martes, 10 de febrero de 2026

Fuegos de la noche


Es joven, italiano del norte,
tiene unos anteojitos sin marco,
barba de una semana
y una sencillez ficticia.

El fuego está a la altura de la noche,
paisaje del pinar, 
tumulto del mar cercano,
luna llena sin atenuantes.

Tiene poco más de 30.
Morena, silenciosa, 
bonita,
elegante con sus borceguíes gastados,
su pañuelo con flores al cuello.
Montañesa marítima esta vez.
Es andaluza y un poco argelina.

Los miro. 
Los oigo.
Los demás en la rueda 
beben con parsimonia, 
acodados, somnolientos,
miran el fuego,
apenas hablan.

Él dice algo del desiderio inconscio;
leyó a Lacan, 
trata de impresionarla.
Casi ni la mira,
finge indiferencia.

m'illumino
d'immenso
con un breve
moto
di sguardo,
lo digo a media voz, 
lo digo al aire, a nadie.

Lo miro, 
le pregunto si leyó a Ungaretti.

No, dice, ¿para qué?

Y ella me mira,
sonríe con inteligencia 
y baja la vista hasta la arena;
y, después de un rato, mira el fuego
en silencio.