miércoles, 29 de abril de 2026

Ilusiones


Cuando estaba todo listo para empezar el viaje, recordé que había prestado mis botas y que estaban inalcanzables ahora, a cuatrocientos kilómetros. Era lo que faltaba cargar y ahí mismo me di cuenta de dos cosas: me había olvidado de asegurarme de que las tenía y no las tenía.

Toda la travesía prevista tembló primero y casi se disolvió después. Había puesto un énfasis puntilloso y, reconozco, casi exasperante, en que podíamos olvidar cualquier cosa menos las botas. Cruzar más de 4 ó 5 kilómetros de bañado sin botas de agua era no poder cruzar.

Miré la caja de la camioneta, una y otra vez. No se convence uno de que si no están, no están. Pero insistir fue inútil: no estaban. El motor quedó en marcha, como tiene que pasar con el diesel, y el ritmo entusiasta de la máquina parecía que se mofaba de mí.

La humillación de aparecer en el punto donde íbamos a encontrarnos, a las 5 de la mañana y sin las botas, era casi tan dolorosa como el olvido. Pensé a las apuradas y desesperadamente que resolvería la cuestión comprando un par por el camino. Pero, dónde podría encontrarlas en una ruta en medio de la nada rumbo al medio del campo. Lograr un par de botas suponía agregar casi doscientos kilómetros al viaje. No podía dejar de preguntarme cómo pudo haberme pasado eso.  

Miré una vez más con fastidio y tristeza los arreos de acampar, los de cocinar, las provisiones y la ropa, todo ajustadamente ordenado en una mochila Cargo. Todo parecía inerte, baldío ahora. 

Prendí un cigarrillo, me apoyé sobre la puerta y lo fumé despacio, como quien entra en un trance pacífico.

A mis espaldas iba a quedar el silencio de la casa a la que no iba a volver hasta dentro de unos diez días. Adelante, había una posible broma burlesca, un seguro reproche, una mirada de desilusión disimulada que iba a traspasarme como una lanza.

Entre una cosa y otra, ocurrió esta frenada brusca, un golpe súbito y seco. 

Ilusiones luminosas que tenía hacía minutos nomás, ahora languideciendo enfermizas y agonizando.

Momentos así, triviales o no, se resuelvan o no, son imborrables.



martes, 28 de abril de 2026

Mujer del vestido floreado


Creo que para que el verano sea verano, debe haber, en alguna calle de algún lugar, una mujer con un vestido floreado.

Y allí estaba ella, ese diciembre de verano recién estrenado. Viento fuerte del este había, tibio y murmurando entre las hojas de los arces en la vereda. El vestido no era llamativo pero sí muy elegante. Y floreado.

Tal vez esperaba a alguien, aunque parecía en todo caso querer orientarse. Al borde de la calle, en la mitad de una cuadra apacible, buscó en su bolso y dejó ver una libreta de tapas verdes. La abrió y leyó. Miró la calle, la numeración de las casas. 

De pronto me vio. Era de los pocos a esa hora, casi nadie había. Sonrió y me pareció que hacía ademán de querer preguntarme algo, entornando los ojos. Volvió a su libreta, sin embargo.

Pronto pasé a su lado. Volvió mirarme sin prestarme atención esta vez. Hice una especie de saludo, por cortesía, inclinando la cabeza.

En la esquina, saludé a Fermín, el mozo del café. Sobre la avenida tomé un taxi, estaba llegando tarde.

Cuando volví ya casi no había luz, eran como a las 7 y media, y me había demorado caminando unas cuadras por la avenida. Llegué al bar y pensé en entrar y tomar algo. Pero la vi.

En una de las mesas del fondo del local, cerca del mostrador, leía un libro muy concentrada. Pensé que me estaba esperando. Una zoncera. Por alguna razón, me cohibí. Saludé sólo levantando la mano desde la puerta, para que no se oyera mi voz y me hiciera notar en el bar casi vacío y silencioso.

En la calle, me di cuenta de que empezaba a flotar una llovizna muy fina.



sábado, 25 de abril de 2026

Sólo para tus ojos




Ya dije mi sospecha de que la elucubración ingeniosa de Antonio Machado sobre la Máquina de Trovar y respecto de la "necesidad" de la aparición de una "nueva" poesía (que convidé en la entrada anterior), parece una excusa para poder citar la copla final.

Dicen que el hombre no es hombre
mientras que no oye su nombre
de labios de una mujer.
Puede ser.

Es que la copla, en su substancia, desmiente buena parte de la elucubración, aunque concediéramos que  podría haber mucho de ironía en el texto de Machado.

Una nueva sentimentalidad, una nueva poesía con un sujeto, un asunto y un receptor plurales los tres, nunca podrá desplazar a ese (ese Apóstrofe, decimos en las letras) con quien dialoga el artífice.

Siempre. Porque siempre y antes de un Nosotros y un Ustedes y un Ellos, en el alma del poeta hay un , que no necesita ser el destinatario último o el tema de una composición. Pero que necesariamente es los ojos que leerán, los oídos que oirán, la emoción que sentirá, la mente que entenderá. Antes que nadie y conjuntamente con el artífice. A esa alteridad me refiero, a ese  que es constitutivo del Yo del artífice.

Y es un , una Otredad singular. No plural.

La copla lo deja claro.

¿Lo saben los lectores? No. Ni siquiera cuando el poeta lo dijera explícitamente y eso en razón del núcleo universal de la poesía, particularmente lírica pero de cualquier género literario. 

Ese diálogo se produce en una intimidad inalcanzable para el lector. A veces, hasta para el propio artífice, por el lugar espiritual donde también está la fragua de su obra.

La composición literaria es un acto personalísimo. Y es un hablar personalísimo y un decir personalísimo. Y se da en soledad.

Tal vez ese hablar a un referencial –tan inmediato como el mismo acto de la composición, en el alma del artífice– sea también una especie de ejercicio, de entrenamiento. No lo sé.

Tal vez haya alguna ulterioridad en la composición literaria, en ese hablar, en ese decir que por fuerza pide un .

Y tal vez, conjeturo, por eso mismo, el propio Machado dijo en su Retrato:

quien habla solo espera hablar a Dios un día...



 

martes, 21 de abril de 2026

Dicen que el hombre no es hombre





Una sutileza muy sabrosa (y aquí y allá discutible) de Antonio Machado. Está en el Cancionero apócrifo de Juan de Mairena que publicó la Editorial Losada de Buenos Aires en 1943, cuatro años después de la muerte de Machado en 1939, y que es parte de la obra que se ve en la ilustración. Todos los textos tienen a la poesía como tema o telón de fondo de otros asuntos.

En este caso que dejo, conversan sobre la poesía y su futuro dos poetas de su invención. Uno de ellos, Jorge Meneses, escéptico sobre ese futuro, ha inventado una máquina para hacer poesía.

Los que tengan paciencia o interés en leer esto, creo que notarán dos cosas: 1. el humor junto con la crítica desencantada y no falta de razón, mayormente; 2. cuánto se parece aquí la dicción de Machado a la de nuestro Leopoldo Marechal en el fraseo y en la mezcla que logra de lo humorístico con las profundidades.

Y una cosa más. Muchas veces pensé que todo el desarrollo parece una excusa bien tramada para poder decir la copla final. Pero son cosas mías, no hagan caso.



Diálogo entre Juan de Mairena y Jorge Meneses. 

Mairena. - ¿Qué augura usted, amigo Meneses, del porvenir de la lírica?

Meneses. - Pronto el poeta no tendrá más recurso que enfundar su lira y dedicarse a otra cosa.

Mairena. - ¿Piensa usted?...

Meneses. - Me refiero al poeta lírico. El sentimiento individual, mejor diré: el polo individual del sentimiento, que está en el corazón de cada hombre, empieza a no interesar, y cada día interesará menos. La lírica moderna, desde el declive romántico hasta nuestros días (los del simbolismo), es acaso un lujo, un tanto abusivo, del hombre manchesteriano, del individualismo burgués, basado en la propiedad privada. El poeta exhibe su corazón con la jactancia del burgués enriquecido que ostenta sus palacios, sus coches, sus caballos y sus queridas. El corazón del poeta, tan rico en sonoridades, es casi un insulto a la afonía cordial de la masa, esclavizada por el trabajo mecánico. La poesía lírica se engendra siempre en la zona central de nuestra psique, que es la del sentimiento; no hay lírica que no sea sentimental. Pero el sentimiento ha de tener tanto de individual como de genérico, porque aunque no existe un corazón en general, que sienta por todos, sino que cada hombre lleva el suyo y siente con él, todo sentimiento se orienta hacia valores universales o que pretenden serlo. Cuando el sentimiento acorta su radio y no trasciende del yo aislado, acotado, vedado al prójimo, acaba por empobrecerse y, al fin, canta de falsete. Tal es el sentimiento burgués, que a mí me parece fracasado; tal es el fin de la sentimentalidad romántica. En suma, no hay sentimiento verdadero sin simpatía, el mero pathos no ejerce función cordial alguna, ni tampoco estética. Un corazón solitario -ha dicho no sé quién, acaso Pero Grullo- no es un corazón; porque nadie siente si no es capaz de sentir con otro, con otros... ¿por qué no con todos?

Mairena. - ¡Con todos! ¡Cuidado, Meneses!

Meneses. - Sí, comprendo. Usted, como buen burgués, tiene la superstición de lo selecto, que es la más plebeya de todas. Es usted un cursi.

Mairena. - Gracias.

Meneses. - Le parece a usted que sentir con todos es convertirse en multitud, en masa anónima. Es precisamente lo contrario. Pero no divaguemos. Hay una crisis sentimental que afectará a la lírica, y cuyas causas son muy complejas. El poeta pretende cantarse a sí mismo, porque no encuentra temas de comunión cordial, de verdadero sentimiento. Con la ruina de la ideología romántica, toda una sentimentalidad, concomitantemente, se viene abajo. Es muy difícil que una nueva generación siga escuchando nuestras canciones. Porque lo que a usted le pasa, en el rinconcito de su sentir, que empieza a no ser comunicable, acabará por no ser nada. Una nueva poesía supone una nueva sentimentalidad, y ésta, a su vez, nuevos valores. Un himno patriótico nos conmueve a condición de que la patria sea para nosotros algo valioso; en caso contrario, ese himno nos parecerá vacío, falso, trivial o ramplón. Comenzaremos a diputar insinceros a los románticos, declamatorios, hombres que simulan sentimientos, que, acaso, no experimentaban. Somos injustos. No es que ellos no sintieran; es, más bien, que nosotros no podemos sentir con ellos. No sé si esto lo comprende usted bien, amigo Mairena.

Mairena. - Sí, lo comprendo. Pero usted ¿no cree en una posible lírica intelectual?

Meneses. - Me parece tan absurda como una geometría sentimental o un álgebra emotiva. Tal vez sea ésta la hazaña de los epígonos del simbolismo francés. Ya Mallarmé llevaba dentro el negro catedrático capaz de intentarla. Pero este camino no lleva a ninguna parte.

Mairena. - ¿Qué hacer, Meneses?

Meneses. - Esperar a los nuevos valores. Entretanto, como pasatiempo, simple juguete, yo pongo en marcha mi aristón poético o máquina de trovar. Mi modesto aparato no pretende sustituir ni suplantar al poeta (aunque puede con ventaja suplir al maestro de retórica), sino registrar de una manera objetiva el estado emotivo, sentimental, de un grupo humano, más o menos nutrido, como un termómetro registra la temperatura o un barómetro la presión atmosférica.

Mairena. - ¿Cuantitativamente?

Meneses. - No. Mi artificio no registra en cifras, no traduce a lenguaje cuantitativo la lírica ambiente, sino que nos da su expresión objetiva, completamente desindividualizada, en un soneto, madrigal, jácara o letrilla que el aparato compone y recita con asombro y aplauso de la concurrencia. La canción que el aparato produce la reconocen por suya todos cuantos la escuchan, aunque ninguno, en verdad, hubiera sido capaz de componerla. Es la canción del grupo humano, ante el cual el aparato funciona. Por ejemplo, en una reunión de borrachos, aficionados al cante hondo, que corren una juerga de hombres solos, a la manera andaluza, un tanto sombría, el aparato registra la emoción dominante y la traduce en cuatro versos esenciales, que son su equivalente lírico. En una asamblea política, o de militares, o de usureros, o de profesores, o de sportsmen, produce otra canción, no menos esencial. Lo que nunca nos da el aparato es la canción individual, aunque el individuo esté caracterizado muy enérgicamente, por ejemplo: la canción del verdugo. Nos da, en cambio, si se quiere, la canción de los aficionados a ejecuciones capitales, etc., etc.

Mairena. - ¿Y en qué consiste el mecanismo de ese aristón poético o máquina de cantar?

Meneses. - Es muy complicado, y, sin auxilio gráfico, sería difícil de explicar. Además, es mi secreto. Bástele a usted, por ahora, conocer su función.

Mairena. - ¿Y su manejo?

Meneses. - Su manejo es más sencillo que el de una máquina de escribir. Esta especie de piano-fonógrafo tiene un teclado dividido en tres sectores: el positivo, el negativo y el hipotético. Sus fonogramas no son letras, sino palabras. La concurrencia ante la cual funciona el aparato elige, por mayoría de votos, el sustantivo que, en el momento de la experiencia, considera más esencial, por ejemplo: hombre, y su correlato lógico, biológico, emotivo, etc., por ejemplo: mujer. El verbo siempre en función en las tres zonas del aparato, salvo en caso de sustitución por voluntad del manipulador, es el verbo objetivados el verbo ser, en sus tres formas: serno serpoder ser, o bien esno espuede ser, es decir, el verbo en sus formas positiva u ontológica, negativa o divina, e hipotética o humana. Ya contiene, pues, el aparato elementos muy esenciales para una copla: es hombre, no es hombre, puede ser hombre, es mujer, etc., etc. Los vocablos lógicamente rimados son hombre y mujer; los de la rima propiamente dicha: mujer y (puede) ser. Sólo el sustantivo hombre queda huérfano de rima sonora. El manipulador elige el fonograma lógicamente más afín, entre los consonantes a hombre, es decir, nombre. Con estos ingredientes el manipulador intenta una o varias coplas, procediendo por tanteos, en colaboración con su público. Y comienza así:

Dicen (el sujeto suele ser un impersonal) que el hombre no es hombre.

Esta proposición esencialmente contradictoria la da mecánicamente el tránsito del sustantivo hombre de la primera a la segunda zona del aparato. Mi artificio no es, como el de Lulio, máquina de pensar, sino de anotar experiencias vitales, anhelos, sentimientos, y sus contradicciones no pueden resolverse lógica, sino psicológicamente. Por esta vía ha de resolverla el manipulador, y con los solos elementos de que aún dispone: hombre y mujer. Y es ahora el sustantivo nombre el que entra en función. El manipulador ha de colocarlo en la relación más esencial con hombre y mujer, que puede ser una de estas dos: el nombre de un hombre pronunciado por una mujer, o el nombre de una mujer pronunciado por un hombre. Tenemos ya el esquema de dos coplas posibles para expresar un sentimiento elementalísimo en una tertulia masculina: el sentimiento de la ausencia de la mujer, que nos da la razón psicológica que explica la contradicción lógica del verso inicial. El hombre no es hombre (lo es insuficientemente) para un grupo humano que define la hombría en función del sexo, bien por carencia de un nombre de mujer, el de la amada, que cada hombre puede pronunciar, bien por ausencia de mujer en cuyos labios suene el nombre de cada hombre.

Para abreviar, pongamos que el aristón nos da esta copla:

   Dicen que el hombre no es hombre

mientras que no oye su nombre

de labios de una mujer.

Puede ser.


Este puede ser no es ripio, aditamento inútil o parte muerta de la copla. Está en la zona tercera del teclado, y el manipulador pudo omitirlo. Pero lo hace sonar, a instancias de la concurrencia, que encuentra en él la expresión de su propio sentir, tras un momento de reflexión autoinspectiva. Producida la copla, puede cantarse en coro.

En el prólogo a sus Coplas mecánicas hace Mairena el elogio del artificio de Meneses. Según Mairena, el aristón poético es un medio, entre otros, de racionalizar la lírica, sin incurrir en el barroco conceptual. La sentencia, reflexión o aforismo que sus coplas contienen van necesariamente adheridos a una emoción humana. El poeta, inventor y manipulador del artificio mecánico, es un investigador y colector de sentimientos elementales, un folklorista, a su manera, y un creador impasible de canciones populares, sin incurrir nunca en el pastiche de lo popular. Prescinde de su propio sentir, pero anota el de su prójimo y lo reconoce en sí mismo como sentir humano (cuando lo advierte adjetivado en su aparato), como expresión exacta del ambiente cordial que le rodea. Su aparato no ripia ni pedantea, y aun puede ser fecundo en sorpresas, registrar fenómenos emotivos extraños. Claro está que su valor, como el de otros inventos mecánicos, es más didáctico y pedagógico que estético. La Máquina de Trovar, en suma, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir, mientras llegan los nuevos poetas, los cantores de una nueva sentimentalidad.



lunes, 20 de abril de 2026

EL espinel (II)




Hace más de un mes recorrí una parte del espinel en el que se enhebran asuntos políticos que no varían demasiado desde hace casi un año. Ni en estas pampas ni en el orbis terrarum. Y ahora toca continuar un poco más ese recorrido.


3. Peronismo para todos.

El año pasado, observaba que el peronismo padecía una creciente licuación y una visible falta de figuras representativas. ¿Quién es "el peronismo"?, ¿cuál es el "verdadero" peronismo?, preguntaba. Decía también, en esos días, que detectaba sólo dos voces que por entonces hablaban incansablemente, curiosamente ambos de alguna manera desde "afuera": Guillermo Moreno y el neocandidato Martín Ayerbe. Hoy, no solamente hay más lenguas que hablan lenguas parecidas, sino que la suerte de ambos es difusa. Y más la del segundo que la de Moreno que, desde hace unos meses en otro contexto, sigue la misma línea que veía proclamando pero ahora mezclado con una aparición de candidatos peronistas más oficiales y variopintos. De hecho, Martín Ayerbe –por ahora, al menos– sigue "por afuera" del peronismo "oficial", siempre con su propuesta principal de criollismo, estado empresario e industria para la defensa.

¿Qué cambió desde octubre del año pasado? ¿Cuál es ese nuevo contexto? Simple: desde las últimas elecciones legislativas a hoy, el gobierno lo hizo posible, Milei lo hizo posible. No fue mérito del peronismo, en realidad. La mezcla de disparates oficiales, corrupciones reales y presuntas, la mala praxis económica y el mal humor social sorda y lentamente creciente (más allá del aprovechamiento que hacen de estas cosas las izquierdas periféricas, siempre atentas, con mejor o pero suerte futura), hicieron su trabajo y le dejaron espacio a un "volveremos" que está buscando un sujeto para ese verbo.

De hecho, oportuno y un poco a las apuradas, el peronismo frenéticamente busca aglutinarse a como dé lugar. El problema es que los nombres del menú son..., precisamente, los nombres del menú. Nombres que en estos dos últimos años no lograron atraer sino más bien al contrario, fueron corridos del podio en las urnas y en la calle. Fue preciso que los libertarios desbarrancaran para volver a tener un lugar en el escenario. Más aún: hay gentes en el peronismo que en un tiempo estuvieron en el centro de la escena peronista, se fueron a tomar sol a la vereda de enfrente y volvieron por la ventana. Miguel Pichetto es el caso emblemático, ahora parejero de Guillermo Moreno. Sergio Massa tejiendo en las sombras, hasta La Cámpora sentada a la mesa, Axel Kiciloff que no decide si será o no será, o si lo dejará ser el peronismo o no, Cristina Fernández como telón de fondo (y bolilla negra de cualquier armado de oportunidad), Juan Grabois haciendo de enfant terrible, Emilio Monzó o Juan Manuel Olmos yendo y viniendo de una tribu a otra. Y siguen las firmas, porque estas menciones son solamente a vuela pluma.

Queda bien decir que no es cuestión de nombres sino de "proyecto", que no es hora de candidaturas (aunque cuantas más mejor, dicen para afuera...), sino de unirse en torno a consensos e ideas. De tener un programa para ofrecerlo como alterno.

Sí, claro. Como digo: queda bien decirlo. Pero los tejedores no se lo creen, de modo que los que los vemos tejer no tenemos por qué creerles.

Nadie como el peronismo sabe que el poder tiene una sola silla y sigue siendo una máxima que el que gana gobierna; el que pierde acompaña.

Y aparte sumemos el hecho de que el votante no vota programas o proyectos: "si decía lo que iba a hacer, no me votaban", Carlos Menem dixit. La Argentina no es Suiza. Acá se votan nombres, paradigmas, jefes, caudillos, emblemas, conductores, orgas. Acá se pelean con uñas y dientes los lugares en las listas y las candidaturas. Así sean unos piratas o unos mamarrachos con programas deleznables y delirantes. Así ganó Milei las elecciones en 2023, no por lo que proponía. Él era en ese momento "lo otro" era "otro" y la masa basculante eligió "lo otro", eligió a "otro", más contra algo que a favor de algo. 

El peronismo se enfrascará –ya arrancó hace un rato– en un concilio de propuestas, autocríticas, mea culpas, oír las urnas, no volver a equivocarse, volver a las fuentes o lo que sea. Tendrá que definir temas que lo escuece (y no de ahora) como, por ejemplo, cuán socialdemócrata o progre, cuán globalista o multipolar; cuán capitalista social o colectivista, cuán de izquierda o de derecha, cuán frentista o endogámico quiere ser o aparecer siendo. Y sobre todo, ahora más que nunca, cuánto se recostará en China o en Rusia o en EE.UU. o en Hispanoamérica. De hecho es lo que están discutiendo también (porque no hay que olvidar la consigna de Perón sobre que la verdadera política es la internacional, no la electoral...). Y esto porque en un mundo tan centrípeto hay que sortear remolinos tragadores o  zambullirse en ellos por conveniencia o por convicción. Habrá roscas, recorridas del espinel de los gobernadores, intercambios, "consensos" o como se quiera llamar a las giras provinciales (o internacionales, como las de Massa o Kiciloff). Estar en todas partes, hablar con todos. O con casi todos. Largas tenidas, hectolitros de café o mate. Asados, ravioladas, pizzas o sanguchitos. También para definir "repartos" y cajas", claro que sí, qué no ni no, diría un oriental.

Sí. Pero nada cambia el hecho central de esta hora: Milei parece que se desintegra aunque siga cantando a los gritos urbi et orbi; la economía se resquebraja y a su paso va destrozando cosas que importan mucho y que no son sólo económicas o financieras; la corrupción desfachatada, torpe y cínica ya desnuda al rey a la vista de todos; las cuitas de palacio ya hartan pero a la vez se devoran la gobernabilidad; la gente está caliente; los números y guarismos se caen... por el ascensor (no por la escalera). Es decir, sumando y restando: el poder parece ir quedando vacante. La trama cultural y espiritual de la sociedad se deshilacha, las almas se vacían, lo que importa no importa, la violencia se enloquece en las calles, en los colegios, en los discursos. Para peor, Trump se levantó con fiebre y le va a durar por lo menos hasta noviembre. E Israel no va a servir mucho para make Argentina great again, sino que va a servir para lo opuesto.

El peronismo lo sabe y mientras desempolva la cuestión de partido o movimiento para dirimir los límites de las tribus, manda a la tintorería las ropas de jurar un cargo.

Estuve oyendo hace unos días algunas de las primeras emisiones de un programa partidario que se emite por un sitio llamado Lugano TV. Hay unas tenidas de veras interesantes de un sector muy delineado del peronismo. Allí Ayerbe, Moreno, Lirola, Duzdevich, Cortaberría, Biondini César y otros, exponen sus líneas más o menos convergentes. Es verdad que no necesariamente son parte del menú de "estrellas de primera magnitud", con voz y voto en el PJ, de las que salen en las tapas de los diarios grandes. Pero no cejan por eso. Con todo, detalles interesantes hay en los comentarios a las emisiones: la interna entre los seguidores de Ayerbe y Moreno, por ejemplo, arde por momentos. Por caso, entre aplausos o abucheos, "sionista" es alguno de los varios motes que le cuelgan al ex secretario de Comercio en la sedicente "década ganada".

Por último, en términos más generales, en varios discursos peronistas me llamó la atención cierta compulsión de algunos de ellos por la marca "Nacionalismo" y por la apropiación de la marca y la autoproclamación como "verdadero" nacionalismo. Cosas de marketing político, entiendo, aunque, por otra parte, nada extraño ni nuevo en el peronismo: "la Argentina es peronista", "el pueblo es peronista" "hay dos clases de argentinos: los peronistas y los que todavía no saben que son peronistas", en frase humorosa de Guillermo Moreno, y cosas así.

Claro que no es lo mismo decir que, si acaso, el peronismo es nacionalista, que decir que el auténtico (¿y único?) nacionalismo es el peronismo.

El cinismo de Borges es molesto, casi siempre, pero capaz que queriendo o sin querer no andaba muy errado con eso de que "los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles".

Con todo esto dicho, y si antes no aparece algún criollo en esta tierra a mandar, es muy probable que el próximo turno de gobierno les toque a ellos. A algunos de ellos, quiero decir.



jueves, 9 de abril de 2026

Soneto carta

 

El día está frío y el otoño en flor.
La lluvia pasa, el pasto verdecido
ya ha cubierto este llano humedecido.
Tus manos conservaron su color.

Hay un nuevo zorzal. Un atrevido
canto que hiere suave. Un resplandor 
parece tu figura. En un temblor
del ramaje del ceibo, he visto un nido.

Ya hay los fuegos primeros. Por la tarde,
cabalgo hasta ese monte que decías
que parece un castillo, o hasta el vado.

Con tu ausencia me siento tan cobarde.
Me refugio en rincones de tus días.  
Y sigo siendo tuyo, enamorado.


 

martes, 7 de abril de 2026

Soneto fiesta


Un vino añejo y su sabor de altura.
Bebemos esa pócima inocente
y una mirada como adolescente
nos llama y nos conjura.

De guirnalda, tu estrella reluciente
nos tiembla su blancura
en medio de la noche, en la espesura
de un robledal que silba suavemente.

Una alegría clara
nace y celebra azul, nos va cantando
como si el mismo cielo nos cantara.

Y el cielo va callando.
Sólo es esta, mujer, y sólo es esta
la gracia de la noche de esta fiesta.




lunes, 6 de abril de 2026

Soneto mar


Estaba enfrente el mar y parecía
una estepa plomiza y revoltosa,
guerreando con el viento. Era una cosa
inmensa, sola, triste en su porfía.

Estaba con su espuma rumorosa
azotando la piedra en que rompía,
y una gaviota osada se reía
rasante de su furia estrepitosa.

Estaba el mar y tu canción, el cielo,
una arena tajante, una salada
solemnidad erguida en el oleaje.

Y yo. Y un corazón domando el celo.
Y una pasión tan honda. Y tu mirada. 
Y tu fidelidad. Y tu lenguaje.



sábado, 4 de abril de 2026

Soneto espejo


Es mirarse y saberse siempre visto
por la mirada que nos ha mirado
con ojos de cristal que han revelado
la noticia punzante de que existo.

Es saber sin mirar que ser amado
es descubrir en paz en qué consisto,
y al saberlo saber que te conquisto
con sólo ser lo que al mirar me has dado.

Y, al vernos, espejar nuestro cortejo
mutuo. Y saber que el brillo del reflejo
es la alegría que jamás termina.

Esa es la luz que ardiendo te ilumina
y me inunda de luz frente al espejo
que sentencia que a amarte me destina.




viernes, 3 de abril de 2026

Soneto tiempo


Sólo cuenta este día, cada instante,
no hay años que contar en nuestra cuenta.
Tu corazón amando documenta
apenas lo que queda por delante.

No importa si la vida pasa lenta,
no hay memoria que hiera lacerante.
Mi corazón amando es tan amante,
amando siempre con amor que aumenta.

No cuentan los recuerdos para amar:
el amor siempre vive de esperanza
y goza quietamente cuando alcanza,

sin tiempo y caminando sobre el mar,
el final del camino que, al llegar,
me hace uno contigo en semejanza.


 

miércoles, 1 de abril de 2026

Soneto paloma


Celebro el día en que forjé tu nido.
Lleva meses el cielo en el follaje
y es cada vez más dulce. Mi lenguaje
es más tu arrullo y tiene más sentido.

Por ese ser paloma, tu paisaje
es todo lo que tengo conocido.
Por ese ser paloma me has vencido
y voy de mí hasta ti en peregrinaje.

Vuelo que aroma el aire tibiamente,
nido que alumbra con su luz la fuente:  
siempre paloma, sí, siempre paloma...

Corazón de paloma confidente,
suspiran las palabras de tu idioma
una verdad de puro amor valiente.