domingo, 22 de febrero de 2026

El puente


Tuve razón:
se puede confiar en un puente
de maderas nobles.

Pasar de un lado a otro
sobre un hondón salvaje de piedras,
sima de rigores
y cascadas de hielo,
es la vida misma.

Sospechar que habrá de traicionarnos
el paso de madera,
fatigado de lluvias,
de inclemencias de nieve y viento helado,
es la vida misma.

Mirar, dudar, decidir,
es la vida misma.

Resolverse a cruzar
aun con el pie estragado, 
memoria de cruces decepcionantes,
con el cansancio de caminos a ninguna parte, 
es la vida misma.

Pero tuve razón:
la nobleza de lo que nos sostiene, 
la firmeza de lo que nos acompaña, 
por una vez
(por esta vez nueva, al fin...)
nos llevó al otro lado, 
sobre un hondón salvaje de piedras,
sima de rigores
y cascadas de hielo.

Lo sabemos cuando ocurre.

Es la vida misma.