domingo, 17 de mayo de 2026

Años buenos


Tiene la costumbre de hacerme algunas preguntas que no pueden responderse sin pensar. Más de una vez tengo que decir que debería darme más tiempo para contestar, bastante más que un día o dos.

Caminar con frío obliga a caminar más bien en silencio. Y caminábamos con el frío de la tarde. Basta decir apenas lo necesario, ninguna conversación continua, un telar de pocas frases cada tanto para tejer un asunto o el cuento de algún hecho. Nada de párrafos, oraciones nada más, hebras de palabras.

Más silencio hubo cuando, en medio de uno de esos silencios, me preguntó: "¿tuviste años buenos? no días, no meses: años...; seguro que tuviste, ¿cuándo fue? ¿por qué fueron buenos?"

Me entrené con el tiempo, ya sabía que para entender el calado de sus preguntas (y la calidad de las respuestas) tenía que mirar sus ojos, su mirada. Durante la pregunta y después, cuando esperaba una respuesta.

Enseguida sentí una fuerte advertencia: esta era una de las preguntas que no podía responder sin tomarme tiempo, bastante tiempo. Podía responder paráfrasis, rodeos, "conversación social", que le dicen. Pero hacía frío y el silencio era más confortable. Quería saber algo determinado y preciso, no un fragmento de biografía no autorizada, amasada con hechos reales mezclados con ficción. Y mirando su mirada, que vagaba presuntamente distraída entre los árboles y el arroyo, me pareció entender que tenía un interés especial en la respuesta y que ese interés era por ver si esos años incluían su presencia.

Tengo que pensar, dije.

Lo dije y pensé que no era del todo verdad. Tal vez me daba miedo contestar, tal vez me sorprendió que de repente me pidieran cuentas (y no me gusta que me pidan cuentas...). Tal vez creí, tomado por sorpresa, que me oiría confesar algo innecesario.

Al fin y al cabo, era verdad que tenía que pensar.