No me apena tu muerte. Sí el vacío
que tiñe toda cosa, que me arrasa,
y enciende, aquí en el pecho, un fuego frío.
Y esa pena de hielo que me abrasa,
y este dolor que mata y que ahora vive
en este corazón que fue tu casa.
Es inútil el llanto. O que me prive
de la tristeza que tu muerte siembra.
Ya vivir sin tu vida me desvive.
No soy uno. Tu muerte me desmiembra,
me taja parte a parte, me deshace
y me deja en ceniza que remembra.
Yace la soledad en donde yace
la ausencia que es tu nombre, ya por siempre,
que es donde el resto de mi vida nace.