viernes, 31 de octubre de 2025

Principios y valores (o Dugin, el peronista) (II)

 



Leer en paralelo Perón y el peronismo en la historia contemporánea, de Fermín Chávez, y La cuarta teoría política, de Alexandr Dugin, tiene sus ventajas. Especialmente recorriendo el tomo I (1975) de la obra sobre Perón, que narra y analiza los prolegómenos del peronismo.

La cuestión común que permite esa lectura en paralelo es la reacción ante el liberalismo, aunque las peculiaridades en cada caso llenarían al menos un tomo bastante gordo.

Chávez, a mi juicio, es un peronista serio y agudo, pero, leyéndolo en paralelo, se ve que expone ideas que aparecerán después en el ruso, aunque en contextos algo diferentes y con diferentes finalidades. La aproximación de Chávez a las posturas de convergencia entre el nacionalismo y el marxismo a fines de los años '50, mueven su insistencia para que ese último se vuelque a la nación concreta y abandone los internacionalismos, así como lo insta a dejar las disputas dialécticas de burgueses y proletarios e ir a la realización social concreta. El concepto de "periferia" que sostiene a partir de mediados de los '60, con los años parecerá una novedad sociológica que, en el caso de Chávez, se derivaba de su militancia peronista y de la crítica al liberalismo, dicho en términos amplios. 

De Dugin y su obra ya hablaré. 

Pero es curioso notar, en principio, y a propósito de las lecturas en paralelo, que un sector minoritario del peronismo tenga que abastecerse del polígrafo ruso, desde hace un tiempo, para fundar una "nueva" resistencia al liberalismo.

En cualquier caso, y por ahora, si en relación con algunas líneas del peronismo en convergencia con Dugin (para algunos ya parece veneración), hay que entrarle al ruso, prefiero a Chávez que, como peronista, resulta más solvente.

Pero soy consciente de que las modas y las olas de oportunidad pueden ejercer fascinación. Como sé también que es muy difícil decirle a un enamorado que su novia no es lo que él cree.


martes, 28 de octubre de 2025

Principios y valores (o Dugin, el peronista) (I)




Faltaban un par de horas para que se cerraran las mesas de las elecciones legislativas. En Crónica/tv, el conductor Tomás Méndez tenía dos analistas invitados. Uno de ellos era el ubicuo Guillermo Moreno.

A medida que el reloj corría, Moreno entraba más y más en un paroxismo contagioso, y aunque Méndez aquí y allá le advertía sobre los números –de Córdoba, por ejemplo–, él respondía con bromas y chicanas de su estilo.

Tres cosas dijo Moreno, básicamente: 1. los que no fueron a votar son todos de ellos, porque el peronismo fue a votar completo; 2. en todas las posibilidades, Milei pierde y por bastante y 3. hasta las 22 horas, podemos festejar; después de las 22, hay que ponerse serios y pensar en lo que viene porque hay que estar preparados.

El final de la historia es conocido.

Pero, ¿creía Moreno todo lo que iba diciendo? La mejor respuesta sería "sí". Pero es dudoso. Actuó más bien como un agent provocateur clásico y básico, con matices de agent d'influence.

¿Al servicio de qué? Visto que su papel en el armado de las listas fue casi nulo y que su representatividad es mínima en el actual estado del peronismo, hay que prestar más atención a sus elucubraciones, en particular a sus especulaciones geopolíticas. Moreno no es nuevo en estas cuestiones y tampoco es un tonto boquiflojo.

Sin embargo, al día siguiente y ya en el análisis con el resultado puesto, la única cosa que Moreno no dijo (no pudo o no quiso) es, precisamente, que el actual estado del peronismo es la causa de su debilidad. Una debilidad que Moreno no puede admitir y de la que probablemente él mismo sea parte en alguna medida. 

Aquí es donde vale la pena decir algo respecto de la causa del resultado de las elecciones. Y algo breve: ¿miedo al riesgo K?, ¿terror y desprecio al populismo?, ¿no volver atrás?, ¿miedo a Trump y a perder el apoyo yanqui?, ¿adhesión a Milei?

El efecto de cada una de esas cosas es muy difícil de medir y el que diga que sabe exactamente cuánto pesa cada una de esas cosas, miente. Por eso las votaciones en la Argentina son igualmente difíciles de predecir. Y esta vez la sorpresa, por lo que de ningún modo previeron, llegó a Washington y por partida doble: Bessent y Trump no lo podían creer, y lo dijeron con ingenuidad anglosajona. Ambos, en su horizonte, miraban con temor una oleada de populismo argentino que nunca llegó. ¿Se asustó la gente que pensaba votar peronismo? Podría ser. Pero el peronista no se asusta tan fácil. Puede pasar, eso sí, que no vaya a votar.

Un subproducto de esta campaña electoral pasada es la confirmación del dicho conocido: "en la Argentina no se vota moral". $Libra, Spagnuolo, 3%, Espert, narcos, aviones, Scaturice, valijas secretas. Podrá insistir el kirchnerismo duro en operaciones y denuncias; en todo caso, si hay algún rédito durable es más bien a largo plazo. Pero ellos no esperan hacer justicia ni los indigna tanto la corrupción.  Son operaciones, zancadillas. Cuando se las hacen a ellos son persecución y proscripción. Pero a quienes se las hacen a ellos tampoco les importa hacer justicia ni los indigna tanto la corrupción. Operaciones: el lado sucio y a veces inmundo de la política, que nadie ignora. 

Cuando hacen la autopsia de las urnas, muchos analistas (interesadamente, casi siempre) especulan acerca de quién dejó de votar a quién, quién salió de su casa y se metió en la del vecino de enfrente. Quién traicionó, quién se vendió. Datos difícilmente verificables en la población de hombres comunes.

Pero sigue habiendo en estas elecciones más de 12 millones de votantes que se quedaron comiendo ravioles en su casa y no fueron a las urnas. Y ya se ha visto que Moreno no puede siquiera admitir que una parte de ese número, incuantificable ahora, sea de votantes pejotistas, fieles o de ocasión. 

Se me hace que Moreno no puede admitir públicamente que, para preguntas como ¿quién es hoy el peronismo? o ¿qué es hoy el peronismo?, sólo hay respuestas partisanas y contradictorias. Desde afuera, ese peronismo, como opción electoral, parece tan apetitoso como un sanguche de corcho y telgopor. Mientras, al interior del peronismo, las tribus garronean con furia tironeando de las raíces peronistas: para cambiarlas, para matarlas o para revivirlas, según el caso.

Siendo así, ¿qué importancia puede tener seguirle las huellas a Guillermo Moreno? Poca, admito, salvo como espectáculo o como indicador. 

En cambio, sí tiene algún interés lo que se ve a través de su figura. Porque prestando un poco de atención y tirando precisamente del hilo de sus elucubraciones y algo confusos devaneos geopolíticos, aparece un tramado que excede con mucho a Moreno. Y al propio peronismo como tal.

Por raro que pueda parecer, hay muchos ojos mirando –por distintas razones y desde reinos diferentes– este apartado rincón del sur del mundo.  

¿Y Dugin?

Ah, sí. Dugin.

Ya veremos.


miércoles, 22 de octubre de 2025

¿Quién le teme al peronismo?




Hace casi un mes –en una entrada de aquí mismo: ¿Quién le teme a Donald Trump?–, traje la figura rechoncha del magnate yanqui Spruille Braden, y eso por otro capítulo de la bamboleante relación con los Estados Unidos, siempre ácida y corrosiva (sí, dije bien: siempre, a favor o en contra...).

Cuando escribí aquello tuve la sensación de estar diciendo una obviedad. Porque es obvia la tensión pendular en las relaciones entre los dos países y, principalmente, porque un emblema de esa tensión ya estaba fijado en la historia de hace 80 años y en aquellos carteles de campaña para las elecciones de 1946; Braden o Perón. Vinieron después las "relaciones carnales" de los '90 de Menem, que son el emblema del otro extremo del péndulo, ahora reeditado también, curiosamente. Como las ofertas, 2 x 1.

Pero creo que no me equivoqué del todo en las dos cosas. Por un lado, la tensión secular, que siempre está, vuelve a mostrarse; a la vez, la mención del binomio Braden o Perón hoy es obvia. Una prueba de esa obviedad es que Cristina Fernández aprovechó el día de la lealtad, que conmemora el peronismo en octubre, para traer al escenario consignas que son como secuelas de aquella original.

Ella arriesgó dos: Bessent o Perón, Milei o Argentina, y son la substitución oportuna de aquel Braden o Perón. Lo dicho: una obviedad.

Pero la cuestión de fondo es lo verdaderamente importante. No necesariamente porque el peronismo quiera aprovechar el éxito de aquella primera consigna de 1945 e inyectarlo ahora en estas segundas consignas de 2025, oportunamente. Y eso no es importante porque eso es irrelevante.

La cuestión de fondo es importante porque la supervivencia de la Argentina es importante. Y es claro que la supervivencia de la Argentina no es lo mismo que la supervivencia del peronismo, aunque el peronismo insista en su creencia mística de que ambos términos son intercambiables y que se implican e incluyen mutuamente con absoluta necesidad. Es obvio que si la Argentina desapareciera de algún modo, de algún modo también los argentinos desapareceríamos. Y, sólo en ese sentido, de algún modo desaparecería también el peronismo, que –repito– no es la Argentina, sólo forma parte de ella.

En razón de eso mismo, me quedo pensando –después del discurso de Fernández de Kirchner– quién verdaderamente es el peronismo.

Por fijar un momento, ya antes de la vuelta de Perón al país desde España en los '70, quién es verdaderamente el peronismo y quién no, fue una cuestión muy meneada, que se volvió cruenta. 

¿Con quién hablaba y con quién no? ¿Quiénes eran invitados a Puerta de Hierro y a quiénes no recibía? ¿A quiénes promovía y a quiénes defenestraba? ¿Por qué? 

La historia del peronismo –ahora vista con Perón o sin Perón– es tan plástica y dinámica que se vuelve confusa por inasible. Traidores y leales son siempre términos relativos y acomodables a las circunstancias. Y eso se vuelve más agudo si Perón ya no está. Con Perón vivo, sus vaivenes tenían su firma y, si no te gustan, andá a cantarle...a Perón. No ocurre lo mismo desde su desaparición. Porque desde entonces, cualquiera puede falsificarle la firma y decretar traidores y leales. Y se ha hecho.

He oído decir que los peronistas traidores no se traicionan entre sí sino que traicionan al peronismo. Y ahí la cosa se vuelve circular e infinita: otra vez, ¿quién es el peronismo?

En este punto, hay que decir algo en favor del peronismo: todo eso es moneda corriente en el mundo del poder político, principal aunque no únicamente político. Y lo es desde que hay historia y todavía antes, seguramente. No es el peronismo argentino para nada exclusivo en esas lides. Y en el mundo mundial y a lo largo de toda la historia humana, traiciones y lealtades circunstanciales casi son la materia misma del poder, según se ve a lo largo de milenios.

Tomarse el trabajo de seguirle la pista a los grandes hombres de la República y el Imperio en Roma y seguir la huella de sus bandazos de un partido a otro, fluctuando lealtades y traiciones, es un ejercicio ilustrativo. Y soy consciente de que con Roma no alcanza para muestra. Hay que seguir y zambullirse desde Babilonia a Egipto, de Alejandro Magno al Islam durante siglos, hay que mirar al Papado medieval o las disputas en el Sacro Imperio. Y más y más. ¿Y en la historia Argentina? Hasta en historias que narran las Sagradas Escrituras, a partir del Génesis mismo. Y más y más y no alcanzará una vida de hombre para completar el registro de ejemplos aleccionadores. 

El peronismo y sus circunstancias no son para nada inéditos. De hecho, son un caso más y en cierto sentido periférico.

Pero, sin embargo, en la Argentina, la incidencia del peronismo en la vida política, social y económica desde mediados del siglo pasado a hoy es tal que, obligadamente, al menos los argentinos tenemos que prestarle atención.

La cuestión es que se reedita hoy el cartel antinómico, ya vintage: Braden o Perón, aunque con sucedáneos, algunos significativos. Por ejemplo, la asociación, en las dos consignas substitutas, de Perón con la Argentina (y de Bessent –es decir: el emblema del poder de los EE.UU.– con Milei), son casi un silogismo abreviado que continúa la mística peronista que sostiene que el peronismo es la Patria. Y que la Patria es peronista o no es.

Entonces, y a propósito de esa reedición, la pregunta acerca de quién es el peronismo es pertinente, diría.

¿Valle? ¿Cooke? ¿Framini? ¿Vandor? ¿Ongaro? ¿Galimberti? ¿El Gallego Álvarez? ¿Fernando Abal? ¿Cámpora? ¿Osinde? ¿Firmenich? ¿Otalagano? ¿Montoneros? ¿Rucci? ¿Fernando Abak? ¿López Rega? ¿La patria sindical? ¿La Tendencia? ¿Ortega Peña? ¿Herminio? ¿Patricia Bullrich? ¿La Renovación peronista de los '80? ¿Lorenzo Miguel? ¿Chacho Álvarez? ¿Ritondo? ¿Menem y sus '90? ¿Bauzá? ¿Los "celestes"? ¿Kohan? ¿Los "rojo punzó"? ¿Taiana? ¿Santilli? ¿Ruckauf? ¿Duhalde? ¿Kirchner? ¿De Vido? ¿Moreno? ¿Alberto? ¿Sergio? ¿Scioli? ¿Julio Bárbaro? ¿Insaurralde? ¿Cúneo? ¿De Pedro? ¿Mayra Mendoza? ¿La Cámpora? ¿Randazzo? ¿Pichetto? ¿Cristina? ¿El Galleguito Álvarez? ¿Kicillof? 

¿Faltan nombres tan contrapuestos, tan contradictorios como esos, de otros muchos "traidores" y "leales"? Claro que sí, seguramente cientos en 80 años. Y cada uno de ellos se dijo (o se dice) peronista. Entonces, ¿traidores a quién, a qué?, ¿leales a quién, a qué?

Ahora estamos en 2025 y el peronismo revive para unas elecciones legislativas nacionales, y ante los desmanes crecientes de Javier Milei, la consigna Braden o Perón.

Bessent o Perón, dice Cristina Fernández.

Pero Perón no está.

¿Y el peronismo? ¿Está? ¿Dónde no está? ¿Quién es hoy Perón? ¿Quién es hoy el peronismo?

Si, por ejemplo, alguien quiere apoyar hoy al peronismo frente a Milei, frente a Bessent, frente a Trump, ¿adónde va? ¿Quién es el peronismo? Y si alguien quiere apoyar a Milei, ¿también está el peronismo? 

Salvo para alguien que crea que el peronismo es asunto de una disciplina arcana, oculta y esotérica, y por lo mismo incognoscible e indefinible, la pregunta es pertinente. Y si la pregunta es pertinente, la respuesta es al menos posible. 

Es verdad, se puede dar una respuesta cínica, al modo, por ejemplo, de lo que han hecho toda la vida los liberales en la historia argentina, desembarcando en una isla desierta y sin agua ni comida al liberalismo que fracasa o al que no les da cabida. Y ahí están para muestra las quejas contra gentes de su tribu liberal del mismísimo Juan Bautista Alberdi.

Es verdad también que puede decirse que el peronismo tiene los genes del multiforme Proteo, contradicciones incluidas.

Pero puede haber una respuesta mejor que esas que, además de cínicas, son berretas.

Que una respuesta honesta y fundada (y haría bien en pensarla el mismísimo peronismo) no llegue a conformar a los cambiantes "leales" y "traidores", es un asunto que a un servidor lo tiene completamente sin cuidado. 

Así que: ¿quién es el peronismo?

En cualquier caso, se podrá o no coincidir con la respuesta que se dé, pero si el peronismo no puede dar una respuesta inequívoca, clara, honesta y fundada a la pregunta, su realidad seguirá desdibujándose hasta el punto en que el peronismo pretenda ser todas las cosas y ninguna cosa, con lo cual se volverá muy poco respetable como entidad política. Aunque siga ganando o perdiendo elecciones.



domingo, 19 de octubre de 2025

Octubre, 7


Llegaste en tu silencio hasta el umbral
que te esperaba y en silencio ardía.
Era feliz la luz del mediodía
y era tu paso dulce y natural.

Tendí mi mano y mientras la tendía
vi tu mirada y vi como señal
esa sonrisa tímida y casual,
era una herida que de amor me hería.

Fuimos niños. La tarde nos llevaba
por un país de viento y encantado,
hasta que anocheciendo me dijiste:

"nos queda el tiempo que nos han dejado, 
y desde que te espero ya te amaba,
y sin que lo dijera, lo supiste".  


sábado, 18 de octubre de 2025

Madrigales de octubre (IV)


Viento y la noche
es esta inmensidad.

Y un murmullo de octubre en tu ventana,
y coronas de estrellas y un derroche
de claridad.

Y este viento que trae la verdad:
cercanía temprana
es tu presencia.

La soledad del día y la lejana
reviviscencia
de las horas, que ya sembró el futuro
que espero, en el deleite que me auguro.


jueves, 16 de octubre de 2025

Madrigales de octubre (III)


Con tu mano morena,
voy de tu mano.
Voy a tu mano yendo,
camino tus caminos persiguiendo
sierras y llano.

Con tu mano morena
a tu costa de oriente
voy a soñar la luna al occidente.

Sueño que sueño en flor esa colmena
de dulzura constante;
sueño que sueño el sueño del amante.

Y es octubre encendido
en tu costa serena,
con tu mano morena
en mi latido.


 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Octubre en armas


Enfrentemos el día y su tormenta,
en esta primavera tuya y rara
que es la raíz del mundo, dulce, clara,
que en todo nos resiste y alimenta.

Enfrentemos los surcos de mi cara
y nuestra juventud tierna y violenta;
y esa dicha de tarde cenicienta
de un siempre octubre que tu voz ampara.

Este amor en el pecho es de tal suerte
que es un acero que se atreve a todo,
tal que no hay muerte que lo quiebre o hiera:

en armas y a tu lado ya no hay muerte,
con tu escudo de un beso ya no hay modo
de que la muerte en mí no se muriera.



lunes, 13 de octubre de 2025

Madrigales de octubre (II)


No necesito más que esto que visto,
más que esa floración: tu compañía.
Tu octubre de alegría
en el que existo.

Tengo en la sangre astillas de tu día
que siembras una a una,
en cada luna:
con ellas nazco en ti y me revisto.

Conquisto tu mirada y me conquisto
y sueño la fortuna
de verte verme ser, como quería,
la luz cumplida de tu profecía.


sábado, 11 de octubre de 2025

Madrigales de octubre (I)


Ocho ausencias de luna
hubo en mi cielo tuyo y su nostalgia.
Y otras tantas presencias vio la noche
de luz tan clara y pura
ya sembrada en el alma,
coro de sombras pálidas y voces.

Ocho memorias rondan. La esperanza
se refugia al abrigo
de la luna, que viene y va contigo.


 

viernes, 10 de octubre de 2025

Octubre en ti


Octubre se parece a tu mirada,
brilla en el viento, mientras me florece
en el pecho tu herida, mientras crece
el mar salado de tu voz salada.

(Porque tu voz al mar se le parece
en su rumor, ternura que espumada
acaricia y acuna alborozada,
tormenta de canción que me estremece...)

Octubre tiene luz. Sólo una sombra.
Tiene tu mismo ceño, dulce y grave.
Tiene tu misma calma y tu soltura.

Llega en octubre el ave que te nombra.
Y llega tu ternura con el ave
que trina el homenaje a tu hermosura.