Mi admiración y mi amor por Maria João Pires, la pianista portuguesa, son incondicionales.
Bellísima y finísima, así es ella. Y pasan esas dos notas a sus manos y le vienen del corazón cuando trae a Beethoven, a Mozart, a Brahms, sin quitarle a ellos una sola pizca de fuerza y pasión. Admirable.
Rebelde también, personalísima, dejó mi querido Portugal, su tierra natal, y se fue al Brasil y de allí a Bélgica donde vive ahora, a sus 81 años. Pero no se fue del todo. Fundó en 1999, en Mata (Castelo Branco), un centro de artes en el que, además de organizar encuentros musicales y conferencias, da clases. Un sitio apartado que, si no fuera tan lindo, sería inhóspito. Una vieja granja campirana acondicionada para sus propósitos.
Hace unos 8 años, Maria João Pires anunció su retiro de las tablas. Y no cumplió. Por ejemplo, durante este próximo marzo dará cinco conciertos en España, Bélgica y Holanda.
Y de ahí viene la razón de por qué está aquí esto que traigo.
Ignasi Cambra Díaz es un joven pianista ciego español, de habla catalana. Juntos en el escenario darán esos conciertos que dije. Sí, pianista ciego que lee las partituras en Braille y toca de oído y aprende con la memoria lo que otros pueden ver en el pentagrama o en las teclas.
Esta lección en la que aparecen ambos, es de hace unos 3 años.
Y, desde que la vi, creo que es un fantástico cuento.
No hay que mirar ni oír la música, sino como música que enlaza escenas. Están los diálogos llenos de substancia entre la pianista anciana y experta y el joven pianista ciego. Hay que rellenar los huecos con largas mañanas de los días lluviosos y melancólicos de esos paisajes campesinos del sureste portugués. O con las tardes de veranos tórridos y ventosos. Caminatas por campos acuchillados. Y ella de lazarillo del joven ciego, en el piano y en los senderos.
La leçon se me figura como si nos asomáramos a un recuento de vidas que se han cruzado. El final visionario de una, el comienzo ciego de la otra. Y la música en medio. Y la percepción de la música en el corazón y en las manos de ambos. Y no en los ojos.