Tal vez sería una pena que se me perdieran, en el tumulto de los asuntos ácidos y espectaculares de la polis argenta, algunos asuntos y derivados que se me hacen significativos.
A saber.
1. A esta altura parece bastante claro que el brazo kirchnerista del peronismo es muy hábil en ciertas materias y prácticas, como el propio peronismo a secas lo es. Materias y prácticas que a Javier Milei no le salen tan bien, o no le salen, o le salen simplemente mal. Ni puede con eso solo ni acompañado con la ayuda de la armada Brancaleone que lo secunda, aunque varios de ellos sean expertos en corruptelas y millonadas espigadas en las arcas fiscales (y privadas).
2. En una nota de opinión de febrero de 2016, La Nación diario hace un racconto (a modo de juicio de residencia) de las principales acusaciones y causas por corrupción de los 12 años de gobiernos del brazo kirchnerista del peronismo: según dicen allí, suman 2.160 casos, muchos judicializados aunque con pocos o raquíticos resultados hasta ese entonces.
3. Precisamente, hasta ese entonces. Porque hubo que esperar casi diez años más para que hubiera una condena confirmada para la cúspide del poder de aquellos años. Y no porque las causas fueran asuntos pobretones o soponcios baladíes de dizque republicanos probos y Catones de la moral pública. Muchas de esas causas e investigaciones tenían como origen huellas como mandíbulas inmensas de centenas de Tyranosaurios Rex o huesos inmensos de manadas de Brontosaurios, esparcidos por todo el país, casi sin enterrar en las profundidades del suelo y casi a la luz del sol, y todo para frustración de los arqueólogos periodísticos porque los asuntos estaban más o menos a la vista. El finado Jorge Lanata se murió sin ver los frutos de su obra mayor de sus últimos días, con más la queja repetida de que los argentinos "no votan moral", que es como decir que a los argentinos, en último término, los chorros oficiales les importan nada, aunque los vean choreando.
4. Lo dije en otra parte: como a Cristina Fernández, a Javier Milei le tocó su Jorge (Rial), que por cierto no es el más sofisticado y algo intelectualoide Jorge Lanata, q.e.p.d, devenido en fiscal sin nombramiento de la moral pútrida de los barrios progresistas y nac&pop de la política pampa. Quién te ha visto, quién te ve, muchacho...
5. No lo digo yo sino que lo dijo Carlos Marx: "la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa", frase que se sabe dejó en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, obra que, fíjese qué curioso, Marx publicó en Nueva York en 1852, año en el que los liberales argentinos ya tenían lista su guerra para derrocar a Juan Manuel de Rosas. La frase de Marx, creo, aplica a este caso paralelo: Lanata sería al peronismo kirchnerista, lo que Rial es a los liberales libertarios, en la cabeza de los Milei. Si quieren entender que lo de Lanata exhibió una tragedia y que Rial deberá conformarse con ventilar apenas una farsa, cada cual según su medida y calado, allá ustedes. Sólo apunto que parecería que cada corriente política tiene la calidad de piqueta de demolición acorde con su naturaleza. Y sin temor a decirlo, digo que un Jorge es un cachito más que el otro, al menos, y sin olvidar que son apenas periodistas y que los "crímenes" que "denunciaron" son parejamente infames.
6. ¿Esto último quiere decir que el peronismo y su brazo kirchnerista es más serio que el mileísmo y los demás arrabales liberales? A juzgar por quienes los erosionan, sí. Y se entiende que, a este respecto, el asunto clave está en el adjetivo serio. Cosa que no hay que tomarse tan en serio, porque sólo significa, diría, que uno es más consistente que el otro y eso, en asuntos políticos, podría querer decir nomás que uno es más peligroso que el otro, aunque sean igualmente dañinos.
7. Desde hace menos de un mes, las facciones perono-kirchneristas parecen haber imitado la megalomanía mileísta de ponderar las cosas propias como las más grandes de la historia (ministros, reformas, leyes, etc., dicen los del carajo), las más revolucionarias en el mundo mundial y galáctico. Lo nunca visto en la historia del país y de las civilizaciones. (Esa obsesión, dicho al margen, por la engrandecimiento de las cosas propias debería ser un festín para los hijos putativos de Freud.) Pero son simétricos, a su modo, en ese artilugio retórico-oratorio que a ambos bandos les encanta, por razones algo distintas.
8. Javier Milei y Karina, su hermana, son lo que son y dan, juntos o separados, bastante asquito, en toda la línea, se creyeran ellos ambos lo que se creyeren. Pero el caso es que a sus oponentes del kircher-peronismo les sirve volverlos inmensos e inmensamente perversos y, en consecuencia, catar su corrupción como inaudita y nunca vista en la historia patria, así como sus perversidades políticas (aunque no hubiera un peso de por medio... cosa difícil de creer, si hay voraces y el linaje Menem o el linaje Kirchner de por medio).
9. Así es como tengo que volver al principio: parece bastante claro que el brazo kirchnerista del peronismo es muy hábil en ciertas materias y prácticas, como el propio peronismo a secas lo es. Materias y prácticas que a Javier Milei no le salen tan bien. Ni solo ni acompañado con la ayuda de la armada Brancaleone que lo secunda, aunque varios de ellos sean expertos en corruptelas y millonadas espigadas y rapiñadas en las arcas fiscales (y privadas).
10. No hubo kryptonita que dañara demasiado el andar de Néstor y Cristina, y a su séquito, desde el 2003 hasta que la novela pareció tener un final en junio de 2025, cuando ella cayó presa. En el medio y pese a los bandazos, fue reelecta con el 54,11% en 2011, acendrando la furia de Lanata porque el pueblo argentino no vota moral. Y más: a ella todavía le quedó nafta para ser la gran electora, en el 2019, que empujó a un pelafustán para ponerlo a cargo del país. Por eso mismo parece que pareció, nomás. Porque además de eso, hoy, desde su balcón atávico, la ex presidente y vice, se diría que mueve hilos que deberían haberse cortado con su condena. Y sin embargo...
11. De otra parte, a la vez, unos audios y un plumífero de asuntos del espectáculo que empezó a explotarlos, bastaron para mover los cimientos del edificio liberal-libertario, dosificando –con la baba cayendo por la comisura de los labios– un jaque mate posible, en no mucho tiempo. Hay soberbias y soberbias. Pero también es verdad que la soberbia y la megalomanía libertarias lucen patéticas en aquellos que son torpes no sólo para gobernar, sino también para afanar dineros públicos.
12. Y, sí: porque Javier Milei tiene enfrente a un enemigo poderoso: un enemigo que sabe robar mejor que él, sabe robar más que él y sabe zafar mejor que él. Por eso, ahora que encontró la ocasión que los hermanitos improvisados le dieron, el brazo kirchnerista del peronismo se esforzará más todavía en seguir tapiando a cal y canto el jardín cerrado en el que se acumulan sus desmanes y tropelías, afanos y daños, terribilidades políticas y económicas hasta educativas, culturales y morales. Parapetado allí, con un rifle a cebitas, se dedicará en los próximos tiempos al fácil tiro al pichón, con un porcentaje insolente de aciertos.
13. ¿Va a terminar así la historia? No es fácil saberlo y, en estas pampas, la adivinación (como las encuestas) no tiene mucha suerte. Pero algo es seguro. A Javier Milei empiezan a soltarle la mano los hombres del dinero y los negocios. Desde los States ya no parece tan gracioso ni genial. En el mundo se habla de lo chambón que es para el afano (ya desde el caso de la moneda digital trucha...). Las filtraciones tienen rumbo de colisión y empiezan a horadar hasta su historia clínica. Sus lenguaraces de ocasión empiezan a notar públicamente que no es un león y dejan entrever que sólo están dispuestos a acompañarlo a desgano hasta la entrada al loquero, pero no piensan en internarse con él ni mucho menos en probarse el chaleco epónimo de los desquiciados.
14. Pero, en cualquier caso, si se cumple una ley no escrita de nuestro destino (que Dios quiera no sea ineluctable), y todo sigue así como viene viniendo, lo que parece más probable es que, una vez más, los liberales nos habrán heredado alguna versión del peronismo, parejamente a como los peronistas terminan una y otra vez heredándonos alguna versión de los liberales.
15. Hay una última cosa que tal vez mide con justeza la sucia pureza con la que se aprovechan los dolores del pueblo. La cuestión de la discapacidad se ha vuelto de algún modo mañoso algo raro, agrupándolos artificialmente, como se hizo con las madres con "derecho el aborto", o con aquellos a quienes les inventaron "los derechos a las uniones homosexuales", y cosas así. Va ganando lugar entre los voceros ideológicos de estas refriegas, una calificación de las personas y familias golpeadas con el dolor de las discapacidades varias, aplicándoles una denominación de ocasión: "el colectivo de la discapacidad" o peor: "los disca", como se oye ya en las voces de quienes a los codazos pretenden liderar una resistencia. Resistencia ideológica, ciertamente, y es el mote que se les ha puesto lo que lo confirma. Un sindicato de dolientes, una tropa, un ejército de baldados por la naturaleza o las vicisitudes y las accidentadas desgracias de esta vida. Al fin, agrupar como carne de cañón a los dolientes y mandarlos a combatir una batalla que tiene otros fines. Cosa inmunda si las hay. Tan inmunda como maltratarlos y despreciarlos, humillarlos abandonándolos y ahogándolos con sus propias dolencias. Porque ambas cosas son maltrato y desprecio cruel e infame de cada una de esas personas sufrientes, que merecen una caricia delicada, un acompañamiento amoroso y paciente, una compasión que comprenda y alivie sus dolores, con benevolencia. Y con Caridad. Pero en el barro político queda claro que el apetito de poder y la pasión dialéctica no tienen límites para usar lo que sea como munición contra el oponente. Si por un momento pensaran y sintieran la paradójica paciencia y alegría que muchos de esos dolientes guardan y nos dan tantas veces como consuelo y como ejemplo que llega hasta a avergonzarnos, además de conmovernos, podrían llegar a entender de qué están hechos los pilares que sostienen silenciosa y ocultamente nuestra existencia, también como nación. Pero no pueden. Ni quieren.