Muerte que vive en mí,
así es tu muerte.
Vive entre los minutos y las horas.
Vive con el silencio de las noches:
está presente siempre
en cada ausencia tuya, en el vacío.
Vivo tu muerte en mí como si fuera
el aire que respiro,
y ando con ella a cuestas
y ella mueve mis manos.
Lo que queda de todas tus palabras,
el resto que ha quedado de tus ojos,
se enhebra entre mis días.
Miro a través de ellos tu figura,
y te veo en murmullos y oquedades.
Y vuelve tu figura
y se transforma en luz y va entre nieblas,
y la veo alejarse,
y va a un lugar que el mundo no conoce
y al que quiero llegar,
porque aquí estoy aún,
y, viéndote sin verte,
pasa el tiempo en cenizas.