domingo, 13 de abril de 2025

Dos estrellas y dos mujeres (Apunte.) (II)




El 27 de noviembre de 1914, John Tolkien le escribe a Edith Bratt (por entonces su novia, hasta su matrimonio en marzo de 1916) unas pocas líneas, dándole parte de su día. La mitad final del escrito breve dice: "...tuve que asistir a una reunión del Essay Club: una especie informal de último suspiro (?). El ensayo presentado fue malo, pero el debate resultó interesante. Era también una reunión para presentar composiciones y leí 'Earendel', que recibió muy buenas críticas." A esa altura de su vida, Tolkien todavía no había pensado las historias que surgirían de esa primera invención. Tampoco el destino que la Estrella de la Tarde cumpliría en su obra. Pero sí se adentraba más y más en las sagas nórdicas y en el estudio de las lenguas que estaban en las raíces del inglés que le era contemporáneo.

En esa carta, se refiere a The Voyage of Éarendel the Evening Star, un poema compuesto, en septiembre de 1914, durante unas vacaciones en la granja de un familiar, en Nottinghamshire. Según se dice, la inspiración provino de unos versos que leyó en el poema Christ I, The Advent que algunos atribuyen al poeta de la alta edad media inglesa, Cynewulf, y otros, más recientemente, lo atribuyen a un autor desconocido: “Éala Éarendel engla beorhtast / Ofer middangeard monnum sended” (Salve, Éarendel, el más brillante de los ángeles. Enviado a los hombres sobre la tierra media). Al autor y la obra hay que ubicarlos probablemente entre el siglo VIII y el IX. La historia del poema de Tolkien, por su parte, ensaya un mito acerca de la aparición precisamente de la Estrella de la Tarde. Con los años, Tolkien reformó los versos al menos cinco veces, pero no la substancia del poema, en la que, como ya dije, todavía no hay rastros de las especies que luego ingeniaría.

La primera de las estrofas en su versión primigenia dice:

Éarendel sprang up from the Ocean’s cup
In the gloom of the mid-world’s rim;
From the door of Night as a ray of light
Leapt over the twilight brim,
And launching his bark like a silver spark
From the golden-fading sand;
Down the sunlit breath of Day’s fiery Death
He sped from Westerland.  

(Éarendel surgió de la copa del Océano.
En la penumbra del borde del mundo medio,
desde la puerta de la Noche como un rayo de luz,
saltó sobre el borde del crepúsculo;
y lanzando su ladrido como una chispa de plata
desde la arena dorada que se desvanece,
por el aliento iluminado por el sol de la ardiente Muerte del Día,
salió raudamente de Westerland.)

El inglés John Garth, periodista y escritor premiado por sus trabajos sobre Tolkien, sostiene que, a su juicio, ese día de finales de septiembre de 1914 debería ser la fecha del nacimiento de todo lo que conocemos de la obra de ficción de John Tolkien. Dice también que la frase que dispara la obra posterior no es a su entender la que se ha dado en llamar el comienzo de todo ("En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit”), sino ese primer verso: "Éarendel sprang up from the Ocean’s cup".

Hay que decir que el asunto del héroe que se lanza a viajes misteriosos ya lo conocía Tolkien por sus lecturas y estudios de los textos clásicos, en los que la figura del viajero Odiseo / Ulises es dominante, no sólo en la antigüedad. La naturaleza, el alcance y la finalidad de sus viajes siguió llamando la atención durante siglos hasta hoy. Recientemente incluso algunos extienden sus periplos mucho más allá de las Columnas de Hércules mediterráneas y reinterpretan los recorridos de la Odisea como un viaje por aguas nórdicas.

En el caso de estas nuevas invenciones de Tolkien, ese viaje de Éarendel, el marinero celeste, es el origen mítico de la estrella vespertina asociada también (además de al planeta Venus) a la luz de las grandes piedras élficas, que retienen en sí la luz primigenia. Éarendel pasa a la obra posterior como Eärendil, antepasado de Aragorn y también de Arwen. Pero este personaje tiene en común con el primigenio estar asociado a la Estrella de la Tarde también él, razón por la que lleva en su frente la luz que será la guía de muchos héroes de la obra en tiempos remotos. Pero también en los tiempos de la Guerra del Anillo. Es la luz de la Estrella de la Tarde la que está contenida en el recipiente que Galadriel regala a Frodo al partir de Lothlórien, y es la luz que lo ayuda en las terribles peripecias de su viaje a las tierras del Señor Oscuro.

Ahora bien. Arwen recibe también ella entre los elfos el apelativo de Undómiel, es decir, Estrella de la Tarde. En su caso, y en principio, por su belleza incomparable en sus días en la Tierra Media, jamás igualada después, aunque semejante a la que en los orígenes luciera Lúthien, personaje importantísimo en las invenciones de Tolkien y, en cierto modo, en su vida personal. Arwen también es reconocida como la Estrella de la Tarde de su pueblo, particularmente en Rivendel y Lórien, sus hogares alternativos, en los que vivía con su padre, Elrond, y con su abuela, Galadriel.

Pero es verdad también que, con su desaparición, termina un ciclo. Si bien es cierto que Arwen pasa junto con Aragorn a una Cuarta Edad del Sol en Arda, no es menos cierto que Tolkien no quiso continuar con la historia (aunque bocetó una edad del hombre que no prometía exactamente el fin del mal, sino cierta entropía). Tanto Éarendel como la luz que está significada en Eärendil y en la Estrella de la Tarde, se apagarán y desaparecerán al fin de los tiempos, tal como en el cielo que vemos, el Lucero aparece al atardecer y está presente en el alba, primera y última luz en la noche, aunque sobre el Lucero de la mañana hay que decir después algo más, siquiera en un apéndice.

Por su parte, entre las libertades que se tomó Peter Jackson en su trilogía fílmica está la invención de una joya que Arwen le regala a Aragorn, que precisamente es una piedra engastada con poderes similares a la Estrella de la Tarde y su relación con la luz de los Silmarils. Tal vez Jackson quiso enfatizar el papel "romántico" de Arwen y adosó un objeto a lo que ya representaba ella por sí misma, como el regalo de una novia a su novio. Allá él, aunque diría que desnaturalizó el símbolo al hacerlo.

Así las cosas, parece que de principio a fin la Estrella de la Tarde cumple un papel fundamental en la obra de Tolkien, tan siquiera prestando atención a la repetición del apelativo para atribuirlo a distintos personajes, pero es más que eso. Su significado sigue siendo algo misterioso, tanto como determinante, no sólo para lo que ocurre en la Tierra Media en tiempos de la Guerra del Anillo. El mundo verá su fin, según Tolkien, junto con la extinción de esa luz que ha brillado en los cielos con el viaje épico de Éarendel, como con la épica terrena de Eärendil y, finalmente, con la belleza de Arwen.

Como dije, hay un apéndice todavía. Ya vendrá.