Ya dije mi sospecha de que la elucubración ingeniosa de Antonio Machado sobre la Máquina de Trovar y respecto de la "necesidad" de la aparición de una "nueva" poesía (que convidé en la entrada anterior), parece una excusa para poder citar la copla final.
Dicen que el hombre no es hombre
mientras que no oye su nombrede labios de una mujer.
Puede ser.
Es que la copla, en su substancia, desmiente buena parte de la elucubración, aunque concediéramos que podría haber mucho de ironía en el texto de Machado.
Una nueva sentimentalidad, una nueva poesía con un sujeto, un asunto y un receptor plurales los tres, nunca podrá desplazar a ese Tú (ese Apóstrofe, decimos en las letras) con quien dialoga el artífice.
Siempre. Porque siempre y antes de un Nosotros y un Ustedes y un Ellos, en el alma del poeta hay un Tú, que no necesita ser el destinatario último o el tema de una composición. Pero que necesariamente es los ojos que leerán, los oídos que oirán, la emoción que sentirá, la mente que entenderá. Antes que nadie y conjuntamente con el artífice. A esa alteridad me refiero, a ese Tú que es constitutivo del Yo del artífice.
Y es un Tú, una Otredad singular. No plural.
La copla lo deja claro.
¿Lo saben los lectores? No. Ni siquiera cuando el poeta lo dijera explícitamente y eso en razón del núcleo universal de la poesía, particularmente lírica pero de cualquier género literario.
Ese diálogo se produce en una intimidad inalcanzable para el lector. A veces, hasta para el propio artífice, por el lugar espiritual donde también está la fragua de su obra.
La composición literaria es un acto personalísimo. Y es un hablar personalísimo y un decir personalísimo. Y se da en soledad.
Tal vez ese hablar a un Tú referencial –tan inmediato como el mismo acto de la composición, en el alma del artífice– sea también una especie de ejercicio, de entrenamiento. No lo sé.
Tal vez haya alguna ulterioridad en la composición literaria, en ese hablar, en ese decir que por fuerza pide un Tú.
Y tal vez, conjeturo, por eso mismo, el propio Machado dijo en su Retrato:
Y es un Tú, una Otredad singular. No plural.
La copla lo deja claro.
¿Lo saben los lectores? No. Ni siquiera cuando el poeta lo dijera explícitamente y eso en razón del núcleo universal de la poesía, particularmente lírica pero de cualquier género literario.
Ese diálogo se produce en una intimidad inalcanzable para el lector. A veces, hasta para el propio artífice, por el lugar espiritual donde también está la fragua de su obra.
La composición literaria es un acto personalísimo. Y es un hablar personalísimo y un decir personalísimo. Y se da en soledad.
Tal vez ese hablar a un Tú referencial –tan inmediato como el mismo acto de la composición, en el alma del artífice– sea también una especie de ejercicio, de entrenamiento. No lo sé.
Tal vez haya alguna ulterioridad en la composición literaria, en ese hablar, en ese decir que por fuerza pide un Tú.
Y tal vez, conjeturo, por eso mismo, el propio Machado dijo en su Retrato:
quien habla solo espera hablar a Dios un día...