martes, 23 de mayo de 2006

Bares temáticos

Para mediados de abril del año pasado, pasé por una vieja ruta de colectivo que hacía tiempo no recorría. Me llevó al barrio del Once. Al dar vuelta en una curva extraña (después supe que era un rodeo al que obligaba Cromagnon...), apareció un bar-restaurante a mi izquierda que cité mal en su momento y que se llamaba en realidad "Cómo te extraño, Clara".

Era en Irigoyen al 3000 y algo.

Hace unos días, un amigo me dice que por Independencia a esa misma altura, más al sur todavía, hay otro bar que se llama "Volviste, Clara". No lo vi aún, pero el testimonio me merece toda fe.

El caso es que la semana pasada, finalmente, una fatalidad ferroviaria me obligó a subirme al 105 en Devoto y volver a recorrer aquella ruta.

Me acordé y lo busqué y vi que todavía subsiste "Cómo te extraño, Clara".


¿Pueden coexistir?

¿Es posible la presencia y la nostalgia?

lunes, 22 de mayo de 2006

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (VII)

Excursus II

Antes de desgranar algo acerca de la segunda versión del cristianismo que puede advertirse en nuestros días, tal vez convendría aludir muy ligeramente algunos episodios de la vida de Immanuel Kant, que se refieren a estos temas que vengo tratando.

Creo que ahora solamente importaría apuntar el clima de sus últimos años y sus enfrentamientos entre 1788 y 1796 con autoridades civiles y religiosas y particularmente en relación con sus escritos acerca de la religión.

Kant parece haber vivido toda su vida en tensión entre el pietismo luterano y una sucesión de posiciones filosóficas que pasan por el racionalismo, el criticismo (su propia modalidad) y la admiración por la Ilustración.

Me parece que, mal que le pesaría, vivió una síntesis quizá sordamente torturada entre el pesimismo religioso y el optimismo forzado de los moldes racionalista-idealistas e iluministas.

Cuando, cerca del final de su vida activa, Kant retoma con fuerza asuntos que podrían considerarse como de filosofía de la historia o la religión, lo hace impulsado -además de por sus propios intereses, pues los tuvo desde el comienzo- también por cierta cruda cerrazón en el clima prusiano bajo el reinado de Federico Guillermo II, quien llega incluso a prohibirle seguir hablando o escribiendo de esos temas, precisamente en ocasión de la aparición de El fin de todas las cosas (1794) así como de La religión dentro de los límites de la mera razón (1793).

Tal vez interese leer lo que Federico Guillermo II tiene para decir al respecto:
Federico Guillermo, rey de Prusia por la gracia de Dios, etc., a nuestro fiel e ilustre súbdito, salud. Nuestra elevadísima persona ha visto desde algún tiempo con sumo disgusto cómo habéis abusado de vuestra filosofía para relajar y desnaturalizar muchas de las doctrinas fundamentales de la Santa Escritura y del cristianismo, particularmente en vuestro libro sobre la Religión en los limites de la Razón y en otros escritos menores. Nos esperábamos algo mejor de vos, y debéis también comprender hasta qué punto faltáis a vuestros deberes como maestro de la juventud y a mis paternales prescripciones en bien del país. Esperamos de vuestra parte en el menor plazo posible una justificación completa, y os advertimos que si no queréis caer en desgracia con nos, no incurráis de nuevo en las faltas cometidas, aplicando por el contrario todo vuestro celo y autoridad, como es deber vuestro, a que se lleven a cabo con mejor éxito nuestras paternales intenciones. En caso contrario, os atendréis necesariamente a las dolorosas consecuencias que os sobrevinieren. Haceos acreedor a nuestra alta gracia. Berlín 1º de Octubre de 1794. Por orden especial de S. M., Woellner.
El tal Johann Christian Woellner, es en realidad un ex predicador (masón rosacruz, según se dice de él), transformado en el hombre fuerte del reino en estas materias y en todas las demás, como ministro de Estado, cuando el rey echó al anterior.

Kant estaba acostumbrado a la benevolencia y 'tolerancia' de los dos anteriores Federicos (y el Grande, entre ellos, con su extenso reinado) y en especial del anterior ministro, el barón Karl von Zedlitz, a quien por ejemplo le dedicara una edición de la Crítica de la razón pura en 1787 y que en mucho lo había beneficiado y protegido, a pesar de las reticencias características de los extraños parámetros de Kant. La Ilustración, también más allá de las peculiaridades de Federico el Grande, y su modo de entender la cultura, gozaba de buena salud en Prusia.

Sin embargo, y a partir de 1786, con las nuevas autoridades del reino se vio crecer por una parte las sospechas frente a los avances revolucionarios en Francia así como las sospechas sobre los intelectuales como Kant o Fichte por sus arrestos racionalistas y de librepensantes.

Es una lucha entre ilustrados y conservadores (luteranos y pietistas, básicamente), que se tironean el poder tanto político como cultural. No lleva las de ganar Federico Guillermo en las páginas de historia pues comparándolo con el Grande sale perdiendo en astucia y mano firme, así como sale perdiendo frente a un personaje como Kant, que gozaba de una gloria inarrugable ya para entonces y frente al cual Federico Guillermo y Woellner, resultan apenas lo que dos aprendices de brujos ante un circunspecto científico.

Federico Guillermo se preocupa por la persecución religiosa en la Francia revolucionaria, pero porque esa persecución es también y sobre todo una nota del nuevo democratismo que detesta y al que le teme. Kant se molesta porque con la furia del control estatal sobre las mentes y los corazones, se vuelve a la oscuridad de los dogmatismos.

Es una guerra extraña la de finales del XVIII en Prusia. Está prácticamente todo mal. Tal vez habría que interesarse más en los caminos que siguieron estos protagonistas para entender por qué semejantes personajes como Federico Guillermo II y Woellner se preocupan por la religión y por qué personajes como J. G. Fichte escriben en 1793 manifiestos como La reivindicación de la libertad de pensar, texto madurado ante los edictos restrictivos en materia de Religión y Censura de 1788.

De Kant ya sabemos que ya antes de ese mismo año entra en conflictos constantes hasta la muerte del monarca casi diez años después.

Esta breve reseña algo maltrecha y rápida tiene por objeto entender algo mejor en qué piensa Kant cuando habla de religión o fe eclesiástica y de fe racional. Lo cual no quita que sus elucubraciones escatológicas sean considerables aun en el caso de una realidad del cristianismo bastante más abarcadora que la Prusia luterana del siglo XVIII.

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (VI)

Excursus

Quien quiera puede leer la nota completa. No me interesa el tema inmediato que la motiva.

Traigo el asunto simplemente porque a mi juicio es un ejemplo de aquello que decía días atrás. Hay más Kant que lo que uno supone en más lugares que los que uno supone.

Y digo esto cuando -ya lo sé- no he hablado sobre la otra versión del cristianismo, la otra forma de entenderlo y en consecuencia de entender la amabilidad que le debería ser propia.

Es probable que cada proposición aquí requiriera matices y cierta microcirugía para ver si se salva el sentido de esta o aquella otra expresión. Sin embargo, es el todo, más bien, y los supuestos. Porque eso es lo que da la impresión de homogeneidad.

En cualquier caso, y si no estoy muy errado, creo que este ejemplo vale porque hay un juicio aquí acerca de la naturaleza del cristianismo, de la historia de la Iglesia, hasta de la naturaleza y del efecto del propio martirio, que campea en la nota y que, por ejemplo, permite hacer un ejercicio: ¿podría uno hacer un identikit del cristianismo, según lo que dice el autor aquí, y hacernos una idea de qué debería ser y qué no debería ser?
Si Mel Gibson, con su prosaica "La Pasión de Cristo" facturó más de 600 millones de dólares con sólo derramar sobre la pantalla sangre de utilería por demás, hacer la exégesis de la tortura y volver a inculpar al pueblo judío de todas las épocas de la muerte de Jesús ateniéndose a la letra de los evangelios oficiales, ¿cómo no iba Dan Brown a causar un impacto muchísimo mayor si, como sustrato de un policial convencional, hace un fabuloso menjunje de fuentes reales y ficticias para afirmar, desde la ficción, que Cristo fue un simple mortal, que se casó con María Magdalena y que el cristianismo es tan sólo un invento del Concilio de Nicea inspirado en simbologías y religiones anteriores?

(.......)

La ficción en sí misma no da derecho a cualquier cosa. Por mucho que algún autor viniese desde la ficción a contarnos que Adolf Hitler fue un ángel incomprendido y que el Holocausto fue, en realidad, una mera invención del judaísmo, no lo toleraríamos. Y lo bien que haríamos.

Por mucho, muchísimo menos, comandos violentos del islamismo se han juramentado matar a Salman Rushdie y ni falta hace recordar, por lo recientes de esos episodios, la violencia que desataron en el mundo musulmán unas pocas viñetas de Mahoma. El cristianismo, en cambio, parece un blanco más fácil, cero riesgo y posibilidad de dividendos en repercusión y dinero rápido si se lo ataca. Y cuánto más protesten sus ministros, mejor todavía.

Cada ser humano de este mundo debería tener garantizado profesar su religión (cualquiera sea) o su agnosticismo sin ser estorbado ni violentado por ello, en la medida que no ponga en riesgo a nadie. Todos creemos en algo y hasta los ateos creen en nada. Agitar irresponsablemente estas aguas para azuzar a unos contra otros se vuelve un material altamente inflamable que nos puede estallar en las manos. La historia de la humanidad está tapizada de guerras religiosas.

* * *


Hay un problema más de fondo y para nada menor: durante siglos, es verdad, la Iglesia, en defensa a rajatabla de sus dogmas, propició en ciertas ocasiones oprobiosas persecuciones, censuras, matanzas e inquisiciones (de las que nuestro país tampoco fue ajeno). Pero eso, afortunadamente, parece haber quedado atrás. Se trata, ahora, de estar muy atentos para que todo ese doloroso recorrido no revierta su sentido y del escarnio público, de la mofa fácil, del revisionismo frívolo, se pase a la intolerancia religiosa y de allí, en pocos pasos, a la persecución.

No sería la primera vez en la historia: hace dos mil años las crucifixiones atraían curiosos y, a falta del generoso circo mediático de la actualidad, los romanos solían entretenerse viendo morir a los cristianos en las fauces de los leones. Por cierto, aquellos eran espectáculos muy exitosos, de taquilla asegurada, con el Coliseo rebosante de espectadores pero, ¿a qué costo?

domingo, 21 de mayo de 2006

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (V)


La amabilidad del cristianismo (I)



La cuestión que venía tratando parece requerir que abra aquí un capítulo para tratar este asunto de la 'amabilidad' del cristianismo.

Creo que una aproximación fenomenológica a esta expresión no vendría mal.

Se oponen habitualmente y en tensión dos como versiones del cristianismo. No sólo vulgarmente, sino también en ámbitos más refinados, incluso más refinados intelectualmente.

Veamos la primera.

Entre sus varias características se la describe como violenta, cruel, sanguinaria. Pero también activa, fundadora o descontructiva (que levanta civilizaciones o corrientes históricas tanto como las combate para destruirlas), y hasta 'comprometida' y política (o politizante).

Diríase que es el cristianismo que sale del costado más 'violento' de Cristo. Un cristianismo que nació en la explanada del templo frente a los cambistas y mercaderes o en la maldición de la higuera. O que procede del modo según el cual Cristo cumple o no cumple con la ley y el pago de los impuestos. Un cristianismo tronante al estilo de los sermones y parábolas parusíacas de los últimos días de la vida pública. Profético suelen llamar al estilo denunciador.

Podría decirse por esto mismo también que es un cristianismo judaizante, en lo que tiene de vindicativo y militar. Por lo menos, de estilo veterotestamentario. Un cristianismo que considera tener enemigos. Y los trata en consecuencia. Y los quiere como escabel para sus plantas. Y considera que tiene a Dios de su lado para ello.

Hay izquierda y derecha para esta versión, podría decirse. Es ese cristianismo detrás de los liberadores y restauradores.

Nada amable parece. Más bien guerrero y encendido. Irascible y severo.

A este cristianismo puede -y suele- achacársele casi todo lo 'malo' que se le endilga al cristianismo habitualmente. El espíritu de cruzada tanto como el espirítu de guerrilla, según el lado de la barda.

Pero no sólo es el hijo de la espada de Pedro en el Huerto.

Su dureza no le viene solamente del látigo. Su falta de 'amabilidad' viene también de la ley que blande y del rigor en la ley, tanto como del garrote.

Es lo que se llamaría el espíritu inquisidor. Una velada o no tan velada sujeción que se tiene por soberbia doctrinal, canónica. Este cristianismo custodia la Fe y las formas de la Fe. Custodia la moral. Custodia la liturgia y los sacramentos. Pero básicamente custodia. Y su acción se entiende siempre como custodia férrea, no solamente por lo que pudiera tener de violenta, sino por lo que tiene de intransigencia, lo que ya es entendido como violento por si mismo.

Es comandante, escriba, sumo sacerdote y comisario político, todo a un tiempo.

En algún tiempo, las figuras 'fuertes' del miles o del rey o del gran sacerdote, estuvieron recubiertas de un halo y de una expectativa que las volvía gloriosas a los ojos que las observaban. No es así hoy y no es así desde hace mucho.

Esos arquetipos no tienen ya vigencia. Y sus figuras generan ahora más bien lo opuesto a aquello que produjeron otrora: desprecio, espanto y temor. Rechazo, en suma.

Pero si hay alguna posibilidad de que tales figuras tengan siquiera algo de aceptación -parcial, al menos-, en modo alguno la tendrán asociada al cristianismo.

No tiene por qué ser el mejor ejemplo el que voy a dar. Es el que me viene ahora a la mente, simplemente.

Vayamos al cine, por ejemplo.

Películas como El Señor de los Anillos o Narnia atrajeron muchedumbres. Y las respectivas obras escritas no menos, sino más. Y no lo han hecho en un mundo distinto del nuestro, ni con la vigencia de arquetipos distintos de los que hoy rigen.

Sin embargo.

El mundo que exhiben es un mundo violento. Es un mundo antagonizado. Hay bien y mal. Y el mal guerrea.

Y el bien, también.

Y lo que es más: el bien gana también guerreando.

Y campean intransigencias de variada índole, tanto como inmolaciones en aras de intransigencias y posiciones inclaudicables.

Ahora bien. Al mismo tiempo casi apareció La Pasión. Taquillera también, claro.

Pero.

Aquello que no sólo se tolera sino que se admira y aplaude en las dos primeras, no se le admite a la segunda o, al menos, no se le aplaude.

Y me refiero al clima de intenso antagonismo que destila la representación de la Pasión, en la versión de Gibson. A su 'violencia', a eso que muchos tomaron como la exacerbación de lo peor y, mejor aún, como la deformación de la naturaleza del cristianismo, representada en la profusión de sangre, la innecesaria exhibición de torturas asociadas a la Redención, violencias verbales, odios farisaicos y religiosos y cosas así. Y no solamente todo esto considerado doctrinariamente, sino siquiera visualmente: qué necesidad de mostrar que en 'esos' términos y en 'esas' circunstancias ocurre algo que tiene que ser tenido como un 'mensaje de amor'.

Me figuro que esto podría responder a una especie de contradicción flagrante en la sensibilidad de mis contemporáneos.

Pero no lo menciono por eso. Creo que es un ejemplo apropiado para mostrar qué es lo que no se asocia ni debe asociarse con el cristianismo.

Resulta así escandalosa la parte final de la vida de Cristo. Una locura y un escándalo.

Esa locura y ese escándalo han movido -en todas las épocas pero peculiarmente en los últimos trescientos años- a reinterpretar y hasta a modificar los pasos de Cristo y su sentido.

Es verdad que Kant le tenía una marcada aversión a la guerra. Como es verdad que Kant era el emblema del burgués.

Sin embargo -y aunque esto último que dije importe mucho- no se trata solamente de señalar la belicosidad de un cristianismo más religioso que racional, según la terminología del propio Kant. Ni siquiera de si tiene o no una insana pasión por la sangre.

Aunque haya infinidad de caricaturas o deformaciones que lleven a la conclusión de que puede asociarse a un modo de cristianismo con un lado siniestro, oscuro, enloquecido y visceral, en realidad el aspecto que resulta más repugnante en esa visión es lo poco plástico o maleable, lo poco dúctil que se vuelve ante las contradicciones.

En esta visión, lo que se le echa en cara es la incapacidad del cristianismo para la tolerancia y la complacencia de 360º, pero más claramente dicho es la incapacidad para la indiferencia. El empecinamiento en que las cosas deban ser de un modo y no de otros.

Y que parezca no tener maneras amables para condescender, sino, por el contrario, que parezca complacerse en la negativa a condescender, a veces bajo la apariencia de virtud humilde.

Esa ha sido, por otro lado, una de las acusaciones recurrentes que le han lanzado a muchos de los que han muerto mártires: con obedecer, con aceptar, con rendirse y someterse, salvaban su vida e incluso muchas veces las de otros. Por no hacerlo, por no contradecirse, por aferrarse a las palabras de otros hombres como ellos, o peor aún a voces aéreas que nadie oye, son capaces de hundirse y arrastar a otros con ellos.

Esa ha sido para ellos mismos también una de las torturas interiores recurrentes: ¿cuándo es mi obcecación y mi orgullo y cuándo es genuina obediencia?, ¿cuándo es mi posición y cuándo la verdad que digo profesar?, ¿cuándo es mi desesperación que quiere terminar rápidamente y cuándo mi esperanza que no teme el castigo por permanecer fiel?

En sus caricaturas o deformaciones, tanto como cuando no lo es, esta posición recibe el nombre de 'fanatismo'.

viernes, 19 de mayo de 2006

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (IV)

El estudio del hombre comienza a descender de su boga en nuestro siglo, a la par del análisis que cede sucesivamente su lugar a la síntesis. El hombre exterior, el hombre en presencia de sus destinos, de sus deberes y derechos sobre la tierra: he aquí el campo de la filosofía más contemporánea: ha sido y es el fin de todos los filósofos y de todas las filosofías. Platón, Aristóteles, Cicerón, Bacon, Leibniz, Locke, Kant, Condillac, Jouffroy, han concluido por ocuparse de la política y de la legislación: tal es el curso más reciente de la filosofía en Alemania y en Francia, como lo nota Sainte-Beuve.

En América no es admisible la filosofía en otro carácter. Si es posible decirlo, la América practica lo que piensa la Europa.

Se deja ver bien claramente, que el rol de la América en los trabajos actuales de la civilización del mundo, es del todo positivo y de aplicación. La abstracción pura, la metafísica en sí, no echará raíces en América. Y los Estados Unidos del Norte han hecho ver que no es verdad que sea indispensable de anterioridad de un desenvolvimiento filosófico, para conseguir un desenvolvimiento político y social.

Ellos han hecho un orden social nuevo y no lo han debido a la metafísica. No hay pueblo menos metafísico en el mundo, que los Estados Unidos, y que más materiales de especulación sugiera a los pueblos filosóficos con sus admirables adelantos prácticos.

Así nosotros, partiendo de las manifestaciones más enérgicas y más evidentes de nuestra constitución externa, escuchando el grito salido del hombre, que por todas partes dice: soy personal, soy idéntico, sensible, activo, inteligente y libre, y debo marchar eternamente en el progreso de estos grandes atributos, trataremos según esta ley de nuestra naturaleza que se nos da a conocer por intuición y por sentimiento de explicar las condiciones más simples de un movimiento social, político, industrial y literario, el más propio para llegar a la satisfacción de las necesidades más generales de estos países en estas materias.
Podrá parecer una desviación del asunto. Pero no lo es, si bien se mira. Y no lo es en absoluto. Es más: ni siquiera es una confirmación. Es el asunto mismo.

¿Quién escribió esto en 1842, en un discurso leído a docentes y alumnos en Montevideo?

Pues, Juan Bautista Alberdi.

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (III)

Vayamos lentamente.

Creo que la cuestión, presentada de un modo tan complicado, admite un modo en que no resulte tanto. Y, si no entendí del todo mal, se refiere a estas cosas: cuál es la naturaleza verdadera del cristianismo, cuál es el fin (como sentido o final) de la historia humana, qué relación hay entre el fin (como final) de la historia humana y la desnaturalización del cristianismo.

Kant dice que en cierto sentido el cristianismo potencialmente es, precisamente él, la ocasión al menos, si no la causa misma, del Anticristo. Y tal vez el Anticristo mismo, según se entienda.

No es exactamente lo mismo que decir que el Papa es el Anticristo, como se ha dicho. Es algo bastante más elaborado y a la vez menos trivial.

A saber.

En la medida en que haya un cristianismo que se empecine en ciertas prácticas tanto como en sostener ciertos dogmas y doctrinas y no esté dispuesto a convenir racionalmente en una misma fe con el mundo, él mismo, ese mismo cristianismo así obrante, producirá al Anticristo y, además, el fin. La destrucción y la catástrofe vendrían así por una Iglesia representante de un cristianismo que no se aviene.

En cambio, si el cristianismo acepta su verdadera naturaleza y es capaz de darle al hombre finalmente una estatura ética y racional (con lo cual queda definido en parte el sentido de la palabra 'mundo' y los términos de oposición con algo llamado 'Iglesia'), un cristianismo así será el socio principal del progreso y de la felicidad humanas y, además, de la consumación histórica del Reino de Dios en la tierra. Y no de una consumación en el sentido de un fin final a sangre y fuego, de ruina y destrucción intrahistóricas. Porque eso es propio de ese otro modo anterior de entender al cristianismo, un modo que, según la visión kantiana, parece no responder a la verdadera naturaleza del cristianismo.

Por más trabada y enrevesada que pudiera resultar la proposición casi hipotética de Kant, tiene algunas puntas que sirven para pensar.

Parece evidente que Kant no está dispuesto a deshacerse de algo llamado 'cristianismo'. Como tampoco está dispuesto a deshacerse de su fe inquebrantable en el progreso. O de su fe en la ciencia como panacea. Progreso y ciencia vistos como hacedores de paz, bienestar, concordia humana y filantropía.

Entonces.

En la medida en que aparezca un cristiansimo que resulte rechazado por los hombres -hombres que a su vez anhelan la paz, el progreso y la felicidad-, no parece haber más remedio que considerar que ese tal cristiansimo se ha desnaturalizado o no es el verdadero.

Lo quieren porque es amable y ser amable es de su naturaleza. Ahora, si deja de ser amable ya no lo querrán. O: si ya no lo quieren es porque ha dejado de ser amable.

¿Podría el cristiansimo dejar de ser amable para los hombres? ¿Y cuándo y en qué circunstancias podría dejar de ser amable?

Aquí, el camino del análisis se abre en varias direcciones. Y creo que todas ellas significativas.

Pero, antes de seguir (cosa que tendrá que esperar, por ahora), me gustaría dejar dicho que concuerdo con Pieper en cuanto a que este punto de vista importa -y mucho- en la medida en que Kant es un representante de altísimo rango de un modo de ver el mundo y la historia que, si no siempre lo tiene a él como pionero, sí lo reconoce como profeta mayor.

Es verdad que la lectura de Kant es un lujo raro y costosísimo. Al menos en tiempo y en energías.

Sin embargo, digo también, pero ahora por mi propia cuenta, que de él son hijos quienes, lo sepan o no, profesan iguales visiones o visiones derivadas de ésta suya, por más que el propio Kant haya cubierto de complicaciones -incluso irónicas- la formulación de su proposición. Hijos son en esto también no importa si liberales o marxistas, a derechas o a izquierdas. Hijos incluso cuando los que así piensan sean cristianos y católicos. Y no importa si prelados o destacados pensadores cristianos, a los cuales si se los confrontara con este planteo jamás reconocerían su filiación. Tal vez incluso estarían más inclinados a decir que su modo de ver las cosas no es ya prudencial -y hasta mundanamente prudencial- sino la encarnación del mismísimo Evangelio.

La profusión de términos que devienen equívocos usados de este modo, bien puede lograr que felicidad, progreso, amabilidad, Evangelio, Reino de Dios y muchos otros se vuelvan tan cristianos como kantianos. Incluso puede darse el caso de que -aun sin llamarla kantiana bajo ningún aspecto- la inquebrantable fe en el bienestar de la humanidad entendido de este modo se transforme en la 'verdadera' interpretación del cristiansimo. Así como la oposición a este planteo kantiano, tanto a sus postulados como a sus corolarios, se transforme en la negación misma del cristianismo, incluso más: en la encarnación misma del Anticristo.

Finalmente, por ahora, creo que tiene razón Pieper, también, al observar que en el ámbito filosófico y científico esta presencia del Anticristo ha sido ignorada desde precisamente los tiempos kantianos. No puedo asegurarlo, pero le creo cuando dice que fue Kant el último en hacer mención del asunto, precisamente en sus escritos sobre el fin de todas las cosas y el destino de la humanidad. Sin embargo, el propio Pieper advierte que ya a mediados del siglo XX la cuestión del Anticristo deja de ser un fantasma reservado para lóbregas y tremendistas elucubraciones teológicas o religiosas, para ir ganando espacio nuevamente en los asuntos civiles, y concretamente, por ejemplo, en ocasión de los peligros nucleares que amanecieron con el final de la segunda guerra.

Ayuno del cielo


Un cielo que ayuna
la luz de las cosas:
ni estrellas ni luna.

Es ciega esta noche y es niebla el sendero.
Y quietas estas piedras silenciosas.

A un brumoso espejismo
hondo como un abismo,
se asoman unas huellas temerosas.

Hay como crines broncas
de potros no domados.
Los baña una luz opaca
que acaricia y los aplaca.

Serenos ya los belfos resonantes
se sacian ya y se aquietan
a sorbos lentos,
sedientos
(como yo pero de estrellas)
sedientos como yo pero de río
lento y frío.

Si una luz me mostrara todas las cosas bellas...

Y la verdad en ellas.

Con su reflejo oscuro
va una nube de lluvia atribulando
el cerro puro,
grisado de silencio de luz en esta noche
en su orfandad cumbrera...

Tan huérfano de altura,
el cerro de este rumbo en esta noche oscura.

No canto mientras ando,
canturreo.

Silbo en el humo a pino
que viene de unos fuegos que ríen y no veo
al final sin saber de este camino.

Y espero, aguardo. Ahinco con mis manos mi lodo.

Siempre espero.

Mientras el cielo ayuna. Y yo con él de todo.

jueves, 18 de mayo de 2006

Monerías (II)

Otro ejemplo de estas cuestiones.

En un lapso de poco más de cuatro horas, el diario 'subió' dos 'noticias' referidas a cuestiones científicas acerca del lenguaje.

Esta segunda, no es un mal ejemplo de cierta visión acerca de la facultad humana de hablar concebida más bien como érgon.

Así se ve en la orientación de los trabajos del investigador anoticiado ahora. Especialmente, para introducirnos en la cuestión, en estas líneas a modo de presentación:
Meaning Machines

When used by people, words are symbolic reflections of rich mental networks that encode knowledge of the physical and social world. Beneath words and sentences lie complex cognitive structures shaped by evolutionary and lifetime learning, linked in various ways to the goals and environment of language users. The meaning of words in everyday language depends on two very different kinds of relations. On one hand, language refers to (is about) the world -- spatial, temporal, and social factors situate communication. On the other hand, people use language to pursue their interests -- speech acts are purposeful. A grand challenge for the cognitive sciences is to develop a computational framework that simultaneously models referential and functional meaning. In practical terms, progress towards meeting this challenge will have significant impact on a broad spectrum of applications in human-machine communication and machine-mediated human-human communication.

Our research group is driven by this challenge. We are developing natural language processing systems that ground language in physical and social context. We have implemented conversational robots, natural language understanding in video games, sensor-grounded computational models of language acquisition, and context-aware speech interfaces for home and work environments. A common denominator in all of the domains we tackle is that the meaning of words cannot be fully determined without paying attention to non-linguistic context.
Nada estrictamente novedoso en estos campos lingüísticos. Ni siquiera en la pretensión de elaborar un modelo o en la curiosidad por los patrones o matrices que se supone permiten conocer la naturaleza del lenguaje. Y, aunque no es nuevo, es confirmatorio o ejemplificador de un estilo de divulgación y práctica científica, del que hablaba apenas en la entrada anterior.

Ahora bien.

Cinco minutos antes de hablar del hablar, el diario nos ilustraba acerca de que se dice ahora que la religión es buena para la presión sanguínea, por lo menos en los 'afroamericanos' (politically correct hablando, ¿no?).


Pero hay que descansar, pensé.


Otro día. En todo caso.

Monerías

No me parecería mal tener una charla con este simpático Nictitans, a falta de un interlocutor mejor.

Creo que hay dos problemas. Metodológicos, diría.

El primero es que el lenguaje 'científico' de los medios de comunicación es tan nebuloso, fantasmagórico y espectacular que se hace difícil saber si vamos a hablar de lo mismo.

La mayor parte de las veces, es 'ideológico', en el peor sentido de la palabra. Y ni siquiera de esa especie de ideología científica que no inventaron pero que consolidaron los iluministas, que mira por sobre el hombro con una sonrisa de soslayo cualquier 'demostración' científica que no sea experimental o matemática.

Y no estoy diciendo que esa ideología científica sea mejor que la mediática. Digo que es más difícil de juzgar seriamente en ciertos ámbitos y que, por lo mismo, está menos al alcance de, digamos, un lector corriente de bitácoras electrónicas.

Por otra parte, la experiencia dice que es bastante difícil someter a un científico de la especie que describo a un acuerdo respecto de la cosa acerca de la que vamos a hablar. Y, por poner apenas un ejemplo pertinente al caso del que trata este comentario: ¿Qué quiere decir 'hablar' (con o sin comillas)? ¿A qué en un presunto hablante le atribuimos la facultad de 'hablar'? ¿Cuál es el sujeto de esa facultad? ¿Hay alguna relación entre la capacidad intelectual de formar conceptos y la facultad de hablar? ¿La capacidad de formar conceptos es propia de la inteligencia? ¿Es la inteligencia una potencia cognoscitiva diferente de la potencia cognoscitiva sensible? ¿Hay distinción real entre sentidos externos, internos y potencia cognoscitiva intelectual? ¿Son las palabras signos de los conceptos y éstos de las cosas? ¿Hay algún componente volitivo en el acto de habla? ¿Es la voluntad otra potencia distinta realmente de la potencia cognitiva? ¿Hay arbitrio en la sintaxis? ¿Es sistemática o libre la elección de los sintagmas? ¿Es la capacidad de hablar érgon o enérgeia, según la dicotomía expuesta por Von Humboldt, por ejemplo? ¿Tiene a su vez razón Chomsky y su linguistic competence, en Language & Mind?

Y más y más preguntas que hay que despejar en el trámite de esta amable conversación.

Conversación que, en términos mediáticos, es a veces más fructuoso mantener con nuestro amigo Cercopithecus, quien es probable que lo haga de buena fe. Y no pocas veces, también en términos científicos, pues Nictitans será incapaz de negar o afirmar lo que ignora, o de mostrar un desprecio que sí se deja ver en ámbitos menos primarios.

Me parece difícil poder negar que, junto con la universal vocación por el conocimiento que todo hombre tiene, mucha ciencia tiene una otra vocación bastante menos natural. Una vocación iconoclasta diría, en la que se solaza. Una vocación crítica, dicho esto en términos hermenéuticos.

A veces, tomarse en serio algo ridículo, supone al menos reírse.

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo (II)

Lo primero será exponer los textos.

El capítulo II de El fin del tiempo de Josef Pieper desarrolla los vaivenes de la fe en el progreso, siguiendo básicamente -no únicamente- obras de Immanuel Kant. También los matices y los cambios de rumbos de esa religión y de esa, al fin de cuentas, escatología, pasando de los optimismos filosóficos hasta los voluntarismos políticos y desde el siglo XVIII, hasta la actualidad.

Me detengo ahora en un fragmento. Es el final del punto 8 de ese capítulo, que copio in extenso para que no se pierda su unidad de razonamiento, aunque lo que me interesa es el desarrollo de la segunda idea que extrae Pieper del opúsculo.
Vamos ahora a hablar brevemente del tratado sobre El fin de todas las cosas, que Kant escribió trece años después de su Crítica de la razón pura. Apenas es posible formular su afirmación en forma de una tesis clara dada la dificultad y confusión del razonamiento. Dos puntos sobre todo me parecen dignos de atención: primero, casi al comienzo se dice que el fin de la humanidad hay que concebirlo evidentemente en analogía con la muerte del individuo, que "en el lenguaje piadoso" se designa como un tránsito "del tiempo a la eternidad". Kant califica esa idea de lúgubre y estimulante a la vez, por lo que "los ojos que se apartan horrorizados no (pueden) menos de dirigir a ella su mirada una y otra vez". Es interesante la observación de que esa idea ha de "entretejerse ciertamente con la universal razón humana de un modo maravilloso". Naturalmente que el proceso de semejante transposición del ser temporal del mundo histórico a una participación directa, como quiera que se conciba, de la eternidad de Dios, queda por completo más allá de nuestra capacidad representativa. Y la razón, dejada a sí misma, llega aquí al límite de su capacidad, aunque ya el mero planteamiento conceptual no sea el mismo en cada uno. Pero en cualquier caso esa idea hace totalmente imposible concebir el fin de la historia humana según el modelo de una "evolución", cual si una ascensión quizá difícil pero siempre en un enriquecimiento constante llegara a su conclusión triunfal.

El segundo punto de la concepción kantiana, que a mí se me antoja singularmente importante, es la exposición detallada, en verdad, del fin "inevertido", "antinatural de todas las cosas que, aunque evidentemente sea medio en broma, no deja de considerarse conceptualmente posible al lado del "natural" y del "sobrenatural". Lo que ante todo resulta bastante sorprendente es que ese fin "antinatural", siempre que ocurra, lo "introduciremos nosotros mismos en tanto que malinterpretamos el objetivo final". Por poco en serio que Kant haya podido tomar esa concepción, en cualquier caso se habla expresamente de la posibilidad de una catástrofe final producida por el propio hombre. La exposición, un tanto complicada, empieza por la "amabilidad" esencial al cristianismo en sí, que tiene su fundamento en la "mentalidad liberal" con la que "puede atraerse los corazones de los hombres". Mas "si se descubriera que el cristianismo dejaba de ser amable, el rechazo contra el mismo se convertiría en la mentalidad dominante y el Anticristo empezaría su gobierno (supuestamente fundado en el temor y en el egoísmo)...; pero después, ya que el cristianismo está ciertamente destinado a ser una religión universal, si no se viera favorecido por el destino para serlo, entraría el fin (invertido) de las cosas en un aspecto moral". Pero ¿qué es propiamente lo que se afirma aquí? Que (posiblemente) el cristianismo perderá la simpatía de los hombres, porque será infiel a su propia esencia. El Apocalipsis (y el Nuevo Testamento en general) dice exactamente lo contrario: que la Iglesia perderá la simpatía de la inmensa mayoría de los hombres por llevar a término su manera de ser propia sin mezcla de ninguna clase. En consecuencia Kant hubiera debido decir: está justificada "la gran apostasía" de los hombres que se apartan de ese cristianismo degenerado. Mientras que en el Apocalipsis, por el contrario, esa huida masiva de la Iglesia aparece casi como una confirmación de su verdad. Para el pensamiento ilustrado resulta ciertamente incomprensible la idea de que la verdad puede ser combatida, aunque sea la verdad o precisamente por serlo. "Me aborrecen sin motivo" (Sal 34, 19; Jn 15, 25). Volvamos por un momento a la distinción kantiana entre "fe eclesiástica" y "fe racional" y a su idea de que la fe eclesiástica será arrinconada por la religión racional, lo que significará la aproximación del "reino de Dios sobre la tierra". En consecuencia, el movimiento contrario de la religión racional que queda arrinconada por la fe eclesiástica, ¿no tendría que aparecer como la aproximación del Anticristo? Pero esto no es sólo una consecuencia que se impone en abstracto: ¡Kant la ha formulado de forma explícita! En la medida en que los sacerdotes "convierten en una obligación esencial unas observancias y una fe histórica" (entendiendo por todo ello el culto, los sacramentos, la fe en los acontecimientos históricos salvíficos), en lugar de "echar en el corazón unos cimientos éticos", hacen "lo que se requiere para introducirle (al Anticristo)". Así, pues, el Anticristo aparece nada más y nada menos que como una figura eclesial.

....

Mas todo esto lo piensa Kant de un modus irrealis; su verdadero sentir, o mejor, su esperanza mantenida desesperadamente es que el género humano está realmente metido en un progreso continuo hacia el "fin natural", hacia la fundación del "reino de Dios sobre la tierra", que es un acontecimiento intrahistórico y lentamente introducido por una fuerzas históricas; en ese reino prevalece una "paz" eterna y "en él pueden desarrollarse plenamente todos los gérmenes hasta poder cumplir su destino aquí sobre la tierra".

Un poco antes, comentando la ambivalencia kantiana entre escepticismo y optimismo en este mismo trabajo como en otro más famoso todavía, La paz perpetua, Pieper concluía:
Sin embargo esa fragilidad y falta de firmeza, por mucho que responda a un conocimiento profundo sobre la complejidad polifacética del mundo, nada tiene que ver con la tensa estructura de la imagen cristiana de la historia. No es que la esperanza del nuevo cielo y de la nueva tierra pierda nada de su firmeza con la expectativa de un final intrahistórico de catástrofe, sino que esa esperanza se mantiene inquebrantable por completo a una con la firme serenidad frente al dominio universal del mal, como el estado final intrahistórico.

Creo que todo el texto es difícil y denso (y la traducción no ayuda). Pero creo también que lo esencial se entiende bien.

Aquello sobre lo cual habría algún comentario que hacer, está dicho.

lunes, 15 de mayo de 2006

Damna caelestia

En el Libro IV de sus Odas, Quinto Horacio Flaco nos dejó esta Oda VII, dedicada a un no del todo reconocido Manlio Torcuato, probablemente un abogado prestigioso de la época.

Diffugere nives, redeunt iam gramina campis
arboribusque comae;
mutat terra vices, et decrescentia ripas
flumina praetereunt.
Gratia cum Nymphis geminisque sororibus audet
ducere nuda choros.
Inmortalia ne speres, monet annus et almum
quae rapit hora diem.
Frigora mitescunt Zephyris, ver proterit aestas,
interitura, simul
pomifer autumnus fruges effuderit, et mox
bruma recurrit iners.
Damna tamen celeres reparant caelestia lunae:
nos ubi decidimus
quo pius Aeneas, quo dives Tullus et Ancus,
pulvis et umbra sumus.
Quis scit an adiciant hodiernae crastina summae
tempora di superi?
Cuncta manus avidas fugient heredis, amico
quae dederis animo.
Cum semel occideris et de te splendida Minos
fecerit arbitria,
non, Torquate, genus, non te facundia, non te
restituet pietas;
infernis neque enim tenebris Diana pudicum
liberat Hippolytum,
nec Lethaea ualet Theseus abrumpere caro
uincula Pirithoo.


La oda es famosísima y destila una inmensa melancolía. Cuesta ver detrás de esta gloria pagana los arrestos de vitalismo -melancólico también- del Carpe Diem, ese tópico goce irrestricto del hoy sin mañana.

Una traducción que encontré dice más o menos lo mismo en estos términos:

Las nieves pasaron; vuelven a reverdecer los campos
y las ramas de los árboles;
la tierra muda de aspecto, y las corrientes menos caudalosas
de los ríos dejan de combatir sus riberas.
Una de las Gracias, desnuda, y en compañía de las Ninfas y sus gemelas hermanas,
se atreve a dirigir las danzas;
el año y hasta la hora que arrebata el día presente
nos aconsejan
no esperar nada duradero.
Los Céfiros templan el rigor del invierno; la primavera cede a los rayos del estío,
que ha de fenecer cuando
el otoño, coronado de frutos, esparza sus ricos dones; después
tornan otra vez los días brumosos de diciembre.
El curso acelerado de los meses repara los daños de las estaciones;
(rápidas reparan las lunas sus menguas celestes)
pero nosotros, si caemos

en el lugar que habitan el piadoso Eneas, Anco o Tulo Hostilio,
quedamos convertidos en polvo y sombra.
¿Quién sabe si los dioses celestiales nos añadirán al día de hoy
el de mañana?
Sólo escapará a las ávidas manos de tu heredero
lo que generoso hayas dado a tus amigos.
Así que dejes de ser, Torcuato, y Minos
haya pronunciado su última palabra,
ni la piedad, ni la elocuencia, ni el ilustre linaje
te restituirá a la vida.
Diana no logra libertar de las tinieblas eternas
al pudoroso Hipólito,
ni Teseo romper las cadenas que sujetan
a su caro Pirítoo en el infierno.

Pero los que más me gustan son especialmente los versos que dicen:
Damna tamen celeres reparant caelestia lunae:
nos ubi decidimus
quo pius Aeneas, quo dives Tullus et Ancus,
pulvis et umbra sumus.
Que, en otra traducción que encontré, y tal vez mejor, dicen:
Los daños del cielo los reparan las lunas en rápida sucesión:
pero nosotros, cuando caemos
a donde cayeron el piadoso Eneas, y los ricos Tulo y Anco,
sólo somos polvo y sombra.


Primero habrá que digerir latines, mitologías, pero sobre todo sentido y significado.

Y después veremos.

Sobre la causa 'cristiana' del Anticristo

Lo menciono ahora como un apunte, porque tengo que copiar algunas cosas más adelante. Es un libro complejo y tenso. Bastante difícil, a pesar de sus escasas 150 páginas: hace más de 20 años que lo leo y nunca estoy seguro de entenderlo del todo.

No digo que sea en absoluto un defecto de la obra, pero diría que me resulta de una reciedumbre poco común entre las obras de Josef Pieper, impaciente casi. Un libro tenso. Erguido. No lo escribió sentado cómodamente en su escritorio de Münster, me parece. Sobre el fin del tiempo. Sé -por otra parte- que es un libro despreciado por no pocos seguidores de un Pieper más racional y 'moderno'. Peor para ellos, en cualquier caso.

No conozco una edición anterior y me llama verdaderamente la atención que lo haya publicado recién en 1980, porque es un curso que venía dando desde 1948-1949, casi sin variaciones, según dice un postfacio, incluso habiendo publicado aspectos de ese mismo tema en por lo menos otras 4 obras.

En una nota al capítulo II, por ejemplo, se refiere al silencio sobre el Anticristo a lo largo de casi dos siglos y apunta una experiencia personal:
En un florilegio de sentencias, sacado de las obras de Tomás de Aquino (Ordnung und Geheimnis, Munich 1947), he citado también algunas frases que se refieren al Anticristo. Estos textos, y sólo ésos, fueron calificados en una revista teológica como "piezas menos valiosas". (*)
Me sorprende también haber encontrado en un sitio extraño el tercer capítulo de la obra, publicado allí por razones (de cierta conveniencia, digamos) que creo entender, aunque no estoy seguro.

De todos modos, del libro me impresiona particularmente el capítulo segundo. Y de allí, algunos textos de Kant, especialmente aquellos que se refieren a la relación -causal, por cierto- entre el cristianismo y la aparición del Anticristo.

Veremos.


(*) Se refiere al silencio en el ámbito de las elucubraciones científicas y filosóficas, por lo menos, pues cita allí un trabajo que especula sobre el destino del poder atómico, encargado por obispos británicos, casi a mediados del siglo XX.

No me parece que Pieper ignorara el desarrollo teológico sobre este tema durante el siglo XIX. Con todo, la mención de la 'revista teológica', no deja del todo afuera a la propia teología.

sábado, 13 de mayo de 2006

Reformas

Una cosa me recordó otra.

La clave de la comprensión cristiana de los estudios, es que la esencia de la plegaria es la atención. Es la orientación hacia Dios de toda la atención de que es capaz el alma. De la calidad de la atención depende en gran parte la calidad de la plegaria. La efusividad del corazón no puede suplirla.

...................

Los ejercicios escolares desarrollan, por supuesto, una parte menos elevada de la atención. No obstante, son plenamente eficaces para acrecentar el poder de atención que estará disponible en el momento de la plegaria, a condición de que se los ejecute con este fin y sólo con este fin.

Aunque hoy aparentemente se lo ignora, la formación de la facultad de atención es el verdadero fin y casi el único interés de los estudios. La mayor parte de los ejercicios escolares tienen además cierto interés intrínseco, pero se trata de un interés secundario. Todos los ejercicios que se basan en el poder de atención son interesantes con el mismo derecho y casi igualmente.

Los alumnos de liceo y los estudiantes que aman a Dios no deberían decir jamás: "amo las matemáticas, el francés o el griego". Deben aprender a querer todo eso porque acrecienta la atención que, orientada hacia Dios, es la sustancia misma de la plegaria.

No tener don o gusto natural por la geometría no impide que la investigación de un problema o el estudio de una demostración desarrollen la atención. Es casi lo contrario.

....................

Si se busca con verdadera atención la solución de un problema geométrico, y si, al cabo de una hora, no se ha avanzado más que al comienzo, no obstante se ha avanzado, durante cada minuto de esta hora, en otra dimensión más misteriosa. Sin que se sienta ni sepa, este esfuerzo aparentemente estéril y sin frutos ha llevado luz al alma. El fruto aparecerá un día, más tarde, durante la oración. Reaparecerá también sin duda, por añadidura, en cualquier sector de la inteligencia, quizá completamente extraño a las matemáticas. Un día quizá aquel que realizó ese esfuerzo ineficaz será capaz de captar mejor, por ese esfuerzo, la belleza de un versos de Racine. Pero que el fruto de ese esfuerzo deba encontrarse de nuevo en la plegaria es cierto, sin duda alguna.

Simone Weil, Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares para el amor de Dios.

jueves, 11 de mayo de 2006

Ballymena




Anduve por tus calles.

Me perdí en Ballymena.
No muy lejos de Kells.
Y por Antrim anduve,
no muy lejos del mar,
una noche de mayo suave y bien colorida,
oliendo rododendros,
oliendo Ballypatrick
y vagando en Portglenone,
trepando por Slemish,
por bosques que has andado,
piedras que te han conocido.

Me cansé en las orillas de Lough Beg,
aguas negras y frías;
remonté sin resuello River Bann
buscando las veredas
que viste alguna tarde...

En Cullybackey Road bebí cerveza,
y mastiqué a desgano ese pan de centeno
sentado en el cordón de Thomas Street,
para saber si sabe a tu historia y tus días.

Y vi pasar las gentes
más tristes esa noche,
que te extrañan y lloran
con ojos de tormenta y corazón de lirios,
los puños apretados.

Y lágrimas calladas y amorosas.

Vi llorar a una niña
-no sé si lo supiste-
en vigilia en la puerta de tu casa.

Llegó la madrugada.

Despertaba Saint Patrick y vi las aulas viejas,
vacías a esas horas
y ahora para ti ya siempre ausentes.

Y busqué un finisterre para volver a casa.

Crucé hasta County Kerry,
junto al mar, suroeste,
en silencio de día y ciego por las tardes.
Suspirando la muerte, domando mi ignorancia.

Sobre olas de furia
crucé un océano amargo
de pena y timidez,
de vergüenza y tristeza.

Y apenas de consuelo, apenas. Suficiente.

Porque apenas sospecho,
porque no me imagino
cómo es tener
quince años y ser
católico y morir en Ballymena.

Michael McIlveen


Pochoclo (palomitas de maíz, pop corn, etc.)

Hay que esperar. Ser paciente.

Tal vez un día de estos empiecen finalmente a aparecer investigaciones valientes que se atrevan a declarar la homosexualidad de Moisés, los amores incestuosos de la Pacha Mama con Franklin Delano Roosevelt o la antropofagia de Mahoma.

Tal vez alguna novela se atreva por fin a desemascarar a la inexistente Cleopatra y ofrezca la versión más creíble de que no hubo tal Cleopatra sino un tal Marco Antonio, el suave, disfrazado de faraona.

Tal vez aparezca una película muy pero muy taquillera que nos muestre cómo Confucio, Palas Atenea y Beckenbauer, han sido en realidad la misma persona, aunque la francmasonería, la FIFA y las escolas do samba bahianas han tratado de ocultarlo todos estos años, para acumular poder, riqueza y misterio.

Y cientos de cosas así de graves y substanciosas, que hoy por hoy parece que no importaran un pito a la vela...

Qué cosa, ¿no?

En fin. Paciencia.

Ya vendrán.

El asunto es que hasta que no salgan a la luz los valientes, habrá que conformarse con fatigar páginas y celuloide dedicándole al catolicismo semejante protagonismo iconoclástico, tratándolo como si fuera la cosa más importante, lo más odiable, lo más odiado, el enemigo a destruir y mancillar, la cosa a vencer.

Casi como si fuera una religión verdadera, o más aún: la religión verdadera, es decir la máxima impostura.

Y encima, haciéndole con eso el enorme favor de ser el tema de cotilleo siempre rentable y actual.

Si yo fuera mal pensando, se me ocurriría pensar que tanto correr velos sobre secretos inconfesables y juergas cristianas, pactos entre camanduleros, juegos de espejos, restos resecos de resucitados en cuerpo y alma, y más y más argumentos y creatividades, no son sino una campaña a favor del cristianismo..., de los propios cristianos. Para tenerlo en la tapa de los diarios todos los días.

Pero yo de esas cosas sé poco y nada, así que no ha de ser.

Deriva urbana

Sin oír la costumbre
-o el dictum, que bien sé, de algunas leyes-,
tomé el subte en Bolívar
y a la Plaza me fui de los Virreyes.

El sitio es apartado
y es un final barrial para esta vía.
No me tentó el Premetro.
Y a poco de llegar, ya me volvía.

Barras y estrellas (II)

Hace unos diez años, Ricardo Arjona cantaba una canción que se llamaba Si el Norte fuera el Sur, más o menos conocida. En realidad, una más de las muchas canciones-manifiesto que los 'latinos' o los 'hispanos' le dedican a los States. Desde la izquierda o la derecha, da más o menos lo mismo. Con todo, y no importa exactamente desde qué banda suene el grito, hay en la mayoría algo así como una compulsiva fascinación. Por violenta que sea la 'denuncia'. Y eso tiene su miga también.

Hace bastante, copié aquí el poema A Roosevelt de Rubén Darío, que cumplió 100 años y muestra cómo, cuando Estados Unidos recién empezaba a ser Estados Unidos, ya los "cachorros del león español" andaban detrás del águila para ver si se la comían, o para ver qué. Asuntos como la primera revolución mexicana a mediados del XIX o la guerra de Cuba, o el invento de Panamá y el canal, eran algunos de los asuntos que pesaban en el ánimo del nicaragüense, como en el de otros. Era mejor el poema de Darío que el de Arjona, claro, y se refería no a los que había adentro, sino afuera. Pero, en cualquier caso, es uno de los íconos de una profusa literatura al respecto, literatura lírica o pseudo, cantada o dicha (¿recuerdan los argentinos la setentista Los americanos, letra de Alberto Cortez, que gustaba entonar el pálido Piero? Todo suma...)

Sin embargo, hay varias preguntas para hacer, empezando por tratar de saber por qué hay más de 40 millones de 'hispanos' en la tierra de Buffalo Bill, hasta llegar a conformar la minoría más numerosa que parece que son hoy.

Pero no es menos preguntarse qué cosa es una cultura, qué es una nación o un país, dónde está la diferencia entre los 'hispanos' y los 'americans', cuál es la específica diferencia o aportación de los 'hispanos' mientras están allí. Y algunas cuántas otras cosas por el estilo.

Detrás de la ironía desconstructiva de Arjona, hay alguna media verdad también, que me parece que ni siquiera lleva la intención de ser verdad, tanto como la intención de ser desconstructiva. Y eso es parte del asunto.

Confieso, eso sí, que no tengo muchas ganas de pensar en estas cosas. Si no fuera porque me parece que hay un asunto detrás que me importa 'en ocasión' de esto. De modo que me voy a tomar mi tiempo. Y no hay mucho apuro, creo.

ver

Si el Norte fuera el Sur

El norte, sus Mc Donald's,
basketball y rock and roll,
sus topless, sus Madonnas
y el abdomen de Stallone.
Intelectuales del bronceado,
eruditos de supermercado,
tienen todo pero nada lo han pagado...
Con dieciocho eres un niño
para un trago en algún bar,
pero ya eres todo un hombre
pa'la guerra y pa' matar.
¡Viva Vietnam
y que viva Forrest Gump!
¡Viva Wall Street
y que viva Donald Trump!
¡Viva el Seven Eleven!
Polvean su nariz
y usan jeringa en los bolsillos,
viajan con marihuana
para entender la situación
de este juez del planeta que
lanzó una invitación:
¡córtaselo a tu marido y
ganarás reputación!

Las barras y las estrellas
se adueñan de mi bandera
y nuestra libertad
no es otra cosa que una ramera,
y si la deuda externa
nos robó la primavera,
al diablo la geografía,
se acabaron las fronteras.

Si el norte fuera el sur
serían los sioux los marginados,
ser moreno y chaparrito
sería el look más cotizado.
Marcos sería el Rambo mexicano
y Cindy Crawford
la Menchú de mis paisanos,
Reagan sería Somoza...

Fidel sería un atleta
corriendo bolsas por Wall Street,
y el Che haría hamburguesas
al estilo "double meat",
los Yankees, de mojados a Tijuana
y las balsas de Miami
a la Habana,
si el norte fuera el sur.

Seríamos igual
o tal vez un poco peor,
con las Malvinas por Groenlandia
y en Guatemala un Disneylandia
y un Simón Bolívar rompiendo su secreto:
"ahí les va el 187,
¡fuera los yanquis por decreto!"

Las barras y las estrellas
se adueñan de mi bandera
y nuestra libertad no es otra
cosa que una ramera,
y si la deuda externa
nos robó la primavera,
al diablo la geografía,
se acabaron las fronteras.

Si el norte fuera el sur sería
la misma porquería,
yo cantaría un rap
y esta canción no existiría.

miércoles, 10 de mayo de 2006

S.A.R. Príncipe de Asturias

Viene bien, de lo más bien.

Y van dos.

En lo que queda de 2006 vendrán los otros premiados.

Pero, lo que es hasta ahora, el asunto resulta muy ilustrativo y, si el impulso no se manca en la parada, parece ser que tenemos un 'prospecto' de lo más prometedor.

Unos días atrás, dicho sea de paso, apunté algo respecto de monarquías y monarquismos.

Ahora veo que me equivoqué.

Estuve tímido, creo.

Tengo que ver cómo podría hacer para enmendar eso.

Aunque.


Si la cosa sigue así, no hará falta. Me callo. Ni pío. Y que lo digan otros.

S.A.R., por ejemplo.

Pourquoi pas?

lunes, 8 de mayo de 2006

Elegía


Para B. A., en su gloria



Sin fin, sin la figura de tus pasos,
voy detrás de tu imagen y tus dichos.
Vago sin ti al acaso y siembro acasos
de tu voz y tu sien. Desdeño nichos
que no dicen la luz que me dejaste.
Trasiego tus minutos, los persigo
por mi tierra sin ti, que no olvidaste.
Y en un fuego sereno yo te abrigo.
Pero esta tarde, sin dolor ni llanto,
asido al cielo en sangre, silencioso,
anduve tanto en ti, y anduve tanto
que llegaste al secreto rumoroso
de mi dicha por ti para que un canto
te destilara en vino delicioso.

Nuestra Señora de Luján

Desde el 8 de mayo de 1887, fecha en que se produjo la coronación canónica que otorgó el papa León XIII a la imagen de Nuestra Señora de Luján, se celebra hoy a la Patrona de la Argentina.

Hay una historia resumida aquí que no por conocida deja de ser impresionante. Especialmente, por el papel del negro Manuel, el esclavo, su continua compañía, su facultad de curar con vela y sus relatos de los 'paseos' de la imagen.


No sé quién ni con qué criterio incluyó de esta manera la información de esta efeméride en la página oficial del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, ni de quién fue la idea de poner allí un presunto 'tango o milonga', por otra parte -y según traté de imaginar una melodía posible, aunque de componer música no tengo oficio- tan difícil de componer. Lo que sí: he leído versos mejores, si de homenajes se trata.

Sacerdote

Leí el mensaje de Benedicto XVI para el día dedicado a rezar por las vocaciones sacerdotales.

Me llamó la atención el enfoque, o el marco en el que ubica el asunto. Y me pareció un marco metodológico. Nada nuevo, pero desusado, diría. Habitualmente se habla de las vocaciones o en términos de una insoportable mística de poca calidad o de una captación de recursos de excelencia para una tarea requeteimportante, o secretísima y elitista sin más sustento que el de pertenecer. Porque 'pertenecer tiene sus privilegios'. Tonteras de proselitistas. Tonteras un poco criminales, eso sí.

Confieso que no me gustan (epitelialmente, por lo menos) esas adjetivaciones con sustantivos, como Iglesia misterio o Iglesia misión. Pero, como estilos son estilos...

Pero el marco tan poco triunfalista y frenético, la metodología de explicación del misterio y la función sacerdotal, de la propia naturaleza del sacerdocio sacramental y el tono en general de la alocución me hicieron acordar -no sé por qué, pero si pertinentemente- a algo que aplicaba Castellani respecto del sacerdocio: sobran mil y faltan quinientos.

Y esto lo refiero más específicamente a congregaciones e instituciones que hacen del sacerdocio un cuentaporotismo de poca calidad intelectual, espiritual y hasta apostólica. Donde contar es importante y contar por miles es delicioso y potente.

En ese mismo orden de ideas, e impresiones, entendí una referencia del mensaje que podría parecer lateral pero que se me hizo definitoria:
El peso de dos mil años de historia no facilita captar la novedad del misterio fascinante de la adopción divina, que está en el centro de la enseñanza de san Pablo.

Barras y estrellas (I)

La cuestión me interesa por varias razones. En primerísimo lugar, por esa especie de confrontación entre el inglés y el español. Y lo que supone en si misma considerada.

Es un disparate. Y no resiste ni necesita un análisis minucioso. Hay que ser muy pero muy torpe para oponer los versos de Shakespeare o una oración de Tomás Moro o The Lord of the Rings, a un romance anónimo, a Cervantes o a unos Silbos de Miguel Hernández.

Salvo que no se esté oponiendo la maravilla que puede producir una lengua en cuanto maravilla, sino que -tal y como pasa en tantos otros aspectos- la oposición sea el rehén de otras oposiciones más o menos explícitas y de otro tipo.

Como si dijera que un americano medio considerara que su condición de tal, o de anglosajón, o de blanco protestante, le trae aparejada per se alguna superioridad. La idea no es nueva. Y es más bien estúpida. Sin ir muy lejos, el primo de un wasp (white anglo saxon protestant), del otro lado del Atlántico, y sin dejar de ser wasp y sin dejar de considerarse en cuanto tal superior al resto de los mortales, tal como le ha ocurrido al inglés, for instance, considera que un americano medio es un ser más o menos inferior y de él se burla por eso y otras razones cada vez que puede y no de ahora, sino más bien de siempre. Y la visión de cualquier europeo es más o menos la misma; aun cuando el complejo de inferioridad, la avidez de éxito y riqueza y dominio global, haga que se mire a los Estados Unidos como un líder y un arquetipo. O simplemente como el competidor.

Alguien ha observado que los Estados Unidos de Norteamérica es un país cuyos ciudadanos no tienen nombre, cosa extraña y poco frecuente. En Norteamérica hay otros norteamericanos, así que no lo son específicamente. En la misma América hay Estados Unidos que no son ellos, como México o Brasil, de modo que estadounidenses es un nombre que no les propio tampoco, aunque mientras sí hay mexicanos y brasileños, no hay estadounidenses norteamericanos que sean algo más específico que eso, que no lo es. Ni hablar del 'american' con el que se autollaman. Y así.

Por cierto, y para que no se apuren a sulfurarse los que podrían sulfurarse, hay en los Estados Unidos gentes buenas y santas, además de sensatas y de buena voluntad, como sensibles estudiosos e inteligentes y ciertamente mejores que yo, para lo que no hace falta mucho. Y no digo esto como quien concede retóricamente.

En cualquier caso y con respecto a la discordia en torno a la versión que está circulando del himno de los Estados Unidos, hay alguna que otra cosa que puede ir apuntándose.

La primera es que los Estados Unidos, oficialmente, admiten y por eso tienen traducciones de su himno.

La segunda, y más chusca por ahora, es que haberse tomado el trabajo de usar el español -y en la versión escrita y mucho más en la cantada, en realidad, el spanglish- para hacer tales versetes que son más bien un bodrio, es en primer término una ofensa al español.

En fin, lo dicho. El asunto que está en cuestión no es una defensa de la lengua inglesa (aunque sea la que hablan en los Estados Unidos). El asunto no es la proclamación soberana del español. El asunto no es una reivindicación del national anthem contra el avasallamiento de un grupo de irreverentes mestizos, cobrizos, oscuros. El asunto no es el anhelo de una cantidad de gentes de origen hispanoamericano de permanecer fieles a su identidad raigal.

Es bastante más sucio que eso y que todo eso junto. Aunque haya pizcas de todo ello.

Pero es uno más de los ejemplos de cómo se presentan las cosas, muy especialmente en nuestros tiempos.

sábado, 6 de mayo de 2006

A terrible beauty is born

Me llega una carta de lectores publicada en un diario de provincia en la que se recuerda el Easter Rising, el gaélico Éirí Amach na Cásca, en la Pascua de 1916, de la que varias veces hablé, especialmente a propósito de Padraig Pearse, fusilado allí.

En el texto de la carta, el autor cita una frase de William Butler Yeats, que es en realidad un verso de su poema Easter, 1916:
Was it needless death after all?
For England may keep faith
For all that is done and said.
We know their dream; enough
To know they dreamed and are dead;
...................................
A terrible beauty is born.

Una terrible belleza ha nacido. Está bien que haya un nombre bello para un acto grande.

Bella cosa decirlo. Bella cosa. De cualquier cosa: una terrible belleza ha nacido.

Rego, -is, -ere, rexi, rectum

La revista Forbes publica en su sección Royals & Rulers una listita con explicaciones de algunas fortunas, precisamente de royals & rulers.

¿Será verdad? No tengo la más mínima idea.

En cualquier caso, la integración de la lista por lo menos prueba algo que yo, particularmente, creo que ya sabía.

Esto es: la monarquía es una de las aspiraciones naturales del hombre.

Tengo que agradecer, sin embargo, la oportunidad que me ofrece la revistucha para afirmar que los monarquismos no pueden ignorar que, sostener conceptual o activamente la monarquía, requeriría un listado de las degradaciones constitutivas a las que ha llegado en estos tiempos -tanto el concepto como los aspirantes-, para todo lo cual la cuestión económica no es un dato accesorio.

No me parece que esté bien ofrecer un producto rutilante como quien hace marketing y no agregar al mismo tiempo en el envase una leyenda que diga: "el producto real que contiene este envase no tiene relación alguna con las características que muestra el envase, que se exhiben solamente con fines publicitarios."

Oiga, ¿y por qué se las toma con los monarquistas y no dice nada de Fidel Castro?

A ver, y por si no fui del todo claro: la monarquía es una de las aspiraciones naturales del hombre. Y no hice distingo alguno sobre el atuendo que elija el pretendiente al trono, o el largo de su barba.

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Me acordé después. En la calle Perú, cerca de la avenida Belgrano, a mano de derecha como quien va para la Diagonal Sur, hay un coqueto restaurante de los del tipo étnico, en una casona vieja-vieja, ambientada posmodernistamente, carito el plato si me preguntan. Se dedica a la comida cubana. Y se llama Rey Castro. Irónica o devotamente, lo identifica una carita pintada del 'comandante'. Para que no queden dudas. No sé si soy claro.

jueves, 4 de mayo de 2006

Vedovella

Me quedó la música de estos versos romanescos:
Piagne la vedovella la vedovanza,
Piagne er marito morto e ar vivo penza.
Sobre todo, la música. Es muy rara y difícil esa música en español. Son doce sílabas. Es un ritmo sumamente tentador, pero desalienta, porque pocas veces sale bien.

Y para todo eso tuve que hacerme un poco de violencia, porque al compás de la música imborrable me sonaba el sabor agridulce y algo cínico -tan italiano- del sentido.
Llora la viudita la viudez, llora al marido muerto y en el vivo piensa.
No voy a negar que, además de lo agridulce, late una tragedia detrás de la sentencia. Tragedia mediterránea también, si uno se fija. No es que la viudita piensa en el próximo.

Dice que la viudita llora. Y no llora solamente su viudez. Llora al marido muerto. Pero. Es verdad: en el vivo piensa.

Discuto un poco con el asunto, sobre todo por el valor universal -y fatal, entonces, diría- que tiene bajo su forma de refrán. Aunque entiendo que no es viuda, sino viudita. Y en algo los pocos años pueden explicar el giro que toma su tristeza. No dice -y hay que prestar atención también a esto- que el marido muerto haya sido viejo, lo que sería muy conveniente para un folletín romántico.

En fin.

Meneamos así cuestiones de los amores humanos. No digo que esté mal resuelto. Tampoco me inclino por la posible condena. Creo que el refrán no lo hace. Está en el filo entre lo descriptivo y lo imputable. Muy en el filo.

Y aunque fuera para desarrollar el punto, si bien no creo que sea cuestión de vida o muerte, no me parece tampoco un asunto despreciable, si uno quisiera hacer una tragedia de este asunto.

O unos versos, cosa siempre posible y tentadora (especialmente, si uno se tienta -y no le importa mucho fracasar- con las 12 sílabas...).

Fresca y en años joven la niña quiere
un mantel y una alcoba, huerto y marido,
un vestido de novia blanco y un nido
donde cocine y ría, sufra y espere.

Tiene la niña en todo su recompensa:
tiene casa y marido, mantel y alcoba...
(Pasa una tarde un mozo y ella se arroba
y la casa del huerto ya no es inmensa...)

(Y en su prisión de dicha la niña aguarda
días que se hacen años, mientras suspira.
Cada tarde la niña mira que mira.
Cuánto espera su paso y el mozo tarda...)

Hasta que un día el luto pinta su puerta
por el marido muerto mientras labora.
Llora la niña el luto; pero no llora
la puerta negra, ahora, que queda abierta.

Y mientras por el muerto quiere estar muerta,
al mozo que vio esa tarde piensa y añora.

Ñata

Algún día habrá que hablar del trabajo enorme que hizo Juan Alfonso Carrizo. Una obra que la literatura argentina tarda en reconocer. Y los argentinos nos demoramos en conocer. Es más fácil el homenaje "seguro" a los consagrados. Uno no yerra casi nunca o nunca. Y encima queda bien.

Desde principios del siglo pasado, Carrizo anduvo caminando el Norte. Primero en sus vacaciones de maestro pobre en Buenos Aires, claro, y después con dedicación mayor. Al fin, las investigaciones de este grandote gordo y moreno catucho (no es despreciativo decirlo en Catamarca, sí en Salta o en Tucumán..., y no les cuento en La Rioja), fueron a parar a sabrosos Cancioneros de las provincias del Noroeste.

En mis años, recuerdo que el insigne tucumano hablaba de él con un respeto que asustaba.

Estoy leyendo unos trabajos sueltos y en varios aparecen sus aventuras y recopilaciones.

Me hizo gracia este relato de una recorrida suya por Salta, del brazo de Juan Carlos Dávalos. Cuentan que no faltaba a baile y reunión donde se cantara "hasta el punto que llegaron a tomarlo ingenuamente por un 'inspector de parrandas'."
Cuando entraba a los bailes -cuenta Carrizo- pedía a los organizadores y guitarreros que hicieran bailar 'gatos con relaciones' para copiar los versos que se decían en esa oportunidad, yo mismo echaba mis relaciones; recuerdo que una vez, en Cafayate, me tocó bailar un 'gato' con una ñata muy bonita y se me ocurrió para mi daño, decirle:

Debajo de su nariz
Se acuesta a dormir la boca,
No puede agarrar el sueño,
por que la sombra es muy poca.

Causó hilaridad mi ocurrencia, pero la muchacha no era lerda y se vengó muy bien, pues me replicó:

De Tolombón hi venío,
En un caballo lobuno,
Hi visto animales gordos,
Pero como Vd. ninguno.

Yo pesaba entonces ciento treinta kilos, lo que era una monstruosidad, y opté por callarme.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Coplas

Sencilla, inocente. Cosa popular. Aparece en una payada y, de ahí para atrás, llega hasta España.

De las preguntas que l'hice
no me contestó ninguna:
¿Cuál es el ave que vuela
más alto sin tener plumas?

lunes, 1 de mayo de 2006

Cara de piedra

En mis épocas de hacedor de diarios -ay, sí...-, los feriados eran de temer. No pasaba nada. Y si pasaba algo a nadie le importaba mucho. 'Parrilla', mucha 'parrilla'. Porque así se llamaba a los 'fiambrines' o notas que dormían en un canasto de alambre, listas para despertar ante la falta de 'material'.

Habrá sido eso lo que les despertó el apetito a los de Infobae para publicar, como si fuera gran cosa, semejante tontera en la tapa electrónica de este primero de mayo, sobre un libro que vio la luz a fines del año pasado.

Se ponen cachondos estos tipos del diario, frecuentemente. El asunto les ocupa espacio y tiempo en sus tapas. Vaya uno a saber de dónde les viene esa 'agenda'.

Ni qué decir de las suposiciones, hipótesis y barruntos de los investigadores de la sexualidad 'prehistórica', fundada en quién sabe cuáles muestras de arte rupestre, que -y si uno no los frena- parece que a sus ojos tienen hasta videos xxx y pornoshops y lencería erótica. Y no digo que los antiguos no tuvieran sus quisicosas en estas materias. Vean, si no, las malasangres que tuvo que pasar Lot tratando de defender a los ángeles en Sodoma...

Todo lo cual me trae a la memoria a un tal Banksy, con el que me topé hace unos días por casualidad. (Es raro, pero en varias notas, y no sólo en ésta, lo llaman Bansky.)

Al fulano británico, entre otros actos de protesta artística, se le da por violar los famosos museos y galerías de arte del mundo para colgar sus manifiestos.

La última de Banksy fue colgar en la sala de arte rupestre nada menos que del British Museum uno de sus manifiestos, esta vez contra el consumismo capitalista, haciendo viajar a la prehistoria un changuito de supermercado y a su correspondiente conductor.

Lo gracioso es que nadie -nadie de nadie- se dio cuenta y el propio tipo tuvo que anunciar su acto 'terrorista' en su propia página.

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ÚLTIMO MOMENTO: a las 11:15 am la información había salido de la cabeza de tapa de Infobae y se había acomodado discretamente en la sección Mundo, columna de la derecha... Lo cual confirma el cumplimiento de la doctrina de la 'parrilla'...

domingo, 30 de abril de 2006

Amor, con h de histocompatibilidad

No es la primera ni la última vez que me ocupo de este asunto.

Simplemente, otro más.

(Confieso que me apasiona la garra que le ponen a estas cosas, la fascinación y la energía científica buscando el gen del Espíritu Santo...)

Incrédulo, pensé que era una nota de The Sun o de Vivir más. O de National Geographic.

Pero el sitio existe, la revista también. Y ella, porque es ella y no él como parece en la traducción del artículo, es una bonita Ph. D. de UCLA, que se ocupa de psicología evolutiva, una especie de rara reivindicación darwinista. Para el que tenga ganas, puede rastrear por la telaraña cuántos papers tiene escritos. Publicar o morir, claro, como se usa en USA.

Muy bien.

Veamos entonces qué científica novedad vieja nos dicen ahora sobre el amor que no es amor, como todo el mundo sabe.

sábado, 29 de abril de 2006

Nihil novum

Leí todo lo que dije el sábado pasado que iba a leer. Con esfuerzo, confieso. Y bastante poco interés.

La producción periodística acerca del Opus Dei que publicó Le Figaro, no me dijo demasiado, finalmente. Aburridas preguntas y sosas sobre cilicios y cuentas bancarias secretas, sobre el poder detrás del poder y la francmasonería. Como aburridas respuestas de catálogo sobre la interna felicidad inmarcesible y una foja de servicios intachable...

Salvo por dos o tres cosas aquí y allá que tal vez valdría la pena comentar. Pero no en relación con la nota en cuanto tal, porque, como creo que ya dije y confirmé leyendo, se trata efectivamente de una producción periodística, sea lo que fuere que cuadrare entender a tal efecto.

Pero, me detuve en una de las notas que hacen el conjunto, en la que contesta el director de comunicación, Arnaud Gency, por ejemplo.
Tous les membres s'engagent à «vivre l'esprit de l'Opus Dei», et à faire ce que le Prélat demande. Les numéraires, qui représentent entre 20 et 30% des effectifs totaux, s'engagent pour leur part à vivre le célibat apostolique, à travailler et à aller où l'Opus Dei le leur demande, ainsi qu'à demeurer disponibles pour les tâches apostoliques de l'Oeuvre ; cet engagement n'est définitif qu'au bout de 6 années et demi. Il peut être à tout moment rompu, mais cela signifie que l'intéressé rompt aussi tous liens avec l'Opus Dei.

Me pregunto si esto es así exactamente y si pasa en otras congregaciones u órdenes o institutos de este tipo, si bien es cierto que otras instituciones carecen de esta figura del numerario. Me gustaría saber cuál es el fundamento para esa medida. Porque en realidad no se me ocurre ninguno. Como no se me ocurre nada respecto de la existencia de un director de conciencia, laico, para más datos.

La respuesta a esta otra siguiente pregunta me suscitó a su vez otras:
On vous considère au mieux comme une institution «très conservatrice», au pire comme «intégriste». Et dans les deux cas, hostile à Vatican II. Que répondez-vous là-dessus? Quelles sont vos réticences -si vous en avez- à l'égard des modifications entérinées par ce concile?

C'est peu dire que nous sommes «pour» Vatican II. En fait, nous «sommes» Vatican II. Il y a même eu un pape, je ne sais plus lequel, Pie XIII peut-être? qui avait remarqué qu'Escriva était une sorte de précurseur de ce concile. Vatican II, c'est la modernité: l'importance du rôle des laïcs au service de l'Eglise, la mission universelle de l'Eglise, une nouvelle façon pour l'Eglise d'aller vers le monde sans rien renier de ce qui la fonde depuis 2000 ans. Exactement ce que nous sommes : une institution composée à 95% de laïcs, un diocèse universel, une fidélité totale à nos 2000 ans de tradition, auquel s'ajoute la liberté de conscience puisque certains de nos coopérateurs ne sont même pas catholiques. Plus modernes que nous, ça n'existe pas! Et c'est bien ce que certains nous reprochent? à commencer par les intégristes! Il suffit d'ailleurs de consulter ce qu'ils écrivent sur nous dans leurs sites internet pour s'en rendre compte. Quant à ceux qui nous qualifient d'intégristes, ils font sûrement référence à notre attachement aux 2000 ans de tradition chrétienne, ce que d'aucuns appellent «l'ordre moral». Nous sommes «une Eglise dans le Monde» mais certes pas une «nouvelle Eglise», voilà ce que les progressistes nous reprochent.

Entiendo -creo que entiendo- estas 'diferencias' entre integristas y progresistas, ese tironeo del cristianismo, como creo que entiendo la razón y la sintaxis de estas distinciones que Arnaud Gency formula aquí en favor del Opus Dei.

No entiendo sin embargo la necesidad de enfatizar Plus modernes que nous, ça n'existe pas! O eso de que Vatican II, c'est la modernité...

Puede ser una necesidad dialéctica del que responde acusaciones de tradicionalista, cuervo, ave negra, troglodita, conservador y esas cosas, y para sacarse de encima el mote de integrista (del mismo modo que tiene que sortear la excomunica de ser progresista...; claro que, por otra parte, me parece un error poner el acento en el aspecto moral, aunque pueda entender que sea un punto importante para la forma de ver la teología de la institución.)

Parece -y el que constesta lo hace parecer- que la modernidad en sí fuera algo necesario y que no hay modo de perdérsela. Y eso porque es modernidad, un valor en sí. Y otro tanto con el Vaticano II.

Como si dijera que alguien se propusiera ser lo más progresista que pueda ser siendo conservador. O a la inversa, lo más conservador que pudiera ser siendo progresista.

Términos resbaladizos y al final falsos. Existe el conservadorismo, existe el progresismo, existe el integrismo y existe el liberalismo, existe el tradicionalismo y existe el 'moderadurismo' (acabo de inventar la palabra, no discuto su fealdad, pero como designa una cosa bastante fea...)

Ahora bien, existe el cristianismo también. Es decir, distinto de aquellas otras cosas. Radicalmente distinto. Otra cosa.

Se es tan conservador o progresista, tan tradicionalista o liberal, como el cristianismo se lo permita a uno. O como el cristianismo se lo exija a uno. Y punto. Cosa difícil, claro. Pero más difícil aún porque eso no depende tanto de lo que quiere decir modernidad o tradicionalismo (siempre llenos ambos de quisquillosos codicilos), sino de lo que quiere decir cristiansimo.

Lo cual me lleva al autoreportaje del arzobispo Carlo Martini.

¿Quiere saber el director de comunicación del Opus Dei-Francia quién viene ganando la punta en aquello de Plus modernes que nous, ça n'existe pas!?

Pues: Carlo Martini, muchacho. Y eso termina pasando así porque ser moderno no sirve como medida. Es radicalmente movedizo. Siempre habrá uno adelante. Y si la lógica es seguir a la modernidad (aunque fuere que sólo lo afirmo dialécticamente para que no me digan integrista), habrá que seguir al más moderno. Y guarda, amigos, porque no necesariamente el más moderno puede resultar el más cristiano. Y me da vergüenza decir algo tan obvio como su opuesto de que no necesariamente el más conservador resulta el más cristiano.

Hay un equívoco curioso en el que incurren tanto el vocero del Opus Dei como Martini respecto de la permanente actualidad del cristianismo. Solamente forzando las palabras resulta actualidad y modernidad la misma cosa. Y no por prurito de exégeta minucioso. Si tengo que resignar lo que las palabras significan y lo que significan aquí y ahora y dichas por quién..., entonces, mejor apago y nos vamos.

Por donde llego a la conclusión de que nihil novum sub sole.

Y para pensar en el sacerdocio, que era de lo que venía hablando, tendré que rumbear para otros lares.

Ogni aceto fu vino y da dolor

Me quedé pensando en eso de que primero fue vino el vinagre.

Y en el revoltijo que son las ideas hasta que no se hacen una síntesis, un verso, una intuición o algo más claro, ese aforismo se empecina en juntarse con unos versos de Manrique (será porque lo cité hace unos días...)
Cuán presto se va el plazer
como después de acordado, da dolor...
Vaya uno a saber por qué. Me parece que en algún sentido pueden ir juntos, sí.

El dicho romanesco -y más viejo aún- no dice exactamente lo mismo que el hallazgo de Manrique, de sabor a Eclesiastés.

Y convengamos en que el asunto del placer que acordado da dolor no es asunto fácil de abrir. Hay un entendimiento casi trivial, pero verdadero también, si se entiende que todo placer es apenas un apunte del cielo; un esbozo que, por fuerte que resultare, siempre es pálido.

Medida con el hambre, cualquier felicidad es poca comida. Aquí, por cierto. En este tiempo nuestro. Pero hay algo, con todo, en esa sentencia con aires de universalidad, que no me deja del todo conforme. Tal vez no haya dicho Manrique que el placer de suyo da dolor. Como no es verdad que si bien ogni aceto fu vino, valga la inversa y ogni vino sará aceto. No. El vino puede ser placer y allí terminar, bebiéndoselo uno, y jamás llegar a acidularse. Y no dar dolor alguno, salvo de cabeza si uno empina de más.

Salvo, claro, que entendamos que el dolor no viene directamente del placer, como de su causa, sino del hambre de placer que cualquier placer no llega a colmar y que no puede colmar, pues no hay suficiente contento nunca. No aquí y en ninguna cosa. Hasta que haya. Y entonces habrá. Pero no aquí.

No pudo haber querido decir Manrique -espero- que de suyo el placer da dolor, una vez acordado. Porque eso no es verdad.

Por donde llego a la conclusión de que es hasta casi diría más prudente el romanesco que se limita a celebrar el vino, aunque en su propia insuficiencia deje de ser vino -librado a solamente si mismo-, y que no condena el vino porque en tales condiciones se vuelva aceto y mucho menos porque fatalmente habrá de volverse vinagre.

Recuerda el romanesco que el vino es bueno y no niega que en el tiempo pueda devenir ácido. Mientras Manrique enfatiza allí la insuficiencia, la mudanza y la temporalidad de los placeres, asunto derivado del tempus fugit, y emparentado con el ubi sunt? y tópicos de esta suerte. Aunque tampoco estaría tan mal entender allí una celebración algo paradojal de las alegrías.