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jueves, 11 de junio de 2015

¡A la mierda...!






Tal vez, uno de estos días, será verdad: Gandalf mandará todo a la mierda.

Empezará por allí y terminará por allá. ¡Ay de esos días!

Será un día cualquiera. Y no será un día de furia, no será un relato salvaje.

Será otra cosa.

Claro que muy probablemente habrá un periodista. Pero si es un periodista, será como saliva de Saruman o de Sauron, que caerá de la boca babeante de cualquiera de ambos, mientras paladean su obra. Una pestilencia, sí. Pero no mucho más que saliva, aunque haya mucha saliva...

Y llegará. Y eso será un signo. Será el día en que ya no se entienda nada de lo que dice Gandalf: absolutamente nada. Y cualquiera de las cosas que diga no será solamente la diferencia entre el mundo tradicional y el de esos días, que en tanto son nuestros días.

Y no pasará que solamente sea por espíritu trivial de los que deberían ser graves, o por frivolidad de la masa informe.

Será porque Saruman primero y Sauron al final habrán logrado que la estupidez sea la maldad y que buena parte de la maldad sea la estupidez.

Un mar de perversiones y perversidades: de eso hay y crece, claro que sí. Y será difícil respirar ese aire. Y lo es.

Pero mucho antes que eso, no es tanto que haya perversidades y perversiones de cosas altas, buenas y grandes. Sino el embotamiento de la mente y del corazón, la desertificación de la inteligencia, el desprecio de lo alto; y hacer romo lo punzante, nauseabundo lo fragante, insípido lo sabroso, odioso lo amable. Y el terror, el miedo pánico. Los gritos de los Nazgûl, los espectros de un poder tan invisible como presente, helando el corazón estepado de seres esclavos de cosas innobles y rastreras.

Y entre los grandes malos y estúpidos habrá gentes peores y más altas que Grima y que Bill Helechal, habrá más que Gollum. Después de todo, cualquiera de ellos es simplemente un peón y no el rey. El rey es otro. Es el Otro. Uno que no es rey y que querrá hacerse rey y se hará rey y tendrá su corte y sus ejércitos. Y tendrá sus profetas y sacerdotes. Y ya los tiene.

Esto es una humorada, una sátira. Los hispanos la conocen (y entienden algunos guiños para hispanos, claro...)

Pero, créame: en esta comedia hay mucho más. Y ella misma -sin quererlo el bueno de Jordi...- es un símbolo de cosas mucho más altas y mucho más hondas.





jueves, 12 de marzo de 2015

Morir de amor (III)


Mucho antes de conocer a Romeo y Julieta (y a Tristán e Iseult, de los que habré de decir algo otro día), conocí la historia de Hjalmar e Ingeborg.

Hace 50 años exactamente, un accidente callejero hizo que durante muchos meses no pudiera hacer otra cosa que leer. Niño era entonces y varios libros preciosos recibí en esos días y entre ellos uno de leyendas con muy sugestivas estampas y dibujos.

Había una historia fascinante de vikingos (leyenda escandinava, decía) y allí estaban Hjalmar, invencible héroe sueco, y su enamorada Ingeborg.

Las historias de Yngvi -rey vikingo de Upsala y padre de Ingeborg en las sagas- y las de su familia; la saga alrededor de Tyrfingr, la espada maldita que forjaron los enanos Dvalin y Durin (y que fue la que terminó con la vida de Hjialmar cuando se batió a duelo por su amada), así como otras historias y leyendas de esas tierras nórdicas, las conocí un poco después.

En la historia más antigua, Ingeborg muere al conocer la noticia de la muerte de su amado en combate singular con su oponente Angantyr, que es quien carga la espada maldita. Angantyr muere primero, pero Hjalmar fue herido de muerte y muerto es llevado hasta Ingeborg. Ella recibe sólo el anillo de su amado y, al recibirlo, muere. Descansan juntos, al fin, en un mismo túmulo.

De hecho, trasmutadas y reelaboradas, algunas de esas leyendas vi cuando llegué a Tolkien; y más después, leyéndolas a ellas mismas, no como fuentes de las obras del inglés, sino en Snorri Sturlusson y otros.

No hace mucho encontré un trabajo, precisamente, en el que intervino Christopher Tolkien, en 1956. Y es nada menos que una traducción de la Hervarar saga ok Heiðreks, donde Tolkien hijo escribe una Introducción filológica y erudita.

*   *   *

Visto a la distancia, y ahora que los recordé, me resulta curioso que nadie hable -ni mucho ni poco- de Hjalmar e Ingeborg.

Será la lejanía nórdica, será la dificultad para pronunciar nombres vikingos, será que otras figuras ganaron la cuerda del amor trágico y misterioso. No ha de ser el frío, por cierto, porque la historia es a la vez tan lírica como épica y, además de original y potente, es antigua y conserva el calor de una sólida leyenda trágica, cosas que el propio Tolkien supo ver y aprovechar mirando a los nórdicos, aunque de eso ahora no voy a decir nada.

Por algún tiempo, los románticos -ah..., infaltables- tomaron la cuestión de los amantes vikingos en varias formas, especialmente en música y pintura y algo poco en escultura.

Claro que, por lo mismo, tampoco me explico por qué se le escapó a Richard Wagner el asunto (y no sé si se le escapó o lo ignoró, aunque sé que hay daneses que compusieron ópera sobre ellos en los mismos años): la historia tiene todos los elementos que, en principio, podrían haberle interesado al alemán, incluyendo espadas maléficas, enanos, filtros o anillos simbólicos. Y algo del mundo feérico, se entiende.

Pero más allá de las exquisiteces literarias o musicales, sigue pareciéndome extraño que Hjalmar e Ingeborg no tengan un lugar más notable entre los amantes de leyenda.

Después de todo, también ellos amaron y murieron entre encantamientos, hechizos. Y venenos.




martes, 2 de diciembre de 2014

Fin del camino



En El Hobbit, Bilbo canta esta canción al volver a la Comarca después de haberse enfrentando al dragón:
Los caminos siguen avanzando,
sobre rocas y bajo árboles,
por cuevas donde el sol no brilla,
por arroyos que el mar no encuentran,
sobre las nieves que el invierno siembra,
y entre las flores alegres de junio,
sobre la hierba y sobre la piedra,
bajo los montes a la luz de la luna.

Los caminos siguen avanzando
bajo las nubes, y las estrellas,
pero los pies que han echado a andar
regresan por fin al hogar lejano.
Los ojos que fuegos y espadas han visto,
y horrores en salones de piedra,
miran por fin las praderas verdes,
colinas y árboles conocidos.

Roads go ever ever on,
Over rock and under tree,
By caves where never sun has shone,
By streams that never find the sea;
Over snow by winter sown,
And through the merry flowers of June,
Over grass and over stone,
And under mountains in the moon.

Roads go ever ever on
Under cloud and under star,
Yet feet that wandering have gone
Turn at last to home afar.
Eyes that fire and sword have seen
And horror in the halls of stone
Look at last on meadows green
And trees and hills they long have known.

Bilbo en The Hobbit, 19

Años después, cuando se va ya viejo y sale de la Comarca por última vez, vuelve a cantar:

El camino sigue y sigue
desde la puerta donde comenzó.
El camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo
recorriéndolo con pie decidido
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

The Road goes ever on and on
Down from the door where it began.
Now far ahead the Road has gone,
And I must follow, if I can,
Pursuing it with eager feet,
Until it joins some larger way
Where many paths and errands meet.
And whither then? I cannot say.


Bilbo en The Lord of the Rings, The fellowship of the Ring, I, 1

Tiempo más tarde, saliendo con sus amigos de la Comarca, al iniciar su propio viaje, es Frodo el que canta esta canción, aunque su pie está ahora fatigado y no decidido:

El camino sigue y sigue
desde la puerta donde comenzó.
El camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo
recorriéndolo con pie fatigado
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

The Road goes ever on and on
Down from the door where it began.
Now far ahead the Road has gone,
And I must follow, if I can,
Pursuing it with weart feet,
Until it joins some larger way
Where many paths and errands meet.
And whither then? I cannot say.


Frodo en The Lord of the Rings, The fellowship of the Ring, I, 3.

Es Bilbo quien canta por última vez esta canción. Están en Rivendel y los hobbits han vuelto de su terrible aventura:

El camino sigue y sigue
desde la puerta donde comenzó.
El camino ha ido muy lejos,
que otros lo sigan si pueden.
Que ellos emprendan un nuevo viaje,
pero yo al fin con pies fatigados
me volveré a la taberna iluminada,
al encuentro del sueño y el reposo.

The Road goes ever on and on
Out from the door where it began,
Now far ahead the Road has gone,
Let others follow it who can!
Let them a journey new begin,
But I at last with weary feet
Will turn towards the lighted inn,
My evening-rest and sleep to meet.


Bilbo en
The Lord of the Rings, The Return of the King, VI, 6.

Pero Frodo agrega todavia algo más cuando sale de la Comarca rumbo a los Puertos Grises, antes de partir definitivamente (algo así ya había cantado con algunas variantes, al principio de la historia, en otros tiempos y en otro estado de ánimo).

Aún detrás del recodo quizá todavía esperen
un camino nuevo o una puerta secreta;
y aunque a menudo pasé sin detenerme,
al fin llegará un día en que iré caminando
por esos senderos escondidos que corren
al oeste de la Luna, al este del Sol.

Still round the corner there may wait
A new road or a secret gate,
And though I oft have passed them by,
A day will come at last when I
Shall take the hidden paths that run
West of the Moon, East of the Sun.


Frodo en The Lord of the Rings, The Return of the King,  VI,  9.


*   *   *


La canción tiene sus variaciones, se ve y ya se sabe.

Pero el sentido es el mismo, en todo caso, aunque la canción diga que el camino sigue y sigue.



Porque todo camino tiene un final.






domingo, 28 de septiembre de 2014

Pelargir, Pelennor, Morannon



Son tres batallas en los últimos días de la Guerra del Anillo y están en la tercera parte de El Señor de los Anillos.

Ocurren el 13, 14-15 y 25 de marzo de 3019 en la Tercera Edad. Dos en tierras de Gondor y la última ante la puerta negra de Mordor.

No me haga caso si no quiere, pero le recomendaría releer esos tres episodios.

Pero no así nomás, no narrativamente.

Hay que poner especial atención a los emblemas: tanto en el marco de las acciones, como marco emblemático, como en los personajes que allí obran, también ellos vistos como emblemas personales.

Así visto, las circunstancias y los personajes resultan typos de unos antitypos que venimos a ser nosostros en nuestras circunstancias, casas más casas menos, precisamente porque el marco y los personajes son emblemáticos y no históricos o ficticios. Y ni siquiera proféticos.

¿No? Quién sabe. ¿Podría saber Tolkien que al dibujar ese imaginario (horribile dictu) estaba dibujando asuntos reales que podían ocurrir realmente tiempo después? Quién sabe.

Como fuere, creo que conviene leerlo con esa clave de lectura (horribile dictu, también) y ver muy especialmente un asunto, que es lo que quiero decir ahora.

En esos tres episodios hay la crema y nata de ambos bandos en acción. Los personajes más significativos están allí, cada cual con su carácter propio, con lo que son y con lo que han llegado a ser; y allí despliegan la naturaleza significativa que Tolkien les ha dado. Y hay que mirar principalmente eso en este ejercicio que propongo. Los personajes como emblemas, pero ya vueltos personas con su talante personal, sus circunstancias, su modos de ver lo que que ocurre, sus temores y consuelos, sus amores u odios, sus incomprensiones o certezas, su fuerza, sus debilidades, sus caídas, sus conversiones, sus fatalismos, sus esperanzas, su comprensión de la última razón de lo que están viviendo o su incomprensión. Y así.

Muy bien.

Si quiere, hágame caso y léalo así.

Pero al leerlo de ese modo haga algo más: elija un personaje.

O mejor dicho, búsquese allí. Vea quién es, sinceramente quién está siendo, vea a quién elige y por qué. No elija quién querría ser, sino quién es.

Quién es hoy usted aquí, de ellos allí y entonces.





viernes, 28 de febrero de 2014

Feliz cumpleaños, Aragorn

Empieza marzo.

Mañana, para ser más preciso.

Es el mes del otoño en el sur. Un otoño que ya empezó por aquí a fines de febrero, no importa lo que diga marzo. En el norte del mundo es el mes de la primavera, se entiende. Y siempre, a los del sur, y más a los del sur que venimos del norte, la cuestión es un signo de algún tipo de desarraigo.

Más allá de todo, hay un hecho significativo en este mes de marzo. No será un hecho significativo para todos, pero lo es para quienes saborean ciertas cosas y las miran interminablemente, seguros de que hablan de ciertos asuntos altos y graves y lo hacen en un lenguaje que no se deja domeñar así nomás.

El caso es que el 1° de marzo -según sabemos- es el día en que nació y murió Aragorn II, Estel, Elessar, Telcontar, Trancos y los demás nombres y títulos que lo nombran y lo señalan.

Fue en el 2931 de la Tercera Edad su nacimiento y en el 120 de la Cuarta su muerte, voluntaria, por cierto, y eso según nos dice Tolkien del modo como Aragorn fue a la muerte. Ese día cumplía 210 años.

Marzo, de este modo, se lleva buena parte de la atención que hay que poner en este personaje.

Pero no sólo en Aragorn solo.

De Arwen y su muerte, nos dice Tolkien que ocurrió cuando no había llegado aún la primavera:
Y allí por fin, cuando caían las hojas de mallorn pero no había llegado aún la primavera, se acostó a descansar en lo alto de Cerin Amroth; y allí estará la tumba verde, hasta que el mundo cambie, y los días de la vida de Arwen se hayan borrado para siempre de la memoria de los hombres que vendrán luego, y la elanor y la niphredil no florezcan más al este del Mar.
Bastante antes, cuando todavía era incierta la suerte de la Tierra Media, durante todo el mes de marzo del 3019 de la Tercera Edad se libraron las batallas decisivas de la Guerra del Anillo. El 25 de marzo es el día de la batalla final, ante las puertas de Sauron; a la vez, es el día de la destrucción del Anillo Único en las Grietas del Destino.

Y el día en el que los católicos celebramos la Anunciación, dicho sea también y en homenaje a Tolkien.

*   *   *

Pero hay otro episodio que ocurrirá en este marzo nuestro de 2014 -el día 19, al parecer-, y que tiene relación con Aragorn, también, y para nada es un asunto trivial.




La casa Bonham’s de Londres subastará ese día, según se dice, una carta de John Tolkien a Rayner Unwin (aquel niño que aconsejó al editor, su padre, que publicara El Hobbit) en la que Tolkien le cuenta, en mayo de 1953, dificultades, peripecias e incidentes referidos a los esfuerzos por terminar finalmente El Señor de los Anillos, que se publicaría apenas un año después.

Tolkien, al parecer, daba vueltas sobre la tercera parte, El retorno del rey, y le mostró el borrador a su amigo William Auden que, después de leerlo, le aconsejó que eliminara la historia de amor entre Aragorn y Arwen porque le parecía “innecesaria y superficial”. Tolkien no lo hizo ni pensaba hacerlo, pues en la carta le dice a Rayner: “Yo todavía lo encuentro conmovedor, es una cruda alegoría de la esperanza. Espero que te guste”.

La carta sale a subasta a unas 8.000 libras, casi 10.000 euros. Hay otras cosas de Tolkien (primeras ediciones, libros firmados por él, dibujos) que también estarán allí al mejor postor.







jueves, 11 de abril de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano? (III)



La cuestión de los Medianos va de la política a la religión y vuelta.

Son los dos ámbitos en los que la medianía tiene sentido y son los dos ámbitos en los que puede tironearse de ella para provecho de parte.

En Tolkien, eso no aparece así. Su concepción de la majestad es inmarcesible y por ello mismo arquetípica. No hay modo de verlo de otro modo. Precisamente, y por vía contraria, la defección de los mayores es gravísima, mientras que de los menores y medianos de algún modo se espera la defección, aunque no se la aplauda, claro.

De hecho, en Tolkien, nadie -nadie, nadie, no...- quiere quedarse con los Medianos y la tensión paradigmática va hacia la grandeza. Y tanto así que el Mediano por antonomasia ya no lo es al final de sus hazañas, más allá de su apariencia. Y ni siquiera: en El Señor de los Anillos a los medianos-medianos, les da la impresión de que estos Medianos que vuelven de confusos y lejanos asuntos de grandes, han crecido: físicamente más altos.

Pero por mucho que se podría argumentar y citar en esta materia, y en ese mismo sentido, recorriendo la entera obra de Tolkien, la verdad es también que cuando el autor eligió su point of view, el pathos de las acciones, lo estableció en la esfera del Mediano. Y no una vez, sino dos.

Es así que me parece que nadie que haya leído la obra del inglés puede dejar de sentir un hondo consuelo.

El Mediano singular redime la medianía del Mediano general.

Hay una condición, sin embargo.

Está implícita en la supuesta respuesta de Mithrandir en el supuesto diálogo con Galadriel.

El poder. La manifestación poderosa del poder. La majestad estridente. La potencia desatada. Todo eso tiene un lugar en la historia -en ambos bandos- y no hay menosprecio alguno en toda la obra de Tolkien a ese respecto, ya lo dije. Es un hombre que ve, imagina, piensa, gusta y juzga estos asuntos con una matriz tradicional. Lo alto es más alto que lo bajo. Y listo. Pero eso no basta. Sabe más respecto del poder. Y tiene la mirada puesta en él. Y, repito, no hay menosprecio alguno. O por la dignidad del poder (y el poder emanante o adyacente y hasta intínseco a las altas dignidades) o por la peligrosidad de la potencia, especialmente de la sin fin, como en sí misma sin límites o que se pretende tal: algo apetecible para un ser creado y tan dañino como apetecible.

Pero.

Si hay que considerar que el Mediano está en el centro de la cuestión, por una parte; y el poder es asunto central, por otra: ¿cuál es el poder de un Mediano? Y otra cuestión más que tiene relación con ésta: ¿por qué la política y la religión son los ámbitos en que esa medianía tiene sentido?

La segunda cuestión es más sencilla. El territorio de la política como el de la religión son antes que nada el campo de batalla acerca del poder. ¿La religión? Sí. La religión también. Y no es cuestión aquí de la Iglesia o de la vida interior o mundana de la Iglesia, con todos sus pasillos y corredores llenos de peligros y amenazas mundanas -y no sólo, no sólo...- por una cuota de poder. Nada de eso. Es mucho más hondo y definitivo, aunque simple.

Quién manda acá es toda la cuestión, inicialmente (y acá es la entera y total realidad). Acto seguido, la segunda cuestión: ¿cómo se manda?

Hay que advertir que tanto en lo atingente al poder en sí como en lo que toca al ejercicio del poder, quién manda y cómo se manda no están separados. Ni en la tierra, ni en el Cielo. Y cuando lo están hay consecuencias. Y no buenas.

Pero es allí dónde precisamente aparece la condición de la medianía, el emblema del Mediano, como una especie de parábola acerca de la relación del hombre con el poder, o de la actitud humana en esa relación. La actitud humana por naturaleza ante el poder, y por naturaleza quiere decir aquella que le corresponde por lo que es.

Pero..., pero...

Tiene que ser un Mediano de veras. Y debe entendérselo como tal, apreciárselo como tal. Y por las buenas razones. Porque hay una sola forma de ser veramente Mediano. Y, en consecuencia, sólo se lo considera tal, rectamente, de una sola forma. Cosa peligrosa, sin duda. Muy...



Y hasta aquí llego por ahora. Me toca comer.



- ¡Qué suerte! Se me estaba poniendo peliagudo... Aunque...

- ¿...?

- No me lo va a creer: tengo una que otra pregunta...

- ...

- No, ahora no... Mangia, che ti fa bene...

- Grazie.


martes, 26 de marzo de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano? (II)

Parece que Mediano y Héroe, se contraponen. Porque parece que la medianía contradice al arquetipo.

Y no es un asunto cualquiera.

Está en la médula de buena parte de la filosofía moderna, por ejemplo, y crecientemente. Y hay planteos morales terribles detrás de cada una de estas palabras. Aunque habría que entenderlas bien. Tan bien hay que entenderlas, que, de no, los disparates resultan homicidas. Al menos homicidas en lo que el hombre tiene de más íntimo y esencial: su espíritu. Y matar el espíritu es cosa más seria que matar el cuerpo, por decirlo así; cosa que no es novedad pero que no se entiende habitualmente, ni se la considera importante, ni siquiera en los ámbitos más espirituales, incluyendo los religiosos cuando lo son.

Ahora bien.

No es verdad que la medianía -lato sensu- sea mayor y mejor que la -también lato sensu...- arquetipicidad. Como que por ejemplo la singularidad es mayor y mejor que la generalidad, dicho sin demasiadas y debidas precisiones. Pero aun sin precioones es verdad lo mismo: el singular es el arquetipo de hombre y por lo mismo, eo ipso, mayor que quien no lo fuere. Ser plenamente hombre requiere la singularidad.

Sin embargo. Ah, sin embargo...

Son muchos los espíritus penetrantes que han elegido a los Medianos. No solamente Mithrandir. Ni siquiera primera o principalmente él.

Hay muchas variantes de esta preferencia, incluso algunas aplicadas al hombre por extensión de una proposición más amplia, como cuando se sostiene que small is beautiful. Larga y vieja es la lista de afirmaciones de este tipo. En todas sus versiones, la paradoja de la primacía del abajamiento tiene un arraigo fuerte en la tradición espíritual del hombre. Y no solamente en la tradición humana del hombre.

Hay un ejemplo emblemático de la grandeza de lo mínimo inmenso y es claro que es Jesús, el Cristo.

Consonantemente y no por casualidad, Él mismo procede además, por vía materna, de quien dijo que el Mayor sin Tasa, el Primero, el Singularísimo y el Único, Dios, exaltó a los Humildes.

Pero no hay que asombrarse de que la médula del cristianismo sea así de paradojal, pues es de la raíz misma de la divinidad esta forma de formulación de los misterios siempre desconcertante.

Lo noble y alto, sin embargo, es alto y noble y es de una fuerza y entidad tales que no puede ser ignorado y despreciado, sin grave injusticia y sin peligro grave. Y, a la vez, está observado que el último será el primero. Y que lo que despreciaron los sabios es lo que sirve. Y así.

Pero, hay que insistir sin cansarse, si no se entiende bien la naturaleza de esa medianía y la de esa arquetipicidad, el desastre es casi insoluble.

Vaya como agregado -tal vez inquietante, pero hay que decirlo...- el hecho de que la falsificación del cristianismo no parece vaya a ser por la vía de la exaltación de su heroísmo ni de su fuerza y poder y su capacidad intínseca para forjar héroes espirituales, es decir santos.

Aunque la acción misma de esa falsificación no podrá sino resultar sumamente violenta, y no sólo espiritual y hasta psicológicamente, no parece vaya a pasar tal cosa (es decir, la falsificación del cristianismo) sino remedando malévolamente la debilidad del cristianismo, y la cualidad de mediano que resplandece de modo paradojal en el hombre cristiano.

Quién se oponga a Cristo tendrá que querer decir lo que Él dijo, aunque sepa que está diciendo otra cosa: vean que soy manso y humilde de corazón...

Esa medianía querrá ser imitada, pero malévolamente y como parodia. Por lo mismo que no se puede adulterar el cristianismo sino así.


- Oiga, oiga, cumpa..., no sé por qué pero me está entrando un poquitín de miedo con esas cosas que dice...

- Entonces, aquí me quedo. Por ahora. La última cosa que querría es que se asustara justo cuando está por empezar lo más hondo de la cuestión... El hombre asustado no ve ni oye ni entiende nada, créame. Un mediano, si vamos al caso, tiene que ser terriblemente fuerte, para poder resistir -como si le dijera sin las fuerzas del fuerte- las cosas que se le vienen encima...



 

domingo, 24 de marzo de 2013

Mithrandir, ¿por qué el Mediano?



Galadriel: Mithrandir, why the Halfling?

Gandalf: Saruman believes it is only great power that can hold evil in check, but that is not what I have found. I have found it is the small everyday deeds of ordinary folk that keep the darkness at bay… small acts of kindness and love. Why Bilbo Baggins? Perhaps it is because I am afraid, and he gives me courage.


- Mithrandir, ¿por qué el Mediano?

- Saruman cree que sólo un gran poder puede contener el mal, pero eso no es lo que yo he llegado a ver. Lo que yo he visto es que son los pequeños detalles cotidianos de la gente común los que mantienen el mal a raya..., pequeños actos de bondad y de amor. ¿Por qué Bilbo Bolsón? Tal vez porque tengo miedo... y él me infunde coraje.



En la primera de las tres películas con las que Peter Jackson pretende traducir El Hobbit, este diálogo entre ambos personajes es posterior a un encuentro sorpresivo en Rivendel entre Galadriel, Saruman, Elrond y Gandalf, cuando Bilbo y los enanos están ya partiendo de allí. Y así como se lo presenta, aunque no se lo diga, parece una de las reuniones del Concilio Blanco.

Según los papeles de John R. R. Tolkien, hubo cuatro encuentros del Concilio Blanco en la Tercera Edad de la Tierra Media, a saber: 2463, 2851, 2941 y 2953 (lo fundó Galadriel en 2463 y lo integraron Saruman, Gandalf, Galadriel, Elrond y Círdan, elfo Teleri, guardián de Los Puertos Grises). Todos esos encuentros de Istari y elfos giraron en torno a la estrategia para combatir a Sauron. Y ya desde el principio, y más después, Saruman tramó secretamente contra los demás y en su propio beneficio.

Ahora bien.

El guión de El Hobbit: un viaje inesperado es, como se sabe, una adaptación basada en la novela de J.R.R. Tolkien y lo hicieron Fran Walsh, Philippa Boyens, el propio Peter Jackson y Guillermo del Toro.

Precisamente es Boyens quien ha dicho respecto de ese pasaje de la película que "Galadriel hace una pregunta a Gandalf y su respuesta habla de algo que nosotros consideramos que era importante para Tolkien y que sentimos que tenía que ser el eje central de nuestra película, que es la bondad de la gente de a pie, y cómo la simplicidad de las buenas obras, un sencillo acto de generosidad es tan potente y poderoso como lo puede ser el mayor acto de heroísmo."

Es verdad que la película -cosas de Jackson, creo...- cambia partes substanciales de la obra de Tolkien. Como en este caso que me interesa ahora parece aludir -por el contenido de las conversaciones y la posición de Saruman- al encuentro del Concilio Blanco de 2851, que tuvo lugar en Rivendel. Los que intervinieron en el guión aseguran que buscaron y se inspiraron en los papeles del autor de la novela para ésa y otras incorporaciones. No lo discuto, aunque tenga mi opinión sobre el resultado de sus búsquedas y decisiones, aun entendiendo que esto es cine y no literatura, lo que no hace falta aclarar.

Por otra parte, hay que decir que en la cronología puntillosa de JRRT, el viaje de Bilbo Bolsón va de 2941 a 2942 de la Tercera Edad (1341-1342, de la Cronología de la Comarca). Esto quiere decir que sí hubo un encuentro del Concilio contemporáneo a las aventuras de Bilbo. Sin embargo, según Tolkien, en ese encuentro Gandalf urgió al Concilio para que atacara la fortaleza de Dol Guldur en la que se había aposentado Sauron. Y así se hizo. Según Tolkien, precisamente, la operación fue planeada cuidadosamente por Gandalf. El Peregrino Gris pretendía que Sauron y Smaug no se unieran, razón por la cual la reconquista de Erebor y la campaña contra Sauron corrieron por cuerdas separadas, aunque fueron contemporáneas. 

En Cuentos inconclusos y en los Apéndices a El Señor de los Anillos hay efectivamente algunos datos más que en El Hobbit original acerca de estos episodios tan complejos. No así planteados, claro.

Pero, y por otra parte, en ningún lugar de todos esos dichos encontré todavía las frases de Gandalf y esa argumentación que aparece en el diálogo del film.

Sí hay algo similar en muchos pasajes de toda la obra de JRRT en la que aparecen hobbits y se mezclan con gentes mayores que ellos en rango, poder y dignidad. Y es verdad la preferencia de Gandalf -y de Tolkien, por cierto- por los Medianos.

Por ejemplo, algo así se ve en el capítulo El Concilio de Elrond. Pero creo que es en Las dos torres, III, 10 (La voz de Saruman), el lugar en el que aparece muy claro el argumento de Gandalf, acerca de su elección por los Medianos y los menores en general, frente a la soberbia de Saruman, su ambición de poder y el desprecio por los no poderosos como protagonistas de la historia...




- Disculpe, jefe... ¿hay para un rato más de todo esto...?

- Fíjese que no, mi amigo. Aquí terminé. Era la presentación del asunto, nada más.

- ¡Ah! ¿Nada más? ¿Presentación? ¿Y qué se supone que sigue a continuación...?

- Ya veremos. Hasta acá llego por ahora. Pero, antes, tenía que dar algunos elementos del asunto, para que se entienda un poco mejor, al menos...

- ¿Y cuál es el asunto? Si se puede saber...

- Ése, hombre, ¿no lo ve?: el Mediano. Que además, ahora que lo miro, parece un asunto de actualísima actualidad...


viernes, 4 de enero de 2013

Jackson y los enanos

-Sí, entiendo lo que dice, aunque...

-Usted entenderá, pero yo no. Y creo que ni yo ni nadie... ¿Qué? No me diga que no le gustó...

-Y...

-Pero, viejo..., si es un peliculón... ¡A usted nada le viene bien!

-Nada, no.

-¡Cómo que nada no! ¿Y entonces? Porque ya ve que ésta tampoco le gustó. Y no me diga que las otras 3 de El Señor de los Anillos le gustaron, porque yo sé que no del todo..., entonces qué me dice...

-No digo nada. Digo nada más -y se lo repito- que Jackson (cualquier Jackson, hasta ahora y no éste sólo, pobre, que se ve que hace un esfuerzo enorme...) no sabe y no puede con lo grande bello, ni lo bueno grande. Puede con otras cosas, a condición de que no sean grandes y buenas y bellas, las tres cosas juntas. Puede con lo deforme grande, puede con lo grande feo, puede con lo malo grande. Incluso puede con lo monumental a secas, con lo poderoso, digamos. Y hasta en parte puede un poco con lo mediano bueno y lindo (y eso le habría gustado un poco a Tolkien, no lo niego..., pero aunque Tolkien fuera un hobbit, sabía perfectamente qué era un elfo y por lo mismo que miraba con los ojos de los hobbits sabía cómo veía un hobbit a un elfo...) Si acaso, Jackson llega hasta el mundo según Rohan. Pero Jackson con lo grande y bello y bueno todo junto, no puede. Y si no puede, no puede. Será que tal vez solamente pueda con lo que el cine puede, que no es mucho decir, ni poco decir. Eso no sé. Pero eso es lo que dije y eso es lo que digo, nada más.

-¿Sabe qué, al final? Usted es un jodido. Mañana voy a ir a verla otra vez...

-Qué se le va a hacer...

viernes, 21 de diciembre de 2012

La muerte de Smaug

Habían pasado algunos años desde que Bilbo volviera a la Comarca, después de su aventura con los enanos y el tesoro, el Dragón y la Batalla de los Cinco Ejércitos.

Era una tarde apacible de otoño y estaba en su escritorio escribiendo sus memorias, cuando llegaron en visita inesperada Gandalf y Balin.

Mientras fumaban ya distendidos, Bilbo oyó las noticias inmejorables de la Montaña, de Valle, de la Ciudad del Lago.
-¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera! -dijo Bilbo.

-¡Claro! -dijo Gandalf-. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu benficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero, en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!

-¡Gracias al cielo! -dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco.

* * *

-Muy bien, lindo final, lindo texto... Pero, ¿qué hace esto acá si usted en esta bitácora habla más bien de otras cosas?

-¿Y de qué otras cosas habló más bien en esta bitácora?

-Bueno, de política, por ejemplo, o de cosas de acá, de ahora, cosas así...

-Ah, mire usted... ¿Y esto no es política, acaso? ¿Y está seguro de que estas cosas no son cosas de acá y de ahora?

-¿Qué? ¿Con dragones? ¡Dragones...! Pero, déjese de pavadas, hombre...

-Ahí está el problema, ¿ve? Usted no cree en los dragones. Y eso que los ha visto y los conoce y, como nos pasa a todos, a alguno hasta puede que lo haya tenido tan cerca durante años...

-¡Jamás en mi vida he visto un dragón! ¿Vivir cerca de un dragón? ¿Durante años? ¡Usted está loco...!

-...


martes, 11 de diciembre de 2012

Mil años




Un día cualquiera de estos días, más tarde o más temprano, Julio Alak será Raúl Granillo Ocampo y Aníbal Fernández será Ramón Hernández. Y Mauricio Macri será Osvaldo Cacciatore y Daniel Scioli será Alejandro Armendáriz, Luis D'Elía será Vicente Saadi y Rodríguez Larreta será Carlos Aloé. Y valdrán en el calendario y en el recuerdo más o menos lo mismo unos y otros.

¿Qué? ¿No sabe quiénes son o apenas se acuerda?

Por eso, ve...

Pero aunque sus nombres fueran perdurables (como la Coca Cola, el Che, Perón, Trostky, Hitler, Rucci o Juan B. Justo...), lo mismo da, me parece. Los hombres a veces tenemos esa cosa rara de pensar en eternidades terrenas. Ya sé, ya sé: non omnis moriar..., dice Quinto Horacio y cualquiera con él, claro. Cómo no. Y, en la historia, en parte es verdad.

Mil años puede ser el nombre de la esperanza, sí. De una esperanza que sea más que historia, incluso en la historia. Raro, pero puede ser. Según cómo se piense y se diga.

Más frecuentemente, mil años es el nombre de la inmanencia y de una intensidad metafísica, diría, que busca llegar hondo, a las raíces del mundo. Todo milenismo, medido en años de hombres, es una mirada histórica que no ve más que historia en la historia y que cree que las raíces del mundo son la historia misma. Es decir, la historia hecha a mano y sudor de hombres, excluyentemente. Es el mundo hecho a imagen y semejanza del hombre.

Y como eso no existe, es más bien el nombre de la desesperación.

Suena épico y grandioso, pero mientras sea eso es desesperado lo mismo.


                                                             *   *   *


Cristina Kirchner (la viuda de Néstor Fernández, dicho por qué no en términos políticamente correctos...) tiene un problema: quiere terminar una revolución honda y raigal y que dure mil años y más. Y no tiene nadie cerca que viva mil años y querría ser ella la que viviera mil años para hacer y gozar de la revolución que quiere. Está difícil, es verdad. Pero: que lo quiere, lo quiere, sí. No es la única que lo quiere, pero es la que más lo quiere ahora, aunque haya otros cerca que quieren más cosas que las que ella quiere y algunas distintas.

La revolución que quiere es cosa fiera. Sobre todo por lo que tiene de dizque bueno. Y además por lo que tiene de malo, que es más hondo. Y esa revolución, en lo que tiene de hondo, creo que va a durar. No porque ella haya hecho bien su parte y lo que ha hecho sea difícil de deshacer. Sino, y más que nada, porque esa revolución es anterior a ella, es más honda que lo que ella pueda querer; y porque además la quieren muchos que son para ella la quintaesencia de lo deleznable, y la quieren en muchas cosas graves y hondas que unos y otros -ella y ellos: enemigos irreconciliables- quieren por igual, casi más que nada en el mundo.

Pero, a la vez y a como lo veo, ella tiene una ventaja que le permite seguir adelante, a ella más que a ningún otro: no hay a la vista nadie que se lo impida verdaderamente. ¿En los próximos mil años? Y tal vez ni en los próximos cien, ni en los diez que vienen siquiera...


                                                             *   *   *


Salvo que aparezca un hobbit, claro.

Un hobbit: un tipo insignificante y comodón, un tipo que se diría más bien burgués y hasta en apariencia púsil de ánimo, que mal que mal esté dispuesto por buenas y sencillas razones a llevar como carga insoportable un anillo que hace y puede hacer mucho mal, y llevarlo hasta el fuego mismo que lo forjó y que por eso lo puede disolver.

Y un hobbit que esté dispuesto a joderse fiero en la empresa.

Y joderse tanto en la empresa que no le alcanzarían mil años de los de acá, de la historia de los hombres (y de los hobbits, se entiende), para curarse las heridas.

viernes, 22 de junio de 2012

Un buen amor y otros finales felices

No sé qué habrá sido de ella. Fue la revista de la Asociación Tolkien Argentina. Se llamó Mathoms y creo que hace unos años ya que no se publica.

Unos 15 años atrás aparecieron allí en tres números sucesivos (uno por año) tres artículos de un servidor. Los voy a dejar aquí, con su permiso. Pasó que los originales los creí perdidos y era que no: estaban entre papeles que casi tiro y quemo. No sé si habrá por allí ejemplares de aquellos números. En todo caso, me quedan las tres notas.

En el número 4, de mayo de 1997, dedicado a tratar sobre la Posesividad en las obras de Tolkien, apareció El gris que brilla, un trabajo sobre Aragorn. En el 5, de abril del 98, que trató sobre la Amistad, se publicó Sobre el amor de Tom Bombadil y Baya de Oro, hija del Río. Al año siguiente, en el número 6, que trató sobre la Esperanza y apareció en julio, se publicó Final feliz. 

Y ya no aparecieron otros, claro.

sábado, 4 de febrero de 2012

Sam

Sam respiró profundamente. -Bueno, estoy de vuelta -dijo.

Es la última línea de El Señor de los Anillos, claro, ya se sabe.

Frodo, Bilbo, Gandalf, Celeborn y Galadriel, Elrond, Cirdan y otros, habían partido ya desde los Puertos Grises, rumbo a las Tierras Imperecederas. Y él, Sam, volvía entonces a lo suyo y a los suyos; aunque ése no fue su fin final, como también se sabe.


Me acordé de esas palabras en estos días.

Horas de horas enteras de partidas sin regresos en este verano, incluso mientras escribo ahora, porque no he vuelto del todo aún a mis días y a mis cosas. Y es así como todavía no puedo del todo decir aquella frase de Maese Samwise Gamgee, si es que alguna vez me es dado decirla del todo.

Y me acordé de algo más, a decir verdad.

Pudo decir aquello el bueno de Sam, en gran medida porque -una vez cumplida junto a Frodo la misión de destruir el Anillo- fue también él rescatado, junto con Frodo, del fuego ardiente del Monte del Destino, el Orodruin, por Gwaihir, Señor de las Águilas.

Podrían ambos haber muerto allí sepultados por la lava quemante, las piedras encendidas, las cenizas, sin aire, sin luz.

Pero Gwaihir, el Señor de las Águilas, su hermano Landroval y el joven Meneldor, otra más de aquellas aves poderosas, terribles y benévolas, fueron al rescate a pedido de Galdalf, que se los pidió y los acompañaba.

Desvanecidos, pero segura y amorosamente retenidos por aquellas garras inmensas, surcando casi sin aliento las alturas sobre Mordor primero y sobre otras tierras devastadas por la guerra, ambos, Frodo y Sam, fueron llevados a Ithilien, donde fueron restaurados.

Y, no, ¿qué puedo decir?

No da lo mismo decir estoy de vuelta, si antes uno ha sido rescatado por Gwaihir, el Señor de las Águilas.

Porque en este valle, al final, hay vueltas y vueltas.

Y aunque algunos podrán decir que es mucho pedir, digo por mi parte que, si alguna vez me tocara efectivamente poder repetir -con la misma verdad, hondura y alegría- las palabras de maese Samsagaz, me gustaría que fuera así: después de haber sido rescatado por las águilas.

Nada difícil de entender, creo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Octubre

Hace unos siete años, en otro lugar, escribí -incluso algunos versos- sobre la herida que Frodo recibió en la Cima de los Vientos, en octubre de 3019 de la Tercera Edad del mundo en Arda.

Decía, entonces, que, días después, la mañana del 24 de octubre, Gandalf miraba a Frodo convaleciente en Rivendel, sabiendo ya que esa herida era demasiado para un mortal.

Recordaba allí que, unos meses después, al borde de las fraguas ardientes del Monte del Destino, marzo le quitaba a Frodo una parte de sí y de ese modo el Anillo se fue finalmente de él y de este mundo, no porque lo hubiera soltado, sino precisamente porque no lo soltó.

De las heridas que recibió el Portador, éstas fueron las más graves y la segunda más, en apariencia, por lo que significa moral y espiritualmente esa debilidad de no poder deshacerse del mal que lo destruye.

Pero ahora creo entender también que, con ser humillante el verse obligado y empujado a hacer el bien -a los mordiscos mutiladores, si hace falta-, no es eso lo que le ha dejado a Frodo la herida mayor.

Precisamente, lo que aquí en este valle no podrá curar del todo es la secuela de una herida en la que también tuvo parte, aunque de otro modo, quizá más profundo y grave.

Al final del capítulo 11 del Libro Primero de su obra, Tolkien cuenta que Frodo recibió esa herida habiéndose puesto el anillo, pese a saber que no debía hacerlo, bien que en parte obnubilado también por el miedo y la sugestión.

Así es como cruza al mundo de las sombras, se hace nítido a los ojos de sus perseguidores y queda vulnerable y a su merced. Y es allí cuando el Rey Brujo de Angmar lo hiere con el arteramente mágico y envenenado puñal de Morgul, que entrará en la carne de Frodo y se disolverá en ella, antes de que se saque el anillo.

Necesitará la ciencia de Elrond para que la esquirla no siga penetrando en su cuerpo; con todo, cada octubre Frodo volverá a sentir algo más que el dolor físico de su cicatriz. Porque no se trata de lo que oculta la cicatriz sino de algo más hondo, que ni siquiera Elrond podrá curar aquí y que solamente tendrá reposo al fin en Tol Eressëa de Valinor, en el Reino Bendecido, siguiendo el Camino Recto, más allá de los mares de este mundo.

viernes, 5 de agosto de 2011

Lo que será de lo que es

Hace casi 20 años, un buen amigo me regaló el tomo de Cartas de J. R. R. Tolkien, con esta dedicatoria:
Elrond dijo: “Marcharás bajo la sombra entre seres malvados. Pero hallarás amigos fieles quizás donde menos te lo esperes.”
Más allá de su lectura críptica -en su ingenio, dejó entreveradas en la cita las iniciales de mis nombres y apellidos-, lo curioso ahora es que, con el tiempo y en gran medida, la frase vino a resultar verdadera, no sólo pero en particular en su segunda parte.

Algunos de esos amigos fieles, hace poco, me animaron a encarar algo que ya venía haciendo cansina y despreocupadamente, a muy otro ritmo, claro, y por ello mismo con la posibilidad de no hacerlo efectivamente jamás.

Recordé entonces los versos que Gandalf escribe a Frodo sobre Trancos-Aragorn, en particular aquello de que no todo el que anda errante está perdido y más todavía aquello de que la escarcha no alcanza a las raíces profundas.
All that is gold does not glitter,
not all those who wander are lost;
the old that is strong does not wither,
deep roots are not reached by the frost.

From the ashes a fire shall be woken,
a light from the shadows shall spring;
renewed shall be blade that was broken,
the crownless again shall be king.
Y así ha venido a ser, me parece.

Algunas veces -y bastante la última vez-, hubo lectores que levantaron simpáticamente su disgusto. No sé si tanto por la desaparición de esta bitácora y lo que en ella vivía, como por sus periódicas desapariciones y reapariciones…

Más de uno, me imagino, habrá pensando si la causa no sería el anillo aquel del que trata Tolkien; y más de uno, sin saberlo, tal vez habrá estado bastante cerca de la verdad.

No le hace.

A las raíces profundas no las alcanza la escarcha, es verdad. Pero esta bitácora -con lo que la suscitó en su momento y lo que la acompañó y alimentó a su modo durante sus años- ya no volverá: efectivamente, las fuentes de donde manaba han mudado. Esta misma entrada no desmiente en nada lo dicho sobre su fin, pues en este caso se trata apenas de un anuncio nomás, que según parece corresponde hacer.

El caso es que otras dos bitácoras han visto la luz en estos últimos tiempos. Ninguna de ellas es la continuación de nada, salvo que se quiera pensar que la misma mano aplicada a cosas distintas hace la misma cosa.

Sin embargo, en parte y al modo de cada una -todavía no definido en todos sus detalles-, las dos guardarán con el tiempo materiales que alguna vez estuvieron en ésta ya definitivamente ausente.

Al verlas, si no yerro de más, los que se interesen por estas cosas verán explicaciones bastantes, que los lectores avezados (pero más que nada benevolentes) ni necesitan ni piden. Aunque tal vez dejar un somero croquis a mano alzada sea útil.

Una de las nuevas, marenostrum / locus unde, lleva sobre sus espaldas la música que alguna vez estuvo aquí. Con el tiempo, y según parezca más propio y mejor, podrían agregarse a las músicas aquellas los textos que las acompañaron originalmente. Nuevas músicas viven allí ahora mismo, pero ya no como huéspedes o exiliadas sino como anfitrionas y nativas de pleno derecho.

La otra bitácora de ambas, pelícano en el sur, no tiene mejor suerte, si acaso no es más grave: ella cargará con muchas de las cosas que en su tiempo se escribieron aquí. Al pasar a su nueva casa cambiarán de aspecto -ya que su calidad no hay modo de mejorarla- porque adquirirán el formato algo pomposo de un libro, como allí se verá a medida que los trabajos y los días lo permitan. Por el momento, casi como una amenaza muda de lo que habrá de venir a ocupar una parte de ese nuevo espacio, figuran en las páginas de pelícano en el sur los bocetos de las tapas de varios de esos textos que ya están en trabajos de composición y armado. Corriendo el tiempo, otras cosas se dirán allí también, Dios primero, pero eso ya no forma parte de esta herencia obligada.

Alguien me observó que, como quiera que lo vea, la bitácora que ya no es tenía alguna unidad y homogeneidad -hecha de sus muchas y disímiles partes y de algo más que no son las partes y que la hizo un todo, una obra-, y que eso mismo, la obra, el todo, se perdería irremediablemente. Y eso es enteramente verdad. No sé, al fin de cuentas, si esa pérdida es una gran pérdida.

En todo caso, y como dice Miguel Hernández,
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Entonces no sería un mal destino, en el desguace, que lo que pudiera valer siquiera algo sobreviviera alimentando el humus en el que germinen otras floraciones. Porque no sólo ocurre eso con nuestros restos mortales o simplemente con el curso de nuestra vida; también de cosas enormes (incluso no tan buenas) quedan reliquias que nutren otras que pueden ser a veces insignificantes pero necesarias, o a veces mayores y más luminosas que las que las ayudaron a crecer. No puede saberse a ciencia cierta. Mientras tanto, creo firmemente lo que le gustaba decir a Chesterton: “cuando esto termine, sabremos por qué empezó…”


Y eso es todo, señores.

Por lo que, así las cosas, cumplido el anuncio, y dejándolos felizmente en su arbitrio para ir libremente a donde más les plazca, su servidor se retira.