viernes, 24 de julio de 2026

Romancero Sur: XII. Romance pena


Vi llorar silencios tristes
mientras la tarde lloraba,
y tu figura y tus ojos,
clavados en la ventana,
veían llegar la noche
que despaciosa se entraba
por visillos de tristeza
en las puertas de tu alma.
No sé qué lagrimas fueron
tampoco sé si eran lágrimas
aquellos hilos de pena,
o manantiales de plata
que en las mejillas corrían,
o perlas de espuma clara
de las orillas de un mar
que se ha quedado sin playa.
Te vi con el paso triste,
te vi con la blusa blanca
con vivos de raso negro,
vi qué oscura era tu falda
y el manto que nunca usaste
porque negro no hizo falta.
Te vi mirar el vacío
de un cuenco de porcelana,
como si fuera la hondura
vacía y sin esperanza
de la vida de ahora en más,
como si el tiempo escapara
en brazos de cada ausencia
que llegará en la mañana
con el eco de haber nadie
cada día y en tu cama.
Y al fin vi que se moría
toda luz en tu mirada 
y vi tus manos desnudas
inmóviles y calladas,
con las caricias inútiles,
huérfanas y delicadas,
que ya no serán de seda,
ni de lino, ni de nada.