Romancero Sur: V. Romancillo náufrago
Sobre espuma fría,
transida mi barca
surcaba un mar fiero
que se deleitaba
viendo que el naufragio
de mi pobre alma
pronto llegaría,
sobre espuma fría
de la mar salada.
Ya azotaba el viento
el palo aterido
de mi nave vieja,
y arreciaba el frío
y crujía el casco,
refugio en peligro
de mi pobre alma
pronta a ir al vacío
de la mar salada,
terrible destino
para mi esperanza.
Vi luz en la costa
–tal vez lo soñé–;
y vi una figura
que llegó después
y una voz muy dulce,
una voz de miel,
y unos ojos tibios,
flores en la sien,
y una mano fina
tendida cortés
que tomó mi mano
cuando ya el vaivén
hundía mi cuerpo,
quebraba mi fe.
Desperté en la arena
sobre su regazo
y supe la suerte
que tuvo el naufragio;
cómo al fin de todo
me vi rescatado,
cómo sus amores
me dieron amparo.