domingo, 9 de febrero de 2025

Pitos y matracas (asuntos de sexualidad) (I)




Empezaría diciendo que esto puede traer cola, si no fuera que –en estas materias– podría ser mal interpretado.

Por eso, sin más prólogo, vayamos al planteo general desde el comienzo: no es solamente el qué, es también el cómo, el por qué y el para qué. Y aun el qué, para ver si se está hablando de lo mismo en el mismo sentido y con la misma finalidad.

¿No era C. S. Lewis el que decía que decir realmente la verdad suponía decirla sólo porque es verdad y por ninguna otra razón?

Lo que hay por delante es, supuestamente, la batalla cultural del sentido común, porque se le ha agregado a la marca batalla cultural un subproducto reciente en términos discursivos: la batalla por el sentido común. Pero eso supone a la vez muchas distinciones, y algunas ya se hicieron en esta bitácora y en otras fuentes de un servidor, sólo por mencionar lo menos importante. Porque hay mucho dicho y escrito sobre el sentido común, como para suponer que nomás mencionarlo ya nos entendemos.

Pero el sentido común es una correspondencia con lo real en la mente de alguien. Y si no es eso, es simplemente un constructo ideológico, un envase fungible, capaz de contener cualquier cosa. ¿No se refería a eso la neolengua que imaginó Orwell en 1984? ¿Pero lo que se hace con los términos no puede hacerse con los razonamientos, para que la suma dé en la conclusión el fundamento oportuno? De hecho sí se puede. Y más: se hace.

Hay una segunda cuestión importante que hace al planteo general: la afectividad y la sexualidad humana no es un asteroide que vaga solitario y sin constelación por el universo de los asuntos de los hombres. 

La afectividad humana está en el centro de la persona. Y la sexualidad lo significa por doble vía: respecto del interior y también respecto del exterior. En términos tanto individuales como sociales.

Ahora bien: descuidar a la vez la enorme carga simbólica que además de todo tiene este asunto, es mutilar a la persona, no solamente al asunto. La raíz y la consonancia teológica del mundo de los afectos humanos, es la verdadera matriz que sustenta todo el edificio (como ocurre en otras materias, desde lo económico hasta lo musical y así sigue la interminable lista...).

Es tan poderosa la realidad de lo afectivo y lo sexual (incluso por su relación con la supervivencia, diría Santo Tomás de Aquino), que por ese nodo pasan fibras estructurales de la persona y aun de su naturaleza social que pide realización, no se trata sólo de las vivencias sensibles y sentimentales o de las realidades inmediatas existenciales.

La palabra que no sintetiza sino que designa la causa de una realidad compleja para los hombres es Amor

Por eso tocar estos asuntos es tan peligroso, porque son delicados. Y en cierto sentido frágiles, en tanto que delicados por espirituales. 

Una motosierra sirve para muchas cosas y hasta para algunas cosas útiles de vez en cuando.

Pero una motosierra no es la herramienta adecuada para podar un rosal.

Salvo que lo que uno quiera sea eliminarlo porque no le interesan tanto las rosas o porque en el fondo de su corazón las detesta. O podría ser que por un raro vértigo que lo empuja a los desmanes a alguien le interese más una motosierra que un rosal.

Y no pensé en la rosa como ejemplo romanticón y baladí de algo delicado y débil.

Pensaba en lo que vio Dante en el Paraíso de su Commedia.


(continuará)

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Nota: Me llama la atención lo mucho que me costó encontrar una ilustración de Adán y Eva antes del pecado original, en fuentes digitales. El origen de esta imagen que encontré (aunque ese estilo decimonónico no me gusta): Sacra Bibbia Aurea Bibbia classica, storia della rivelazione divina nell'antico e nel nuovo testamento di Giovanni Lasidlao Sykora tradotta per Don Clemente Venetti...Vienna e Milano casa editrice dell'aurea Bibbia classica Massimiliano Herzig, 1898.

Otra posibilidad era un fresco sobre la creación de la mujer que está en la iglesia de San Juan Bautista, en Zagreb, Croacia, pero la definición de la imagen era muy pobre.