lunes, 27 de julio de 2026

Romancero Sur: XIII. Romance Sur


Más que un punto cardinal
yo tengo tu sur clavado.
Y firmezas de tus peñas,
aromas de un mar helado,
y mesetas de distancias,
y vientos acantilados,
cerros de agujas de nieve,
bosques prietos, coronados
de sol en laderas solas.
Y todo eso. Y a tu lado.

Más que un punto cardinal
tu sur me lleva y me guía.
Imán de costas vacías,
costas de espuma y de sal,
más que un punto cardinal. 

Más que un punto cardinal
me ha traspasado la aguja
de tus ojos que me vieron
en madrugadas de luna, 
en mallines solitarios
que beben de una laguna
de aguas espejos de cielo
de tan claras y tan puras.

Más que un punto cardinal,
más que una senda o destino,
más que pasos de un camino
que camino sin final:
así voy yendo a tu encuentro
con la certeza en mis centros, 
más que un punto cardinal, 
de que al fin de la jornada
tendré en el alma clavada,
más que un punto cardinal,
verte al fin en la posada
en que repose mi vida
con tu vida florecida,
fin de mi sur inicial,
más que un punto cardinal.


viernes, 24 de julio de 2026

Romancero Sur: XII. Romance pena


Vi llorar silencios tristes
mientras la tarde lloraba,
y tu figura y tus ojos,
clavados en la ventana,
veían llegar la noche
que despaciosa se entraba
por visillos de tristeza
en las puertas de tu alma.
No sé qué lagrimas fueron
tampoco sé si eran lágrimas
aquellos hilos de pena,
o manantiales de plata
que en las mejillas corrían,
o perlas de espuma clara
de las orillas de un mar
que se ha quedado sin playa.
Te vi con el paso triste,
te vi con la blusa blanca
con vivos de raso negro,
vi qué oscura era tu falda
y el manto que nunca usaste
porque negro no hizo falta.
Te vi mirar el vacío
de un cuenco de porcelana,
como si fuera la hondura
vacía y sin esperanza
de la vida de ahora en más,
como si el tiempo escapara
en brazos de cada ausencia
que llegará en la mañana
con el eco de haber nadie
cada día y en tu cama.
Y al fin vi que se moría
toda luz en tu mirada 
y vi tus manos desnudas
inmóviles y calladas,
con las caricias inútiles,
huérfanas y delicadas,
que ya no serán de seda,
ni de lino, ni de nada.




jueves, 23 de julio de 2026

Romancero Sur: XI. Romance a tus pies

 

La calle de piedra tiene
alegrías desparejas
y pastos en las hendijas
para alegrar a las piedras.
Se abrazan unas a otras
como antiguas compañeras,
como parientes sin sangre,
hilvanando una madeja
de hilos de peñas grises
para tejerte una senda.
La calle que está a tus pies
y que al pisarla requiebra
no es la calle, sí mi voz
que cuando pasas festeja
haciendo el eco a tus plantas
que más que pisar, me besan.
Si la mañana es de invierno,
tu andar abriga y me deja
el rumor de cada paso,
un aroma como en hebras
con que perfumas sonriendo
las sombras de mi dureza.
Cada tarde soleada, 
los días de primavera, 
a tus pies cubro el camino
de un suspiro como arena
que va llegando a tus ojos
para que viéndome veas
con qué suavidad caminas,
lo sepas o no lo sepas,
sobre ese mar de suspiros
que hacen verdecer las hierbas
al borde de ese sendero
que hasta mi casa te lleva.
Y así a tus pies acompaño
tu marcha alegre y serena, 
de la que hace un tiempo soy
eco y flor, herido apenas
gozosamente doliente
de esa herida dulce y tierna
que me hiere en la sonrisa
cuando ya veo que llegas.
Y cuando a tus pies me inclino
ya no recuerdo la espera
y el corazón se hace abrigo
de todo, menos de pena,
y me atraviesa tu voz
y hay un temblor que atraviesa
entrañas que se emocionan
hasta mis manos que tiemblan.
Por eso a tus pies me quedo
cuando veo que te acercas
por piedras, que vuelves luz,
que hasta mi casa te llevan.



domingo, 19 de julio de 2026

Romancero Sur: X. Romance preguntas


¿Qué es este dolor tan dulce?
¿Qué es esta herida feliz?
¿Qué sinrazón es amarte?
¿Qué vida es este morir?
¿Qué es este tiempo sin tiempo?
¿Qué es de mí si soy sin ti?



 

viernes, 17 de julio de 2026

Romancero Sur: IX. Romancillo de ti


Toda la vida,
toda,
que no te asombre,
busqué una estrella
sola:
la de tu nombre.
Toda la vida,
toda,
yo la esperé.
Llegó una tarde,
sola.
Ya no se fue. 



 

lunes, 13 de julio de 2026

Romancero Sur: VIII. Romance fiesta


Estalla de puro agosto
el julio de tu mirada,
mientras mi septiembre espera
y tu sonrisa prepara
candelas de luz de luna
para prender en las ramas
de los laureles oscuros
a la vera de tu casa.
Tu corazón va en arroyos
de susurros con que aguardas
verme por la calle vieja 
ir por la vereda alta
hasta estar frente a la reja,
de verde hiedra abrazada,
donde tu abrazo me acecha,
donde tus besos me amparan.
¿Qué podrá tener la noche
del día de las guirnaldas
de estrellas como faroles
y nubes algodonadas,
para oscurecer la fiesta
que ya te brilla en las palmas?
¿Qué habrá de dar el lucero,
sin pedir ninguna paga, 
para lucir como luce
en aquella tarde clara
que morirá sólo en luz
y vivirá en luz plateada,
añil el cielo de fondo,
azul de noche en tu falda?
Y aquel festín que darás,
festín de pocas palabras
con que alimentas el gozo
sin tener que ofrecer viandas,
sin beber vinos añejos:
sólo servir en el alma,
finamente aderezado
y en bandejas nacaradas,
el callado amor que tienes,
el amor blanco que en llamas
arde silenciosamente,
silenciosamente labra
con hebras dulces un nombre
que ahora anida en las entrañas
como de piedra, en mis centros,
donde te guardo y me estallas.


viernes, 10 de julio de 2026

Romancero Sur: VII. Romancillo de la muerte de la rosa


Vive la rosa, ella vive.
Vive abrazada al terrón
que ha maltratado este invierno
de hielo. En el corazón
de la rosa vive ya
la memoria y el dolor
–no de la vida perdida–
de cuánto no perfumó
su aroma, por más que bella
vivió y como tal murió.
Campanas hay en el prado
y a duelo tocan un son
que repica en las escarchas
pero no en las flores, no.
La noche que la custodia
ni una lágrima lloró,
no puso luto en el cielo
ni en las estrellas pendón
negro. La rosa que ha muerto
en el aire, no dejó
estelas que la recuerden.
Apenas esta canción. 


 

miércoles, 8 de julio de 2026

Romancero Sur: VI. Romance de un té contigo


Está la glorieta sola
con dos sillones y mesa
y acecha la tarde fría 
y cobija la glorieta.
Sobre un mantel que bordaste,
pusiste un ramo de fresias
para alegrar los scones
y acompañar la tetera
que guarda un té de la India
que en sus entrañas humea.
Delicadamente ausente,
como si eso nada fuera,
serviste medidas justas
–de leche, una nube apenas–
y preguntaste sonriendo
si acaso una madalena
o un budín de nuez tostado
o un scone tal vez quisiera;
o esa tarta roja oscura
con delicias de frambuesas
o la de manzanas verdes
–pizcas tiene de canela–
que es un manjar de los dioses
si se acompaña con crema.

De tanto verte en tus dones, 
de tanto verte tan dueña,
tan de fina porcelana,
tan solícita y serena,
tan de vestido floreado,
tan de chal y tan de seda,
me pregunté si es que estabas
en esta vida terrena
sólo para ese momento
de la tarde ribereña,
mirándome la mirada
y librándola de penas.

Porque tu voz y tu risa,
que no sé de qué están hechas,
tienen un trazo de cielo
y dos alas que aletean
y llegan hasta tus manos
morenas, que también vuelan
con un vuelo de torcazas
de tan suaves y ligeras.

De toda esa epifanía
que aquella tarde sintiera
tomando aquel té contigo
en la paz de la glorieta,
me queda más que el recuerdo
de esos que a veces nos quedan.

Sigo mirándote ahora
como ese día te viera
y me digo todavía
si son verdad verdadera
la dicha que se hizo vida
con una gracia completa, 
la sencillez con que hiciste
que esa vida no muriera.

domingo, 5 de julio de 2026

Romancero Sur: V. Romancillo náufrago


Sobre espuma fría,
transida mi barca
surcaba un mar fiero
que se deleitaba
viendo que el naufragio
de mi pobre alma
pronto llegaría,
sobre espuma fría
de la mar salada.

Ya azotaba el viento
el palo aterido
de mi nave vieja,
y arreciaba el frío
y crujía el casco,
refugio en peligro
de mi pobre alma
pronta a ir al vacío
de la mar salada,
terrible destino
para mi esperanza.

Vi luz en la costa
–tal vez lo soñé–;
y vi una figura
que llegó después
y una voz muy dulce,
una voz de miel,
y unos ojos tibios,
flores en la sien,
y una mano fina
tendida cortés
que tomó mi mano
cuando ya el vaivén
hundía mi cuerpo,
quebraba mi fe.

Desperté en la arena
sobre su regazo
y supe la suerte
que tuvo el naufragio;
cómo al fin de todo
me vi rescatado,
cómo sus amores
me dieron amparo.


jueves, 2 de julio de 2026

Romancero Sur: IV. Romance peregrino


Ya llega la sombra al día,
ya se alargaron las sombras;
ya el corazón de la noche
acecha el monte y la loma
donde se cruza el camino
con una senda. Se topa
la vista con el lucero
que el sol dejó de custodia,
mientras esconde en el cielo
su delicia alumbradora;
mientras juega con estrellas; 
mientras duerme, sueña y goza
su trajín de luz que deja
a la vista toda cosa. 

Camina mi paso andando
senderos que están dormidos.
Y parece que no hubiera
más que andar y sin destino.
Pero parece y no es,
porque voy de peregrino.
Sigo tus huellas que hieren
soledades junto al río,
porque oigo el agua que canta
y escucho tu voz de trino
que abraza lazos de juncos
y se aleja con sigilo
a un silencio que es nostalgia 
de que cantes a mi abrigo,
andando trigales nuevos
por campos desconocidos,
o en duermevela de amores
en el monte de eucaliptos.