jueves, 10 de noviembre de 2022

El gris que brilla. Apuntes sobre la realeza de Trancos.


Buena parte de su vida extensa pasó Aragorn vestido con la ropa opaca de los Montaraces. 

Dúnadan, heredero de reyes y rey él mismo, con una misión por delante que podría amedrentar a cualquiera en tiempos oscuros, Aragorn hijo de Arathorn es una muestra en cifra de la virtud de la magnanimidad.

***

El apetito de poder desordena. Lo primero, la propia persona. El hombre que ambiciona –pudiendo ambicionar, pues se le ha prometido un reino– tiene habitualmente de sí un concepto excelente. Tanto como el destino que cree le pertenece y ambiciona. Y ese amor de sí mismo será tan desproporcionado y corrosivo como sea sin tasa su apetito de gloria.

El apetito de poder también hiere y mata a otros. Aun antes de matar físicamente, los transforma en peldaño de una escala en cuya cúspide sólo cabe uno –el ambicioso– y desde donde nada se distingue hacia abajo. Y nada importa.

No es ésta una tara propia y exclusiva de los grandes, o de aquellos que llevan impresa en su frente y cincelada en su corazón una grande empresa. Pero es verdad que son éstos, los que tienen pasta de pioneros y conquistadores, los que corren mayores riesgos en lo que toca al olvido de sí mismos.


***

Es cierto también que quien tiene por delante el camino de las estrellas, se dispone habitualmente a un largo camino de arduidades. "A lo alto por lo áspero", dice el adagio latino y así suele ser.

Pero lo que distingue a un hombre grande puesto a la tarea de un destino a su medida, y aun mayor que su propia medida, es la intelección del bien que sostiene y adorna la causa. A ese bien objetivo de su causa acomoda el hombre grande los medios para conseguirla. Y no permite, no tolera, que ningún medio desluzca la causa y la afee. No es su bien personal lo que le llena los ojos. 

Por lo tanto no se entiende el desprendimiento, la magnanimidad –el ánimo grande–, que acompaña las acciones de los hombres grandes, si no se considera antes lo que ese hombre ha visto y en consecuencia ha aceptado. Y lo que ha visto, invariablemente, es que su propio bien, su gloria, su fama, se ordenan al bien de su finalidad. Que se cumpla lo que debe cumplirse.

La figura del Precursor, San Juan el Bautista, es el talle exacto de esta virtud en los hombres. Todas las notas que luce el Bautista se adecuan a Trancos. 

Ese Trancos que será rey, del que se puede decir que no hay hombre mayor que él, a quien por derecho se le debe el honor, se coloca al servicio de algo mayor que sí mismo. 

No podría hacer esto si no fuera grande su alma. Lo más definitivamente personal de sí se opaca y al mismo tiempo se vuelve como traslúcido o aun invisible. De modo que quien lo vea en ese servicio no vea todavía al rey, no vea la gloria, sino su propio sacrificio, su propia abnegación y adhiera a la causa por la que tanto se niega a sí mismo alguien con semejante estatura e incluso tan grande magnetismo personal. 

Grande ha de ser el motivo que requiere un sacrificio tan admirable y tan contagioso. Un sacrificio y una negación de sí mismo que invitan a ser imitados. 

Vestido con harapos, sin que pueda disimularse del todo la inmensa dignidad que brota de su naturaleza, solo y apartado, con el único aplauso del viento en el desierto durante largos años, la descripción vale tanto para el Precursor como para Trancos.

Ambos de un gris refulgente. Sumergidos por propia voluntad a los pies de algo más grande. Conduciendo a otros, sí. Pero no conduciéndolos a sí. No atrayéndolos a su servicio. No adueñándose de otros. 

Antes bien al servicio de otros. Y de aquella causa que los enciende y los forma interiormente.


***

Hay un episodio relacionado con Aragorn que ilustra este punto inmejorablemente. Es la historia de su amor por Arwen Undómiel, hija de Elrond, el Medio Elfo, señor de Rivendel.

Por lo mismo, por su linaje tan subido, Elrond se opuso en un principio a los amores de su única hija mujer y aquel mortal.

Es cierto que Aragorn era del alto linaje de los Numenoreanos. Lo supo cuando tenía apenas 20 años, de boca del mismo Elrond, en cuyo reino vivía protegido de la maldad de Sauron. En ese mismo año, en Rivendel, Arwen y Aragorn se encontraron por primera vez.

Elrond dilataba todo lo que podía los esponsales. Finalmente se habrían de consumar una vez que Aragorn revelara su realeza y, derrotando a Sauron en la Guerra del Anillo, unificara los tronos de Gondor y Arnor y fuera el primer rey de los reinos vueltos un solo reino. 

Pero para que ello ocurriese habrían de pasar desde la primera mirada que cruzaron Arwen y Aragorn, cerca de 70 años. Y la condición que había puesto Elrond, precisamente, era la de que el heredero de Isildur lograra aquella tarea, casi imposible, de la unidad de los reinos.

Grande fue el sacrificio de Arwen al abandonar el destino de los Elfos y ese sacrificio tuvo su premio en los primeros 120 años de la Cuarta Edad, en los que reinó junto a Aragorn.

Pero no menor fue la espera de Aragorn. 

Durante los siguientes casi 70 años desde su primer encuentro, la mayor parte del tiempo Aragorn fue Trancos, un Montaraz, un hombre del desierto, de botas bien calzadas pero gastadas y sucias de barro, su capa verde oliva y su aspecto cansado. Perseguir a los súbditos de Sauron, las batallas y las noches de cierzo en los páramos, los días y años de trajín, lo habían hecho un individuo poco confiable a primera vista. 

Pero "no toda la gente errante anda perdida; / a las raíces profundas no llega la escarcha...".

Fue detrás de esa apariencia que Frodo vio a Aragorn, sin conocerlo aún: "Si hubieses sido un espía del Enemigo...bueno, hubiese parecido más hermoso y al mismo tiempo más horrible..."

Sus ojos grises llevan una llama que no se extingue y que brilla para mostrar que es quien es. Pero, no más allá de los ojos durante todos esos años y ni siquiera muchas veces.

Por eso las apariencias lo condenan. Ante los que comienzan a ser sus amigos y compañeros de lucha, Trancos ha esperado que lo aceptaran por lo que es. O por lo que parece, sin más. Peregrin Tuk, sin saberlo definirá el aspecto de Trancos y el brillo oculto de Aragorn: "Las apariencias están contra ti, a primera vista, por lo menos. Pero luce bien quien hace bien".

Y ese es un fragmento apenas de lo arduo que enfrenta Trancos.

En esta desaparición de la persona real (en su doble sentido), Aragorn desaparece en beneficio de algo superior a sí mismo.

"Un hombre perseguido se cansa a veces de desconfiar y desea tener amigos...", dirá con nostalgia de algo que todavía no conoce en realidad: la gloria del triunfo.

En el momento en que se transfigura ante Sam Gamgee, Trancos parece más alto: "Si quisiera el Anillo, podría tenerlo... ¡ahora!", dirá en la habitación de la posada de Bree, ante un pequeño grupo de hobbits boquiabiertos y aterrorizados. Pero enseguida suaviza el semblante en el que brilla la luz dominante de sus ojos, sonríe. Un poco más adelante toma la espada por el pomo, sobre el que acababa de apoyar la mano amenazante, y al extraer la hoja, se la ve quebrada, inoperante todavía, hasta que vuelva a ser forjada para coronar su larga y penosa misión.

Pero a pesar de estar rota, Trancos la lleva al cinto. Es la espada del rey: "De las cenizas subirá el fuego", dice la profecía que lo acompaña. 

Y él mismo hace una profecía de sí: "Soy Aragorn hijo de Arathorn, y si por la vida o por la muerte puedo salvaros, así lo haré". Con estas palabras, la cenizas grises que cubren al "descoronado" se sacuden y dejan paso al que vuelve. Al que ofrece su vida, porque es quien es, para salvar a otros. Y así adquiere, aun, una figura mayor que la del Precursor.

Estamos en el último tramo de la misión del heredero de Isildur, apenas falta un año para que recoja los frutos de una siembra penosa, oscura y magnánima. 

La Comunidad del Anillo no se ha puesto en marcha formalmente todavía. Lo hará llevada de su mano.

"Si las gentes simples –dirá en el Concilio de Elrond hablando de sí y de los Montaraces– están libres de preocupaciones y temor, simples serán, y nosotros mantendremos el secreto para que así sea".


***

No quiere el Anillo, no quiere la gloria, ni siquiera se nota –y se dice– que del triunfo de su causa depende que su humano amor por la hija del Medio Elfo tenga alguna posibilidad.

Tanto que perder, tanto en juego, tanto propio en el tablero de una guerra fatigosa y terrible. Y Trancos, cubierto del polvo del camino, cansado, apenas encanecida su negra cabeza, no piensa en sí, no reclama nada para sí, ni siquiera la honra que se le debe: "Por mi parte perdono tus dudas. Poco me parezco a esas estatuas majestuosas de Elendil e Isildur tal como puedes verlas en las salas de Denethor. Soy sólo el heredero de Isildur, no Isildur mismo", le dirá a Boromir en Rivendel.

Por eso no sorprenderá que una vez derrotado Sauron y adquirido su reino, Aragorn distribuya honores, tierras y regalos de una manera espléndida y magnífica. Hasta parecer pródiga y desmesurada. No lo es en modo alguno.

Lo viene haciendo desde el comienzo, desde que se lanzó a los páramos del Norte con unos pocos Dúnedain, entregado a una guardia invisible y continua. No hay diferencia en su actitud, ningún cambio. Simplemente ahora dispone de más bienes para dar y los da con la misma largueza con que antes dio sus años opacos. Tampoco ahora le pertenecen todas esas cosas recuperadas, en el sentido en que hablamos habitualmente de que algo es nuestro.


***

Decíamos al principio que el apetito de poder desordena al que posee tal pasión y hace sufrir a los que soportan al ambicioso y posesivo.

Contrariamente, se benefician aquellos que están en manos del hombre magnánimo. Primero porque su yugo es suave; después, porque de él se recibe siempre más de lo que se espera.

Hacia el final, tras un año de fatigas, de regreso hacia la Comarca, en la posada de Bree, Gandalf y Cebadilla Mantecona –siempre reticente a la figura del ajado Trancos– mantienen una conversación reveladora. Especialmente para el posadero.

Y es Gandalf el encargado en esa conversación de cerrar con sus palabras las reflexiones suspicaces que al señor Mantecona le ha despertado a menudo el Montaraz. El rey cuidará tu tierra, la dejará vivir en paz y vivirás feliz en ella. "La conoce y la ama", dice Gandalf. Y le gusta tu cerveza y "dice que siempre es buena".

¿Quién es él? Hasta que entiende quién era Trancos.

"Trancos –exclamó cuando pudo respirar otra vez–. ¡Él con corona y todo, y un cáliz de oro! Bueno ¿dónde vamos a parar?".

"A tiempos mejores, al menos para Bree –respondió Gandalf".



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(Publicado por un servidor en la revista de la Asociación Tolkien Argentina, Mathoms, año 3, número 4 – Mayo de 1997



miércoles, 9 de noviembre de 2022

Sobre el amor de Tom Bombadil y Baya de Oro, hija de la Mujer del Río



Un amor es un afecto complejo entre los humanos.

La cuestión es si Tom Bombadil y Baya de Oro son humanos, del mismo modo en que quien esto escribe es humano, del mismo modo en que era humano quien los creó para la ficción literaria.

Y la respuesta parece indudable: Tom Bombadil no es humano en el mismo sentido. Sus notas accidentales –cuerpo, pelo, ojos, rubicunda faz– lo hacen aparecer como un sujeto sencillo, un hombre corriente, de buen humor, talante apacible, algo distraído. Atento y poderoso cuando atiende a los sonidos interiores de los árboles y el Bosque; no hay Túmulo que se resista a su palabra susurrante, a su canto fresco, los ponies le obedecen, el río le ha entregado sus secretos –y su hija– sin violencia ninguna, como si no se los entregara, como si se los devolviera a quien le pertenecen.

Baya de Oro lo sigue como el agua le obedece, como la piedra le es connatural, como los árboles lo escuchan, como los ponies se alegran de verlo. Y no es desmedro para ella ese asentimiento ante el natural señorío de Tom Bombadil.

Así es el amor que se tienen. Su dama Baya de Oro, su señor Tom Bombadil.

Sin embargo, para el gusto de humanos corrientes, y no sólo de apariencia humana, hay alguna nostalgia en esta peculiar amistad de Baya de Oro y Tom Bombadil. Quizás lo provoca la aparente falta de pasión, ciertamente que de pasión carnal; pero de cualquier pasión. No hay posesividad alguna, pese al “su” del tratamiento cordial que se dispensan mutuamente. No hay deseo, no hay concupiscencia, no hay “tendencia”, ni apetito. ¿Será un amor desencarnado? ¿Símbolo de algún tipo de amistad espiritual, en cifra y apariencia de casto matrimonio?

Pero no falta femineidad en Baya de Oro, no falta cierta sensualidad en el adorno de su cabello o de su mesa, en el viento y la lluvia delicados que refrescan y perfuman el aire de su casa, como ornamentos y no como fenómenos naturales.

Son como la substancia del amor matrimonial sin los accidentes, son como la amistad sin las obras de la amistad, como el desear sin la pena del deseo, como el sentir sin el ahogo del sentimiento. Y aún así no está ausente la presencia física del otro, o el arreglo personal, cargado de interés por agradar, uno complacido en agradar a otro.

Y hay emoción y espera en el amor de ambos; hay alegría en el reencuentro y regocijo en la mención y en el recuerdo del otro ausente. Hay delicadeza y búsqueda de complacencia del otro, interés en la mutua felicidad, en el mutuo bien.

Si es un amor real, ¿cuál de los amores humanos es? Si es un símbolo, ¿qué significa?

Habría que detenerse un instante en la historia general y decir quién es Tom Bombadil, quién es Baya de Oro. Para no complicar la imaginación de los lectores digamos que otros seres de la obra de JRRT comparten con Tom Bombadil su naturaleza.

Es con seguridad un ser angélico, no sabemos si mayor o menor. Quizás su misión está en el orden de lo natural, como guardián de la naturaleza. Y en la medida en que el bosque, el agua y las colinas representan ese orden, que en cierto sentido excluye lo humano, Tom Bombadil es el señor de todo ello.

Es semejante a Gandalf, aunque su aspecto es menos imponente y su participación queda en sordina respecto del curso más general de los sucesos. Lo que no significa que no sea más antiguo que el gran Istari y muy probablemente mayor que él. No resulta heroico y sus intervenciones parecen sí teñidas de un cierto desinterés, digamos cordial, por las grandes líneas de la historia, sin atender con pasión política los asuntos humanos. Es el Antiguo, el sin padre. Más antiguo que la primera gota de lluvia.

Su esposa es Baya de Oro, hija de la Mujer del Río, la bella Goldenberry, un habitante del Bosque Viejo. Bella, suave, gentil, conoce a su marido con un conocimiento sin tiempo. Sabe quién es como si nadie tuviera que habérselo dicho. Y casi nada más, o mejor dicho nada más.

El resto es la mirada que el lector le echa a esta pareja de seres a través de la fascinación de los ojos de los hobbits. Hay quienes los conocen, de un modo que se percibe antiguo, y que descansan su inquietud por la suerte de los pequeños viajeros, sabiendo que están en los dominios de Tom Bombadil y Baya de Oro.

Pero una y otra cosa resultan al final inexplicables. Lo que ellos son, lo que de ellos sabemos en realidad, no alcanza a explicarnos con certeza de dónde salen y –en el punto que ahora más nos interesa– de qué material está hecho el amor que se tienen.

Lo cierto es que hay afecto y es un afecto antropomórfico. Si Tom Bombadil es un ángel, con la encarnación que le significa su misión de guardián de lo plantado en Arda, le vino también el amar a los segundos nacidos con el amor con que ellos se aman entre sí. Si Baya de Oro es una mujer, y lo es, ama como ama una mujer. Curiosamente, en este caso, desprovista de las notas con que el folklore conyugal reviste habitualmente a las mujeres. No es quejosa, es leal, no murmura contra su marido, lo respeta, lo sirve sin que su sometimiento sea humillante, lo conoce profundamente y lo da a conocer describiéndolo con la mirada que el amor pone en los ojos del amante.

Y lo ama como se ama a algo superior, sin que quede explícito que lo es por su origen y naturaleza.

La correspondencia a estos sentimientos tan finamente delineados por JRRT en Baya de Oro es de una curiosa simetría por parte de Tom Bombadil. Y mientras él piensa en regalarla con flores, aromas y canciones, apura el paso para llegar a tiempo pues su amada espera. Si un ángel se encarnase y amara a un ser humano, seguramente amaría de este modo y angelizaría ese amor, sustrayéndole no la concupiscencia sino la extrema carnalidad, la excluyente, cuya satisfacción nos encamina al egoísmo.

No la despreciaría, pero la llevaría por fuerza a la altura de su propia naturaleza espiritual. Encarnado él mismo, como aparece en la figura de Tom Bombadil, él mismo conoce en su humanidad los afectos humanos y los modos humanos de estos afectos. Y lo que tienen de mejor en sí mismos, como propios y adecuados a la naturaleza humana, lo asumiría también y se humanizaría ese amor.

Lo dicho hasta aquí no debe llamar la atención. Hemos visto a JRRT transitar el camino de las posiblidades en otros pasajes y en otros personajes de su obra.

Desde el punto de vista mítico este amor conyugal es una posibilidad y como tal se presenta en el curso de la historia.

JRRT no está obligado a sacar conclusiones. Pero sí a ser coherente en lo que atañe a la naturaleza de los personajes y sus acciones. Y así ocurre en este caso donde la figura de este matrimonio se transforma en paradigmática, en la cordialidad de su trato mutuo que desborda en la afabilidad y hospitalidad para con los otros y en otro desborde, el de la fecundidad espiritual, acorde con lo que aparece como la misión de este guardián de lo plantado en Arda, que ayuda a crecer las cosas, de algún modo las alimenta, les corrige el crecimiento y lo rectifica cuando se tuerce, como lo haría un padre, un tutor o un encargado.

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(Publicado por un servidor en la revista de la Asociación Tolkien Argentina, Mathoms, año 4, número 5 – Abril de 1998) 



jueves, 3 de noviembre de 2022

a.




Hay en este libro 12 sonetos que se publicaron en el mes de octubre de 2022, en la bitácora ens.




domingo, 30 de octubre de 2022

Mi mundo tuyo


Sufre la rosa blanca y te pregunto.
Te cuento del zorzal de la mañana,
Te aviso que brotaron los geranios
y que la salvia azul ya dio una flor.
Te dedico un aroma a pan caliente.
Te hago oír una voz, una sonata.
Te encomiendo a la lluvia o a la tarde
y te muestro la luna si es enorme.
Pruebo un vino excelente y te convido.
Llora un niño y espero que lo alces.
Y cocino los platos que te gustan.
Y vas conmigo si camino el bosque.
Y si rezo en silencio me acompañas.
Y así es el mundo si no estoy contigo.



 

viernes, 28 de octubre de 2022

Y un mar de sola luz


Peña que se alza. Un río que trasmina
manzanilla y romero. Y, a mi paso,
vienes a mí y contigo me acompaso,
pie de mi pie que por tu andar camina.

De sólo andar tu aroma me retraso
y el corazón hacia tu andar se inclina
y un mar de sola luz que me ilumina
es fresca y dulce luz en que me abraso.
 
Todo es andar, mujer, ir a tu encuentro
y contigo llegar al mismo centro
en el que todo, si eres tú, fulgura.

Todo es andar y siempre estar llegando
al mismo gozo que me está esperando,
el mar de sola luz que es tu figura. 



 

De hoy en más


¿Por qué me está rondando tu ave en vuelo?
¿Por qué florece un canto diferente?
¿Qué nota nueva entona sonriente?
¿Qué cielo nuevo surca ya en tu cielo?

¿Qué sed me sacia el agua de tu fuente?
¿Por qué no hay más nostalgia ni desvelo?
¿Qué amanecer despunta en terciopelo?
¿Por qué te miro deliciosamente?

Con tu ave en el aire me confundo,
vuelo en tu vuelo, el tiempo se silencia,
disuelta su apariencia cegadora.

Será que de hoy en más empieza el mundo.
Que con tu risa empieza la presencia.
Que hay una eternidad que empieza ahora.


 

jueves, 27 de octubre de 2022

Mi luna nueva en ti


Ya no hay noche, mujer: está encendida
la lámpara del pecho que ha brotado
de simiente de luna y ha llagado
en cielo adentro de una sombra ardida.

Es cielo, sí, mujer, y en él me has dado
una luna de amor desconocida
que germina en mi vida, que es tu vida
desde que estás en luna a mi costado.

Mi luna nueva en ti de noche viene,
me abraza con los rayos de tu abrazo
que en luz entera estalla y me retiene.

Mi luna nueva en ti me ha convertido,
tibieza dulce y luz de tu regazo,
en mucha más verdad que lo que he sido. 


 

miércoles, 26 de octubre de 2022

No sé si eres milagro


(Creció como un silencio de tormenta, 
urdió la voz con viento suave y silbos.
Miró la tarde y la encontró sin brillo
y en mis ojos fue luz que la encendiera.

Puso la nube en trance y se hizo lirio.
Dijo palabras suyas, pero nuestras,
y alzó su mano y completó la siembra
y al trigo lo hizo verde con suspiros.)

No sé si eres milagro de este día,
si eras mágica enantes y hoy te veo
mágicamente gobernar las cosas.

No sé si eres milagro, amanecida 
en este tiempo que no sé si es tiempo
o en esta eternidad que eres ahora.




martes, 25 de octubre de 2022

Antes de ti no existe

 

No preciso el olvido o la memoria.
Ni la nostalgia o el dolor pasado.
Ni hay un recuerdo que me aprese, anclado,
al torrente de tiempo de la historia.

Tengo ante mí el presente que has labrado
y una luz de alegría perentoria
que es todo gloria, amor: ¡es tanta gloria
que estoy del todo en ti glorificado!

Antes de ti no existe: fue la nada.
Y todo no era todo: no existía.
Y ni siquiera sé si lo sabía.

Pero ahora sé que fuiste inaugurada,
que yo no era hasta que tú me hiciste,
y sé, al final, que antes de ti, no existe. 



Sonríe tu mano


Tropel de claridad, el sol inicia
el día de la siega, un firmamento
de espigas en sazón que, en un momento,
serán torrente y luz, todo primicia.

Sonríe el lino azul, sonríe el viento,
y el agua ríe y es el río albricia;
me sonríe tu mano en su caricia,
paloma de mi paz y mi contento.

Tengo trojes de gozo y de delicia,
y es colmena tu voz, que me es nutricia,
de puro amor que das en mi alimento.

Por sembrar tu alegría me impaciento,
y soy surco feliz de ti y hambriento
de celebrar tu mano que acaricia.



lunes, 24 de octubre de 2022

Renuncia

 

Se harán mudos las manos y el papel
y el desuso será de madrugada.
Con tinta seca y con la voz callada
dormirá cada libro en su anaquel.

A su cantero libraré al clavel
y quedará la rosa abandonada;
no habrá colmena bulliciosa y nada
hablará ya del polen o la miel.

Oxidará el rocío la herramienta.
El tala habrá logrado su anarquía.
Se extinguirán la albahaca, el sol, la menta.

Malvones y zorzales, la alegría,
caducarán, despojos y osamenta...
cuando me falte tu mirada un día.  



domingo, 23 de octubre de 2022

Quien eres


Ser quien eres es ser rosa y paloma,
es ser canto y la luz atardecida,
es ser quietud y mar, costa dormida;
es ser tibieza y viento, es ser aroma.

Ser quien eres es ser toda la vida,
es ser mi noche y ser el sol que asoma,
es ser cada palabra en cada idioma,
es ser y estar en soledad querida.  

Y ser quien eres es ser mi destino.
y ser torrente y manantial, pradera.
Y ser quien eres me hace peregrino.

Pues ser quien eres es ser la primera 
y ser posada al fin de mi camino
y ser el ser que para ser se espera.


 

sábado, 22 de octubre de 2022

Sur que me llama


Fue tuyo el viento azul y no me herías.
Trazo de sal, tu nombre no me hiriera
esa noche en la costa marinera
cuando lo pronuncié mientras dormías.

Sur que me llamas, tú, cielo en espera,
sol de mi abrigo en luz que me decías
hebras de amor sin tiempo y alegrías,
para enhebrarme en ti cuando quisiera.

Sombra del ala tibia es tu cintura,
torcaza de algodón, flor encarnada, 
lirio de plata y trigo tu figura.

Toda en añil de mar fulge anidada
en mi pecho tu voz, si me conjura
y al sur de ti me llama, enamorada. 


 

lunes, 17 de octubre de 2022

Miro este mar


Arena son y tiempo entre mis manos
los años de este mar que miro ahora.
Playas del cielo y luz deslumbradora:
instantes ciegos son, y tan lejanos.

Espuma y fuego son, viento y aurora,
tristes de sal y sol, mudos y arcanos.
Y van trazando huellas mis pies vanos
sobre este acantilado que te ignora.

Este vacío y mar que miro, un día
tuvo el sabor frutal en su costado
y eras todo este mar y yo a tu lado.

Miro este mar ahora. Estás ausente.
Me enfrenta sin oleaje un mar doliente,
que sin ti ya no es mar, es elegía.


 

domingo, 16 de octubre de 2022

Ante la muerte de Perón



En agosto de 1974, la Guardia de San Miguel emitió un documento que tituló Ante la muerte de Perón.

Juan Domingo Perón había muerto hacía poco más de un mes, el 1° de julio de ese año, en ejercicio de la presidencia (la tercera) desde el 12 de octubre del año anterior, tras las elecciones de septiembre, en las que obtuvo casi el 62% de los votos.

Al facsimil de ese documento, que dejo aquí, se llega a través de la imagen, que es su encabezado.

*   *   *

En esas fechas, tenía 17 años.

Me sorprende –y me alegra– ver que lo que suscribí hace casi 50 años es, en substancia, lo mismo que suscribiría hoy. Aunque en estos decenios el peronismo haya cambiado de piel varias veces y haya mutado proteicamente y haya mostrado (a veces al mismo tiempo...) caras diversas –todas con la pretensión de ser peronistas, aunque de hecho resulten contradictorias–, sigue la impronta con la que lo selló Perón, su fundador. Le imprimió un carácter indeleble tal que sus variantes no desmienten nunca a quien lo pergeñó, aunque sean contradictorias. De modo que todas ellas parecen tener razón al sentirse su verdadera versión. Que esto violente el principio de no contradicción, no es culpa de un servidor sino de la naturaleza de Perón y del peronismo.

Varias veces he hablado aquí del peronismo y sus subsedes y seguramente otras varias habré de hablar. Y varias veces dije aquí y en otras partes que su peor raíz es su pretensión de identificar al peronismo con la patria, de modo que a los peronistas (y a Perón) no sólo ambos –patria y peronismo– les resultan idénticos, sino que postulan que no puede existir una sin el otro, creyendo y queriendo hacer creer que no existe la patria sin peronismo. Y hasta creyendo y queriendo hacer creer que el propio peronismo es la patria.

En cualquier caso, este documento, además de una reliquia, que a mi juicio resiste el paso del tiempo, expone puntos significativos de lo que pienso al respecto, y mejor dicho que lo que podría decirlo.



miércoles, 5 de octubre de 2022

¿Cómo pudiste?


¿Cómo pudiste deshacer las horas
y hacer que el tiempo desapareciera
y fuera sólo luz y primavera
y ya no fuera más tiempo y demoras?

¿Como pudiste hacer que el fuego fuera
no más ceniza gris y encantadoras
cenizas de la nada, seductoras
cenizas frías de una fría hoguera?

¿Cómo pudiste gobernar mis días?
¿Cómo pudiste ser mi voz, mi canto?
¿Cómo pudiste siempre florecer?

¿Cómo pudiste amar lo que amarías?
¿Cómo pudiste ser en todo tanto?
¿Cómo pudiste estar con sólo ser?



sábado, 24 de septiembre de 2022

Del amor sin tiempo, ahora





Hace unos cinco años, en una entrada que se tituló Del amor sin tiempo, traje este poema y dije que alguna vez tendría que decir en qué circuntancias misteriosas y felices nació. Felices me parecieron bastante después. Misteriosas son todavía, en algún sentido.

Pero ahora es cuando llegó el momento de contar su historia.

A principios de la década de 1990, todavía hacía algunas cosas en periodismo. Entre ellas, dirigía en mi comarca El Juglar, una revista local que, con todo y eso de ser local, logró alguno de esos premios que suelen darse.

Había un diseñador excelente con el que nos entendíamos de maravillas. Era muy talentoso y no podíamos ser más distintos en casi todo, menos en una cosa: el gozo de la belleza, aunque –hay que decirlo– también en ese territorio teníamos diferencias. 

Por razones de amistad, en esos días ayudaba a un otro amigo con alguna publicación de otro género, que también requería de un diseñador. Le pedí al de El Juglar que hiciera el trabajo. Como un servidor se ocupaba pro bono, a él le pareció que tampoco debía cobrar por su oficio. Y a pesar de que hubo discusión sobre ese punto, así fue finalmente. De modo que ambos nos aplicábamos por amor al arte.

En uno de los últimos encuentros por ese trabajo, me contó que unos amigos se casaban en España y que él había ofrecido su arte para hacerles las participaciones. Era un especialista de muy alto nivel en tipografías y se ocupaba de eso en la UBA, además, en una cátedra prestigiosa. También tenía sus conceptos en materia de papel y tintas a usar y era casi obsesivo buscando la nobleza de los materiales.

Pero resultó que quería ponerle algo de poesía al oficio y no sabía qué. De modo que me preguntó si podía buscar algún texto lírico que sirviera para la ocasión, ya que ése era mi oficio, según él. No el de buscar, sino el de la poesía.

Estaba en deuda con su generosidad, de modo que no quería negarme y sí quería corresponder.

Temprano, una mañana de sábado, lluviosa y destemplada, y con nada de ganas de bajar a la ciudad, tuve que tomar el tren, vacío a esas horas de un día de fin de semana. Llevaba un libro para paliar el viaje a Babilonia, que siempre me disgusta. Unos ensayos de Josef Pieper sobre los mitos platónicos fueron los elegidos. Busqué un asiento, me arropé, veía los goterones apedreando los vidrios de la ventanillas. El aire frío se colaba por todas partes. Lamentaba mi suerte, pero habíamos quedado en reunirnos ese día para retirar el trabajo que le había pedido y que ya había completado.

Apenas al salir de la estación del pueblo, el tren bordeaba a su izquierda un paredón que lucía unas pintadas políticas de ocasión. Miré distraídamente las letras y, quién sabe por cuál asociación insólita, me acordé, sobresaltado, del pedido del diseñador con el que quería cumplir y había olvidado por completo. Mi angustia aumentaba tratando de recordar algo que pudiera servirle. No eran tiempos como los nuestros de estos días. No estaba disponible la biblioteca virtual que ofrece todo de todo, o casi. Pero la verdadera angustia venía de mi memoria raquítica. ¿A qué estante de mi memoria vacía iba a recurrir? Sólo recordaba unos versitos de Machado en Mairena, pero –gustándome y todo– a esa altura sonaban pobres.

Dos o tres estaciones pasé hundido en un sentimiento agrio de ingratitud vergonzosa. Pieper, mientras tanto, no podía abrir la boca: la urgencia no lo dejaba decir lo suyo. De hecho, casi ni reparé en el librito que tenía en la mano. Hasta que reparé en él. Cuando llevo un libro "para el viaje", suelo poner una o dos hojas adentro y llevo un lápiz. Esa vez puse al salir una hoja que ya tenía alguna que otra nota sobre Platón. Quedaba una espacio todavía.

Lo único que podía hacer era remediar el olvido con unas líneas propias. Y eso hice.

¿Era eso escribir versos por encargo? No supe que decirme entonces. Pero sí me lo pregunté una y otra vez durante años y en esos mismos años nunca estuve seguro de la respuesta. Si hubiera sido eso, me rebelaba la idea de tal modo que la rechazaba de plano, siquiera antes de considerarla. Y creo que, por entonces, era una reacción intuitiva.

Y así fue, hasta algunos años después, en medio de estos 30 años que han pasado desde entonces. Y pasó que me di cuenta un día de que el tú lírico siempre es el mismo, siempre corresponde a una sola persona. Y a sólo ella. O, para ser bastante más exacto, a un sólo amor, a una sola amada, siempre ella el de los poemas, aunque jamás se la nombre. 

Porque, como decía días atrás, el nombre que está grabado en el corazón, es el nombre de la persona con la que "se habla" en un poema, en todos los poemas, siempre: "Prendido está en mi alma vuestro gesto", diría Garcilaso, a su modo.

El caso fue que, en cuanto llegué a su estudio, el diseñador tuvo primero que oír la historia de cómo nacieron esos versos. Y eso, que a mi me avergonzaba y humillaba, a él le parecíó increíble y excepcional. Estaba tan entusiasmado que casi ni hablamos de lo que nos había reunido y en cambio se puso a especular respecto del tipo de letra y el papel que usaría, y cosas así...

Pasó casi un año, no volví a verlo. Pero una mañana, los de la casa me anunciaron que alguien me buscaba afuera para entregarme algo que me había traído. Era el diseñador que, con emoción, en la vereda misma, me entregó el original del poema que había usado para hacer la tarjeta. Un finísimo papel de algodón sin químicos, escrito con una tinta especial y con una tipografía que él mismo había rediseñado. Y es eso mismo que me entregó lo que ilustra esta entrada.

Al acto solemne de la entrega ritual, le agregó el cuento de la la suerte que corrieron los versos, después de aquella boda española. Y así fue como contó que se esparcieron por otras partes, porque algunos de los asistentes le pidieron permiso a los novios para usarlos en sus respectivas bodas.

Gustavo –ése es su nombre– estaba más contento que un servidor, que más bien estaba sorprendido, y la suya era una alegría genuina y artística, una alegría despojada completamente de vanidad y sólo atenta a la obra de arte, que fortuitamente mi falta de memoria había ayudado a componer.

Hoy, en una charla con un amigo de visita, mientras hacía unos trabajos de carpintería, recordé el episodio, porque los temas derivaron hacia esos asuntos y porque también él conoció a Gustavo en aquellos años y a propósito de El Juglar.

Es el episodio lo que recordé hoy. No los versos, que son de las pocas cosas que recuerdo de las que pude haber compuesto. 

El misterio de lo que dicen y la razón de ese misterio, tal vez quede para otra vez. Tal vez no.




miércoles, 21 de septiembre de 2022

El amor de su vida


Unas lecturas para preparar unas charlas sobre el lenguaje de la poesía, me llevaron a un ensayo lleno de sugerencias. Trata sobre el retrato y el nombre de la amada grabado en el corazón del amante y el rastreo de esa cuestión en los testimonios literarios. Porque es tópico literario antiguo, muy antiguo, y aun llega a estos días nuestros.

Si alguien se interesa, aquí queda la forma de llegar a él. 


Pero, a la vez, releía también la biografía de F. Dostoievsky que con acierto escribió el ya fallecido noruego Geir Kjietsaa. Y –así son las cosas– a propósito de un episodio que allí se cuenta, me fui por el camino de los ejemplos de poetas que han llevado en el corazón el retrato y el nombre inscripto de su amada. O más precisamente del amor de su vida.

Dostoievsky, se sabe, se casó dos veces y tuvo hijos con la segunda mujer, Anna Grigorievna Snitkina. La primera fue Maria Dmitrievna Isayeva, bastante mayor que él. Sin embargo, el amor de su vida fue Apolinaria Prokofievna Suslova, a quien llamaban Polina Suslova. Más joven que Fiodor, era una muchacha de carácter vivo que iba y venía en los avatares de la relación, relación que no llegó a matrimonio. Pero ella quedó en la obra del escritor en varias novelas y relatos. La que se destaca, entre varias, es la apasionante Nastasia Filipovna de El Idiota, de la que el protagonista, el epiléptico Lev Nicolaievitch Myshkin (como el autor), está perdidamente enamorado.

Algo parecido puede decirse de Catulo, el joven poeta romano del siglo I aC, y su tormentosa relación con Clodia, que dio origen a no pocos de sus Carmina. Tormenta del corazón de la que quería y no quería desprenderse y que atestigua el conocido Carmen 85, Odi et amo

¿Y Dante? No hay un solo verso dedicado a Gemma Donati, su esposa y madre de sus hijos Giovanni, Pietro, Jacopo y Antonia (que tomó los hábitos con el nombre del amor de la vida de Dante... sor Beatrice). Toda la obra del altissimo poeta, prácticamente está puesta bajo el nombre de quien lleva en su corazón: Beatrice.

¿Y su vecino aretino, Petrarca? Sabemos que tuvo dos hijos y no sabemos bien de quién son hijos, y no sabemos mucho más que eso de su vida amorosa. Pero, allí está su Canzionere, para decir que lleva grabado indeleblemente el nombre de Laura de Noves en su corazón y en la mano con la que le escribe y alaba.

Y algo parecido a lo que se dice de Gemma Donati, se dice de Anne Hathaway, la mujer de William Shakespeare, 8 años mayor que él, con quien casó a los 18 años y fue la madre de al menos 3 de sus hijos. De los 154 sonetos que se le atribuyen a Wil Shakespeare, buena parte dedicados a amores del poeta, hay apenas uno dedicado a ella, con frases ambiguas según algunos críticos. Tan difícil como eso es rastrear a la misma Anne en las obras de teatro.

¿Y Garcilaso de la Vega? Hombre gentil y valiente... y enamoradizo y muy atractivo para las mujeres. Con muchas tuvo asuntos. Pero casó con Elena de Zúñiga que le dio 5 de los hijos que tuvo el Príncipe de las letras castellanas. ¿Elena es la Elisa que Garcilaso tiene grabada en su corazón y persiguió en casi toda su obra? No y no sabemos, dicho sea al pasar, quién sea exactamente esa Elisa (si Beatriz de Sa o Isabel Freyre, bellísimas ambas), la Elisa cuyo nombre tuvo en los labios en sus últimas y heroicas horas de vida corta.

¿Y Cervantes? Sabemos que, de un amorío, nació una hija, Isabel de Saavedra, reconocida por él recién cuando la niña tenía 15 años y la única que se le conoce. Pero, poco después del nacimiento de la niña, casó con otra joven, Catalina de Salazar, casi 20 años menor que apenas había conocido hacía unos 2 ó 3 meses, en la casa de amigos y casualmente. Con ella, por largos y frecuentes viajes del poeta, vivió muy intermitentemente por unos 15 años. En cambio, ya  no se separó de ella en los últimos 15 años de vida. Dicen las biografías que Catalina lo amó. Sin embargo, apenas hay unas líneas –muy formales y consideradas– que se estima están dedicadas a ella en el Quijote de 1615, la segunda parte. ¿Era Catalina su Dulcinea, la que Quijote llevaba en su corazón grabada? No parece y diría que no.

En fin. 

No hace falta mucho más –y hay mucho más– para que quede dicho lo que queda dicho.

Ahora bien.

Entre los aforismos de su De tumbo en tumba, Braulio Anzóategui, en el capítulo de Abril de 1966, incluyó uno titulado Anónimo:
Me lo previno una vez un santo confesor, viejo y cargado de juvenil sabiduría: es difícil, muy difícil, hijo, quitarse una mujer de encima; pero más difícil es quitársela de abajo.
Además de arruinarle el chiste al filoso y jacarandoso Braulio, sería una mojigatería zonza ponerse a especular sobre la moralidad del consejo o de la inclusión de la leve zafaduría en el libro...

Pero no puedo dejar pasar un asunto, digamos, espacial, mi estimado Braulio.

Porque no se trata de encima o de abajo.

La cuestión es el adentro: el corazón.

Porque, si es difícil, y muy difícil, lo que dice el confesor que es difícil y muy difícil (y no hay discusión sobre esto), nada dijo en cambio el viejo sabio del adentro, del corazón: allí donde el nombre y el retrato y el ser de la amada se graban, indelebles.

Y conjeturo que no lo dijo porque, precisamente, era sabio. Y sabría que el nombre de la amada que el amante lleva de ese modo en el corazón grabado, resulta que, si allí está, allí se queda.

¿Y con eso?

Y con eso, eso.



jueves, 15 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (7)


Un día moriré sobre este llano
(y cuándo sabe Dios).

Pero algo saben ellas,
las banderas al aire atadas a ese mástil
que son tus ojos, niña; 
cortejo de arreboles flamígeros te llevan
en las andas del día
y en el sol que te espera en esa tarde 
junto a la fosa abierta:
la puerta solitaria hacia mis huesos, 
el lecho de mi sangre en tierras que labramos
entre surcos de besos y semillas,
tierra que conquistamos con amor y con lágrimas,
en ese tiempo breve que el tiempo nos ha dado.

Un día moriré de verte bella,
erguido el estandarte de tu risa y tu canto,
clavado sobre el pecho en el que anidas
tibiamente cantando,
riendo las campanas sonoras de tus labios.

Y ese día, en el mundo,
verás que no fue vana la guerra. Y el combate.
Con guirnaldas de fuego,
con salvas de calandrias,
con desfiles de gloria, en flor los ruiseñores, 
estarás a mi lado.

Un día moriré, Dios sabe cuándo.

Y cuando llegue el día
nos hallará desnudos del peso de los años,
aparte de las gentes,
un ejército mínimo que no ha dejado el campo,
abrazados al día que cada día trae,
batiéndonos, venciendo al viento de estos días
que taja nuestras manos,
llagadas de un amor que no se rinde nunca,
heridas de un amor 
que nos sembró el amor a una patria que tiene 
tu ternura y tus ojos.


 

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (6)


El corazón aguarda, centinela.

Mira la noche con su cielo en llamas
de estrellas y artificios;
y adivina el peligro y la traición.

Ya sabe que en lo oscuro se agazapa rugiendo
una palabra hipócrita,
una piedad que miente bendiciones.

Y hay mentiras que reptan,
sus codos y rodillas en el barro,
su vientre entumecido,
simulando un coraje y una bondad de estiércol,
buscando ver vencidas las miradas
que respiran amor cuando miramos la gloria de este día.

Viene por ti y por mí, 
viene en su furia el animal furioso,
a devorar las horas que tú enhebras
trazando vida en páramos estériles:
munición de alegría
con la que andamos juntos, 
entre un vaho de celos espumosos,
de soledad fingida y de amores cobardes...

Tú en tu vestido claro de septiembre,
yo en mis silencios de la primavera.
Yo en el puesto de guardia de tus ojos, 
tú en mi atalaya, toda aroma a nuevo.

Nuestra guardia es jazmín,
nuestra guardia es del ave que nos guarda,
nuestra guardia vigila en vilo la esperanza.

Y nos sonríe esta guardia infatigable
porque nada nos es noche en nuestra noche,
porque todo nos es aurora y luz,
de pie sobre este campo que nos fue concedido,
custodia inseperada
de un bien que nos promete nuestro gozo.




martes, 13 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (5)


Nos cruzarán el pecho, metralla de capullos,
y esparcirán sus bocas como pétalos
por la piel. Y su aroma
aromará una muerte perfumada.

Serán ráfagas rojas de rosales
y serán las espinas como besos y trinos
que hendirán con recuerdos cada día
y abrirán lo que llega
y sembrarán la patria que soñamos:
toda de cielo,
toda de nieve y cielo,
toda de nieve y cielo y luz dorada.

Me abrazará la muerte y en tus brazos
reviviré mis horas, si me cantas estrofas de caricias,
con tu rumor que es bálsamo,
con una danza que este fuego avive
y me devuelva, entero,
al campo en el que luchan los que luchan
sin más pendones que el amor más alto.

Iré con tu rosal como un escudo,
en mi mano la espada de tu nombre,
con la coraza dulce
de tu frente en mi pecho.

Es la muerte feliz: 
morir de un derredor de tu dulzura
que al cubrirme me marca con tu inicial a fuego.

Una llama que enciende el corazón
lo hace hoguera feliz,
clarín y voz que anuncia 
la causa y el destino de esta guerra:
una insigna de luna, feroz como un zorzal, 
que enciende mi garganta
y en plata se transforma,
con el amor más puro teñido en tus colores,
con un himno que brama su luz en tu homenaje.




domingo, 11 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (4)


Esta trinchera inmensa de jazmines
te anuncia los fragores
de una campaña nueva, enamorada,
que a conquistar tu voz
y a flamear el amor me ha convocado.

Me nombras capitán 
y en capitán de ti me constituyo
y encabezo legiones de luz y ruiseñores
entre matas azules,
en bosques de lapachos y de tarcos,
artillería de oro y el cielo en cada fuego. 
Tropillas de suspiros alazanes ya tomaron mi flanco:
ya son lanzas que hieren
las heridas felices que en mi costado sangran. 

Y así a vencerme voy.

Me rindes y me rindo.

Tú llevas tu victoria en mis entrañas,
donde soy prisionero,
donde cada cadena es un abrazo
y las cuatro paredes de mi celda son un muro celeste
de miradas custodias
de mis pasos, que rondan cada noche
la luna de tu nombre,
que luce tras las rejas con que me hiciste libre.

Venciste y me vencí.

Y el sable de mis días ya tomaste
y ahora estás conmigo,
triunfando mi derrota,
de pie sobre este campo de batalla
que soy, porque tú eres, 
porque sin ti mi guerra sólo es tierra baldía.

Ya tienes mi bandera.

Ya tengo el corazón que he conquistado. 



 

viernes, 9 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (3)


Este camino comenzó a tu vera,
en un día de abril,
con un rumor que ardía en medio un llano
y un clarín que traías en tu canción amada. 

Ahora, entre los vientos de un invierno que muerde,
ha crecido, es más hondo,
y llega hasta los lindes de mis manos
y despierta en mis centros toda cosa dormida,
con arreos de guerra me viste el corazón.

Ya no es la furia antigua,
ya no son esas voces que en los años en bruma
parecían conjuros y pócimas, venenos,
que herían la esperanza y al amor aturdían,
fantasmas sin raíces,
como si fuera un rumbo hacia ninguna parte.

Este camino ahora,
esta senda que aferra mi paso y lo acaricia,
y lo viste de luna para que tú lo veas,
viene de un tiempo nuevo:
bruñido está tu acero que taja la tristeza.

Este camino me llevó a mis ojos
y fue el alumbramiento
y vi tu resplandor iluminando el mundo.

Este camino ahora te trajo a la frontera
del sueño que despierta cada noche callada.
Y ya no es sueño más
y se vuelve, a tu lado, 
tu mirada que cuida la risa de mi carne
y el sol con que amanece tu destino y mi puerto.



jueves, 8 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (2)


Ya ves, se desvanece...

Es niebla sobre el campo de luz de esta batalla,
humo de sombras vanas,
reverberos de rabia que se espuman
como si fuera el mar.

Tú, vas entre las piedras, 
buscando el rastro mudo
de ese silencio que nos cubre el alma, 
hollando las canciones que cantan guerras fútiles.

Y así nos encontramos:
oyendo cómo cantan a viva voz los himnos
que hacen rimar la gloria y la victoria,
esa oquedad de gritos.

Pero tú y yo callamos,
nos duele la sonrisa pero igual sonreímos.

Tu mirada llorosa me dice que sabemos
esos versos mejores de amor que se promete
como andanadas dulces,
metrallas de ese amor con que combates
de la mano conmigo,
tu mano sobre mi hombro,
mi mano en tu cintura.

No truenan los cañones ni resplandece el cielo,
no son ráfagas blancas, 
no hay granadas de olvido ni un rayo en desaliento.

Ahora me parece que tú y yo somos solos:
los únicos que saben
que un beso punza tanto 
cuando el dolor estalla en un amor sin ruido
que combate dragones.




miércoles, 7 de septiembre de 2022

Son canciones contigo (1)


Tu patria es una sola.

Y es mi patria contigo en esta tierra.
Y es tu patria conmigo bajo el cielo.

Porque la sangre ahora
ya tiene la raíz que no tenía,
el tallo que ha surgido
y que prepara el fruto que dará.

Será de sangre el fruto
y será de esta tierra bajo el pie.

La nutrirán arroyos de coraje
que llevas en el nombre
como lanzas de fuego que galopan.

Tu patria es una sola.

Y tiene el brillo opaco de la luna
que ilumina tu cara,
que hace amor en tus ojos
y que siembra montañas de alegría,
nevadas con la miel de la mañana,
rosado el sol que deja que la tarde
ponga su hombro en la noche
y llore ese destino que nosotros
beberemos de un trago,
o a sorbos de dolores que laceran
la garganta y el pecho
y dejan penas más esperanzadas
con que la patria duele en nuestros días.

Tu patria es una sola.

Y es mi patria contigo en esta tierra.
Y es tu patria conmigo bajo el cielo.

Y tú y la patria son mi mismo amor.


 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Sólo este día

 

Sólo pasó este día. Tú no pasas.
Tú estás en el silencio de mis centros
y en el gozo sin par de los reencuentros,
donde a magia y ternura me traspasas.

Sólo pasó este día. El tiempo espera
y la distancia espera. Y tú conmigo.
Y yo contigo voy hacia el abrigo 
de cada vez, que siempre es la primera.

¿Qué tajará en el tiempo este hilo de oro
que enlaza con sus hebras lo invisible,
que solamente con amor se ve?

Calla tu nombre el aire con decoro,
pero sabe tu amor que lo indecible
es más hondo y más alto. Y yo lo sé.


 

Gracias


Al fin supe por qué cada momento
me traspasa feliz. Por qué el rugido
de un corazón, que nunca ha envejecido,
sabe sentir que siento lo que siento.

Lo sé porque ahora sé que lo vivido
me trajo hasta el umbral de mi contento.
Lo sé porque lo sé sin pensamiento
y en cada fibra me ha reverdecido.

Hincada llevo una raíz preciosa
que es nueva y que perfuma mi alegría.
Y es obra dulce y un dolor amado.

Tú me hiciste probar en toda cosa
la huella de tu mano que me hería
y que hoy derrama amor en mi costado.  




Nuestros años míos


¿Y cuántos de tus días son mis días?
¿Y cuántas de mis horas son tus horas?
¿Qué lágrimas son mías cuando lloras?
¿Son tus sonrisas en mis alegrías?

¿Y no es mía la luz que tú coloras?
¿Y no es tu fuego el de mis noches frías?
¿No soy la letra de tus melodías?
¿No es tu aire en mis voces decidoras?

¿Siempre a la vez la sed y el agua pura?
¿Siempre el navío y a la vez el puerto?
¿Siempre a la vez la mano y la escritura? 

¿Cuántos son tuyos de los años míos?
¿Cuántos son míos de los años tuyos?   
¿Cuántos son nuestros de los años míos?



martes, 30 de agosto de 2022

A sorbos de jazmines


Son nueve lunas quietas sobre el llano,
que rondaron mis ojos. Y punzantes
y rotundas están. Y, desafiantes,
lamen su luz del hueco de mi mano.

Son nueve lunas de los caminantes
que caminan el tiempo, nunca en vano:
de lunas de verano hasta el verano
de lunas nuevas, nunca más menguantes.

Sigo el consejo de los picaflores
y a sorbos de jazmines me alimento;
de lunas que no son, convalesciente.

En deliciosas órbitas mejores,
el corazón amante halló el sustento
que aroma lo que sabe y lo que siente. 



 

 

lunes, 29 de agosto de 2022

Tu señal


No sé si en la bandada peregrina,
o en las flores de agosto, en los panales,
o en las bellotas de los robledales,
en algún gesto, en una serpentina
que gire a contraluz, o en manantiales
de un bermellón de sol, o en la cantina
con dinteles de pino, en los umbrales
de los nidos de ramas de zorzales, 
o en un raro vaivén de una cortina...
No sé. Yo no lo sé. Pero la espero.
Cada hora la espero. A cada paso
me fío de las voces del acaso:
sigo mil huellas por cualquier sendero
y algunas veces llego hasta un rosal
donde tal vez encuentre tu señal.



 

 

domingo, 28 de agosto de 2022

Silencios


Sabe a limón el cielo que amanece,
y te cubre de azahar la melodía
del viento azul de la mañana fría.
Y mi brazo te abraza y te obedece.

Silencio de este llano que guarece
de la distancia y la melancolía.
¿Qué canción en sus versos repetía
"...y vuelve, amor...", que ahora te estremece?

Se quiebra la mañana de amapola.
Vetas en gris me tajan el camino
y llegan, puro sur, nubes de acero.

En tu horizonte, tu figura sola
se vuelve mi pasado y mi destino,
lo que dejo detrás y lo que espero.



 

jueves, 25 de agosto de 2022

Fronteras




Aquí queda, en conmemoración de los 150 años de la aparición de El gaucho Martín Fierro.

Roque Raúl Aragón, ya en el Cielo de los tucumanos, me enseñó a leerlo y a saberlo. Espero, en su homenaje, haber aprendido algo de lo que me enseñó. Los aciertos que encuentren, son sus aciertos. Lo demás, es más o menos de un servidor.





lunes, 22 de agosto de 2022

El camino de tu casa


Hay un rumor azul de casuarina
que vuelve el cielo tibio y melodioso.
Un camino de sirga pedregoso
bordea en ocre el agua campesina.

Silba en los fresnos un zorzal fogoso
y el aromo dorado se ilumina.
Y vuela una calandria hasta la encina
con un requiebro triste y amoroso.

Detrás de los alerces y frutales,
un jardín de magnolias y rosales
abre sus brazos porque voy llegando.

Con un aire a madera me perfumo,
y es otro abrazo que regala el humo
del fuego, con que estabas esperando.



 

domingo, 21 de agosto de 2022

Lo que somos


​Somos un cielo en llamas que atardece
y vamos a una noche que madura
estrellas de dolor y de dulzura,
insomnes de algún sueño que envejece. 

Somos después la noche, sombra pura
que, mientras cubre el cielo y lo ensombrece,
siembra en lo oscuro el día que amanece,
sedienta de una luz que transfigura.

Seremos la mañana, nuevo fuego,
vueltos en sol, seremos primavera
de un amor fuerte que en su luz veremos.

Como el mendigo que, al decir su ruego
y al extender su mano, siempre espera,
limosnas de ese amor esperaremos.


 

viernes, 19 de agosto de 2022

Muerte del zorzal

 

Y vio el zorzal que pronto moriría.
Y su canto a la flor de la mañana,
fue pena​ pura en la canción galana
de la alondra que amó y ya no vería.

La alondra triste ve la tarde grana​:
​va en ​el​ cortejo ​hacia​ una sombra fría
​que al llegar a ​la noche ​repetía
​el canto ausente que el dolor desgrana.

Se reclinó el zorzal en el ramaje
y ​​subió por sus alas y fue al pecho
​un silencio de duelo funeral​.​

​Lecho en silencio y gris es el paisaje
y lo amortajan trinos en el lecho,
que guardan la memoria del zorzal. ​



 

miércoles, 17 de agosto de 2022

Tú, en guerra con mi mar


En su costa de invierno acantilado
se ha enfurecido el mar porque te miro
y te veo y soy mar y me retiro
y regreso espumando y a tu lado.

Costa de mar tu esfinge, es tu suspiro
todo luz y misterio desusado:
viento que encrespa el mar de mi costado;
tú, arena de oro, y yo, luz de zafiro.

Tú, en guerra con mi mar, costa amorosa,
proa de fuego que al tajar me besa;
peña y delicia, todo en un instante.

Se encela el mar, la ola está celosa:
son celos por la guerra, que no cesa,
de un mar de amor contra la costa amante.


 

martes, 16 de agosto de 2022

Es tiempo de no estar


Es tiempo de no estar, de haber partido,
de medir con olvido la distancia
y olvidar cada cosa y la fragancia
de cada cosa que se va al olvido.

Es tiempo de partir, no haber estado
ni presente ni ausente; la existencia
sin rastros de la ausencia y la presencia,
sin futuro o presente y sin pasado.

Es tiempo de que el mundo en su espesura
deje de ser aquella selva oscura
por la que Dante llega hasta Beatriz.

Es la hora del tiempo en que una rosa
sea la flor verdadera y misteriosa
que incendia aquí en mi centro su raíz.




sábado, 6 de agosto de 2022

décimas mínimas




Catorce décimas hay en este pequeño volumen. Se compusieron entre julio y agosto y se editaron en este último mes de 2022.

Un epígrafe en el libro dice: Entre la tierra y el cielo, y así es como nació.



 

martes, 2 de agosto de 2022

Sueño de lapacho


Si duermo un sur de sal, de viento y nada,
sueño con unos montes aguerridos.
Si duermo arena mustia y espumada,
sueño con unos cerros florecidos.
Si duermo en una oscura noche ajada,
sueño con unos cielos encendidos.
Si duermo una llanura desolada,
sueño con unos valles verdecidos.
Y entre que duermo y voy y sueño y vengo,
se deshace la niebla de la vida
y a cada paso el corazón despierta
la noche muerta. Y ya en el alma tengo
la luz dorada de un lapacho, abierta
en flor de miel que nace bienvenida.




lunes, 1 de agosto de 2022

Mansidão


La niebla sueña que ella enciende el día
y que es la luz su velo iluminado,
y sueña que en el aire silenciado
ella es el sol de esta mañana fría.
Sueña que el cielo ha abierto su costado
y que el amanecer, que antes tenía,
envuelto en neblinosa hechicería,
de sus manos de niebla le ha brotado.
(Quietud en flor los ojos de mi dueña,
mientras las llamas de mi fuego crecen,
pura verdad su mano enamorada...)
Los sueños vanos que la niebla sueña,
en hebras de algodón se desvanecen
y de la niebla apenas queda nada
.



miércoles, 20 de julio de 2022

Nostalgia del mal




Bilbo: Tell me again, lad, where are we going?
Frodo: To the harbour, Bilbo. The Elves have accorded you a special honour, a place on the last ship to leave Middle-earth.
Bilbo: Frodo, any chance of seeing that old Ring of mine again? Hmm? The one I gave you.
Frodo: I’m sorry, Uncle. I’m afraid I lost it.
Bilbo: Oh. Pity! I should like to have held it one last time. (*)


Este diálogo está solamente en la tercera película que filmó Peter Jackson sobre El Señor de los Anillos. No está en el libro. 

Hace días que lo tengo en la cabeza y le doy vueltas. Llegué a una primera conclusión: Jackson se metió en un lío y diría que sin querer. Sin querer significa que tocó un asunto que lo excede por completo y que ni siquiera se dio cuenta. 

En el nivel bajo de las sensaciones, es posible que haya querido "cerrar", con algún toque de efecto emotivo, la vida de ambos: Frodo contestando apesadumbrado a una pregunta "inocente" que le trae a la memoria sus mayores dolores y vergüenzas, Bilbo como saboreando en la boca las últimas hebras de un caramelo antiguo. Con la nostalgia de cuando lo probó al principio, con la nostalgia de volver a sentir su gusto primero.

Jackson no es teólogo, claro. Ni siquiera sé si es creyente. Pero es evidente que no pesó el sentido de ese diálogo. Dejo de lado la inconsistencia de la cuestión así planteada, aparte el hecho de haber traslocado algo parecido y llevarlo a un momento completamente distinto, con lo que el sentido cambia radicalmente. Puso a un Bilbo decrépito y senil que con trazas de Alzheimer alumbra de repente la materialidad del asunto, sin nada de la formalidad intrínseca del Anillo. Bilbo que no parece haber sentido nada en sus entrañas cuando el Anillo fue destruido, pese a la trabazón espiritual que el objeto genera con sus portadores. Bilbo que moraba entre los elfos de Rivendel y jamás tuvo noticias de la aventura y la suerte que corrieron su sobrino y su carga. Disparate.

Como dije, algo parecido pero completamente distinto en cuanto al significado ocurre en la novela cuando Frodo, herido en la Cima de los Vientos, pasa el Vado del Bruinen y es llevado a curarse a Rivendel. Allí se encontrará con Bilbo antes del Concilio de Elrond y, en un aparte, efectivamente, Bilbo querrá ver otra vez el Anillo. Pese a su estancia en aquel bosque mágico y bendecido, a Bilbo le queda todavía el apetito que fogonea el propio Anillo. Frodo, dolido, ve a un Bilbo tal como es cuando la codicia lo transfigura y se aparta de él. Bilbo pide perdón y no se vuelve a hablar del asunto. Pero entonces no había ocurrido nada de lo que ocurrió después. Tampoco habían pasado los 20 años que pasaron hasta que Bilbo y Frodo vuelven a encontrarse de camino a los Puertos Grises. El pasticcio de Jackson hizo el resto, juntando dos momentos distintos y poniendo donde no debería el apetito de un Bilbo inverosímil a esa altura de la historia.

La falta de densidad de ese pasaje sentimental del film puede ser que venga de la traducción cinematográfica (y su necesidad de espectáculo) de un texto que tiene otra gravedad. Y otro sentido. No es la primera ni la última falla de Jackson. Pero ni él ni sus fallos son lo que me interesa ahora. Porque el asunto que deja planteado (como si hablara una burra del Antiguo Testamento) es interesante. Al menos para un servidor.

De modo que hablo respecto de lo que presenta con líneas torcidas el señor Jackson y sus guionistas. Y no tengo un nombre mejor que el del título: la nostalgia del mal.

Porque creo que de eso trata la cuestión. En cierto sentido, en el pasaje, Frodo dice algo verdadero y que, en buena medida, es la causa de su gesto sombrío: 

I’m afraid I lost it. 

Lo "perdió", efectivamente. No lo arrojó a la Grieta, no lo soltó por propia voluntad. Lo perdió, le fue arrancado, apartado. Y fue a manos de Gollum, que así cumplió el papel más importante que le fue asignado en esta historia, perdiéndose él mismo con la Carga, y agrisando de ese modo el corazón de Frodo, que deberá curarse (no en este mundo) de esa herida, la más honda que lleva.

Pero eso no es lo más serio. Porque está Bilbo.

¿Lo perdiste? ¡Qué pena! Me habría gustado haberlo tenido en mi mano por última vez.

¿Qué cosa, Bilbo? ¿El Anillo? ¿El Único? ¿Ahora? ¿Después de todo lo que pasó por culpa del Anillo? ¿El Anillo que fue forjado para someter a todos y a todo? ¿El que Gandalf te obligó a soltar? ¿El que dejaste en herencia a Frodo y con eso quedó a prueba, expuesto a la terrible prueba que tuvo que soportar y en la que de algún modo fracasó? ¿El que movió ejércitos inmensos de seres inmundos? ¿El que despertó a los perros de una guerra cruel? ¿El que asedió y avasalló Rohan, Gondor y la misma Comarca? ¿El que trasegó cadáveres de hombres y elfos? ¿El que despertó monstruos espantosos y perversos? ¿El que instigó la "muerte" de Gandalf? ¿Ese Anillo? ¿La encarnación misma del poder de la maldad y del Malo?

¿¡Qué pena!? ¿De veras te es una pena que se haya perdido? ¿De veras te habría gustado sostenerlo en tu mano una vez más? ¿Por qué? ¿Para qué?

¿Perdió la memoria al final? ¿No sabe lo que dice? ¿Miente Bilbo? ¿Finge desmemoria y echa un comentario casual, descafeinado, para ocultar una llama que, algo débil y todo, aún lo quema?

¿Eso hace el mal? ¿Deja en el corazón algo de esa nostalgia del mal?

Frodo no la tiene. Ni en la novela ni en Jackson. Hay sí algún rastro de melancolía. Pero, repito: se refiere a él, no al Anillo.

Es verdad, a la vez, y hay que decirlo, que si alguno de los dos hubiera dicho en ese momento final lo que Bilbo dice en la película, ese sería tal vez el propio Bilbo. No hay que olvidar el diálogo que compuso Tolkien para la despedida de Bilbo y Gandalf, en El Hobbit:
¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna manera! —dijo Bilbo. 
¡Claro! —dijo Gandalf—. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás, ¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón, y te aprecio mucho; pero en última instancia ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme! 
¡Gracias al cielo! —dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco—
Por cierto que Tolkien no es responsable de lo que inventó Jackson, porque ni lo dijo así, ni aun siquiera lo planteó como el cineasta lo hizo, algo atolondradamente, creo.

Jackson no sabía lo que decía ni lo que hacía.

Pero si él no lo supo, yo sí lo sé.

Insisto: las inconsistencias me vuelven más superficial ese pasaje de la película. Pero no me parece superficial lo que deja como una estela a su paso respecto de la nostalgia del mal.

Por eso hace días que lo tengo en la cabeza y le doy vueltas.

Y me pregunto si el mal efectivamente tendrá esa capacidad de sugestión que haga ver deseable un daño hondo y horrendo. Y que haga ver un mal perdido como un bien perdido. 

Y creo que sí.

Entonces, siendo así, tal vez no solamente Frodo deba irse para curar la herida espiritual que le dejó su empresa heroica y fallida. 

Tal vez también Bilbo (sólo un simple individuo en un mundo enorme), deba irse porque sólo así podrá curarse de la "felicidad" que le dejó la posesión del Anillo.


__________________________________

(*)
Dime de nuevo, muchacho, ¿adónde estamos yendo?
A los Puertos, Bilbo. Los Elfos te han concedido un honor especial: un lugar en el último barco que dejará la Tierra Media.
Frodo, ¿habrá alguna posibilidad de ver otra vez aquel viejo Anillo mío? ¿Hmmm? El que te di...
Lo lamento, Tío. Me temo que lo perdí...
¿Lo perdiste? ¡Qué pena! Me habría gustado haberlo tenido en mi mano por última vez.




viernes, 15 de julio de 2022

Autobiografía



Hablando de su Autobiografía, Chesterton decía algo así como que no sería honorable ser demasiado exacto y preciso con los datos de su propia vida, cuando había sido tan impreciso e inexacto con los datos de aquellos a quienes les había dedicado una biografía.

Bromas aparte, y salvo contadísimas excepciones, no me gustan las autobiografías. Es muy difícil que el autor no sea allí un mentiroso (sutil o brutal), un chismoso o simplemente impúdico. Insisto, salvo contadísimas excepciones en las que esto no se cumple.

También ocurre que, entre otras cosas, en una autobiografía hay habitualmente otras biografías, que no son las del autor sino las de otros a quienes él conoció o trató.

Y hay allí dos asuntos que pueden ser escollos para que la obra valga la pena de ser leída, y que no cualquiera puede solventar honestamente: 1. no decir suficientes verdades sobre uno mismo, y 2. decir demasiadas verdades acerca de quienes hemos conocido o nos han rodeado en nuestra vida.

Creo, con todo y eso, que podría escribir una, sorteando lo más posible ambos escollos. Pero resulta que lo más posible nunca es posible, porque, de ser así, el libro debería quedar bastante flaco.

Y por eso no voy a escribir ninguna autobiografía.

Chesterton escribió la suya, aunque el libro vio la luz un poco después de que hubiera muerto, de modo que, a cualquier efecto, no había a quien patalearle, si hubiera sido el caso. Y no hubiera sido el caso porque su caridad y amabilidad limaron asperezas aunque haya dicho verdades sobre quienes habló, contando su propia vida de él.

Ahora bien.

Si a pesar de mi propósito firme de no hacerlo jamás, alguna vez escribiera semejante obra (de bastante poco interés, salvo para un servidor y eso por algunas pocas líneas...), sólo autorizaría su publicación recién cuando ya no estuvieran en este valle todas las personas que haya mencionado en esas páginas.

Porque sería injusto que se encontraran allí con algunas verdades sobre ellas mismas y no tuvieran oportunidad de enojarse con el autor. O de darle la razón, algo igualmente penoso para la mayoría de las gentes, hasta donde mis años me informan.



lunes, 11 de julio de 2022

Carta sobre la tradición




En julio de 2001 (tiempos difíciles y felices, todo a la vez...), escribí el texto que dejaré más abajo.

Pasaron 21 años que, en términos de la historia de los hombres, es apenas un segundo. Y publicarla ahora, otra vez, de alguna manera me sorprende, porque hoy volvería a escribirla sin quitarle una iota, como que en nada la he modificado.

Y digo otra vez porque circuló suelta hasta 2006, año en que se publicó en el primer número de la revista Bueyes perdidos; más tarde, integró el tercer Cuaderno de ens, El Reino, una colección de ensayos (no todos publicados en la bitácora), sobre teología de la historia, escatología y asuntos del género.

Hace unos días, alguien me recordó esa Carta, porque alguien se la estuvo mentando, y de allí que volvió a aparecer.

sábado, 9 de julio de 2022

i.

 



Este libro, i., es una miscelánea de versos. Hay allí 10 sonetos, que fueron apareciendo en esta bitácora, y 14 coplas, que fueron apareciendo en otra parte, también digital. 

Se compusieron entre junio y julio de 2022 y se editaron en este último mes y año.




viernes, 8 de julio de 2022

Verdad de una mujer

 

Eres toda verdad. Verdad entera.
No hay falsedad en ti y nada es mentira.
Tu mirada es verdad cuando me mira.
Y tu palabra es siempre verdadera.
Es verdad tu suspiro si suspira.
No hay caricia que en ti no sea sincera.
Ni un beso falso me besó siquiera.
Sólo lo que es tu corazón respira.
Tu silencio es el aire verdadero.
Y si cantas, es música, no más.   
Y no hay partes de ti, todo es entero.
Nada quitas de todo lo que das.
Sé que estarás si dices: yo te espero,
y me querrás si dices: yo te quiero



miércoles, 6 de julio de 2022

Esperanza de una mujer


¿Quién te podrá quitar esa sonrisa?
¿Qué noche? ¿Qué tormenta? ¿Qué desierto?
¿Qué soledad de mí y a campo abierto?
¿Qué pena fantasmal, gris, imprecisa?
¿Qué lágrima de sal? ¿Qué llanto incierto?
¿Qué angostura? ¿Qué riesgo? ¿Qué cornisa?
¿Qué furia en vendaval que el cielo avisa?
¿Qué naufragio de sol? ¿Qué mar sin puerto?
Nada, mujer, a ti nada te alcanza.
Es tan honda tu altura y tan segura
que no hay raíz que en ti no haya crecido,
como crece en tus centros la esperanza,
que vuelve más hermosa tu hermosura,
y que por ti en amor he conocido.



martes, 5 de julio de 2022

Canción de una mujer


Tu voz entibia inviernos y me llama;
tu voz pastora de mi amor adentro,
en el árido campo de mi centro;
tu voz zorzal en tímida retama. 
Tu voz canción, melódico epicentro
del corazón que entona y que en su llama
es bálsamo que quema, canta y ama,
y hace feliz en música el encuentro.
Así, con tu canción, me conquistaste:
ejército que vence en la llanura
fresca y sutil que traza tu figura.
Así, con tu canción, me conquistaste
y soy tu prisionero y me he rendido
al sonido, mujer, de tu sonido.



 

domingo, 3 de julio de 2022

Amor de una mujer


Ya ves. Esto es amar. Habernos visto
esperar que la tarde se encendiera
en rojos otoñales; que dijera
que por tus ojos ahora sé que existo;
que la torcaza en su rumor supiera
que su aleteo trae el imprevisto
amor; que con nombrarte, reconquisto
mi nombre y tu alegría verdadera.
Esto es amar, mujer, pequeñas cosas,
mano en la mano, azul sin estridencias,
no saber que existías, ser conmigo,
domarme con sonrisas misteriosas
y oír tu amor rugir cuando silencias
tan suavemente el beso que persigo.  


 

Silencio de una mujer


Ya tengo por delante mi camino.
No miro atrás. Si miro, no podría
dar otro paso más. Me volvería
y cambiaría el tiempo y el destino.
En el aire, tu viento campesino
esparce invierno gris. Y tu alegría
va germinando por la tierra fría.
Y es un futuro azul, un mar de lino.
Va a mi lado el silencio que dejaste
y que llevo conmigo hasta que vuelva
y otra vez la distancia se disuelva
y me envuelva la voz con que nombraste
el nombre nuevo, que el silencio guarda,
milagro azul en esta tierra parda.



 

sábado, 2 de julio de 2022

Tiempo de una mujer


Este día, mujer, y en cada hora,
eres cada minuto. El tiempo mismo
se horada si no estás, el tiempo mismo
se vacía y me opaca y me devora.
Sin ti, un segundo fragua un espejismo
que finge tu figura y me enamora
y simula tu voz conquistadora.
Y sólo es un fantasma en un abismo.
Abrazo el tiempo ahora, en tu presencia,
y aroma a eternidad sin sucesión:
es puro instante puro interminable.
No es duración el tiempo, es existencia
feliz y atemporal, amor en don,
inefable infinito deleitable.