miércoles, 22 de noviembre de 2006

Sir Chucuchú of Wales

Lo que son las cosas...

Propiamente almas gemelas.

Yo también dejé el Jaguar y el Rolls, abandoné el jet y el helicóptero y hasta la bici, dejé; y ya ni siquiera me dan ganas de caminar...

Cómo no: ¡Everybody al tren!

Es más, y para que vean: ayer mismo volví al pueblo subido al techo del vagón; ahí nomás saqué mi vianda Duchy (siempre va conmigo: pan, embutidos, comidas preparadas, galletas y mermeladas) y, leyendo además la vida del Avispón Verde, llegué de lo más pancho...

Carta abierta a Alejandro Rozitchner sobre sus nociones de educación, moral, historia, buenavida, periodismo, cultura, deseo, et cætera

Estimado señor:

O el papel de revistas devino gratuito o filosofía se volvió sinónimo de demagogia o usted me está tomando el pelo.

Atentamente,

Su seguro servidor.

Es claro

No es tan difícil de entender, me parece.

Es algo que hasta el cristianismo podría entender, si no fuera esa falsificación de cristianismo que el cristianismo que es el cristianismo que no es ha hecho del cristianismo que es pero no es, siendo el que es sin serlo.

A ver.

Por última vez, y bien sencillo y que ya no haya que decirlo más:
El cristianismo no es el cristianismo sino que el cristianismo ha hecho un cristianismo que no es el cristianismo que el cristianismo es, sino un cristianismo que el cristianismo no es, por culpa del cristianismo que ha ocultado el cristianismo para que el cristianismo sea el cristianismo que no es, siendo el cristiansimo que es cristianismo pero distinto del cristianismo que no es el cristianismo que no es cristianismo, de modo que hay un cristianismo y dos cristianismos pero uno es un cristianismo que es cristianismo distinto del cristianismo y otro es cristianismo distinto del cristianismo que es cristianismo. Y todo eso pasa porque Judas no es Judas, sino que es Judas que no es el Judas que es Judas, sino un Judas que es Judas distinto del Judas que es Judas, pero no es. Y porque la sexualidad de María Magdalena no es de María Magdalena, sino que es la sexualidad de una María Magdalena que no es la María Magdalena de la sexualidad que no es sino la de la que es más allá de que sea la que es y porque no es ni sexualidad ni de María Magdalena, porque la sexualidad no es sexualidad en el sentido en que se dice que la sexualidad es la sexualidad de María Magdalena. Y tampoco hay que decir que María Magdalena es la María Magdalena de la sexualidad que no es, porque es otra María Magdalena que no es y es.

Está claro.

martes, 21 de noviembre de 2006

Julia Flyte

Charles Ryder -en medio de un capítulo dedicado completamente a ella- recuerda el relato de Julia Flyte sobre su fallido matrimonio con Rex Mottram, una conversación de casi todo un día, a los bandazos a bordo del barco que los lleva de América a Inglaterra. Bandazos del barco sobre el mar y de las vidas sobre el mundo.

Una escena memorable en Retorno a Brideshead, sin duda de las que más me gusta de la novela.

Un fragmento apenas para mostrar cuántos temas hay en pocas líneas y cuántas líneas se cruzan en un solo tema.
Fue una boda muy, muy impopular ¿sabes? Todo el mundo simpatizaba con mamá, como siempre, aunque eso no le sirviera de nada. Durante toda su vida mamá ha despertado la simpatía de todos, menos de aquellos a quienes ama. Todo el mundo decía que yo me había portado de una manera abominable con ella. Total, que el pobre Rex descubrió que se había casado con una paria, exactamente lo contrario de lo que se había propuesto.

Así que, ya ves, desde el mismo principio las cosas no empezaron con buena estrella. Empezamos con un mal de ojo pesando sobre nuestras cabezas. Pero yo seguía loca por Rex.

-Cuesta creerlo, ¿verdad?

-El padre Mowbray acertó en seguida con respecto a Rex; a mí me costó un año de matrimonio comprenderlo. Pura y simplemente le faltaba algo. No era en absoluto un ser humano completo sino un trocito de ser humano, que se había desarrollado de una manera extraña, poco natural; como dentro de una botella, como un órgano mantenido vivo en un laboratorio. Yo creía que era algo así como un salvaje bueno pero me equivoqué; era algo absolutamente moderno y al día, que sólo esta época espantosa podía producir. Un trocito muy pequeño de hombre que juega a ser un hombre entero.

Bueno, todo eso ha terminado.


Me contó todo esto diez años más tarde, durante una tempestad en medio del Atlántico.

Está en el capítulo segundo del libro segundo.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Pilósofo (*)

Como en el texto dice el propio autor, Alejandro Rozitchner, que él es filósofo, habrá que tratarlo como propone que se lo trate, es decir filosóficamente. En el sentido vulgar, digo, al menos. 'Tomátelo filosóficamente', digamos.

Vayamos por partes, entonces.

Primero leer atentamente, con calma.

No todos los modernos o posmodernos piensan exactamente lo mismo respecto del asunto. En realidad, el asunto parece ser primero la educación. Sin embargo, es el disparador para poner en cuestión el cielo y la tierra. Lo cual no me parece del todo mal. Si estuviera bien.

Pero.

Con calma, filosóficamente.

Por lo pronto, y mientras vamos leyendo, creo que debería abordarse este ensayo con dos coordenadas hermenéuticas a la mano.

La primera, el obsesivo peso que parece tener el paso del tiempo en la concepción rozitchneriana.

La segunda, la probable confusión -indigna de un filósofo, creo- entre lo que pasa y lo que es. Y cuánto de lo que es hay en lo que pasa. O no. Y así.


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(*) 'Pilósofo', sí. Con 'p'.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Rap de Rep

Esto que dice -sugiere, insinúa, alude- Rep ya estaba -si no leí mal-, y entre otros lugares, en aquel libro sobre Rodolfo Galimberti. Y en la historia, seguramente. En la historia como fue.

Después de todo, por qué no, hay mitologías cómplices. Y ya que viene a cuento, tal vez cosas como la Revista Humor pueden ser una de ellas.

Habrá que revisar la historia alguna vez, otra vez, mal que le pese a los revisionistas de los revisionismos. Y revisarla mejor. No al modo de la quisquillosa rayuela de stalinistas vs. troscos, o de moscovitas vs. pekineses, o de titoístas vs. albaneses, o al modo de la reivindicación de la escisión de la escisión del ejército popular de los verdaderos populares...

Para lo cual se necesitará mayor agudeza -y coraje- que la agudeza de los agudos y el coraje de los corajudos. Si eso se puede. Si acaso. Y me da que no les hace falta a los deudos.

Hay un pasaje allí, en la recensión del libro de Andrés Cascioli, que debe ser un chiste más de los patrones de la revista-nave insignia de la 'resistencia':
Y si resistió, fue en gran medida porque se sintió, antes que nada, protegida por sus propios lectores y comprometida a seguir ante ellos.
Pues una de cuatro: o fue un milagro que sobreviviera (cosa que no sé si es palabra y cosa canónica en esos parajes...); o los milicos comechicos y omnipotentes eran unos mantequita que no podían por un cagueloso temblor de rodillas cerrar esa revista (y hubiera sido, después de todo, una más de todas las que cerraron en aquellos años, a derecha e izquierda, por derecha y por izquierda, y eso por hablar solamente de las revistas...); o la revista gozaba de un apoyo popular tal que hacía imposible cerrar semejante faro valiente (claro que apoyo semejante se ve que no alcanzaba para frenar más que un decreto de cierre de la revista Humor, cosa por lo menos curiosa, si vamos a ver...); o, también posible, se les pasó a los perspicaces y suspicaces guardianes de la antisubversión semejante cosa tan importante y grande, como esta muralla china de la cultura alternativa.

Habrá que ver qué mitología es la más conveniente, la más funcional al mito de la resistencia. Y habrá que mirarla bien. Para entenderla primero.

Y habrá que ver la resistencia de qué a qué. Y de quiénes a quiénes y por qué.

No es tan sencillo como los dos demonios. Ni tan sencillo como la pureza de sangre del anticomunismo de los anticomunistas. Ni tan sencillo como el patriotismo o la filantropía de unos y de otros. Ni es tan sencillo como el mito de la generosidad del militante heroico.

No es Boca-River.

Ni River-Boca es limpia pasión y camiseta.

En aquellos años, dicho esto rápidamente y a modo de simple ejemplo, los militares argentinos, pedisecuos de Mc Namara y la seguridad nacional de las multinacionales de la inteligencia macartysta, le decían dos veces que no a los EE. UU.: ante la invasión a Afganistán, en el '79, desconocieron los embargos y aumentaron sus exportaciones a la URSS y a los países del Pacto de Varsovia y sus alrededores. Durante la larga crisis de los rehenes en Irán, entretanto, tampoco 'obedecieron' el embargo de Carter y le vendieron granos a la revolución islámica de Khomeini.

Seguramente, Martínez de Hoz temía la resistencia popular argentina, o la presencia de la revista Humor. O había estado cambiando de bando y nadie se dio cuenta. O tal vez la militancia que resistía en la revista Humor salió indignada a arruinarles los negocios. O a sugerirles un negocio. O no les arruinó nada. O el negocio es el negocio. O quién sabe qué.

En fin, de todas esas cosas debe saber Rep más que yo, porque, además, el que está hablando de lo que él llamaría la sangre de sus muertos es él... Aunque no se dé cuenta.

Gregorio 0 - 3 (Lesson two: the defeat)

El caso es que Gregorio pasó de ronda, a la serie de ganadores. En el primer partido se comieron 3 goles.

Probablemente, se trata de un equipo de 'primera fase'. Probablemente, jugaron hoy contra el preferido de Grondona (je, je...)

Habrá que ver. Lo interesante, con todo, fue el segundo tiempo. Y la espantable tenacidad de Catedral -así se llama 'nuestro' equipo-, que más perdía, mejor jugaba. Una ecuación que difícilmente vuelva a darse en la vida, me parece, salvo que a uno se le hiciera hábito la siembra, sin desorden en el apetito de cosecha, cosa que ni el capitalismo ni la revolución pueden hacer (lo que prueba que lo que le hace mal al fútbol es que Maradona hable del Che y que la AFA exista...)

Esta vez solamente hubo alfajor, porque no había el puesto de los helados. Gregorio, imperturbable y ajeno al resultado, casi diría ajeno al fútbol mismo, jugó su mejor partido hasta ahora. La tribuna lo aclamaba y creo que estamos todos de acuerdo en que se le aplaude 'su permanente búsqueda y contacto con la pelota', me sentenció solemnemente un padre 'hipertecnificado'. La calidad del contacto, es otro asunto, pensaba yo. Los padres dicen que juega bien. Yo sé la verdad. Quieren decir que se mata jugando. Aunque ellos no lo sepan o no tengan ese concepto en su diccionario.

Mientras saludaban a los contrarios y mordisqueaba su pitanza, le 'pesqué' un fragmento de diálogo con un 'colega':
- Qué partido, qué lástima. Vos jugaste bien..., le dice su compagno que tiene muy buen dominio del balón.

- Parecía que iba a llover esta mañana, ¿no?
, contesta Gregorio, ¿mirá si llovía? Si llueve lo suspenden, ¿no?
Al final, caminábamos hacia la salida mientras miraba los colores de las camisetas de otros equipos y hacía sus comentarios estético-deportivos. Entonces, me preguntó a repetición:
-¿A qué hora es la comunión de Ana (su hermana inmediata mayor)? ¿De ahí nos vamos al casamiento (de una de sus primas y madrina de Ana...)? ¿A qué hora juegan los chicos (por dos de sus hermanos mayores, que jugaban al rato)? ¿Puedo ir a ver el partido de los chicos (en la otra punta del pueblo...)? ¿A qué hora jugamos mañana (por suerte a la tarde..., bien tarde, Gregorio, después de una siesta reparadora, que está claro que él parece no necesitar)?

Y listo.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Versos de sombra y silencio

Estaba quieta, fría y soleada la tarde. Muy bonita, la tarde.

Para poesía, por ejemplo. Y encontré en unas antologías dos poemas gallegos.

Las traducciones no son buenas. No valen la pena. Y en galego van muy bien.

No se conocieron los poetas.

Ella no llegó a los 50, él no llegó a los treinta.

Parecen vidas llenas de sombras y silencios, las dos.

Versos do meu silenzo

Ollos na noite pensantes
os das estrelas lonxanas,
que ennovelados nas tebras
tráenme a túa lembranza.

Antr' o agarimo da lua
salouca o meu corazón
que añora a surrisa túa.

Por camiños de luceiros
enfondados na distancia,
a túa voz sinfoniza
os ecos da miña alma.

Estou a pensar en tí
e nas miñas mans saudosas
ate o mesmo delor rí.

Baixo a pregaria oxival
do zarco mar dos teus ollos,
afóganse as miñas verbas
que van pousar no teu colo.

Tan outo cal un luceiro,
porei o meu corazón
pra que alume o teu vieiro.

Luís Amado Carballo


Negra sombra

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Rosalía de Castro

Shershelafam

Para el desfile de modelos, Francia.

Mujeres al poder, oui..., y van...

Señoras y señores: Ségolène Royal (je, el verdadero nombre, que usó hasta los 25 años, era Marie Ségolène Royal... ah, pícara...), nunca taxi, flamante candidata por el socialismo francés a las elecciones 2007 (*).

Ingenioso eso de que se opuso al matrimonio homosexual... porque está en contra del matrimonio.

Déme dos, silvuplé.


(*) La versión française trae suculentos entremeses.

King Lion

Por lo pronto, llamar a un gurú revolucionario 'el rey León', merece tal vez algunas horas de diván y la visita obligada -para un examen de lenguaje- al comisariato político sinistro...

Qué cosa.

En fin, es lo que pasa cuando, iconoclastas y todo como son, y en reemplazo de otros santos, los revolú levantan altares a sus propias entidades: hay que bancar..., no importa cómo, hay que bancar...

Aunque su valoración de Bob Dylan es un bocadito de dulce de leche, lo que me impresionó de veras es la disciplina racional económica de este muchacho.

La piratería burla el capitalismo discográfico. Una especie de guerra de guerrillas, digamos, con una luciérnaga en una lamparita de papel de arroz en la espalda, digamos. Bien. La piratería se industrializa y se hace empresa discográfica pirato-capitalista. ¡Ups! Se industrializa la guerra de guerrillas. La internacional pirata capitalista. Qué problema.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Jacarandá

Está bien que hoy llueva, mucho.

Que el cielo esté gris. Acero. Plomo. Hierro.

Está bien.

Y que en medio del cielo gris de la historia (y de las historias), del mismo color de las historias grises, y de la historia gris mirando corto, está bien que haya un jacarandá, dos.

Cientos.

Con la historia gris, acero, plomo, hierro, de fondo.

Aunque sea el gris del alma y de la tristeza del alma.

No importa.

Porque el gris le queda bien al jacarandá. Y hace que las dos cosas tengan un sabor mejor. El gris. El jacarandá. Los grises. La historia. Las historias. El jacarandá.

Todas las historias (toda historia) tendrían que tener hoy un jacarandá en contraste.

Como la miseria y el sol de Albert Camus.

Cero a la izquierda

Tiene que haber gente que sepa de filosofía, no dije más que yo. Sino que sepa de veras. Como hay peritos en ucacidades y asuntos eclesiásticos. Como tiene que haber gente que sepa de política nacional e internacional.

Como que seguro hay sabios de matemáticas y proporcionalidades y esas cosas importantes.

Lo que es yo, me las arreglo bastante mal en todo esto. Lástima.

Ahora bien.

Si me preguntaran -y nadie quiere saber qué pienso, claro, siendo tan bruto...- yo diría que Néstor Corona es a Jorge Bergoglio (vía Alfredo Zecca), lo que Luis D'Elía es como si dijéramos a Hugo Chávez (vía Néstor Kirchner).


No tanta risa: ya dije que soy muy bruto para las matemáticas...

lunes, 13 de noviembre de 2006

Sta Cunfraterna indispensevule...

Hay felicidades, no crean.

Por ejemplo.

Gregorio -con la alegría inarrugada- empató el domingo un partido 'chivo' y ganó otro el sábado, con holgura. Su desempeño es idéntico a sí mismo: sudor y garra.

¡Bravo, chico!

Ya el viernes, por otra parte, había entrado con música. O salido, por mejor decir.

La hija mayor me invitaba a un concierto donde cantaba con su coro y otros muchos, todos factura del mismo director local, a quien se le homenajeaban sus 30 años de música con ese concierto.

El domingo, mientras, llegó con su canasta llena de misterios.

(Todo domingo hace lo mismo, después de todo... Pasa que a veces se nota de un modo que no podemos esquivar...)

Entre otras mirabilia, bien que menos tangibles, como hilo de agua fresca en la montaña bajaron a mis manos al anochecer unos 11 discos todos grabados en un solo compacto.

Lo común a todos ellos es que Marcel Pérès está detrás de cada uno, de un modo u otro, dirigiendo, asesorando. Admiro la obra de este hombre, la paciencia para recopilar y armar ensambles -como Organum, por caso, el intérprete de casi todo en el regalo-y grupos corales para rescatar la música antigua. Muy antigua, vieran si no.

Al final, la sorpresa mayor llegó como con sordina. Entre las horas y horas de cantos, de pronto aparecieron mis preferidos: los extraordinarios corsos de la Cunfraterna di a pieve di a Serra.

Hay allí en el regalo un album completo de estos chantres: Laude.

Hay felicidades, sí. Laudemus.

Esta vez se lo debo a Patricio. Y me lo dio como de paso...

¡Bravo por ti, chico, anche...!

Listo.


No, momento...

Antes de irse, oigan un poco de esta voz di Corsica, hablando -en dialecto- sobre la Cunfraterna:
L'attaccamentu prufondu di i corsi pè e tradizioni religiose è l'azzioni di pietà ch'elli intraprendenu sò cunnusciuti. I canti sacri interpretati da e differente cunfraterne di a nostra isula sò tante testimunianze chì si perpetueghjanu dipoi seculi è seculi. A Cunfraterna di a Serra accumpagna a maiò parte di e manifestazioni religiose. Grazia à a vuluntà di certi cantori paisani, st'associu ci permette di riscopre i canti di a Pieve di a Serra. Sta cunfraterna privilegeghja un scambiu di riflessioni duve, per via di a fede, parechji temi in lea cù a sucietà sò sviluppati. In fatti, al di là di a sperienza musicale, st'intrapresa hà una dimensione umana indispensevule à ogni dimarchja spirituale.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Amigos y vasallos del Dios omnipotente

El santoral, para hoy, pone en primer término a un mártir de la iglesia católica en Lituania, allá por el siglo XVII: san Josafat.

Pero inmediatamente después está san Millán y su fiesta. Emiliano vivió más de 100 años a caballo de los siglos V y VI. Ermitaño cenobita, párroco fallido de Berceo -fallido por 'demasiado' caritativo, dicen-, anacoreta, piadoso, milagroso. Y pensar que su maestro, Félix, quiso enseñarle el Salterio y apenas si llegó al Salmo VIII...

Alrededor de sus lugares crecieron siglos más tarde algunos monasterios. El más notable fue el más antiguo y famoso San Millán de la Cogolla de Suso (es decir, de arriba); el otro, de Yuso (o de abajo), es posterior.

En el primero, inmenso lugar de monjes benedictinos, es donde se encontraron las famosas glosas a un texto latino, del siglo X, con las cuales da inicio oficial una serie de formas de hablar entre las que se cuentan el navarroaragonés, el paleocastellano y hasta el euskera.

Allí vivió en el siglo XIII el simpático monje Gonzalo de Berceo, aquel de los Loores y los Milagros de Nuestra Señora (también escribió una vida de su patrono monástico), aquel poeta de los versos alejandrinos como surcos vistos desde un tren a la carrera...

Hasta no hace muchos años, San Millán compartía -no sin debates y protestas, de un lado u otro- el patronazgo de España con el señor Santiago. Nada menos.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Cristina con 'C' de Clinton

En medio de la guerra fría, y después del grito insurgente de los '60, en los '70 -ventajas de acordarse, ¿vio...?-, había una frase: El mundo gira hacia el socialismo.

En el seminario menor, un converso de no me acuerdo qué a qué -creo que se llamaba Speron- mostraba, con una pastosa mediosonrisa satisfecha, un mapamundi en las clases de 'Educación Democrática' con el que exhibía la 'marea roja' como reguero por los continentes. En aquellos años, no había remeras guevarinas, y Ho Chi Minh era el santo patrono de la derrota del capitalismo...

Thatcher y Reagan, en los '80, no oyeron la frase, se ve. O eran tan brutos que ni se dieron cuenta. Y el mundo viró más bien hacia el neoliberalismo salvajón y petulante; se cayó el muro, por ejemplo, y Menem privatizó como si estuviera drogado, a troche y moche. La izquierda guapa y corajuda comme d'habitude se mandó a guardar; mariconazos, aunque dicen que aplican las enseñanzas de Mao Zedong (eso de los pasos pa'atrás...); y en un acto de valentía doctrinaria le dejaron la economía a los poderosos y usaron una vez más a los damnificados como materia prima (como suelen, porque son esa clase de maricones que necesitan munición humana para hacer la revolución...)

Muy bien.

Todo esto, simplificando, digo, que para lo demás están los sociólogos, teólogos y demás 'ogos', con sus reivindicaciones y martirologios de poster de casa de retiros, esos que ponen caras beatíficas y voces melífluas para decir que quieren justicia social para construir el reino (con minúsculas, no los vayan a confundir con el catecismo a secas...)

Total que pasaron cardúmenes de cosas, en un sentido y en otro, mientras tanto.

Y pasarán. Años para verlo y paciencia para mirarlo...

Summa brevis actualis: Blair (sí, Blair, el socio del gendarme Bush, ¿qué pasa? ¿o no recuerdan el sonsonete de triunfo laborista cuando los tories perdieron...?), y Chávez, y Lula, y Kirchner y Tabaré, y Lagos-Bachelet, y Prodi-D'Alemademocraticodisinistra, y Rodríguez Zapatero, y la socialdemocracia alemana, y López Obrador, y Ollanta Humala, y Daniel Ortega, y el Evo Morales y... siguen las firmas, le han hecho a algunos desempolvar las viejas glorias de que 'el mundo vira a la izquierda...'

No va Hilaria Clinton y arrasa en Wall Street y entonces un aire progresista sopla el viento en las viejas banderas...

Tanto que llegó incluso a levantarle coquetamente la pollera a Cristina Circhner-Klinton que se mira en el espejo y se ve rubia y de Arkansas. Tal vez incluso cornuda, como para empatar del todo, pienso. Hay, claro, una corte de chupamedias que le gritan al oído (traspasando las capas de botox...): 'es tu hora, Américalatina...'; o 'sos la piba Hilaria de La Plata...'

No.

Ni borracho (de cocteles) que estuviera me lo pienso tomar tan en serio.

Ni a siliconvaley, ni a la granmanzana, ni a camilotorreslandia.

No, señores míos. No.

No importa mucho si antes la nave escora un cachito a babor y otro poquitín a estribor. Son huevas y pijadillas históricas. Importan lo que importan, ni un miligramo más que eso.

Porque el mundo va hacia la Parusía, nabos.

Nociones unidas

En esto hay miga. Un festín para hermeneutas. Si puede mantener la vertical, atrévase. Si es un loquito, absténgase. Esto es para hombres...

La legislatura de la ciudad de Buenos Aires apela a la ONU y declara un (¿¿¡¡!!??) día para celebrar-conmemorar-imponer-sugerir la libertad religiosa.

Ándele, pues.

Celo espiritual de la ONU y de la humanidad (de cocteles). Y ahora de los porteños.

La legislatura fundamenta sus legislaciones cívicoreligiosas cósmico-citadinas, entre otras fuentes, con la siempre discutida declaración sobre libertad religiosa del Concilio Vaticano II.

Y dicen que dice que:
...la Declaración de la ONU es heredera de la mejor doctrina pastoral en la materia, como es la 'Declaración sobre la Libertad Religiosa' del Concilio Vaticano II, promulgada el 7 de diciembre de 1965 bajo el nombre 'Dignitatis Humanae'".
Órale, mano...

Pero, digo yo: ¿qué parte exactamente de la declaración Dignitatis humanae suscriben? ¿Cuál parte inspira a la ONU? ¿Toda la doctrina de la declaración? ¿La leyeron toda?

Dice Miguel Hernández...

A María Santísima

(En el misterio de la Encarnación)

Hecho de palma, soledad de huerta
afirmada por tapia y cerradura,
amaneció la Flor de la criatura
¡qué mucho virginal!, ¡qué nada tuerta!
Ventana para el Sol ¡qué sol! abierta:
sin alterar a la vidriera pura,
la Luz pasó el umbral de la clausura
y no forzó ni el sello ni la puerta.
Justo anillo su vientre de Lo Justo,
quedó, como antes, virgen retraimiento,
abultándole Dios seno y ombligo.
No se abrió para abrirse: dio en un susto
(nueve meses sustento del Sustento)
honor al barro y a la paja trigo.

(En el día de la Asunción)

¡Tú!, que eras ya subida soberana,
de subir acabaste. Ave sin pío
nacida para el vuelo y luz, ya río,
ya nube, ya palmera, ya campana.
La pureza del lilio sintió frío;
y aquel preliminar de la mañana
aire ¡tan encelado! en tu ventana,
sin tu aliento y olor quedó vacío.
¡Todo te echa de menos! ¿Qué azucena
no ve su soledad sin tu compaña,
ve su comparación sin Ti en el huerto?...
Quedó la nieve, sin candor, con pena,
mustiándole el perfil a la montaña;
subiste más, y viste el cielo abierto.

(En toda su hermosura)

¡Oh Elegida por Dios antes que nada;
Reina del Ala; Propia del zafiro,
Nieta de Adán, creada en el retiro
de la Virginidad siempre increada!
Tienes el ojo tierno de preñada;
y ante el sabroso origen del suspiro
donde la leche mana miera, miro
tu cintura, de no parir, delgada.
Trillo es tu pie de la serpiente lista,
tu parva el mundo, el ángel tu siguiente,
Gloria del Greco y del Cristal Orgullo.
Privilegió Judea con tu vista
Dios, y elegió la brisa y el ambiente
en que debía abrirse tu capullo.



Y yo no tengo nada que agregar. Ni me atrevo. Salvo decir que ni me atrevo...

jueves, 9 de noviembre de 2006

Cobardías y astringencias

La culpa la tiene fin de año, en parte, con su agenda estúpida de agasajos y festivales de los buenos propósitos venideros (que muchas veces significan: "este año, definitivamente, no...")

También el hecho de que cuestiones mundanas y sociales, y hasta dizque laborales, me zamarrean y me arrojan a salones y perfumes, canapés y mesas floridas, champanes y aperitivos.

Por eso.

Hay un texto que siempre me es de mucha ayuda, como una jaculatoria, casi. Es uno de Chesterton en Aspectos del nuevo Londres y la más Nueva York, de 1932, que son el acopio de reflexiones después de su segundo viaje.
La cobardía de los cocteles

...Esto es indigno de una generación que se envanece de ser sincera y valerosa. En el segundo aspecto, es indigno de una generación que se envanece de mantenerse en forma mediante el tennis, el golf y toda suerte de atletismos. ¿Qué valen estos atletas, con todo su atletismo, si no pueden procurarse una cosa tan corriente como el apetito natural? La mayor parte de mi trabajo es, no me atreveré a decir literario, pero por lo menos sedentario. No hago nunca otro ejercicio que pasearme y arrojar estacas y jabalinas en el jardín. Pero nunca necesito nada que me abra el apetito. Nunca he necesitado un vasito de ron para decidirme a salir de la trinchera para arrostrar los mortales peligros del almuerzo.

Considerándolo harto racionalmente, ha habido una decadencia y degradación de estas cosas. Primero fueron los viejos tiempos en que se bebía, que son siempre descriptos como más sanos. En esos días los hombres trabajaban o jugaban, cazaban o apacentaban, araban o pescaban, y aun, a su ruda manera, escribían o hablaban, aunque sólo fuera por expresar los simples espíritus de Sócrates o de Shakespeare, y luego se embriagaban razonablemente en la tarde cuando su trabajo estaba hecho.

Hallamos el primer paso de la degradación al ver a hombres que no beben cuando está hecho su trabajo, sino que beben para hacer su trabajo. Los obreros solían hacer cola ante las fábricas de cuarenta años atrás y tomar sorbos de whisky puro para poder arrostrar la vida en la fábrica progresiva y científica. Pero, por lo menos, puede admitirse que la vida en la fábrica era algo que exigía algún valor en el que había de arrostrarlo. Estos hombres sentían la necesidad de un anestésico antes de arrostrar el dolor. ¿Qué diremos de los que tienen que tomar un anestésico para poder arrostrar el placer? ¿Qué diremos de los que, ante los terrores de huevos o sardinas con mayonesa, sólo son capaces de gemir débilmente pidiendo aguardiente? ¿Qué diremos de los que han de ser drogados, enloquecidos, inspirados y embriagados para poder comer, como los asesinos para poder asesinar? Si, como dicen, el uso de la droga implica el aumento de la dosis, ¿dónde terminará y en qué punto preciso de frenesí y engaño estará dispuesto un hombre crecido y sano a precipitarse sobre una chuleta y dar su embestida de muerte o gloria contra un emparedado de jamón?

Esta es indudablemente la más abyecta de todas las etapas; peor que la del hombre que bebe por trabajar y mucho peor que la del hombre que bebe por divertirse.

La otra parte de esta misma cuestión es que, mirando y padeciendo estas cosas, se me impone la orilla opuesta y remota: la de cierta astringencia.

Un otro modelo combativo y frívolo, también, porque la frivolidad es antes que nada superficialidad, no sonrisa boba. Y hay superficialidad también en todo determinismo o reduccionismo. Una instancia épica suprema, que no conoce la eutrapelia. Es todo un asunto al que hay que dedicarle más tiempo.

Y mientras voy de mi corazón a mis asuntos, me digo que entre un filantrópico borrachín de salón de luces de hotelucho 5 estrellas y un santón tronante que lanza solamente fulminantes rayos de catástrofe por salva sea la parte, tiene que haber algo en el medio.

Una caricatura de hombre feliz. Una caricatura de hombre virtuoso. Caricaturas. Imposturas de alegría, imposturas de seriedad. Imposturas.

martes, 7 de noviembre de 2006

Alegres penas felices

Casi es un lugar común. O dos lugares comunes.

Uno, el hacer de Chesterton una especie de agente oficial de la alegría frente a toda cosa. Y el sentido de esta percepción la mayor parte de las veces es ambiguo e impreciso. Como si alguien dijera que Chesterton no lloró ni se entristeció jamás por nada y pese a todo. Falso es. Y sin embargo, es verdad que una alegría profunda es algo que no se distingue fácilmente. Resulta más sencillo identificar y enmarcar una alegría superficial, que es la que solemos entender inmediata y cómodamente. Habitualmente con Chesterton se hace esto mismo. El asunto merecería algunos comentarios. Recuerdo ahora un trabajo de un amigo, que alistaba eficazmente los tópicos dolientes del juglar gordo, en esta misma línea que digo ahora, mostrando el valor de la pena en un alegre.

El otro lugar común, y que veo ahora que tiene relación con el anterior, es el de la alegría de Jesús.

Me topé con este texto en México. Es del conocido final de Ortodoxia:
Joy, which was the small publicity of the pagan, is the gigantic secret of the Christian. And as I close this chaotic volume I open again the strange small book from which all Christianity came; and I am again haunted by a kind of confirmation. The tremendous figure which fills the Gospels towers in this respect, as in every other, above all the thinkers who ever thought themselves tall. His pathos was natural, almost casual. The Stoics, ancient and modern, were proud of concealing their tears. He never concealed His tears; He showed them plainly on His open face at any daily sight, such as the far sight of His native city. Yet He concealed something. Solemn supermen and imperial diplomatists are proud of restraining their anger. He never restrained His anger. He flung furniture down the front steps of the Temple, and asked men how they expected to escape the damnation of Hell. Yet He restrained something. I say it with reverence; there was in that shattering personality a thread that must be called shyness. There was something that He hid from all men when He went up a mountain to pray. There was something that He covered constantly by abrupt silence or impetuous isolation. There was some one thing that was too great for God to show us when He walked upon our earth; and I have sometimes fancied that it was His mirth.

La alegría, que era la pequeña publicidad del pagano, se convierte en el gigantesco secreto del cristiano. Y al cerrar este volumen caótico, abro de nuevo el libro, breve y asombroso, de donde ha brotado todo el Cristianismo; y la convicción me deslumbra. La tremenda imagen que alienta en las frases del Evangelio, se alza, en esto como en todo, más allá de todos los sabios tenidos por mayores. Su patetismo era siempre natural, casi casual. Los estoicos antiguos y modernos se jactan de esconder sus lágrimas. Pero Él nunca las ocultó; antes las descubrió a plena cara a todas las miradas próximas, y a las más distantes de su ciudad natal. Algo ocultaba, sin embargo.

Los solemnes superhombres y los diplomáticos imperiales se jactan de disimular sus indignaciones. Él no disimulaba las suyas: arrojaba los objetos por la escalinata del Templo, y preguntaba a los hombres cómo esperaban salvarse de la condenación del infierno. Algo ocultaba, sin embargo. Lo digo con reverencia: esa personalidad arrebatadora escondía una especie de timidez. Algo había que escondía de los hombres, cuando iba a rezar a las montañas: algo que Él encubría constantemente con silencios intempestivos o con impetuosos raptos de aislamiento. Y ese algo era algo que, siendo muy grande para Dios, no nos lo mostró durante su viaje por la tierra: a veces discurro que ese algo era su alegría.
Aunque la traducción use la misma palabra, tal vez no sea casual que Chesterton se refiera a Mirth (de la misma raíz que merry) y no a Joy, como al comienzo del párrafo. Joy es más que Mirth, significativamente, es como la causa respecto de la manifestación. Y se ve que Chesterton no piensa que Jesús ocultara Joy, sino que velaba Mirth. Dice también, al principio de este final, que Joy es el gran secreto del cristianismo y, de ser así, ese secreto no puede haberse heredado sino de Cristo.

Como si dijera uno que Jesús dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. And the Joy. Y yo sé por qué no siempre exhibo Mirth, y más bien pocas veces, si acaso alguna.

Hay que volver a pensar.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Gregorio: 1 - 0

La historia podría llamarse Gregorio, después de todo. A secas.

El asunto es que el sujeto tiene 8 años, nacido un 1º de noviembre. Recibió hace unos días una magnífica pelota de fútbol, regalo de su padrino y a la vez hermano mayor. El presente, con todo, era parte del paisaje que rodea a la fecha de su cumpleaños.

Espléndido.

Hace ya un tiempo, y como además el sujeto está rodeado de hermanas -unas verdaderas brujas, a las que sobrelleva por su bonhomía y ductilidad-, se decidió anotarlo en el campeonato de fútbol del club, que se juega cada año para estas fechas, precisamente. Y eso pese a todos los reparos que hay al respecto, que no son ahora del caso.

Entonces, el sujeto entra en estado de éxtasis social y deportivo algunas semanas antes y su cumpleaños termina durando más o menos un mes, y más, que es lo que dura el campeonato de marras, con sus largas vísperas de acecho gregoriano.

Hay rituales que cumplir, el menos gravoso de los cuales es hacerse de una ficha impresa (o bajarla del sitio del club e imprimirla, tanto da) ; tras ello, debe uno anotarse los compromisos deportivos del sujeto cada sábado y domingo de noviembre (bajándolos también del sitio referido) y llevar un fixture insalvable, hipotecando con la vertical intacta mañanas o tardes de cada día del fin de semana de este mes. No es para tanto, bien mirado. Ahora bien: arrastrar hermanos/as del sujeto al borde mismo del campo de juego no es cosa menor y constituir a la madre del interfecto sobre la raya blanca del outgoal, tampoco es baladí. Una vez allí, todos se entusiasman o hacen que, para cobrar al fin -o intentar cobrar- su esfuerzo en una pitanza de caramelos, alfajores, jugos o sandwiches... Una verdadera peste de interesados y logreros..., que se quedan con las ganas dos de cada tres veces. Menos Gregorio, claro.

El sujeto se levantó ayer sábado circa horas 0630 antemeridianas. Jugaba a las 0930 y debía estar 0915. Su excitación flageló a los últimos rezagados de la noche y a los primeros desvelados de la mañana; entre estos últimos: un servidor.

Un salto temporal nos pone en la soleada mañana del sábado. Hermano del sujeto allí presente: José. Padre y madre, claro.

Sociabilidad de club (hmmmm...), sociabilidad de padres mayoritariamente cofrades ocasionales de team de ocasión -y anual-, también (hmmm... x 2); y algunas otras pocas sociabilidades más genuinas, sí.

Ya calzada su camiseta a estrenar -a cuadros, con los colores nacionales- y el sujeto sale al campo.

Aquí la historia se divide en dos. Aunque puede seguir llamándose 'Gregorio'.

Como pasa en estos casos, uno no puede dejar de ver superpuestas y en perspectiva, dos cosas a la vez. Y una cosa en la otra. Lo visible y significante, y lo invisible y significado.

Una variante sería titular: ¿en lo propio es menester acertar siempre? Y la respuesta en este caso podría ser no, a la vista de las esforzadas dotes del sujeto con balón al pie...

Sin embargo.

No tan rápido, que para medir con tasa de implacable rigor, ya están las policías morales, culturales. Y deportivas. Los que quieren el procedimiento impecable con el triunfo asegurado. Los que siempre nos dicen lo que tenemos que hacer, incluso hasta cuando nos dicen que tenemos que hacer una cosa distinta de lo que estamos haciendo. Que policías hay en todas las veredas, amigos míos... Incluso al conjuro de la consigna: ¡sea libre o muerte!

De modo que Gregorio jugó un partido técnicamente mediano. Bien es verdad que, de un año al otro, los progresos brillan como doblones de oro en un cofre tachonado...

Hasta que aparece la otra historia.

Miraba yo sus infatigables corridas por la cancha número dos, sus imprecisas maniobras tesoneras, su garra y corazón, sus coyundas de caucho que le permiten volar, caer y levantarse como una pelota de frontón. Miraba -entre desesperado y divertido- sus súbitas distracciones eutrapélicas, en medio de un avance contrario, departiendo animadamente con su 'amigo' reciente, conmilitón eventualmente zaguero, tan despistado como él, quién sabe qué cosas intercambiando entre dos que no se saben sino desde hace 20 minutos...

Miraba su ánimo invariable, su frente sudada, sus arrestos de resorte, su felicidad inmarcesible.

Y admiraba y envidiaba esa alegre apostura de dueño de casa del mundo y de las cosas que tiene un sujeto de ocho años.Como admiraba, envidiaba y pensaba, lo que es la vida de aquel hombre sobre la tierra. Que es la vida del hombre.

Muy animado era el partido, de modo que no había modo de no prestar atención. Pero, a la vez, no podía dejar de ver en esas justas, otras.

Me decía, mirando, que la vida se parece a eso, exactamente. Y especialmente la vida del alma. La dura y fatigosa vida del alma. La más bien dura y fatigosa nuestra vida del alma. La vida del alma que busca no solamente acertar en lo propio, sino jugarse la vida del alma en cada trance, en cada avance, en cada ataque y defensa, en cada zaga o delantera. Sin certeza del resultado. Casi sin pensar sino en lo que debe hacerse, no en cómo habrá de resultar.

De pronto, ya no veía solamente el partido. De pronto, cada paso, cada cosa, cada corrida ahogada, cada caída doliente, y cada casi inmediata incorporación sonriente, cada cosa y más, todas eran el emblema de la vida del alma. Y viendo todas aquellas alternativas futbolísticas del partido inaugural de Gregorio, ya no veía sólo aquello, sino que no podía dejar de ver lo otro en su fantástica similitud.

Veía lo que es para él. Y lo que debería ser para mí, que no tengo 8 años, ni juego partidos tan importantes como aquel suyo.

Terminó 1 - 0. Gregorio había ganado. Su cielo inmediato era una felicidad casi completa. Completa del todo que fue al rato, con su pequeño cielo del helado bien ganado.

Hoy llovió. No se jugó. Su semblante apenas se turbó. La expectativa sigue inarrugable.

Y la mía, además. Que espero el próximo partido para disfrutar de la limpidez con la que el sujeto combate por su alma. Termina. Gana. Pierde. Se pide un helado y se sacude el polvo y el barro de la batalla, impecable el ánimo para la próxima.

¡Ah, sí...! Tiene la mejor parte. La garra, la frescura, el gozo. Y el helado.

Y yo, verlo. Y verme. Y ver.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Pura Schiuma

Musica musicam invocat...

Y como me había zambullido en el tango, tras el tequila, la amable y consecuente lectora me hace llegar una rareza. Nueva para mí, que no la conocía. Muchas gracias.

Ahora bien.

Diré que Alejandra Schiuma debe cantar. Porque canta. Y diré que me atrevo a vaticinar que debería cantar fado, por ejemplo. Y creo que hay blues y algo de jazz que no le irían nada mal, porque de allí venga probablemente.

Y aún más diré: mi querido Nada lo hace con una sonoridad que nunca había oído en este tango.

jueves, 2 de noviembre de 2006

Callejón

Un poco de tango. Cómo no...

Viene bien, después de días de Pedro -y Chavela- Vargas, o del insustituible José Alfredo Jiménez y otras sonoridades.

Volví a una selección de Lidia Borda. En un compacto, Patio de Tango, hay un tema de 1938 de Héctor Marcó y música de Roberto Grela, que canta Brián Chambouleyron y acompaña con la guitarra Esteban Morgado.

Callejón

Un farolito que parpadea
tumbado y viejo sobre tu esquina,
haciendo alarde que te ilumina,
tal vez murmura: ¿por qué llorás?
Diez arbolitos como un rosario,
rotos al paso del cruel invierno,
solos vigilan fieles y tiernos
tus noches tristes de inmensa paz.

Callejón,
a los dos bandeó el destino,
soy un pobre peregrino
sin derrotero y sin fe.
Callejón,
vos serás mi confidente,
traigo doblada la frente...
adónde voy yo no sé.
Como a mí
también te sangra una herida,
a vos la urbe te olvida
y ella ha olvidado mi amor.
Callejón,
por eso busco tu abrigo:
lejos del mundo consigo
adormecer mi dolor.

Cuando el rocío moja tus faldas,
tu amarga pena llorás por ella;
como mi vida, no tenés huellas
y nunca un carro surcó tu mar.
Sólo en las noches de clara luna
una pareja viene a arrullarte,
y al despedirte suele dejarte
besos sonoros como el cristal.

Muy bien está.

Hay mucho en el tango de eso de hablarle a las cosas. Vieja tradición literaria, por otra parte, la de que montes, forestas o ríos sean el espejo y el eco y el oído de las penas de amor. Aquí resulta que es el callejón. Pero, ¿qué hacer cuando se nace orillero, como le pasa al tango?

Y andando por estos rumbos -hasta de callejones sin salida-, encontré en otra selección un tanguito de lo más gracioso y cínico, por qué no. Es de la misma época. Julio Sosa lo canta muy bien. La letra es de el afamado Froilán, Francisco Gorrindo, y la música de su homónimo Lomuto.

De lo más apropiado, además. Digo yo, hablando de calaveras...

Mala suerte

¡Se acabó nuestro cariño, me dijiste fríamente,
yo pensé pa' mis adentros: puede que tenga razón!
Lo pensé y te dejé sola, sola y dueña de tu vida,
mientras yo con mi conciencia me jugaba el corazón.

Y cerré fuerte los ojos, y apreté fuerte los labios,
pa' no verte, pa' no hablarte, pa' no gritar un adiós
y tranqueando despacito me fui al bar que está en la esquina
para ahogar con cuatro tragos lo que pudo ser tu amor.

Yo no pude prometerte
cambiar la vida que llevo,
porque nací calavera
y así me habré de morir.
A mí me tira la farra,
el café, la muchachada,
y donde haya una milonga
yo no puedo estar sin ir.

Bien sabés cómo yo he sido,
bien sabés cómo he pensado,
de mis locas inquietudes,
de mi afán de callejear...
Mala suerte si hoy te pierdo,
mala suerte si ando solo,
el culpable soy de todo
ya que no puedo cambiar.

Porque yo sé que mi vida no es una vida modelo,
porque quien tiene un cariño, al cariño se ha de dar,
y yo soy como el jilguero, que aun estando en jaula de oro,
en su canto llora siempre el antojo de volar...

He tenido mala suerte, pero hablando francamente,
yo te quedo agradecido: has sido novia y mujer;
si la vida ha de apurarme con rigores algún día,
¡ya podés estar segura que de vos me acordaré!

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Día de Muertos


Apenas por unas horas no estuve en la imponente celebración del Día de Muertos en México. Pero estuve en la no menos imponente omnipresencia de las vísperas.

Así vi preparar por todas partes los altares de tres pisos (tierra, purgatorio y cielo, casi como nuestra rayuela...), vi vestir a La Catrina, esa impresionante Dama de la Muerte, una huesuda que allí hasta bonita resulta; como vi adornar las casas (con la ventana con guirnaldas y flores, a través de la cual se verá el altar al muerto o los muertos que habrán de honrarse...)

Seguí los rituales en Guadalajara, Jalisco. Recorrí la feria del Día de Muertos en la Vieja Alameda, comí el Pan de Muertos con sus formas de huesos y calaveras. Comí las propias calaveras de dulce y mazapán.

En una comida familiar, hasta ayudé a los chicos de la casa a decorar un trabajo práctico escolar, porque me conminaron: ¿de qué vestimos este esqueleto para recortar y colorear y adornar?

Nunca había estado por aquellos lares para estas épocas y por lo mismo es la primera vez que me topo con el festejo.

Tal vez, esa misma palabra 'festejo' nos resulte agridulce a los que no estamos acostumbrados a esa presencia social, callejera, de la muerte y de la Muerte, con mayúsculas de personaje familiar y -por raro que suene- esperado. La espera es tanto la del día de su conmemoración, como la de la cosa misma. Los chicos juegan juegos por estos días que tienen a la muerte como protagonista, hay incluso ristras de versos en los puestos y tiendas que mentan a la muerte en todos los tonos (desde la amonestación hasta la broma) y su acompañamiento en todo asunto (desde la educación hasta el amor) y que se compran por unos pocos pesos.

Cuando veo algunas de aquellas cosas que hay en América, me pregunto si no estamos como a medio terminar los argentinos (supuesto que estuviéramos hechos en algún sentido...)

Por aquellos lados -y por más que en tantas ocasiones las cosas sean sincréticas y hasta malversadas ideológicamente-, es tan fuerte la presencia de una cultura cuando uno la ve, es tan intrincado el tejido de ritos y son tantas las capas de siglos y costumbres, que me pregunto, cada vez que los visito, si acaso no somos tan próximos en el espacio como lejanos en los tiempos y la pertenencia. Incluso, aun cuando ellos miran a la Argentina y ven que viven aquí hombres y mujeres de esa raza de semidioses petulantes, tan versátiles y hábiles en las cosas del cielo y de la tierra, de las manos y de la cabeza... Aun cuando resultamos advenedizos y groseros, tanto como dúctiles y capaces...

Me pregunto si los argentinos -y especialísimamente los del puerto de Santa María- tenemos alguna noción de lo que significa América.

Tal vez, pienso ahora, signifique algo que incluye esta nota disonante que somos.

Tal vez.

jueves, 19 de octubre de 2006

Beatrices

Casi terminando a las apuradas los preparativos de mi viaje breve y largo, hice lo que suelo: busco lecturas rápidas, incompletas. No sé por qué, tal vez para distraerme. O para concentrarme.

Total que fui a dar a un trabajo sobre la amistad de Dante Alighieri con Beatriz, que trata sobre La mujer como camino de beatitud.

Bien, muy bien.

Pero la mano iba más rápida que la vista. Y leí veloz el ensayito mientras ya estiraba la mano para picotear otro libro. Y quiso la fortuna que fuera a dar a una colección de Poesía cancioneril española. De allí, me acordé, había sacado unos versos de Juan Álvarez Gato, una de las primeras entradas de las primeras épocas de estas páginas.

Al azar volvió ahora. Y al azar leí los primeros versos que aparecieron. Y encontré lo que no había visto entonces y otra cosa sorprendente.
Gran belleza poderosa,
a do gracia no esquivó,
destreza no fallesció;
hermosa que tan hermosa
nunca en el mundo nasció:
hoy mirand' os a porfía
tal passión passé por vos,
que no escuché la de Dios,
con la rabia de la mía.

Los nudos que' en el cordón
distes vos alegre y leda,
como nudos de passión,
vos los distes en la seda,
yo los di en el corazón;
vos distes los nudos tales
por nombrar a Dios loores,
yo para nombrar d' amores;
vos para sanar de males,
yo para crescer dolores.

Castigo para mi dispersión de vísperas de viaje. O gloriosa coincidencia, que me da para pensar en el aire.

No tengo tiempo ahora (y la rabia que me da..., y en eso está mi castigo), pero resulta que es casi idéntico en su aire y tono a lo que traía el trabajo por el que pasé primero, sobre Beatrice Portinari. Porque está lo mismo -y al ver, verán- en el Paraíso de la Commedia, XXXI, 79-93...

Muy bien por don Juan Álvarez. Y por Dante, sí señor. Y por Beatriz (y por la otra Beatriz, la española de Álvarez Gato...)

No por mí, a las apuradas.

miércoles, 18 de octubre de 2006

Arena

Ahora me entero de que escribe para Ñ. Pero no la conocía hace unos 5 años cuando me la encontré en La Nación, el domingo 26 de agosto de 2001, sección cultura, página 3. Le habían publicado allí unos cuantos versos. Creo que nació en el '70.
Argumentos de arena

No deberíamos amar nada que pase.
Nada que nos mate un poco
cuando sus signos mueran.

Es decir, nada que ría.
Nada que tiemble o se conmueva.
Nada que florezca para luego marchitarse,
de buenas a primeras.

Nada vivo, si apuramos conclusiones:
Duele tanto ver cómo lo que amamos
se deshace en nuestras manos vencido por el tiempo.

Es más,
no deberíamos amar, si lo pensamos.

Pero no lo pensemos.
Hoy no, al menos.

Se llama Raquel Garzón y vi que tiene una cierta presencia en foros y debates. Vi también de paso -leyendo cosas periodísticas y culturosas que ha publicado- que hay una furiosa agitación por allí alrededor de la literatura argentina actual y acusaciones ferocísimas cruzadas, entre capillas y tribus de la izquierda cultural. Todo con sus santos y preceptos, claro, con cielos de poesías e infiernos de novelas y purgatorios de ensayos.

Me aburrí durante 5 ó 6 páginas. Hasta que me aparté, harto de las filigranas de los puanistas o anti puanistas (por Puán, la cueva madre de Filosofía y Letras de la universidad de Buenos Aires, desde donde dicen que se manejan avenidas de becas y publicaciones, veredas de influencias, calles de premios y cosas así...: tedio infinito, con más la pobreza y autoreferencia de páginas y páginas de vacas sagradas de la rive gauche... Y todo para discutir la obra de César Aira o Ricardo Piglia. Que si Halperín Donghi o Beatriz Sarlo...)

Ay.

Basta.

A mí me había gustado aquel argumento, en su rispidez, en su firulete dialéctico para afirmar negando, para escapar de lo vitando y decir -con desesperación, con angustia- que dejar de amar no se puede, no importa lo que digan los mandamientos que mandan más que los mandamientos...

Y todavía me gusta el poema.

Hasta la cerrazón de tener que enfrentar ideológicamente amor y pensamiento. La modernidad como la postmodernidad no pueden sacarse su romanticismo de encima. Y es de esas cosas que no salen con jabón, así nomás. No pueden evitar perderse cuando llegan al amor (como todo el mundo, en realidad, pero distinto...)

Pero el desgarramiento de estos argumentos de arena -claro: argumentos pero de arena; de arena, sí, pero argumentos...-, me resulta conmovedor. Bajar la mirada para decir -imperceptiblemente, no vaya a saberse...- que el corazón pide 'amor eterno' y eternidad y amor, es conmovedor.

Y sobre todo me parece conmovedor el pudor, ese susurro:
Que nadie me oiga decir que no soporto amar lo que pasa, lo que se termina, lo que se pierde; y que no soporto amar de a momentos sueltos y un poco; y que no soporto amar libremente, sin poder asirme como querría a lo amado con furia feliz... Y que no soporto no amar libremente, porque querría que lo amado no muriera, ni se ajara, ni desapareciera. Que nadie me oiga llorar sobre la arena del tiempo y sobre la arena de esos amores frágiles como perentorios. Que se oiga sí, en todo caso, mi rebelión y mi desprecio, sollozado, hipante. Preferible que oigan mis conclusiones: amar lo vivo, lo que puede desaparecer, lo que puede no ser, hiere y mata. Ahora bien, morir es indeseable y ser herido por amar obligadamnente lo que no se puede asir aquí y ahora, es una ofensa a la dignidad del hombre libre y racional. Qué sentido tiene someterse a esa esclavitud y dependencia de lo que aquí y ahora me habrá de decepcionar en su contingencia e insuficiencia. Si nunca tendré bastante pues siempre querré todo. Claro. Por supuesto. Basta. No deberíamos amar. Nada. Nadie. Claro que no.

Pero: Ay... Ay de no poder no amar. Ay, la tristeza de la alegría de amar. Ay, la tristeza. Y ay la alegría. Breves, difíciles de asir, ambas, como la arena. Como los argumentos de arena que dicen que amar es una locura de la que nadie quiere curarse y una inconsistencia sin la cual nada tiene sentido y un dolor sin el cual no se puede ser feliz y una alegría sin la cual la tristeza es meramente tedio y una ausencia sin la cual no pueden hacerse presentes todas las cosas y una presencia sin la cual no existiría ninguna ausencia. Ay...

martes, 17 de octubre de 2006

Contra malicia

Al jesuita aragonés Baltasar Gracián, se le debe entre otras una frase de veras conceptista: contra malicia, milicia.

Se la oye bastante en muchos lados donde batallar es ley y donde 'milicia' lleva además el nimbado halo de glorias y martirios a filo de espadas y adargas embrazadas.

No me opongo, del todo, aunque más bien no me gusta como suenan las imposturas cuando son imposturas. Una cosa es 'vender' el martirio y otra -muy otra- haber nacido para mártir. Hay que ver además que la frase completa en El Criticón, la obra de donde proviene, termina con un "...Y malicia contra milicia", que a más de alguno tiene que resultarle bastante menos glorioso y bastante menos canónico y en ese orden, irritante.

Tal vez, en algún sentido, la primera parte de la frase sufre el prestigio toda vez que hay más 'soldados' -digámoslo así...- que místicos, poetas y filósofos. Y muchos mercenarios, además.

El caso es que en los Avisos espirituales, san Juan de la Cruz -en el primero de sus Dichos de luz y amor-, dice:
Siempre el Señor descubrió los tesoros de su sabiduría y espíritu a los mortales; mas ahora que la malicia va descubriendo más su cara, mucho los descubre.

Esto es: contra malicia, luz.

Militar en la luz es cosa que ningún militante debería soslayar. Militar se debe, sí. Pues milicia es la vida del hombre sobre la tierra. Claro.

Pero no sin luz. Ni sin 'luces'.

Nada de 'briosos sin letras'. Y nada -menos aún- de militantes briosos con letras fraguadas (apurando o mintiendo títulos de teología en una universidad con sello de Roma, para poder decir que 'los nuestros están bien preparados y tienen la licenciatura y el doctorado y los mandamos a estudiar a Roma...') O inventando y engolando letras para poder hacer política briosa...

Tantas veces se ve que a los militantes del estilo brioso y cachafaz, la luz les hace las veces de malicia, porque los retrasa, los demora o, simplemente, los pone al descubierto en su impostura.

Tal vez tenga razón también Gracián cuando dice que contra milicia, malicia.

La 'malicia' de la luz.

A ver, militantes maliciosos y con pocas letras, si entienden la figura y la especie de paradoja...

Que si, como dice san Juan de la Cruz: ahora que la malicia va descubriendo más su cara, más tesoros de sabiduría y espíritu descubre Dios a los mortales, hay entonces hartas ocasiones en estos días de obtener sabiduría y espíritu.

Aunque, tal vez, de ese modo luminoso, haya menos ocasiones de obtener puestos y territorios y poder.

domingo, 15 de octubre de 2006

Yo para ti, si tú, para mi ruina...

Miguel Hernández, en una colección de poemas del período 1933-1934, tiene un notable Cántico - corporal.

Por título, alusiones y cierta arquitectura lírica (más interior que exterior y, paradojalmente, más ascética que mística), dicen algunos hispanistas de nota que bordea a cierta distancia la lírica de santa Teresa de Ávila. No lo sé. Y me da, en todo caso, que no tanto. Creo que no le pediría tantas similitudes. Aunque creo también que quien puede -ver y- expresar de este modo, tiene cómo -ver y- expresar otras realidades más subidas.

ver

Cántico - corporal
(Yo, en busca de mi alma)

Vivo yo, pero yo no vivo entero.
De mis ojos ausente,
careciendo de ti, vivo que muero1,
canario adoleciente,
canto y estoy más pálido que un diente.

Te veo en todo lado y no te encuentro,
y no me encuentro en nada;
te llevo dentro, y no, me llevo dentro,
¡ay! vida mutilada,
yo, en mi mitad, ¡oh Bienenamorada!

Mi amor, a quien agrega fortaleza
la soledad del huerto,
seco de sed por ti, sufre y bosteza,
y sigue en su desierto
por no caer de tentaciones muerto.

Soy llama con ardor de ser ceniza.
Sola abundantemente,
esta porción de ti, la tiraniza
-¡oh qué guerra frecuente!-
mi pupila, tormento de mi frente.

Le falta la merced de tu asistencia
a mi amor exprofeso.
Tengo en estos rosales la presencia
y esencia de tu beso,
en tanto grado puro, en ¡tanto! ileso.

Codicioso de ti, me estoy robando,
me aplico poco al suelo;
me dedico a los dos de cuando en cuando,
a tu imagen apelo
siempre, siempre presente y siempre en celo.

Yo ya no soy: yo soy mi anatomía.
¿Por qué? de mí desistes,
peligro de mis venas, alma mía...
¡Ay!, la flor de los tristes
va a dieta de amor como de alpistes.

Desamparado el cuerpo, en desaseo,
sobre el amor en paro2,
soy mi verdugo y juez, y más mi reo,
mi tempestad y faro;
tú, mi ejemplar virtud, mi vicio caro.

Me levanto de mí cuando me acuesto
gimiendo mis heridas,
infeccionado todo tu gesto3,
de tus gratas manidas,
gracias comunicables y queridas.

¿Y tu boca?, reparo de la mía,
¡ay! bello mal que cura;
¡ay! alta nata de mi pastoría,
¡ay! majada segura
y oveja de mi boca, si pastura.

Esparcida por todos los lugares,
en ellos te deseo.
Sigo tus huellas, flores de azahares,
te silbo y te zureo,
y con todas las cosas me peleo4.

Patria de mis suspiros y mi empeño,
celeste femenina;
vuelve la hermosa página del ceño
que cielos contamina.
Yo para ti, si tú, para mi ruina5.


El caso es que publico estos versos porque me son queridos y tan entrañables.

Pero.

Al volver a leerlos, una vez y otra vez, también me doy cuenta de que con ellos y de ellos puede hacerse una especie de Summa Amantis.

Porque creo que conozco gentes así, de este mismo talante. Capaces de fundir en un solo trazo amores distintos como en reverbero. Amores que hacen el efecto de una piedra al agua con la onda inicial que encrespa otras ondas, lejanas del epicentro. Conozco gentes que aman así. A veces yendo y viniendo por las mismas ondas de su amor mayor y primero, tanto de afuera hacia el centro, con pasión centrípeta, como de adentro hacia afuera, con amor centrífugo y más alto.

Hay veces, creo, que los he visto amar.

Y he visto cómo se desasen con ese dolor feliz del Amante. Y he visto cómo se aferran, con la nostalgia insufrible del Amado. Ir y venir.

Como creo también que hubo veces en las que los he visto amar en una quietud beatífica, sin ascesis alguna a la vista (con la procesión por dentro, tal vez...), meciéndose -como hace el mar con la barca a veces- quietos en un lugar, activos pero inmóviles, potentes y serenos, silenciosos y estentóreos.

Como el mar.





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Tengo dos versiones de este poema. En las Obras Completas que publicó la editorial Losada de Buenos Aires (a cargo de Elvio Romero, con prólogo de María de Gracia Ifach), se encuentran estas variantes, dos de las cuales parecen erratas, especialmente la segunda:

1 careciendo de ti, mi verdadero,
2 sobre el amor en puro,
3 inficionado todo de tu gesto, (me quedo con esta versión)
4 con los vientos de carne me peleo. (y también con ésta...)
5 yo para ti, si tú, para mi ruina. (...aquí dudo pues la coma le agrega un dramatismo y una tensión que, sin, no le hallo...)

viernes, 13 de octubre de 2006

Amar al amado

Desde que conocemos y entendemos el segundo mandamiento, parece que nos inclinamos a aplicarlo a nuestros enemigos, suponiendo que 'amarás a tu prójimo' -como diría Chesterton- significa lo mismo que 'amarás a tu enemigo', porque suelen ser la misma persona.

Hacer eso -amar al prójimo/enemigo- tiene cierta lógica. Cierta, nomás. No completa.

Amarás a tu prójimo -y, ahora que lo pienso, creo que la mayor parte de las veces- es un mandamiento que debemos aplicar a los que amamos, que suelen ser los más próximos y a quienes amar no resulta tan sencillo, sólo porque tengan en la frente marcado a fuego el rótulo del 'amado'.

Ojalá fuera sólo un juego de palabras.

Pero no lo es, me temo.

La vecinita de enfrente...

Los males del sexo se curan con más sexo, ¡qué joder...!

La palabra 'consenso' es importante. Muy. Habitualmente significa cosas diferentes.

Para unos, significa que en vez de haber muerto como murió de una puñalada y nada más, podrían haberle vaciado el cargador de una .9 mm..., así que a no quejarse.

Para otros, generalmente significa más o menos 'primer round', de un combate pactado a 12..., es decir, 'vamos por más'.

jueves, 12 de octubre de 2006

Vamonos pa' casa

Rumbo al mar Atlántico, uno puede andar cabe el río Tinto (bello nombre de río, sí...) y si llegó a la isla de Saltes es que se pasó.

A la izquierda, si baja, le quedará Palos de la Frontera y a la derecha un poco más arriba, Huelva. Si se sigue por esa derrota, hacia poniente diría, se llega al Algarve portugués, de afamada bonanza. Y al seguir siguiendo, puede que llegue a América. Embarcado, claro. Desde Palos, podría ser. No sería la primera vez.

Mientras anda ese paisaje, hágame caso, vaya canturreando una de esas sevillanas rocieras que hace Camarón con tanta gracia...

No se va a arrepentir.

Miguel Cortés y Hernán Hernández

Oigo a un tal Felipe Pigna -dizque vocero mediático de moda del pasado tal como debe ser entendido porque así fue como fue y no como nos los enseñan; es decir, historiador-, proponer la políticamente correcta ablación del 12 de octubre como día de la raza, porque la raza, etc. etc...., y las Naciones Unidas dicen mejor decir etnias, etc...., y que los genocidios y las culturas, etc. etc.

Hasta que entre las propuestas aparece la sorprendente substitución arquetípica de Pizarro y Cortés por Lope de Vega (¡?) y... Miguel Hernández...

Ay, el progresismo...

Ay, ese oportunismo de equilibristas...

Dejemos el hecho de quién y por qué instituyó el día tal entre nosotros (ya es bastante gracioso...) y dejemos la gritería ululante de un lado, del otro y de los otros lados (porque siempre estará la cuestión en si misma corriendo el peligro habitual del tironeo ideológico...)

Además del aplauso fácil detrás de la propuesta, que habrá sido pesado en una balanza de oro, ¿estará seguro Pigna de que entre Cortés y Hernández no hay menos diferencia que la que hay entre Pigna -cualquier Pigna- y Hernández?

No sería extraño que Cortés y Hernández estén discutiendo estos puntos, en una lengua que no me extrañaría nada que le resultara a más de cuatro de difícil comprensión.

miércoles, 11 de octubre de 2006

Apuntes sobre el Confiteor

Es apenas un apunte. Hay poco tiempo ahora para desarrollos. Me lo trajo a la memoria el ver unos escritos viejos y algo que un sacerdote dijo hace unos cuantos años ya.

Se sabe que hay pecados de pensamiento, palabra, obra. Y omisión. Así lo dice el Confiteor o Yo pecador, por ejemplo.
Confiteor Deo omnipotenti, et vobis, fratres: quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere et omissione. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, omnes Angelos et Sanctos, et vos, fratres, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Amen.
Aunque ésta es la versión que se reza desde el Vaticano II. Antes, según se ve, había al menos dos diferencias notables. No se refería explícitamente a los pecados de omisión y se ponía un acento mayor en los ruegos a la Iglesia de la Patria, como diría santo Tomás de Aquino, la Iglesia triunfante.
Confiteor Deo omnipotenti, beatae Mariae semper Virgini, beato Michaeli Archangelo, beato Ioanni Baptistae, sanctis Apostolis Petro et Paulo, omnibus Sanctis, et vobis, fratres: quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. Ideo precor beatam Mariam semper Virginem, beatum Michaelem Archangelum, beatum Ioannem Baptistam, sanctos Apostolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Amen.

Muy bien.

No es lo que ahora me ocupa.

Quiero simplemente apuntar que creo verdaderamente que habrá tantos martirios (*) como formas de pecar. Que hay cierta correspondencia -que me resulta clara- entre los modos de pecar y los de dar -y sufrir- el testimonio de fidelidad y amor, tal vez más claro teniendo presente la versión original del Confiteor, aunque si lo pienso bien la 'omisión' quizá también podría cuadrar...

El testimonio del amor y de la fidelidad a través de la sangre podría eventualmente ocurrir y por cierto que es una gracia especial. Recuerdo que Castellani pedía algo así, traduciendo me parece unos versos de otro, todo lo cual cito ahora a las apuradas y de (mala) memoria:
...Dame la gracia de morir en campo
y de morir si puede ser por Ti...
El caso es que me parece que tanto los del pensamiento como los de la palabra pueden ser testimonios más frecuentes que el martirio de 'obra', entendiendo por tal el de la sangre, y no simplemente lo que podría llamarse en otro lenguaje y contexto 'dar testimonio'.

Y en tanto resultaren más frecuentes los de pensamiento y palabra, más fatigantes y erosionantes para el alma, más difíciles de sobrellevar, hoy por hoy.

Tratar de mantenerse fiel en lo que se piensa (y en cómo se piensa) y en lo que se dice (y en cómo se dice), creo que son ocasiones de martirio más habituales (y cada vez más habituales) que la ocasión de tener que ofrecer la vida con derramamiento de sangre. Distingo las obras de caridad del martirio de sangre, como distinguiría 'hacer el bien' de 'dar la vida'.

Todo martirio es obra de la caridad. Y la caridad es amor divino. Esto se sabe. De modo que a todo martirio le caben las mismas notas y las mismas exigencias de la caridad.

No me refiero, sin embargo, al hecho de 'confesar' la fe y la verdad. Como no me refiero ahora a las 'obras de bien' o al martirio de la sangre.

Tal vez a un aspecto distinto y menos frecuentado, aunque como digo tal vez creciente ahora. Me refiero al hecho de que más y más puede requerirse una fortaleza especial para pensar y decir, un amor y una fidelidad especiales para cuando pensar y decir signifiquen un acto extraordinario, un acto de testimonio extraordinario, un acto de martirio, equiparable al de la sangre en cierto sentido. Y tal vez tanto más equiparable, en cuanto la ocasión del martirio de obra -el de la sangre, con el doble sentido 'terminal' que conlleva- no aparezca.

Habrá que ver esto más detalladamente. Y más despacio.


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(*) Creo que aunque sería indistinto el uso de 'martirio' o 'testimonio', ambas palabras no connotan del mismo modo. Tal vez, el pudor propio del mártir, le exija esquivar la palabra aplicada a su acto por el altísimo significado que connota. Tal vez, en otros casos, sea exactamente al revés y no se trate de pudor alguno, sino simplemente de esquivar el acto mismo por el altísimo significado que connota.

martes, 10 de octubre de 2006

Breves

Tres breves de Ignacio B. Anzoátegui.
Contigo y casi sin ti

Era una pequeña cosa
que te quería pedir:
que me traigas a la rosa,
porque me voy a morir.


Tú en Santillana

Niña de sol y de trigo,
Niña,
¡Si te casaras conmigo!

Tengo un azor y una viña,
Niña,
Niña de sol y de trigo.

Y guardada una basquiña,
Niña,
guardada para contigo.



Sesenta y cuatro paladas
de tierra húmeda y fría
aguardan junto a mi huesa
para venírseme encima.
Señor el sepulturero
que está bebiendo en la esquina,
siga bebiendo tranquilo
porque no me corre prisa.
Aquella que usted ya sabe
no ha llegado todavía.
Y me prometió traerme
un ramo de siemprevivas.

domingo, 8 de octubre de 2006

Triste y aborrecido expulsado

En el capítulo XII de su Autobiografía, Chesterton explica algunas razones de cómo llegó a ser un hombre sin partido.

Mal que les pese a muchos, se sabe que Chesterton fue lo que diríamos un hombre 'de izquierda', en términos muy latos y definiendo los matices con infinitas notas al pie de página, aun hasta hacer que la palabra 'izquierda' resulte 'derecha'.

Pero cuando hayamos terminado de leer todas las notas al pie, habrá que leer su hoja de ruta y allí veremos que sus 'militancias' políticas y económicas fueron siempre contrarias a lo que llamaríamos conservadorismo o derecha, en términos económicos y políticos. En los términos peculiares del lenguaje argentino, nunca fue ni por asomo un 'liberal', pese a que sus primeras militancias efectivas fueron 'líberals' y socialistoides, así como breve y lateralmente bordeó el laborismo. Nunca fue marxista, y del socialismo se deshizo cuando advirtió el modo en que endiosaba al estado. Algo que, dice, le resultó más intolerable todavía cuando llegó a conocer a los hombres de estado...

De ese modo llegó a advertir, padecer y detestar el 'sistema'.

Las derechas en general -hablo en la confusa jerga de las ideologías- pueden hacer lo que quieran con el Chesterton moral, con el estético y con el defensor de la fe. Lo que no podrán hacer salvo malversación es lograr que, insisto: en el confuso e insuficiente lenguaje ideológico, Chesterton canonice lo que para él, no ya sobrenatural, sino ni siquiera natural es.
...yo, al menos, me he entendido siempre mucho mejor con los revolucionarios que con los reaccionarios, incluso cuando estaba en completa oposición con las revoluciones o en completo acuerdo con las reacciones...
(...)
Creo que la razón es que los revolucionarios juzgaban al mundo en cierto modo; no justamente como los santos, pero, independientemente, como los santos. Mientras que los reaccionarios formaban parte tan estrecha del mundo que intentaban reformar, que los peores tendían a ser snobs y los mejores a ser especialistas. Algunas especialidades liberales del tipo más frívolo de Cambridge, me irritaban mucho más que las de un simple ateo o anarquista.
Reaccionarios, allí, se refiere más bien a los miembros de los partidos socialdemócratas o afines, como el Liberal Party o el Labour Party. Por cierto que de los tories no habla, pues nunca pensó en sus términos en materia política, económica o social.

Un episodio político -una ley de seguros promovida de Lloyd George (miembro del gobierno liberal de entonces, que llegó a primer ministro durante la I Guerra)- lo decidió a abandonar cualquier relación con estos que en el párrafo anterior denominó como 'reaccionarios': reconocían con esa ley, dice, que había dos clases de ciudadanos, amos y servidores. Al mismo tiempo, apareció su novela La hostería volante y resultó que un director de periódico 'liberal' le escribió una carta muy amable pero ansiosa, para asegurarse de que unos versos que aparecen allí contra el cacao, no eran un ataque a Mr. Cadbury (sí, el de los chocolates), hombre notable del partido 'liberal'...
Así es que abandoné el periódico liberal y escribí para un periódico laborista, que se volvió ferozmente pacifista cuando estalló la guerra, y desde entonces he sido ese triste y aborrecido expulsado que pueden ustedes contemplar, lejos de todas las alegrías de los partidos políticos.
Esta pretensión chestertoniana de que los partidos actúen con una limpidez imparcial respecto de las cosas que dicen defender, creo que es perfectamente justificada. Y perfectamente imposible, como él mismo advirtió.

He oído, por ejemplo, que en la última conferencia sobre Chesterton (sobre economía y educación) que aterrizó -tal vez como un avión en emergencia con una carga valiosa aterriza en un lugar por completo inadecuado- en la Universidad Católica Argentina, la semana pasada, hubo gentes locales que fueron invitadas a exponer un credo capitalista que Chesterton no autoriza a sostener en su nombre. Y eso en flagrante oposición con los invitados extranjeros que, según me dicen y leo en sus exposiciones, reflejaron más fielmente el pensamiento y los escritos de Chesterton.

Se puede no estar de acuerdo con Chesterton, lo que no se puede es hacer de su nombre una marca conveniente para fabricar un producto indeseable.

Tal vez sea cosa de partidos. Como tal vez sean honestos en sus opiniones. Lo que también es cierto es que antes de objetarles su honestidad, debería objetarles su pereza. Con leerlo se evitaban el reto. O, al menos, lo tendrían bien merecido por tergiversar lo que habían entendido bien y tergiversaron porque no les servía.

Pero.

No hay modo de evitarlo, creo. Bastante común es entre los hombres. He dicho alguna vez que cada cual hace el homenaje que puede. Y, aunque resulte disparatado y exótico, hay quienes homenajean a Chesterton de este modo.

Un homenaje, en su origen, es un juramento de fidelidad y de lealtad a un rey o a un señor. Hay quienes homenajean de modo infiel y desleal. Y del homenaje les queda apenas el reconocimiento de que el homenajeado es un 'señor' y nada de la fidelidad y lealtad que le deben. Es un reconocimiento obnubilado y tortuoso, estoy de acuerdo. Pero es el modo en el que pasan las cosas.

Si es habitual que seamos infieles y desleales con un Señor más importante -usándolo desaprensivamente para nuestras miserabilidades personales, tanto como nuestras ambiciones de secta, para intentar sumarlo como principal inversor y sostenedor de nuestra Congregación, Asociación o Partido-, no debería llamar la atención que se pueda hacer lo mismo con un hombre, por voluminoso que el hombre en cuestión fuere.

sábado, 7 de octubre de 2006

Ana

Hay varias fuentes a mano, locales o de agencias internacionales, hasta dar con el documento completo que todavía no encontré. Igual me parece exótico que los medios masivos se ocupen de seguir el tema, de considerarlo una noticia. Claro que no pueden evitar seleccionar el asunto que les parece más 'vendible': el limbo.

La expresión en italiano de parte de la homilía de Benedicto XVI, me gusta (salvo la palabra 'standard'..., innecesaria), no solamente por una razón estética.
Nell'omelia il Papa ha ricordato innanzitutto la missione di silenzio e di contemplazione vissuta da san Bruno. "Mi viene in mente una bellissima parola della Prima Lettera di San Pietro - ha detto il Santo Padre -. L'obbedienza alla verità dovrebbe "castificare" la nostra anima... In altri termini, parlare per trovare applausi, parlare orientandosi a quanto gli uomini vogliono sentire, parlare in obbedienza alla dittatura delle opinioni comuni, è considerato come una specie di prostituzione della parola e dell'anima. La "castità" a cui allude l'apostolo Pietro è non sottomettersi a questi standard, non cercare gli applausi, ma cercare l'obbedienza alla verità. E penso che questa sia la virtù fondamentale del teologo, questa disciplina anche dura dell'obbedienza alla verità che ci fa collaboratori della verità, bocca della verità, perché non parliamo noi in questo fiume di parole di oggi, ma realmente purificati e resi casti dall'obbedienza alla verità, la verità parli in noi. E possiamo così essere veramente portatori della verità".

Ahora bien.

La información que sigue a esta en L'Osservatore se refiere a la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Aquella a la que llamaban antiguamente Nuestra Señora de la Victoria del Rosario, por su protagonismo en la victoria de Lepanto contra la flota turca en el golfo de Corinto, el 7 de octubre de 1571. Así lo creían san Pío V (que era dominico) y Don Juan de Austria.

El caso, entonces, es que hoy es el santo de Ana, que se llama María del Rosario. Y mañana es su cumpleaños. Como el de su hermano mellizo Blas. Por eso ella se llama Escolástica y su hermano Benito (porque también ellos eran mellizos).

Con ella, con Ana, tengo una de esas raras y enormes felicidades que a veces nos llegan en la vida. Una alegría bíblica, diría. Y como pasa con las cosas humanas, esa alegría es la contraparte de una tristeza, también bíblica, diría.