miércoles, 8 de julio de 2026

Romancero Sur: VI. Romance de un té contigo


Está la glorieta sola
con dos sillones y mesa
y acecha la tarde fría 
y cobija la glorieta.
Sobre un mantel que bordaste,
pusiste un ramo de fresias
para alegrar los scones
y acompañar la tetera
que guarda un té de la India
que en sus entrañas humea.
Delicadamente ausente,
como si eso nada fuera,
serviste medidas justas
–de leche, una nube apenas–
y preguntaste sonriendo
si acaso una madalena
o un budín de nuez tostado
o un scone tal vez quisiera;
o esa tarta roja oscura
con delicias de frambuesas
o la de manzanas verdes
–pizcas tiene de canela–
que es un manjar de los dioses
si se acompaña con crema.

De tanto verte en tus dones, 
de tanto verte tan dueña,
tan de fina porcelana,
tan solícita y serena,
tan de vestido floreado,
tan de chal y tan de seda,
me pregunté si es que estabas
en esta vida terrena
sólo para ese momento
de la tarde ribereña,
mirándome la mirada
y librándola de penas.

Porque tu voz y tu risa,
que no sé de qué están hechas,
tienen un trazo de cielo
y dos alas que aletean
y llegan hasta tus manos
morenas, que también vuelan
con un vuelo de torcazas
de tan suaves y ligeras.

De toda esa epifanía
que aquella tarde sintiera
tomando aquel té contigo
en la paz de la glorieta,
me queda más que el recuerdo
de esos que a veces nos quedan.

Sigo mirándote ahora
como ese día te viera
y me digo todavía
si son verdad verdadera
la dicha que se hizo vida
con una gracia completa, 
la sencillez con que hiciste
que esa vida no muriera.