domingo, 21 de abril de 2013

El dormido



Es memorable la historia

Es memorable la historia
de un caso, que ha sucedido,
de un hombre que se ha dormido
para su eterna memoria.
No tiene pena ni gloria.
Por su orgullo y vanidad,
la Divina Majestad
le ha mandado este castigo:
que tiene que estar dormido
hasta el Juicio Universal.

Dormido se mantiene él,
pero no come, ni bebe;
porque así Dios lo sostiene
con su divino poder.
Así Él nos da a entender
a los vivos que han quedado,
que pueden ser castigados
hasta el último momento;
esto sirva de escarmiento
a los vivos que han quedado.

Todos lo ven que está vivo,
que tiene el alma en el cuerpo,
y con pulso y movimiento
está hecho piedra y dormido.
Así se halla sumergido,
sin precisar alimento;
tan sólo esperando el tiempo,
que le tiene que llegar,
en que lo venga a juzgar
el juez de vivos y muertos.

Porque con soberbia voz
él exclamó en su maldad,
con orgullo y vanidad:
"¡A madrugar más que Dios!",
el castigo mereció.
Y, dándonos así ejemplo,
Dios lo dejó en el momento
en un letargo profundo;
hasta que se acabe el mundo,
dormido, para escarmiento.

Dice Juan Alfonso Carrizo:
Del Cancionero popular de Catamarca, N° 26. Es popular también en Tucumán; aquí me la dictó don Juan Nieva, de Santa Rosa, Monteros. La versión del señor Nieva tiene esta cuarteta inicial:
¡Atención pido señores!
de lo que voy a contar,
de un caso que ha sucedido
en la villa de Luján.
Cuentan los paisanos, que un capataz de carros ordenó a sus peones que al alba estuvieran listos para iniciar la marcha, y al dar las ¡Buenas noches! no dijo: ¡Si Dios quiere! Como uno de los carreros le observara este gesto de soberbia, el capataz lo recriminó. Al día siguiente, cuando todos estaban listos para partir, notaron que el capitán maldiciente dormía; lo trataron de despertar pero fue en vano, el capataz quedó dormido para siempre, víctima de sus soberbia.

La última décima está tomada de la versión del señor Nieva, pues en la catamarqueña está defectuosa.



sábado, 20 de abril de 2013

Shadowlands



En más de una ocasión, G.K. Chesterton hizo lo que otros escritores han hecho antes o después: escribir un artículo sin tema.

Algunos lo hacen tontamente, sin talento. A algunos otros se les notan tanto los trucos, que se contorsionan por las líneas y los giros de un modo tan penoso, que ni la benevolencia de un lector budista alcanza a sobrellevar la nada.

Si queda alguno, son unos muy pocos los que logran el propósito de decir algo que vale la pena… cuando no tienen nada para decir.

¿Estará bien? Aunque se consiga hacer pasar al lector un momento agradable y ameno, hasta interesante, ¿estará bien?

No lo sé.

Es verdad que se puede advertir en esos casos la diferencia entre el oficio de la palabra casi en estado puro, y el hecho de que la palabra siga alguna vía que comienza antes y más allá de sí misma y que, por cierto, lleva a algún lugar más allá de la palabra misma, por emperifollada o eficaz que resultare una vez dicha sin propósito a la vista, más que la compulsión de decir.

Pero es más verdad todavía que ningún gran escritor se queda absolutamente hueco de significado. Casi habría que postular que, si eso llegara a ocurrir, eo ipso estamos en presencia de un patán que cree que escribe.

Hay que decirlo, sin embargo: a veces, un impulso ciego y sin dirección se separa de la finalidad; y ocurre a veces que el vacío de significado y la falta de finalidad no son suficiente contención, de modo que la subsiguiente incontinencia verbal tiene ahora un origen psicológico, afectivo y hasta moral. Lo intelectual, en esos casos, es simplemente el andamiaje que pretende adecentar la nada, lo oscuro, la niebla, la perplejidad, la angustia, la desesperación.

Hasta donde uno ve, son poquísimos los que pueden disciplinar virtuosamente la ansiedad expresiva o comunicativa.

Es claro que a veces no se trata de tal cosa, sino de lo opuesto. Precisamente, uno o dos casos que recuerdo ahora de Chesterton me dicen claramente que estaba literalmente a las puertas el cadete que tenía que llevar una colaboración pactada –y pagada- a la redacción de alguna publicación. Ese apremio se enfrenta al vacío del autor que, entonces y angustiado, como en el desierto, tiene que hacer brotar de las arenas estériles, siquiera una tolva mínima, algún pequeño movimiento, con suerte –y talento- un remolino substanciado de la misma arena que nada hace crecer y, con eso, lograr algo de vida, algo vital que el viento mueve. Y no digo que ese viento no pueda ser, precisamente, el viento del espíritu.

Porque hay modos y modos de escribir un artículo sin tema.  Y en ocasiones la propia reflexión acerca de esa misma sequedad está justificada y hasta produce frutos intelectuales e incluso morales en el lector.

Y, sin tener que dar vuelta las cosas, podría decir que llegado el caso una pieza tal podría ser un vero acto de humildad, tanto intelectual como moral. Y de caridad, por cierto.

Para eso, sin embargo, parece imprescindible que el autor no se engañe a sí mismo, ni pretenda engañar a sus lectores. Él es el primero que tiene que saber y admitir mansamente que su pluma, por el momento, está seca.  Si prefiere, podrá guardarse los motivos, si los conoce. Incluso podrá guardarse la ignorancia misma acerca de los motivos. Hasta puede –y le convendría- abordar el asunto con humor y presentarse ridícula y graciosamente mondo de bellezas y adornos y de ese modo exhibir simpáticamente otras desnudeces más hondas y humillantes, más dolorosas. Siempre y cuando eso sea para luz de otros y no de sí mismo, se entiende.

Porque aparecer vestido de mendigo con tal de aparecer, no tiene gracia.

Pero los hombres, me temo, no somos de esa laya, habitualmente y en la casi totalidad de los casos.

A cualquiera con algo de oficio, con algunas yardas caminadas sobre el papel en blanco, con algo de perspicacia también, no le es imposible advertir cuándo un dicente no tiene nada para decir, o (y por lo mismo…) cuándo debería callarse y no hacer la mueca de que lo que está diciendo no puede callarse en modo alguno.

Leemos para saber que no estamos solos, se dice en la película Shadowlands. El guionista se lo hace decir a un alumno y su profesor, el C.S. Lewis protagonista del film, lo repite más adelante.

Lo cierto es que podría decirse, parafraseando esa línea del guión, que escribimos o hablamos para saber que no estamos solos. Y se entiende perfectamente que pueda ser así y que haya cierta necesidad de oír siquiera el eco de la propia voz, siquiera como placebo de la compañía, no física sino espiritual.

Pero.

A veces toca estar solo, sin vueltas y sin remedio.

Y solos no significa la simpleza de que no tengamos a nadie cerca o alrededor.

Solos significa en este caso que se ha quedado uno en presencia de algo inefable, algo que no hay cómo decir, por enorme o por baldío, por jugosísimo o por reseco, por excelso hasta lo glorioso o por abyecto hasta la náusea.

Y entonces, en esas ocasiones, el subterfugio de hacer –y hacernos- parecer que estamos hablando y diciendo algo, no mejora esa especie tan dura de soledad. Si acaso no la encubre y de ese modo la empeora.



jueves, 18 de abril de 2013

Un lucido regimiento



Dice Don Juan Alfonso Carrizo en el librito que vengo nombrando:

Los paisanos de Catamarca, Jujuy y Tucumán conocen esta glosa con el nombre de La milicia celestial. Esta versión me fue dictada por don Apolinar Barber, en la ciudad de Tucumán.

Es de notar que tiene algunas impropiedades tales como la de citar dos veces a Santo Tomás, el Angélico Doctor, e incluir a San Salvador entre los santos, si se refiere a Cristo, pero estos errores se salvan con la buena intención y el carácter jocoso de la composición.
Un lucido regimiento
en la gloria se ha formado,
dan por arma la oración
y andan buscando soldados.


Cristo va de coronel,
marchando con gran primor,
y de sargento mayor
el patriarca San José,
San Gabriel Arcángel fue
marchando como sargento;
alférez de gran portento
el seráfico Francisco.
¡Sólo en la gloria se ha visto
un lucido regimiento!

De teniente va San Juan,
al costado de la armada;
San Diego, cabo de escuadra;
San Miguel, de capitán;
cadete, San Sebastián;
de teniente habilitado
y alférez abanderado
marcha el lucero Domingo.
¡Ay, qué regimiento lindo
en la gloria se ha formado!

Marcha de primer tambor
con cajas y con clarines,
ángeles y serafines,
el Angélico Doctor.
San Marcos, San Salvador,
hacen frente al batallón;
también marcha San Simón,
por ser primer ayudante,
y de esa escuadra triunfante
dan por arma la oración.

El Santo Tomás de Aquino
va de valiente soldado,
y de capitán graduado
el valiente Filipino;
San Justo, San Marcelino
hacen frente a su costado,
y a la muerte sin cuidado
van estos hombres discretos,
oficiales van completos
y andan buscando soldados.


La única duda que me va quedando es si será todavía verdad eso de que "Los paisanos de Catamarca, Jujuy y Tucumán conocen esta glosa con el nombre de La milicia celestial..."

Ojalá.


viernes, 12 de abril de 2013

Soledad del romance


Vagaba entre unas peñas
cuidando la majada.
Ya por los cerros sube,
ya de los cerros baja.
Corderos de algodones,
su perro, algunas cabras
silvestres, unas aves,
su morral y su caña,
y un halcón diminuto
que aprende sus hazañas
de cazador furtivo
entre piedras y matas. 
Es todo lo que tiene,
nada más le hace falta.
Y no tiene más prendas
que esas buenas compañas.
Canta el rumor del río
con las nieblas tempranas,
allá abajo, en la vega,
entre verbenas blancas.
Silba el halcón bramidos
con la presa en sus garras.
El cielo se demora,
y entre las nubes tarda.
En el aire del día
ya en flor de la mañana,
bajo una encina vieja
que sombra le regala,
cantaba la pastora,
en coplas entonadas,
un romance de niños
que en amores andaban.
El cerro y los corderos,
el halcón y sus garras,
las verbenas del río,
el perro y la majada,
se aquietan con el canto
y, con la voz, se callan.
Y el cerro queda solo
y en silencio. Y en calma.


jueves, 11 de abril de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano? (III)



La cuestión de los Medianos va de la política a la religión y vuelta.

Son los dos ámbitos en los que la medianía tiene sentido y son los dos ámbitos en los que puede tironearse de ella para provecho de parte.

En Tolkien, eso no aparece así. Su concepción de la majestad es inmarcesible y por ello mismo arquetípica. No hay modo de verlo de otro modo. Precisamente, y por vía contraria, la defección de los mayores es gravísima, mientras que de los menores y medianos de algún modo se espera la defección, aunque no se la aplauda, claro.

De hecho, en Tolkien, nadie -nadie, nadie, no...- quiere quedarse con los Medianos y la tensión paradigmática va hacia la grandeza. Y tanto así que el Mediano por antonomasia ya no lo es al final de sus hazañas, más allá de su apariencia. Y ni siquiera: en El Señor de los Anillos a los medianos-medianos, les da la impresión de que estos Medianos que vuelven de confusos y lejanos asuntos de grandes, han crecido: físicamente más altos.

Pero por mucho que se podría argumentar y citar en esta materia, y en ese mismo sentido, recorriendo la entera obra de Tolkien, la verdad es también que cuando el autor eligió su point of view, el pathos de las acciones, lo estableció en la esfera del Mediano. Y no una vez, sino dos.

Es así que me parece que nadie que haya leído la obra del inglés puede dejar de sentir un hondo consuelo.

El Mediano singular redime la medianía del Mediano general.

Hay una condición, sin embargo.

Está implícita en la supuesta respuesta de Mithrandir en el supuesto diálogo con Galadriel.

El poder. La manifestación poderosa del poder. La majestad estridente. La potencia desatada. Todo eso tiene un lugar en la historia -en ambos bandos- y no hay menosprecio alguno en toda la obra de Tolkien a ese respecto, ya lo dije. Es un hombre que ve, imagina, piensa, gusta y juzga estos asuntos con una matriz tradicional. Lo alto es más alto que lo bajo. Y listo. Pero eso no basta. Sabe más respecto del poder. Y tiene la mirada puesta en él. Y, repito, no hay menosprecio alguno. O por la dignidad del poder (y el poder emanante o adyacente y hasta intínseco a las altas dignidades) o por la peligrosidad de la potencia, especialmente de la sin fin, como en sí misma sin límites o que se pretende tal: algo apetecible para un ser creado y tan dañino como apetecible.

Pero.

Si hay que considerar que el Mediano está en el centro de la cuestión, por una parte; y el poder es asunto central, por otra: ¿cuál es el poder de un Mediano? Y otra cuestión más que tiene relación con ésta: ¿por qué la política y la religión son los ámbitos en que esa medianía tiene sentido?

La segunda cuestión es más sencilla. El territorio de la política como el de la religión son antes que nada el campo de batalla acerca del poder. ¿La religión? Sí. La religión también. Y no es cuestión aquí de la Iglesia o de la vida interior o mundana de la Iglesia, con todos sus pasillos y corredores llenos de peligros y amenazas mundanas -y no sólo, no sólo...- por una cuota de poder. Nada de eso. Es mucho más hondo y definitivo, aunque simple.

Quién manda acá es toda la cuestión, inicialmente (y acá es la entera y total realidad). Acto seguido, la segunda cuestión: ¿cómo se manda?

Hay que advertir que tanto en lo atingente al poder en sí como en lo que toca al ejercicio del poder, quién manda y cómo se manda no están separados. Ni en la tierra, ni en el Cielo. Y cuando lo están hay consecuencias. Y no buenas.

Pero es allí dónde precisamente aparece la condición de la medianía, el emblema del Mediano, como una especie de parábola acerca de la relación del hombre con el poder, o de la actitud humana en esa relación. La actitud humana por naturaleza ante el poder, y por naturaleza quiere decir aquella que le corresponde por lo que es.

Pero..., pero...

Tiene que ser un Mediano de veras. Y debe entendérselo como tal, apreciárselo como tal. Y por las buenas razones. Porque hay una sola forma de ser veramente Mediano. Y, en consecuencia, sólo se lo considera tal, rectamente, de una sola forma. Cosa peligrosa, sin duda. Muy...



Y hasta aquí llego por ahora. Me toca comer.



- ¡Qué suerte! Se me estaba poniendo peliagudo... Aunque...

- ¿...?

- No me lo va a creer: tengo una que otra pregunta...

- ...

- No, ahora no... Mangia, che ti fa bene...

- Grazie.


No quiero prenda con dueño

No quiero prenda con dueño
que me la quiten mañana;
quiero prenda que me dure
hasta que me dé la gana.

Esta glosa me fue dictada por Don Patricio Castro, vecino de La Cocha, Graneros.

Castro me dictó en el tercer verso de la tercera décima:
hacherías y otros varios, y como no existe la voz hacherías, me ha parecido lógico corregirlo como va.

Así dice Juan Alfonso Carrizo al introducir la glosa a esa copla que recogió de boca de un hombre de a pie en el norte argentino hace algo menos de 100 años. Está en un libro que no es solamente sabroso, es útil y necesario.

El cristianismo en los cantares populares -de ese libro de Carrizo se trata- es realmente necesario. Hoy más que antes. Y creo que es necesario editarlo otra vez, si falta. Y otra vez más. Y difundirlo. Me lo regaló un amigo hace unos 20 años y no lo he apreciado del todo sino hasta después.

Tiene materiales que Carrizo recogió en sus increíbles investigaciones, que son ellas mismas una aventura que vale la pena conocer. Los Cancioneros fruto de esos viajes y que recopiló en provincias del norte y del noroeste argentino -obras también necesarias y que hay que seguir editando como fuere-, siguen siendo un monumento literario y cultural como no hay otro en habla hispana.

Estas cosas las sabe buena parte de los gentiles lectores. Así que, a qué insistir...


Por ejemplo, esta copla que vimos y la glosa que viene abajo son tucumanas, como ha dicho:

No quiero prenda con dueño
que me la quiten mañana;
quiero prenda que me dure
hasta que me dé la gana.
San Pedro plantó un madero
fue para mil maravillas,
se convirtió en tres semillas
de palma, laurel y cedro.
Les dijo el Señor: "Me alegro
que trabajen con empeño
en este sagrado leño,
que ha de cubrir a mi rostro
y, si ha de ser para otro,
no quiero prenda con dueño".

Trajeron un cireneo,
que ayude a cargar la cruz;
conoció que era Jesús,
la cargó con más deseo.
¡Oh, qué magnífico empleo
de esta alma tan pura y sana!
Dijo el Señor: "Pues me amas,
el salvarte yo prevengo,
si esta vida que yo tengo
me la han de quitar mañana".

Yo vide tres carpinteros,
en el monte del Calvario
hacheros con otros varios
fabricándole el madero,
y dijo el Señor: "Me alegro.
Judíos, no se apresuren,
en trabajar no se apuren
esa cruz tan linda y bella,
si es para morir en ella
quiero prenda que me dure".

La hora de la victoria
de Jesucristo llegó.
Del sepulcro se voló,
como paloma, a la gloria,
y les dijo en su memoria
a estas gentes inhumanas:
"Con vuestras armas tiranas,
si pueden alcancenmé,
porque yo no volveré
hasta que me dé la gana".




Aunque lo importante es la copla y su glosa, algunas breves notas.

Hay versiones profanas de la copla popular que aparecen con una segunda estrofa:
Vano es querer con empeño
si ya tienes otro amante,
que yo ni por un instante
no quiero prenda con dueño.
Por si importa, el cantante León Gieco menciona la copla que recoge Carrizo en una canción que se llama Las hojas tienen mudanza.

Lo que sí importa es que Francisco Rodríguez Marín, en su edición de Cantos populares españoles, la menciona aunque con alguna variante menor:
No quiero prenda con dueño
que me la quiten mañana;
quiero prenda que me dure
el tiempo que me dé gana.
 Allí está en otro contexto, claro, y es pícara y amorosa, porque la copla no es religiosa en sus orígenes, aunque la glosa que recogió Carrizo sí lo sea.

Y la última, y me voy: creo que Carrizo hizo bien en no corregir a Don Patricio Castro al final de la segunda décima de la glosa, cuando el verso difiere del de la copla original. Y mejor hizo en no decir nada, con señorío y sapiencia, me parece.


martes, 9 de abril de 2013

Smaug


¿Qué es un dragón? Es un dolor inmenso
del aire y de la tierra. Es algo frío
que arde en su entraña el fuego, como un río
caudoloso de envidia y de odio intenso.

¿Qué es un dragón? Es un deseo vano
de un brillo inútil. La brutal codicia
de tesoros ajenos que acaricia
y que destruye, con la misma mano.

¿Qué es un dragón? Es una fuerza innoble:
la pura fuerza sin piedad ninguna,
el gozo cruel del asco en el mandoble.

¿Qué es un dragón? Al fin, es el engaño
de una astucia sin gracia y oportuna
que no da fruto alguno y hace daño.



domingo, 7 de abril de 2013

Aire de tango


Amor amargo


Se fue con un dolor mudo en el pecho;
hizo una mueca gris, de compromiso.
Y una garúa helada de cortejo
llovió su niebla y le chispeó el olvido.

Su voz sin aire se volvió silencio
y, entre adoquines y veredas rotas,
fue dando tumbos desangrando el eco
de aquella nada que apretó en la boca.

En el vacío de la noche oscura,
ya sin memoria, caminó sin rumbo;
y en una esquina que esquivó la luna
borró sus gestos, se perdió en el humo.

Y por la calle de ese amor amargo
anduvo hasta el final y siempre ausente:
el corazón sin huella y sin pasado,
sin rastro de su vida o de su muerte.



sábado, 6 de abril de 2013

Forza, deboli!

- ¿Qué motoriza a la posmodernidad?

La mueve la tecnología, que hace imposible que haya un solo Dios, una sola civilización. Yo veo la posmodernidad como el fallecimiento de todas las explicaciones totales.

- José Luis Rodríguez Zapatero se dice socialista y durante su gestión condujo a España al mismo desastre que vive el resto del Viejo Continente…

– Zapatero tuvo la posibilidad de mostrarse socialista porque era muy conservador en otros aspectos. En Italia sucedió lo mismo con (Romano) Prodi. Se instituye el matrimonio gay pero se sigue siendo un capitalista. Lo cierto es que yo solamente tengo proyectos de lucha ante esta situación, no de estructura. Pienso que solamente con el hecho de que en Italia y en Europa renazca un gran movimiento de oposición sistémico, alternativo, llámese socialista o comunista, puede pasar algo. Si se cercena el consumo y la felicidad, podemos tener una revuelta, por lo menos en Italia y España. Creo que si seguimos así tendremos años de terrorismo y después de fascismo. Vamos a tener gobiernos de derecha. En esta regresión de la situación social y política quizá pueda renacer una izquierda digna de su nombre. Yo me comprometí a hacer nacer un nuevo partido comunista en Italia pero por ahora sólo somos tres o cuatro.

– ¿Cómo lo tomó la muerte de Chávez?

– Alguien dijo que lo mataron. No tengo evidencia. Pero usted sabe que los americanos han investigado en sus laboratorios fármacos absolutamente absurdos como una píldora para que todos los soldados del ejército enemigo devengan gays. Inventan cada día cosas absurdas.

- Usted ha escrito y profundizado sobre la religión y el posmodernismo (Creer que se cree, 1996; Después de la cristiandad, 2002; El futuro de la religión, 2005) y fue crítico de la Iglesia. ¿Cuál es su perspectiva con la asunción del nuevo Papa?

– Yo tengo bastante confianza en él. Aunque la religión de la posmodernidad debería tener a una Iglesia que siga un poco el itinerario del pensamiento débil, que se reduce progresivamente. Por ejemplo, una Iglesia Católica respetable, ¿necesita tener un banco? El banco del Vaticano es uno de los más corruptos del mundo. Incluso, ¿tiene que tener una moral sexual? ¿Qué puedo esperar del nuevo Papa? No muchísimo porque es un Papa y no se puede esperar que ingrese al Vaticano con la bandera roja.

– ¿Usted es creyente?

– Yo creo en el Evangelio, que me ha sido transmitido por la Iglesia. Por lo que no puedo prescindir de la Iglesia. Yo creo que soy creyente. Efectivamente, si pienso en mi ideal de vida, mi ética, pienso en términos de ética cristiana, en la imitación de Cristo: la caridad, la apertura a los otros. Me esfuerzo por ser lo que el Evangelio me dice. No creo que lo haga siempre. Así es que no puedo hablar de posmodernidad sin cristianismo. La posmodernidad me libera de todos los grandes sistemas y puedo escuchar el Evangelio. Pero sin pensar que es la única revelación posible a la que se tienen que convertir todos. Es algo que a mí me hace sentir bastante en orden conmigo mismo y que intento practicar discutiendo con otros. Si alguien me demuestra que siendo cristiano hago daño a alguien, repensaré mi posición. Por lo pronto, no puedo vivir sin ser cristiano.


Son fragmentos. El que contesta es Gianni Vattimo.

La presentación que el último número de la revista Veintitrés hace a la entrevista de Franco Mizrahi, dice:
Cualquier distraído podría pasar por alto que se trata de uno de los grandes pensadores contemporáneos, que escribió obras como El fin de la modernidad (1985) y No ser Dios (2008). Es el intelectual que definió a la posmodernidad como “el fallecimiento de todas las explicaciones totales” y creó la teoría del “pensamiento débil” –nutriéndose de Nietzsche y Heidegger, a quienes tradujo al italiano–. Provocador por naturaleza, se declara castrista, chavista, cristiano y homosexual. “Mi ideal político sería tener un buen Lenin amigo”, arriesga. Invitado por la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) y por el departamento de Artes Audiovisuales del IUNA, Vattimo –quien también es integrante del Parlamento Europeo– llegó el 3 de abril a Buenos Aires para brindar un ciclo de conferencias y encuentros –libres y gratuitos– hasta el 12 del mismo mes.


- ¿Y?

- ¿Y qué?

- ¿Y con esto qué? ¿Qué sacamos de todo esto?

- Y yo que sé... Vaya, cumpa. Busque el numerito -tiene fecha 4 de abril de 2013- y lea. Y después de leer, medite y saque alguna conclusión y venga y dígame usted. Sólo le doy unos fragmentos, aunque no crea que hay mucho más... Pero y ya que estamos, por lo pronto y por ahora le digo dos cosas.

Vattimo pasa por ser uno de los gurúes de estos años. Saque cuentas.

Por otra parte, una de cuatro: o il pensiero debole resulta que era una patraña para engrupir giles o el comunismo es esencialmente débil y tanto que puede encarnar la salida política para este postmoderno, o las dos cosas juntas y miente en alguna de las dos, o no importa lo que se diga siempre se podrá decir otra cosa...



En tu sonrisa


Fue una alegría. Creía haberlo perdido hace años. Pero, no.

Detrás de un detrás de otros libros y papeles, lo encontré. O se me apareció, para decir mejor.

Una edición de los libros de poesía de Leopoldo Panero, hecha por Dámaso Alonso.

Una felicidad, como todo encuentro feliz.

Me quedé con tres poemas.

Los dos primeros son de Versos del Guadarrama, 1930-1939, de una envidiable hondura, fuerte y sencilla.

El otro está en Escrito a cada instante, de 1949. Me alegró tanto volver a leerlo.

Panero murió repentinamente a los 52 años en 1962.

Pino a pino, los ojos
(Despedida.)

Dorada y ancha plenitud huída
que hacia el mar, por los llanos, se desboca
de ladera en ladera, y cuando toca
derrama en sombra, en corazón que olvida.

¡Qué avidez al marcharse, qué escondida
avidez surco a surco, roca a roca,
qué arrastrarse a mis pies como una loca,
y arriba, entre la nieve, cuán dormida!

Dorando el pensamiento que me alumbra
pino a pino, las manos y los ojos
con un puro temblor de vencimiento,

se extiende mi dolor en la penumbra
del campo, como el viento en los rastrojos,
el viento que te llama, el dulce viento...


Roto mi corazón

En el resol de la mañana flota
el rumor de los pinos, vahariento
de azul: leve frescura en movimiento
que entenebrece la montaña rota

de barranco en barranco. El mundo brota
puramente otra vez y dentro siento
al corazón crecer; hablar al viento;
la palabra del agua gota a gota...

Hablar, hablar del agua hacia el profundo
verdor que cae en sima, donde suena
roto mi corazón, en su mañana;

tras el andar del sol se queda el mundo
oyendo solo el agua, la colmena
del agua, el pecho roto donde mana.


En tu sonrisa

Ya empieza tu sonrisa,
como el son de la lluvia en los cristales.
La tarde vibra al fondo de frescura,
y brota de la tierra un olor suave,
un olor parecido a tu sonrisa.
Un pájaro se posa entre el ramaje,
y comienza a cantar en tu sonrisa
y a mover tu sonrisa como el sauce
con el aura de abril; la lluvia roza
vagamente el paisaje,
y hacia adentro se pierde tu sonrisa,
y hacia adentro se borra y se deshace,
y hacia el alma me lleva,
desde el alma me trae,
atónito, a tu lado.
Ya tu sonrisa entre mis labios arde,
y oliendo en ella estoy a tierra limpia,
y a luz, y a la frescura de la tarde
donde brilla de nuevo el sol, y el iris,
movido levemente por el aire,
es como tu sonrisa que se acaba
dejando su hermosura entre los árboles...



jueves, 4 de abril de 2013

Mientras


Estoy mirando ahora
unas manos que juegan con mis manos
y unos ojos que ríen y me miran.

Estoy oyendo un canto
que como un ángel dice sus amores
y un laúd que acompaña sus desdichas felices.

Estoy oyendo el aire
de este abril en su furia
que aún cobija el sol, unos trinos, lavandas.

Mientras,
el rumor de una guerra
el estrépito gris de la congoja
un insomnio salitre
un odio helado como el viento
una boca perpleja que balbuce
el hambre
y las heridas, la tristeza
y esa nada
y la angustia de la nada
y su niebla.

Mientras.

Estoy mirando ahora
unas manos que juegan con mis manos
y unos ojos que ríen y me miran.

Estoy oyendo un canto
que como un ángel dice sus amores
y un laúd que acompaña las desdichas felices.

Estoy oyendo el aire
de este abril en su furia
que aún cobija el sol, unos trinos, lavandas.


lunes, 1 de abril de 2013

Soledad






Señora de los Dolores,
Virgen de la Soledad,
el viento hiere en mis ojos
tu tierra en medio del mar.

Tengo esta tierra en mis huesos
y el corazón en amores,
Virgen de la Soledad,
Señora de los Dolores.

Toma mi sangre y mi ruego,
Virgen de la Soledad;
Señora de los Dolores,
líbranos de todo mal.

Toma mi canto y mi vida,
Señora de los Dolores,
porque no tengo más dones
que darte, Señora mía,
Virgen de la Soledad.




El 2 de abril de 1767, el capitán de navío Felipe Ruíz Puente toma posesión de su cargo como primer gobernador español de las Islas Malvinas. Estará allí hasta el 23 de enero de 1773.

Una de las necesidades que le pareció urgente remediar al nuevo gobernador, fue la asistencia espiritual de quienes allí había, los franceses que quedaron tras la llegada de Bougainville, así como los españoles y criollos que lo acompañaban ahora. Construyó una capilla y pidió a Buenos Aires, de la que dependía, frailes y una imagen de la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad. Dos frailes y la imagen llegaron en enero de 1768. Desde la protección de aquella advocación, durante años la capital y  puerto mayor de las islas se llamó Nuestra Señora de la Soledad, y a poco la entera isla mayor tomó finalmente su nombre. Hay quienes atribuyen a Francisco de Paula Bucarelli, gobernador de Buenos Aires, la elección de la imagen.

Se dice por otra parte que la advocación de Nuestra Señora de la Soledad (derivada de la advocación de la Virgen de los Dolores, en recuerdo de los sufrimientos de la Madre de Jesús) es devoción antigua y ciertamente que muy arraigada en España. Allí, dicen algunos, llegó oficialmente en tiempos de Felipe II, cuando su matrimonio con la francesa Isabel de Valois.

Lo que no tiene discusión es que es la tutela primera que la Virgen tuvo oficialmente sobre las Islas Malvinas.



Su Santidad Antonio



Un cordero que da la libertad en la acción espiritual, tal y como el cordero pascual hebreo da la libertad en la acción cotidiana de los hombres construyendo historia.

Pascua judía, pascua cristiana... ¿Pascua? ¿Redención? ¿De qué estamos hablando? ¿Cómo se llega a esas conclusiones?

Si quiere enterarse un poco de dónde salen estos razonamientos que son religiosos (sí, mi amigo, son religiosos: ¿todavía no se convence?), trabaje un poco y busque un sermón de Sergio Szpolski en Tiempo Argentino del Domingo de Pascua. Allí, tomando el libro del Éxodo, Szpolski sigue la exégesis de Najmánides -reconocido talmudista nacido a fines del siglo XII que derivó en la Cábala- pero en realidad la utiliza en paralelo con los escritos de Antonio Gramsci, algo forzadamente diría yo. El sermón (de Szpolski) se llama Las Pascuas de Najmanides, Gramsci y San Agustín y los que siguen son algunos de sus pasajes:
Al leer a Najmanides desde Gramsci podemos dilucidar que el consentimiento del culto pagano que los egipcios impusieron sutilmente sobre los hebreos constituyó la faz ideológica de su esclavitud. Por ello, con la llegada de Moisés lo primero que se le reclama a este grupo de esclavos es una interpelación crítica hacia una cultura que, deificando una multiplicidad de dioses, unos más fuertes que otros, justificaba la dominación de unos hombres sobre los otros. El Monoteísmo hebreo, al proclamar la unicidad de Dios y al aceptarlo como el único creador de los hombres, establece la completa igualdad entre ellos. Como dice el Midrash: ¿por qué fue creado un solo hombre y no muchos? Para enseñarnos que todos somos hijos de un mismo Dios e iguales en nuestros derechos.

Ese cambio cultural que permitió comenzar a desatar las cadenas de la esclavitud física que impuso la coerción del Estado egipcio exige un salto que puede parecer irracional como lo son las ideas que les son presentadas a los pueblos oprimidos cuando estos aún se encuentran bajo la hegemonía ideológica del conquistador.

Y en efecto, el llamado de Moisés a organizarse para salir de Egipto con el fin de servir a Dios es percibido en principio como imposible e irracional.

La idea de Moisés era "irracional" en el marco de la "racionalidad" egipcia, pero como afirma Gramsci en el tomo I de los Cuadernos de la cárcel (Quaderni del carcere): "El hecho de que un tipo de vida o pensamiento resulte irracional para algunos es importante porque está ahí el germen del cambio. Hay que propagarlo con todos los medios que se tengan y de este modo se empiezan a modificar las costumbres y el modo de pensar."

Por ello, si se lee con atención todo el texto bíblico que narra los acontecimientos previos al éxodo, lo que se observa es la disputa entre Moisés como portador de la nueva ideología y los sacerdotes egipcios como los sostenedores de la ideología del viejo régimen.

Los sacerdotes egipcios a los que enfrenta Moisés convierten el agua en sangre después que Moisés lo hace; o aquellos que logran transformar sus bastones en serpientes al igual que lo hace Moisés, son los intelectuales de la clase dominante tal y cual los define Gramsci en su texto sobre los intelectuales. "Los intelectuales son los 'empleados' del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, a saber: 1) del "consenso" espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo fundamental dominante, consenso que históricamente nace del prestigio (y por lo tanto de la confianza) que el grupo dominante deriva de su posición y de su función en el mundo de la producción. 2) del aparato de coerción estatal que asegura "legalmente" la disciplina de aquellos grupos que no "consienten".

El san Agustín del título aparece mencionado al final y se usa para forzar la conclusión que copié al principío.

La viñeta humorística de Rep, por su parte, viene de Página/12, de la edición del mismo domingo. Y a mi sabor pega con el sermón, si se fija con atención y deja de lado los soponcios, gorgoritos e improperios...


Mire.

Le voy a decir dos cosas.

En primero, a diferencia de otros, la izquierda tiene la desventaja de ser un poco obvia y siempre un poco aguerrida de más en sus proclamas y hasta en sus parodias (no, ya sé: no son los únicos que renguean de ese pie...) Le vendrá, no sé, de su matriz dialéctica y agonal, que eso me lo dirán los peritos filósofos. No digo que eso lenifique lo que dice y lo que promueve con lo que dice. Digo que más peligroso que la violencia es lo melifluo. De habitual, a la izquierda en general no le sale para nada lo melifluo. Aunque, si se lee con atención, Gramsci prefiere la persuasión, siempre más penetrante que la violencia si se trata de hegemonía revolucionaria, aunque la violencia crea él que es necesaria en algún tramo de la hegemonía.

En segundo, es una cierta ventaja tener a la mano cosas tan raras como los sermones de Sergio Szpolski. Ya hablé de él. Entiendo, sí, entiendo... ¿A quién le importa? Y peor: ¿quién soporta, en medio de tanta cosa dando vuelta, semejantes asuntos? Pues, verá usted lo que hace, mi estimado. Pero no hay que perder de vista no sólo a Sauron. A veces, en todo caso y si así fuera, qué están haciendo Gollum o Grima es algo que hay que mirar.

sábado, 30 de marzo de 2013

Abril, tu nombre

El nombre del mes de Abril es antiguo y su origen es desconocido para los sabios.

En el norte del mundo, alrededor del Marenostrum, se lo asociaba tanto a la apertura del ciclo anual de las estaciones, como a la espuma de la que nació Afrodita, a quien le estaba dedicado. En Roma, la fiesta de Venus Verticordia -que limpia el corazón- se celebraba el primer día de este mes.

¿Cuál es tu nombre, Abril? Si entre la espuma
de Afrodita naciste y te criaste,
¿serás entonces Venus Verticordia
que sana el corazón y limpia el alma?
¿Cuál es tu nombre, Abril? ¿La primavera
que abre contigo ciclos y estaciones?
Entonces volveré reverdecido,
floreciendo un amor antiguo y nuevo.
Pero no sé tu nombre, Abril. Tu nombre...
La cifra de tu nombre y el misterio
que llega con tu nombre y la esperanza
de un tiempo entre la espuma de estos tiempos
que como un fruto dulce, una flor breve,
se abre en tu día en gloria y luz del aire.



miércoles, 27 de marzo de 2013

Lo que falta

Pasaron unos años ya desde entonces. En aquellos días, como dije, apareció otra vez entre mis papeles para subvenir trabajos ajenos. Pero lo tenía de mucho antes, de cuando eran mis trabajos propios y no los de la prole. Lo tengo todavía en la cabeza, porque en todo este tiempo le di mil vueltas al asunto, que no es difícil, sino al revés, pero es grave.

La voltereta de Góngora en ese soneto es cosa seria. Por lo que tiene de barroca, en primer lugar, y por lo que significa espiritualmente, en segundo lugar, que es más importante.

Está claro que barrocamente opone y contrasta la Encarnación y la Redención. Pero lo hace mal y hace trampa.

De Dios a hombre hay gran distancia, claro: y es una distancia imposible de salvar para el hombre. Pero allí dice, refiriéndose a Cristo, que hay distancia más inmensa / de Dios a hombre, que de hombre a muerte. Y que por lo mismo la Encarnación aventaja a la Pasión y Muerte, y, parece decir, a la Redención misma, porque queda implicada. 

Problema barroco, ciertamente. Esa separación y consecuente oposición entre ambas es un problema. Y está mal. Además, esa oposición sólo funciona -al menos como gracia poética, digamos- si se la ve así: la Redención como Muerte de Cristo. Y eso es barroco en el sentido que digo, que no es el lírico sino el teológico, porque en Cristo la Redención no es menos que Muerte, pero no es sólo Muerte sino que es más que Muerte: si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana, dice san Pablo. Y dice bien. Pero si dice bien san Pablo, Góngora dice mal.

Sin la Resurrección, Góngora podría tener razón, acaso y según y conforme.

Con la Resurrección, nones.

No se da cuenta, no lo advierte o no lo tiene en cuenta. O prefiere -barrocamente, digo yo- la escena mera de la Pasión y de la Muerte..., de un hombre, parece decir. Impresionante, carnal, sangrienta, conmovedora. Sí. Pero es la Pasión y la Muerte... de un hombre.

Pero hay un punto axial: la finalidad de la Encarnación tal y como ocurrió y como Dios parece haberlo querido por las razones que parece haber tenido, tal como presumimos contemplando el misterio inabarcable de su Plan y sus designios.

Y más de san Pablo al respecto, en la Carta a los Efesios (1, 3-12):
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en Su presencia, por el amor.
Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de Su voluntad,
para alabanza de la gloria de Su gracia,
que nos dio en Su Hijo muy querido.
En Él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de Su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.
Él nos hizo conocer el misterio de Su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo un solo jefe, que es Cristo.
En Él hemos sido constituidos herederos,
y destinados de antemano -según el previo designio
del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad-
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo,
para alabanza de Su gloria.

La Parte III de la Suma Teológica se ocupa de esto mejor que lo que un servidor pueda decir. Hay que leerlo allí para refrescar el punto. Y leer a los Padres.


Lo miro y lo miro más y más me parece que, de entender las cosas así como ingeniosamente las presenta Góngora en verso, se ha entendido defectuosamente el sentido de la Redención, y con eso mismo el entero sentido del cristiansimo.

Hasta aquí llego con el asunto.


Ed auguri di Buona Pasqua a tutti!


martes, 26 de marzo de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano? (II)

Parece que Mediano y Héroe, se contraponen. Porque parece que la medianía contradice al arquetipo.

Y no es un asunto cualquiera.

Está en la médula de buena parte de la filosofía moderna, por ejemplo, y crecientemente. Y hay planteos morales terribles detrás de cada una de estas palabras. Aunque habría que entenderlas bien. Tan bien hay que entenderlas, que, de no, los disparates resultan homicidas. Al menos homicidas en lo que el hombre tiene de más íntimo y esencial: su espíritu. Y matar el espíritu es cosa más seria que matar el cuerpo, por decirlo así; cosa que no es novedad pero que no se entiende habitualmente, ni se la considera importante, ni siquiera en los ámbitos más espirituales, incluyendo los religiosos cuando lo son.

Ahora bien.

No es verdad que la medianía -lato sensu- sea mayor y mejor que la -también lato sensu...- arquetipicidad. Como que por ejemplo la singularidad es mayor y mejor que la generalidad, dicho sin demasiadas y debidas precisiones. Pero aun sin precioones es verdad lo mismo: el singular es el arquetipo de hombre y por lo mismo, eo ipso, mayor que quien no lo fuere. Ser plenamente hombre requiere la singularidad.

Sin embargo. Ah, sin embargo...

Son muchos los espíritus penetrantes que han elegido a los Medianos. No solamente Mithrandir. Ni siquiera primera o principalmente él.

Hay muchas variantes de esta preferencia, incluso algunas aplicadas al hombre por extensión de una proposición más amplia, como cuando se sostiene que small is beautiful. Larga y vieja es la lista de afirmaciones de este tipo. En todas sus versiones, la paradoja de la primacía del abajamiento tiene un arraigo fuerte en la tradición espíritual del hombre. Y no solamente en la tradición humana del hombre.

Hay un ejemplo emblemático de la grandeza de lo mínimo inmenso y es claro que es Jesús, el Cristo.

Consonantemente y no por casualidad, Él mismo procede además, por vía materna, de quien dijo que el Mayor sin Tasa, el Primero, el Singularísimo y el Único, Dios, exaltó a los Humildes.

Pero no hay que asombrarse de que la médula del cristianismo sea así de paradojal, pues es de la raíz misma de la divinidad esta forma de formulación de los misterios siempre desconcertante.

Lo noble y alto, sin embargo, es alto y noble y es de una fuerza y entidad tales que no puede ser ignorado y despreciado, sin grave injusticia y sin peligro grave. Y, a la vez, está observado que el último será el primero. Y que lo que despreciaron los sabios es lo que sirve. Y así.

Pero, hay que insistir sin cansarse, si no se entiende bien la naturaleza de esa medianía y la de esa arquetipicidad, el desastre es casi insoluble.

Vaya como agregado -tal vez inquietante, pero hay que decirlo...- el hecho de que la falsificación del cristianismo no parece vaya a ser por la vía de la exaltación de su heroísmo ni de su fuerza y poder y su capacidad intínseca para forjar héroes espirituales, es decir santos.

Aunque la acción misma de esa falsificación no podrá sino resultar sumamente violenta, y no sólo espiritual y hasta psicológicamente, no parece vaya a pasar tal cosa (es decir, la falsificación del cristianismo) sino remedando malévolamente la debilidad del cristianismo, y la cualidad de mediano que resplandece de modo paradojal en el hombre cristiano.

Quién se oponga a Cristo tendrá que querer decir lo que Él dijo, aunque sepa que está diciendo otra cosa: vean que soy manso y humilde de corazón...

Esa medianía querrá ser imitada, pero malévolamente y como parodia. Por lo mismo que no se puede adulterar el cristianismo sino así.


- Oiga, oiga, cumpa..., no sé por qué pero me está entrando un poquitín de miedo con esas cosas que dice...

- Entonces, aquí me quedo. Por ahora. La última cosa que querría es que se asustara justo cuando está por empezar lo más hondo de la cuestión... El hombre asustado no ve ni oye ni entiende nada, créame. Un mediano, si vamos al caso, tiene que ser terriblemente fuerte, para poder resistir -como si le dijera sin las fuerzas del fuerte- las cosas que se le vienen encima...



 

domingo, 24 de marzo de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano?



Galadriel: Mithrandir, why the Halfling?

Gandalf: Saruman believes it is only great power that can hold evil in check, but that is not what I have found. I have found it is the small everyday deeds of ordinary folk that keep the darkness at bay… small acts of kindness and love. Why Bilbo Baggins? Perhaps it is because I am afraid, and he gives me courage.


- Mithrandir, ¿por qué el Mediano?

- Saruman cree que sólo un gran poder puede contener el mal, pero eso no es lo que yo he llegado a ver. Lo que yo he visto es que son los pequeños detalles cotidianos de la gente común los que mantienen el mal a raya..., pequeños actos de bondad y de amor. ¿Por qué Bilbo Bolsón? Tal vez porque tengo miedo... y él me infunde coraje.



En la primera de las tres películas con las que Peter Jackson pretende traducir El Hobbit, este diálogo entre ambos personajes es posterior a un encuentro sorpresivo en Rivendel entre Galadriel, Saruman, Elrond y Gandalf, cuando Bilbo y los enanos están ya partiendo de allí. Y así como se lo presenta, aunque no se lo diga, parece una de las reuniones del Concilio Blanco.

Según los papeles de John R. R. Tolkien, hubo cuatro encuentros del Concilio Blanco en la Tercera Edad de la Tierra Media, a saber: 2463, 2851, 2941 y 2953 (lo fundó Galadriel en 2463 y lo integraron Saruman, Gandalf, Galadriel, Elrond y Círdan, elfo Teleri, guardián de Los Puertos Grises). Todos esos encuentros de Istari y elfos giraron en torno a la estrategia para combatir a Sauron. Y ya desde el principio, y más después, Saruman tramó secretamente contra los demás y en su propio beneficio.

Ahora bien.

El guión de El Hobbit: un viaje inesperado es, como se sabe, una adaptación basada en la novela de J.R.R. Tolkien y lo hicieron Fran Walsh, Philippa Boyens, el propio Peter Jackson y Guillermo del Toro.

Precisamente es Boyens quien ha dicho respecto de ese pasaje de la película que "Galadriel hace una pregunta a Gandalf y su respuesta habla de algo que nosotros consideramos que era importante para Tolkien y que sentimos que tenía que ser el eje central de nuestra película, que es la bondad de la gente de a pie, y cómo la simplicidad de las buenas obras, un sencillo acto de generosidad es tan potente y poderoso como lo puede ser el mayor acto de heroísmo."

Es verdad que la película -cosas de Jackson, creo...- cambia partes substanciales de la obra de Tolkien. Como en este caso que me interesa ahora parece aludir -por el contenido de las conversaciones y la posición de Saruman- al encuentro del Concilio Blanco de 2851, que tuvo lugar en Rivendel. Los que intervinieron en el guión aseguran que buscaron y se inspiraron en los papeles del autor de la novela para ésa y otras incorporaciones. No lo discuto, aunque tenga mi opinión sobre el resultado de sus búsquedas y decisiones, aun entendiendo que esto es cine y no literatura, lo que no hace falta aclarar.

Por otra parte, hay que decir que en la cronología puntillosa de JRRT, el viaje de Bilbo Bolsón va de 2941 a 2942 de la Tercera Edad (1341-1342, de la Cronología de la Comarca). Esto quiere decir que sí hubo un encuentro del Concilio contemporáneo a las aventuras de Bilbo. Sin embargo, según Tolkien, en ese encuentro Gandalf urgió al Concilio para que atacara la fortaleza de Dol Guldur en la que se había aposentado Sauron. Y así se hizo. Según Tolkien, precisamente, la operación fue planeada cuidadosamente por Gandalf. El Peregrino Gris pretendía que Sauron y Smaug no se unieran, razón por la cual la reconquista de Erebor y la campaña contra Sauron corrieron por cuerdas separadas, aunque fueron contemporáneas. 

En Cuentos inconclusos y en los Apéndices a El Señor de los Anillos hay efectivamente algunos datos más que en El Hobbit original acerca de estos episodios tan complejos. No así planteados, claro.

Pero, y por otra parte, en ningún lugar de todos esos dichos encontré todavía las frases de Gandalf y esa argumentación que aparece en el diálogo del film.

Sí hay algo similar en muchos pasajes de toda la obra de JRRT en la que aparecen hobbits y se mezclan con gentes mayores que ellos en rango, poder y dignidad. Y es verdad la preferencia de Gandalf -y de Tolkien, por cierto- por los Medianos.

Por ejemplo, algo así se ve en el capítulo El Concilio de Elrond. Pero creo que es en Las dos torres, III, 10 (La voz de Saruman), el lugar en el que aparece muy claro el argumento de Gandalf, acerca de su elección por los Medianos y los menores en general, frente a la soberbia de Saruman, su ambición de poder y el desprecio por los no poderosos como protagonistas de la historia...




- Disculpe, jefe... ¿hay para un rato más de todo esto...?

- Fíjese que no, mi amigo. Aquí terminé. Era la presentación del asunto, nada más.

- ¡Ah! ¿Nada más? ¿Presentación? ¿Y qué se supone que sigue a continuación...?

- Ya veremos. Hasta acá llego por ahora. Pero, antes, tenía que dar algunos elementos del asunto, para que se entienda un poco mejor, al menos...

- ¿Y cuál es el asunto? Si se puede saber...

- Ése, hombre, ¿no lo ve?: el Mediano. Que además, ahora que lo miro, parece un asunto de actualísima actualidad...


sábado, 23 de marzo de 2013

Calipso y Odiseo

ἔνθ' ἄλλοι μὲν πάντες, ὅσοι φύγον αἰπὺν ὄλεθρον,
οἴκοι ἔσαν, πόλεμόν τε πεφευγότες ἠδὲ θάλασσαν·
τὸν δ' οἶον, νόστου κεχρημένον ἠδὲ γυναικός,
νύμφη πότνι' ἔρυκε Καλυψώ, δῖα θεάων,
ἐν σπέεσι γλαφυροῖσι, λιλαιομένη πόσιν εἶναι.

Ὀδύσσεια, I, 11-15


Amaba amar el mar amargo,
y el cielo sobre el mar libre de cielo,
la imposible aventura.

Amaba el viento,
el canto de las aves volanderas,
la danza de los gráciles delfines,
la proa tajadora,
el mástil desafiante,
y las velas henchidas de distancia y destino.

Por la tarde sin nubes,
por la mañana suave que le canta en susurros
de una brisa sin origen ni fin,
camina los senderos de esta isla escondida,
trajina los jardines de Ogigia, soledad apartada
del mundo de los dioses y el tiempo de los hombres.

Odiseo, el insomne,
soberano de ardides y de arrojos,
ya pronto será Nadie en brazos de Calipso,
la que esconde y oculta.

Esponsales de olvidos infelices y gratos,
soledad de Calipso y Odiseo.

Y él que amaba del mar amar ese regusto sin confines...,
salado como el llanto
que le hiere la voz y la mirada fiera ahora,
si pronto será Nadie en brazos de Calipso.

Y serás inmortal,
dice la Ninfa bella,
y en mis brazos serás Nadie por siempre,
solo a mi lado,
aquí,
entre peñascos dulces y bosques de ternuras,
oculto de los dioses,
ya lejos de los hombres,
en medio de este mar que te aparta
y te oculta,
solo,
solo en el mar adentro,
solo a mi lado,
aquí,
solo, sin nombre.


Ignorante del ruego tronante de los dioses,
ciego al designio arcano
y a la piedad divina que ya revuelve el cielo,
que trama su ventura
y crece como espuma en la tormenta,
Odiseo, en la playa de Ogigia, la escondida,
suspira y se lamenta en sollozos amargos por su dicha agridulce.



miércoles, 20 de marzo de 2013

Tiempo de otoños

Está el horizonte triste;
¿el paisaje ya no existe?;
un día rosa persiste
en el pálido poniente...
Llueve, llueve dulcemente.

Lluvia de otoño

Olvidanzas, Juan Ramón Jiménez


...with patient look,
thou watchest the last oozings hours by hours.

John Keats, To Autumn

...con mirada paciente,
velas el último fluir, horas y horas.

John Keats, Al otoño

This thou perceiv’st, which makes thy love more strong,
To love that well which thou must leave ere long.

William Shakespeare, Sonnet 73

Todo esto ves y hace más fuerte tu amor
para amar tiernamente lo que debes dejar aquí por siempre.

William Shakespeare, Soneto 73



Ya va por la mañana
la espiga de este otoño florecido
en gotas de una lluvia fina y pura.

Florece el agua nítida de otoño
en luz tan simple y clara
que el cielo gris descarga ya en mi frente
y tiñe la mirada barrida por el aire;
y el corazón serena la voz de esta espesura
y busco entre la hierba la vereda del día
que me lleva a la tarde
que me deja a las puertas de la noche del mundo,
que gotea tristeza mansamente.

Ya va. Y, hora tras hora,
como quien se adelanta hacia la muerte,
el otoño se yergue
y se agazapa,
vuelve a brotar del frío de mis huesos
y se hace tierra y polvo,
se hace tiempo y ceniza,
se marchita en mis manos
y en mis pasos
que van hacia un invierno de esplendor tormentoso
y más allá hacia un puerto de un sitio que no he visto.

Viene por un sendero
de memorias de seda, flor y hierro;
memorias de memorias
que al viento de la tarde de la vida
andan como hojas de oro y encarnadas de sangre,
la sangre sin edad
que late silenciosa su otoño y sus amores.

Otra vez esta lluvia que traspasa los siglos.

Otra vez esta estación de bronce que adormece la historia
y dulcemente llueve sobre un hombre
rayos de olvido, de un sol apenas tibio y pálido.

Un día irá el otoño lentamente
a su descanso eterno;
irá por esos bordes de las flores que callan sus vestigios de ternura;
irá sin su vestido de nostalgia,
sin su calzado seco que brilla en cada cosa
esa pátina opaca.

Y quedará el otoño en secuelas de frío,
añorando unas viñas que dan su fruto en marzo
y dan un vino fresco
más amado que el amor de este mundo.

Y quedará el otoño yendo sin saber dónde ir,
rondando estos jardines
de aromas y de luz,
en los que fui feliz mientras duró este mar del tiempo.



martes, 19 de marzo de 2013

Monsieur



No me pregunten por qué y a cuento de qué me lo contó alguien hace muchísimos años. Sobre eso, solamente recuerdo que era un europeo y que se decía no creyente. No sé de dónde lo habrá sacado y nunca busqué de dónde. Tampoco ahora. 

El cuento era, más o menos, así:

Dicen que Charles De Gaulle tenía ínfulas de gran hombre. Y no es la cuestión ahora ver si lo era o no. Se sentía majestuoso, al parecer. (Y si uno oye su voz y ve sus poses y gestos, no cuesta creer lo que dicen que se decía de él...)

Parece ser que en cierta ocasión, Jesucristo decidió bajar a la tierra y visitar Francia, en viaje a medias protocolar. Después de todo, La Frons supo ser la fille ainée de l'Église.

De Gaulle se entera de la visita, claro, inmediatamente. Y por nada del mundo quiere que queden hilos al azar. Se reúnen entonces comisiones de ambas partes y tratan los detalles minuciosos que la comisión francesa propone por mandato de su jefe.

Llega el momento de establecer el modo como habrían de tratarse protocolarmente ambos en sus discursos.

La legación gala, instruída por De Gaulle, sugiere: Del Presidente de la República Francesa, a Jesús de Nazareth, carpintero. La parte de Jesús, con sutileza, hace notar cierto desequilibrio que dejaría mal parado incluso al propio mandatario, que aparecería esperando, con guardia empenachada y todo, de pie en las escalinatas del Palais de l'Élysée, a un simple carpintero. Los galodelegados dudan, y por eso mismo prefieren consultar este punto, crucial y especialmente encomendado, con la mísmisima fuente. Piden un cuarto intermedio.

A la tarde de ese mismo día, nueva reunión. El jefe de la delegación franca, con dicción pausada y cuando el silencio se hace expectante, sentencia nueva fórmula: Del Padre de la Nación Francesa, al Hijo del Padre. Y nuevas razones para nada estridentes de la contraparte, buscando disuadir y atenuar las estridencias discordantes de los títulos. Nuevas dudas galas.

Y nuevo cuarto intermedio hasta la mañana siguiente, que se mostró apacible y fresca. No tanto los franceses que tuvieron que exponer lo que su jefe consideró como "la última oferta admisible": Del Primer Ciudadano de la Francia, a la Segunda Persona de la Trinidad.


¿Le hará justicia el cuento? Tal vez. No lo sé. Pero, mirándolo ahora que me puse a escribirlo, creo que tiene bastante miga de todo tipo, De Gaulle y Francia aparte, no se me vayan a ofender.

Hasta entendiéndolo al revés de lo que parece que dice, irónicamente, paradojalmente, simbólicamente. Hasta mirándolo todo patas para arriba...

Vaya uno a saber, habrá que ver.

¿Y esto a qué viene?

No lo sé. Tal vez a nada...

Creéanme que me acordé otra vez de ese cuento hace tiempo ya, siempre me pareció gracioso y lleno de posibilidades de todo tipo, especialmente teológicas e históricas. Y venía reconstruyéndolo en la memoria, y así lo tengo pegajosamente en la cabeza dándome vueltas.

Por lo menos, a ver si contándolo me lo saco de encima.


domingo, 17 de marzo de 2013

Attenti al lupo


Hace pocos días dije del ahora Papa Francisco "es un hombre conservador en materia doctrinaria pero con una gran preocupación social, heredada de viejas convicciones de su juventud. Sin embargo, nunca fue, ni siquiera, la derecha del Episcopado argentino. Siempre tuvo del otro lado a la derecha más dura: el sector encabezado por Héctor Aguer y, por ejemplo, Esteban Cacho Caselli, embajador menemista ante la Santa Sede y con fuertes contactos en la línea ultaconservadora del otrora poderoso secretario de Estado de Juan Pablo II, Angelo Sodano, y que apostaba por el cardenal milanés Angelo Scola. Ni siquiera es el más ortodoxo de los posibles latinoamericanos: está menos a la derecha que el brasileño Odilo Scherer o que Oscar Rodríguez Madariaga, por ejemplo." Y que era "la menos mala de las opciones que había entre los cardenales del cónclave".

También escribí que el Vaticano tiene problemas más urgentes que los gobiernos populares. A saber: el escándalo sexual de los sacerdotes pederastas, la falta de vocaciones en Occidente, la corrupción del Banco Ambrosiano, la abulia de los sacerdotes, el rol de la mujer, la complicidad de los obispos con el poder económico en todos los países, la crisis económica europea, las necesidades de reforma que provienen de África y América Latina, la competencia con el protestantismo anglosajón, con las telesectas, el Este milenario chino. En fin, la Iglesia Católica tiene que comenzar un nuevo diálogo con la modernidad, con el siglo XXI, y no simplemente modernizarse comunicacionalmente como lo hace el Opus Dei.

La elección de Bergoglio tiene un solo riesgo para la Argentina. Que Francisco quiera volver a ser de vez en cuando Bergoglio. Que empequeñezca su figura metiéndose en la política local de los países latinoamericanos a los que tan bien les está yendo sin la intromisión de ningún poder supraestatal. Esa sería una verdadera mala noticia, porque los Estados nacionales se verían amenazados por un nuevo poder. Una cosa es pelear fronteras adentro con una corporación con terminales en Roma. Y otra muy distinta es pelearse con otro Estado nacional que, además, tiene parte de sus soldados ideológicos "infiltrados" en el propio territorio del otro Estado nacional. Para que se entienda: una cosa es pelarse con Norman Osborn y otra muy distinta es hacerlo con el Duende Verde, para poner un ejemplo (valga el ejemplo para los seguidores del Hombre Araña).

Ya no se trata de una cuestión ideológica, simplemente. Se trata de una cuestión nacional. Un Estado europeo –monárquico y teocrático– no tiene ningún derecho a inmiscuirse en repúblicas soberanas latinoamericanas. De todas maneras, no creo que esto ocurra. Supongo que Bergoglio no va a desperdiciar la oportunidad de convertirse en un Francisco Magno con relieve internacional para devenir en un Bergoglio mínimo. Es demasiado inteligente para eso, ¿o no?

- ¿Ve?

- ¿Qué? ¿Qué me quiere mostrar? ¿Y de dónde sacó eso...?

- Está en Tiempo Argentino de hoy, es de Hernán Brienza. Una nota que se llama El Vaticano vs. el Estado Nación. Le doy el final, nomás. El resto es igual o muy parecido. Vaya y léalo, no crea que es gran cosa. Pero si se lo muestro es para que vea...

-  Parece una nota escrita por Tomás Cromwell o por Eduardo Wilde... ¿Y qué quiere que vea ahí?

- Dicho con cariño, que un poco chambón es; a usted me refiero, qué le puedo decir...

- ¿Por?

- Para empezar a la nota le sobra de todo y le falta de todo. Tiene un sumario de cosas que luce completo y sin embargo le falta casi todo y lo más importante. Y aunque tuviera todas las piezas -que no las tiene- el aparato estaría mal armado lo mismo, tanto que al mirarlo terminado da un monstruo de 5 cabezas y sin pies, con la boca en la nuca, el ombligo en la frente y con seis dedos en la única mano... Y, ¿ve?, cabeza, mano, pie, boca, nuca, ombligo y frente tiene. Y sin embargo da una cosa que no es. Pero busque la notita si le interesa y dígame si estoy equivocado. Eso es lo que hace la mirada cuando la ideología -de cualquier tipo y pelaje...- se cuela en la retina. No deja ver lo que es, deforma lo que es y lo que no es, y no deja ver siquiera lo que no es. Una verdadera desgracia...

- ¡¡Pero y a mí qué me dice si yo no pienso nada de eso de lo que dice este animal ahí...!! ¡¡Todo lo contrario!! ¡Usted se volvió loco!

- Precisamente, cumpa, precisamente... Lo que quiero mostrarle no es contenido: es continente. No son las uvas, es el trapiche y los toneles. No es la harina, son las manos que amasan, es el horno. No son las cosas, es la mirada y el modo de pensarlas y hasta de quererlas. No son las cosas: es el filtro, son las categorías, es la hermenéutica. Porque entonces ya no importa si piensa buenas cosas, no importa si dice las palabras correctas, no importa si el objeto en cuestión es excelente y sus intenciones -llegado el caso y si fuera el caso, claro...- son blancas como la nieve. Si ve mal, si piensa mal, si juzga mal, no hay tu tía... Y no le digo nada si lo que ve es mostruoso, o está deformado hasta ser veramente irreal, y los ojos son bizcos y su amor es de mala madera y sus intenciones son malevolentes.

- Oiga, momentito, momentito... Usted me está embarullando y me está pasando gato por liebre... ¿Entonces qué? Vamos a ver y dejémonos de milongas: Bergoglio -el Papa, digo-, ¿es bueno o es malo, a la final?

- ¡Attenti al lupo, amigazo! ¡Attenti al lupo! ¿Ve? ¿No le digo? Usted cree que no, pero me parece que ya está un poco como Brienza, el animal ése que usted dice...

- Mire, me viene con esas cosas justo ahora que tengo poco tiempo... Pero esto me lo va a tener que explicar, esto no va a quedar así...

- Eso es seguro, mi amigo. Esto no va a quedar así.


Otoño del hombre

Quam multa in silvis autumni frigore primo
lapsa cadunt folia, aut ad terram gurgite ab alto
quam multae glomerantur aves, ubi frigidus annus
trans pontum fugat et terris immittit apricis.

P. Vergili Maronis, Aeneidos, Liber VI

Como todas esas hojas que en las forestas con el frío primero del otoño
caen arrancadas; o como caen hacia tierra desde la alta mar
todas esas aves que se amontonan, cuando la estación fría
las hace huir más allá del mar y las arroja a tierras soleadas.

Publio Virgilio Marón, Eneida, Libro VI


Este otoño del hombre,
este viento del alma
que ya olvidó el verano de la vida
y levemente hace frío de todo lo que abraza;
y navega
en este mar de hojas que caen
desde el cielo entumecido
y combate en el aire
con este ejército de ramas como lanzas desnudas
que recuerdan y cantan
la tibieza aterida que espera y teme el fuego del invierno
sin luz.

Este otoño del hombre
que llora lágrimas de cobre enmohecidas,
en las alas de miedo de las aves,
también él viene en un vuelo alto
desde el fondo de ese mar que amenaza la tierra.

Este otoño del hombre mira lejos,
muy lejos,
más lejos que los días de dolor y esperanza,
y ve lo que está próximo y remoto,
y lo que llegará y lo que ha pasado, en silencio,
y sólo ve la orilla de los vivos
y la costa del mundo
de los muertos que esperan un canto,
que suena como el bronce del otoño del hombre.


viernes, 15 de marzo de 2013

Francisco

- ¿Y?

- ¿Y qué?

- ¿Qué  me dice?

- ¿De qué?

- Ah, no...., es el colmo, esto ya es demasiado... ¿Me está tomando por idiota? ¿Me está tomando el pelo? ¿Me va a decir que no piensa nada, no dice nada, no tiene ninguna impresión, emoción, alegría, fastidio, ansiedad, angustia, desesperación...?

- ....

- ¡Todo el mundo hablando del asunto desde el miércoles a las 4 de la tarde! ¡¡¡Un despelote cósmico del que habla todo el mundo, literalmente: t-o-d-o -e-l-m-u-n-d-o!!! ¿Y usted me va a decir que no tiene nada para decir?

- En primer lugar, precisamente, y si es verdad, como usted dice y le creo, que literalmente: t-o-d-o -e-l-m-u-n-d-o está hablando del asunto, ¿no le parece que ya es demasiado barullo? ¿Qué agregaría hablando? En segundo, ¿quiere que hable por las dudas, que diga algo porque algo hay que decir, no vaya a ser cosa que quede un renglón en blanco y yo no haya dicho nada? ¿De veras?

- Bueno, ya está. Terminemos con esta pavada: usted se pone en estrecho y no hay modo de sacarle una palabra...

- ...

- Pero, déle, hombre: no sea amargo: algo, alguito, cualquier cosa, para saber yo, nomás...Una pista tire, ¿qué piensa? ¿qué le parece? ¿qué dice...? No se hga el fifí...

- Mire, mi cuate: cuando tenga alguito que decir sobre el asunto así como usted lo pide, así como lo pregunta con tanta urgencia y tanta voracidad, si acaso tengo alguito, lo diré. O no. Pero, por lo pronto, y para que ya no me moleste más con este River-Boca, con esta especie de profecía actualizada en tiempo real que usted pide sobre unitarios y federales, le voy a decir tres cosas:

1. Quiero saber qué es y cómo es el hombre, qué es y adónde va la historia, qué es la Iglesia católica y cómo obra y cómo debe obrar en la historia. Y alguna idea de todo eso voy haciéndome.
Y todo esto -aunque sé que es una labor casi y sin casi inútil por la insuficiencia y cortedad de un servidor (y de todos los demás servidores, si me entiende...)- trato de mirarlo una y otra vez como lo miraría Dios, porque después de todo es el que tiene el diseño original de todo eso, es el que patentó el invento porque lo inventó Él. Porque si lo que a mí me parece no se parece a lo que a Él le parece, es lo mismo que nada. O peor que nada.

2. Alguna idea tengo de quién es Jorge Mario Bergoglio y qué hizo en su vida. No tanto como la mar de Bergogliólogos, Bergogliófilos o Bergogliópatas que hay por todas partes. Pero alguna idea tengo.

3. No tengo la más pálida idea de quién es Su Santidad Francisco ni de por qué ni para qué es Papa, ni de lo que hará de su vida y de la Iglesia.


De todo lo demás, que me parece que es lo de menos, se puede hablar tomando un rico mate o fatigando unos buenos vinos, sí señor, cómo no. Y puede ser harto curioso, espeluznante, conmovedor. Pero tiene mucho menos interés. Por ahora, al menos, y acaso como signo....

Y cuando sea del caso, no será aquí que haya que hablar de eso. Porque, o esto es más que política y causerie y entonces tiene importancia, o es nada más que política y catarsis y entonces es menos importante, si me permite el uso descuidado de la palabra política y el uso un poco malévolo de la palabra catarsis, claro...

Ahora, si lo que usted, mi buen amigo, quiere saber es si dormí bien estas noches, la respuesta es que sí, que dormí bien.

Como casi todas las noches, antes o después del miércoles 13 de marzo de 2013, Dios primero.

jueves, 14 de marzo de 2013

Es otoño, ya ves


Es otoño, ya ves. Llegó en sigilo
por las venas del sol, calladamente.
Y en su arrullo dorado hay la simiente
de un amor nuevo que me tiene en vilo.

Es otoño, ya ves. Me taja el filo
del aire y de tu mano, dulcemente;
y el ocre de tu voz me trama urgente
el canto en bronce que a tu luz destilo.
Es otoño, ya ves. ¿Llega de dónde?
Acaso de la savia que se muere
y silenciosamente nos espera.
Es otoño, ya ves. ¿Llega de dónde?
Acaso de una herida que no hiere
y que será a su tiempo primavera.


sábado, 2 de marzo de 2013

Palabra eterna



¿Usted cree que hay que tomar punto por punto y analizar todas y cada una de las cuestiones y no cuestiones y cotejar e indagar y rebuscar?

¿Usted quiere hacer un digesto exhausto de si dijo y no dijo, si calló o vociferó, si tachó, borró, incluyó, solapó, leyó, improvisó, enumeró, descartó, ninguneó, criticó, amenazó?

Nones, cumpa, nones...

Lo que hay que hacer es mirar atentamente el reloj.

Y nada más que el reloj.

Y si el reloj dice que fueron tres horas y treinta y siete minutos, ahí tiene todos los datos que necesita para saber de qué se trata.

Todo lo que se dijo o no se dijo puede salir como se dijo o no se dijo, o puede salir de otro modo, asigún sean las cosas por venir y lo que se pueda hacer, o no se puede, o lo que fuere...

Eso es por naturaleza mudable porque es contingente.

Lo que queda clavado en piedra y ya no se moverá son esas 3 horas y 37 minutos.

Y lo que significa que alguien disponga de 3 horas y 37 minutos del tiempo de otros y de todos para que se le oiga y se le mire, excluyentemente.

Y sin justificación.

El día que se entienda el significado exacto del metalenguaje de esas 3 horas y 37 minutos de secuestro del tiempo y de la palabra pública y la mirada pública -sin que importe en absoluto lo que se haya dicho en ese lapso-, se habrá entendido mejor en qué consiste la política.

Ahora bien, mi cuate, si usted quiere despepitarse con todo lo demás, allá usted, su señoría...

Se puede hablar 10 horas de la propia vida con un amigo, se pueden dar 15 horas de clases de geografía en un día, se puede hablar toda una mañana con el vecino de asiento mientras Ud. espera que le toque el turno en Anses. Sí. Y más tiempo más cosas.

Pero se lo digo otra vez: es una forma tan nítida como sofisticada de esclavitud -no importa quién la ejerza- hablar pelotudeces durante 3 horas y 37 minutos, perfectamente seguro y cierto de que de ese modo se ejerce una forma crudelísima del poder como es la de obligar a oír (o más claramente, la irremediable ficción de estar oyendo obligadamente...)

No es el contenido de lo que se dice. No es Cristina eterna.

Es la palabra sin tiempo, hasta el gesto vacío de la escucha obligada, el sometimiento no ya del oído o de la inteligencia sino del cuerpo mismo, inmóvil, en obligada y absoluta disponibilidad durante 3 horas y 37 minutos de canchereadas, petulancias, claves, contraseñas, bravatas y mohines. Y aunque hubieran sido cosas de algún valor...

Nada erosiona tanto al alma como eso.

Y después, encima, está lo que se dice. Claro.

Pero, para cuando empiece el análisis de lo que parece más importante, el daño grave y de veras importante ya estará hecho.



viernes, 1 de marzo de 2013

Pedro, el sueño y la Iglesia (II)

Será muy comprensible, sí. Muy humano.

Pero no deja de ser un tropiezo para la mirada y, por consecuencia, un casi definitorio tropiezo analítico: los hombres tendemos a creer, sentir, y pensar que la historia humana es algo principalmente humano, cuando no, de hecho, excluyentemente humano.

Con ese aire siempre ridículamente pomposo de las declamaciones, se incurre de habitual en el casi y nada casi pietismo de meter a Dios en nuestros asuntos -al principio, en el medio o en el final- y se le concede una participación mística tanto como maquiavélica. Se le reconoce su omnipotencia y sabiduría, se lo tiene por rey y padre, por creador y redentor, por alfa y omega. Sí. Pero la historia es -y es invariablemente vista como- cosa de los hombres: tramada y amasada con la excluyente humanidad.

De habitual, creo, los hombres creemos más bien -casi sin pensarlo siquiera- que la historia es un asunto humano en el que Dios interviene o porque es un metido, o a pedido de los protagonistas o por misericordia, o como vengador o porque no queda más remedio. O de la misma manera que llamamos a un técnico en lavarropas para que, con lo que él sepa del asunto porque después de todo es un técnico en lavarropas, arregle nuestro lavarropas; donde nuestro es la palabra importante.

Y aunque podamos proclamar con aires aguerridos o sumisos que Dios es el Señor de la Historia, o aunque profesamos cabalmente aquella verdad respecto de que origen y fin de la historia son metahistóricos, como diría Pieper, lo cierto es que nuestra mirada se dirige una y otra vez hacia el hombre como protagonista, diseñador, sujeto principal y excluyente.

Tal vez, una de las razones por las cuales esto resulta así sea, precisa, misteriosa y paradójicamente porque Dios mismo parece quererlo así.
¿Qué es el hombre para que Tú lo recuerdes,
o el hijo del hombre para que te ocupes de él?
dice el Salmo 8 y no es único lugar en el que las Escrituras hablan de este modo. Una glorificación de lo humano que parece hundir su raíz en la mismísima voluntad divina, cosa no menos oscura para nosotros de la que solemos extraer conclusiones completamente disparatadas, por ortodoxas que sean nuestras creencias y hasta opiniones respecto del plan divino y del sentido de la historia.

Claro.

Pero una cosa es lo que Dios sabe y otra lo que los hombres creemos saber respecto del hombre y aun respecto de lo que creemos saber acerca de lo que Dios sabe. Y específicamente ahora respecto de la historia, y de la historia del hombre.

Así las cosas, y pego aquí un salto, vuelvo al sueño de los pasajes de los que estoy hablando.

Porque parece ser que en ellos se dice que, cuando los hombres estamos haciendo historia, subidos a la barca que navega el mar del tiempo y de este mundo, que es en un sentido no lateral la misma historia, subidos y temblorosos porque no podemos gobernar el tiempo, ni este tiempo, ni ese aspecto de la historia misma que nos resulta excesivo para nuestras fuerzas y acomoda brutalmente nuestra pretendida omnipotencia y nuestro afán de protagonismo excluyente, Jesús duerme.

Y a su vez, contrariamente, en el momento mismo en que Jesús hace historia y mezcla su propia sangre y divinidad con las raíces mismas de lo humano de un modo definitorio y terminante, especialmente definitorio y terminante para la naturaleza misma de lo humano y la naturaleza misma de la historia y su significado real y verdadero, los hombres dormimos.

¿Qué es la historia, entonces?

¿Y qué es ese sueño humano y aquel otro divino, tan sorprendentemente puesto como quicio y signo de la parte que a cada uno -a Jesús y a los hombres- le toca en el asunto?

No es menos humano ese modo nuestro de confundir los signos con las cosas significadas. Y es la causa de que entendamos de habitual las cosas al revés.

Como si dijera que más bien creemos y pensamos de hecho que Dios está esperando a ver quién es el próximo papa o el próximo presidente del banco Vaticano o qué se le ocurrirá a La Cámpora o quién será el próximo arzobispo de Buenos Aires, para ver qué hará Él con eso, bien que apelando a una creatividad táctica que no podemos menos que reconocerle.

Como si dijera que Dios está esperando ver cómo se resuelve la crisis española o griega para ver qué ficha le conviene mover entonces, si las cosas están así.

Como si dijera que, amaneciendo un día y viendo que Adán falló, Dios tiene que llamar de urgencia al Comité de Crisis y elucubrar a las apuradas un Plan B.

Como si dijera que Dios se queda dormido y por esa incuria y negligencia de ¿vigilador? ¿mayordomo? ¿timonel? termina armándose una tormenta espantosa que pone en peligro no tanto lo que Él ha hecho, sino la barca que el hombre -cree que- tan ingeniosa y trabajosamente ha diseñado, construido y trata de sostener a lo largo de su historia.