jueves, 20 de junio de 2024

Sucias banderas




Teléfono para Javier Milei (y para otros gansos..., me refiero a los conservadores, se entiende): no hay nada nuevo bajo el sol.

Los que deberían saber historia y no la saben como deberían, conviene que vuelvan a los libros y releer la historia argentina, al menos nuestras cosas políticas entre 1852 y 1912.

Ahora bien, los que están fascinados con las antiguas "novedades" políticas y económicas de 2024, y que deberían saber historia porque les "interesa" la historia, y que además y para peor se han criado a la sombra del revisionismo mayormente, diría que o son apóstatas o son miopes o no les interesan los hechos y sólo repiten consignas como... gansos.

Por las dudas no lo conozcan, y para que lo conozcan, dejo aquí un par de fragmentos tomados de El medio pelo en la sociedad argentina, un clásico de Arturo Jauretche (foto der.) de hace unos 60 años. que dejó en enlace al pie de esta entrada.

El primer párrafo se refiere a la llegada del conservador Manuel Quintana (foto izq.) a la presidencia, en 1904. La muerte, en 1906 a sus 70 años, se apiadó de la Argentina y acortó su mandato. No es el único ni era muy brillante, pero este petimetre, casi súbdito del British Empire, hizo bastante para que se consolidara en ciertas mentalidades un modelo que ahora se promueve como una novedad revolucionadora (que no revolucionaria...), haciendo "pan de hoy con harina de ayer", diría mi madre, gente de campo.

Quizá una de las páginas más tristes de la historia argentina es aquella entrega de la banda y el bastón que el general Roca hace al nuevo presidente Quintana. Es el mismo Quintana abogado del Banco de Londres y América del Sud que habla amenazado al ministro de Relaciones Exteriores de Avellaneda, Bernardo de Irigoyen, con movilizar la escuadra inglesa por un incidente bancario en el Rosario.

Esos eran sus títulos, y los de gran señor con su atuendo londinense, su oficio y filiación política mitrista que definen su ideología.

Abelardo Ramos (Op. Cit. Tomo II)* nos relata el episodio:

Rodeado de un puñado de amigos y con un velo melancólico en sus ojos saltones, el general Julio Argentino Roca entregaba las insignias del mando al Dr. Manuel Quintana, con su perilla blanca, retobado y despreciativo, enfundado a presión en su célebre levita.

... El mandatario saliente pronunció algunas banales palabras de cortesía. Quintana contestó al ceñirse la banda presidencial: “Soldado como sois, transmitís el mando en este momento a un hombre civil. Si tenemos el mismo espíritu conservador, no somos camaradas ni correligionarios y hemos nacido en dos ilustres ciudades argentinas más distanciadas entre sí que muchas capitales de Europa”. En esta respuesta desdeñosa, Quintana componía su autorretrato: se había sentido siempre más próximo a Londres que a Tucumán. Su alusión al común espíritu conservador no era menos que transparente: comprendía perfectamente el íntimo sentido de la declinación del roquismo y su incorporación al “statu quo” de la oligarquía triunfal.

Del soldado de Pavón, la Guerra del Paraguay, Santa Rosa y la Conquista del Desierto al estanciero de “La Larga”. Lo que no pudieron las armas lo hizo la estancia. Continuaría su hijo el mismo camino de declinaciones que ahora se rubricaban con la traición a Pellegrini.

En su mensaje al Congreso, Quintana sería más concreto advirtiendo sobre el final de toda tentativa de economía nacional. Se imponía reducir los impuestos, ahorrar en los gastos públicos y renunciar a “ciertos excesos del proteccionismo aduanero”. El mismo autor agrega que se renunciaba a la orientación proteccionista que había sido una forma desde la presidencia de Avellaneda en 1875 y que a pesar de su moderación había permitido crear las industrias nacionales en el último cuarto de siglo de la influencia roquista. Quintana agregaría en el mensaje; “... corregir las tarifas de otras naciones y aplicarlas sobre avalúos de verdad... moderar la protección de industrias precarias si hemos de asegurar con ello la prosperidad de las industrias capitales”.

Menciona allí el autor "la traición a Pellegrini". Poco más arriba, hablando de la aparición del roquismo, había dicho Jauretche:

Pero en cambio el interior ha vencido a los portuarios y la federalización de Buenos Aires abre las perspectivas de una visión política nacional sustituyendo la exclusivamente porteña. Otro pensamiento económico que el vigente hasta ese momento acompaña a los vencedores.

Avellaneda, con la modificación de la Tarifa de Avalúos, parece volver a la política económica señalada por Rosas. Están los dos Hernández, Vicente López, Roque Sáenz Peña, Estanislao Zeballos, Nicasio Oroño, Carlos Pellegrini, Amando Alcorta, Lucio Mansilla, el mismo Roca.

Pellegrini sintetizará el pensamiento de esa generación: "No hay en el mundo un sólo estadista serio que sea librecambista en el sentido que aquí entienden esa teoría. Hoy todas las naciones son proteccionistas, y diré algo más: siempre lo han sido, y tienen fatalmente que serlo para mantener su importancia económica y política. El proteccionismo puede hacerle práctico de muchas maneras, de las cuales las leyes de Aduana son sólo una, aunque sin duda la más eficaz, la más generalizada y la más importante. Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto"

En el plano de la inteligencia política las cosas han cambiado; la generación del 80 parece no estar arrodillada ante "los apóstoles del libre cambio", como Mitre (* *), ni creer en la ineptitud congénita de los argentinos como Sarmiento. Con Roca llegan al gobierno nacional, si no la "chusma incivil" que dijo el sanjuanino, la "gente decente", los principales de provincia cuyos intereses difieren de los portuarios.

Pero todo queda en vagos enunciados teóricos. Primero la lana, después la carne y los cereales, multiplican las cifras de la exportación; el roquismo, como tentativa de grandeza nacional, se desintegra en las pampas vencido por los títulos de propiedad que adquieren sus primates, ahora estancieros de la provincia.  

*   *   *

Para algunos, lo más grave del kirchnerismo es que fue, casi in toto, corrupto, corruptor, "chorro" y envilecedor. Y eso es parte de esa tara local de ponerlo todo bajo el signo del dinero. No estoy de acuerdo. Lo más grave del kirchnerismo fue el amañamiento de la historia argentina reciente, tanto como el peronismo que lleva en la sangre creó una historia propia que tenía su cumbre en "el General" y sus ideas. La venalidad y la codicia son mucho menores que esa manipulación.

Pero Javier Milei (y su gobierno) se parece a Cristina Fernández en ese mismo amañamiento y en esa misma manipulación de la historia, ahora con un signo opuesto. Ninguno de los dos hace nada nuevo.

Esa machacona voluntad política de darle al pueblo de la nación un destino falso haciéndolo brotar de una raíz falsa, es un pecado político inmenso.

Y los imbéciles de ambos lados tan contentos viendo como tironean del cuerpo de la patria hasta descuartizarlo, para después armar un monstruo que lleva el mismo nombre de Argentina, pero no es la Argentina. 

Estos imbéciles no sé si no son tan o más culpables que los perversos que conducen esa substitución infame.


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(*) Jauretche se refiere al trabajo de Jorge Abelardo Ramos: Revolución y contrarrevolución en la Argentina, 5 tomos, 1960; un ejemplo de mezcla de criterios marxistas en historiografía aunados al denominado "pensamiento nacional".

(**) "Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y victoriosa campaña a recibir la larga y merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han postulado para mayor felicidad de los hombres”. Eso decía Bartolo Mitre, refiriéndose a la llegada de las tropas que habían participado de la masacre del pueblo paraguayo en la guerra. Una guerra que él mismo había impulsado. Otro apóstol del librecambismo, Sarmiento, decía coincidente: "La grandeza del Estado está en la pampa pastora, en las producciones del Norte y en el gran sistema de los ríos navegables cuya aorta es el Plata. Por otra parte, los españoles no somos ni industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos a cambio de nuestras materias primas”

Esas palabras de Mitre son un insulto y un deshonor para los soldados argentinos. ¿Combatir bajo la bandera del libre cambio, conducidos por los apóstoles del "libre mercado"? ¿Seguro que esas palabras no se las estaba diciendo Mitre en Londres a los soldados ingleses después de las batallas en las Islas Malvinas? Podría ser.

Javier Milei tal vez se las habría dicho. A los soldados ingleses, quiero decir. Y en Londres, claro. A él que le gusta tanto viajar por todas partes, no se hubiera perdido esa excursión para desparramar unas palabras de encomio a los apóstoles del libre cambio, orgulloso delante de Margaret Thatcher, of course, y viendo emocionado cómo flamea en lo alto the Union Jack, of course again.


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Una versión digital de El medio pelo en la sociedad argentina.

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martes, 18 de junio de 2024

¿Derecha 'furba', 'stronza' o 'naïf?





Hizo algo de ruido la operación Meloni para sacar la mención al aborto del documento de la última reunión del Grupo de los 7 mandamases, mención que sí se incluyó en anteriores documentos de esas reuniones.

La cuestión se planteó como un desafío también a Macron que viene de empujar la inclusión del aborto en la constitución francesa, inclusión que se sabe que la propia Le Pen favoreció con una propuesta y finalmente con su voto afirmativo.

En tierras pampas, la turba libertarioconservadora mileitavillarrueliana, exhibió como una heroína a Giorgia Meloni y, en una carambola partisana, dejo caer un poco de esa agua bendita sobre Milei, en esta ocasión partícipe secundario de la reunión globalista y comochancho con la Meloni.

Leí ayer un artículo de Antonio Socci en Libero, del 17 de junio pasado. Trae una argumentación extraña, según la cual lo que hoy es el PD y fuera el PC italiano, ha renegado de la posición de Enrico Berlinguer, máxima autoridad del PCI en los tiempos del '70, tiempos en los que se votó la ley del aborto en Italia, voto que el PCI militó en primera fila. 

Es tan alambicada y especiosa la argumentación de Socci para ponerle una aureola a Meloni, que llega a interpretar las palabras de Berlinguer con un aire que, cuando es menos, es naïf. A mi sabor, es simplemente mañoso.

Porque lo que dice la izquierda italiana de los '70  por boca de Berlinguer es que, simplificando: el aborto es malo, el aborto es un fracaso, no lo queremos, no lo aceptamos sino como un mal necesario. 

Pero. 

El propio Socci cita, por ejemplo, y como si fuera una clave de bóveda a favor de Meloni, palabras del líder comunista: "La ley es sólo un primer paso en el camino de la prevención y, consecuentemente, de la superación del aborto. La vida de la mujer, tanto como la del nascituro, será verdaderamente tutelada cuando se ponga por acto todo un complejo de leyes y de nuevas estructuras en todos los ámbitos de la vida social. Sólo una radical y nueva elección política y cultural podrá liberar progresivamente a la mujer de la necesidad de abortar y por eso mismo tutelar suficientemente la vida ya sea de la madre tanto como la del niño concebido..."

En la esquina del barrio, los muchachos llaman a eso que hace Socci "comerse el amague...". Y eso, digo otra vez, pensando bien de Antonio Socci. Porque el ilustrado periodista y escritor parece no advertir el sentido de las palabras comunistas cuando, astuta y sinuosamente, dicen aborrecer el aborto, aunque lo proponen, lo miltan y lo votan. Eso sí: hasta que venga la verdadera revolución cultural que, con un nuevo estado social y nuevas leyes, haga que ya no sea necesario que las mujeres aborten... porque se habrán liberado.

El esfuerzo de Socci por sostener la posición de Meloni, tirándole al PD de nuestros días con las palabras y las posiciones de la izquierda italiana de los '70, se me hace estúpido. Como suelen ser cada vez más estúpidas las apologéticas y las canonizaciones con las que las derechas liberales, libertarias y conservadoras se están enviciando. Y con las que están, ciegos que guían a ciegos, arrastrando a una manada de obnubilados.

Un detallito torpe, para terminar. Socci, al principio de su artículo, menciona al pasar la posición de Giorgia Meloni al comienzo de su mandato, cuando se definió en relación con la ley italiana 194 de fines de los '70, que es la que hace legal el aborto en la península. 

Refiere Socci que Meloni ha dicho en esa ocasión que ella no quería tocar la ley 194, esto es intentar abolirla, sino que pretendía hacerla cumplir íntegramente, incluyendo allí las partes que podrían ayudar a la mujer a tomar la decisión de no abortar.

No sé si son o se hacen. Pero, tomando el ejemplo reciente de Le Pen y trayendo las manifestaciones de Meloni ya en funciones, parece que, efectivamente, algo está podrido en la Europa de estas derechas.

Lejos, al sur, cruzando mares anchos y selvas inmensas y pampas infinitas, estas derechas, en su versión meridional, parece que no saben, no quieren o no pueden oler que su dizque batalla cultural spuzza.


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viernes, 14 de junio de 2024

Conversación




Ese día, GK amaneció agotado y su corazón deteriorado anunciaba las últimas horas. Le dieron la Extremaunción, y su amigo, el dominico Vincent McNabb, cantó junto a su cama la Salve, según el uso dominicano.
 
Cuando se retiró de su habitación, pasó junto al escritorio y, al ver la pluma con la que Gilbert escribía habitualmente, la tomó en sus manos y la besó. 

Era el 14 de junio de 1936.

*   *   *


El retrato que ven tiene, creo, unos 45 años. apenas mide 10 x 12 centímetros. Hecho en un papel cualquiera, lo usé durante bastante tiempo como señalador de sus obras. Con el tiempo, lo enmarqué para uso privado, siempre estuvo en mis cuevas.

Lo hice mientras leía alguna de sus novelas, creo que La esfera y la Cruz.
 
Y fue en esos días, porque por entonces empecé a hablar con GKCh más seriamente, a preguntarle más cosas, a oírlo con más atención. A entender mejor la constelación y la sinfonía de sus ideas. Una conversación interminable que dura todavía.

Uno conversa con muchos autores y por muchas razones. 

Pero cuando hay que hablar de cosas verdaderamente fundamentales, mi conversación es solamente con Chesterton y con Castellani. 

Como suele hacerse, debería decir que esas "amistades" son una gracia inmerecida. y haría bien en decirlo porque ciertamente lo son. 

Pero, a la vez, son tan espontáneas y naturales, me han hecho tanto desde adentro, han formado tanto de mis propias ideas y afectos, que creo que no puedo atribuirme ninguna de ellas y considerarla tan propia, que no sea algo que ellos no hayan inspirado, acompañado, corregido. Y si finalmente hay algún defecto en ellas, que hay y no son pocos, se cargan a la cuenta de un servidor. y será justicia. 

De ambos celebro y admiro el coraje y la caridad, porque en el mundo de la palabra ambas cosas existen. y vaya si existen...

Pero particularmente de Chesterton celebro y agradezco siempre su alegría honda y lúcida, su desborde de gratitud, su piedad reverente para con toda la obra del Creador. 

Y, por cierto, su esperanza en que al final triunfa, gloriosamente, Redención mediante, el propósito primero y último del Creador.



martes, 11 de junio de 2024

Planeta, patria... y "el palo" ( I I )




Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé...
, decía Discépolo hace 90 años y lo cantaba la Negra Olinda Bozán en el Teatro Maipo, el día de su estreno, a fines de 1934.

De modo que lo dicho en la nota anterior respecto del estado del planeta no solamente no varió, sino que promete nuevas calamidades. Una de ellas –que importa en las pampas– es que, precisamente, Javier Milei cree haber incidido él personalmente en el curso de la historia, a propósito de las elecciones para el parlamento de la UE y los avances de derechas de varios pelajes y con distintas gradaciones alcohólicas, según supuestas extremosidades o liberalidades de cada tribu. Lo patético es que hay un coro de ranas local que lo repite como un mantra glorioso.

Al fin y al cabo, qué pasa en Europa podría sintetizarse mal que bien en un asunto casi epitelial: Europa teme desaparecer en el sandwich geopolítico que le arman sus vecinos a levante y sus socios al poniente.

Pero eso seguirá su curso. Miremos y ya veremos.

Ahora toca atender al propio vecindario argentino.

Es difícil vaticinar dos cosas: qué deriva tomará la gestión del gobierno (si es que verdaderamente habrá alguna gestión...) y cuál será el destino del gobierno. Y aunque Javier Milei parece ilusionado con gobernar el mundo, lo cierto es que todavía le queda demostrar que puede gobernar la cocina de su casa. Como resultare esa prueba cuando suene la campana del final, lo que sí parece un hecho cierto es que le cuesta bastante gobernar sus pulsiones. 

Quienes lo atacan diciendo que su furibundia es un plan fríamente concebido y ejecutado, creo que se equivocan. Quienes lo defienden diciendo que muestra determinación y claridad en sus objetivos y en los caminos para alcanzarlos con firmeza y coherencia, creo que se equivocan igual, por lo menos igual si no más. Hasta ahora, las únicas respuestas que da a los problemas con los que se enfrenta o con los que lo enfrentan, es la puteada, el exabrupto, el enojo, la promesa de venganza, la defenestración, la amenaza. Una conducta psicótica y producto de su inconmensurable narcisismo que, viéndose contrariado, arremete contra lo que se le ha enfrentado real o supuestamente. Pero creo que por eso sus conductas son poco consistentes, especialmente cuando, antes de terminar de babear rabiosamente su puteada olímpica, manda a su mayordomo William Francos a pedir la escupidera de unos votos, de un mimo siquiera, al vecino de enfrente con el que estuvo cascoteándose hasta recién.

Hay algo extraño en esa conducta. Conjeturo alguna oscura insatisfacción raigal, alguna frustración, que por cierto no tiene relación con lo político, porque la naturaleza de lo político le es ajena. De dónde le viene es difícil de saber, aunque más que para un diagnóstico psiquiátrico, diría que es materia para un conocimiento más acabado de su vida personal y de relación.

 Alguna que otra explicación bizarra corre por los pasillos oscuros de ministerios, oficinas de información, cafés de encuentros "casuales", redacciones, oficinas de producción mediáticas, etc. (y etc. digo porque ya lo dice todo el mundo...). Pero es reconocida la prudencia hipócrita de políticos, funcionarios, opinólogos y periodistas que, con el tiempo a su favor, y ya caídos en desgracia el príncipe y su poder, cuentan "la verdadera historia" como si fuera un descubrimiento súbito o el producto de una investigación épica y arriesgada. Pamplinas hipócritas, insisto.

Suposiciones al margen, lo cierto es que, al mismo tiempo y por las mismas neuronas excitadas de Javier Milei, está corriendo su repetido análisis histórico que reparte los males y remedios históricos cada vez que tiene un micrófono adelante. Económicamente abstruso (y por ahora poco o nada eficaz, verdaderamente), ideológicamente confuso, además de pobre y lineal, Javier Milei dibuja interminablemente en una servilleta el triunfo cósmico del los libertarios redentores y del liberalismo y del mercado; y, en la otra punta (de la servilleta...), mamarrachea los monstruos rojillos del socialismo y del comunismo (es decir, de todos los que no le dan la razón y le lamen las botas libertarias), como si fueran personajes de una de terror de los viernes a la noche.

Una parte de ese discurso desquiciado y a medio cocer se oyó en la España de Sánchez, el PP y Abascal. Con lo que, con esto y otras apariciones en el vocabulario de campaña de las derechas, Milei se ha vuelto una especie de lugar común de la redención o de la condenación del planeta. Me parece "un montón", con expresión que queda bien decir hoy en el lenguaje de moda y bastardo. pero así se ve en los mentideros mediáticos y en los discursos planetarios. Lo dicho: "un montón..."

A mediados de mayo pasado, Juan Manuel de Prada decía en el ABC de Madrid: "Nada favorece tanto el ascenso de los demagogos, sin embargo, como estas machadas aberrantes de la derechita valiente", (El aberrante Milei, ABC, 19/05/2024).

Y creo que tiene razón. El politburó que encabeza Javier Milei en la Argentina es débil. Su apetito de muchedumbres que lo viven y acompañen debería tomar nota de que los politólogos griegos ya sabían hace 2.500 que las multitudes son tornadizas y femeninas en sus veleidades. Lo refrendó William Shakespeare en el acto III de su Julio César (1599), cuando en breve espacio opuso los discursos de Bruto y Marco Antonio en contra y a favor de César, ya muerto por los conspiradores. La masa vivó la justificación de Bruto, asesino, e inmediatamente, oyendo a Antonio, se enfervorizó con la venganza por la muerte de César y persiguió a Bruto para ajusticiarlo. Por lo demás, si es verdad que las muchedumbres son femeninas, Giuseppe Verdi corroboró en Rigoletto que "la donna è mobile qual pima al vento, muta d'accento e di pensiero... Sempre un amabile leggiadro viso, o in pianto o in riso è menzognero..."

Los argentinos –también muchedumbre cuando les toca...– van de decepción en decepción. Pero es verdad también que el sabor amargo y arenoso de la decepción puede ser –y suele ser en las pampas...– directamente proporcional a la ilusión mal fundada, a la expectativa nacida de razones viles o avariciosas. Esto ha pasado entre nosotros. Y pasa. Demagogos manipuladores con billetes falsos en mano, como el peronismo de los últimos gobiernos; prometedores de beneficios que seducen proclamando no defraudar y que al segundo estafan la esperanza esclavizando y empobreciendo, como el peronismo liberal de otros gobiernos; mentirosas lluvias de inversiones amarillas y pragmáticas que nunca llegan pero que ilusionan a los ávidos de mejores ganancias y de bienestar inarrugable y perpetuo, para vivir en un país que respete las reglas de juego, es decir otra vez, las ventajas del zorro libre en el gallinero libre. 

La Argentina: país del Plata y de...la plata, decía el padre Castellani. Los orígenes contrabandistas del Plata, esa admiración cholula por los ricos y poderosos del mundo, ese desprecio por el criollo austero o trabajador, ese usufructo infame del "cabecita negra" como una fuerza resentida. Hebras que se mezclan en el tejido del alma nacional y la envilecen. 

Y que, finalmente, explican el podio de Javier Milei. El podio al que también lo subieron los que, sin pudor, justifican el desprecio por lo que hasta hace 20 minutos pedían que fuera eterno (o eterna...).

Pero, tal y como se ve, Javier Milei le está haciendo a la patria el peor servicio: resucitar a los inmortales muertos vivos. Y a los vivos inmortales que apenas si resucitan porque sólo mudan de piel y nunca mueren.

No le echemos la culpa a Javier Milei y a su corte de los ¿milagros?

Él sólo representa a los que le dieron mandato. Cuando ellos se aburran de sus miserias (hablo de las de ellos, de las que Milei les haga padecer, no hablo de las miserias de Milei, de las que se olvidarán pronto...), buscarán un nuevo viejo capitán que tome el timón de una nave otra vez, cada vez, escorada y a la deriva.

Eso sí: habrá o no promesa de "batalla cultural", habrá o no promesa de "libertad para todos los argentinos", habrá o no habrá cualquiera de esas promesas que son patrañas encantapapanatas. En definitiva, al final, eso es lo de menos. 

Lo que parece que tiene que haber para que el nuevo pirata sea de pronto la nueva reina de la primavera, es, sí o sí, algo que suene a plata, venga de la mano de Adam Smith o del plan quinquenal de Stalin o de la justicia social (o lo que sea que Perón entendía por eso...). 




viernes, 7 de junio de 2024

La rehén militante

 




En agosto de 2004, dejé en la bitácora dos notas sobre un poema del guipuzcoano Gabriel Celaya, que está en su poemario Cantos Íberos, de 1955.

En primer lugar, las repito porque parte de eso se ha perdido, como el comentario que había anunciado, por ejemplo. Tuve que hacer uno nuevo y lo dejo al final.

Pero también porque viene a cuento ahora y –aunque puede ser inútil el empeño– porque creo que de todas maneras hay que volver sobre el asunto. Que Gabriel Celaya sea un autor "de izquierdas" no significa que lo que digo aquí no se aplique a otros que no lo son. Porque tomar a la Belleza y a la Poesía de rehén no es patrimonio de las izquierdas.

*   *   *   * 

( I )

Releí en estos días a un poeta que me gusta y no me gusta del todo.

Y ambas cosas, tal vez, por algunos versos de estos versos.

La poesía es una arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.


Son del español Gabriel Celaya, y de la década del '50.

Alguna vez los oí cantados por Paco Ibáñez, en un disco grabado en vivo allá por la década del '70, cuando estaba de moda cantar poesía revolucionaria en el Olympia de París (pronúnciese Olimpiá, que queda mucho mejor...)

¿Se habrá enterado el 'pueblo' de estos esfuerzos de la cultura revolucionaria?

¿Traducirán algo tan 'popular', tan 'necesario' al 'pueblo'?

¿No será que hay que cambiar al 'pueblo' primero para que esta proclama lo proclame y en ella el 'pueblo' se sienta proclamado?

Pero, si primero hay que cambiar al 'pueblo' de tal manera que entienda y guste esta poesía escrita para el 'pueblo', ¿por qué hay que elegir necesariamente esta versión de 'pueblo'?

Por ahora solamente los copio. Pero estos versos –y el prólogo que el autor le escribe a su tomo Poesía Urgente– merecen algún comentario. Y no solamente preguntas (sí, sí... hasta yo me doy cuenta de que estas 'preguntas' bien pueden ser un comentario.)


*   *   *   *

( I I )

Del prólogo que Gabriel Celaya escribe a su propia antología Poesía Directa:

"...como toda etapa sólo en función de las que le precedieron adquiere su pleno sentido, diré sintéticamente que mis primeros pasos fueron los del surrealismo y que pasé después por una fase de prosaísmo existencial, como primer trámite para llegar a una poesía que, a una con otros compañeros de promoción, juzgué necesario escribir, en manifiesta reacción contra Juan Ramón Jiménez, para 'la inmensa mayoría'. En principio, apear el lenguaje, reivindicar lo humano contra lo precioso y hablar de lo que todo el mundo habla en la calle, sin hacer ascos y sin ponerse de puntillas, parecía suficiente. Pero no lo fue. Aunque uno no lo quisiera seguía siendo un minoritario. Y la buena acogida de la crítica en nada remediaba esto.

En 1951, cómo prólogo a una selección de poemas (...) escribí entre otras cosas 'la Poesía no es un fin en sí misma. La Poesía es un instrumento entre otros para transformar el mundo'. Lo dije con pleno conocimiento, pero en aquella época aún no me daba cuenta de todo lo que esto implicaba, aunque era evidente..."

Y un fragmento más, todavía...:

"El acceso a esa 'inmensa mayoría', sin la cual nuestra poesía no será nada, salvo bizantinismo, no puede lograrse con una revolución literaria. Los recursos técnicos, y en especial la posibilidad de hacer audibles y no sólo legibles, nuestros versos gracias a medios como el micro, el alta voz, la radio, etcétera, son sumamente importantes y están llamados a revolucionar una literatura que venimos concibiendo desde el Renacimiento bajo el signo de la imprenta, que es como decir de la lectura a solas. Pero hay algo aún más importante. Se trata del acceso a la Cultura de capaz sociales que hasta hace poco han vivido en estado de pura naturaleza, pero que ya empiezan a llamar sordamente pidiendo otra vida. Sólo en la medida en que el poeta sepa responder a esta demanda, logrará crear un público más vasto, y algo más que un público. Pero sería ilusorio confiar sólo en los recursos literarios. Para salvar la poesía, como para salvar cuanto somos, lo que hay que transformar es la sociedad. Y a esto debemos consagrarnos con todo y, por de pronto, si damos en poetas, con la poesía como arma cargada de futuro."


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Hasta ahí lo de hace 20 años.

Vengamos a hoy con un comentario sobre esos apuntes.

Si uno va a decir algo que está mal decir, ¿debe decirlo lo mejor que pueda? Difícil asunto.

Mejor que no lo diga, de modo que no haga daño. ¿Y hace más daño si está mejor dicho? En realidad, por un lado sí. Por otro lado no. Se dirá que al menos no violenta el arte. Y en cierto sentido es verdad. 

Pero, ¿y si de ese modo encadena el arte a un propósito subalterno, y si ese propósito hace que el arte se prostituya para ser esclavo de una ideología y para peor torcida y hasta perversa? ¿Y si el arte pone su capacidad de sugestión, de persuasión y conmoción, bajo el yugo de una idea torcida y un fin errado? 

'La Poesía no es un fin en sí misma', dice Celaya. Y está equivocado. Porque lo él llama "un fin en sí misma" significa que para él el fin de la poesía es militar una idea y una acción, y que, fuera de eso, está maldita. Por él mismo, tal como lo dice en sus versos. Porque entiende que la poesía es una arma. 

'Lo que hay que cambiar (con la poesía como arma cargada de futuro) es la sociedad', dice. Pero la poesía no es una arma. Es exactamente lo opuesto. La poesía es canto y canto no sujeto al bien del que canta. Porque en el arte lo que que importa primero es un esplendor de aquello cantado. Un esplendor que el que canta percibe, que lo ilumina a él primero. Un esplendor que, captado, ilumina a quienes oyen el canto.

La poesía es, antes que cualquiera otra ulterioridad, una proclamación, no una proclama. Y esa proclamación está, antes que cualquier otra ulterioridad, al servicio de la belleza. Si eso se vuelve artificio mero, para que sea más eficaz la proclama, se vuelve un fraude. Se prostituye.

Ya Lenin decía a sus seguidores que cada cama debía ser una trinchera en la que se enterrara el amor. Y  sugería de ese modo que el mismo acto sexual debía volverse un acto revolucionario, la erosión de la imagen "burguesa" del amor. En el lecho debía morir el amor. Y la familia, claro. Todo en favor de la revolución, claro.

Pues Celaya dice algo análogo. La poesía es compromiso, dice. Y lo falso en su concepción es, por lo pronto, la razón de ser de ese compromiso y, también, aquello con lo que la poesía debe comprometerse.

Esa proletarización a la que empuja su 'poesía-herramienta', pide 'actos'. 

Pero la poesía es lo opuesto: es, antes que nada, contemplación. En el artífice, primero. Y en quien la recibe, después. Porque su fruto no es la acción: precisamente, es la contemplación.

Pero la mera y constante indignación dialéctica no puede celebrar: porque el caos es para esa indignación la matriz del mundo que la acción revolucionaria debe ordenar. La poesía será el instrumento que deberá poner los pies del hombre en el camino revolucionario de los indignados, será su respiración en la marcha, será la luz que guiará sus pasos en la noche de la historia caótica e injusta. Como las luciérnagas que los soldados del Vietcong llevaban en sus espaldas, para guiar a sus camaradas en sus marchas nocturnas por la selva indochina.

Entonces, será maldita la poesía de aquellos a quienes llama 'neutrales', pero eso se dice cuando se piensa que la contemplación es 'un adorno'. Porque debe tomarse 'partido hasta mancharse'. De otro modo, sin la mancha del compromiso social y político, el poeta estará manchado y su poesía estará maldita. Porque su única redención es la 'poesía para el pobre'. Un 'pobre' que debe ser la carne revolucionaria.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

Y sí: el poeta revolucionario y comprometido debe usar la 'técnica' porque debe calcular qué puede hacer para 'provocar nuevos actos'. 'Ingeniero del verso', 'obrero' que debe 'trabajar' la sociedad en la que vive para ofrecerle un orden nuevo, a punta de poesía, que será, debe ser, el 'arma cargada de futuro expansivo' con que le 'apunte al pecho'.

Y el artífice poeta será artífice de un mundo nuevo colectivo, del que él mismo es creador 'dando vida', y también profeta del futuro y hasta redentor, haciendo suyas sus faltas, sintiendo en sí a cuantos sufren.

Así, entonces, la poesía está llamada –y conminada– a ser la seductora de los que deben subirse a la marcha comprometida, la que los mueva y les insufle rabia y vigor para que sean parte de 'lo unánime y ciego', engranajes del motor de la historia que fatalmente ocurrirá con la lucha de los indignados.

Hebras de verdades rengas, reflejos rutilantes en imágenes potentes. Claro que de eso hay en estos versos de Celaya. Y muchos de sus versos son 'buenos versos' y su arte no es pobre y tiene recursos.

Con lo que volvemos a aquello de que si uno va a decir algo que está mal decir, ¿debe decirlo lo mejor que pueda?

Y vuelvo a decir que, en algún sentido, sí. 

Al menos en el sentido de que, si hay que enfrentarlo, es mejor enemigo el enemigo que conoce el arte de la guerra. Hasta es más digna la victoria sobre quien sabe pelear. Porque lo que está mal escrito, lo que es un refrito de lugares comunes efectistas, se queda en la puerta de cualquier discusión, del lado de afuera.

Y por eso, la canción testimonial que Paco Ibañez hizo con estos versos y que testimonialmente también cantó Joan Manuel Serrat –ambos para dar fe de su compromiso, porque los '70 eran tiempos para exhibirse comprometido–, es con mucho un oponente más digno que, por traerlo a las pampas, una canción 'comprometida' de León Gieco, o de Víctor Heredia, o de Ignacio Copani, o de Teresa Parodi.

Calidades aparte, Celaya y todos ellos, sin embargo, llevan sobre sus hombros el peso de una prostituida rehén militante: la poesía, tal como la usan y para lo que la usan.





miércoles, 5 de junio de 2024

Tontos




Hace más de 20 años que debería haber hecho este pequeño trabajo y no sé por qué no lo hice antes.

Y tampoco sé por qué ahora se me dio por atacarlo. O sí sé pero explicarlo no vale mucho la pena.

En 2002, el Profesor Jean Lauand de la Universidad de San Pablo, en Brasil, publicó en Madrid un ensayo que siempre me pareció simpático y oportuno: La tontería y los tontos en el análisis de Tomás de Aquino (CIC. Cuadernos de Información y Comunicación, número 007 - Universidad Complutense de Madrid, España pp. 37-43).

Todas las citas, como trabajo académico que es, están en latín. Y eso le dificulta a un público más general la lectura de esas menos de 10 páginas, muy aprovechables, diría. 

De modo que llegó el tiempo de hacer el trabajucho de traducir las citas y poner a disposición esta versión que dejo aquí del valioso trabajo de Lauand, sin violentar en nada el escrito, salvo por el agregado de una modesta y benévola colaboración de un servidor. Me tendrá que disculpar el autor.

Siempre será útil saber algo más sobre la estupidez de los hombres, respecto de las cosas de este mundo y de las cosas del Reino. Siempre. Y aunque no hay tiempo en que pueda decirse "en estos días más que en otros", lo cierto es que a mi juicio es más útil "en estos días más que en otros". 

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El artículo original del Prof. Lauand: La tontería y los tontos en el análisis de Tomás de Aquino.

El artículo con traducción de las citas: La tontería y los tontos en el análisis de Tomás de Aquino (con traducciones).

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lunes, 27 de mayo de 2024

Planeta, patria ...y "el palo" ( I )





Mucho anda sonando la palabra mundo y la palabra historia como tiempo de este mundo.

Entonces tal vez sea cosa de echarle una mirada a lo que podría ser una irrupción significativa.

*  *  *

El planeta cruje por varios lados y una consecuencia bastante evidente de esos descalabros que lo sacuden es, muy probablemente, la confusión y el desasosiego de muchos, especialmente de quienes no saben o no entienden qué está pasando. Y temen. Hay gentes más o menos de a pie que creen entender las líneas cruzadas de este tiempo, pero ni siquiera ellos parecen cómodos con sus propias explicaciones limitadas e insuficientes. Es bastante claro que hay más preguntas que respuestas. Y que quienes tenían paradigmas parecen ya no tenerlos, o dejado al costado del camino, u olvidado o, simplemente, ansían alguno que les calme su ansiedad creciente.

Pongamos entre paréntesis las cuestiones ideológicas en torno al cambio climático que son más confusión todavía. Lo cierto es que hay fenómenos por todas partes que, al margen de los desastres que causan, asustan a más de uno. Lo medianamente súbito de esos desastres o amenazas, el que se den simultáneamente en lugares distantes y distintos, que azoten a poblaciones enteras, solamente ayuda a aumentar la impresión de que "algo está pasando", dicho (o sentido) con preocupación. Es la acumulación lo que conmueve, tal vez más que los fenómenos en sí. Es verdad que la hermenéutica interesada respecto de lo que esos desmanes naturales significan y de dónde provienen, ayuda a generar  –incluso en los perspicaces–cierta impresión de catástrofe global irreversible que se siente como inminente.

Con todo y eso, no es el punto que me importa más respecto del planeta. 

Hay ciertas situaciones políticas y económicas que vienen recalentando los niveles de alertas e inquietudes que, en todo caso, se suman a las que producen los malos humores de la natura. Guerras y rumores de más y mayores guerras, son una condición no inédita, aunque ahora con actores que parecen dispuestos, por alguna razón, a tensar la historia hasta donde dé... Rusia, Israel, China, son los tres casos más notables hoy y puede agregarse a eso el destino de las naciones islámicas. Pero el larvado terror europeo a desaparecer también está sobre la mesa. Como también el difuso papel de los EE. UU.. Aun regiones en apariencia menos relevantes van a la par de ese tembladeral a su modo. Hispanoamérica no es una excepción, aunque presenta una peculiaridad que ya diré.

Hasta donde me parece ver, particularmente desde los tiempos del Covid a ahora, el mundo ha mantenido un estado de acelerada confusión y temblor, latente y no tanto. Básicamente, se desdibujaron las hegemonías de la modernidad en las que se sentían seguros no solamente los países centrales, tronaron los bienestares indiscutidos del capitalismo, se resquebraja paulatinamente la confianza ciega en las virtudes presuntamente benéficas de la ciencia y de la tecnología, y los patrones morales se diluyen –según los entendía el común de los hombres hijos de la democracia liberal. Quedó flotando un estado de precariedad en todo orden y en todo ámbito que nadie ha podido remover. O que no han querido o podido disipar quienes tendrían que tener motivos y medios para intentarlo. 

Pero también ha empezado a cuajar un estado de, cuanto menos, prescindencia y hasta cierto abandono por parte de las poblaciones. Los hombres comunes parecen haber desdibujado el tiempo, la finalidad de sus acciones a largo plazo, la consistencia de sus propósitos, la validez de sus proyectos existenciales. Un nuevo hábito de supervivencia y desazón a la vez. Acicateados por la volatilidad de la vida económica del planeta, cercados por la violencia demencial, trallados por adicciones a las substancias, al juego, a la vida virtual obsesiva. Desasidos de los afectos, enredados en la toxicidad de los afectos, desamparados de los amores más elementales, inseguros de sus identidades, sin certezas y, lo que es peor, casi sin dudas o asombros. 

Algo menos notable todavía,  aparece a la vez otra cosa. Porque hay desde no hace mucho alrededor del mundo quienes tienen algunas preferencias distintas al común de la gente, conectadas mal que bien con alguna raíz cultural de mayor consistencia y que se proponen –y proponen– modos que en algún sentido podrían considerarse una resistencia. Algunos, hasta se ilusionan pensando en un despertar o incluso en algún tipo de restauración.

Es verdad que tampoco la tienen fácil. Por lo pronto, pasa frecuentemente que su apego a esa raíz cultural suele estar fundado en el prestigio de algunas formas culturales del pasado, más que en su conocimiento profundo o en la delectación genuina con sus bellezas o sus verdades. Y, consecuentemente, se ve con frecuencia también que su adhesión a ellas luce como un mantra o un diktat de militancia, más que como una convicción racional o espiritual. Una militancia lentamente creciente en líneas conservadoras de pensamiento y de afectos culturales y aun religiosos. Pero estas propuestas e iniciativas transitan la línea del tiempo histórico mayormente. En ellos, lo profético respecto del curso de la historia y del destino del mundo, evanesce. Es un modo de vivir en el mundo, más bien. 

En no pocos casos, creo ver en esas reacciones un halo de desesperación o, lo que es parejo con eso, el corazón refugiándose en un rincón bonancible y apartado en el que le sea dado obrar, creer, cantar, rezar, viejas y respetadas formas, siempre según sus gustos y preferencias, sin tener que tener el mal del mundo alrededor en modo alguno.

Tal vez, eso mismo es lo que parece haber producido un fenómeno relativamente reciente. En el choque entre lo desesperanzador de lo que el mundo viene ofreciendo en su desolación desorientada y esas preferencias veteroculturales, la imaginación se dispara hacia el apartamiento, el claustro, la necesidad de abroquelarse como un "resto", fiel a esas costumbres o preferencias. Los matices de esas actitudes dependen de cuán puras sean sus intenciones, aun de cuán firmes sean sus adhesiones a esas formas culturales (incluso sin ser conocidas en profundidad). En muchos casos, por temor cerval al peligro y el daño que representa lo nefasto, se ilusionan con la pura mecánica del apartamiento como remedio y escudo. 

En los términos de la Cristiandad de los primeros siglos del primer milenio, los Padres que se fueron al desierto hicieron algo semejante y, de ese modo, purificaron en el mundo –al decir de Chesterton– lo que la deriva del paganismo decadente había corrompido y aun demonizado. 

Claro que parecido no es lo mismo: aquellos primeros cristianos ciertamente preservaron lo creado y lo hicieron con el ayuno, la oración, el estudio y la contemplación de los misterios y la penitencia en medio de la desolación árida del desierto, alimentándose de insectos o raíces, conviviendo con alimañas y bestias salvajes. Al mismo tiempo que ellos combatían a los demonios en el aire áspero de los desiertos, miles de otros cristianos, durante tres siglos y rodeados por la crueldad pagana, se disponían a entregar sus vidas y su sangre como testimonio de la fortaleza invencible de la Fe. Anacoretas y mártires tenían finalmente un propósito común: conservar la Fe y rescatar el mundo de modo sobrenatural, mediando la Gracia que les donaba El mismo autor de todas cosas. Por cierto que una Esperanza muy firme los sostuvo. Y finalmente tuvieron razón: sobre ellos se edificó la Cristiandad.
 
*   *   *

Volvamos a hoy. 

Si mi percepción no es errada, el estado del mundo, las cosas en el planeta, parecen ser la antesala de un cambio de época y de algo más hondo que solamente una época. Por supuesto que, por veleidoso que el ser humano sea en sus aspiraciones, no puede pretender un cambio de veras radical. El hombre, como toda creatura, tiene la facultad de imitar, de combinar, de romper o malversar la realidad. Pero lo radical de veras –que es hacer nuevas todas las cosas– no está entre sus posibilidades. Aun así, el cambio tiene visos de ser profundo. 

En el orden político, por ejemplo, las relaciones entre los estados parecen comenzar a establecerse según nuevos paradigmas, al menos en las pretensiones de un sector que hoy parece pujante. El concepto y la realidad misma del estado está a punto de transmutarse y –sin que una institución como un estado desaparezca así como así– se apresta velozmente a tomar una figura nueva, con un nuevo derecho que lo constituya y lo rija, nuevos conceptos de ley, nuevos parámetros morales, todo lo cual es necesario para vertebrar una sociedad nueva, con nuevas libertades. Y todo para el establecimiento de un hombre nuevo.

No es clara la doctrina que sustenta esos cambios pretendidos y postulados como la salvación de la humanidad. Salvo por el hecho de que, con una insistencia fanática, se proclama eso mismo: esto salvará a la humanidad.

Entre los dictados que se pretenden mesiánicos, hay de todo. La economía parece ser una matriz importante siempre lista para ir en auxilio de cualquier argumentación vacilante o desmañanada. Y más específica que la genérica economía es la libertad económica, como ariete y malla protectora de la salud social e individual. 

No es lo único. Eso que al final no es más que un craso materialismo, nunca tuvo en la historia humana más vuelo que el de postular y generar condiciones de vida, aun de vida social. Pero no logró transformarse realmente en una religión propiamente dicha. Por mucho que los materialismos economicistas quieran ser la clave de bóveda de la vida humana, no alcanza con ellos. Todas las formas sociales de los últimos 500 años han padecido el vaivén de sus éxitos y frustraciones económicas. A medida que esas propuestas económicas –cada vez más reduccionistas en términos antropológicos– se suceden, muestran en sus éxitos la insuficiencia del bienestar económico y en sus fracasos la rebelión que nace de la indignación. Si sale bien, no alcanza. Si sale mal, despierta el apetito no por el bienestar (que podrá lograrse con esfuerzo mayor o menor en no mucho tiempo), sino por un extraño deseo de dignidad o trascendencia que, es obvio, el éxito económico no puede solventar en modo alguno.

La experiencia de ser ricos insatisfechos y mascullando una alegría superficial y sin contenido, ya la hizo el hombre. La experiencia de masas innúmeras sometidas a la miseria y a la abyección, tendiendo la mano para recoger migajas interesadas que caen de la mesa opípara del benefactor de turno, también.

De hecho, ambas formas conviven en la historia del mundo de los últimos 200 años. Y hoy mismo.

Pero el hecho más novedoso hoy es el postulado que impone la consigna de que una libertad nimbada de gloria terrena e histórica llegará por la vía de las libertades económicas. 

¿Es posible esto? No, simplemente, no. Pero el discurso funciona como una zanahoria gigantesca y épica que es a la vez rebelión ante cualquier opresión (empezando por la de un estado hipertrofiado en los hechos tanto como caricaturizado en los discursos redentores).

En agosto del año pasado, dejé aquí algunas reflexiones imaginando una novela difícil que no sé quién se animará a escribir. Llamaba la atención allí acerca de una insólita centralidad argentina en el curso histórico de estos últimos años del siglo XX y los que corren de este siglo. Las figuras de Jorge Bergoglio y de Leonardo Castellani eran por entonces el emblema de ese curioso y grave protagonismo argentino. 

Hoy, a la vista de lo que veo y oyendo lo que oigo, estoy convencido de que hay que agregar la figura de Javier Milei a esas dos, más allá de que su suerte histórica podría ser efímera. Pero si lo incluyo es por lo que representa, en principio. 

Se me hace evidente que la figura antagónica es la del P. Castellani, porque a como lo veo, Milei y Bergoglio pertenecen al mismo género, aunque parezcan opuestos. Ambos se han encaramado al podio planetario con la pretensión de regirlo. Y lo hacen aparentemente con plena conciencia y con la inarrugable convicción de que su huella histórica y planetaria está llamada a redimir a los hombres. Así lo afirman y obran en consecuencia.

Mientras tanto, en el otro rincón, allí está Castellani para recordarles a ambos en qué y por qué fallan sus apetitos mesiánicos. 



miércoles, 22 de mayo de 2024

Contra mundum




Estas nuevas derechas planetarias –tan mundanas, pendencieras y oscuras– se me están volviendo obvias. Y aburridas. Pero cada cosa por separado, no causalmente una por la otra. 

*   *   *

Por ejemplo, está esta cosa de la competencia por querer ser la doña más kilombera del barrio, a la que todos le tienen un poco de miedo y de la que habla todo el mundo y que con todo el mundo quiere una gresca.

Pero, señores: si, en parte, es para eso. Para que hable todo el mundo. Y para volverse algo, creándose siempre algún enemigo. Es más viejo que el agua, diría Heráclito, el dialéctico. Lo dije ya: ser guarango y patotero es más que una táctica en política y más que un estilo: es casi la doctrina misma. Una sobredosis de agonalidad a falta de mejores cosas que ofrecer y con planes más oscuros que ocultar. (A los radicales no les da por ahí y la izquierda prueba y prueba, pero no le sirve para mover la aguja...). Evita era resentida y desfachatada, tanto como Cristina, Herminio me caía bien pero era un barrabrava como Pablo Moyano. Trump vive posando como John Wayne en El Álamo. Y hasta José Espert cree que puteando con cara de malo a los corruptos, él se hace más honesto y creíble. Y sigue la lista de bravucones de ambos sexos, locales e importados. Está en los manuales: terminen con los análisis que quieren ser sesudos.

*   *   *

Javier Milei me tiene un poco harto con sus giras globales: "soy el líder de la libertad más importante del mundo", le dijo –apenas volver de su corrida de toros madrileña en un gallinero– a un Joni Golfarb Viale, que hace kilómetros que dejó atrás el mote de obsecuente y le pelea la punta de la esclavitud al Pelado Trebucq. No, Javier, chaval: volvé a leer lo de la rana que quiso ser buey, te pediría.

Y Javier, querido, muchacho, una más: oye el consejo de un anciano (miccionado, dirás...) que ahí te va.

Respirá hondo, tranquilizáte si podés y, si te quedan 170 minutos libres del juguetito con el que te disciplina las glándulas Elon Musk, miráte Scarface, sí, no te rías... la película de Brian De Palma, de 1983. Si a un tipo como vos, a quien tanto le fascinan los truenos y relámpagos del Tanaj, no le pasa ver allí una profecía de sí mismo, es que no estás todavía listo para la sabiduría. Vas a tener que recursar Mesianismo I y II.

No es muy difícil: un tipo que se da un baño de espuma conservadora en Madrid y de allí salta a probar el sonido del Luna Park para su fantochada de recital dizque político, al menos consume una substancia cierta: está borracho de sí mismo. 

*   *   *

Y hablando de eso.

Mensaje para Santi Abascal. Eso de aprovecharse de un chico de barrio infatuado y llevarlo al circo de P. T. Barnum que armaste en tu VIVA 24, y exhibirlo como una taquillera deformidad excéntrica. Eso de dejarlo zapatear a su gusto en el escenario, con las hordas ululantes ansiosas por oír el energizante Carajo con el que termina la libertad libertaria del anarquista. Pues, hombre, qué te diga...: te sirve, claro que te sirve. 

Después de todo, con dos escarbadientes y un hilo de coser doctrinario, el chico de barrio levantó un fantasmagórico puente de San Francisco en tu Iberosfera y desde allí, en el pináculo, balanceándose en una pata, se proclama urbi et orbi a sí mismo, levantándose de las aguas él mismo por sus propios pelos, como el Barón de Munchausen de la sátira. 

Y sobre todo: haciendo lo que a vos, Santi, vasco querido, no te viene saliendo. Pues claro que te sirve. Vos y tus socios y mandantes se han agenciado una mascota formidable. Una vaca a la que piensan sacarle toda la leche que puedan. Eso sí: avísenle al chico de Devoto que la Argentina queda al sur de Bolivia en el mapa, recuérdenle que las Fuerzas del Cielo le dieron un empleo allí, que tiene que cumplir horario también él, que el cargo se paga por productividad. Que tiene que gobernar, vamos... Y a ver si le sale, que por ahora en los platos que cocina hay poca comida. O ninguna.

*   *   *

Y ahora, hablando de socios y mandantes de esta nueva obviedad que es la nueva derecha. Tenemos ese asunto de Israel. Por lo pronto, del Israel de este mundo. Pero, cuidado: que todavía está el Israel del otro mundo.

¿Sabrán estos muchachos entusiastas en qué se están metiendo? ¿Creerán que es una cosa nada más que de calzarse kippah sobre la cabeza, sacarse fotos abrazados a la estrella de David y pasearse por Nueva York o Roma o Jerusalén? Y ya que quieren calzar kippot sobre sus cabezas para que se les note la devoción, ¿saben qué significa? ¿saben a qué Dios sirven y temen con eso? ¿Es una profesión de fe? ¿Es la expresión de una teología de la historia (a favor o en contra del vero Dios de Israel, porque en contra es teológica lo mismo)? ¿Alineamiento ideológico? ¿Conveniencia geopolítica? ¿Rebelión anticristiana?

De nuevo: Muchachos, están jugando con fuego. Y ustedes, en realidad –bandera de Israel en el escenario o no, kippot o no– recuerden que sólo son goyim.

*   *   *

Me tocó ver y oír al ministro de la Diáspora de Israel en su arenga del circo del Palacio Vistalegre Arena, del Europa Viva 24 de VOX. Y también ver y oír seguidamente un reportaje de hace unos 5 meses a Juan Manuel de Prada.

Los dejo abajo, por si alguien quiere.

¿Qué saqué como conclusión provisoria? Simple: cómo se nota que De Prada leyó bastante más a Castellani que Abascal y Milei. Y cómo se nota que al menos aprendió dos cosas: libertad de espíritu y coraje. Es verdad: aun a De Prada le falta un párrafo sobre la realidad teológica de Israel (del de este mundo y el del otro mundo). Pero no está descaminado. Y sigan tocándole los cojones al gallego y se me hace que a poco algo va a decir, creo. Pero eso no lo sé.

Lo que sí noté es que, frente a las lambidas de Abascal y Milei (no, no son los únicos, claro...), Juan Manuel de Prada luce un hombre notablemente más serio.

*   *   *

Y la última. Enumero algunas cosas, nomás. Otro día me explicaré mejor, si hay tiempo.

Hay unas gentes que con cierto orgullo creen que con no ser comunistas o de izquierda, ya son buenos.
Hay unas gentes que con cierto orgullo creen que con no ser peronistas o kirchneristas, ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con no ser liberales (y todos los demás adjetivos...), ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con no ser progresistas, ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con no ser tradicionalistas o conservadores, ya son buenos.

Hay unas gentes que con cierto orgullo creen que con ser comunistas o de izquierda, ya son buenos.
Hay unas gentes que con cierto orgullo creen que con ser peronistas o kirchneristas, ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con ser liberales (y todos los demás adjetivos...), ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con ser progresistas, ya son buenos.
Hay unas gentes que creen con cierto orgullo que con ser tradicionalistas o conservadores, ya son buenos.

Qué se le va a hacer.

Rezo por ellos. ¿Qué mejor puedo hacer?








 

viernes, 17 de mayo de 2024

Irte


Otro día y espero. Se parece
un día al otro día. Cada noche
es como la anterior. Sólo esas voces
que susurran la nada y que no quieren
nombrar la muerte fría por su nombre, 
como si el corazón no lo supiese.
Yo aquí esperando. Es noche. Y siempre, siempre 
diciéndote por ti tus oraciones...
¿Se apagará tu voz? Habrá la mía.
¿Tus ojos no me ven? Veré por ambos.
¿Tu vida no estará? ¿Tendré mi vida?
Y en esta soledad en la que estamos,
estás conmigo y lejos de mi vista
y con tu amor el mío se ha quedado.


 

domingo, 12 de mayo de 2024

Allí ahora


Sueño el paisaje adonde estás ahora.
Veo ese viento frío: arremolina
la luz en el ramaje, que ilumina
tu gracia azul y clara y me enamora.

Sueño tu paso y esa disciplina
de andar tu cerro en traje de pastora;
y sueño tu mirada veladora,
nostálgica y sonriente y vespertina.

Sueño ese sueño y otra vez lo sueño
para verte soñándome lejana,
en tu noche, tu tarde y tu mañana.

No tengo otro propósito y me empeño
en ser esto que soy y ser sureño
para soñarte siempre más cercana.


 

miércoles, 8 de mayo de 2024

Silencio de luna


Es mayo para mí, como si hubiera
un mayo entre tus manos diferente;
que es mayo en viento, de tu misma fuente
clara del aire, que en el aire espera.

Hay una luna que en tu lar quisiera
no fuese negra y de tu cielo ausente:
siquiera que alumbrara suavemente,
se hiciera noche tibia en ti, siquiera.

Esta luna en mi mayo es invisible.
Está en mi sur oscuro, ciego y frío.
Es todo luna sin la luna en ella.

Y el silencio de luna imperceptible,
que no luce en tu cielo ni en el mío,
oye mudo mi canto y mi querella.


 

sábado, 4 de mayo de 2024

Insistencia


Mujer, esta dolencia de tu altura,
y esta nostalgia de feroz ladera,
y esta distancia hasta tu primavera,
y este recuerdo blanco de la pura

soledad de tu cumbre en piedra dura,
y este gemir del aire que me espera,
y esta querencia que te quiere entera
y este tiempo de ausencia que tortura:

a cada paso y hora están presentes
y cada vez más hondo van hendiendo
este morir de ti que ya es la vida.

A cada instante claman impacientes:
insistiendo, mujer, siempre insistiendo
por tu regreso, desde tu partida.


 

viernes, 3 de mayo de 2024

Río


Las márgenes del tiempo, que es un río,
–una en verdor, un arenal enfrente–,
ven que boga mi vida en la corriente
y van mudando al paso del navío.

Carga mis horas y entretanto siente
que su timón es suyo, pero es mío;
que mi dolor es mío y, de repente,
ya no es dolor y es un amor bravío.

En cada costa, junto al agua, espera
un otoño que, vuelto primavera,
hace del lodo rosas. Y, en las rosas,

hace nacer la vida con que el lodo
al agua le da vida y, de ese modo,
alimenta de amor todas las cosas. 

 

martes, 30 de abril de 2024

Llevo el otoño


Llevo el otoño al corazón prendido
como un broche de plata y una espada
que en esta entraña amante se haya hendido
y haya herido la fibra enamorada.

Llevo el otoño nuevo –y bienvenido
con su llovizna gris, tenaz, callada–,
que se enciende en el fuego que ha encendido
este pecho, mi hoguera y tu morada. 

Y lo dejo llegar y estar conmigo
y soy tan él al deshojar mis horas,
pues ser otoño es ser y deshojarme.

Y lo dejo venir: viene contigo
a las tardes de luz deslumbradoras
que has elegido para estar y amarme.



 

lunes, 29 de abril de 2024

Preguntas perras para un clon (en el día del animal)






Hacía unas semanas que llevaba la hojita en el bolsillo y la miraba a cada rato, como hacen otros con el celular, es decir, como un hábito sin finalidad, sin necesidad.

Pero tenía que mirarla y repasarla continuamente, porque me imaginé medio empecinado que, en cualquier momento y de pronto, me iba a encontrar frente a frente con él y, si pasaba, quería ser espontáneo y fluido, no tartamudear, no titubear.

Y pasó que apareció.

Como lo andaba buscando por esos lados, supongo que era cerca del Puerto de Olivos (no soy de la zona...), al menos se veía allí enfrente una marina, un muellecito. Hay un banco de piedra en una especie de triángulo que es como una placita. Bien verde, cuidada. Me senté (había caminado desde el mediodía) y miré un rato el río, había viento, estaba agitada el agua.

Vino desde unos árboles, del otro lado de la calle que bordea la costa y creo que me miró, pero si fue así, me miró con gesto de estar sabiendo que me estaba mirando. A trancos desmañados y parsimoniosos llegó hasta el banco. Se quedó ahí y miró al río con displicencia, como estólidamente y bastante tiempo, como si yo no estuviera. Miró después para el costado, con disgusto diría, si no fuera porque su gesto parece siempre un gesto de cansancio de vivir y de disgusto melancólico.

Finalmente, me ignoró. Se había sentado sobre sus patas traseras y estuvo así, al lado del banco, durante unos tres o cuatro minutos. Era enorme: una mole.

De repente, siempre mirando al río, emitió un sonido breve, ronco y cavernoso pero no desagradable, y a mí me pareció que eran palabras:

– Usted quiere hablar conmigo, ¿no?

Ahora creo que contesté automáticamente, sin sorpresa ni susto, y sin pensar en que había hablado un perro, como si hubiéramos estado en medio de una conversación.

– Bueno..., sí, porque en realidad tengo varias...

– ¿De qué quiere hablar?, dijo ahora claramente y sin mirarme.

Me aturdí. Mi mano acariciaba la hojita que tenía en el bolsillo, como Bilbo acariciaba el Anillo. Pero, en mi caso, quería que las palabras, que tenía escritas allí a doble faz y con letra chiquita para que cupieran, lejos de desaparecer, se materializaran mágicamente sin tener siquiera que pronunciarlas. Por fin me sentía un poco extraño ... ¡hablando con un perro! Me dio un poco de vergüenza la fantasía de encontrarlo para hablar con él, con quien había creído que sería el sujeto indicado (casi dijo la persona...) para tratar algunos asuntos y hacerle algunas cuantas preguntas. Después de todo, tal vez un "mastiff" –pero no cualquier mastiff– podría contestarlas mejor que otros.

La mano finalmente salió del bolsillo y sosteniendo la hojita. Se la ofrecí, pero dio vuelta la cara y miró hacia el río otra vez. Una nube tapó de repente el sol y sentí un chucho breve: el viento hacía su trabajo. No sé por qué, pensé que lo mejor era dejar la hojita donde pudiera verla, y eso hice: sobre el pasto, y busqué una rama y algunas piedritas para sujetar los bordes y que el viento no la volara.

Bajó los ojos en cuanto retiré la mano. Miró largamente lo que estaba escrito, se echó con movimientos torpes, casi apoyó la cabeza enorme sobre sus manos estiradas. Y, por el gesto, creo que se puso a leer.


*  *  *


- ¿No le suena payasesco a Javier Milei (o a Santiago Caputo, a Posse o Berti Bnegas o hasta a Karina, misma...) eso de abusar de los gritos, furias, pataleos, imitaciones que quieren ser cancheras o graciosas, denigraciones y puteadas, imitando el estilo bravucón, sobrador y pendenciero de Nicolás Maduro o Donald Trump, o de Hugo Chávez, o de Jair Bolsonaro o de Cristina Fernández de Kirchner?
- Lo de imitar a sus enemigos, ¿lo tomó de alguien? ¿Se inspiró en Fátima Flores?
- ¿Karina Milei es una especie de Rasputín, de Zanini o de Imelda Marcos? ¿Es como el Marcos Peña de Macri, el López Rega de Isabel y Perón?
- ¿Javier Milei tiene alguna idea de qué significa realmente Israel en la historia de la humanidad (y de la Iglesia, y en el Plan de Dios)? ¿Se lo enseñaron en el Cardenal Copello alguna vez en las clases de Historia o en las horas de Catequesis (porque deberían, a no ser que ése sea como la casi totalidad de los colegios católicos, que de eso no quieren ni hablar ni sabrían qué decir..., como la mayoría de los obispos y sacerdotes y hasta de...)? ¿Sabe realmente qué piensa y siente Israel sobre el papel de Israel en la historia, más allá de los juegos mundanos, bélicos, geopolíticos, económicos?
- ¿Realmente entiende la diferencia entre ideas, palabras y hechos?
- ¿Es consciente de que sus intenciones no son necesariamente buenas por el mero hecho de ser suyas, como creen Gustavo Béliz, por ejemplo, o Elisa Carrió, y algunos otros?
- ¿De veras piensa que con no ser zurdo ya está? ¿Cree que –además de zurdos, kirchneristas, corruptos, cobardes, cloacas, traidores, ratas...– hay otros que creen que lo que dice y lo que hace está mal o que lo dice y lo hace por malas razones, y no son zurdos, kirchneristas, corruptos, cobardes, cloacas, traidores, ratas...? 
- ¿De veras piensa que en la universidad o en las instituciones educativas públicas estatales sólo los zurdos, los peronistas o los radicales o la izquierda en general, adoctrinan? 
- ¿Tiene alguna razón para creer que la historia oficial que enseña el liberalismo no es adoctrinamiento?
- ¿Alguna vez leyó la nómina de profesores, los programas y la bibliografía en los institutos donde se forman aspirantes, cadetes, suboficiales, oficiales, y toda clase y grado de miembros de las fuerzas armadas o de seguridad?
- ¿Sabe qué significa la frase que dice que el diario "La Nación será una tribuna de doctrina"? ¿Y la frase que dice "Crónica: firme junto al pueblo"?
- ¿Sabe qué son los medios de comunicación y las redes? ¿Cuando nacieron y para qué se crearon y qué papel e influencia ideológica tienen en la sociedades? ¿Sabe que los medios y las redes nacionales o globales negocian con los que tienen algún poder y los que tienen algún poder negocian con ellos, todo el tiempo, abierta o espúriamente, aunque se agarren (o parezca que se agarran) a las piñas de tanto en tanto?
- ¿Sabe algo de la historia de la educación en la Argentina? ¿Sabe realmente algo de la historia de la Argentina, además de lo que Bertie Tiburcio Benegas Lynch le haya contado?
- ¿Alguna vez leyó la currícula educativa oficial de los ministerios de educación del país? ¿Sabe si (no ya sólo la universidad) no es el estado entero mismo el que adoctrina, por lo pronto desde la educación, pero también desde los discursos de las autoridades, el contenido de las leyes, las fijación de cuáles deben ser las fechas patrias, quién debe estar en la moneda oficial, la elección y exhibición de paradigmas históricos, tanto como con todas las disposiciones oficiales que plasman un paradigma de sociedad, hasta con los nombres de las calles, plazas o edificios públicos y etc.?
- ¿Es consciente de que adoctrina a menores de edad, y en un instituto educativo, cuando repite en su alocución-clase "Viva la libertad, carajo" (aparte de todo lo demás que dijo al inaugurar el año en su ex colegio católico –y sin que ninguna autoridad del instituto le dijera ni mu...–?
- ¿Sabe que "le va bien" (o que todavía no se le incendia el país) porque enfrente tiene a nadie o a casi nadie y que los que tiene enfrente y tienen algún poder –además de estar todos peleados entre ellos y discutiendo poder y plata– están negociando con él (y él con ellos) impunidad, un pedazo de poder o guita?
- ¿Sabe que el congreso (liberal) pedagógico nacional de 1882 impuso la educación laica y gratuita y que eso y más cosas dentro de la ley y lo que siguió por esa ley era adoctrinamiento? ¿No le importa tanto o nada porque el adoctrinamiento era liberal?
- ¿Viajó en colectivo por los arrabales del AMBA alguna vez en los últimos años (y meses), caminó por las calles del AMBA profundo?
- ¿Tiene alguna idea de por qué los más apaleados por sus medidas contradictorias, ambivalentes, crueles y alucinadas no lo putean por la calle? ¿Cree que están conformes, felices, resignados, abatidos, anestesiados, entusiasmados? ¿Cree que los hombres de a pie tienen claro lo que sienten, si tienen ganas de ser pobres, si no saben qué hacer y prefieren esperar a ver si acierta y les cae un mango más en el bolsillo para ir tirando o si esperan que por ahí viene alguien que lo eche a patadas, aunque por ahora no se ve a nadie que quiera o pueda ocupar el cargo y entonces se quedan en el molde?
- ¿Cree de veras que el choreo y la corrupción nunca podrían ser liberales, ni provenir del mercado, ni de sus amigos, ni de empresarios que se ponen el uniforme libertario o anarcocapitalista como Marcos Galperin o Elon Musk u otros? ¿Piensa que Karina Milei jamás cometería ningún acto corrupto? ¿Está seguro de que no cometió él mismo ningún acto que lo vuelva un hombre mentiroso o corrupto?
- ¿Sabe quiénes son realmente los peores enemigos del hombre en este mundo y en la historia de este mundo? ¿Sabe por qué?
- ¿Además de las naderías y fraslafras de la oratoria efectista, tiene alguna descripción detallada y precisa, inamovible, de qué significa "gente de bien"? ¿Podría dar una lista completa de los personajes públicos que sean "gente de bien" o que promueva, elogie, lo sigan o lo acompañen en el gobierno por ser "argentinos de bien"?
- ¿Con qué parámetros mide quiénes son buenos o 
quiénes son malos en el catolicismo o quiénes son buenos o quiénes son malos cristianos?
- ¿Se da cuenta de que Esteban Trebucq es, no ya un gran periodista, sino apenas un periodista discreto y bastante torpe? ¿Es amigo íntimo de Javier Milei, es su empleado, se dedicada a trabajar en los medios en nombre de su gestión, es "gente de bien", es su propio Roberto Navarro o su Víctor Hugo Morales, es un soldado de Alberdi...? ¿Qué es realmente, y eso sólo por mencionar un representante de los medios-cloaca, más allá de su calidad, que vive para amarlo y entenderlo, justificarlo y elogiarlo, como hacen otros Trebucq con otros que no son Javier Milei?
- ¿Por qué parece que piensa –sin decirlo claramente– que la Argentina es un país de cuarta (no sólo por la casta, los medios, los que lo critican, los que piensan que es un adolescente medio chiflado...)? ¿Por qué todas las cosas "grandes" que se le ocurren en todo ámbito para la "grandeza" de la Argentina van en la misma dirección: dar todo lo más que pueda de lo que tiene, sin esperar a cambio nada, salvo el permiso para seguir existiendo hasta que se le acabe todo lo que tiene?
- ¿Podría hacer una lista por orden de importancia de los 30 asuntos capitales en la batalla cultural que dice estar librando? ¿Podría enumerar debajo, de cada asunto, las medidas que ha tomado en favor de esos asuntos que le importan en la batalla cultural que dice estar librando? ¿Podría explicar cuál fue su estrategia para librar esa batalla por cada uno de esos asuntos?
- ¿De veras cree que la gente en general entiende a qué se refiere él y a qué se refieren los que hablan por él cuando hablan de "batalla cultural"?
- ¿Hay alguna novedad acerca de qué representa, para quién trabaja y qué hace en realidad Victoria Villarruel en el gobierno y por el gobierno (lo pregunté varias veces, pero no tengo respuestas todavía...)?
- ¿Por qué deja que los precios de todas las cosas anden como locos sueltos por la calle y encierra en el Borda a los salarios, poniéndoles chaleco de fuerza a (algunas de) las paritarias? ¿No le es raro que los impuestos y las medidas para favorecer ciertos negocios vayan y vengan, suban y bajen, según con quién negocia quién sabe qué, o que aparezcan de repente cuando se le da la gana o cuando hace agua con las recaudaciones, mientras que los salarios sí tengan un control policial como de la KGB?
- ¿Existe realmente Conan? ¿Existen los demás clones? ¿Cuántos son en realidad, si existen? Y si no existen, ¿por qué habla de algo que no existe como si existiera?
- Si con tanta convicción  y entusiasmo habla de perros como si fueran personas y como si fueran sus hijos, ¿también vale la inversa? Si no distingue entre perros y personas o hijos, ¿es por eso que trata a las personas como si fueran perros? ¿O, por mejor decir, trata mejor a los perros que a las personas?
- ¿Tiene algún concepto de familia que defender en su batalla cultural? ¿Puede ponerse como ejemplo de eso? ¿Y de persona? ¿Y de las relaciones humanas, además de las que se generan en los términos del mercado? ¿Y del fin del hombre? ¿Y de la trascendencia? ¿Y del trato con las mujeres? ¿Y del trato con los demás?
- ¿Alguien le avisó que en la Argentina los desmanes de los liberales (libertarios o anarcocapitalistas o lo que sea que sean), suelen ponerle la alfombra roja a "los rojos" o hacen que caiga el gobierno –y el poder–en los brazos del peronismo, que es el único que además de ganas tendría la voluntad, la osbesión y tres o cuatro ideas, que no muchas más y esas mismas a medio cocer?
- ¿Puede explicar por qué cree que los empresarios argentinos son "héroes" y mencionar 30 batallas gloriosas que hayan dado?
- ¿Sabe que entre los argentinos, los empresarios (dicho en general, porque seguro hay de todo...) tienen más bien mala fama y uno de los niveles más bajos de imagen positiva en las encuestas? ¿Javier Milei vio en ellos como emblema y paradigma algo que el 90 % de los argentinos no vio ni ve?
- ¿Es consciente de que los "héroes" de la empresa orejean las cartas y ven si hay algo bueno para ellos en lo que Javier Milei dice y hace; y si hay o no hay siempre hacen la jugada que más les sirve?
- ¿Por qué todos los días se entera uno de que la definición de quién es "casta" y quién no se mueve más que la Falla de San Andrés y se corre más rápido que el eje de la Tierra, y casi siempre por sus negocios políticos, o por quién lo contradice, o por su inflamación testicular?
- ¿Es alguna estrategia fina y astuta maldecir y putear a aquellos que son los mismos con los que se sienta a negociar lo que esté a mano y ante los que cede después de putearlos? ¿Es cinismo, nomás? ¿Es torpeza patoteril? ¿Es un efecto de algún impulso sado-masoquista? ¿Esa estrategia no le importa porque lo que le importa es otra cosa y eso es para la gilada?
- ¿Si el Estado no tiene que meterse, por qué se mete Javier Milei a decir qué sí, qué no, quién sí, quién no, con fuerza de ley (aunque no emboca mucho con las leyes que inventan él y sus "asesores"), ahora que es, precisamente, el Jefe de Estado?
- ¿Se da cuenta de que el Estado siempre se mete en todo, por izquierda o por derecha, explícita, implícita, clara u obscuramente, con derecho o sin él, justa o injustamente?
- ¿Se dio cuenta ya de que para hacer una revolución de lo que sea –municipal o global, es lo mismo– se necesita algo que él no tiene y que no se alquila?
- ¿Se dio cuenta, ahora desde el sillón que ocupa, que tener un Estado es mucho poder? ¿Por eso usa a los gritos, y sin ton ni son, el poder que le da ser el Estado, como L-Gante jugaría con una Uzi?
- ¿Llegó a darse cuenta de que eso es así, ahora que Javier Milei se mete en todo y con todos? ¿Se da cuenta de que reemplazó al Estado, que ahora no es tan tan execrable porque el Estado es Javier Milei (y que Karina Milei, aunque ahora sea el Estado, no puede ser mala porque él la quiere mucho...)?
- ¿Sabe de alguien que le verifique los números y las doctrinas que lanza como metralla de fanático? ¿Cree que las cifras, los datos, las doctrinas y apotegmas que escupe como en éxtasis, le son inverificables al 99,5% de la población del país? ¿Le importa? ¿Sabe lo que piensa de todo eso el 0,5% restante? ¿Le importa?
- Si una de las consignas de Javier Milei es hacer al Estado no sólo mínimo sino más profesional y eficiente, con empleados verdaderamente idóneos, capacitados, ¿por qué en un poder del Estado como el Legislativo hay diputados como Lilia Lemoine (entre otros nombres) representando a su sector político?
- ¿Es consciente de que el peronismo hace lo mismo que los empresarios y que tiene sus propios planes y su propia lista de compras?
- ¿Es consciente de que el kirchnerismo, esa floración siempre latente del peronismo, es capaz de hacerse budista, ateo o judío ortodoxo si hace falta para sacar las ventajas que le convienen o las que necesita para volver al poder, como kirchnerismo, como peronismo, o como lo que sea?
- ¿De veras pretende hacer creer que la postulación de Ariel Lijo es debido a sus méritos jurídicos y no a un negocio con una parte del peronismo, para un presunto "beneficio" mutuo, o de algunos?
- ¿Es consciente de que no tiene nada pensado eficaz para enfrentar, en todos los órdenes, al entero y poderoso mundo del narcotráfico? ¿Le preocupa que Patricia Bullrich sea en realidad un tigre de cartón y un mono con navaja? ¿O le cae simpática por eso?
- ¿De veras cree Javier Milei que sus ideas salvarán al mundo mundial?
- ¿De veras cree que es un líder planetario y que tiene destinado un papel redentor en la historia de los pueblos del planeta, tomado del brazo de eso que llaman las derechas, y de Israel, y de los empresarios, y Meloni, y Bukele, y VOX, y Trump, y Bolsonaro y... Karina ?
- ¿Realmente cree que es siquiera un actor principal de un nuevo orden mundial de estas raras derechas empoderadas? ¿No se le ocurre que más bien es comparsa de un circo que es de veras el patrón y que no está en el Río de la Plata, precisamente? 
- ¿No le queda un poco grande el planeta?
- ¿Podría contestar francamente para quién trabaja, si uno se lo preguntara de repente sin el más mínimo ánimo conspirativo? ¿Lo sabrá? ¿Le importará? 
- ¿Lo sabe usted? ¿Le importa a usted?


*   *   *


La hojita a doble faz, concedo, no tenía un orden y las materias eran heterógeneas, en cierto sentido. Eran ideas que iban apareciendo y que iba escribiendo cuando aparecían, tomando mate al alba, en el colectivo, en la fila para pagar la luz, con las plantas del jardín, y así.

Pero algo más: uno de esos chaparrones de estos tiempos, me había empapado en plena calle, unos días atrás. Una parte de la hojita estaba "lavada" y apenas si se entendía lo que estaba escrito. Peor todavía: no era una sola hojita, eran dos, las dos de doble faz: la segunda sufrió completamente el agua. Una precaución algo maniática me había hecho escribir cada noche en otra hojita, que quedó en la casa, lo mismo que llevaba en el bolsillo a diario. De modo que tenía back up. Pero, lástima: sólo de la primera hojita porque no llegué a resguardar la segunda, aunque me acuerdo bastante de lo que tenía la otra arruinada y eran muchas más cosas. 

Pero, ¿me servirá de algo? ¿Volveré a cruzarme con él o con cualquier otro como él? ¿Contestará siquiera?

Como vaya a ser, la hojita se la llevó entre las fauces. Quedó como la dejé, en el pasto, y la recogió corriendo la rama y las piedritas con el hocico después de leerla (de los dos lados, yo mismo se la di vuelta), muy detenida e impávidamente. Sé perfectamente que son muchas preguntas y muchos asuntos, y que contestar eso podría llevar más de una reunión con él.

El caso es que, cuando terminó, volvió a sentarse y a mirar al río que se había aquietado. Estuvo así bastante tiempo, cada tanto sacaba la lengua, se relamía extrañamente y la dejaba colgando con algo de baba. Parecía cada tanto que llegaba como un jadeo grave desde su bocota inmensa. De pronto, dio vuelta su enorme cabezota. Me miró con ese gesto siempre extraño, como de disgusto y cansancio de vivir. Se paró (es realmente un animal enorme), tomó la hojita como dije y al final encaró otra vez para los árboles que estaban a mi espalda, que era de donde había salido.

Cuando desapareció, me quedé un rato mirando en esa dirección, para ver si volvía. 

No había dicho ni un mísero ladrido, absolutamente nada. Su mirada fue significativa sí, pero completamente muda. Y desvaída. Y críptica.

El banco de piedra se había puesto frío. El viento volvía a soplar y venía húmedo del río. Me cerré la campera, levanté el cuello y puse las manos en los bolsillos. 

Miré atardecer y oscurecerse de a poco el agua. Casi no quedaba gente.

Volví a mirar hacia los árboles. Nada. 

Y cuando quedaba muy poca luz en el cielo, y algo de luz en los faroles, arranqué para subir la cuesta de la calle, para ver si, preguntando, llegaba a Maipú a tomarme un colectivo que me dejara en otro colectivo para ver de ir volviendo a casa.