jueves, 31 de octubre de 2013

Puercos, demagogia y pajarones

Me llegó este cuento. Es realmente muy gracioso, a mi sabor.

Pero me quedé pensando: está tan lleno de guiños y contraseñas.


Hagamos un breve ejercicio de lecturas paralelas, divergentes, sinfónicas, si acaso.

Un poco de hermenéutica, muchacho; vamos, ánimo...

Que se termina octubre.

Un profesor está almorzando en el comedor de la universidad.

Llega un alumno con su bandeja y se sienta al lado del profesor.

El profesor le dice: Un puerco y un pájaro no se sientan a comer juntos...

Pues me voy volando..., contesta el alumno y se cambia de mesa.
 
El profesor, verde de rabia, acusa el golpe y decide aplazarlo en el próximo examen. Pero he aquí que el alumno responde brillantemente a todo.
 
Entonces, y antes de entregarle su hoja, el profesor le pregunta con voz ronca y con aparente calma, pero con la furia contenida: Está caminando por la calle y encuentra una bolsa. Adentro está la sabiduría y hay mucho dinero, ¿cuál de las dos cosas se lleva usted?

El alumno responde sin titubear: ¡¡El dinero!!

El profesor, muy satisfecho con la respuesta que ha dejado al alumno en evidencia, le dice con suficiencia: Yo, en su lugar, me hubiera llevado la sabiduría, ¿no le parece?

Cada uno toma lo que no tiene..., responde el alumno.

Así las cosas, el profesor, histérico y ya completamente fuera de sí, escribe en la hoja del examen ¡¡¡Idiota!!! y se la devuelve.

El alumno toma la hoja y se sienta.

Al cabo de unos minutos, el alumno se levanta, se dirige al profesor y le dice: Disculpe, señor, veo que firmó la hoja, pero no me puso la nota...




Coplitas de la lluvia





Mire allí esa nube negra
que viene en ancas del viento,
silbando coplas del aire
y amenazando a los cerros.

Mire qué bronco en la nube
galopa nervioso un trueno:
toda la tierra retiembla
porque retiemblan los cielos.

Mire chispear refucilos
mientras los campos sedientos
se aprontan porque ya viene,
tras el rayo, el aguacero.

Y mire esta lluvia mansa
que deja de terciopelo
toda la falda y el monte,
y canta como un cencerro.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Coplitas de las flores





Mocita, ¿qué andás trayendo
tan de mañana?
Unas florcitas que he visto
en la quebrada.

 
Churita, ¡cuántos colores
tiene ese ramo...!
A todos les puse un nombre
para nombrarlo.

 
Chinita, ¿y a quién le llevas
flores tan lindas?
Son pa' un mocito del valle,
porque es mi vida.

 
Niña bella y bella flor...
feliz el enamorado
al que con beso aromado
así le ofrenden amor.

Pues son para usted, señor...




lunes, 28 de octubre de 2013

Coplitas de nadie





Estas coplitas sin nombre
no van a ninguna parte,
nadie espera que le lleguen
y su destino es de nadie.

No tienen ningún camino
y a su encuentro nadie sale
porque estas coplas, si suenan,
suenan nomás, para nadie.

La voz que las va cantando
es voz que viene del aire
y por el aire se pierde
mientras no las oye nadie.

Nadie sabe lo que han sido,
nadie supo que se canten,
porque a nadie se le dicen
las coplas, si son de nadie.




domingo, 27 de octubre de 2013

Amor presente

Hace dos meses, yo tenía un amor futuro.

Me habían invitado a Tucumán y por entonces faltaba arreglar detalles del viaje, lo que lo hacía probable, pero no seguro.

Fui.

Y volví.

Tenía que ser, en principio, en septiembre, cuando Tucumán se luce, como me dijo mi anfitrión al invitarme.

Pero fue a fines de octubre, cuando el jacarandá (tarcos, los llaman allí)  reina casi solo y hace azul a Tucumán. Apenas vi un lapacho amarillo florecido, los blancos son poco menos que inhallables.

Mi amor futuro en esos días era traer de aquellas tierras dos lapachos, uno amarillo y otro blanco.

¡Cómo son las cosas, viera!

Nomás decir que me gustaría ver si consigo... y ya estaban trayéndomelos de Yerba Buena. Nomás enterarse otros de que había dicho que me gustaría... y más aparecieron.

Como ciento por uno.

Y usted dirá: "en fin, no es para tanto: se salió con la suya y se trajo lo que quería..."

Y no, fíjese.

De lo que quería, me vino lo que quería, centuplicado.

De lo que no sabía ni hubiera pensado, me vine de Tucumán con inconmensurablemente mucho más.

Y tuve que traérmelo, porque es de aquellas cosas que no sabe uno cómo le entran al alma y al corazón y a la mente.

Y ya no se van. 




sábado, 26 de octubre de 2013

Coplitas del camino





Qué largo parece el día
si el sendero es pedregoso.
Qué larga se hace la vida
si nunca llega el reposo.

Qué linda la senda llana
y un manantial fresco y puro
que alivia la sed del alma,
mientras el pie va seguro.

Qué duro pa'l caminante
es ir sin saber adónde,
no ver dónde el sol le nace
ni ver dónde el sol se esconde.

Qué dicha si al fin de todo
ya descansa el peregrino,
con la esperanza hecha gozo
donde termina el camino.



jueves, 24 de octubre de 2013

Coplitas del tarco






Ya llega la flor al cerro
y las penitas se van;
la alegría es azul cielo
y azul de jacarandá.

Con la florcita'e romero
se hace celeste el cantar
por quebradas y arroyuelos,
y un azul jacarandá.

Qué lindo canta el silencio
que el viento invita a bailar
en esta siesta de fuego
y de azul jacarandá.

Bienhaya, los brotes nuevos
que la sierra tiene y da:
regala amor, aire bueno
y el azul jacarandá.





miércoles, 23 de octubre de 2013

El mar





El cielo dado vuelta y sin estrellas:
eso es el mar, potente en ademanes;
y un rumor de vaivenes en s
us venas.
La sola soledad sólo a él le cabe.
Un horizonte lejos, las mareas
lunáticas, el viento, los oleajes...
Sin flores, sin caminos, sin tabernas, 
sin árboles, sin nidos, sin juglares. 
Eso es el mar, el mar..., la voz tronante
que deshace la voz de los poetas,
con su belleza líquida y salvaje.
Eso es el mar, el mar... la sal, su arena,
la inmensidad, la hondura inhabitable...
Y el opuesto del cielo y de la tierra.




Era octubre





Era octubre y el cielo en la mirada
sembraba los jazmines como estrellas
que al corazón herían con su gozo.
Porque era octubre, sí, cuando era octubre
la primavera y el color del aire,
celeste como un canto de campanas
alejando la sombra, los pesares.
El mundo era un misterio delicioso
porque octubre pasaba por su puerta
todo aroma y silencio en sinfonía.
Y así era entonces. La quietud, la fuerza,
el suave resplandor de cada lluvia,
la inocencia del día y de la noche...
Cuando octubre era octubre, así era octubre.




martes, 22 de octubre de 2013

Coplitas del niño





Mi niño chiquito,
florcita de tuna,
lo tiene la noche
quietito en la cuna.

Huahuita del cielo,
quiérase dormir:
cierre los ojitos,
no los vuelva a abrir.

Niñito de mi alma,
angelito mío,
la luna le trajo
gotas de rocío.

Changuito del aire
que huele a cedrón,
duerma con los sueños
de mi corazón.




lunes, 21 de octubre de 2013

Coplitas de bien morir





Viene la muerte y me dice
que vea que ya es la hora,
que a su yugo me esclavice.
Ay, la pálida señora.

Voy al ángel de mi guarda
y le pido su favor,
que la muerte no se tarda.
Ay, generoso señor.

Viene la muerte y le digo
que me voy en compañía
de un ángel que va conmigo
y que es amigo mejor.

Ay, la muerte cómo haría
para quitarme el abrigo
con su mano seca y fría,
si mi vida ya no es mía
y la tiene el Creador.




domingo, 20 de octubre de 2013

Coplitas de la niña





Lleva en el pelo la noche,
y en los ojos lleva miel,
y en los labios lleva flores
que canta en coplas, mi bien.

Ay, niña del cerro,
tu piel de aceituna
me brilla en las manos
como la luna.

Dice mi nombre trenzando
manojitos de romero.
Y florecen los lapachos
cuando saben que la pienso.

Ay, niña churita,
frutito'e mistol,
tu luz ilumina
como el amor.




sábado, 19 de octubre de 2013

Coplitas de la luna celosa





Anda nublada la luna:
está celosa.
Dice que miro a una estrella
que me enamora.

Anda la luna brillante
y va encendida
de celos por un lucero,
el que más brilla.

Anda la luna en el cielo,
y en su arrebato:
ella mirando hacia el este
y yo al ocaso.

Anda en sus celos la luna
toda la noche.
La estrella busca unos ojos
que la enamoren.




Coplitas del río





A la orilla del río
canté su nombre;
la quebrada lo dice
y me responde.

Orillitas del río,
piedra y frescura,
van nombrando a una moza
las aguas tuyas.

A la orilla del río
dejé estas coplas
y subieron al cerro
como palomas.

Orillita del río,
corriente clara,
tiene sed de tu canto
la niña amada.




Clavelito



En la casa, no hay muchos a los que les gusten las plantas. Si acaso, verlas. En modo alguno ocuparse.

Tienen algunos alguna que prefieren. Y alguna que no soportan.

Pasa habitualmente que en tiempos como estos primaverales en que estallan los colores en hojas y flores, o en los otoños en que la paleta de Natura se luce, hay algunas admiraciones sinceras. Y por ahí les entra un poco de admiración y algo de afecto por el planterío.

De tanto en tanto, por esto o aquello, hago una visita guiada a corolas y gajos, nada más que como homenaje a los tallos, ramas, hojas, flores, frutos y a las raíces, animalitos de Dios, que tanta alegría callada dan, tanta pena en silencio acompañan. O visten a una y a otra, como si supieran.

Pero está el tala.

Claro.

Tiene que haber traído la semilla algún pájaro.

Una veintena de años atrás, había allí un sauce que terminó muriendo. Después, como a la vera y casi sobre la medianera, apareció un laurel que dejé venirse árbol para que diera hojas de cocina y sombra.

Pero llegó un tala.

Hace años está. Quién sabe de dónde. Y lo dejé. Sobre todo, por recuerdo de mi infancia serrana. Y creció. Y la copa anda ya por los 12 metros. Y las ramas espinosas se meten casi 6 metros a cada lado del linde.

Flor de tala.

Es decir, nada de flor. Pura hoja en primavera y verano, pura rama de espinas fieras (los vecinos ya empiezan a quejarse con elegancia...) y puro frutito anaranjado que hace delirar en chillidos al cotorrerío que a esta altura del año empieza a llegar, goloso (y hasta a hacer algún nido, para estar cerca de la comida...)

Y después, las hormigas. Que compiten con el pajarerío de aves de toda laya, porque son aficionadas al frutito, también ellas.

Se anda mucho descalzo en la casa. Todos. Y casi en todo tiempo. Y, claro, el tala hace pagar el precio de darse ese gusto, porque no deja de soltar ramitas con espinas.

Para más, como a ninguno de los otros ejemplares de la casa, al tala van a dar los claveles del aire.

De modo que, así las cosas, nadie quiere al tala, ni acá, ni en los alrededores. Lo quieren talar. Pero no dejo. Ni a los de la casa, ni a los circundantes.

Nadie lo quiere. Y se entiende que nadie-nadie, no.


Hasta que ayer floreció uno de los tantos claveles del aire que carga con paciencia. Primera vez que pasa.  

Y entonces, a todos los que vieron las flores, porque estaban bien visibles, como para hacerse ver, por un momento les pareció más lindo el tala.

Pero era cuestión del clavel del aire, más bien.

Sin embargo, la belleza y la maravilla de esas flores exóticas se las atribuyeron al tala.


A la tardecita ayer, y a la madrugada hoy, me senté bajo la sombra espinuda. Tomaba unos mates y conversábamos. El tala y un servidor, claro.

Y yo le decía que qué cosa eso. De pronto lo vieron. De pronto les pareció hasta más lindo: "Mira vos, el tala...", decían.

Y me dice el tala que es así, nomás, que ya le pasó en otras partes otras veces; y me explicó con bien articuladas razones que es común que pase así. Y me explicó por qué.


Mirá vos, el tala...



jueves, 17 de octubre de 2013

Coplitas de la paloma





Palomita que vuelas
del limonero,
perfuma con azahares
los ojos buenos.

Palomita que vuelas,
si vas al nido,
cuando llegue la noche
me voy contigo.

Palomita que vuelas,
llevame el alma
y que me vuelva en coplas
por la mañana.

Palomita que vuelas,
duerme a una niña;
que tu arrullo la arrulle,
ay, palomita.




lunes, 14 de octubre de 2013

Estrella de la tarde




Al oeste del mundo hay una estrella.
La veo cada tarde y me parece
cada día más luz y más cercana.
Y más lejana si la noche crece.

Al oeste del día, al fin de todo, 
en un cielo retinto ella amanece
como un augurio claro y silencioso,
mientras el tiempo pasa y se obscurece.

Al oeste del mundo se va yendo.
Ahora mismo que canto su presencia
al sol ausente sigue y se guarece.

Al oeste del día, siempre bella,
volverá. La veré. Será mañana.
Si hay mañana, si estoy y si atardece.




domingo, 13 de octubre de 2013

Eduardo

Saint Edward’s Crown, coronation crown of the kings and queens of England that consists of a gold- and jewel-encrusted base surmounted by a cross. The crown’s appellation was first used in the 13th century, after Henry III had transferred the body of Edward the Confessor to its present shrine in Westminster Abbey and equipped it with new funeral ornaments (the old ones were preserved in the Abbey as relics of the saint).

The actual crown seems to have been used for the coronation of all English sovereigns from Edward I to Charles I except for the boy Edward V, who was never crowned at all. It was broken up in 1649 by order of Parliament, but the present crown, designed for Charles II (reigned 1660–85), apparently was made from the fragments.

Esto dice la Enciclopedia británica a propósito de la Corona de San Eduardo, la más importante de las joyas de la corona inglesa.

El caso es que Inglaterra tuvo dos santos con ese nombre. Y los dos reyes. Y parientes: Eduardo II el mártir y su sobrino, Eduardo III el confesor.

Es curioso. Eduardo el Confesor mandó a construir la Abadía de Westminster pero no alcanzó a asistir a su consagración en 1065 porque estaba ya enfermo. Murió en 1066, el mismo año en que inicia la dinastía normanda por la invasión a la isla. Desde Guillermo el Conquistador en adelante, salvo excepciones, la testa real es coronada allí mismo, en la abadía que mandó a levantar a los benedictinos. Más tarde esto mismo se haría ya con la llamada Corona de San Eduardo, mientras los monarcas se hallan sentados en la silla o trono que también se llama silla de San Eduardo.

Fue Enrique III el que en el siglo XIII hizo reconstruir la abadía y allí se usó por primera vez la famosa corona cuando se trasladaron los restos del santo a la capilla donde quedaron después de la reconstrucción.

Antes, otro Enrique, el II, impulsó la canonización de Eduardo en el siglo XII, lo que ocurrió en 1161, en Roma, en una ceremonia que presidió el papa Alejandro III.

Los restos de Eduardo fueron sepultados solemnemente en la abadía por el arzobispo Thomas Becket, en 1163, el mismo arzobispo al que el propio rey Enrique dizque mandaría a matar en Canterbury, a fines de 1170.

Tres años después, en 1173, el mismo papa Alejandro III canonizó al mártir Thomas Becket y mandó a Enrique que hiciera penitencia ante la tumba del arzobispo.

Como se ve, aparentemente, la actual Corona de San Eduardo fue rehecha por otro rey católico inglés (no son muchos de 1538 a la fecha), Carlos II, llamado el alegre no precisamente por su vida casta.

El Parlamento inglés bajo el breve período repúblicano del siglo XVII mandó destruir la corona anterior. Y, según dicen, una vez restaurada la monarquía con Carlos II, con fragmentos de la vieja corona se hizo la nueva.

Carlos no pudo tener hijos con su esposa la infanta portuguesa Catalina de Braganza. Y tuvo, dicen, decenas de amantes de todos los rangos, muchas de las cuales concibieron hijos suyos. Reconoció 14 de ellos y les dio títulos nobiliarios. Razón por la cual, dicen también los chismes de la sangre, Diana Spencer desciende en línea directa masculina de dos de ellos. Así las cosas, si un hijo de Diana Spencer fuera rey de Inglaterra, descendería de Carlos, el restaurador de la Corona de San Eduardo.

Y esto dicho, digo que hoy es la fiesta de San Eduardo el Confesor, con quien parece, en parte, empezó algo de esta historia que, si no es peor que lo que es, debe ser también por su intercesión.




sábado, 12 de octubre de 2013

Irritado



Disculpe, don Cristóbal,
los versos entre dientes,
pero los compatriotas
son como los parientes.

Ahí, como lo veo,
talado como un roble,
se agranda mi vergüenza.
Usted se hace más noble.

Y si con esa furia
con que encaró su viaje
los mandara al carajo...
muy bien por su coraje.

Una cosa tan sólo
le pediría, acaso:
no lo diga en la lengua
de Lope y Garcilaso.

Es más digno y sonoro
insultar a un enano
si un terso vaffanculo!
le espeta en italiano.

Le pido mil perdones
a mediados de octubre,
por esa mala leche
que salió de esa ubre.

Se eligen los amores,
que amar es elegir,
pero no los paisanos...,
qué le puedo decir.




viernes, 11 de octubre de 2013

Viento del este




Punzante y aguerrido es el viento del este
que al corazón despierta.

Es la tarde florida,
es el viento del este tumultuoso,
es un ardor de nubes en revuelo
y es un cielo celeste.

Es el viento del este,
es la torcaza inquieta de rama en rama,
es esa arboladura sibilante
de casuarinas jóvenes, robustas.

Punzante, el viento ruge.

Y todo se conmueve.

Y el corazón despierta.




jueves, 10 de octubre de 2013

Fábula


Don Cobaya

Esta historia se la contó un Cobaya viejo a la bisabuela del indio Cleto, una bruja que entendía la lengua de los animales; y el indio Cleto me la contó a mí con la prohibición de referirla mientras él viviera. El indio Cleto ha muerto hace ya años, sargento de línea del destacamento de Fortín Tostado, Santa Fe.

El Cobaya es el bicho más ladino, vividor, endiablado y matrero que pisa monte. Se parece mucho a un ratón grande y sin cola, con su color gris tierra, hocico puntiagudo y cuatro dientes roedores; se ofende mucho que le digan ratón, porque dice que su familia es del conejo, y cuando lo llaman conejito o chanchito de la India, se pone muy orondo. Sus íntimos le dicen cuí, sus amigos apereá y  los demás cobaya.

Pues aconteció que un año don Cobaya no sembró maíz; siempre con "mañana lo haré" —y mañana llovía o estaba enfermo o tenía visita—, pasó el tiempo y cuando los maizales de sus vecinos, el Chajá, el Tigre y el Perro, estaban boyantes, lozaneando los choclos, entre la chala reventona y el barbijo bermejo, don Cobaya se halló sin una brizna en el campo y con mucha hambre en el cuerpo. Se vio entonces mal, aguzó el ingenio y salió a pedir prestado.

Al primero que llegó fue al Chajá. No estaba en casa más que la señora. "Mejor", se dijo don Cobaya:

-Buenos días, mi patrona, y toda la compañía. No se me levante, hágame el favor, usté está en su casa y yo vengo a molestar. ¿Y de quién son estas criaturitas? ¡Qué lindura de nenes! ¿Pero para qué estoy preguntando de quién son, si son el vivo retrato de su madre?

Todos saben que la Chajá es tierna esposa y madre cariñosísima. Por lo demás, don Cobaya es siempre bien recibido por las cocinas, porque es charlatán y zalamero. Lo más curioso es que ninguno de los bichos del monte cree las lisonjas y lambeterías de don Cobaya, y sin embargo a todos les gusta oírselas decir y dicen "¡Qué don Cobaya éste! ¡Qué cosas tiene! ¡Mire que decirme a mí el otro día, cuando vino a pedirme maíz, que yo era la pava más inteligente que él había visto en su vida!". Ese era el punto crítico.

-Precisamente patrona, yo venía a pedirle... ¿Usté ha visto mi maizal?

-No.

-¡Un maizal de mi flor! Pero... como sucede que sembré tarde, resulta que todavía no ha granado y yo necesito... No que me falte qué comer, que lo que es en eso, gracias a Dios, el pucherito de cada día hasta ahora en mi casa, treinta años que tengo, nunca me ha faltado... Pero como usté sabe, ahora se casa una entenada mía y hay que sacar la olla grande; así que... ¿una arrobita de choclo fresco a usté le sería de mucho perjuicio?

-No, pero...

-¡Devolveré, patrona, devolveré arroba y media pesada y contada a toda su satisfacción!

Don Cobaya llevó al fin la arroba a su casa y salió corriendo para lo de la Comadreja. A la Comadreja le habló mal del Perro, con quien ella siempre anda mal; y le dijo que era el bicho más hediondo que se había visto, lo cual para una Comadreja es el insulto peor. Pero la Comadreja es larga y no soltó los diez kilos de maíz pisingallo que le pedían hasta que el apereá le dijo dónde había pichones de Chajá y a qué hora los padres estaban fuera de casa.

Después fue a lo del Perro. El Perro estaba durmiendo, abrió un ojo, y después el otro, y lo mandó a paseo. Pero don Cobaya sabía que el Perro tiene un punto flaco, la afición a la siesta; y se le puso al lado charlando como un loro barranquero, hasta que don Barcino, aburrido, le prestó una bolsa de maíz para que se mandara mudar.

-¡Pero me la devolverás a su punto y hora! -dijo.

El Tigre le pidió noticias del hombre. Don Cobaya no sabía nada, pero al momento inventó con todo descaro que el Hombre se había ido a labrar quebracho más lejos y que la tacuara-que-escupe-fuego se le había quebrado. El manchado era avariento,  pero, bien impresionado por las noticias, le prestó rezongando nueve kilos de maíz, al veinte por ciento y ponderándolo mucho.

Y el Hombre le prestó otra arroba, con la condición de que nunca hiciese cuevas al lado de los alambrados aflojando los postes; y que le enseñáse dónde había tunas maduras y camachuís llenos.

Con cincuenta kilos de maíz, don Cobaya pasó el invierno como liebre en alfalfar. Pero amigos, el tiempo pasó y el plazo llegó y la cosa se puso fea, porque a don Cobaya no le quedó ni el afrecho; y los vecinos cada vez que lo encontraban en la pulpería le tenían que recordar sus deudas, para quemarle la sangre, porque ya se sabe que lechón fiado gruñe todo el año. ¿Qué hizo? Fue y citó para el día siguiente en su casa todos sus acreedores.

A la Chajá para las ocho de la mañana, a la Comadreja para las ocho y media, al Perro para las nueve, para las nueve y media el Tigre y al Hombre para las diez. Así que a las ocho en punto entró la Chajá muy campera, con su poncho gris plateado, sus botas amarillas, sus espuelas rojas en las alas, el collar al cuello y un penacho oscuro en el sombrero.

-Siéntese y deje el rebenque, y sírvase un matecito -dijo don Cobaya-. ¿Por quién lleva luto, mi patrona?

Por sus hijos que se los había comido la Comadreja, dijo doña Chajá; y que ella algún día iba a matar a la Comadreja, que se acordara don Cobaya de eso; y se puso fiera, se encolerizó, se encocoró y alzó la cresta, ahuecó las alas y apuntó los espolones, erizó el collarete del cuello y empezó a torear por el cuarto y a tirar cada picotazo, que el apereá andaba a los brincos, mezquinando el cuero. En eso da las ocho y media y -¡Trán, trán!

-¿Quién es?

-La Comadreja. Abrame, don.

-Ahí la tiene a tiro -dijo despacito don Cobaya.

-¡Escóndame por Dios! -dijo más despacio la Chajá-.¡No, don Cobaya! ¡Estoy en casa ajena y a mí no me gusta comprometer a un amigo, ni mover ruido por las casas de nadie! ¿Atrás de la puerta? Otro día será, usté acuérdese, mi amigo. ¿Le parece que no me verá?

¡No la iba a ver! Apenas entró la Comadreja, el apereá traicionero le hizo seña para que viese al Chajá. En dos minutos la mató y la vació por dentro y le sorbió la sangre, como acostumbran ellas. Y después se sentó muy satisfecha y razonable, porque ya se sabe que barriga llena alaba a Dios y el acreedor bien comido espera otro mesecito. El apereá necesitaba solamente que esperase media hora.Media hora y se vio la polvareda en el camino.

-¿Aquello no es el Perro que viene para acá?

-¿El Perro? ¡No diga!

-A mí me parece.

-¡Velay! ¡No hay tiempo para irse! ¿Dónde me podría esconder?

-¿Usté le tiene miedo al Perro, comadre? Pero si usté misma me dijo...

-¡Vea compadre! ¡A dos perros más grandes que ése hizo disparar mi madre, cuando yo era chica! ¡Pero usté quiere que yo mate ahora a ese bandido con lo mal que ando ahora con el comisario, desde las votaciones, y la policía usté sabe cómo es! Usté muy bien sabe; embrollos con la Justicia, el que gana sale sin camisa; ¿qué será el que pierde? Así que yo le voy a perdonar a ese perro y me voy a esconder... ¿Atrás de la puerta le parece? ¿No me verá?

Dice el sargento Cleto que más de un cuarto de hora le costó al Perro estrangular a la Comadreja y sacarla afuera, después que don Cobaya le dijo: "Mire atrás de la puerta, don", por lo cual la Comadreja salió y le tiró un mordisco al traicionero, que si lo agarra... Pero el Perro no la dejó. Le costó sin embargo. Volvió todo sudado y resollando y pidió los diez kilos de maíz para irse.

-¡Usté es un valiente que nos ha librado a todos de ese mal bicho! ¿No se enjuaga la boca, patrón? ¡Manuela, traé esa arroba de maíz que está en la cocina! ¿No se sirve un traguito de ginebra?

-No.

-¿Un pedazo de churrasco?

-No tengo hambre.

-Tengo charqui lindo.

-No me gusta.

-¿Mazamorra, no quiere?

-¡No!

-¿Un poco de dulce de zapallo?

-¡Los diez kilos de maíz!

-¡Manuela, a ver si te apurás!

El Perro venteó al Tigre. Se paró de un salto. "Me voy -dijo-, porque por aquí hay tigre y ése siempre busca camorra...".

-¿Adónde va a ir, patrón, si el Tigre ya está al cair? ¿No lo está viendo atrás de aquel espinillo? Mejor que se esconda rápido abajo de la cama.

El pobre Perro se escondió, pero don Cobaya lo traicionó y el Tigre lo descogotó y bebió la sangre caliente y aterciopelada. Y enseguida se puso a pedir a gritos, ronco y con la boca sucia, que se le pagase al punto todo lo que se le debía.

Decía el indio Cleto que el Tigre se emborracha con la sangre, y que no hay animal más caprichoso e irrazonable que un borracho cuando le da por la mala. Así que un tigre cebado en la sangre de un hombre es capaz de echarse al Paraná y asaltar a nado un buquecito de vapor, como pasó hace tiempo en el puerto de Candelaria. De modo que don Cobaya no sabía dónde estaba y trataba de arrastrar temblando una bolsa de virutas de la cocina, diciendo que era maíz, porque el manchado estaba fiero.

-¡Apuráte o te mato!

-¡Mire afuera, don Manchado, que me parece que viene gente!

El Tigre miró... y agachó las orejas, se golpeó las ancas con la cola y se le fue como un soplo la mamúa. Por la picada polvorienta y llena de sol, a la vera del algarrobo, venía el Hombre chiflando, con su escopeta al hombro. El Tigre pidió muy mansito que lo escondiera -no es por él, sino por la tacuara-que-escupe-fuego- y el apereá lo metió en el cuarto de al lado y le echó la llave. De modo que cuando lo denunció, el Hombre no tuvo más que abrir un postigo y dejarlo seco de dos balazos. Y después lo desolló en cuatro tajos, porque era baquiano en eso, sobre que animal caliente se cuerea fácilmente; se echó al hombro el cuero, se acomodó la escopeta y dijo al Cobaya:

-Me voy a estaquiarlo pronto, para que no se me abiche. Cuarenta pesos me dan a la fila por este cuero. Los diez kilos de maíz que me debe, qué diablos, yo se los regalo, porque ya aquí llevo la ganancia del día.

-¡Que San Antonio se la guarde y se la aumente! --dijo el apereá muy devoto.

Y al acabar aquí su cuento, decía el sargento Cleto que, a pesar de todo, no había que tomar ejemplo del apereá; porque al fin y al cabo estuvo mal hecho; y si esta vez le salió bien, otra vez podía torcerse la boleadora, y salirle gallareta en vez de pato, porque el mejor jinete encuentra también su vizcachera. Y la prueba está, decía Cleto, que al año siguiente a don Cobaya lo comió la Culebra, y no le valieron mañas. Quien mal anda, mal acaba. Pero en esto último no todos estaban conformes, y había también sus dudas. Sin embargo, ésta era la opinión del sargento Cleto.


Es de Leonardo Castellani, de Camperas, en el capítulo de las Fábulas que pasaron en el monte virgen.

Me gusta mucho. Literariamente es poderosa, y tiene ese rasgo dramático, teatral, muy eficaz.

Mete un poco de miedo, eso sí.

Al menos, es para pensar. Mucho.

Y en muchas cosas.

Digan si no.



Noche de lluvia




Mientras la noche ahora es agua oscura
y el cielo, a ratos bronco, refucila,
por unas horas un rumor destila
tristezas de tormenta en la llanura.
Un ave quieta en su rincón vigila
que gota a gota drenen su frescura
las ramas del laurel desde su altura,
mientras las mece un viento que adormila.
Morosamente escampa, se oye un grillo,
una humedad de tierra anda en el aire
y el pasto exhala nieblas aromadas.
Las nubes se deshacen con donaire
y, mientras van al norte demoradas,
ya unos zorzales cantan su estribillo.




martes, 8 de octubre de 2013

Tu primavera (colección privada)


A B. A. M. B. A, en su jardín del cielo

Es el verde que ves y no ves.

Es la flor que crece en tu nombre y a tus expensas.

Para mi alegría.


Es tu jardín que no es; y es el mío.

Jazmines y lirios, achiras y salvias, una cala extravagante que creció entre una trepadora, un simpático cebollín. Y las lavandas, ahora entreveradas con las colas de caballo y las margaritas.

Quedan, al final, la magnífica eugenia y el limonero, que la hermana y la cuida.
























Allí va tu jardín, y aquí lo dejo.


Para tu gloria en tu Gloria.



lunes, 7 de octubre de 2013

La mar de octubre



Toda esta mar es tuya,
toda esta luz de fuego y la marea
que octubre agita ahora
en esta mar que añora
tu corazón de guerra y aleluya.

Toda esta mar ondea
y el viento que la traza le da al día,
cimbrando los cordajes,
furores y corajes
que sangran por tu voz, en la pelea.

Toda esta mar bravía
que se rinde a tu amor, te da la gloria
a ti, Don Juan,
gran capitán,
siervo de Dios en fe y en alegría.


Envío

Y dejo, en tu memoria,
novio de la victoria de Lepanto,
las cuentas del Rosario y este canto.




jueves, 3 de octubre de 2013

Elegía

A D. C. A, in memoriam


Cantó su amor como un zorzal transido
y un día, al florecer sus manzanares,
llenó de voz y aroma sus pesares
con un gozo secreto, adormecido.
Sus nostalgias de cielos, campos, mares,
iban buscando el Reino prometido;
y un día, en primavera convertido,
sembró el silencio en vidas y lugares.
Yo conocí su estirpe y sus acentos
y caminé mis pasos por sus huellas,
lejos de su bondad y de su altura.
Llevo en mi sangre trazas de sus vientos,
un vago resplandor de sus estrellas,
y apenas un jirón de su figura.




martes, 1 de octubre de 2013

Cifras




- ¡Ah... la fresca...! ¿Cuadritos? ¿Y esto qué es...?

- Un "cuadrito", como usted dice..., con "barritas" y "dibujitos"...

- Oiga...

- Mire, eso que ve allí es lo mismo que esto que le digo ahora:



- No sé si entiendo más o menos, ahora... ¿Para qué hizo eso?

- En principio para mirarlo, claro. Y para ver qué veo.

- ¿Y qué vio? Porque yo, lo que se dice ver...

- Por lo pronto, fíjese, son 70 años. Y son setenta años porque estoy contando la vida del peronismo. Antes de eso, no existía, se entiende...

-Y, claro... ¿Entonces?

- Por ejemplo, vea: desde que existe el peronismo, en los últimos 70 años (y contando hasta 2015, como es lógico), el peronismo habrá gobernado la Argentina durante unos 37 años, es decir, más de la mitad de ese tiempo. Entre desarrollistas, digamos (aunque Frondizi arrancó radical...), y radicales (solos o aliados), estuvieron unos 16 años a cargo del gobierno. Los militares, unos 17 años.

- ¡Mirá vos...! Pero, espere, espere... Momentito, cumpa: vamos a ver: qué peronismo, qué radicales... Epa, mi amigo..., Momentito... Y hasta qué milicos, si vamos al caso...

- ¡Ja! ¿Vio? Ahora resulta que empezó a ver...

- Eso no sé, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa... Porque usted cuenta peronismo y ahí adentro entran todos...

- ¿Ve? Exactamente eso fue lo primero que vi: las cifras solas no sirven para hacer historia, por más barritas y dibujitos que traigan... pero..., ¡ojo al parche...! Algo dicen, mi amigo, algo dicen... y obligan, por ejemplo, a hacerle algunas preguntas a la historia y ahí empieza el batuque...

- Pero no diga que es todo tan limpito como para que no haya que ponerse a ver quién es quién. Mire Frondizi, por ejemplo: desarrollista, con Alsogaray de ministro y...

- Por eso mismo..., es precisamente lo que me parece: hay que mirar con detalle y con más profundidad: lo demás puede ser un relato, otro más, digamos, burdo o no...

- ... o lo del peronismo que le dije. ¿Cámpora del '73 y Menem del '90, juntos de la manito? Por favor...

- Ahí me da que se equivocó fiero, ¿ve? Me parece que usted no entiende bien al peronismo (los peronistas no se hacen mucho problema por entender tampoco, no se amargue por eso...) El asunto ahí no es cuestión de cifras, por cierto. Y no se deje engañar por las cifras: que hayan gobernado durante 37 de los últimos 70 años no quiere decir que sean todos igualitos. El asunto, en todo caso, es que igualitos u opuestos, son todos peronistas...

- ¿Entonces?

- Y entonces, por lo menos, (y esto sí que me parece importante aunque parezca obvio), es un hecho que el peronismo gobernó 37 de esos 70 años que van de 1946 hasta 2015... (y eso porque lo votaron sobre todo los peronistas, aunque no sólo, pero sí sobre todo...)

- ¿Y? ¿Con eso?

- Por lo pronto, sea lo que fuere lo que dé el rastrillo fino sobre esos 70 años, y sobre los 37 que gobernó para bien para mal el peronismo, llenos de distinciones y notas al pie, y matices y que sí y que no..., me parece que no hay modo en que puedan hacerse los boludos..., digo, ¿no? No está muy claro eso de que no hayan gobernado o no los hayan dejado gobernar... Pero, hágame caso: siga mirando el cuadrito con las barritas y los dibujitos. Estoy seguro de que se nos van a ocurrir más cosas... Porque, dicho sea fríamente, si -un suponer...- llega a pasar que los que gobernaron 16 ó 17 años -ó 33, sumándolos-, hicieron más destrozo que los que gobernaron 37, me pregunto entonces, por ejemplo, si los que gobernaron 37 tienen que seguir probando a ver si les sale. Porque si los que estuvieron más tiempo -y, en esos 37 años, al menos 3 veces, más tiempo junto que los demás- no sólo no ayudan sino que joden más todavía -por derecha o por izquierda, tanto da...-, ¿qué quiere que le diga?

- ¡Qué lío, viejo! Y todo por un cuadrito pedorro..., para qué le habré preguntado...

- Y, sí. Yo le avisé: con las cifras no alcanza... Pero, que algo dicen, algo dicen... Pero no alcanza, claro. Pero algo dicen, claro...



Octubre




Llueve apenas un aire.

Ya es octubre.

Y la llovizna fría,
esta mañana,
me recuerda que octubre me ha dejado tres heridas.

De esas que son mientras que dure el tiempo.


Y ahora, esto es octubre.


Le perdono sus días,
su memoria.

Su isócrono memento y sus tristezas.


Y nada más esperaré que crezca,
quietamente,
que madure con trinos su semilla de sol,
de viento y flores.

Sé indulgente con octubre, me repito.

Y obediente,
tal vez agradecido,
él va en silencio,
año tras año,
al fin.




domingo, 29 de septiembre de 2013

Ex umbris



Y en este no saber y andar a tientas,
el tiempo pasa, hiere y se consuma.
Y en este andar a tientas entre bruma,
el tiempo taja en estocadas lentas.
Y en este no saber, la luz se esfuma
y el tiempo gime en horas polvorientas.
Y en este no saber de horas violentas,
el tiempo ruge una aridez que abruma.
¿Qué es este no saber y andar sin norte?
¿Qué es este paso que no da sosiego?
¿Qué es este tiempo que jamás termina?
Es el hombre sin más, y éste es su porte,
andando el tiempo va y va casi ciego,
mientras al puerto de la luz camina.




lunes, 23 de septiembre de 2013

Kairós



Por un camino va la vida al paso,
por el aire va el cielo en su carrera.
Y por septiembre va una primavera
húmeda y fría y con el sol escaso.
En mi rincón, el ojo atento espera
y tasa el peso y el dolor del caso
de un mes en flor que sufre su fracaso
ante el fuego y el frío sin frontera.
Pero tengo en mi haber las estaciones
agazapadas como un niño inquieto,
latiendo el día siempre a borbotones.
Así mi corazón trashuma el año,
pacientemente cíclico y secreto,
y el tiempo pasa fiel y sin engaño.



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Beato




Aquí, en el nombre alto de mi Padre,
del Hijo, que es tu hermano, y Dios Él mismo,
del Santo Amor eterno, que es Espíritu,
te saludo, José Gabriel Brochero.

Ya tu sierra da al aire yerbabuena,
todo un rumor de arroyo, piedra y viento,
(mientras, al tranco, Malacara rumia
pajonales de nadie por la falda.)

Esa fatiga de pelearle al Malo
las almas de poleo y de majadas,
fue tus días y noches fieras, dulces,
y ese tiempo sin tiempo de tu celo.

Como una cruz de palo en roquedales
que coronan los altos de tu sierra,
queda tu paso firme que va hincando
mil socavones de coraje y gracia.

Tu huella bendiciendo piquillines,
adobes y palenques, cerrazones,
bautizando quebradas, desposorios
de corazones simples con el cielo.

Ya al pie de un tala amaina tu figura,
de rodillas descansa a la oración,
porque cayó la tarde y estás lejos
del Tránsito y la casa y de las Vísperas.

Falta un tirón, y vas, rosario en ristre,
paladeando la luz de una Custodia,
a ese Hombro gaucho que sostiene al hombre
al fin de tu jornada, cura bueno.

En un cielo de valles con sus molles,
en celestiales pedregales de oro,
vadeando ríos frescos de alegría,
ya descansa tu siembra y tu cosecha.

Y un coro de changuitos y paisanos
sobre las brasas ponen un cabrito
celebrando al feliz, ellos felices,
en una fiesta eterna en tu homenaje.




sábado, 31 de agosto de 2013

Vísperas de Dulcinea


Quien al Toboso va, busca y en vano
la gracia de tu nombre, tu figura,
la mirada serena y esa pura
suavidad en el gesto de tu mano.
Quien del Toboso viene, triste jura
que no ha oído ni a moro ni a cristiano
revelar el misterio que Quijano
llevó en su pecho. O que tal vez augura.
Porque tal vez, Señora, todavía
no llega el tiempo en el que eternamente
se diga Dulcinea, siempre amante,
a la doncella que tan dulcemente
amó en Alonso al hombre que sabía
loco de amor y caballero andante.



Casa de Tucumán




Hay asuntos que tienen dos caras.

Uno mira siempre la superficie, por supuesto, tal y como aparecen, tal y como nos ocurren las cosas. La simple anécdota, a veces graciosa o casi, los hechos mondos y desnudos. Lo que pasó. Y hasta alguna interpretación primaria, las primeras capas de los signos.

En esta historia, creo, fue así. Pero resultó que con los días, con las semanas, decantaron los pasos sencillos de esta comedia. Y la anécdota me ocupa una parte del día, cada día, créame que sí.

Y ya no fue más una simple historia de calle. Porque apareció un abismo. Algo más o menos oscuro, cuyo fondo no es fácil de ver. Todavía lo estoy pensando.

* * *

Eran días de julio, vacaciones de estudiantes (y de judiciales...)

Una mañanita, tenía que bajar a la ciudad y fui. Ya llegaba tarde a unos lados y entonces andaba con apuro. Estaba en la Plaza, recién había cruzado la Avenida de Mayo y bordeaba el Cabildo, por Bolívar, caminando por la calle para ahorrar un trecho.

Del otro lado de la valla que guarda al peatón, saliendo de la recova del Cabildo, se asoma y me frena una señora de unos 50 años, criolla, simpática. Iba con un niño de unos 10 u 11 años y con una mujer mayor, casi inequívocamente su madre. La misma mirada, la misma sonrisa. Paseaban. Era un previsible contingente familiar, típico en esos días de julio por todas partes. Dando vueltas más o menos baratas, viendo cosas.

- Disculpe, señor...., perdóneme, que está cruzando la calle, es una preguntita, nomás..., dijo la doña viendo que me atajaba a la carrera y en off side municipal.

- Dígame, señora, no se preocupe...

Balconeó la valla y sacó el cuerpo por encima.

- ¿La Casa de Tucumán...?, preguntó.

- ...

- ¿Dónde está la Casa de Tucumán?

Había que pensar rápido. Pero, y sobre todo, había que sentir rápido.

Estaba en juego -y eso sí lo vi inmediatamente- desde la caridad hasta la historia, desde la educación argentina hasta la bien fundada socarronería de la porteñidad, desde el escándalo de un niño hasta la humillación por ver a los compatriotas en esa situación.

Detrás, aparecía la cabeza del muchachito, muy interesado en la respuesta, y un poco apartada, pero pispeando también, la abuela, todavía recorriendo con la mirada las demás cosas que se ven desde allí.

- .... en Tucumán, señora..., la Casa de Tucumán está allí, en la capital, en San Miguel de Tucumán..., dije con un tono neutro, casi como si ella estuviera leyendo un cartel. Y seguí, sin hacer una pausa que podía haberle resultado gravosa:

- Acá en Buenos Aires no hay ninguna réplica, que yo sepa. Por ahi, sí. Pero no la conozco. Hay otras cosas que pueden ver. ¿Andan con tiempo?

Y lo que siguió fue una hoja de ruta sencilla, repasando las "glorias" de la Reina del Plata, las que tenían a tiro.

- ¿Ustedes son de alguna provincia?, pregunté ya en franca conversación de vecinos.

- Sí, dijeron casi al mismo tiempo los tres, con una sonrisa que valía su ancho en oro. Somos de Formosa, Formosa capital...

- ¡Ah, tan lejos...! Bueno, no se pierdan en este monstruo. Pásenlo bien...

    
Llegué tarde a la junta. Muy. Y tenían que esperarme para empezar. Mala suerte.


Volvía al pueblo a la tardecita y me mordía fiero la imagen de mis paisanos formoseños buscando hacía un rato la Casa de Tucumán.

En la Plaza de Mayo.

Tres generaciones de argentinos de Formosa había allí.


- La puta madre que los parió..., dije (y creo que en voz alta, porque un albañil paraguayo a mi lado en el furgón, me miró feo..., o me habrá adivinado el pensamiento...)

Y el objeto directo pronominal los era el título de una lista enorme de nombres (estaba el mío, sí, fíjese lo que son las cosas...) de gentes buenas, malas y mediocres. Todos culpables de que tres generaciones de argentinos buscaran la Casa de Tucumán en la Plaza de Mayo.

Y, no: los nombres de los tres formoseños no estaban en mi lista. Para nada.



viernes, 30 de agosto de 2013

Huarmicita


Huarmicita del valle,
flor de poleo,
ya he subido a la sierra
y no te veo.

Huarmicita del río,
piel de aceituna,
te busco por el valle
donde no hay luna.

Huarmicita del cerro,
niña pastora,
¿dónde está la voz tierna
que me enamora?

Huarmicita del monte,
sonriente y chura,
de mistol y chañares  
es tu dulzura.

Huarmicita, tu nombre
me anda buscando,
me ha de hallar algún día,
yo no sé cuándo.



jueves, 29 de agosto de 2013

Soy tonto

No me creo el único, no. Hay otros que también lo son, por supuesto.

¿Es consuelo que haya muchos tontos? No es un bien ser tonto. Y entonces es mal de muchos que haya muchos tontos.

Entonces.

¿Es consuelo de tontos que haya muchos, por aquello de que el mal de muchos es consuelo de tontos?

Dicho así, y si uno es tonto, debería serle consuelo, claro. Y sería la prueba de que lo es. De que es tonto, digo.

Pero parece que no siempre dijo eso el refrán. Gracián, por ejemplo, en el Criticón dice graciosamente:
Ítem: se prohibe, como pestilente dicho, aquello de Mal de muchos, consuelo de todos. No decía en el original sino tontos, y ellos lo han adulterado.
Y dice esto, con razón, porque hay partes antiguas en la que se dice mal de muchos, conhorto (conforto, consuelo) es o mal de muchos, gozo es.

Tiene sentido, se entiende, que duela menos sentirte acompañado por muchos, si de llevar un mal se trata (y la tontez no es un bien...), y hay quienes defienden la versión benévola del dicho, por eso mismo.

Pero.

Por su parte, el crudo Eclesiastés dice que stultorum infinitus est numerus (1, 15), y eso no es muy consolador que digamos, también es verdad. Porque infinito no es solamente muchos...


Hace unos años, leí un ensayo breve de un Prof. L. Jean lauand, que era de la U. de San Pablo, en el Brasil.

Se llama La tontería y los tontos en el análisis de Santo Tomás y tiene la gracia de acopiar unas 22 formas de tontería, según lo que leyó en la obra de santo Tomás de Aquino. Están definidas brevemente y remiten al lugar en el que se trató el asunto.

No falta nunca el tonto que trata de ver a quién podría aplicarle cuál categoría. Claro. Es inevitable.

A mí me ha servido para cosas del lenguaje varias veces. Pero, y sobre todo, cada tanto lo sacó de su rincón y lo miro

He visto que no es un tema inapropiado para meditar. Y, por cierto, tiene su sentido -bien que algo ácido y buenamente humillante- aun como examen de conciencia.

Ahora, si usted quiere saber si algunas veces visto con esas ropas a algunas cuantas gentes, le digo que sí, claro, cómo no...

Soy un tonto, ya lo dije. Y es conforto el mal de muchos, dicen.



Soneto


Aturdido de cielo y de panales
que trapichan dulzores sigilosos,
huelo la luz dorada en deliciosos
rayos de miel de flores matinales.
Ando en un vilo de aires amorosos,
libo en los ojos néctares raudales
y en rumores de sol confidenciales
rezumo unos colores cadenciosos.
Como un enjambre, agosto silba un viento
de aromas musicales renacidos,
ciego de salvia y de jazmín hambriento.
Y entre unos cerros hasta ayer dormidos,
estallando su risa en movimiento,
ya unos lapachos braman de floridos.



martes, 27 de agosto de 2013

(Incipit)


omo es agosto, así fue el día desde media mañana, mermando el frío, dando sol al cielo.

Hoy día, el último martes del mes. Para cumplir con agosto, será.

Casi como el verdadero agosto. El que no había sido hasta hoy. El del viento sostenido y el aire fresco y claro. Como es aquí, en el sur.



Se ve que el pelícano sabe eso, se diría que lo sabe casi antes de que pase.

Por eso, a media mañana, empezaron a entrar por el cielo, me parece que viniendo del nordeste y desde el este. Otra vez rumbo al sur, en su bandada.

No eran muchos al irse, aunque es difícil saber cuántos eran. Tan difícil como saber si volvieron todos los que partieron. Creo que no.

Pero, y aunque era casi el final de una travesía, se los veía animosos. En especial, a unos pocos de ellos. No recuerdo haber visto partir ejemplares tan joviales. Pero los veo volver -¿volver? ¿llegar?- ahora. Y le dan un aire vigoroso al vuelo desgranado de la bandada migrante. Parecen como nuevos en el pago. Tal vez.

Les queda un trecho todavía hasta donde harán sus nidos. Ya llegarán dentro de poco. Y se asentarán. Por otro tiempo, al menos.

Ellos saben sin saber ahora que sabrán cuándo llega la hora de levantar vuelo otra vez.


Pero, mientras, aquí están.


Incipit pars secunda pelecani.



lunes, 26 de agosto de 2013

Vita nuova

¿Dónde tendría que hablar de estas cosas? ¿Es un recuerdo? ¿Es música? ¿Es poesía?

¿Importa?


Preparaba unos papeles y apareció una cita de Dante Alighieri, de su primera obra, La vita nuova. De hecho, es obra de hace al menos 720 años y hay poemas allí de unos 730.

Pero, de pronto, vino el año 1975. Curso de Literatura Italiana. Y, con ella, llegó quien hablaba de aquellas cosas: una anciana venerable y fiorentina, la sabiduría y la dulzura honda y quieta de una cultura de siglos, que me enseñó la Commedia, verso por verso.

Antes, había empezado Dante leyendo algunas de las Rime.

Y la primera fue Tanto gentile e tanto onesta pare.

El soneto está en el capítulo XXVI de la La vita nuova.
Tanto gentile e tanto onesta pare
la donna mia quand’ella altrui saluta,
ch’ogne lingua deven tremando muta,
e li occhi no l’ardiscon di guardare.
Ella si va, sentendosi laudare,
benignamente d’umiltà vestuta;
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.
Mostrasi sì piacente a chi la mira,
che dà per li occhi una dolcezza al core,
che ’ntender no la può chi no la prova:
e par che de la sua labbia si mova
un spirito soave pien d’amore,
che va dicendo a l’anima: "Sospira".

(Y aquí lo dejó para que suene en la lengua que debe...)

Siguió inmediatamente con Guido, i’ vorrei che tu e Lapo ed io (también queda aquí para que acompañe al anterior...) Es de la misma época, pero no está en la obra. Está dirigido a Guido Cavalcanti, su amigo y, como él, poeta de aquel Doce stil nuovo.
Guido, i’ vorrei che tu e Lapo ed io
fossimo presi per incantamento
e messi in un vasel, ch’ad ogni vento
per mare andasse al voler vostro e mio;
sì che fortuna od altro tempo rio
non ci potesse dare impedimento,
anzi, vivendo sempre in un talento,
di stare insieme crescesse ’l disio.
E monna Vanna e monna Lagia poi
con quella ch’è sul numer de le trenta
con noi ponesse il buono incantatore:
e quivi ragionar sempre d’amore,
e ciascuna di lor fosse contenta,
sì come i’ credo che saremmo noi.

No hay nada que explicar, ni análisis ni hermenéutica dantesca.

Que suenen. Son sonetos, después de todo.

Aunque no suenan como el toscano impecable de aquella reliquia fiorentina. Eso no.

Pero también ella vuelve con Dante; y donde encuentro a Dante, ella está.


Dios me la guarde, tanto bien hizo. Me hizo.


sábado, 24 de agosto de 2013

Amor futuro




Acá se ven. En Buenos Aires, digo. Pero, más que los otros, el rosado.

Cuando era mozo, los vi por primera vez en el norte, en septiembre. Lapachos. Amarillos, blancos y rosados.

Años después, otra vez me encontré a Tucumán florecido y los blancos y amarillos eran una gloria que emocionaba.

No me crea: viví desde entonces con la nostalgia de esas flores poderosas saliendo directamente de las ramas negras y adustas, altos, como guerreros con penachos. No recuerdo haber visto por acá esos colores. Y me dio alegría siempre recordarlos allá.

Otro septiembre fue, años después, y anduve por allí visitando al insigne tucumano. Y otra vez ellos.

Lo que son las cosas, hace un año y feria, uno de la casa -festejante de una de las niñas- me trajo uno de regalo, en un macetón que preparó en el campo. Y aquí está, cerca de la cueva.

Muchos árboles planté.

Pero a ése nunca lo puse en tierra (diría mi madre), y vaya a saberse por qué, aunque -quién sabe- tal vez esperaba yo algo que lo hiciera propicio.

No lo sé.

Tal vez en un tiempo vuelva al Tucumán. Estarán otra vez ellos.

Venga para septiembre, que es cuando Tucumán se luce, como me dijo un anfitrión.


Cuando esté allí, voy a buscar cómo traer el blanco y el amarillo.


Y esta vez, Dios primero, sí los pongo en tierra.



martes, 20 de agosto de 2013

Reyes



Señora, el kirchnerismo se terminó. Usted sabe que es cuestión de tiempo. El verso no camina más. Los reyes son los padres.

Según se sabe, esta frase la dijo Jorge Lanata el domingo 18 de agosto de 2013. Me dicen que la repitió varias veces, además de esta vez, a lo largo de casi dos horas.

Con señora se estaba refiriendo a Cristina Fernández.

Dejo de lado todo y cualquier otro asunto y solamente digo una cosa.

Si hubiera una la lista de agradecimientos especiales a Cristina Fernández, hay que hacerle a esto mismo un lugar destacado, y no me apuren porque creo que esto merece el primerísimo primer lugar.

Porque, en una medida enorme y honda, esto fue posible gracias a la estolidez de Cristina Fernández -principal aunque no únicamente suya-; es posible esta suficiencia pareja con la suya gracias a su estupidez desencajada todavía más por la egolatría y por la furia de su vanidad y de su soberbia, heridas un poco más ahora por los estiletes quebrados del espejito mágico que le ha dicho que no la quieren.

Ella, con su penosa viveza de morocha brava, ha logrado una cosa horrible. Sí, concedo: muchas cosas horribles, pero esta cosa horrible en especial.

Ella le ha dado servido en bandeja un triunfo cultural y político a esa cosa proteica y terrible que llaman Clarín y a Lanata, como nunca antes un supuesto enemigo ideológico y cultural pudo siquiera haber soñado en su peor pesadilla que podría conseguir.

Cristina Fernández ha logrado que el pie gorila aplastara no su cabeza de ella, que al fin de cuentas es otra cabeza gorila.

Ella consiguió que el pie inmundo aplastara todo lo que es amable y valioso en la patria, que para el caso bien vale retratarlo en el emblema de los Reyes Magos dizque defenestrados.

Solamente ella es la culpable inmediata de que el grito de guerra y de victoria de ese Clarín y de Lanata, y de todos los que gritan con ellos, pueda ser: Los reyes son los padres.

Un grito de guerra a la altura y de la matriz de quienes gritan y a la altura y de la matriz de quien tiene que oír su derrota dicha de ese modo.

Porque, mis amigos, el mundo se divide inevitable, dolorosa, tajante y agonalmente en dos: los que pueden y quieren decir Los reyes son los padres y aquellos a los que ni se les ocurre querer pensar o decir semejante disparate.

Cristina Fernández, y tantas otras Cristinas Fernández de ambos sexos a lo largo de años, de cualquier corriente y color, han estado batallando para que un día se pueda decir con orgullo diabólico la frase que aplaste a los enemigos: Los reyes son los padres.

Clarín y Jorge Lanata, y tantos otros Clarín y Jorges Lanata que hasta asco le tienen a Clarín y a Jorge Lanata, han estado bregando sin desmayo para que al fin se pueda alzar como grito de liberación que Los reyes son los padres.

Si gana alguna ventaja de todo esto, Cristina Fernández está dispuesta de corazón a festejar gritando con su genético desprecio y su mofa burlona, de la forma más guaranga que pueda, diciendo esas palabras u otras, que Los reyes son los padres.

Y si la ventaja la ganan Clarín, Lanata y los que pueden ganar porque tienen cómo, no importa si a coro con una pedorreta o elegantemente ataviados para el lobby de su cruzada, también ellos llevarán bordada en sus oriflamas la divisa infame: Los reyes son los padres.

¿Así que el piso de Ganancias, la calidad institucional, la ampliación de derechos, el tod@s y tod@s, la patria es el otro, el diálogo y la tolerancia, la soberania energética, crecimiento con inclusión, no quedarse afuera del mundo, los derechos humanos, las leyes progresistas, la distribución de la riqueza, las oportunidades perdidas, la riqueza de los corruptos, los corruptos por las riquezas, las políticas anticíclicas, la década de oro o la década de mierda y todo lo demás?

Nones.

Nones, mis amigos, nones.

La guerra es otra cosa

En realidad, a ver si se entiende, cada batalla es para ver quién de todos será el ganador que pueda empinarse y con voz cascada o melíflua pueda llenarse la boca finalmente triunfante con la consigna: Los reyes son los padres.


Pero eso es en uno de los rincones.


En el otro, están Melchor, Gaspar y Baltasar.


Que ya ganaron.

lunes, 19 de agosto de 2013

La muerte feliz

Pasaron casi 25 años desde entonces hasta ahora. Pero de pronto se borraron y fue como si hoy mismo empalmara con aquellos días de 1989, apartando del medio lo que quedó en el medio.

De pronto fue 1989 y fue recién, todo a la vez. Y fue feliz.

Tal vez sea raro para algunos, pero ese efecto causa encontrar libros, que uno apreció mucho y creyó perdidos por casi 25 años. 

Admito que es una impresión extraña volver en el tiempo así, nomás por haber encontrado en el fondo de una caja llena de polvo dos libros apenas. Pero tiene un efecto que conmueve, créame. Es como una resurrección, aunque suene extremo.

Una edición de Gallimard, de 1971. Cahiers I - La mort heureuse, de Albert Camus. La novela corta que compuso entre 1936 y 1938, que fue casi la prehistoria de El extranjero, tan parecida y tan distinta. Se publicó después de su muerte. (Recordé siempre aquello de l'oisiveté n'est fatale qu'aux médiocres...)

Una edición de Emecé, de 1947. La vida y el tiempo, de José María de Estrada. Un breve ensayo estético, filosófico y teológico sobre las Coplas de Jorge Manrique, con riquísimas y sencillas observaciones hondas sobre el misterio del tiempo.

Creía con certeza haberlos perdido irremediablemnte en una de las tantas mudanzas y desmanes de aquellos días.

Y pensaba al reencontralos hoy que en todos estos años no estuvieron tanto ellos muertos para mí como yo para ellos.



jueves, 15 de agosto de 2013

Aquiles, Toti y la mala loca

Había llevado el auto a la mañana temprano. Problemas con el termostato, creo, y bastante mugre en el radiador. Serían las 3 y media cuando entré al galpón del taller a buscar la máquina.

El radiólogo recién jubilado ya estaba ensillando el mate y un espontáneo industrioso cargaba leña en una carretilla para alimentar la chimenea. Hacía frío. El Negro, junto a la enorme boca de fuego, se gloriaba del matambre y los chorizos que allí mismo había sacrificado para el almuerzo, el dueño del taller operaba sobre el único auto que tenían para arreglo y Toti, apoyado en el guardabarro, holgazaneaba displicente y cazurro, como es su talante, y zahería al resto con comentarios graciosos.

Me vieron entrar a pie, la silueta a contraluz. Me esperaron en la oscuridad del galpón y saludaron con bromas en cuanto estuvimos en rueda. Me reprocharon no haber estado para el sacrificio de las carnes; pero, por lo que se vio, en todo caso lo urgente era que necesitaban un juez de raya.

- Ah..., a usted lo estábamos esperando. A ver qué le parece, porque estamos discutiendo acá..., dijo el Negro que es habitualmente el maestro de ceremonias.

- No me haga hacer de jurado...

- Bueno, bueno... pero seguro usted tiene alguna opinión..., amainó Toti.

- A ver...

- Esta mujer, Cristina, ¿no? -iba el Negro tanteando-, ¿está loca o es mala? Porque yo digo que algo no le funciona bien en la cabeza y ellos dicen que nada más es una hija de puta...

- Ah, qué sé yo... Pero, mire, en principio, no se puede ser gordo y flaco a la vez. Pero se puede ser a la vez flaco y morocho, por ejemplo. Quiero decir que, según se mire, esta mujer podría ser ambas cosas. Hay gente mala que está un poco loca, como hay gente loca que es buena. Según se miren la locura y la maldad. Sin ir más lejos, a la vuelta de casa, a cincuenta metros uno de otro, viven dos tipos que están un poco locos: Tito, un tipo oscuro y medio dañino, y el Cholo, una especie de santo y niño, que supo ser mecánico él, fíjense...  

- Pero si está mal de las tejas no importa que sea un poco mala, porque no se da cuenta de que hace mal, porque está loca, ¿no?, reflexionó el radiológo impecable.

- Claro. Pero. Hay locos y locos. Y hay gente que hace cosas de locura por maldad. Ustedes, me parece, están pensando en la cabeza. Están pensando en cables quemados del cerebro. Y es verdad que hay locuras que son eso. Un poco inexplicables, misteriosas, desconexiones, química, electricidad, vaya a saber uno de qué vienen. Es verdad. Pero hay otras locuras, me parece. Nadie decide que le falte litio o potasio o que se le queme un lóbulo de la cabeza. O su genética. Pero se puede ir decidiendo apartarse de la realidad, se puede decidir ser caprichoso, vanidoso, egoísta, avaro, soberbio. Y eso puede, digamos así, enfermar. Por eso digo que, en cierto sentido, se puede ser loco y malo, a la vez. Porque hay locuras que vienen del cuore y no de la testa. Chesterton, un inglés, decía eso: un loco no pierde la razón, pierde más que nada el contacto con la realidad. El asunto es cómo se pierde el contacto con la realidad. Un ejemplo. ¿Vieron la Ilíada? Todo el mundo dice que la Ilíada habla sobre la guerra de Troya. Todo el mundo menos Homero, en todo caso. Porque el poema empieza diciendo de qué trata: Canta, oh diosa, la furia loca de Aquiles el hijo de Peleo, una ira funesta que le causó tantos males a los griegos y a los troyanos. La primera palabra en griego de la Iliada es locura furiosa, ira. Aquiles se volvió loco, digamos así, por muchas razones: de vanidad, por furioso de soberbia, y llevó su soberbia hasta la locura, digamos así, de hacerle mal a los amigos, a los suyos, a los más queridos y por supuesto a hacerles un mal cruel y despiadado a los enemigos, cuando le llegó el turno de vengar a los griegos que habían muerto por la propia culpa de la furia de Aquiles. ¿Qué era Aquiles, malo o loco? Se enojó, sin mucha razón, se sintió ofendido (aunque lo obligaron a cumplir una ley que le impuso un tipo peor que él pero que tenía derecho a hacer la ley) y entonces Aquiles aplicó toda la fuerza que tenía -que era mucha y la aplicó con furia y locura- contra los suyos; y después la retaceó perjudicando a los suyos y la volvió a aplicar, contra propios y extraños, y todo haciendo daño.

- Mirá vos..., dijo Toti que hacía rato ya no entrecerraba los ojos pícaros y oía con una especie de raro interés la épica griega.

El Negro y el radiólogo, que parecían saber del asunto, siguieron el tema con aportes y preguntas. El radiólogo, por ejemplo, sabía algo de la cuestión homérica y preguntaba si era o no el autor de la obra y cómo podía ser el autor de la Odisea. El Negro, que había visto la última película sobre el tema, de un plumazo olímpico defenestró la elección de Brad Pitt: Aquiles no era así, seguro...

Al final, la cosa derivó hacia otros rumbos porque insistí en que en la obra se habla más que lo que se pelea, como lo muestra el primer capítulo ya de arranque. Y de allí salieron más cosas por decir.

El patrón del taller sonreía de tanto en tanto, sacando la cabeza de entre fierros y mangueras del Peugeot que había cortado la cadena de distribución.

Ya desmadrada del cauce primero, en algún momento y como pasa, la conversación anduvo por todas partes. El radiólogo, hablando de locuras, nos explicó algunos efectos de los rayos y el Negro volvió a su ranking de carnicerías locales y a la receta mágica para elegir los mejores chorizos. Pero también circularon la Roma de Francisco, el Egipto de Mursi, Independiente en la B, Víctor Hugo Morales, si sigue el frío, por qué los chicos no leen más, cómo cambiaron las comidas de los argentinos, historias de clientes raros, qué lindo era el pueblo hace 30 años y así, durante casi hora y media. Todo alrededor del mate y la boca de fuego, que el persistente espontáneo silencioso había ido haciendo arder, mientras apenas levantaba la cabeza de la madera y nos oía como a la radio del taller, sin prestarnos la más mínima atención.

Había que irse. Yo, al menos. Era media tarde y quedaba tiempo para mimar a la salamandra de casa haciendo leña de algunos otros árboles caídos y para ocuparse de esto y aquello en la cueva.

Toti se había quedado callado en los últimos doscientos metros de la conversa. Apenas intervenía, apenas alguna de sus bromas filosas.

De la nada -y no tanto, porque siempre con ellos es una misma conversación ininterrumpida-, sentenció pensativo mientras caminábamos hacia el auto.

- Claro. Seguro que además de tener mala entraña la cusifai ésta está un poco loca. Pero lo que está bueno es eso de Aquiles, ¿no?

- Claro, Toti. Eso es verdad. Pero en algo se parecen, fíjese: locos furiosos o hijos de puta, pueden hacer y hacen mucho daño. Por eso Homero hizo la Iliada, creo.