¿Y qué si somos del mismo árbol?
Porque del mismo árbol somos.
Flores del mismo árbol.
En la misma rama nos fue dado
crecer ambos:
siempre distintos, tan iguales.
¿Seremos del mismo nogal, del alto pino mismo,
del plateado abedul, del avellano enhiesto?
¿Quién sabe si acaso somos del mismo roble?
Florezco en nuestro árbol y esperando,
a su servicio,
masculino el talante.
Pero ella...,
frutalmente femenina, allí mismo
florece cómplice,
discreta y nítida.
Y así estamos y somos: nacidos
para vernos florecer tan mutuamente.
Voy a ella en anhelo.
De mi flor a su flor
navego con los vientos que nos unen.
Me espera en su recato y la rescato,
hasta volvernos fruto en entrañas floridas.
Somos de la misma raíz,
de la misma rama que brota
del mismo tronco.
Somos del mismo árbol.