miércoles, 12 de febrero de 2025

Tu casa


Crucé el portal,
era de madera oscura y fuerte.

Ahora es apenas gris,
carcomido, deshecho y tambaleante.

No están los canteros de geranios, 
los parterres de lirios y lavandas,
lindes del jardín.

Hay matas desmelenadas,
abrazadas por campanitas azules
que ahogan hasta lo estéril.

Una sola ventana vi en su quicio
rotos sus cristales,
como bocas que gritan.

Caminé la sala vacía y polvorienta, 
entre hojas secas,
ya no había puerta que me lo impidiera.

Vi unas ropas raídas en un rincón.
Vi una silla rota.
Vi sobre la pared unas letras inmundas. 

No quise seguir.

Me senté sobre un tocón de casuarina,
mal quemado por una mano torpe.

Miré todo otra vez, de lejos.

Todavía estabas, 
sentada debajo de tu arce.
Todavía tenías entre las manos,
como si sostuvieras una torcaza herida,
tu taza de café, sin asa.
Todavía me bienvenías con la mirada sonriente
cuando cruzaba el portal.

Empezó a oscurecer.

Caminando entre ruinas,
volví al camino.