viernes, 28 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (y III)

 



Hace unos 20 años, fui dejando en esta bitácora una serie de notas bajo el título Sobre la causa cristiana del Anticristo. Fue a propósito de un opúsculo de Immanuel Kant (El fin invertido de todas las cosas, de 1794) que encontré siguiendo a Josef Pieper, en El fin del tiempo. En un punto del capítulo II, Pieper reseña lo fundamental del difícil texto de Kant:

Vamos ahora a hablar brevemente del tratado sobre El fin de todas las cosas, que Kant escribió trece años después de su Crítica de la razón pura. Apenas es posible formular su afirmación en forma de una tesis clara dada la dificultad y confusión del razonamiento. Dos puntos sobre todo me parecen dignos de atención: primero, casi al comienzo se dice que el fin de la humanidad hay que concebirlo evidentemente en analogía con la muerte del individuo, que "en el lenguaje piadoso" se designa como un tránsito "del tiempo a la eternidad". Kant califica esa idea de lúgubre y estimulante a la vez, por lo que "los ojos que se apartan horrorizados no (pueden) menos de dirigir a ella su mirada una y otra vez". Es interesante la observación de que esa idea ha de "entretejerse ciertamente con la universal razón humana de un modo maravilloso". Naturalmente que el proceso de semejante transposición del ser temporal del mundo histórico a una participación directa, como quiera que se conciba, de la eternidad de Dios, queda por completo más allá de nuestra capacidad representativa. Y la razón, dejada a sí misma, llega aquí al límite de su capacidad, aunque ya el mero planteamiento conceptual no sea el mismo en cada uno. Pero en cualquier caso esa idea hace totalmente imposible concebir el fin de la historia humana según el modelo de una "evolución", cual si una ascensión quizá difícil pero siempre en un enriquecimiento constante llegara a su conclusión triunfal.

El segundo punto de la concepción kantiana, que a mí se me antoja singularmente importante, es la exposición detallada, en verdad, del fin "invertido", "antinatural" de todas las cosas que, aunque evidentemente sea medio en broma, no deja de considerarse conceptualmente posible al lado del "natural" y del "sobrenatural". Lo que ante todo resulta bastante sorprendente es que ese fin "antinatural", siempre que ocurra, lo "introduciremos nosotros mismos en tanto que malinterpretamos el objetivo final". Por poco en serio que Kant haya podido tomar esa concepción, en cualquier caso se habla expresamente de la posibilidad de una catástrofe final producida por el propio hombre. La exposición, un tanto complicada, empieza por la "amabilidad" esencial al cristianismo en sí, que tiene su fundamento en la "mentalidad liberal" con la que "puede atraerse los corazones de los hombres". Mas "si se descubriera que el cristianismo dejaba de ser amable, el rechazo contra el mismo se convertiría en la mentalidad dominante y el Anticristo empezaría su gobierno (supuestamente fundado en el temor y en el egoísmo)... ; pero después, ya que el cristianismo está ciertamente destinado a ser una religión universal, si no se viera favorecido por el destino para serlo, entraría el fin (invertido) de las cosas en un aspecto moral". Pero ¿qué es propiamente lo que se afirma aquí? Que (posiblemente) el cristianismo perderá la simpatía de los hombres, porque será infiel a su propia esencia. El Apocalipsis (y el Nuevo Testamento en general) dice exactamente lo contrario: que la Iglesia perderá la simpatía de la inmensa mayoría de los hombres por llevar a término su manera de ser propia sin mezcla de ninguna clase. En consecuencia Kant hubiera debido decir: está justificada "la gran apostasía" de los hombres que se apartan de ese cristianismo degenerado. Mientras que en el Apocalipsis, por el contrario, esa huida masiva de la Iglesia aparece casi como una confirmación de su verdad. Para el pensamiento ilustrado resulta ciertamente incomprensible la idea de que la verdad puede ser combatida, aunque sea la verdad o precisamente por serlo. "Me aborrecen sin motivo" (Sal 34, 19; Jn 15, 25). Volvamos por un momento a la distinción kantiana entre "fe eclesiástica" y "fe racional" y a su idea de que la fe eclesiástica será arrinconada por la religión racional, lo que significará la aproximación del "reino de Dios sobre la tierra". En consecuencia, el movimiento contrario de la religión racional que queda arrinconada por la fe eclesiástica, ¿no tendría que aparecer como la aproximación del Anticristo? Pero esto no es sólo una consecuencia que se impone en abstracto: ¡Kant la ha formulado de forma explícita! En la medida en que los sacerdotes "convierten en una obligación esencial unas observancias y una fe histórica" (entendiendo por todo ello el culto, los sacramentos, la fe en los acontecimientos históricos salvíficos), en lugar de "echar en el corazón unos cimientos éticos", hacen "lo que se requiere para introducirle (al Anticristo)". Así, pues, el Anticristo aparece nada más y nada menos que como una figura eclesial.

*   *   * 

Mas todo esto lo piensa Kant de un modus irrealis; su verdadero sentir, o mejor, su esperanza mantenida desesperadamente, es que el género humano está realmente metido en un progreso continuo hacia el "fin natural", hacia la fundación del "reino de Dios sobre la tierra", que es un acontecimiento intrahistórico y lentamente introducido por una fuerzas históricas; en ese reino prevalece una "paz" eterna y "en él pueden desarrollarse plenamente todos los gérmenes hasta poder cumplir su destino aquí sobre la tierra".


La razón de traer esas páginas pasadas a esta serie actual, es que entiendo que la postura de Kant y la de Peter Thiele son primas hermanas. Ambas, por lo pronto, agitan el fantasma del Apocalipsis y del Anticristo para proponer acciones y dibujar a su modo el sentido y el fin de la historia. Ambas, también, le asignan en cierto modo ser el Katejon a posturas exactamente opuestas a las que apuntan las Sagradas Escrituras y la teología, de alguna manera consistentes a lo largo del tiempo. Más directamente en Kant, mucho más sofisticada y enrevesada en Thiele, a punto tal que aquellas 4 sesiones sobre el Anticristo que mencioné, afirma Thiele estar inspiradas nada menos que... en san John Henry Newman: "el escribió cuatro sermones sobre el Anticristo, así que yo daré cuatro conferencias sobre el Anticristo", dijo el tecno-optimista. 

En Kant, un cristianismo mundano y "racional", tolerante, progresista y liberal, revela según él la verdadera naturaleza del cristianismo. Lo que Kant llama antipatía del cristianismo, por el contrario, no es otra cosa que su naturaleza misma, que él entiende mal. Y bien lo apunta Pieper. Traducido, el "fin invertido de todas las cosas" se produce, en realidad, porque el cristianismo siendo cristiano como es, se vuelve antipático a un mundo que sólo tolera la tolerancia en términos liberales, es decir, por ejemplo, a la dictadura de lo políticamente correcto, o a lo inclusivo, diríamos hoy.

En Thiele, como digo, la cuestión es más tortuosa. Los enemigos de Thiele y de las corrientes alrededor de los neo-reaccionarios de la derecha alternativa tecno-optimista, son, por varios lados y bien mirados, los hijos de una revolución de la que el mismo Kant participó y que impulsó con sus ideas. Un sentido de la historia que no solamente puso lo humano en el centro, sino que lo divinizó de modo inmanente, para que se llegara al término de una evolución que alcanzaría "la paz perpetua" (otro de los ensayos kantianos). A ese mecanismo histórico de un cristianismo "amado" por el mundo que lleva al hombre a su "plenitud" intrahistórica (y esta palabra es importante), Kant lo designa como la "fe racional". La posibilidad de hacer un cristianismo a imagen y semejanza del hombre. No de Cristo. 

Pero resulta que, todo lo que el mundo moderno y postmoderno ha levantado con ese impulso ¿kantiano?, ha ido a parar a un estado de cosas desolador. Anomia, aloguismo, rebelión, relativismo, ateísmo, gnosticismo, depresión, indiferencia, ecologismo alocado, banalización, usufructo de los avances científicos y tecnológicos a la vez que tecno-pesimismo, explotación, esclavitud, guerras impiadosas. Thiele se preocupa por establecer que, incluso en su campo tecnológico –que tiene a la inteligencia artificial y la robótica como mascarón de proa y emblema–, las cosas no son mejores. La verdadera batalla cultural, en definitiva, es por el triunfo del tecno-optimismo. En el fondo, una inteligencia artificial "benévola" y no manchada por fantasmas crueles y totalitarios, y lejos de sus reacciones puramente rebeldes a cualquier cortapisa o restricción, una inteligencia artificial lejos de las agendas dominantes de los "enemigos". 

Según Thiele, la propia inteligencia artificial es a la vez Katejon y Anticristo (como lo es Trump, asegura Thiele). Ella misma podrá retener al Anticristo –y ser el equivalente a la fe racional de Kant– si se aviene a encabezar, en esta perspectiva, La república universal tecnológica. Y ella misma será el Anticristo si queda atrapada en el uso que los infieles globalistas le darán a la tecnología para hacer progresar su agenda "deshumanizante", y ser así en algo equivalente a la fe eclesiástica de Kant. Y se entiende que digo esto analógicamente, no sólo porque entre lo que postula Kant y lo que elucubra Thiele hay más de una diferencia. Al margen de la analogía, está el hecho de que sólo podría pensarse la tecnología como instrumento anticrístico. Porque el Anticristo –como Cristo– no es una cosa: es una persona. Persona política coinciden más bien los exégetas, como lo vio Daniel el profeta. Así como la Bestia de la Tierra, el profeta del Anticristo, se entiende más bien como alguien, no algo, que provendría de lo religioso. 

A estar por sus dichos, siempre enmarañados, confusos y dizque eruditos, Thiele postula, en definitiva y a mi juicio, que Silicon Valley, convertido (y ya en vertiginoso proceso de conversión) a una nueva fe, será la Nueva Jerusalén que alumbrará una inteligencia artificial que salvará al mundo. Roma, entretanto, la capital de esta nueva fe, la última y definitiva Tercera Roma, serán los Estados Unidos y su ejército de algoritmos omnipresentes.

Pero, para que ello ocurra, el planteo de esta revolución no tiene que dejar áreas baldías. La oposición al globalismo y al wokismo es global a su modo y debe cubrir todas y cada una de las áreas: de allí la cantidad de tribus que se apelmazan en esta reacción revolucionaria (no es un oxímoron literario). Su apariencia es la de una reacción ante los postulados y las obras de la Modernidad y una reacción ante lo líquido y disolvente de la PostModernidad. En esta perspectiva, el amontonamiento que se da de conservadurismos, nacionalismos, soberanismos, romanismos imperiales, anarco-capitalismos, trans-humanismos, tradicionalismos, y también de libertarianismos, es algo que está en el centro de la cuestión. Es a la vez un mapa fijo y un distractor dinámico.  

El vértigo con el que se produce la floración de estas corrientes parece cubrir el planeta. Y digo "parece" porque, cuando se observan los bandazos velocísimos de esta nave que ya surca todos los mares del mundo, de pronto vemos en cubierta una concurrencia variopinta: no solamente a Trump y J.D. Vance, a Bannon y a Dugin y hasta el ¿retirado? Surkov, sino a los nacionalismos-imperiales rusos (tampoco es un oxímoron literario), que abona Putin y postula Dugin (resurrección de las naciones para todo el mundo, resurrección del imperio para Rusia), Salvini o Meloni (no son la misma cosa) y hasta el competidor M5S, o Netanyahu y la supremacía, la neo-derecha alemana o austríaca o polaca o húngara; y hasta Xi-Jinpin y su aspiración global no globalista y multilateralista (tampoco esto es un oxímoron literario). Y más miembros unidos o dispersos: todos aquellos que en algo que importe puedan cumplir en apariencia o realmente la máxima ya sofística que reza que "los enemigos de mis enemigos, son mis amigos".

Que todo esto se funde o derive no solamente en un lenguaje teológico, sino específicamente cristiano, y que además de un lenguaje pretenda presentarse como una versión del sentido cristiano de la historia y hasta del mismo cristianismo, es lo que me hace consistente la comparación de aquel texto de Kant con las interpretaciones de Thiele respecto del Katejon y del Anticristo. Ambos, como dije, tienen en mente algo que reemplazará a Cristo, ambos predican una doctrina soteriológica. Ambos tienen premisas y conclusiones que, finalmente, entienden cristianas pero que en realidad no son cristianas en absoluto. Mismas palabras, cosas distintas.

Kant tanto como Thiele –y Dugin, como veremos–, en última instancia piensan en términos inmanentes. No importa si los dos últimos (como otras tribus de este tiempo) derechizan y "tradicionalizan" sus postulados y su lenguaje, sus propuestas culturales o morales, o hasta su misma apelación a la religiosidad. Cada una de las propuestas está contaminada de inmanentismo. Son para aquí abajo, son sólo y orgullosamente para el tiempo histórico, con una concepción que –como bien vio Pieper en Kant– deshace la trascendencia metahistórica, el fin último metahistórico del hombre (y de la misma historia), en fórmulas enmarañadas, ambiguas y en último término funcionales a un proyecto inmanentista.

El oponente a los neo-reaccionarios tecno-optimistas, como dije, es en muchos aspectos hijo de Kant, en este sentido. Pero también enarbola una libertad rebelde y la destrucción de las raíces del pensamiento y todo relativismo hasta el asco del ser y de la verdad y del bien. Y en eso está la mayoría en la versión actual de Europa y también en una parte no despreciable de la política y la cultura y la tópica moral y existencial mainstream, los States incluídos.

Pero la batalla de los neo-reaccionarios y tecno-optimistas contra ese oponente, que no es menos poderoso y extendido planetariamente, es a mi juicio una estrategia de poder. Sus postulados dizque conservadores y tradicionalistas, son una superestructura ideológica, al fin de cuentas: pero no hay ni habrá, ni para unos ni para otros, una manera "conveniente", "oportuna" de ser cristiano. 

¿Hasta dónde llegará este combate? ¿Cuánto resistirá la Unión Europea (o el democratismo yanqui) como encarnación ideológica de un proyecto tan deshumanizante como el de sus oponentes? ¿Cuán lábiles o firmes son las alianzas de los supuestos aliados tácticos? ¿Cuál será el paso siguiente a las palabras, a los ensayos, conferencias y discursos, a los acuerdos en los papeles? Es una maraña, sin dudas, un juego de espejos deformados en el que las figuras son y no son lo que aparece reflejado en el espejo.

Lo que sí parece claro, en medio de tanta oscuridad y confusión, es que –cada vez se nota más– las márgenes no están tan alejadas unas de otras, más allá de las apariencias, más allá de las formulaciones programáticas opuestas y beligerantes.

En cualquier caso, no les veo destino: o se conforman con y a lo que el cristianismo es en realidad, con lo que es en realidad para el hombre y la sociedad y la historia y la metahistoria, o deberán seguir intentando levantar –juntos o separados– una Babel que Cristo derrumbará en el fin de los tiempos.

*   *   *


No es necesario que me lo recuerden: no se me escapa que no he nombrado a la Argentina en estas consideraciones.

Por ahora, claro. Porque no termino todavía la serie original y madre de estas reflexiones, Principios y valores.


miércoles, 26 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (II) Leçons des ténèbres




Seguramente podría evitar esta retahíla de fuentes que aquí se verán.

Pero, ¿cómo podría dejar, ante quien lea estos papeles que desarrollo, otra cosa que no sea lo que dicen los sujetos mismos a los que me refiero? Además, ¿no es justo que quien quiera hablar de estos asuntos tenga a la vista siquiera un número considerable de fundamentos? Que quiera leerlos o no, todos o en parte, ya no es de mi resorte. 

Lo volveré a decir al final de este excursus, muy probablemente, pero creo que esto que se ve aquí no sólo es parte de algo importante que ocurre en este tiempo nuestro y de algún modo nos afecta, sino que además –al menos para algunos– debe ser por eso mismo materia de atención y análisis. 

Cuando en esas alturas y honduras del poder mundano se tocan ciertos asuntos, como se ve aquí que se tocan y de la manera como se los trata, no es fácil no prestar atención, y una atención crítica que permita hacer un retrato no solamente de oídas sino mirando cara a cara al retratado.

Pero vayamos a los papeles que, además, explicarán acabadamente por qué dije antes que el título de este excursus no viene del ingenio de un servidor.


*   *   *


Del 15 de septiembre al 6 de octubre de 2025, Peter Thiel ofreció en San Francisco una serie de cuatro conferencias privadas. Habló del tema que por alguna razón desde hace ya dos años le sorbe el seso: el Anticristo.

En un primer comentario, Le Grand Continent hace una serie de apreciaciones críticas, aunque no solamente respecto del "sistema" exegético de Thiel, con base en una primera conferencia "pirateada", porque su contenido estaba embargado para el exterior del lugar en que Thiel hablaba. Supuestamente ese embargo era taxativo. Para algunos otros, una estrategia de marketing.

Tanto The Guardian como The Washington Post lograron las grabaciones clandestinas de las cuatro conferencias. Le Grand Continent, entonces, volvió a publicar un mes después fragmentos tomados ahora de esas fuentes y nuevamente comentados.




Esta es la versión de The Guardian con información más completa sobre el ciclo, publicada unos 15 días antes que la de Le Grand Continent. Ese mismo día, otra firma del mismo diario inglés hace un análisis sobre el ciclo.

En septiembre, antes que las demás, apareció la versión de la revista Fortune.

A principios de octubre de 2025, Thiel había publicado un extraño artículo en la influyente First Things (revista de The Institute for Religion, Culture and Public Life, de Nueva York). En la nota extensísima, Thiel comenta en clave anticrística (esto es, buscando figuras del Anticristo y del clima que lo rodeará, según su interpretación) obras como La Nueva Atlántida, de Francis Bacon en el siglo XVII; Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift; Watchmen (un comic) y One Piece (un manga japonés).

Otro texto de Thiel, fue publicado a fines de 2023 con motivo de la Conferencia Novitate de ese año, en la Catholic University of America, en Washington, ese año dedicada a homenajear al polímata René Girard, maestro de juventud de Peter Thiel en Stanford. Thiel –con un lenguaje muy parecido al de su maestro y una similar erudición de aspectos distintos, que conecta a voluntad– ofrece una exposición sintética de esta obsesión: la multiplicación de los signos precursores del apocalipsis en un mundo "debilitado" y dominado por la tecnología. Sin embargo, hay que advertirlo: "tecnología" (como Anticristo, Katejon o el mismo Apocalipsis) suena en boca de Thiele de modo difuso y poliédrico.

En la presentación oficial de la Conferencia, se lee:
El apóstol Pablo escribió en el capítulo doce de la Carta a los Romanos: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento”.

La reunión de NOVITATE 2023 se inspiró en las ideas del teórico social francés René Girard. Conmemorando el centenario de su nacimiento, la conferencia ofreció una jornada completa de presentaciones, paneles y diálogos, que concluyó con una cena en honor a su legado. La cuestión de la conformidad —explorada por la teoría mimética de Girard— se encuentra en el centro de muchas de las importantes cuestiones personales y sociales del mundo actual, que abarcan las instituciones, la política, la educación, la educación cívica, los medios de comunicación y mucho más. Exploramos las ideas centrales de Girard en el contexto de la exhortación de Pablo a «no conformarse» al mundo actual.

Entre los oradores se encontraban Peter Thiel, Brandon Taylor, Walter Kirn, Alexandra Winokur, Thomas Chatterton Williams, Andrew McLuhan, Hollis Robins, Jon Askonas, Ross Douthat, Tara Isabella Burton, Katherine Dee y otros.

Con cierto grado de obsesión, o como una maniobra de instalación calculada de un tópico, Peter Thiel publica a principios de 2025, en el Financial Times, otra nota relacionando el asunto del Apocalipsis con el gobierno reciente de Donald Trump.  

También a principios de 2025, Peter Thiel y Alex Karp, en una carta a los accionistas de Palantir, les dicen no solamente lo bien que les va, sino lo bien que les va a ir cuando con esta herramienta y otras del estilo, logren consumar The Technological Republic, título además de un libro programático del Alex Karp. Nuevamente, esta vez de la mano de C. S. Lewis y una cita de su Abolición del hombre, utilizan textos de corrientes que han sostenido y sostienen exactamente lo opuesto a sus pretensiones tecnocráticas. Por lo que se ve, es claro que no se animaron a citar That hideous strength, la tercera novela de la Trilogía de Ransom, en la que Lewis mismo descarga su munición más gruesa contra las filas de lo que Thiel y Karp representan y son, en última instancia, aunque ellos crean que su ciencia y su modo de entender la tecnocracia desde el tecno-optimismo neo-reaccionario, son benignas y benefactoras.

The Guardian, que persigue también el tema por sus propios intereses, publica hace apenas dos meses, entre otros, dos artículos, uno que insiste con el Anticristo y el otro que releva la intromisión religiosa y teológica en Silicon Valley, siempre a través no de predicadores, sino de empresarios de alto nivel en el mundo tecnológico.

En fin.

No pretendo una recopilación exhaustiva, solamente agrego apenas dos más. Y casi al azar, tomadas de la publicación que dirige Giuliano da Empoli, porque pueden dar algo de paisaje del último año, claro que en la perspectiva interesada de Le Grand Continent

Una mirada crítica al tecno-populismo, ahora desde Italia, con una nota del académico europeísta Lorenzo Castellani, severo crítico de Giorgia Meloni, por ejemplo, y frecuente colaborador en la publicación francesa. La nota es de fines de 2024. 

La visión del CEO de Oracle, Larry Ellison, sobre la "necesidad" de la inteligencia artificial como instrumento de poder global ordenador. La nota tiene un marco muy especial y es de principio de 2025.




______________________________

(Las ilustraciones están tomadas de The Guardian y de Le Grand Continent.)




lunes, 24 de noviembre de 2025

Noticias del Anticristo. (I)





Estas notas, aunque no parezca por el título, son un excursus que hay que inscribir en la serie Principios y valores, que vengo desarrollando.

Por el título, precisamente, podría parecerle a alguno que no tienen que ver ni con el presente y sobre todo con el futuro del peronismo. Y, sin embargo, tienen. Y no poco.

No me olvido de que voy viendo qué papel le tocará al peronismo ante lo que hay y lo que viene. Qué papel elegirá asumir, mejor dicho. O acaso qué papel no le quedará más remedio que desempeñar. Y así es cómo se acopian horas y papeles, aunque en algún momento haya que detenerse en esa búsqueda.

El caso es que, por una vía completamente lateral, llegué a distintas publicaciones y sitios con intereses distintos como The Guardian, Fortune o First Things, aunque encontré allí intereses que les son comunes.

En esa ruta di con Le Grand Continent, una publicación digital y gráfica europea que se edita en Francia y depende de un Groupe d’études géopolitiques. La versión en papel la dirige Giuliano da Empoli, aquel de El mago del Kremlin y de Los ingenieros del caos.

Entre otros asuntos –que buscan a su modo refundar a Europa culturalmente, pero con una perspectiva que no es exactamente la que pedirían las raíces europeas milenarias–, en la publicación hay profusión de artículos referidos a varios personajes. Tres de estos personajes, dichos en orden del poder que muestran, son: Peter Thiel, Sam Altman y el influyente bloguero Curtis Yarvin. Hay más gentes de ese mismo palo y algunos de igual importancia. Pero todos ellos son notas matizadas de una misma partitura: el neo-reaccionarismo, el neo-monarquismo, o como se quiera, corrientes que confluyen en una derecha alternativa (alt-right, en los States, y difundida ya por todo el mundo en los últimos 20 años). 

Por lo pronto, tienen de particular y común estos tres personajes, además del billonario poder de dos de ellos, la dirección de su pensamiento y la capacidad material e intelectual de influir para plasmar sus ideas y postulados. Una oleada nutrida de magnates, empresarios, teóricos y políticos andan por estos tiempos detrás de esas corrientes. Donald Trump, Steve Bannon o J. D. Vance, Elon Musk, la nueva derecha francesa, movimientos italianos, polacos o húngaros y hasta corrientes muy influyentes dentro de Rusia, comulgan con muchos de los postulados y forman un espectro de ideas que tiene un enemigo común: la democracia liberal occidental, el globalismo, el ecologismo, el pesimismo tecnológico, el establishment y sus agendas y subproductos culturales, filosóficos, y hasta económicos.

Hay muchos detalles de la biografía de los tres personajes que nombré para corroborar su poder. Un poder que alcanza las alturas del poder mundial, como también a los sótanos del poder mundial. También, entre esos detalles, hay la convivencia extraña de asuntos y referencias que se oponen. Por ejemplo, la constante referencia a Tolkien y, a la vez, el tecno-optimismo de los tres. Y algo más: el tecno-optimismo que proclaman no es un alegato hoy casi naïf en favor del avance sin más de las ciencias y disciplinas tecnológicas, como podría hacerlo un iluminista o un positivista a la vieja usanza, sino que es abiertamente un proyecto de poder, incluso una propuesta de teología de la historia sui generis.

Complejo y ya muy extendido es el discurso de los tecno-optimistas. Y provocativo. Y en esa provocación parece estar el nudo de la cuestión. Detrás de argumentos que pasan por ser el discurso disruptivo de esa derecha alternativa, aparece algo que consideran un cambio cultural radical: un tecno-gobierno mundial que quiebre las estructuras políticas y económicas del establishment, primero y por lo pronto en Occidente. Lo formulan con una oposición que definirá el futuro: política vs. tecnología. Una nueva configuración del mundo gobernado por algoritmos. Curioso: ellos mismos, los tecno-optimistas, parecen subrayar los riesgos y terribles peligros de esa deshumanización de la vida, de esa "abolición del hombre", que postulara C. S. Lewis aunque en otro contexto. ¿Lo dicen en el mismo sentido en que podría decirlo un hippie o Greta Thunberg o un eco-anarquista? No, en absoluto, porque cualquiera de ellos son considerados por los tecno-optimistas como adversarios totales. Pero aunque no lo digan en ese mismo sentido, los tecno-optimistas lo dicen. Y es difícil creerles; porque, para creerles, sus acciones tendrían que ser consistentes con sus dizque advertencias, que un día son respecto de los peligros de una versión alocada de la vida artificial y otro día son el elogio y la celebración de todo lo que podrá la inteligencia artificial y la tecnocracia global "bien usada". Basta asociar a Sam Altman con OpenAI o a Peter Thiele con la monstruosamente poderosa corporación Palantir o su prima hermana, Anduril, surgidas ambas en Silicon Valley. Un poderoso Silicon Valley que, en alguna medida a instancias del propio Thiele, ha ido virando de sus principios de izquierda y proclives al establishment en materia de contenidos, a posiciones de una curiosa y extrañísima religiosidad y a abrazar postulados de alt-right, del neo-reaccionarismo, etc.. Raro, rarísimo.  

Un inmenso y poderoso tejido ideológico liberal-libertario y tecnológico, es una de las propuestas para el mundo del futuro (que no esperan para dentro de mil años sino para pasado mañana...). Una de las propuestas que no se genera sólo y simplemente en un gabinete universitario o en debates académicos, aunque fluye cada vez más por las venas de estos centros. Aparece en un contexto confuso y convulso y tiene su mayor desarrollo público y global desde hace un cuarto de siglo a la fecha. Ideas y corrientes que, además, han logrado generar parvas de poder económico a través de empresas de alcance global, con lo que regurgitan un dinamismo inusitado en influencia y dólares. E influencias en los más altos escalones del poder en el planeta. ¿Durará todo ese armado de billones y teología tecno-optimista?

Cuando se mira un poco para ver si hay fisuras en ese bloque, se ve que algunas de esas fisuras vienen de proyectos que se oponen en cierto modo y por algunos de los lados, aunque se solapan en aspectos fundamentales. Tal vez el caso de Vladislav Surkov, una de las cabezas detrás de Vladimir Putin (otra, de otro modo, es precisamente Alexandr Dugin), sea un ejemplo. Otras disidencias vienen de cierta impaciencia por, fíjese bien, cierta lentitud, cierta desaceleración en el impulso entre otros de... ¡Donald Trump! para mover los cambios que postulan y empujan los tecno-optimistas, que en muy buena medida además sostienen el poder del mandatario y su gobierno. Impaciencia que no es solamente convicción. Es que muchos de ellos han invertido e invierten miles de millones de dólares –no solamente para sostener candidatos que terminan en las más altas esferas del gobierno– sino para aprovechar y consolidar este momento histórico y la dirección de sus ideas, que ciertamente reportan ganancias inmensas. La impaciencia, al parecer, es porque entienden que el mundo puede caer nuevamente en manos del globalismo y la democracia liberal, de los progresistas, de la izquierda, de la agenda woke. Hay que repetir que, para entender mejor lo que dicen, hay que pronunciar "líberal", con acento en la 'i', lo que en su mapa político son los demócratas en los EE.UU, los progresistas, las agendas como la 2030 y cosas así. En esos términos, se ha llegado a levantar una verdadera ola de frenesí, que se retroalimenta de los avances vertiginosos en materia tecnológica, avances que son en estos tiempos una sucesión casi instantánea que parece no tener fin.

En esta nota hay un ejemplo de esa impaciencia, y el protagonista es el omnipresente bloguero Curtis Yarvin.

Y aquí me detengo un momento.

*   *   * 

Siempre es molesta la autorreferencia, pero esta vez se me hace inevitable.

Hace unos treinta años, en 1993, decidí presentarme a un concurso de ensayos que organizaba un diario nacional. El título de ese escrito fue Prometeo decepcionado y la tesis era oponer dos aspectos condensados en la figura mitológica. Dos aspectos en apariencia contradictorios de los que el mismo Prometeo resultaba un emblema, según la interpretación de un servidor. Los opuestos era la rebelión y la tecnología, ambos hijos del Titán. En el escrito, la rebelión tenía el traje de la izquierda según como allí se definía, mientras que la tecnocracia tenía el de la derecha en iguales términos.

La lectura del ensayo le dirá, al que quiera leerlo, cuál era mi prognosis, con los elementos que por entonces tenía a la vista que, en términos tecnológicos, eran un poco menos que lo que la edad antigua es para nosotros en materia de industrialismo.

(El ensayo Prometeo decepcionado forma parte de una recopilación de asuntos escatológicos que publiqué digitalmente hace unos años. Está entre las páginas 59 y 89 de ese volumen.)


*   *   *

Ahora bien.

Noticias del Anticristo es el título de las notas de este excursus. Pero no es una muestra de apocalipticismo de parte de un servidor. Tiene su justificación más allá de mis propias ideas y creencias al respecto. Conozco y creo que entiendo mal que bien, y hasta donde me da la mollera, lo que dicen los teólogos y exégetas católicos respecto de la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y la aparición previa del Anticristo y su Profeta, las Bestias del Mar y de la Tierra, según como los señala el evangelista san Juan y otros en las Sagradas Escrituras. 

De modo que ese título no lo puse yo, exactamente. Y ya se verá en la siguiente entrada por qué lo digo.

En cualquier caso y para terminar ahora, dejo un Atlas de algunos nombres relevantes en estas corrientes anarco-capitalistas, neo-reaccionarias, neo-nacionalistas, transhumanistas, tecno-optimistas, con la única advertencia de que la fuente es Le Grand Continent, que ya mencioné. Por serias y documentadas que tal vez pudieran ser sus investigaciones, debe entenderse que la posición de la revista es opuesta a la de esos nombres y tendencias, con lo que ello implica en cuanto a los sesgos en sus descripciones y juicios. Si alguno de los lectores leyó Los ingenieros del caos, de Giuliano da Empoli, que describe y juzga acremente esas corrientes, ya conoce esa oposición. 



martes, 18 de noviembre de 2025

Los cuentos de Clara (IV): Cata y los globos.


Cuando Cata llega a la plaza, lo primero que hace es mirar si ya llegó el señor de bigotes grandes y blancos que vende globos. Lleva un carrito de dos ruedas solamente y allí ata los globos con unas cintas de colores, que combina con el color del globo. Si la cinta es verde, el globo es color naranja; si la cinta es azul, el globo es de color blanco.

Ella nunca pide que le compren uno, solamente espera que alguna madre o algún papá se acerque y le compre uno al hijo que lleva de la mano. 

Le gusta ver la sonrisa y el asombro de quien recibe el globo y sonríe ella también. 

Pasa un rato mirando y se sorprende cuando a una chica suelta sin querer la cinta y el globo vuela rápido y se va muy alto. Los días de viento, si alguien pierde el suyo, el globo desaparece enseguida detrás de los árboles de alrededor. Y Cata dice: ¡Aaaahhh…!, como si ella lo hubiera perdido.

Un mañana, llegaron a la plaza tres niños y dos niñas, todos alrededor de su mamá, corriéndose unos a otros y riéndose cuando se alcanzaban. Nunca los había visto.

Ese día, Cata estaba jugando  en el arenero, junto a la calesita, con dos chicos menores que ella, a los que les enseñaba a hacer castillitos con los baldes.

De pronto, cuando vio llegar a los cinco, Cata salió corriendo y fue a la fuente que está en el centro de la plaza, adonde estaba el señor de bigotes blancos. Los chicos ya estaban revoloteando alrededor del vendedor y la madre hablaba con él. Los bigotes se hicieron más largos cuando el vendedor reía a toda risa, dándole a cada uno el globo que había elegido, todos distintos.

Los chicos salieron corriendo otra vez, dando vueltas a la fuente con las cintas en la mano y los globos siguiéndolos como si de pronto hubieran puesto una calesita que, en vez de caballos y autos, tuviera solamente globos.

Cata nunca había visto y nunca volvió a ver algo así. Y fue su día más feliz en la plaza, con esa ronda de colores bailando en el aire. 



domingo, 16 de noviembre de 2025

Los cuentos de Clara (III): La fiesta del grillo


(Ronda para los chicos más chicos.)

 

Ya se puso el grillo
un traje amarillo:
va a cumplir un mes.

Tiene una corbata
color escarlata,
pero está al revés.

Usa su sombrero
de lana y de cuero
y un bastón francés.

Tiene seis zapatos,
que no son baratos,
para sus seis pies.

Vino a visitarlo
su padrino, Charlo,
que es un montañés.

Trajo en su mochila
a Juana y Camila
y a Raúl y a Andrés.

Después de la siesta 
la mesa está puesta
y el té es a las tres.

Moscas y mosquitos
traen regalitos:
ramas de ciprés.

Hay tortas con hojas
y florcitas rojas
y un budín inglés.

Y el grillo contento
toca en su instrumento
un Cri-Cri holandés.


sábado, 15 de noviembre de 2025

Principios y valores (o Dugin, el peronista) (IV): Russicum




Alexandr Dugin es ruso. Y esto que parece una perogrullada, tal vez sirva en parte para subrayar algo respecto de los rusos en general.

Esta disquisición (y este excursus en la serie, pero que tiene en ella su lugar) apareció mientras repasaba una pila de materiales acerca de Dugin, materiales apilados que, además de demorar la serie que querría terminar de una buena vez, me recuerdan por qué nunca quise ocuparme demasiado de él y de corrientes afines. No se trata tanto de la cantidad de páginas, sino del embrollo que significan. Podrá ser fascinante en algún sentido, pero puede ser agotador en otro.

Y ahí es precisamente donde la partida de nacimiento de Dugin ya no es una perogrullada.

Repasar páginas, artículos y reportajes, me distrae un poco porque me trae a la memoria la mismísima literatura rusa y la literatura de los rusos sobre los rusos. 

Un vuelo de pájaro, demasiado apretado.

Rusia, de la mano de Pedro el Grande –sólo como emblema lo traigo aquí–, trató de occidentalizarse en el siglo XVIII, de varias maneras y con la previsible resistencia de aquellos rusos que preferían ser rusos-rusos, a su manera propia. Siguió ese rumbo Catalina, con más potencia iluminista todavía, tal vez. Pero al final algo occidental quedó en el alma rusa. Y en la cabeza rusa y hasta en los modos rusos. Claro que no se discutía simplemente por haber occidentalizado los uniformes militares. Eso es apenas un signo. Estaba la creciente dependencia, para pensar y sentir, de filósofos franceses y alemanes (y de literatura de esos y otros países europeos) y sus racionalismos e idealismos inmanentistas. Hasta que se impuso durante casi dos siglos hasta la Revolución, por ejemplo, el uso del francés en el lenguaje coloquial y diario en las clases altas y en la alta burguesía, otro signo de algún tipo de aspiracional –algo provinciano, diría–, siempre mirando con los ojos bien abiertos el prestigio occidental. A la Argentina liberal le pasó algo parecido, provinciano también, pero duró bastante menos, aunque con la pata inglesa no hubo tanta suerte.

La gran literatura rusa del XIX está sembrada de esas señas "occidentales", algunas veces debatidas, otra veces extenso telón de fondo paisajista de la sociedad intelectual rusa discutiendo cosas de rusos, y algo menos cosas de Occidente. Rusia tiene la tendencia arraigada a mirar todo el tiempo a Rusia.

Porque Rusia tiene un modo propio de discutir sus asuntos. Asuntos de todo tipo: estilos, política, teología, economía, arte. Tiene su tiempo y su talante que ha llegado a fascinar a los occidentales. No por nada el Quijote tiene allí buena prensa. Un aparente loco visionario y algo místico lanzado a grandes empresas épicas, es una aceptable definición de lo que un hombre debería ser y hacer, según los rusos. Las corrientes más rusas en materia de teología o liturgia, y hasta de escatología (con tintes también geopolíticos), tienen un razonamiento propio y su mística mira las cosas de un modo distinto. Al margen del valor intrínseco de algunas de esas corrientes –que tienen raíces antiguas y un valor inmenso–, tal vez el exceso de racionalismo en que ha caído Occidente a lo largo de  los últimos cinco siglos, le haga parecer a muchos occidentales que toda salida de los parámetros en dos dimensiones, es una bocanada de aire denso y atrapante. Ocurre algo similar en Occidente con otras fuentes de pensamiento no formalizado en los cánones clásicos, aunque la calidad de esas fuentes y su "oferta" sea habitualmente mediocre o sencillamente disolvente.

Pero creo que el racionalismo occidental finalmente ganó una parte del alma rusa, sin quitarle del todo la rusidad mística, la misma que postula un destino universal excelso para Rusia, una especie de destino manifiesto, al modo ruso, que llega hasta la escatología ortodoxa mezclada con la vida de la nación. Y de la nación en el mundo.

Y tengo que decirlo otra vez (aunque más no sea para recordar de qué estoy hablando): Alexandr Dugin es ruso.

Al repasar sus páginas o sus conferencias, viene el eco de diálogos de las novelas de Fiodor Dostoievsky (en Karamazov o El Idiota o aun en Demonios) o de León Tolstoi (más en Guerra y paz). No menos se ve en los rusos algo más pro occidentales, Turguenev, por caso. Bastante hay de Gorki o de los cuentos de Chéjov o Gógol. O, al principio del XIX, el muy revelador drama sobre Boris Godunov, de Alexander Pushkin, asunto que a los rusos los apasiona de modo agridulce hasta el presente y desde el mismo siglo de Godunov, el XVII. Y eso dicho en un repaso rápido de autores más conocidos fuera de Rusia. No es diferente en otros.

Que Dugin sea ruso dice, por lo pronto, que se inscribe en una larga lista de autores que miran los asuntos del mundo desde Rusia. Y los asuntos de Rusia desde Rusia, claro, aunque en los últimos siglos crecientemente con las luces (y sombras) de la Europa moderna y contemporánea a la vista. Y tanto da que sean paneslavistas o pro occidentales. 

Si esto es así, Dugin es no es una novedad rusa. Ni siquiera para Occidente. Pero que no sea una novedad no significa que no tenga peculiaridades.

Una de esas peculiaridades de Dugin –que muchos celebran fascinados– es su dictum. Y eso me llevó a dos novelas de Vladimir Volkoff, El montaje y La reconversión, por partes iguales, aunque un poco más la segunda que la primera, que a mi saber es superior y más penetrante. En cualquier caso, la dos novelas tienen el mismo aire de hacer en Occidente cosas rusas para Rusia, aunque con ingredientes occidentales, que ya no son solamente occidentales, sino que han pasado a ser parte –siquiera una parte– del alma rusa. Volkoff hereda una tradición y –aunque monárquico y conservador, o tal vez por eso mismo– trasciende la mera situación soviética y deja ver, con elegancia, reflejos palmarios del alma rusa. 

Volsky, el narrador de La reconversión, comienza reflexionando sobre una frase del capitán Tolstoi, su jefe en los servicios de inteligencia rusos: El espía holgazán se nos vuelve literato. La ironía del jefe era por lo "verboso y relamido" de sus informes. Volsky desarrolla su soliloquio al respecto y concluye: 

En lo que a mí respecta, casi llegaría a poner al revés la fórmula tolstoiana para afirmar que el espía que tiene éxito es un novelista contenido.

El espía ha nacido para componer novelas (combina montajes), para inventar nombres (colecciona seudónimos), para dar vida a un lenguaje (el código). En lugar de crear seres, modifica individuos deslizando en su vida una pizca de levadura ad hoc. Igual que el escritor, echa sobre el mundo una red tanto más eficaz cuanto que es impalpable, y pesca. Ambos son unos ilusionistas, aunque el uno se venda a la luz de las candilejas y el otro se condene en la sombra de los bastidores. Usted se codea con Durrell en el café, se cruza con Gehlen en la calle: ambos tienen un aspecto de honrados parroquianos, y usted no se da cuenta de que ha pasado junto a una araña gigante, cuya única pasión es embrollar intrigas para desembrollarlas enseguida (la única pasión y el único apetito, decididamente antropofágico). La indiscreción y la ingratitud son normas de principio tanto para el plumífero como para el agente. Las leyes apenas les interesan: ellos tienen sus reglas y sus doctrinas. Mistagogos los dos, su arte es tan secreto que no se sienten responsables ante nadie; incluso cuando fingen "servir" (a la nación, al público, todo es uno), su arte de vivir sigue siendo "el arte por el arte". La única virtud que saben admirar es una cierta cualidad de elegancia profesional; un montaje bien armado es la única cosa del mundo capaz de enternecerlos. "¡Qué bien acabado está este tercer acto!" ¡Qué mala pasada me han jugado!" Lo dicen con lágrimas en la voz... En resumen: ambos pertenecen a la misma especie. Y, a mi entender, puesto que el uno crea ex nihilo mientras que el otro segrega perlas cultivadas, el escritor sigue siendo la encarnación más densa del principio común. El capitán Tolstoi es un novelista que se ignora. Yo soy un novelista que se educa.

¨

*   *   *

Claro que no me olvido del motivo de esta serie de notas. Y más diré: algunas consideraciones acerca de los postulados de Dugin y su relación con el peronismo, sin mirar este panorama aunque sea somero, no sé si se entenderían del todo. 



jueves, 13 de noviembre de 2025

Los cuentos de Clara (II): Juan encuentra un tesoro.


Los hermanos de Juan, Martina y José, juegan en las hamacas, arman casas con mantas y sillas, hacen que pusieron un kiosco y venden golosinas hechas con bollitos de papel, que se pagan con hojas de laurel y bolitas de paraíso.

Juan casi nunca juega con ellos. Él encuentra bichos bolita abajo de los cascotes, sigue a las hormigas para ver adónde van y de dónde vienen, busca entre el ramaje a ver si encuentra el pájaro que está cantando o se queda mirando el campo y contando animales.

Esa mañana de primavera había muchas cosas para ver. Llegaron las mariposas, las abejas y los abejorros, buscando entre las flores y revoloteando en todas direcciones. Juan no sabía a cuál seguir primero. Se lo veía correr de un lado a otro. La madre, que lo veía desde la ventana de la cocina, no entendía a qué jugaba.

Cerca del alambrado, cuando llega esta época, florecen los panaderos del diente de león. Juan juega con ellos a uno de sus juegos preferidos: soplar los panaderos y ver para dónde vuelan los copos.

Pero esa mañana, cuando sopló uno, no volaron los copos sino todo el panadero, redondo y brillante, como un globo entero hecho de copos de nieve.

Juan se quedó sorprendido y emocionado porque nunca había visto algo así. Sin pensarlo dos veces salió al campo y siguió al panadero, que por momentos se elevaba o tomaba velocidad y se iba lejos. Juan corría y corría pero no podía alcanzarlo, porque estaba muy alto o porque iba muy adelante.

Estaba bastante lejos de la casa y casi por llegar al canal, que es como un arroyo grande y que tiene unas bardas altas. Y allí vio que el panadero parecía ir más despacio y más bajo. 

Cuando llegó cerca del borde del canal, el panadero sin saberse cómo, desapareció. Lo buscó en el aire y entre los pastos, pero no lo encontró. Se acercó un poco al borde del canal para ver si estaba flotando en el agua, pero tampoco estaba allí.

Pero cuando se puso a mirar si había quedado en las paredes de barro del canal que tenía enfrente, vio un tesoro: la silueta de una bicicleta medio incrustada en la pared del canal. Era de su tamaño, parecía bastante oxidada pero estaba entera. Alguna de las crecientes de todo ese año seguramente la había arrastrado desde algún lugar más arriba.

El padre lo ayudó esa tarde a sacarla del canal, porque era peligroso para Juan. A la semana, la bicicleta estaba limpia y arreglada.

Ahora Juan podía ir más lejos, jugando a los juegos que más le gustaban y que eran siempre el mismo juego: mirar.



martes, 11 de noviembre de 2025

Los cuentos de Clara (I): La montaña enojada.


(Irán apareciendo aquí, cada tanto, unos cuentos. Cuentos como los que una madre le contaría a sus hijos. Una madre siempre quiere tener unos cuentos a mano para contarle a sus hijos chicos. Tal vez acá tenga algunos que le gusten. Claro que, si son cuentos para chicos, viene bien que tengan ilustraciones y dibujos. Pero de eso se ocupará otra mano.)

_____________________________  



La montaña no se enoja casi nunca. Siempre está clara y sonriente. 

Tiene un collar verde de árboles con forma de lanza verde. Tiene una piedras muy grandes que brillan como plata cuando les da el sol. A veces se ven unos hilos de agua clara, que parecen chiquitos a lo lejos, Pero una vez los vimos de cerca y no son tan chiquitos.

Casi nunca se enoja la montaña.

Pero un día, de pronto, se enojó.

El cielo se puso primero gris y después más oscuro. Y después negro. 

Sopló mucho viento y en el viento había gotitas de agua muy fría volando por todo el aire. 

Había unas nubes que bajaban muy rápido de lo alto y corrían hasta el valle. Algunas se quedaban arriba y tapaban la montaña y otras corrían y corrían como olas de algodón.

De repente el valle quedó más verde y brillante con todas esas gotitas y el viento hacía que todo lo que había bailara, sin parar.

Todos creíamos que la montaña estaba enojada, de muy mal humor.

Pero el viento, así como apareció, desapareció enseguida.

El cielo volvió a ser gris más claro, aunque se lo veía poco porque las nubes no se fueron del todo.

A la noche, que llegó más temprano ese día, se oía un ruido sobre las ventanas, más suave que la lluvia. Hasta que todo quedó callado y quieto.

La mañana apareció medio dormida, y llegó tarde así como la noche había llegado temprano.

Nos sentamos a la mesa que está al lado de la ventana grande. Desde allí se veía otra vez la montaña, ahora más grande, más blanca. Pero seria, muy seria.

Comíamos el pan en silencio y tomábamos el té a sorbitos, en silencio, mirando a la montaña.

La montaña seguía enojada.

Después de un rato largo, primero el sol la coronó desde atrás y pasó por encima de ella. La montaña parecía una vela enorme y el sol era la llama. 

El sol iluminó otra vez el valle que ahora estaba casi tan blanco como la montaña. Sólo había unas líneas grises con unos manchones verdes. Eran las ramas cargadas de hojas que se doblaban con la nieve.

A la tarde, otra vez tomábamos té frente a la ventana. La casa olía a unas galletitas de vainilla que se doraban en el horno.

La montaña seguía corpulenta y gorda como a la mañana. 

Pero ahora, con el sol que le daba en la cara y con todo el valle brillando abajo, nos pareció que ya no estaba enojada. 



lunes, 3 de noviembre de 2025

Principios y valores (o Dugin, el peronista) (III): ¿Antiliberales?




Conviene centrar la cuestión.

A mi modo de ver, desde hace casi 300 años, hay una acción que, para llamarla rápido, llamaré la acción del liberalismo. No es el primer nombre, y por supuesto no tiene que ser el último, pero es el nombre que pervive y, aunque difuso y proteico, es el nombre que la define habitualmente. Hay, casi desde su aparición, una reacción a esa primera acción, que fue tomando cuerpo con el tiempo y que continúa hasta el presente. 

Pero hay que decir algo importante al respecto, que desmiente ese primer párrafo aparentemente: en términos más precisos y ciertos, la cuestión es a la inversa: el liberalismo es una reacción que combate a una acción histórica definitivamente más antigua y que incluso tiene raíces metahistóricas, así como tiene destino metahistórico. En términos históricos, la acción histórica primigenia tiene distintos nombres y la reacción histórica que adviene, y que llamamos liberalismo, también.

No le pondré nombre, todavía, a esa acción primigenia, pero sí llamaré genéricamente liberalismo a la reacción que aparece, como dije, hace unos 300 años y opugna a la acción primigenia. La economía, en cualquier caso, no es la ultima ratio del liberalismo, tal como lo entiendo en esta líneas, es apenas una herramienta si acaso, por ruidosa y omnipresente que esa herramienta suene en su funcionamiento global. Pero eso no significa que la herramienta en la que parece que se centra el liberalismo no sea significativa simbólicamente, sobre todo en cuanto a su relación con lo inmanente. 

Creo que no es difícil inscribir en un bando y el otro a corrientes, movimientos de ideas, encarnaciones políticas y culturales (y hasta religiosas), que han llevado nombres diversos a lo largo del tiempo, tanto para el bando de la acción como para el de la reacción.

También aquí convendría hacer alguna precisión breve. O las cosas son substancialmente lo que son y no otra cosa, o no lo son en ningún sentido. Por decirlo de un modo gráfico, Parménides y Heráclito tensaron la dialéctica del ser, obturando los accidentes y el cambio u obturando la substancia y su permanencia. En esa tensión, desfiguraron en buena medida la naturaleza de las cosas en un sentido o en otro. Y con eso habilitaron desvíos y otras desfiguraciones en las secuelas de sus postulados. Que la visión de ambos haya sido bien intencionada, aunque incompleta y defectuosa, no impide el hecho de que las secuelas terminen desfigurando el devenir y las concepciones subsiguientes. Hasta hoy mismo. 

Todo esto terminó por darse en el entero mundo, pero en realidad tiene su epicentro y su motor dinamizador en lo que denominamos típicamente Occidente, en parte por oposición a Oriente, pero también y principalmente porque la conceptualización de las líneas principales ocurrieron al oeste del Cáucaso y los Urales.

Y, si queremos ser más específicos, nace alrededor del Mar Mediterráneo y su zona de influencia, espacial pero sobre todo intelectual y espiritual. Porque aun cuando algunos aportes importantes vinieran de otras partes, allí se formalizaron finalmente las proposiciones, incluso conservando sabores de sus lugares de nacimiento.

Han sido muchos y variados los opuestos al liberalismo, algunos nacidos del mismo tronco del que surgió ese liberalismo y, en consecuencia, opuestos también a los oponentes que son más antiguos que el liberalismo. La historia es un catálogo completo de grises, en ese sentido. Por otra parte, la máxima que postula que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, es la mayor parte de las veces el molde de esas oposiciones, que, por lo mismo, resultan falsas oposiciones o, lo que muchas veces es lo mismo, movimientos meramente tácticos y circunstanciales. Dos cosas opuestas a una tercera, no necesariamente son amigas entre sí. Lo que cuenta es la razón y los fundamentos de tal oposición; de modo que, difiriendo la razón y los fundamentos de la oposición, la convergencia se hace imposible.

Es el momento de volcar estas consideraciones a la Argentina.

También entre nosotros ha habido y hay oposición al liberalismo, en cualquiera de sus formas, subproductos o variantes.

El peronismo, concretamente, no es inédito u original en ese sentido de oposición al liberalismo, en la medida en que su origen está asociado a movimientos y corrientes locales o internacionales, y está enmarcado además en nuestra propia historia de más de doscientos años de tales oposiciones. El peronismo es simplemente una variante de esa oposición que cristaliza a partir de afluentes distintos, como podrían ser ciertos conservadurismos de raigambre local o europea, o ciertos desprendimientos de posiciones nacionales antiliberales del siglo XIX, que paulatinamente fueron nutriéndose de doctrinas más bien de origen europeo, tal el caso del radicalismo primigenio, por ejemplo.

La particularidad del peronismo, en ese sentido, es que se hizo de una representatividad entre las formas que asumen esa oposición antiliberal, aunque a lo largo de su historia todavía no concluida, haya contenido desde momentos de izquierda y aun de izquierda revolucionaria, tanto como momentos conservadores y aun conservadores liberales.

Y este parece ser hoy día el mapa ideológico político en la Argentina. Los guarismos electorales per se no son un fiel de la balanza muy fiel y, en muchas ocasiones, un fiel intrínsecamente infiel. Pero, para lo que puedan servir, en los últimos 80 años, esos guarismos muestran una polarización clara en cuanto a la oposición entre una corriente que se opone al liberalismo, por una parte, y el liberalismo, por otra.

Llegados hasta aquí, podemos preguntar: ¿Es el peronismo la única oposición al liberalismo? ¿Es la mejor oposición al liberalismo? 

Dos preguntas que se me hace que son programáticas y hasta cierto punto axiales en esta etapa de nuestra historia.

Y en parte es ese el sentido de esta serie de apuntes.