sábado, 28 de febrero de 2026

Doce noches


¿Quién puede ser feliz en doce noches?

¿Quién puede ser feliz en doce noches
con sus doce días, 
con sus doce tardes de marfil y hierro,
sedosas y cortantes como una luna que nace 
filosa de luz, entre el lino y las nubes?

Inefable.

Es nada el tiempo en doce días con sus tardes,
con sus doce noches. 

Es nada.

Parece un animal que duerme sosegado
sobre la hierba y sus rocíos,
morosamente, 
ajeno al derredor ansioso,
sonriente en sus sueños de misterios de luz,
bajo un parsimonioso olmo verde oscuro,
sobre una hierba de oro y de cristal
que el viento hace bailar con sus oleadas
de aire frío y brillante.

Así son doce días con sus doce noches.

Insuficientes, 
silenciosamente intensos,
vaivén de madrugadas y de ocasos,
en soledades rústicas,
en estepas de distancias a pie firme
con su rumor sereno y complacido.

Así son doce noches con sus días.

Aletea la felicidad
(viento atemporal,
invisible monumento,
artera  y punzante como un don impredecible),  
en la jornada sin tiempo de doce días con sus noches.