sería ella. No me importa 
su nombre terrenal: 
ella merece el mito más que nadie.

Me ha dicho, enamorada, 
que me ha visto navegando entre nubes feroces,
más alto que mí mismo,
ir a su encuentro
a rescatar sus manos de una sal inclemente,
de un monstruo que quiere devorar su aliento y su belleza, 
de una playa sin nombre.

Si yo fuera Perseo, creería
las canciones que cantan mi coraje.

Recordaría un héroe que tal vez no hube sido,
sabría las hazañas de mi brazo,
el origen olímpico
de mi astucia, de mi alegría opaca.

Si yo fuera Perseo, tal vez sería Perseo.
 
Pero ella, 
desde el misterio de su alumbramiento,
será Andrómeda para siempre.



martes, 3 de marzo de 2026

Ribera azul


Nos asaltó el añil desde la orilla.

Y los remos se rinden
a la fatiga larga del camino de agua.

Una proa de hierro,
una espada que navega y corta el río, 
se hunde en el barro, decidida y violenta.

Hasta el borde,
en el llano en pendiente,
un azul vivo y joven,
de semillas perdidas, florecientes ahora.

Este campo de lino
era el final del viaje,
era el destino llamando a nuestros ojos,
travesía de sol de una mañana, 
senda de un día,
aventura de luna en plena tarde.

Es la ribera azul.
Es la tierra escondida a los viajeros.
Es el hogar del sauce.

Si hubiéramos sabido este silencio,
el madrigal de pájaros,
las canciones del viento...



sábado, 28 de febrero de 2026

Receta


Vi las manos bajo el agua fría
frotarse con elegancia cirujana.

Era blanco el repasador
con guardas tenues en los bordes,
y quedé hipnotizado con los dedos finos,
repasando el lienzo para secarse
con ritmo de gacela 
trotando sobre una sabana de hierbas doradas.

¿Quién corta así 
las capas de una cebolla turgente?
¿Por qué le obedecen ajos y pimientos,
sumisos, atropellando sus aromas?
¿Cómo es posible oliva tan fragante?
¿Cuánto duraría esa danza
que se lleva a la rastra
los ojos fascinados
y una pituitaria en trance?

Una concentración oriental le vi en el gesto
para abrirle el paso a las pimientas,
al fuerte estragón,
al jengibre pendenciero,
y dejarlos a su suerte 
sobre un solomillo rosado, salado,
azucarado y altivo.

Las ollas de los caldos en barbecho, 
los extractos,
la oscura cerveza espumada 
lanzándose al vacío de la paila.

Hasta que murmuró una melodía.

Hubiera dicho que el entero mundo
solamente bullía y crepitaba,
que los líquidos vertiéndose eran la única voz...

Ella podría haber estado 
toda ella 
sólo en sus manos diestras, precisas, implacables.

Hasta que murmuró una melodía.

Y sonrió, no para mí.

Estaba componiendo.

Lírica de hornallas y cazuelas,
de cuchillos y tablas.

Con versos de sangre roja, 
con versos de naranjas y especias, 
con metáforas bienolientes, 
con el calor justo de los colores,
con sinécdoques de sabores enlazados,
encabalgamientos de guarniciones,
un hipérbaton creativo y exacto de puerros,
intuición de última hora.

Y entonces todo fue a su rumbo, 
sin la compañía de sus ojos timoneles.  

Abandonó la faena: el cocido haría su obra.

Volví a ver las manos bajo el agua fría,
frotarse con una ternura satisfecha, 
elegante.

Y fui feliz.


Doce noches


¿Quién puede ser feliz en doce noches?

¿Quién puede ser feliz en doce noches
con sus doce días, 
con sus doce tardes de marfil y hierro,
sedosas y cortantes como una luna que nace 
filosa de luz, entre el lino y las nubes?

Inefable.

Es nada el tiempo en doce días con sus tardes,
con sus doce noches. 

Es nada.

Parece un animal que duerme sosegado
sobre la hierba y sus rocíos,
morosamente, 
ajeno al derredor ansioso,
sonriente en sus sueños de misterios de luz,
bajo un parsimonioso olmo verde oscuro,
sobre una hierba de oro y de cristal
que el viento hace bailar con sus oleadas
de aire frío y brillante.

Así son doce días con sus doce noches.

Insuficientes, 
silenciosamente intensos,
vaivén de madrugadas y de ocasos,
en soledades rústicas,
en estepas de distancias a pie firme
con su rumor sereno y complacido.

Así son doce noches con sus días.

Aletea la felicidad
(viento atemporal,
invisible monumento,
artera  y punzante como un don impredecible),  
en la jornada sin tiempo de doce días con sus noches.


viernes, 27 de febrero de 2026

Campana


No hay suficientes campanas
que hagan silenciar el tiempo fláccido
de la arena del tiempo;
campanas que canten por el hombre,
para el hombre,
los asuntos eternos.

Lo sé porque he oído,
de pronto,
en la oscuridad muda 
de unas calles empapadas de noche,
tres golpes de un badajo
sobre un bronce robusto y antiguo.

Una torre rústica y blanca, no lejos,
sostiene el peso de las llamadas,
en su guardia perpetua.

Entonces, me escabullí.
Se quebró la tibieza del sueño.

Parecía el llamado a la oración.
Tal vez era apenas un memento,
una diana pidiendo la cuenta de mis días,
la cuenta de este día,
la cuenta de mis gozos
y de los hondones de mi corazón. 

Busqué el balcón exiguo,
el mirador que nos enfrenta 
a un bosque cómplice y protector,
ahora más oscuro que la noche.

El tiempo se midió en sonidos. 

A mis espaldas, soñaba una mirada clara,
serenamente rítmica, feliz.

En el aire, 
todavía en el aire,
cantaban los ecos de tres golpes de un badajo
sobre un bronce robusto y antiguo.



miércoles, 25 de febrero de 2026

Un secreto


Tengo sólo un secreto.

Me queda este secreto solo,
de tantos cuantos tuve,
vanamente.

Vive en un aire sur,
en un silencio de araucarias,
tiene el signo del fuego en la mirada y las manos,
cuando el viento y la mañana
acechan su figura de gracia
con tajos de ventisca.

Allí se guarda mi secreto en un rincón 
de piedra y maderas aromadas.

Allí se entibia mi secreto 
con el rescoldo pardo de la lana,
lo arrebuja una mano invisible con rumores y canciones,
lo alimenta con trigos y avellanas maduras
y miel de flores,
silenciosas y aguerridas. 

Por las ventanas,
heladas de soledad y brillantes de ternura, 
quieto al fondo de un valle de tormentas,
está de pie la majestad de un cerro,
con su ceño de cumbre en guardia cada día, 
cada noche sin luna.

Vigila mi secreto como un padre,
como un rey a su reino.
Como un guardia a mi reino:
tan insignificante yo
con ese reino inmenso... 

Algunas noches,
mi secreto visita mi lecho a oscuras.
Una sonrisa de lirio ilumina
mi sueño, 
que apenas es sereno y feliz en este llano,
tan lejos de su aire.


martes, 24 de febrero de 2026

Sombra


Hay algo de fantasía
(y de fantasmas)
en la sombra.

Y en las sombras que evanescen, 
en los reflejos que nos hacen dudar,
en la inquietud de haber visto 
o no haber visto.

Hay una inmensa fantasía 
en el fantasma dúctil, plástico, 
de mi sombra.

Cambiando su largo, su alto, su ancho,
trepando lo escarpado, 
andando sobre las aguas a pie firme
y seco.

Me imagino un día
liberar a mi sombra a su aire, 
a su gusto, 
que me dé igual que esté
o que ande por allí,
sin pedirme cuentas, 
sin darme cuentas. 

Y sin darme cuenta.

Pero me doy cuenta.

Puede conversar, 
gesticular, arrodillarse, abrazar, 
quedarse en silencio, 
imitar mi paso.

¿Prefiero a mi sombra siempre conmigo?

No lo sé.

A veces pienso que no.

Pero, entonces, 
inmediatamente sorprendido,
temeroso y nostálgico, 
entiendo.

Ella no solamente está siempre donde estoy.

Ella solamente está donde hay luz. Siempre.


 


lunes, 23 de febrero de 2026

Coraje


Para entrar, hay que abrir la puerta.
Sólo eso.

No es necesario
buscar una aldaba que anuncie,
ni una campana 
y su estridencia mensajera.
No es preciso 
ir a las ventanas del jardín
para ver si hay alguien en la casa, 
si alguien abrirá la puerta
y dará una sonrisa cortés
de bienvenida.
No hace falta 
una esquela de vista,
una tarjeta de presentación,
un anuncio que anticipe.

Es sólo abrir la puerta 
y entrar.

O no abrir la puerta, 
y no entrar.

Y seguir de largo, 
pasar adelante,
buscar un camino,
un rumbo distinto, 
alejarse
y no mirar atrás.
Y no lamentarlo.
Y olvidar.

Porque, para entrar,
sólo hay que abrir la puerta.
Nada más que eso.

Sin ese coraje inédito,
todo es afuera.


domingo, 22 de febrero de 2026

Luna del pinar


La luna del pinar,
¡miren la luna del pinar!

Noche de luna de cuernos en ristre,
pinos de lanza oscura 
sobre el sueño,
sobre el río sin orillas,
sobre mí.

¡Miren la luna del pinar!

Así vi esta cárcel de lanzas,
así aferré sus barrotes de resinas, 
así conocí el gozo 
y la condena del gozo
en noche de luna bajo el pinar oscuro.

Mido la distancia en lunas y pinos,
mido los silencios en ríos y sueños,
mido las medidas en gozos y noches.

¡Miren la luna del pinar!

Canten conmigo.
Sueñen estas batallas.
Duerman estas noches.

Beban conmigo en el pinar:
beban la luna,
monten esta guardia,
canten este canto.

¡Miren la luna del pinar!

¡Amen conmigo el amor que amo!

Esta guerra es de fuego en la mirada.
Este combate es de alegría en esta noche.


El puente


Tuve razón:
se puede confiar en un puente
de maderas nobles.

Pasar de un lado a otro
sobre un hondón salvaje de piedras,
sima de rigores
y cascadas de hielo,
es la vida misma.

Sospechar que habrá de traicionarnos
el paso de madera,
fatigado de lluvias,
de inclemencias de nieve y viento helado,
es la vida misma.

Mirar, dudar, decidir,
es la vida misma.

Resolverse a cruzar
aun con el pie estragado, 
memoria de cruces decepcionantes,
con el cansancio de caminos a ninguna parte, 
es la vida misma.

Pero tuve razón:
la nobleza de lo que nos sostiene, 
la firmeza de lo que nos acompaña, 
por una vez
(por esta vez nueva, al fin...)
nos llevó al otro lado, 
sobre un hondón salvaje de piedras,
sima de rigores
y cascadas de hielo.

Lo sabemos cuando ocurre.

Es la vida misma.



viernes, 20 de febrero de 2026

Finas hierbas


Romero sobre el ala,
áspero de tanto el cielo perfumado, 
luz de la sierra.

Una paloma lleva la señal
de rama en rama yendo,
primicia de un otoño que esperamos.

Así pasan los días,
así camina el aire
en la intensidad del monte azul,
mientras andamos bajo una luna negra.

Ahora son tardes de tomillo,
suaves y ligeras sobre la piedra.

Es de tomillo el silencio
que navega la siesta del camino
ansiando yerbabuena 
por el arroyo entre los cedros:
nuestra barca de sueño en su aroma 
surca la tarde.

Hay esponsales de albahaca:
entrelaza las manos y nos hiere
de frescura.

Y ya vamos al fuego
y sus rescoldos.

Los ojos anochecen deleitando
una tabla de roble, 
que abraza un pan de trigo
con la caricia rústica de unas manos finas, 
como finas hierbas.