Un vino añejo y su sabor de altura.Bebemos esa pócima inocentey una mirada como adolescentenos llama y nos conjura.De guirnalda, tu estrella relucientenos tiembla su blancuraen medio de la noche, en la espesurade un robledal que silba suavemente.Una alegría claranace y celebra azul, nos va cantandocomo si el mismo cielo nos cantara.Y el cielo va callando.Sólo es esta, mujer, y sólo es estala gracia de la noche de esta fiesta.