lunes, 23 de febrero de 2026

Coraje


Para entrar, hay que abrir la puerta.
Sólo eso.

No es necesario
buscar una aldaba que anuncie,
ni una campana 
y su estridencia mensajera.
No es preciso 
ir a las ventanas del jardín
para ver si hay alguien en la casa, 
si alguien abrirá la puerta
y dará una sonrisa cortés
de bienvenida.
No hace falta 
una esquela de vista,
una tarjeta de presentación,
un anuncio que anticipe.

Es sólo abrir la puerta 
y entrar.

O no abrir la puerta, 
y no entrar.

Y seguir de largo, 
pasar adelante,
buscar un camino,
un rumbo distinto, 
alejarse
y no mirar atrás.
Y no lamentarlo.
Y olvidar.

Porque, para entrar,
sólo hay que abrir la puerta.
Nada más que eso.

Sin ese coraje inédito,
todo es afuera.