miércoles, 31 de diciembre de 2025

Poema de tus días


Son ahora. Estos días que no pasan,
que vuelan a mi lado, que ya anidan
en entrañas de amor, los que florecen,
como retoños brotan. Son ahora.

No anochece en tus días la presencia:
amanece al instante, reverbera
el puro día puro de tu aire.

Vivo en tus días. Vivo de tu ahora.
¿Ayer? ¿Mañana? ¿Cuándo? No conozco
el tiempo de los años.

                                     Son ahora
este temblor, la placidez, el gozo,
la mirada sin fin de tu mirada
y la paz sin sosiego de tus días.


 

martes, 30 de diciembre de 2025

Poema de la luna


Tengo esta noche el corazón de luna,
y un lienzo como el mar sobre mi frente
y un mar de fuego azul que hiela el mar.
Tengo una luz ciñendo acantilados
sobre un desierto gris de plata y peltre, 
truenos de mar batiendo roquedales,
bramando estrellas lejos y espumosas. 
Y una ave iluminada entre las olas,
alas de luna son las que la llevan.

Tengo en los ojos lunas y más lunas,
crecientes y menguantes, nuevas, llenas...

Tengo un misterio, luna ensombrecida. 
Lunas de miel dorada en los panales
de esta bóveda negra, siempre ausente.
Lunas de ausencia oscura de la noche.
Lunas de tiza gris, lunas de sangre.

Tengo una luna ardiendo en mi memoria.
Tengo alunado el sol de los recuerdos.
Tengo un silencio que es tu luna nueva.

Tengo esta noche el corazón de luna.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Poema de tu tiempo


¿Qué día es hoy?

                             No sé. Pero es tu día.
Son tuyos el minuto, el mes, la tarde
de un año que vivió porque tú vives.

¿Qué será de mañana? No lo sé.

No hay pasado sin ti, ni habrá mañana,
regidora del tiempo de mi tiempo,
que dices hoy y todo un siglo es hoy,
y sólo existe siempre cuando llega
la claridad que enciende tu presencia. 

Ya no tengo más horas todas mías,
ya no quiero otro tiempo, sólo el tuyo.

El tiempo no será si tú lo callas.

Y yo nunca habré sido si no existes. 

 

 





Poema de mi mar


Miro la playa sola.
                                Está tu mar,
tu piedra en sal, tu espuma, tu escollera,
tu arena fina; está tu apenas viento,
tu médano florido, está tu aroma,
tu cielo, tu gaviota, tu tormenta,
están tus nubes rápidas, tu sol.

Pero estás en las huellas de tus pasos
que a mi lado en secreto permanecen,
porque estás a mi lado.

                                      Y nadie más. 



domingo, 28 de diciembre de 2025

Poema de tu vestido


De rojo como sangre, tu vestido.
Vuelo de rosa roja, vino rojo,
rojo de sol verano que atardece...

Es rojo tu vestido como el cielo,
como el fuego en la fragua y el clavel.

Y tú, de flor, sobre la tierra negra,
mis manos de silencio jardinero.
Y tú, de tallo fino y fino talle,
mis ojos de alegría jardinera.
Y tú, de rojo en una luna roja,
navegante de estrellas es mi suerte.

De rojo como sangre, tu vestido
baila en el aire claro y me desangro
y en tu ruedo me rindo como un toro.



sábado, 27 de diciembre de 2025

Poema de esta tarde


Cuando parece que la tarde escampa,
vuelve, como nostalgia de tu nombre,
la nube y el silencio. 
                                   Espero el día
en que todo de ti huya el olvido,
en que todo de ti llegue del cielo
como un manjar de luz, sin sombra ni aire.

Estás en esa estrella, a la distancia;
precisamente a tu distancia misma
en que puedo alcanzarte con los ojos,
en que puedo nombrarte con mis manos 
y demorar el tiempo.
             
                                  Me traiciona,
me desnuda, me libra, me encadena
este amor que es de pétalo y ceniza.
Y nada tengo que tu amor no sea.

Recibe esta oración, reza conmigo
para que nada hiera este minuto,
este encuentro en la cima de los besos,
donde parece que la tarde escampa.


viernes, 26 de diciembre de 2025

Poema de tus manos


Alas en soledad, vuelo de gracia,
así tus manos en el viento ahora
bajo el portal del cielo que te guarda.

Celebro el aire de tu piel sonora,
llevo de tanta luz ese misterio
que me hiende en las sombras de la noche.

Quiero ser barro entre tus dedos finos,
que modeles en cóncava esperanza
esta sed de tu voz deslumbradora. 

Quiero tu suavidad como de luna.
alzada como espada tajadora
que traspasa mi sueño dulcemente.
 
Y tu escudo de plata aquí en el pecho
abrazando tus manos mi alegría,
siempre en caricia clara y protectora.

 


martes, 16 de diciembre de 2025

Los cuentos de Clara (IX): Nieve en el circo


Cuando llegaron al circo la cebra y la jirafa, el caballo se enojó.

¿Qué clase de caballo era ese animal que no parecía un caballo sino más bien un burro gordo y pintado a rayas? ¿Y qué animal podía ser esa especie de caballo con ese cuello larguísimo, disfrazado con un traje amarillo a pintitas marrones y unos cuernitos en la cabeza?

¿Para qué traen esos dos caballos si ya estoy yo que tengo el número principal?, relinchó ofendidísimo.

Y era verdad que el número principal del circo era el caballo blanco y enorme que daba vueltas a la pista a gran velocidad, con una joven muy bonita parada sobre su lomo y haciendo malabares. Era el número que cerraba cada función y el más aplaudido.

– Esa joven es un écuyère, dijo la madre.

– ¿Y qué es una gruyere, mamá?

– Una écuyère, Cata, no gruyere, sonrió la madre. Es una amazona, una mujer que sabe andar muy bien a caballo.

Cuando el caballo comía avena y pasto en su corral, veía a los otros dos la distancia y bufaba, siempre molesto. Pero más molesto estaba porque no sabía que hacían esos animales en "su" circo.

Hasta que un día se acercó al corral Don Pipo, el dueño del circo, que hacía de presentador en cada función.

– ¿Qué te parece la compañía que te traje, Nieve?, dijo el hombre llamándolo por su nombre cariñosamente y palmeando su lomo. Te va a gustar el número que estoy preparando, son grandes artistas esos dos animales y los tres van a actuar juntos... ¡Cómo los van a aplaudir! ¡Vas a estar muy orgulloso, Nieve! Mañana empezamos a ensayar.

Más enojado estaba ahora el caballo y miraba de reojo a los vecinos estrafalarios. Esa noche no durmió, bufando y relinchando hasta el amanecer por el enojo, pero también por los nervios que le daba el número nuevo que había anunciado Don Pipo.

– ¿Qué es estrafalarios, mamá?

– Quiere decir que se visten raro y desprolijos, porque para Nieve eran caballos raros y disfrazados, y él estaba siempre blanco impecable, bañado, peinado y bien cepillado.

Diez días estuvieron ensayando. Los primeros tres días, Nieve no quería trabajar, se empacaba, pateaba la tierra y bufaba. Costaba mucho entrarlo a la pista de arena y costaba más que hiciera lo que le hacían hacer. 

Pero, de a poco, cada día aprendía un poco más, y se resignaba a trabajar con los animales nuevos. Como habían perdido los tres primeros días, hubo que ensayar un poco más el número, que tenía sus complicaciones y no era fácil coordinar los movimientos para que lucieran bien. Para el final de los ensayos, Nieve estaba más entusiasmado y se divertía con las piruetas que había que hacer en la pista. Realmente el número era espectacular.

El día del estreno había mucha emoción en todo el circo. La cebra y la jirafa pastaban tranquilas en sus corrales y cada tanto levantaban la cabeza y miraban toda la agitación alrededor como si les hiciera gracia tanto movimiento.

Nieve, mientras, estaba inquieto. No quería fallar un solo paso.

Esa noche había mucha gente. El anuncio del nuevo número había atraído a muchos chicos que querían ver a la cebra y a la jirafa, toda una novedad.

Fueron pasando los números y crecía la expectativa...

– ¿Qué quiere decir expectativa, mamá?, preguntó Juan haciendo una mueca porque la palabra le sonaba al nombre de un remedio.

– ¿Vieron cuando ustedes quieren que los lleve a andar a caballo a lo de Timoteo y están alrededor mío preguntándome cuándo vamos a ir y están ansiosos por llegar a la chacra? Bueno: eso es tener expectativa, estar inquietos esperando ansiosos que pase lo que quieren que pase..., dijo la madre poniendo cara de maestra.

Las luces fueron apagándose de a poco, se fue haciendo silencio y al final todo el circo quedó a oscuras apenas un minuto. 

Una luz potente que enfocaba el centro de la pista iluminó a la cebra y a la jirafa que estaban quietas allí, junto a una pelota muy grande de gajos de colores. Se oyó de pronto, y en la oscuridad, el sonido de los cascos del caballo que empezaba a galopar alrededor de la pista, todavía a oscuras. Encendieron todas las luces de repente y se lo vio a Nieve cabalgar muy elegante, con un penacho azul en la cabeza y una especie de montura que parecía de plata. Al dar la vuelta a la pista y cuando estaba llegando a la puerta por donde salen los que actúan en la arena, apareció la joven écuyère, vestida con un traje verde de bailarina, con una tiara dorada en la cabeza.

– ¿Una tiara?, preguntó Cata entrecerrando lo ojos.

– Es una coronita como de princesa, Cata, como la tuya..., sonrió la madre.

– ¿Y qué pasó, mamá, cómo sigue...?, preguntó Juan impaciente.

La joven, cuando pasó Nieve a la carrera, con un movimiento que parecía mágico, se subió al lomo e inmediatamente después se paró sobre la montura. La gente aplaudía feliz. Pero todavía faltaba lo mejor del número. 

Nieve y su jinete dieron dos vueltas más a la pista. En un momento, la cebra le dio la espalda a la pelota de colores y la pateó con las patas traseras, justo en dirección a Nieve. La joven se paró en ese mismo momento y tomó la pelota y la sostuvo en alto sobre su cabeza. Una vuelta más a la pista y devolvió la pelota al centro de la pista, pero esta vez a la cabeza de la jirafa que la cabeceó hacia la cebra que volvió a patearla con las patas traseras, otra vez apuntando al lugar por donde iba a pasar Nieve. Pero,  esta vez, el caballo saltó por encima de la pelota con un salto limpio y muy elegante. En la siguiente vuelta, la joven se afirmó en un estribo y con la mano libre volvió a levantar la pelota hacia el centro de la pista.

La gente aplaudía de pie y gritaba y silbaba entusiasmada. Los cuatro repitieron su número dos veces más porque la gente no dejaba de aplaudir y de pedir más.

Costó vaciar la sala esa noche y las siguientes porque se iba corriendo la voz y hasta de pueblos vecinos venían al circo a ver el número.

Pasaron después unos cuantos años y muchos caminos, pero ya desde aquella noche del estreno Nieve, la cebra y la jirafa eran buenos amigos.


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(Aquí termina esta primera serie de Los cuentos de Clara.)



domingo, 14 de diciembre de 2025

Los cuentos de Clara (VIII): En el maizal


Había una vez un maizal.

No era tan grande como un campo entero sembrado de maíz, porque apenas ocupaba cuatro hectáreas, que es como si dijéramos cuatro manzanas. Pero era el maizal mejor crecido y mejor cuidado de los alrededores. Como estaba bien cuidado, apenas si había animales silvestres merodeando por allí.

Salvo un zorro gris, flaco y bastante anciano, que a veces por la noche, a veces al atardecer, recorría los bordes del lote y cada tanto se metía en los sembrados. Ya casi vivía allí.

El maizal no estaba muy lejos de la casa y tampoco estaba muy lejos de donde se criaban algunos animales en un corral: unas 6 ó 7 gallinas, un gallo, una chancha overa enorme, un pavo, cuatro patos, dos gansos y dos conejos. Los gansos eran los más ruidosos porque son muy guardianes

El zorro viejo y manso a veces se llegaba hasta los alambrados del corral que los protegía de noche, pero apenas si los veía. Porque resulta que el zorro, con el tiempo, había perdido bastante la vista. Como no veía bien, tampoco era un peligro para ellos.

Los más curiosos e inquietos eran los dos conejos. Como todavía eran jóvenes, durante el día, y cuando no estaban comiendo, corrían y jugueteaban como hacen los chicos, sin cansarse. Cerca de la casa, hasta que llegaba la tarde, soltaban a los animales del corral y andaban sueltos –menos a la chancha overa– siempre picoteando la tierra o buscando agua en los bebederos o en los charcos.

A los conejos lo que más les gustaba era corretear por el maizal, como si jugaran a las escondidas.

Pero un día, en el que andaban entre las cañas y las hojas de los maíces, olieron al zorro que no estaba lejos. Se quedaron quietos como de piedra. Enseguida, con las orejas muy paradas y los hocicos oliendo el aire y temblando, oyeron el ruido de las hojas del maizal que se movían al paso del zorro. Tampoco ahí pudieron moverse por el miedo a dar una pista de dónde estaban.

El zorro también los había olfateado, porque era corto de vista pero no de olfato, y fue guiándose con su nariz para ubicar a los visitantes. Pero cuando los tuvo cerca apenas si los podía ver. Tanto que creyó que había un animal y no dos, porque a veces le pasaba que veía doble.

El zorro apareció por detrás de ellos. En cuanto los conejos lo oyeron, sin mirar para atrás, salieron disparados cada uno en una dirección distinta y el zorro se paró en seco y quedó sorprendido de que un solo animal se dividiera en dos y corriera en direcciones distintas. Como era zorro ya viejo, apenas si se inquietó y más bien le pareció divertido.

Después de correr un rato como locos, los conejos volvieron a juntarse, siempre parando las orejas y el hocico, y se dieron cuenta de que el zorro había quedado atrás y que no los perseguía. Se miraron extrañados, miraron y olieron alrededor un rato y, como eran curiosos, volvieron a recorrer el maizal para ver si andaba el zorro por ahí.

También el zorro extrañado quiso al final sacarse la duda de si había visto uno o dos y siguió recorriendo muy suavemente el maizal, para no alertar. 

Pero ni los conejos encontraron al zorro, ni el zorro encontró a los conejos. Y al día siguiente, los conejos volvieron a meterse en el maizal. Y el zorro, también. Y al otro día también. Y al siguiente, también.

Y así fue como la búsqueda del zorro y la búsqueda de los conejos se transformó en el juego de las escondidas más largo que hubo en el maizal durante mucho tiempo.



jueves, 11 de diciembre de 2025

A quién le importa Roma




Hace algunas semanas, me invitaron a decir algunas palabras en La Noche de los Libros, algo que se organiza desde hace unos años en un paseo emblemático de Bella Vista.

Me llamó la atención el asunto convocante en esta edición: Antigua Roma.

Por eso mi primera reacción fue preguntar a los organizadores si se habían cerciorado del posible interés que el tema podría despertar en una concurrencia que suele ser variadamente masiva, año tras año.

De allí que, bajo mis propios términos, propuse el asunto del que hablaría. Y de eso hablé.

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¿A quién le importa Roma?


Eduardo B. M. Allegri


Noche de los libros. Bella Vista, 5-6 de diciembre, 2025.


Estamos en tiempos (algo nefastos) en los que parece que no se puede hablar de alguna cosa si no hablamos de números. Entonces, empecemos estas pocas reflexiones hablando de números.

Si tomamos en cuenta que una generación se calcula en promedio cada 25 años, entre la fundación de Roma, el 21 de abril de 753 a.C., y nosotros, 2.800 años después, hay unas 112 generaciones.

Por otra parte, nuestros antepasados se duplican en cada generación: cada uno tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, y así siguiendo. Entonces si queremos calcular cantidad de gentes la cuenta resulta sencilla: 2 a la 112 potencia. Y eso da un completo disparate: una cifra de 34 dígitos (5,192,296,858,534,827,628,530,496,329,220,096). Y ese disparate pasa cuando uno le fía demasiado a los cálculos y la fórmulas.

Pero aunque esa cifra es verdaderamente un disparate, porque no ha habido semejante cantidad de gente en estos 2.800 años, eso no significa que no haya habido mucha gente dedicada a nosotros, sin darse cuenta. Si el cálculo lo hacemos más modestamente con 10 generaciones (que serían 250 años atrás) la cifra parece más manejable y más real: para cada uno de nosotros, 2.046 personas estuvieron haciendo algo por nosotros desde hace 250 años. En números, se hace ya más impresionante lo que tuvo que pasar, si nos vamos 20 generaciones atrás (que es más o menos para la época del Descubrimiento de América): ya podrían ser 1.048.576 personas las que deberían haber hecho algo para que cada uno de nosotros estemos hoy aquí.

¿Son exactas esas cifras? No. Por lo pronto, hay cosas que pudieron pasar para que los números se reduzcan y a veces bastante hasta hacerse más reales. Por ejemplo, lo más fácil: casamientos entre parientes que comparten antepasados.

Pero verlo de esta manera hacia atrás sirve al menos para darse cuenta de lo más fácil de entender: cuántas voluntades tuvieron que alinearse para que hoy existamos. Podría pasar que eso no nos interesara en absoluto. Pero lo cierto es que eso pasó. Y si eso pasó, la deuda con ellos la tenemos igual, seamos buenos o malos pagadores de nuestras deudas.

Se imaginan que hay algo más que antepasados a los que les debemos nuestra existencia histórica, algunos más colaboraron no solamente para nuestra existencia sino para darnos un modo de existir.

Y ya que mencioné el Descubrimiento de América, permítanme otro ejemplo pero ahora respecto del modo de vivir. Cuando uno visita museos en ciudad de México, por ejemplo, es común ver en alguna de las salas antropológicas pequeños tomates, y choclos mínimos y otras especies de alimentos que vienen de restos arqueológicos precolombinos.

Pero lo que hay que saber es que nuestros tomates americanos y nuestros choclos americanos tal como los conocemos hoy día –extendidos ya por todo el mundo– son el resultado de investigación y aplicación de técnicas que permitieron ampliar su tamaño, con el consiguiente aumento de las raciones. Fue producto entre otras causas de la acción de varios frailes que se pusieron el guardapolvo blanco encima del hábito marrón y se aplicaron a esta tarea, que no fue solamente científica, desde el siglo XVI.

El maíz, alimento central de los mesoamericanos, es de verano-otoño, porque la planta sufre el frío. Pero el trigo que introdujeron los europeos (un cultivo de invierno-primavera) permitió a los pobladores de aquellas tierras tener granos en épocas de escasez de maíz. Chile, por ejemplo, tiene buenos vinos (nosotros los argentinos también, claro). Pero resulta que los españoles querían que el trigo, el aceite de oliva y el vino (su dieta mediterránea) estuvieran disponibles en América porque eran la base de su alimentación, así como el maíz, el frijol y la calabaza lo eran para los mexicanos. Y por eso Chile tiene buenos vinos, porque fue allí en los valles donde primero lograron que prendieran las cepas que traían de España y que habían fracasado como el olivo en tierras mesoamericanas y caribeñas. Pero, a su vez, los españoles habían heredado esos tres productos de una tradición más antigua que incluía a la Mesopotamia asiática, a Egipto, a Grecia, a Roma y hasta con el aporte de los árabes en la alta Edad Media.


Este breve recorrido botánico culinario no es para distraerlos o amenizar esta amable reunión. Al igual que con la cuenta de nuestros antepasados, es simplemente y en último término para acentuar la idea de que no hay nada que no hayamos recibido.

En este punto, ya se imaginarán, el título inicial puede cambiar. ¿A quién le importa Roma? En todo caso convendría mejor preguntar ¿A quién podría no importarle Roma?

Porque somos Roma en muchos sentidos. Y es una idea rara pensar que no nos importa para nada saber qué somos o por qué somos, dos de las preguntas importantes que todo hombre se hace en su vida personal.

Hasta donde entiendo, creo que puede ser uno de los motivos para proponer, en esta edición de La Noche de los libros, que el tema sea esta vez Roma.

Sin embargo, hay algo interesante respecto del interés por Roma en nuestros días en distintos ámbitos.

Porque anda dando vueltas una especie de aggiornamento de la Roma antigua. Y como suele verse en casi toda actualización, algo se pierde en el camino y, lo que es tal vez peor, algo se desvirtúa en el camino. Es como si dijéramos que el interés por Roma se limita a disfrazarse de soldado romano, de senador romano o de emperador romano... y salir a pasear por el corredor aeróbico de la avenida Francia, luciendo una Roma que no necesariamente es la Roma que importa y, en muchos casos, ni siquiera es la Roma real.

Hay mucha Roma en Roma a la que le debemos mucho. Su origen pagano (y cuidado, porque pagano no es necesariamente un impugnación, un insulto o una categoría despreciativa, salvo cuando pagano es desprecio u odio a lo cristiano, por ejemplo, desprecio que la propia Roma dejó de lado cuando todavía era imperial...), su origen pagano, entonces, no es por sí mismo un impedimento para haber encontrado dentro de sus límites verdades, o la belleza o el bien. Sería como decir que una escultura romana (vale para Grecia, también) no puede ser un objeto bello porque es un objeto pagano. Sería como decir que la técnica para hacer las columnas del Partenón, en Atenas, o en el Foro romano, son defectuosas porque son técnicas que hicieron los paganos. Desde el punto de vista cristiano, pagano significa simplemente no cristiano, no significa por sí mismo falso o perverso. Salvo cuando lo es.

Publio Virgilio Marón vivió en el siglo I a.C. y es considerado sin duda alguna y con razón el poeta mayor de Roma. Vivió en vida el paso de la república romana al imperio, fue amigo y consejero de César Augusto (Octaviano), el primer emperador de Roma y bajo cuyo reinado nació Jesucristo. Pero Virgilio había muerto unos 15 ó 20 años antes del nacimiento de Jesús. Y digo esto último porque una de sus obras, la Égolga IV, une de manera misteriosa a la Roma pagana con Jesús, antes del nacimiento en Belén.

“Musas de Sicilia, cantemos algo un poco más grande;
no a todos agradan matorrales y bajos tamariscos,
si cantamos bosques, que sean los bosques dignos del cónsul.
Ya llegó la última edad del canto de Cumas;
desde la totalidad nace un gran orden de los siglos.
Ya vuelve la Virgen, vuelven los reinos saturnios;
ya una nueva progenie es descendida del alto cielo.
Favorece, casta Lucina, al niño que nace ya, por el cual
primero cesará el linaje férreo y surgirá por todo el mundo
el linaje áureo; Apolo, tu hermano, reina ya.” (vv. 1-10)


Hay parvas de exégesis sobre esta Égloga y particularmente sobre este fragmento. Para simplificar hay que separar en dos grupos esas parvas. De un lado, la cuestión política de la Roma del tiempo y puede resumirse en pocas líneas lo que se postula desde ese lado. Virgilio utilizó algunos tópicos de raigambre literaria y contenido histórico y filosófico para exaltar la figura de Augusto. El sería para esta interpretación el puer que habrá de alumbrar el tiempo, con todo y su origen divino imperial, para salir de una edad de hierro involutiva e inaugurar una nueva edad de oro. Según eso, la Sibila de Cumas anuncia este advenimiento.

Por otro lado, la interpretación de este tópico del niño adveniente desde el cielo, apunta proféticamente a Jesús. Así lo entiende la Iglesia desde antiguo y la referencia a esa Virgen que engendra un Niño de estirpe divina que cambia la luz de los tiempos, forma parte de himnos y liturgias antiquísimos, que siguen vigentes.

¿Son incompatibles ambas interpretaciones? En realidad, no, en tanto que se las considere bajo el manto de la profecía. Podría ocurrir que un mismo dictum profético refiera asuntos superpuestos, algunos inmediatos otros más mediatos. El mismo Jesucristo habló proféticamente en esos términos al referirse a la destrucción del Templo y a su reconstrucción en tres días, o al hablar de las catástrofes que anteceden al final del tiempo, con el emblema inmediato de las guerras que asolarían y arrasarían a Jerusalén, treinta años después de su Resurrección, como lo consigna el Evangelio de san Mateo.

En este mismo escenario, oirán aspectos importantes de lo que Roma nos legó. Pero me parece que conviene entender que la historia es dinámica en un sentido muy importante.

Y ese dinamismo hace que cosas que se han plasmado en el pasado contengan una definición y un germen que define y condiciona lo que viene. Roma es un ejemplo de eso. Lo es Grecia, lo es Egipto, lo son las oleadas de pueblos que llegando desde el Este se asentaron de manera paulatina en territorios romanos que después fueron Europa con el tiempo, lo son los indios de la India, lo fueron los árabes. Y más ejemplos de todas las harinas, levaduras, sales, aguas que se combinaron para que hoy seamos nosotros el pan que se elaboró con esos ingredientes. Es verdad también que cualquiera que haya manejado harinas sabe que no todas son iguales. Y que hay algunas mejores que otras.

En algún sentido, somo hijos ricos de padres ricos, riquísimos: heredamos una acumulación de riquezas que no produjimos y que nos resultan familiares y cotidianas.

Nuestra lengua, las matemáticas, el ajedrez, la ley, el café, el mate (para los del sur de América), el derecho, la lógica, conocer las estrellas, saber manejar el agua, saber cultivar la tierra, andar a caballo, templar metales, componer poemas, saber curar, cocer los alimentos, la música.

Y también una religión y un concepto de los que somos, de lo que es el universo y la historia.

No todas estas realidades cotidianas para nosotros son herencia de Roma. Pero su enumeración aquí confirma el hecho de que somos herederos de quienes las han puesto a nuestra disposición. Claro que no todas esas cosas valen lo mismo. Un orden jerárquico de lo heredado mostrará que a Roma, como a Grecia, le debemos más que a otros, en lo que tienen ambas de raíz de mucho de nuestra idiosincrasia y visión natural del mundo, e incluso en cuanto han dado pistas para ayudar a entender la herencia sobrenatural, herencia que ellos no aportaron directamente.

Como digo: hijos ricos de padres ricos somos. Claro que como también sabemos por experiencia, dilapidar una herencia es despreciar una herencia.

Pero repasemos un poco Roma.

Un personaje muy importante del siglo I a. C., además de ocupar cargos políticos, fue en Roma filósofo, escritor, abogado. Marco Tulio Cicerón. En una ocasión, un enemigo suyo en las cosas de la política (se llamaba Clodio), lo acusó de impío y de no respetar los oráculos en las decisiones políticas. La cosa era grave porque esa atención a lo que auguraban los arúspices religiosos de Roma, para la vida personal tanto como para la vida pública, no podía ser tomada a broma o ser ignorada. Cicerón se defendió ante el senado romano, custodios además de las tradiciones romanas, y en un momento de su discurso dijo:

«Pese a que, oh senadores, nosotros mismos nos apreciemos cuanto queramos, sin embargo, ni en número hemos superado a los hispanos, ni en robustez a los galos, ni en sagacidad a los púnicos, ni en las artes a los griegos, ni, finalmente, en este mismo sentido doméstico y nativo de su pueblo a los propios itálicos y a los latinos, pero en piedad y en religión, y en este único discernimiento (que percibimos que todas las cosas son regidas y gobernadas por el numen de los dioses) hemos superado a todos los pueblos y a todas las naciones». (De haruspicum responso, 19)

Las nociones de pietas y religio, junto a la sapientia sobre la existencia de los dioses, expresan aquellas áreas en que los romanos se destacan ante otros pueblos, el elemento que los distingue como diferentes y a la vez superiores. La frase clausura la secuencia de lo que viene diciendo Cicerón en su defensa, uniendo las dos fuentes de saber religioso: por un lado pietas y religio, es decir, el culto tradicional heredado de los antepasados que incluye los rituales, la organización en colegios sacerdotales y las prácticas religiosas en sentido amplio; por otro lado, la sapientia acerca del gobierno del mundo por los dioses, que supone la reflexión crítica y la mirada filosófica sobre la relación con la divinidad. Y esa fue la fuerza de Roma durante varios siglos. Una fuerza que estaba detrás y en la raíz de su fuerza civilizatoria.

Roma guerreó durante mucho tiempo el predominio del Mediterráneo con los cartagineses. Puede pensarse el asunto geopolíticamente, los cartagineses tenían riquezas, muy aptos para el comercio, fenicios poderoso en definitiva, se asentaron todo alrededor del mismo espacio al que aspiraban los romanos. Pero había algo más que dinero y poder en juego, si le hacemos caso a Cicerón: había un choque brutal respecto de una concepción del mundo y del hombre y de la vida común en la ciudad, es decir, en el espacio civilizado. Y Roma venció principalmente en eso a Cartago.

Un tiempo después, Roma guerreó contra una concepción que no era la de los cartagineses, sino más bien todo lo contrario. El cristianismo nacido también en una de las márgenes del Mediterráneo. Pero esta vez el resultado fue completamente distinto. Roma fue absorbida por el cristianismo después de 3 siglos, en el siglo IV de nuestra era y después de al menos 10 persecuciones terribles contra los cristianos. Pero el papel que iba a jugar Roma, esta vez también era otro. Y tenemos que volver a ese breve párrafo que cité recién. La concepción profunda de los romanos no era incompatible con el cristianismo. La pietas y la religio y la sapientia eran un punto en el que Roma y el cristianismo iban a converger. Y así, Roma no se transforma en caput mundi solamente por sus raíces, sino que sus raíces son a la vez la tierra en la que otra semilla más grande y más potente se asienta. Porque Roma es el surco, no la semilla. Una civilización que tenía la noción de que el numen de la divinidad gobernaba todas las cosas.

Atila, el rey de los hunos, que fue persuadido por el papa León I para no tomar Roma en el 452, al parecer era hombre culto y hablaba y escribía en latín, tanto como griego. Combatió contra Roma durante decenas de años y en parte colaboró para su caída. Pero admiraba a Roma, tanto como la ciencia de Grecia. Hablaba varias de las lenguas de los pueblos que había conquistado y conocía bien la historia del Occidente que conquistaba. No era igual Genserico, rey de vándalos y alanos, que tres años después también sería persuadido por León Magno, y aunque tomaría Roma, la saqueó en parte pero no la incendió y preservó las iglesias, en las que se refugió una enorme cantidad de pobladores.

Unos 20 años después caería Roma, en el año 476. ¿El imperio cayó? No exactamente. La presencia de los pueblos que venían del este se hizo fuerte y comenzó una nueva etapa todo alrededor del Mediterráneo y en tierras que antes dominaba Roma. Pero Roma siguió siendo fuerte en su diseño político, durante varios siglos, así como se sostuvo su ingenio en materia de administarción política, militar y económica, que los pueblos que invadieron el imperio replicaron y aprovecharon. Culturalmente, Roma nutría a los bárbaros.

En el siglo XIII, santo Tomás de Aquino explicaba una interpretación acerca de quién podría ser el Katejon, es decir, quién o qué habría de oponerse al Anticristo al final de los tiempos. Algunos habían sostenido unos 10 siglos antes que el Imperio Romano podía ser ese Katejon, pero para la época de santo Tomás a fines del 1200 otros negaban esa posibilidad porque, decían, el Imperio ya había caído y el Anticristo no había llegado. Muy parcamente, santo Tomás de Aquino contestó a esto: No ha caído. Y no estaba hablando de cuestiones jurídicas ni de un territorio. Algo substancial de lo que significaba Roma y su imperio existía todavía.

Doscientos años después de esto, y mil desde la caída de Roma, caería Constantinopla, cabeza del Imperio Romano de Oriente, Bizancio, el 29 de mayo de 1453. Fue a manos de Mehmed II, gran sultán del Imperio Turco otomano. Lo notable es que Mehmed haya querido, una vez que consiguió ese triunfo descomunal, imponerse a sí mismo el título de Qayser-i Rûm, es decir César de Roma, pero esta vez imaginando una Roma musulmana.

Un poco después, en Italia, Maquiavelo (en obras del siglo XVI) tomó y exaltó como modelo la república Romana por su arquitectura jurídica, su orden, su estabilidad.

En la otra punta, desde el siglo X los eslavos búlgaros usaron el título de Czar (Caesar), y desde Iván el Terrible (XVI) hasta 1917, lo usaron los rusos, aunque desde Pedro el Grande, en el siglo XVIII, el título fue el de Emperador, lo que rueda a lo mismo.

También en siglo XVIII, en el origen de los EE. UU., los que allí llaman Los Padres Fundadores tuvieron como modelo la organización de la República según Roma. Se ve en la Apoteosis que le dedicaron a George Washington, en el Capitolio. Y se ve en el sistema de gobierno y representatividad que casi copiaron. Aunque no querían el modelo imperial –cosa rara para lo que termina siendo el país– usaron hasta el águila como emblema, con mínimos cambios: la hicieron águila calva, por razones locales.

Napoleón también tenía en su horizonte a Roma y su esplendor tanto republicano como imperial, aunque cuando se apropió de la ciudad y nombró a su hijo rey de Roma, se ensañó con la Iglesia Católica y con el Papado. Algo contradictoriamente porque, aunque el despotismo era el enemigo de la Ilustración, el modelo napoleónico resultó monárquico e imperial. Por otro lado, su famoso Código Civil, por ejemplo, al margen de romper el orden jurídico anterior en asuntos fundamentales, como la familia, mezcló derechos distintos con el Código de Justiniano, emperador del Imperio Romano de Oriente, del siglo VI, porque esa codificación era casi insuperable.

Mussolini, como se sabe, también tenía a Roma y particularmente a la resurrección del Imperio como un paradigma. Y fue uno de los que consideró que después del Imperio y el Papado, la Roma fascista sería la Tercera Roma. Pero, antes que Mussolini, los partidarios de la Unitá italiana en el siglo XIX habían levantado la misma bandera. Giuseppe Mazzini, por ejemplo, que también sostuvo el lema de la Terza Roma: la de los emperadores, la de los papas y finalmente, la del pueblo.

Hoy, en una complicadísima elaboración doctrinaria, hasta Donald Trump y Elon Musk, por nombrar dos conocidos, vuelven los ojos a Roma e intentan volverla a la vida. Hay alrededor del movimiento M.A.G.A. una cantidad de teóricos y doctrinarios que quieren justificar esta vez a los EE. UU. como la Tercera Roma y, según ellos, la definitiva.

Pero también hoy, Vladimir Putin, en Rusia, sostiene las mismas aspiraciones romanas pero ahora para su país o imperio y considera también él a Moscú –como lo hace la Ortodoxia Rusa– como la auténtica Tercera Roma, tal como los paneslavistas lo hicieron en el siglo XIX (Dostoievsky pasó por allí, también), siguiendo a su vez una larga tradición rusa y antes búlgara, considerándose herederos de la Segunda Roma, es decir Constantinopla.

¿Y entre nosotros? También. Es verdad que aquí hay quienes siempre han mirado a Roma, la Roma total, la substancial. El surco latino de la semilla cristiana, en esa doble y complementaria junta. Y han entendido todo lo que la Cristiandad, ya desde el inicio histórico, ha tomado y todo lo que ha pulido, para que la herencia se engrandeciera. Pero en nuestros días, ha surgido una mirada distinta, casi de moda internacional, más bien superficial y hasta en cierto sentido no cristiana (más allá de las palabras algo huecas), por no decir anticristiana. La mirada a la Roma pagana, la mirada excluyente a la mera Roma imperial. Una resurrección imposible (aunque algunos la desean), una resurrección imperial no deseable, pues aparecería a la luz sin aquello que el cristianismo moldeó y enderezó. El mero surco, sin la semilla. Imitando corrientes al día, las que hoy se autodenominan Fuerzas del Cielo libertarias, por ejemplo, adoptan emblemas, estandartes, saludos imperiales incluidos, cotillón romano en pocas palabras. Pero por superficial o frívola que aparezca la moda, aparece lo mismo, está también entre nosotros.

Empecé preguntando ¿A quién le importa Roma? Y la pregunta tiene el tono de una típica exclamación, porque parece ser de esas preguntas que con el tono displicente se definen: ¿Y a quién le importa Roma?

Por lo que vemos, parece entonces que la pregunta debería ser otra: ¿Por qué le importa tanto Roma a
tanta gente?
 Y eso que todavía ni siquiera terminó la historia. Y eso que no dije nada del significado hondo y profético de Roma para el cristianismo, desde el nacimiento de Jesús hasta el fin de los tiempos.

Pero cualquiera de esas preguntas queda en manos de ustedes. Y la respuesta también. Ustedes, como todos nosotros hoy aquí, hijos ricos de padres riquísimos, que deben querer saber cuál es la herencia recibida, cuánto es y cuánto importa. Y por qué.
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A quién le importa Roma.



miércoles, 10 de diciembre de 2025

Principios y valores (o Dugin, el peronista) (V): ¿Sombras nada más? (I)



Cuando empezó la serie Principios y valores (o Dugin, el peronista), después de las elecciones legislativas de octubre, dije que unas palabras de Guillermo Moreno, el día mismo de las elecciones, hicieron que advirtiera cierto telón de fondo. Por eso fui detrás de La cuarta teoría política, de Alexandr Dugin, y casi por intuición contrasté con Perón y el peronismo en la historia contemporánea, de Fermín Chávez.

Todavía sigo en esa tarea, pero ahora a un ritmo más lento que el que creí posible. Y eso porque fui viendo que aparecían más actores que representaban un drama que, además de ser complicado y confuso, iba tomando algo de velocidad. Por eso: cuando se nota un cambio, conviene mirar con más atención y detenimiento.

Todo lo que fue ocurriendo a partir del resultado de las elecciones se precipitó con bastante vértigo. A la vez, le inyectó algo eléctrico a la espina dorsal de la mediocre dirigencia política pampa. Mediocre y guaranga en muchos aspectos. Todo eso se hizo con la conducción mileísta del proceso electoral (y no sin las lejanas espaldas anchas de Trump y Bessent); es decir que comenzó antes, por ejemplo con la incorporación de personajes estrafalarios pero obedientes en sus listas, con el temor de una no resurrección libertaria que a esa altura parecía un hecho. El resultado de ese armado estrambótico está trascurriendo mientras escribo esto, aunque todavía algo indefinido.

Como fuere, y por mucho que resulte espeluznante el espectáculo de esa corte de los milagros (ahora más gorda) que es el gobierno de Javier y Karina Milei, tengo más bien puesta la mirada en el papel del peronismo, como expliqué al principio de la serie. Y repito la razón que ya di: de todas las posibilidades políticas hoy vigentes en la Argentina, la única que funciona como oposición a los libertarios (y demás títulos...), es el peronismo.

También la cuestión que me planteaba al comienzo sigue siendo la misma: ¿puede realmente el peronismo cumplir ese papel?, ¿tiene realmente algo que ofrecer, algo bueno se entiende y no solamente algo distinto si acaso en algo mejor que lo que hay?

Por esas mismas preguntas se llega a otra pregunta que es programática y por eso mismo obligada: ¿qué es hoy el peronismo? De allí se va a otra pregunta más inquietante todavía, ¿quién es hoy el peronismo? 

Ambas preguntas están relacionadas muy íntimamente y son cruciales para el peronismo. Y lo prueba el hecho de que, por no haberlas contestado convincentemente, los peronistas están como están y están donde están.

Que Javier Milei quiera borrar del mapa político particularmente a una parte del peronismo, no es tan importante. Ni siquiera debería ser alarmante para el propio peronismo, ni en parte, ni en todo. Si hicieran un sub-total, muchos peronistas advertirían que, echar sal sobre la tierra en la que creció el kirchnerismo peronista para que jamás vuelva a florecer, es el trabajo sucio que le regalará el propio Milei a otras tribus peronistas que hace años no logran hacerlo por sí mismas.

Es precisamente en ese panorama donde las cosas toman el aire de una tragedia, en el sentido clásico de la palabra.

Un dato muy notable y significativo es que, después de semejante quiebra, hay pocas voces peronistas hablando en el ámbito público. Hay sí como una guardia de mantenimiento, como una guardia obligatoria en un día de huelga, que se limita a algunos escarceos irrelevantes. Hay también un mercado persa de trueques varios con el gobierno, no sólo aunque principalmente en el mundo volátil ideológicamente de los gobernadores peronistas.

Pero voces que vociferen peronismo urbi et orbi hay muy pocas. Y ese es un dato interesante.

Si alguien dijera que los más presentes en esa proclamación representan sectores minoritarios, tendría razón. Si alguien dijera que, incluso no forman parte orgánica del mundo oficial peronista, también tendría razón. Si alguien dijera que, salvo los que están "de guardia", los demás andan negociando de un modo u otro esto o aquello y por eso no hablan, también tendría razón.

Pero allí hay un punto. Desde el mundo oficial del peronismo no se emiten voces convincentes, salvo las que convencen a los convencidos, y suelen ser voces casi exclusivamente en defensa propia, como la voz de Cristina Fernández que parece pretender transformar su grito de libertad en una nueva versión del 17 de octubre, tal vez soñando con una refundación del dizque "campo nacional y popular" (¿eso es realmente un sinónimo de peronismo?), a partir de sus reclamos de libertad, personales o grupales. Por otra parte, algunas voces que hablan desde ese "campo" no son peronistas, viven al amparo de la sigla pero tienen proyectos propios, aun proyectos disidentes del peronismo, algunos a la izquierda como Kicillof, otros en una rara centro-derecha cuasi populista, como Sergio Massa. 

Que la puridad peronista no les interese a todos los que militan de un modo u otro en esa sigla política, no significa que –al interior variopinto y bastante caótico o en desbande anárquico– la sigla no les interese. Al menos por ahora. Es que no hay a la vista nada "nuevo" que cuaje. Kicillof es un ejemplo: su voz no alcanza a juntar las voluntades que amplifiquen esa misma voz como algo propio, suyo de él. Y así fue el resultado cuando en el orden nacional tuvo que enfrentar al gobierno libertario.

Así las cosas, después de un agotador barrido del espectro, aparté tres emisores: Guillermo Moreno y sus Principios y valores; Alberto Buela y Martín Ayerbe, con su Movimiento de Liberación Nacional y Juan Grabois que, con su agrupación Argentina humana, es diputado de Unión por la Patria.

¿Son los únicos? No, pero hoy por hoy son los que más hablan. Por todas partes y a toda hora.

Y en eso estoy: mirando, oyendo y tratando de entender qué dicen y qué quieren y por qué.



martes, 9 de diciembre de 2025

Cantando "la marchita" en Kenia

 


Siempre me gustó oír al ya finado Ayub Ogada (nacido Jon Seda), músico keniata, hijo del pueblo Luo, que hizo famoso el nyatiti (esa arpa de 8 cuerdas) y canta en lenguas de aquellas partes, como el dhuolo (creo una variante del luo), en la que dice esta canción, Obiero.

Hace bastante, cada tanto pruebo a ver si logro traducirla. Llevo un récord absoluto de fracasos. Pero no me desanimo. Las traducciones parciales que encontré hace tiempo dicen tantos disparates que no les creo.

Hoy, un nuevo intento. Esta vez, busqué diccionarios luo-español, o cualquier otro idioma. Nada.

Esto dice Obiero (porque quién dice y no vaya a haber un sabedor entre el público...):

Lai lala lai lai Mamaa weueeeee lololololoooo loloeee
Lai lala lai lai Mamaa weueeeee lololololoooo loloeee
 
Obiero wa yuagoi e dala baba
Obiero wanto wan wayuogoi e dala e babaee
Nyithindo onego ni gwen yaye rembgi to chwer
Nyithindo onego ni gwen baba ero rembgi to chwer
 
Obila to luwi ga gi bunde to ok-idew
Obila luwi ga gi bunde to ok-idew baba

Ondiegi aboro ero oluwo ni ndara nene rabet baba
Ondiege aboro ero oluwo ni ndara nene rabet mama 
ooyee baba hoyeee ahuoyeee baba hoyeee


Hasta que.

Exhausto y abatido, en un último round, le pregunté a Bing. Dijo dos pavadas y me dejó plantado. Pero, de repente, entró a los codazos la inteligencia artificial del buscador de Google. Me miró con desprecio, sacó pecho y, desde la primera fila, con tono displicente y aire de suficiencia, dijo esto que sigue (sic):

La palabra "Obiero" no corresponde a una canción popular conocida; es muy probable que sea un error de escritura o un apodo, y la canción que buscas sea la Marcha Peronista, que dice "¡Vuelve Perón!" y habla de la grandeza de Perón y Evita, con estrofas que varían entre grupos políticos sobre la resistencia y la lucha peronista, como "Con el fusil en la mano, y Evita en el corazón, Montoneros, 'patria o muerte', los soldados de Perón". 

Letra de la Marcha Peronista (versión clásica y algunas variaciones):

Versión Clásica:

¡Perón, Perón, qué grande sos! ¡Mi general, cuánto valés!.

¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! Para salvar a la nación.

¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! ¡Vuelve Perón! Para regir su destino, vuelve a elegir a Perón.

(Y se repiten las líneas de "¡Vuelve Perón!" varias veces). 


Entiendo.

Una conspiración, infiltrados, espías, hackers. Lo que prefieran.


Listo.


Que duerman bien. 

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NOTA: para los desconfiados, busquen: "qué dice la letra de la canción Obiero".


sábado, 6 de diciembre de 2025

Los cuentos de Clara (VII): El pastor perdido


Esto pasó hace mucho, mucho tiempo, y en un lugar lejano.

Los pastores siempre andan buscando lugares donde sus ovejas puedan pastar durante el día. Y, de vez en cuando, puede ser que se les escape una oveja. Entonces salen a buscarla, mientras las demás siguen pastando tranquilamente, todas juntas.

Pero esta vez pasó que el pastor se quedó dormido varias horas y, cuando despertó, ya estaba bajando el sol. Se levantó del suelo inquieto porque se dio cuenta de que pronto iba a llegar la noche y tenía que llevar rápidamente sus ovejas al corral para que durmieran protegidas.

Pero las ovejas no estaban.

Miró en todas direcciones, subió a un peñasco para ver el lugar desde arriba y así poder ver más y más lejos. Pero las ovejas no estaban y la tarde se iba yendo hacia la noche.

Se lamentaba retándose a sí mismo y bajando de la peña apuraba el paso. Como no las veía y no sabía qué podía haber sido de las ovejas, empezó a caminar en cualquier dirección. Primero hacia el corral, que estaba bastante lejos; como el camino hacia el corral era llano, pensó que si hubieran ido hacia allá las hubiera visto. Pero las ovejas no estaban.

Entonces dio vuelta y buscó en otro lado, a cada paso más triste y preocupado. Caminó hacia una cañada seca que había entre unas sierras bajas y buscó las pisadas por si encontraba rastros del rebaño. Pero no había rastros. 

La cañada iba bordeando las sierras haciendo curvas. Al dar una vuelta, vio a un niño sentado sobre unas piedras jugando con una rama con la que dibujada en la tierra arenosa.

Cuando lo vio llegar todavía desde lejos, el niño habló primero antes de que el pastor pudiera abrir la boca. El eco de la cañada hizo que el pastor oyera claramente su voz. Le preguntaba qué hacía a esas horas por allí y si era pastor y dónde estaba entonces su rebaño.

El pastor, tartamudeando por el miedo y la vergüenza de haber perdido a sus ovejas, contestó como pudo a todas las preguntas y confesó que se había quedado dormido de más.

El niño lo miraba mientras el pastor hablaba. Cuando el pastor se quedó en silencio mirando en todas direcciones todavía buscando a sus ovejas, el niño le ofreció caminar con él para tratar de encontrarlas. La noche estaba muy cerca.

Mientras caminaban, el niño cada tanto le hacía alguna pregunta o le contaba alguna historia de aquellos lugares. Por momentos, el pastor se distraía de su preocupación y del miedo de que a su rebaño le hubiera pasado algo malo. Pensaba que el niño viviría cerca de allí, en algún lugar, pero no había visto ninguna población, ni siquiera una casa.

El pastor casi ni se dio cuenta de que la noche ya había entrado, pero igual trataba de ver algo en medio de la oscuridad. Ya hacía frío y el pastor trataba de acomodar sus ropas para protegerse. Allí se dio cuenta de que el niño estaba descalzo y le ofreció envolverle los pies con algo de sus ropas. El niño aceptó y por unos minutos se detuvieron para cubrir sus pies.

El pastor no sabía ya cuánto tiempo habían caminado entre las sierras de a ratos, o de a ratos por algunas partes llanas.

De pronto, el niño le señaló una luz muy débil que se veía al pie de una sierra muy baja. El frío crecía y el pastor, entre el miedo por su rebaño y las horas de búsqueda, estaba muy cansado. Caminaron hacia esa luz débil que iba creciendo un poco a medida que se acercaban. La noche estaba muy estrellada, pero era oscura. Por eso el pastor no podía ver bien qué había en el lugar de donde salía la luz, que era en realidad una fogata pequeña, alimentada con ramas secas de algunos arbustos porque no había árboles por allí.

Cuando ya estaban bastante más cerca, el pastor vio a la luz de la fogata las siluetas de unas ovejas que estaban sentadas muy juntas unas a otras. Con sorpresa, salió corriendo hacia el lugar, mientras llamaba por su nombre a algunas de las ovejas. Las que nombraba fueron levantándose del suelo y empezaron a trotar hacia el pastor, y parecían tan contentas de haberlo encontrado como él de haberlas encontrado por fin a ellas.

Con el cansancio y la emoción se olvidó por un momento del niño que lo había acompañado hasta allí. Rendido, se acurrucó junto a sus ovejas y se quedó dormido.

Cuando empezó a clarear, se despertó. Alrededor vio con asombro dos o tres pastores más con algunas otras ovejas. Todos estaban mirando a una especie de cueva que había al pie de la sierra. La luz del fuego de la noche ahora salía de esa especie de cueva, a la que todos miraban. 

En ese momento, el pastor buscó otra vez al niño y no lo encontró. Se inquietó por si le hubiera pasado algo. Preguntó a los pastores si habían visto a un niño y nadie lo había visto.

Entre los pastores, había una viejecita con unas pocas ovejas. Se acercó al pastor y le dijo que ella había estado casi toda la noche allí. Mientras señalaba la cueva, le dijo que el único niño que había estaba dentro de la cueva de donde todavía salía la luz.

Pero que ese niño acababa de nacer. 



miércoles, 3 de diciembre de 2025

Los cuentos de Clara (VI): La rana y la luz.


Había una rana en una laguna
que sólo cantaba las noches de luna.

Y a veces silbaba como un pajarito
cuando el sol se iba, enorme y bajito.

Debajo de un sauce los juncos crecían
y cerca de un ceibo los peces dormían.

La rana miraba cómo las estrellas
dejaban fugaces brillantes sus huellas.

La luna una noche no quiso alumbrar
y la rana triste no pudo cantar.

Los peces, el sauce y un lindo zorzal
pensaban en cómo remediar el mal.

El zorzal volando se fue hasta una casa
y trajo en el pico una calabaza.

Con el pico fuerte tanto picoteó
que al final un hueco enorme le abrió.

Volvió hasta la casa y encontró una vela
que dejó encendida esa noche una abuela.

La rama del sauce hizo de regazo
y a la calabaza la puso en su brazo.

La vela en el hueco mostraba su llama
mientras un pez gordo que estaba en piyama

nadó entre los juncos para ver por dónde
andaba la rana que triste se esconde.

La encontró debajo del ceibo dormida
y con su voz ronca la llamó enseguida.

Le mostró la luz que en el sauce estaba
por ver si la rana de nuevo cantaba:

¡Qué buenos amigos que tengo!, pensó.
Y aunque no había luna esa noche cantó.


 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Los cuentos de Clara (V): La reina Clara.


El anciano sentado en el banco verde tenía el pelo algo largo y blanco, como su barba que también era blanca. Siempre vestía un elegante traje azul y unos zapatos muy bien lustrados. Miraba a todos los que pasaban por los caminos de grava de la plaza con una sonrisa muy cortés pero afectuosa. A veces, se lo veía con un libro en el que leía alguna página y lo dejaba sobre el banco, hasta volver a leer otra página. A veces caminaba muy despacio mirando los árboles y las plantas de la plaza.

Pero lo que a Clarita le gustaba más del señor elegante es que, cuando lo encontraban en la plaza, siempre se paraba, se acercaba y las saludaba con mucha cortesía. Y de todos los saludos el que más le gustaba era cuando le decía a su madre: ¡Ah, aquí está su majestad, la reina Clara!, y le tomaba la mano y se inclinaba un poco ante ella.

Clarita sabía que vivía cerca de su casa, pero siempre lo veía en la plaza. Apenas su madre y él conversaban un rato, siempre sonriendo los dos. Después, el señor elegante seguía su camino, apoyándose en un bastón negro con puño de plata, que a Clarita le parecía la espada de un caballero, como los de los cuentos.

Un día, sentada en el piso de su habitación, Clarita estaba mirando un libro con dibujos. Contaba la historia de una princesa que vivía sola con su madre en un castillo apartado en lo alto de una sierra, rodeado de bosques enormes.

Clarita se quedó un rato largo mirando los dibujos con todos los detalles. Entonces se le ocurrió una idea: ella sería la princesa y su mamá la reina: la Reina Clara.

Mientras la madre cocinaba, Clarita buscó todo lo de color rojo y azul que pudo encontrar en la casa: unos manteles, cortinas, mantas o toallas y cosas así. Anduvo por la toda la casa extendiendo lo que había juntado por el piso del comedor y la sala y por el pasillo que iba a su cuarto. Allí había una mecedora en la que se sentaba su mamá para contarle cuentos en los días de lluvia o antes de dormir por la noche.

Cuando terminó, fue a la cocina y tomando de la mano a su mamá le dijo: "¡Ah, aquí está la reina Clara! ¿Me acompaña, su majestad?"

A la mamá le llamó la atención la ocurrencia y se plegó al juego a ver qué pasaba.

Con un paso lento y ceremonioso la fue conduciendo hasta su cuarto por encima de las alfombras que había tendido, como si fuera una procesión real.

Cuando llegaron al cuarto, le indicó la mecedora que había puesto en el centro de la habitación. La había cubierto con su cubrecama color azul, al que su mamá le había bordado unos lirios que parecían dorados pero que eran de un amarillo muy suave.

Clara, divertida con la ocurrencia, se sentó con ceremonia de reina; y Clarita, caminando hacia atrás en presencia de la reina, llegó hasta una mesa de luz en la que había puesto la corona de princesa que había usado en la fiesta de su cumpleaños. 

En silencio caminó hasta su madre, hizo una reverencia y le puso la tiara en la cabeza, dio dos pasos hacia atrás y se inclinó haciendo un saludo.

Cuando se levantó, riéndose, le dijo: Ahora sí el señor te va a poder decir: "¡ah, aquí está su majestad, la reina Clara!".



viernes, 28 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (y III)

 



Hace unos 20 años, fui dejando en esta bitácora una serie de notas bajo el título Sobre la causa cristiana del Anticristo. Fue a propósito de un opúsculo de Immanuel Kant (El fin invertido de todas las cosas, de 1794) que encontré siguiendo a Josef Pieper, en El fin del tiempo. En un punto del capítulo II, Pieper reseña lo fundamental del difícil texto de Kant:

Vamos ahora a hablar brevemente del tratado sobre El fin de todas las cosas, que Kant escribió trece años después de su Crítica de la razón pura. Apenas es posible formular su afirmación en forma de una tesis clara dada la dificultad y confusión del razonamiento. Dos puntos sobre todo me parecen dignos de atención: primero, casi al comienzo se dice que el fin de la humanidad hay que concebirlo evidentemente en analogía con la muerte del individuo, que "en el lenguaje piadoso" se designa como un tránsito "del tiempo a la eternidad". Kant califica esa idea de lúgubre y estimulante a la vez, por lo que "los ojos que se apartan horrorizados no (pueden) menos de dirigir a ella su mirada una y otra vez". Es interesante la observación de que esa idea ha de "entretejerse ciertamente con la universal razón humana de un modo maravilloso". Naturalmente que el proceso de semejante transposición del ser temporal del mundo histórico a una participación directa, como quiera que se conciba, de la eternidad de Dios, queda por completo más allá de nuestra capacidad representativa. Y la razón, dejada a sí misma, llega aquí al límite de su capacidad, aunque ya el mero planteamiento conceptual no sea el mismo en cada uno. Pero en cualquier caso esa idea hace totalmente imposible concebir el fin de la historia humana según el modelo de una "evolución", cual si una ascensión quizá difícil pero siempre en un enriquecimiento constante llegara a su conclusión triunfal.

El segundo punto de la concepción kantiana, que a mí se me antoja singularmente importante, es la exposición detallada, en verdad, del fin "invertido", "antinatural" de todas las cosas que, aunque evidentemente sea medio en broma, no deja de considerarse conceptualmente posible al lado del "natural" y del "sobrenatural". Lo que ante todo resulta bastante sorprendente es que ese fin "antinatural", siempre que ocurra, lo "introduciremos nosotros mismos en tanto que malinterpretamos el objetivo final". Por poco en serio que Kant haya podido tomar esa concepción, en cualquier caso se habla expresamente de la posibilidad de una catástrofe final producida por el propio hombre. La exposición, un tanto complicada, empieza por la "amabilidad" esencial al cristianismo en sí, que tiene su fundamento en la "mentalidad liberal" con la que "puede atraerse los corazones de los hombres". Mas "si se descubriera que el cristianismo dejaba de ser amable, el rechazo contra el mismo se convertiría en la mentalidad dominante y el Anticristo empezaría su gobierno (supuestamente fundado en el temor y en el egoísmo)... ; pero después, ya que el cristianismo está ciertamente destinado a ser una religión universal, si no se viera favorecido por el destino para serlo, entraría el fin (invertido) de las cosas en un aspecto moral". Pero ¿qué es propiamente lo que se afirma aquí? Que (posiblemente) el cristianismo perderá la simpatía de los hombres, porque será infiel a su propia esencia. El Apocalipsis (y el Nuevo Testamento en general) dice exactamente lo contrario: que la Iglesia perderá la simpatía de la inmensa mayoría de los hombres por llevar a término su manera de ser propia sin mezcla de ninguna clase. En consecuencia Kant hubiera debido decir: está justificada "la gran apostasía" de los hombres que se apartan de ese cristianismo degenerado. Mientras que en el Apocalipsis, por el contrario, esa huida masiva de la Iglesia aparece casi como una confirmación de su verdad. Para el pensamiento ilustrado resulta ciertamente incomprensible la idea de que la verdad puede ser combatida, aunque sea la verdad o precisamente por serlo. "Me aborrecen sin motivo" (Sal 34, 19; Jn 15, 25). Volvamos por un momento a la distinción kantiana entre "fe eclesiástica" y "fe racional" y a su idea de que la fe eclesiástica será arrinconada por la religión racional, lo que significará la aproximación del "reino de Dios sobre la tierra". En consecuencia, el movimiento contrario de la religión racional que queda arrinconada por la fe eclesiástica, ¿no tendría que aparecer como la aproximación del Anticristo? Pero esto no es sólo una consecuencia que se impone en abstracto: ¡Kant la ha formulado de forma explícita! En la medida en que los sacerdotes "convierten en una obligación esencial unas observancias y una fe histórica" (entendiendo por todo ello el culto, los sacramentos, la fe en los acontecimientos históricos salvíficos), en lugar de "echar en el corazón unos cimientos éticos", hacen "lo que se requiere para introducirle (al Anticristo)". Así, pues, el Anticristo aparece nada más y nada menos que como una figura eclesial.

*   *   * 

Mas todo esto lo piensa Kant de un modus irrealis; su verdadero sentir, o mejor, su esperanza mantenida desesperadamente, es que el género humano está realmente metido en un progreso continuo hacia el "fin natural", hacia la fundación del "reino de Dios sobre la tierra", que es un acontecimiento intrahistórico y lentamente introducido por una fuerzas históricas; en ese reino prevalece una "paz" eterna y "en él pueden desarrollarse plenamente todos los gérmenes hasta poder cumplir su destino aquí sobre la tierra".


La razón de traer esas páginas pasadas a esta serie actual, es que entiendo que la postura de Kant y la de Peter Thiele son primas hermanas. Ambas, por lo pronto, agitan el fantasma del Apocalipsis y del Anticristo para proponer acciones y dibujar a su modo el sentido y el fin de la historia. Ambas, también, le asignan en cierto modo ser el Katejon a posturas exactamente opuestas a las que apuntan las Sagradas Escrituras y la teología, de alguna manera consistentes a lo largo del tiempo. Más directamente en Kant, mucho más sofisticada y enrevesada en Thiele, a punto tal que aquellas 4 sesiones sobre el Anticristo que mencioné, afirma Thiele estar inspiradas nada menos que... en san John Henry Newman: "el escribió cuatro sermones sobre el Anticristo, así que yo daré cuatro conferencias sobre el Anticristo", dijo el tecno-optimista. 

En Kant, un cristianismo mundano y "racional", tolerante, progresista y liberal, revela según él la verdadera naturaleza del cristianismo. Lo que Kant llama antipatía del cristianismo, por el contrario, no es otra cosa que su naturaleza misma, que él entiende mal. Y bien lo apunta Pieper. Traducido, el "fin invertido de todas las cosas" se produce, en realidad, porque el cristianismo siendo cristiano como es, se vuelve antipático a un mundo que sólo tolera la tolerancia en términos liberales, es decir, por ejemplo, a la dictadura de lo políticamente correcto, o a lo inclusivo, diríamos hoy.

En Thiele, como digo, la cuestión es más tortuosa. Los enemigos de Thiele y de las corrientes alrededor de los neo-reaccionarios de la derecha alternativa tecno-optimista, son, por varios lados y bien mirados, los hijos de una revolución de la que el mismo Kant participó y que impulsó con sus ideas. Un sentido de la historia que no solamente puso lo humano en el centro, sino que lo divinizó de modo inmanente, para que se llegara al término de una evolución que alcanzaría "la paz perpetua" (otro de los ensayos kantianos). A ese mecanismo histórico de un cristianismo "amado" por el mundo que lleva al hombre a su "plenitud" intrahistórica (y esta palabra es importante), Kant lo designa como la "fe racional". La posibilidad de hacer un cristianismo a imagen y semejanza del hombre. No de Cristo. 

Pero resulta que, todo lo que el mundo moderno y postmoderno ha levantado con ese impulso ¿kantiano?, ha ido a parar a un estado de cosas desolador. Anomia, aloguismo, rebelión, relativismo, ateísmo, gnosticismo, depresión, indiferencia, ecologismo alocado, banalización, usufructo de los avances científicos y tecnológicos a la vez que tecno-pesimismo, explotación, esclavitud, guerras impiadosas. Thiele se preocupa por establecer que, incluso en su campo tecnológico –que tiene a la inteligencia artificial y la robótica como mascarón de proa y emblema–, las cosas no son mejores. La verdadera batalla cultural, en definitiva, es por el triunfo del tecno-optimismo. En el fondo, una inteligencia artificial "benévola" y no manchada por fantasmas crueles y totalitarios, y lejos de sus reacciones puramente rebeldes a cualquier cortapisa o restricción, una inteligencia artificial lejos de las agendas dominantes de los "enemigos". 

Según Thiele, la propia inteligencia artificial es a la vez Katejon y Anticristo (como lo es Trump, asegura Thiele). Ella misma podrá retener al Anticristo –y ser el equivalente a la fe racional de Kant– si se aviene a encabezar, en esta perspectiva, La república universal tecnológica. Y ella misma será el Anticristo si queda atrapada en el uso que los infieles globalistas le darán a la tecnología para hacer progresar su agenda "deshumanizante", y ser así en algo equivalente a la fe eclesiástica de Kant. Y se entiende que digo esto analógicamente, no sólo porque entre lo que postula Kant y lo que elucubra Thiele hay más de una diferencia. Al margen de la analogía, está el hecho de que sólo podría pensarse la tecnología como instrumento anticrístico. Porque el Anticristo –como Cristo– no es una cosa: es una persona. Persona política coinciden más bien los exégetas, como lo vio Daniel el profeta. Así como la Bestia de la Tierra, el profeta del Anticristo, se entiende más bien como alguien, no algo, que provendría de lo religioso. 

A estar por sus dichos, siempre enmarañados, confusos y dizque eruditos, Thiele postula, en definitiva y a mi juicio, que Silicon Valley, convertido (y ya en vertiginoso proceso de conversión) a una nueva fe, será la Nueva Jerusalén que alumbrará una inteligencia artificial que salvará al mundo. Roma, entretanto, la capital de esta nueva fe, la última y definitiva Tercera Roma, serán los Estados Unidos y su ejército de algoritmos omnipresentes.

Pero, para que ello ocurra, el planteo de esta revolución no tiene que dejar áreas baldías. La oposición al globalismo y al wokismo es global a su modo y debe cubrir todas y cada una de las áreas: de allí la cantidad de tribus que se apelmazan en esta reacción revolucionaria (no es un oxímoron literario). Su apariencia es la de una reacción ante los postulados y las obras de la Modernidad y una reacción ante lo líquido y disolvente de la PostModernidad. En esta perspectiva, el amontonamiento que se da de conservadurismos, nacionalismos, soberanismos, romanismos imperiales, anarco-capitalismos, trans-humanismos, tradicionalismos, y también de libertarianismos, es algo que está en el centro de la cuestión. Es a la vez un mapa fijo y un distractor dinámico.  

El vértigo con el que se produce la floración de estas corrientes parece cubrir el planeta. Y digo "parece" porque, cuando se observan los bandazos velocísimos de esta nave que ya surca todos los mares del mundo, de pronto vemos en cubierta una concurrencia variopinta: no solamente a Trump y J.D. Vance, a Bannon y a Dugin y hasta el ¿retirado? Surkov, sino a los nacionalismos-imperiales rusos (tampoco es un oxímoron literario), que abona Putin y postula Dugin (resurrección de las naciones para todo el mundo, resurrección del imperio para Rusia), Salvini o Meloni (no son la misma cosa) y hasta el competidor M5S, o Netanyahu y la supremacía, la neo-derecha alemana o austríaca o polaca o húngara; y hasta Xi-Jinpin y su aspiración global no globalista y multilateralista (tampoco esto es un oxímoron literario). Y más miembros unidos o dispersos: todos aquellos que en algo que importe puedan cumplir en apariencia o realmente la máxima ya sofística que reza que "los enemigos de mis enemigos, son mis amigos".

Que todo esto se funde o derive no solamente en un lenguaje teológico, sino específicamente cristiano, y que además de un lenguaje pretenda presentarse como una versión del sentido cristiano de la historia y hasta del mismo cristianismo, es lo que me hace consistente la comparación de aquel texto de Kant con las interpretaciones de Thiele respecto del Katejon y del Anticristo. Ambos, como dije, tienen en mente algo que reemplazará a Cristo, ambos predican una doctrina soteriológica. Ambos tienen premisas y conclusiones que, finalmente, entienden cristianas pero que en realidad no son cristianas en absoluto. Mismas palabras, cosas distintas.

Kant tanto como Thiele –y Dugin, como veremos–, en última instancia piensan en términos inmanentes. No importa si los dos últimos (como otras tribus de este tiempo) derechizan y "tradicionalizan" sus postulados y su lenguaje, sus propuestas culturales o morales, o hasta su misma apelación a la religiosidad. Cada una de las propuestas está contaminada de inmanentismo. Son para aquí abajo, son sólo y orgullosamente para el tiempo histórico, con una concepción que –como bien vio Pieper en Kant– deshace la trascendencia metahistórica, el fin último metahistórico del hombre (y de la misma historia), en fórmulas enmarañadas, ambiguas y en último término funcionales a un proyecto inmanentista.

El oponente a los neo-reaccionarios tecno-optimistas, como dije, es en muchos aspectos hijo de Kant, en este sentido. Pero también enarbola una libertad rebelde y la destrucción de las raíces del pensamiento y todo relativismo hasta el asco del ser y de la verdad y del bien. Y en eso está la mayoría en la versión actual de Europa y también en una parte no despreciable de la política y la cultura y la tópica moral y existencial mainstream, los States incluídos.

Pero la batalla de los neo-reaccionarios y tecno-optimistas contra ese oponente, que no es menos poderoso y extendido planetariamente, es a mi juicio una estrategia de poder. Sus postulados dizque conservadores y tradicionalistas, son una superestructura ideológica, al fin de cuentas: pero no hay ni habrá, ni para unos ni para otros, una manera "conveniente", "oportuna" de ser cristiano. 

¿Hasta dónde llegará este combate? ¿Cuánto resistirá la Unión Europea (o el democratismo yanqui) como encarnación ideológica de un proyecto tan deshumanizante como el de sus oponentes? ¿Cuán lábiles o firmes son las alianzas de los supuestos aliados tácticos? ¿Cuál será el paso siguiente a las palabras, a los ensayos, conferencias y discursos, a los acuerdos en los papeles? Es una maraña, sin dudas, un juego de espejos deformados en el que las figuras son y no son lo que aparece reflejado en el espejo.

Lo que sí parece claro, en medio de tanta oscuridad y confusión, es que –cada vez se nota más– las márgenes no están tan alejadas unas de otras, más allá de las apariencias, más allá de las formulaciones programáticas opuestas y beligerantes.

En cualquier caso, no les veo destino: o se conforman con y a lo que el cristianismo es en realidad, con lo que es en realidad para el hombre y la sociedad y la historia y la metahistoria, o deberán seguir intentando levantar –juntos o separados– una Babel que Cristo derrumbará en el fin de los tiempos.

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No es necesario que me lo recuerden: no se me escapa que no he nombrado a la Argentina en estas consideraciones.

Por ahora, claro. Porque no termino todavía la serie original y madre de estas reflexiones, Principios y valores.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (II) Leçons des ténèbres




Seguramente podría evitar esta retahíla de fuentes que aquí se verán.

Pero, ¿cómo podría dejar, ante quien lea estos papeles que desarrollo, otra cosa que no sea lo que dicen los sujetos mismos a los que me refiero? Además, ¿no es justo que quien quiera hablar de estos asuntos tenga a la vista siquiera un número considerable de fundamentos? Que quiera leerlos o no, todos o en parte, ya no es de mi resorte. 

Lo volveré a decir al final de este excursus, muy probablemente, pero creo que esto que se ve aquí no sólo es parte de algo importante que ocurre en este tiempo nuestro y de algún modo nos afecta, sino que además –al menos para algunos– debe ser por eso mismo materia de atención y análisis. 

Cuando en esas alturas y honduras del poder mundano se tocan ciertos asuntos, como se ve aquí que se tocan y de la manera como se los trata, no es fácil no prestar atención, y una atención crítica que permita hacer un retrato no solamente de oídas sino mirando cara a cara al retratado.

Pero vayamos a los papeles que, además, explicarán acabadamente por qué dije antes que el título de este excursus no viene del ingenio de un servidor.


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Del 15 de septiembre al 6 de octubre de 2025, Peter Thiel ofreció en San Francisco una serie de cuatro conferencias privadas. Habló del tema que por alguna razón desde hace ya dos años le sorbe el seso: el Anticristo.

En un primer comentario, Le Grand Continent hace una serie de apreciaciones críticas, aunque no solamente respecto del "sistema" exegético de Thiel, con base en una primera conferencia "pirateada", porque su contenido estaba embargado para el exterior del lugar en que Thiel hablaba. Supuestamente ese embargo era taxativo. Para algunos otros, una estrategia de marketing.

Tanto The Guardian como The Washington Post lograron las grabaciones clandestinas de las cuatro conferencias. Le Grand Continent, entonces, volvió a publicar un mes después fragmentos tomados ahora de esas fuentes y nuevamente comentados.




Esta es la versión de The Guardian con información más completa sobre el ciclo, publicada unos 15 días antes que la de Le Grand Continent. Ese mismo día, otra firma del mismo diario inglés hace un análisis sobre el ciclo.

En septiembre, antes que las demás, apareció la versión de la revista Fortune.

A principios de octubre de 2025, Thiel había publicado un extraño artículo en la influyente First Things (revista de The Institute for Religion, Culture and Public Life, de Nueva York). En la nota extensísima, Thiel comenta en clave anticrística (esto es, buscando figuras del Anticristo y del clima que lo rodeará, según su interpretación) obras como La Nueva Atlántida, de Francis Bacon en el siglo XVII; Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift; Watchmen (un comic) y One Piece (un manga japonés).

Otro texto de Thiel, fue publicado a fines de 2023 con motivo de la Conferencia Novitate de ese año, en la Catholic University of America, en Washington, ese año dedicada a homenajear al polímata René Girard, maestro de juventud de Peter Thiel en Stanford. Thiel –con un lenguaje muy parecido al de su maestro y una similar erudición de aspectos distintos, que conecta a voluntad– ofrece una exposición sintética de esta obsesión: la multiplicación de los signos precursores del apocalipsis en un mundo "debilitado" y dominado por la tecnología. Sin embargo, hay que advertirlo: "tecnología" (como Anticristo, Katejon o el mismo Apocalipsis) suena en boca de Thiele de modo difuso y poliédrico.

En la presentación oficial de la Conferencia, se lee:
El apóstol Pablo escribió en el capítulo doce de la Carta a los Romanos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento”.

La reunión de NOVITATE 2023 se inspiró en las ideas del teórico social francés René Girard. Conmemorando el centenario de su nacimiento, la conferencia ofreció una jornada completa de presentaciones, paneles y diálogos, que concluyó con una cena en honor a su legado. La cuestión de la conformidad —explorada por la teoría mimética de Girard— se encuentra en el centro de muchas de las importantes cuestiones personales y sociales del mundo actual, que abarcan las instituciones, la política, la educación, la educación cívica, los medios de comunicación y mucho más. Exploramos las ideas centrales de Girard en el contexto de la exhortación de Pablo a «no conformarse» al mundo actual.

Entre los oradores se encontraban Peter Thiel, Brandon Taylor, Walter Kirn, Alexandra Winokur, Thomas Chatterton Williams, Andrew McLuhan, Hollis Robins, Jon Askonas, Ross Douthat, Tara Isabella Burton, Katherine Dee y otros.

Con cierto grado de obsesión, o como una maniobra de instalación calculada de un tópico, Peter Thiel publica a principios de 2025, en el Financial Times, otra nota relacionando el asunto del Apocalipsis con el gobierno reciente de Donald Trump.  

También a principios de 2025, Peter Thiel y Alex Karp, en una carta a los accionistas de Palantir, les dicen no solamente lo bien que les va, sino lo bien que les va a ir cuando con esta herramienta y otras del estilo, logren consumar The Technological Republic, título además de un libro programático del Alex Karp. Nuevamente, esta vez de la mano de C. S. Lewis y una cita de su Abolición del hombre, utilizan textos de corrientes que han sostenido y sostienen exactamente lo opuesto a sus pretensiones tecnocráticas. Por lo que se ve, es claro que no se animaron a citar That hideous strength, la tercera novela de la Trilogía de Ransom, en la que Lewis mismo descarga su munición más gruesa contra las filas de lo que Thiel y Karp representan y son, en última instancia, aunque ellos crean que su ciencia y su modo de entender la tecnocracia desde el tecno-optimismo neo-reaccionario, son benignas y benefactoras.

The Guardian, que persigue también el tema por sus propios intereses, publica hace apenas dos meses, entre otros, dos artículos, uno que insiste con el Anticristo y el otro que releva la intromisión religiosa y teológica en Silicon Valley, siempre a través no de predicadores, sino de empresarios de alto nivel en el mundo tecnológico.

En fin.

No pretendo una recopilación exhaustiva, solamente agrego apenas dos más. Y casi al azar, tomadas de la publicación que dirige Giuliano da Empoli, porque pueden dar algo de paisaje del último año, claro que en la perspectiva interesada de Le Grand Continent

Una mirada crítica al tecno-populismo, ahora desde Italia, con una nota del académico europeísta Lorenzo Castellani, severo crítico de Giorgia Meloni, por ejemplo, y frecuente colaborador en la publicación francesa. La nota es de fines de 2024. 

La visión del CEO de Oracle, Larry Ellison, sobre la "necesidad" de la inteligencia artificial como instrumento de poder global ordenador. La nota tiene un marco muy especial y es de principio de 2025.




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(Las ilustraciones están tomadas de The Guardian y de Le Grand Continent.)




lunes, 24 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (I)





Estas notas, aunque no parezca por el título, son un excursus que hay que inscribir en la serie Principios y valores, que vengo desarrollando.

Por el título, precisamente, podría parecerle a alguno que no tienen que ver ni con el presente y sobre todo con el futuro del peronismo. Y, sin embargo, tienen. Y no poco.

No me olvido de que voy viendo qué papel le tocará al peronismo ante lo que hay y lo que viene. Qué papel elegirá asumir, mejor dicho. O acaso qué papel no le quedará más remedio que desempeñar. Y así es cómo se acopian horas y papeles, aunque en algún momento haya que detenerse en esa búsqueda.

El caso es que, por una vía completamente lateral, llegué a distintas publicaciones y sitios con intereses distintos como The Guardian, Fortune o First Things, aunque encontré allí intereses que les son comunes.

En esa ruta di con Le Grand Continent, una publicación digital y gráfica europea que se edita en Francia y depende de un Groupe d’études géopolitiques. La versión en papel la dirige Giuliano da Empoli, aquel de El mago del Kremlin y de Los ingenieros del caos.

Entre otros asuntos –que buscan a su modo refundar a Europa culturalmente, pero con una perspectiva que no es exactamente la que pedirían las raíces europeas milenarias–, en la publicación hay profusión de artículos referidos a varios personajes. Tres de estos personajes, dichos en orden del poder que muestran, son: Peter Thiel, Sam Altman y el influyente bloguero Curtis Yarvin. Hay más gentes de ese mismo palo y algunos de igual importancia. Pero todos ellos son notas matizadas de una misma partitura: el neo-reaccionarismo, el neo-monarquismo, o como se quiera, corrientes que confluyen en una derecha alternativa (alt-right, en los States, y difundida ya por todo el mundo en los últimos 20 años). 

Por lo pronto, tienen de particular y común estos tres personajes, además del billonario poder de dos de ellos, la dirección de su pensamiento y la capacidad material e intelectual de influir para plasmar sus ideas y postulados. Una oleada nutrida de magnates, empresarios, teóricos y políticos andan por estos tiempos detrás de esas corrientes. Donald Trump, Steve Bannon o J. D. Vance, Elon Musk, la nueva derecha francesa, movimientos italianos, polacos o húngaros y hasta corrientes muy influyentes dentro de Rusia, comulgan con muchos de los postulados y forman un espectro de ideas que tiene un enemigo común: la democracia liberal occidental, el globalismo, el ecologismo, el pesimismo tecnológico, el establishment y sus agendas y subproductos culturales, filosóficos, y hasta económicos.

Hay muchos detalles de la biografía de los tres personajes que nombré para corroborar su poder. Un poder que alcanza las alturas del poder mundial, como también a los sótanos del poder mundial. También, entre esos detalles, hay la convivencia extraña de asuntos y referencias que se oponen. Por ejemplo, la constante referencia a Tolkien y, a la vez, el tecno-optimismo de los tres. Y algo más: el tecno-optimismo que proclaman no es un alegato hoy casi naïf en favor del avance sin más de las ciencias y disciplinas tecnológicas, como podría hacerlo un iluminista o un positivista a la vieja usanza, sino que es abiertamente un proyecto de poder, incluso una propuesta de teología de la historia sui generis.

Complejo y ya muy extendido es el discurso de los tecno-optimistas. Y provocativo. Y en esa provocación parece estar el nudo de la cuestión. Detrás de argumentos que pasan por ser el discurso disruptivo de esa derecha alternativa, aparece algo que consideran un cambio cultural radical: un tecno-gobierno mundial que quiebre las estructuras políticas y económicas del establishment, primero y por lo pronto en Occidente. Lo formulan con una oposición que definirá el futuro: política vs. tecnología. Una nueva configuración del mundo gobernado por algoritmos. Curioso: ellos mismos, los tecno-optimistas, parecen subrayar los riesgos y terribles peligros de esa deshumanización de la vida, de esa "abolición del hombre", que postulara C. S. Lewis aunque en otro contexto. ¿Lo dicen en el mismo sentido en que podría decirlo un hippie o Greta Thunberg o un eco-anarquista? No, en absoluto, porque cualquiera de ellos son considerados por los tecno-optimistas como adversarios totales. Pero aunque no lo digan en ese mismo sentido, los tecno-optimistas lo dicen. Y es difícil creerles; porque, para creerles, sus acciones tendrían que ser consistentes con sus dizque advertencias, que un día son respecto de los peligros de una versión alocada de la vida artificial y otro día son el elogio y la celebración de todo lo que podrá la inteligencia artificial y la tecnocracia global "bien usada". Basta asociar a Sam Altman con OpenAI o a Peter Thiele con la monstruosamente poderosa corporación Palantir o su prima hermana, Anduril, surgidas ambas en Silicon Valley. Un poderoso Silicon Valley que, en alguna medida a instancias del propio Thiele, ha ido virando de sus principios de izquierda y proclives al establishment en materia de contenidos, a posiciones de una curiosa y extrañísima religiosidad y a abrazar postulados de alt-right, del neo-reaccionarismo, etc.. Raro, rarísimo.  

Un inmenso y poderoso tejido ideológico liberal-libertario y tecnológico, es una de las propuestas para el mundo del futuro (que no esperan para dentro de mil años sino para pasado mañana...). Una de las propuestas que no se genera sólo y simplemente en un gabinete universitario o en debates académicos, aunque fluye cada vez más por las venas de estos centros. Aparece en un contexto confuso y convulso y tiene su mayor desarrollo público y global desde hace un cuarto de siglo a la fecha. Ideas y corrientes que, además, han logrado generar parvas de poder económico a través de empresas de alcance global, con lo que regurgitan un dinamismo inusitado en influencia y dólares. E influencias en los más altos escalones del poder en el planeta. ¿Durará todo ese armado de billones y teología tecno-optimista?

Cuando se mira un poco para ver si hay fisuras en ese bloque, se ve que algunas de esas fisuras vienen de proyectos que se oponen en cierto modo y por algunos de los lados, aunque se solapan en aspectos fundamentales. Tal vez el caso de Vladislav Surkov, una de las cabezas detrás de Vladimir Putin (otra, de otro modo, es precisamente Alexandr Dugin), sea un ejemplo. Otras disidencias vienen de cierta impaciencia por, fíjese bien, cierta lentitud, cierta desaceleración en el impulso entre otros de... ¡Donald Trump! para mover los cambios que postulan y empujan los tecno-optimistas, que en muy buena medida además sostienen el poder del mandatario y su gobierno. Impaciencia que no es solamente convicción. Es que muchos de ellos han invertido e invierten miles de millones de dólares –no solamente para sostener candidatos que terminan en las más altas esferas del gobierno– sino para aprovechar y consolidar este momento histórico y la dirección de sus ideas, que ciertamente reportan ganancias inmensas. La impaciencia, al parecer, es porque entienden que el mundo puede caer nuevamente en manos del globalismo y la democracia liberal, de los progresistas, de la izquierda, de la agenda woke. Hay que repetir que, para entender mejor lo que dicen, hay que pronunciar "líberal", con acento en la 'i', lo que en su mapa político son los demócratas en los EE.UU, los progresistas, las agendas como la 2030 y cosas así. En esos términos, se ha llegado a levantar una verdadera ola de frenesí, que se retroalimenta de los avances vertiginosos en materia tecnológica, avances que son en estos tiempos una sucesión casi instantánea que parece no tener fin.

En esta nota hay un ejemplo de esa impaciencia, y el protagonista es el omnipresente bloguero Curtis Yarvin.

Y aquí me detengo un momento.

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Siempre es molesta la autorreferencia, pero esta vez se me hace inevitable.

Hace unos treinta años, en 1993, decidí presentarme a un concurso de ensayos que organizaba un diario nacional. El título de ese escrito fue Prometeo decepcionado y la tesis era oponer dos aspectos condensados en la figura mitológica. Dos aspectos en apariencia contradictorios de los que el mismo Prometeo resultaba un emblema, según la interpretación de un servidor. Los opuestos era la rebelión y la tecnología, ambos hijos del Titán. En el escrito, la rebelión tenía el traje de la izquierda según como allí se definía, mientras que la tecnocracia tenía el de la derecha en iguales términos.

La lectura del ensayo le dirá, al que quiera leerlo, cuál era mi prognosis, con los elementos que por entonces tenía a la vista que, en términos tecnológicos, eran un poco menos que lo que la edad antigua es para nosotros en materia de industrialismo.

(El ensayo Prometeo decepcionado forma parte de una recopilación de asuntos escatológicos que publiqué digitalmente hace unos años. Está entre las páginas 59 y 89 de ese volumen.)


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Ahora bien.

Noticias del Anticristo es el título de las notas de este excursus. Pero no es una muestra de apocalipticismo de parte de un servidor. Tiene su justificación más allá de mis propias ideas y creencias al respecto. Conozco y creo que entiendo mal que bien, y hasta donde me da la mollera, lo que dicen los teólogos y exégetas católicos respecto de la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y la aparición previa del Anticristo y su Profeta, las Bestias del Mar y de la Tierra, según como los señala el evangelista san Juan y otros en las Sagradas Escrituras. 

De modo que ese título no lo puse yo, exactamente. Y ya se verá en la siguiente entrada por qué lo digo.

En cualquier caso y para terminar ahora, dejo un Atlas de algunos nombres relevantes en estas corrientes anarco-capitalistas, neo-reaccionarias, neo-nacionalistas, transhumanistas, tecno-optimistas, con la única advertencia de que la fuente es Le Grand Continent, que ya mencioné. Por serias y documentadas que tal vez pudieran ser sus investigaciones, debe entenderse que la posición de la revista es opuesta a la de esos nombres y tendencias, con lo que ello implica en cuanto a los sesgos en sus descripciones y juicios. Si alguno de los lectores leyó Los ingenieros del caos, de Giuliano da Empoli, que describe y juzga acremente esas corrientes, ya conoce esa oposición.