jueves, 27 de septiembre de 2012

Política de mierda

Hace ya algunos años, recordé un comentario de Borges en ocasión de la muerte de Marechal.
"¿Será, Clemente, que por esta política de mierda nos hemos peleado tanto? Y yo lo quería mucho como amigo".
Y dejé a mitad camino el asunto por entonces.

¿Tenía razón Borges?

No sé. Creo que era sincero. Y hasta creo que entiendo que eso pueda decirse en determinado caso. Pero no creo que tuviera razón y por ninguna de las dos cosas que supone lo que dijo en esa ocasión.

Por lo pronto, se me hace que Marechal y Borges no tenían el mismo concepto de la política, lo que no es un hallazgo luminoso, eso lo sé.

Marechal creía, por ejemplo, y realmente, que la política era la hermana menor de la metafísica y que eso era una cosa seria y se lamentaba precisamente de que se notara en la política la inconsistencia metafísica. Claro que esa inconsistencia no se verá en los titulares de los diarios: pero es más grave que lo que aparece en las noticias, más raigal que las políticas de estado y más influyente en la vida de la polis que el índice de inflación. Las consecuencias de que fuera así -de que la política hubiera disuelto el vínculo familiar con la metafísica- la padeció Marechal y esas consecuencias le vinieron no menos de sus amigos que de sus enemigos. Y no fueron consecuencias etéreas o evanescentes.

También Borges padeció eso, lo supiera o no, se diera cuenta o no, pero a Borges no le interesaba la política en realidad, ni la buena ni la otra. Mayormente la tenía de apoyabrazos para una frase ingeniosa, si acaso. No eran malas algunas de esas frases, y, aunque él no se diera cuenta, eran además sumamente políticas en un sentido que Marechal entendía perfectamente y me parece que él no, con todo lo inteligente y fino que fue.

Marechal, en un sentido bastante trágico, dio la vida por la política, y no porque le interesara más que la poesía (porque, en todo caso, sabía perfectamente cuánto había de una en la otra y viceversa...) pero creo que, mal que bien, la vida de Marechal era una sola cosa, equivocado en esto de más acá o acertando en aquello otro de más allá. Y no me parece que la frase de Borges haya entendido eso. Porque si lo hubiera entendido, se habría dado cuenta de por qué estaban separados.

Hay mierda en la política, cierto. Y hay una mierda grande y honda en la política. Y hay una forma de entender y hacer políticamente que es una mierda, sin atenuantes. Y no hay que negar eso. Mucho menos si uno es argentino.

Pero, incluso en lo que tenga de universal o particular, lo que Borges decía lleva una injusticia para con el propio Marechal, y hay hasta un cierto inocente desprecio, en lo que tiene de reproche.

¿Vale la pena separarse de alguien por la política? ¿Alcanza la política para separar gente? ¿No es una mierda la política cuando separa gente? ¿Es la política de mierda la que separa gente y la otra no?

No sé. Me parece que lo que Borges no entendió es que la política importa.

Importa mucho. No solamente a una persona tal o cual -caricaturescamente retratada- que por razones ideológicas, u otras razones más bajas o más hondas, se aferra a su bandera partisana o a cosas peores.

Hay algo para decir del que sufre esa estolidez ideológica -de cualquier signo, sí...- que lo vuelve predicador y fiel de una religión al menos tuerta y renga, cuando no perversa, pero no ahora.

Porque la política importa por buenas y grandes razones, sin llegar a esas marginalidades muchas veces frívolas. Y entre las buenas y grandes razones hay una: en la política hay mucho más que política. Lo hay para todos, sepan o no de política, se interesen o no en ella. Y a veces lo hay de un modo tan personal además que las convicciones de quien sea bien nacido y bien intencionado, son casi casi su vida misma y las aprecia y las resguarda y sostiene como si fueran su vida misma. Y ojalá que así sea cuando habla de política o se mete en política, diciendo y profesando que le interesa lo político.

No tiene por qué hacerlo ni a los gritos ni a las trompadas, salvo que haya menester y la ocasión lo pida. Pero no tiene modo de no hacerlo si es bien nacido y de buena leche. Lo otro sería -ni siquiera un matrimonio...- un concubinato sin amor, de pobre conveniencia. Pero el que ama algo, si de veras lo ama, tiende a dar la vida por ello y no se le ocurre preguntárselo: va y lo hace. Como se hace cuando se ama. Y es así porque lo que se ama se hace la vida misma del que ama, en todo, o en buena parte. Y si lo que ama es cosa grande y noble, más.

La vida se da de muchas maneras, no solamente muriendo.

Ahí está el caso del propio Marechal, que murió pacíficamente en su cama y no en una rumbosa carga de caballería ni baleado en un alzamiento. Pero, y en un sentido real, dio su vida por la política lo mismo, porque sus opciones políticas lo hicieron indeseable para muchos en la vida común y entonces lo extirparon de la vida común por años.

No quiero decir que Borges se amara más a sí mismo que a la patria. Eso no lo puedo decir de cierto. Pero de tanto en tanto así parece. Y si tenía algún amor a la patria, tal vez amara más el amar a la patria o aun el verse a sí mismo amando a la patria que a la patria misma.

Y eso no pasa solamente en la política: puede pasar con todos los amores. Y cuanto más grande es el objeto amado, más se ha de notar. Y cuanto más noble sea el objeto amable, peor estará eso.

Pero está lo otro.

¿Es verdad que la política -la de mierda, dice Borges, pero yo digo la política a secas- hace que la gente deje de quererse?

Podría, claro que sí.

La política de mierda mucho más, claro; siempre diría, salvo en el caso de que, de tan mierda, sea lo suficientemente cínica como para que no haya separaciones ni desafectos, porque no hubo nunca uniones y afectos. Porque, entre otras razones importantes, por eso es una mierda: sus amores son de mala calidad, si acaso los hay allí. Un político de mierda no se pelea jamás con nadie, ni se separa de nadie y más bien tiende a amancebarse con cualquiera. Y eso es porque, más allá de que él sea o no una mierda, su política lo es.

Pero no necesariamente la política tiene que mover al desamor. Y, sin jugar con las palabras, lo más probable es que sea al revés si es de la buena.

Una persona recta, con amores sanos, no deja de amar nada amable por la política, menos a los que no piensan y sienten a la patria como él la piensa y la siente. Ni en política ni en nada. No debería si es persona recta y sus amores son sanos.

El propio Borges, si vamos a ver, es un ejemplo. Se habrá separado de Marechal por el peronismo, dejaron de hablarse, dejaron de frecuentarse, pero dice Borges que lo quiso mucho.

Es un poco infantil el planteo. A Borges parece que le cuesta entender que el camino de Marechal no era el suyo, afecto más o menos. Y que, aun cuando el afecto sobreviviera a esa diferencia, el camino de cada uno pudo llevarlos en direcciones distintas, como de hecho los llevó en direcciones distintas. Y eso es una consecuencia de lo primero: si uno quiere sostener sus convicciones, finalmente lo hace y anda su rumbo. Podrá lamentar que otro no lo haga, podrá lamentar incluso que aquellos a quienes ama o admira no les importen las mismas cosas o no les importen las cosas de la misma manera. Lo más probable es que no se detenga allí y su amor a lo que ama lo lleve en la dirección por la que va, que no es la dirección que otro pudo haber elegido y -ojalá- sostenido.

Borges respetaba, por ejemplo, a Castellani y hablaba con afecto de él y con admiración. A lo Borges, pero lo hacía. Y en parte Castellani también lo trata con afecto y respeta su talento, aunque tenga cosas para decirle y se las diga. ¿Acaso eso hizo que no se separaran? Y más precisamente, ¿acaso se unieron por eso?

En algún otro lugar, me ocupé de la relación de Borges con Chesterton. No fueron amigos, pero tal vez Borges vivió su admiración como si lo hubieran sido. Y estoy seguro de que Chesterton lo hubiera querido a Borges como quiso a Bernard Shaw, de quien lo separaban la política y cosas mayores. Como a Borges lo separaban de Marechal asuntos parejos a esos, política incluida. Y también de Chesterton, es verdad, como de Castellani, claro.

Para el caso, distintos por el diámetro y todo, nunca oí que Shaw no quisiera a Chesterton. Oí siempre lo contrario. Y creo que Shaw era sincero en eso. No estuvieron menos separados por el hecho de que se respetaran y quisieran.

Pero es verdad que, hasta donde se sabe, Borges y Chesterton no tenían nada que ver en las cosas que importan, política incluida. Y Borges en nada siguió el camino de Chesterton, hasta dónde sabemos, aunque ojalá que sí, porque el de Chesterton era en cosas importantes mejor que el de Borges.

Borges podía admirar a Marechal, podía quererlo como creo que sinceramente lo ha querido y apreciado, pero no fue por el camino de Marechal, sino por el suyo propio.

Amaban, si acaso, cosas distintas y de maneras diferentes.

Y por eso es verdad que no se separó más Marechal de Borges por sus convicciones y opciones -políticas y más- que lo que Borges se separó de Marechal por las suyas.

Y, si me pregunta, creo que está bien. O al menos es consistente, que no es poco y es mucho. Porque al menos esa consistencia significa algún amor.

Desembarcar a la política en el primer puerto como si fuera una molesta pasajera de mierda que no nos deja conversar tranquilos con el capitán sobre la pesca de berberechos en Malasia, eso es una triste figura: de persona, de política, de amores y de todo.

Por mi parte, prefiero la consistencia honesta y sincera. Respeto incluso eso y lo otro no, si me pregunta. Prefiero verlo a Borges bajándose del barco y seguir a pie por la playa su propio rumbo, si es que el precio de un afecto que a él lo contenta es que la que tenga que bajarse sea una cosa que importa. Aunque Borges no se diera cuenta de eso, preferiría verlo tener alguna convicción que mantener. Hasta sería un signo de respeto por la persona que decía querer tanto y de la que no podía sino separarse por esas mismas convicciones.

Lo otro supondría algo indeseable en el orden de los amores grandes: que la política no importa. Y que no importa incluso porque por ser política sin más ya es una mierda.

Y otra cosa indeseable supondría, también en el orden de los amores grandes: que a una persona se la puede desguasar como a un artefacto y quitarle las piezas que me incomodan, no me sirven o no me gustan y llevarme a casa las que me caen simpáticas a mí, por mis razones o gustos o berretines.

Estoy seguro de que todos los argentinos nos perdimos algo con esa separación de Borges y Marechal. Y algo grande. Como con tantas otras separaciones nos perdimos algo grande.

Pero estoy seguro también de que, si las cosas hubieran sido sin más como Borges las deseaba, nos habríamos perdido por lo pronto a Marechal.

Y ya eso sólo se me hace que es pagar un precio demasiado alto con tal de darle el gusto a Borges.

O a cualquiera.