Mostrando las entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
jueves, 12 de enero de 2017
Asunto pendiente
Tenía un pendiente con este libro. Y con otros que esperan con paciencia.
Con éste, ya no: los últimos serán los primeros.
domingo, 20 de diciembre de 2015
Y la misma voz
El año termina y, antes de que eso pase, conviene acomodar un poco las cosas de este tiempo que se va.
De allí que sea casi inevitable dejar aquí este libro de poemas, que reúne versos de la segunda parte del año y completa, involuntariamente, una cierta efusión de escritos que aparecieron en este 2015.
No es precisamente un servidor el que tiene que juzgar la cantidad o la calidad. Si bien ya es un juicio implícito el dar a conocer esas páginas que se han ido sucediendo, no es ése el juicio que las justipreciará, asunto que queda para otros.
A los pacientes y benévolos lectores, mi saludo en esta Santa Navidad, a la que me encomiendo y los encomiendo, porque para eso ha venido Nuestro Señor al mundo: para cargar con la encomienda de aquellos que Él ha creado.
lunes, 30 de noviembre de 2015
Al sur, el sur
Durante muchos de estos días pasados, viajó por mi sur amado una de las niñas menores de la casa (tal vez la más mi niña de la casa...)
Fue un viaje largo por todo el sur y por el sur del sur. Este su servidor viajó con ella; en sus ojos, en el aire, en los vientos y la estepa, en el mar y el bosque y la montaña. En todo lo que veía y caminaba mientras estaba lejos.
También en el frío y la mañana, como me dijo al volver que habían sido los emblemas de su viaje. De su sur.
Aquí, viéndola ir, feliz esperaba verla volver feliz. Y así volvió.
Quería que volviera con el sur en el alma. Enamorada. De novia con el sur. Nada más. Que no trajera recuerdos ni regalos. Que trajera sur, nomás.
En el faro del Cabo, sin embargo, encontró una pieza herrumbrada que sabe es mi preferencia.
En un pueblo galés, del lado de la montaña, sin embargo, se encontró en una fiesta galesa con un jugador del seleccionado galés de rugby que estaba en el sur para eso mismo, con su familia. Él le regaló unos escudos.
En otra parte, sin embargo, se tentó con unos dulces de rosa. Y unas piedras de mar.
Y me trajo todo eso.
Y un abrazo escrito en una tarjeta postal.
Y el sur. Y aquí lo tengo, junto con sus presentes, hasta que vuelva a encontrarme con él.
Allá.
Quién sabe.
En retribución, dejé en forma de pequeño libro los versos que se escribieron en su nombre de ella y en el de su viaje.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Homenaje a Garcilaso de la Vega
Desde mediados del octubre que pasó, fui publicando en estas páginas catorce sonetos.
Ahora, han sido compuestos en un pequeño y sencillo volumen de homenaje, porque con ese propósito nacieron.
Cuando llegue el 14 de octubre de 2016, se cumplirán 480 años de la muerte de Garcilaso de la Vega, a quien los siglos coronaron como Príncipe de las Letras Castellanas; y con razón, pues a estas letras dio algunos de sus versos imbatibles, cosa tan difícil de lograr en la inmensidad de talento lírico puesto en lengua de Castilla.
Notoriamente más precario, y desde estos llanos del sur del mundo, va mi homenaje al autor que celebro y admiro desde que leí por primera vez los versos de su primera Égloga, una mañana de agosto de 1971, pronto para cumplir mis 15 años. Un recuerdo fácil de retener por lo imborrable.
Una de las últimas estancias de aquella Égloga que digo -y que es epígrafe en este volumen que aquí dejo-, me ha sido siempre -siempre- un modelo, y no sólo de composición.
Forma parte de este homenaje el que sean catorce los sonetos que componen este volumen, uno por cada uno de los versos que componen esa estrofa inigualable.
martes, 22 de septiembre de 2015
Otra vida
Un tiempo que termina, mientras el tiempo sigue. Un tiempo que nace, mientras el tiempo sigue.
¿Quién divide el tiempo? ¿Cómo se hace?
Pero se hace. Pasa.
No hay un solo tiempo, se diría. ¿Será?
Cuestión rara, difícil.
Como fuere, aquí queda este libro breve, con versos de febrero a septiembre de este año.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Artúrica
No es lo mismo un homenaje a uno mismo que un homenaje -siquiera un recuerdo agradecido- a los tiempos por los que uno ha pasado, tiempos que ha vivido.
En 1982, un servidor escribió unos versos en suite, dedicados a una cuestión artúrica: el Rey, Ginebra y Lancelot. Por entonces, leía bastante más que ahora respecto de aquellos asuntos épicos y líricos. Y trágicos, a veces.
Esos versos apenas estuvieron a la vista de algunos durante estos 33 años. Ahora se han vuelto un libro.
Y eso porque la felicidad de aquellas lecturas y de aquellos días tiene que ser de algún modo reconocida. Y aunque no estoy seguro de que éste sea el mejor modo de retribuirle a Arturo, a Ginebra y a Lancelot, al menos no creo haber despreciado con esta pequeña obra el espíritu con el que vivieron, amaron y sufrieron.
Eso, sin embargo, no lo juzgará el autor, en todo caso, sino el lector.
sábado, 14 de febrero de 2015
Días de hierro
Días de hierro es el título de este libro de versos de un servidor, que reúne los que se publicaron en esta bitácora desde marzo hasta diciembre de 2014. Es el séptimo de una serie que podría volverse penosamente interminable si no fuera porque, en la vida, todo tiene un límite.
Pienso en realidad que, si no todas, la mayoría de las cosas que uno hace habrán de perderse en el marasmo de las cosas que los hombres hacen. Y así las cosas, ¿para qué andar armando papeles con forma de libro?
Precisamente: que se van a perder, es lo más probable. Por lo menos, entonces, que se pierdan ordenadas y compuestas, para que pasen al olvido con cierto garbo.
En cualquier caso, es lo que es.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Pobre gaita (II) (con canción)
Y así son las cosas, creo, si no me equivoqué mucho.
No puedo decirme que esa historia que conté me sea feliz, porque sé que no lo es.
Tan tramada de pequeñas hebras dolorosas que parece que no se notaran, pero que así con cuentagotas nos hacen los días, sin que nos demos cuenta. Hasta que un día nos damos cuenta, si tenemos suerte. Y lo que era nada, se vuelve signo y los signos se nos van poblando de sentido, como si se encendieran las cosas y nos hablaran en un idioma que ahora podemos entender.
Porque claro que vivimos en un mundo lleno de signos. Y eso es todo un consuelo después de todo.
Al fin, si tuviera que decirlo de otro modo, no tengo otro modo de decirlo que con estos pocos versos.
Pobre gaita
Tenías en la voz esa distancia
de ningún lado, de ninguna parte,
sin tiempo, sin sabor, tampoco el arte
de decir con donaire y con fragancia.
Sin sangre, sin dolor, sin la prestancia
de la gente de a pie, la del descarte,
la que lleva con garbo el estandarte
de ser cualquiera y ser con elegancia.
Una pena de mares nos separa:
yo no sé dónde éstas, ni sé si vives
o eres la voz de nada, apenas clara.
Pena de que no encantes ni cautives
tengo en el alma y esa cosa rara
de tus galaicos sones leitmotives.
martes, 2 de septiembre de 2014
1989, otro
Hace unos días, hablé de 1989 por asuntos de música, de buena música.
Y como pasa cuando uno va hacia atrás, aunque sea inadvertidamente (y sobre todo cuando hay mucho más atrás que adelante), me quedé pensando de veras qué era lo que hacía hace 25 años.
No es cuestión de aburrir con detalles de historias y asuntos que más bien sólo le interesan a quien los vivió o los hizo.
Así que elegí una sola cosa.
Está en el N° 1 de El Druida, una entusiasta revista de letras que hacíamos por entonces y a la que yo me agregué tarde. Sin embargo, ése fue el primer poema de ese volumen y con él se abrió la publicación.
No sé bien si ahora sé, después de 25 años, por qué están esos versos allí, aunque me quedan algunos años para no andar sacando conclusiones apuradas. Pero ciertamente que no lo sabía entonces, en absoluto.
¡Y cuántas cosas dije en esos versos, que entonces no sabía!
Un viejo amigo siempre repetía: "no hay que hacer balances...."
Y, por mi parte, muchas veces he repetido aquello de Chesterton: "Un día, cuando esto termine, sabremos por qué empezó..."
Y eso podría querer decir, entonces, que muy probablemente aún hay cosas en esos versos que todavía no sé, después de 25 años.
Y como pasa cuando uno va hacia atrás, aunque sea inadvertidamente (y sobre todo cuando hay mucho más atrás que adelante), me quedé pensando de veras qué era lo que hacía hace 25 años.
No es cuestión de aburrir con detalles de historias y asuntos que más bien sólo le interesan a quien los vivió o los hizo.
Así que elegí una sola cosa.
Solsticio
Fue la noche primera del solsticio.
Íbamos cada cual distintamente
puestos en orden decididamente
desordenado, de camino al juicio.
Todos fuera de fila pero en quicio.
Todos a la comida de los duendes,
bosque por medio del sauzal de Flandes;
todos trotando por el precipicio.
Llegamos. Coronamos a los robles
de guirnaldas de luces transparentes
y buscamos las hierbas diferentes
que hacen las pócimas de amores nobles.
Bebimos. La enramada sobre el lago
se encendió y relumbraron los tapices
que hicimos la brigada de aprendices
para sorpresa del ilustre Mago.
Bebimos otra vez. Bebió a la par
el Gran Mago del Bosque de Sauzales.
Y en la Cascada de los Abedules
entre vastos Bonetes blanco-azules
brilló su barba, levantó su mano;
enardeció los ojos, limpió males,
y nos citó a una fiesta en año impar.
Está en el N° 1 de El Druida, una entusiasta revista de letras que hacíamos por entonces y a la que yo me agregué tarde. Sin embargo, ése fue el primer poema de ese volumen y con él se abrió la publicación.No sé bien si ahora sé, después de 25 años, por qué están esos versos allí, aunque me quedan algunos años para no andar sacando conclusiones apuradas. Pero ciertamente que no lo sabía entonces, en absoluto.
¡Y cuántas cosas dije en esos versos, que entonces no sabía!
Un viejo amigo siempre repetía: "no hay que hacer balances...."
Y, por mi parte, muchas veces he repetido aquello de Chesterton: "Un día, cuando esto termine, sabremos por qué empezó..."
Y eso podría querer decir, entonces, que muy probablemente aún hay cosas en esos versos que todavía no sé, después de 25 años.
domingo, 21 de julio de 2013
pelícano en el sur /1
El libro ya está disponible.
Se llama pelícano en el sur /1.
No hay ni que decir que disponible solamente significa que quien quiera verlo, puede.
Y, para quienes ya saben por qué, muchas gracias.
Se llama pelícano en el sur /1.
No hay ni que decir que disponible solamente significa que quien quiera verlo, puede.
Y, para quienes ya saben por qué, muchas gracias.
jueves, 10 de enero de 2013
Fue una laguna
Sí, será desconcertante, duro, humillante. Pero eso fue haber dejado olvidados y vestidos para salir a los cuatro de la entrada anterior.
Triste laguna.
Pero no la única, ay.
En un rincón de 2008, al frío de julio, un día 5, sábado, quedó un soneto.
Gozoso parecía. En sus cosas, ni me miró cuando llegué. Venía yo abriendo cada puerta cerrada, viendo en cada habitación si en la casa muda quedaba alguien todavía y rogando que no.
No supo nunca que fue el último en salir de ens.
Y no se lo diría yo, seguramente. ¿Cómo podría? ¿Qué le diría?
Me sonrió apenas, como si me recoociera. Me miró sereno, quieto, manso.
Como agua de laguna.
Se irguió, hizo ademán de ir saliendo. Lo dejé avanzar y adelantarse.
Mientras salía, miré por última vez la habitación ahora sí -creo, espero...- vacía de recuerdos, de olvidos. De agua y de lagunas.
La puerta quedó entreabierta. Me dio vergüenza, otra vez. Y cierta tristeza rara. No me atreví a cerrarla.
Quién sabe.
Triste laguna.
Pero no la única, ay.
En un rincón de 2008, al frío de julio, un día 5, sábado, quedó un soneto.
Gozoso parecía. En sus cosas, ni me miró cuando llegué. Venía yo abriendo cada puerta cerrada, viendo en cada habitación si en la casa muda quedaba alguien todavía y rogando que no.
No supo nunca que fue el último en salir de ens.
Y no se lo diría yo, seguramente. ¿Cómo podría? ¿Qué le diría?
Me sonrió apenas, como si me recoociera. Me miró sereno, quieto, manso.
Como agua de laguna.
El fruto
Se abre el dulzor de un fruto que partí con la mano;
lo deshacen mis dedos, lo recibe mi palma;
alegre va en mi boca, sabe a un sabor arcano
que huele a paraíso. Como en calma.
Y su jugo ha teñido mi piel, que ya envejece,
y lentas se me escurren su piel y las semillas.
Y su carne a mi carne la ha aromado y florece
plácidamente y huele a maravillas.
Hay niebla. Una llovizna lava el fruto jugoso,
-tiene el dolor de un llanto templado, silencioso-
y exhala beatitud, me impregna gloria.
Estoy sentado. Es tarde. Hoy no hay fuego de invierno.
Del fruto que ha pasado, libre, fragante y tierno
me queda el gusto, el gozo. Y la memoria.
Se irguió, hizo ademán de ir saliendo. Lo dejé avanzar y adelantarse.
Mientras salía, miré por última vez la habitación ahora sí -creo, espero...- vacía de recuerdos, de olvidos. De agua y de lagunas.
La puerta quedó entreabierta. Me dio vergüenza, otra vez. Y cierta tristeza rara. No me atreví a cerrarla.
Quién sabe.
lunes, 7 de enero de 2013
Laguna
Fue hoy y por un incidente casual. Y ahora siento cuánto se me ha hecho honda la casualidad.
Andaba por la bitácora inmóvil (nunca está del todo desatendida...) y fui a caer a una de las páginas de fines de 2009; diciembre, más preciso.
Y allí estaban.
Y no los reconocí: es decir, de pronto reconocí que no los reconocía.
Solos, los cuatro. Hermanos huérfanos, y abandonados, que esperan un tren que ya pasó en una estación vacía, en medio de la nada, sin cómo volver ni irse.
Sentí una pena enorme. Y vergüenza, mucha.
Cuatro poemas.
El año pasado, con un cuidado que creí irreprochable y hasta obsesivo, llegué a editar los versos que había en ens. Después, como se sabe, los publicó benevolentemente Vórtice. Ya lo dije. Lo mencioné hace pocos días aquí mismo, presentando otros libros de versos que llegaron a la etapa de un borrador decente y que tienen versos que también estaban allá.
Pero.
Cuatro poemas faltaron en aquella cuenta de 138, más dos, que le dio título al libro primero.
Estoy aturdido y no sé qué decir, ni qué disculpas pedir.
Sé que ahora vendrá la vela de revisar línea por línea toda la bitácora aquella, y que será con temblor y temor de encontrar más abandonados, como bastardos.
Mientras, esta laguna (¿imperdonable?, se me hace que sí, malhaya..., y por bastante tiempo, al menos...) exige justicia.
Y desagravio.
Por eso mismo, aquí están ellos.
El miércoles 2 de diciembre de 2009, apareció este romance:
En mi ansiedad por reparar en ellos algo de lo que esta laguna pudo haberlos dañado, me fijé por ejemplo en si las lunas llenas de aquel mes de 2009 coincidían con las de diciembre de 2012.
¿Para qué? No lo sé. Pero sí, coincidieron.
Y me quedé más tranquilo.
Tampoco sé por qué.
--------------------------------------------------
(*) Esto, ahora, hay que explicarlo. Era la final del campeonato mundial de clubes que se jugó el 19 de diciembre de 2009 a las 10:00 de la mañana (17, hora nuestra) en el Sheikh Zayed Stadium, en Abu Dhabi. Estudiantes de La Plata vs. Barcelona. En el tiempo reglamentario, el partido terminó empatado. Los goles: Mauro Boselli (Estudiantes) a los 37; a los 89 el empate de Pedro, y ya en tiempo suplementario (a los 109 minutos de juego) el segundo gol del Barcelona, que hizo Lionel Messi. Con eso fue campeón el Barcelona de esa copa ese año. Messi hizo el gol de pecho y lo festejó como si fuera catalán o español.
Andaba por la bitácora inmóvil (nunca está del todo desatendida...) y fui a caer a una de las páginas de fines de 2009; diciembre, más preciso.
Y allí estaban.
Y no los reconocí: es decir, de pronto reconocí que no los reconocía.
Solos, los cuatro. Hermanos huérfanos, y abandonados, que esperan un tren que ya pasó en una estación vacía, en medio de la nada, sin cómo volver ni irse.
Sentí una pena enorme. Y vergüenza, mucha.
Cuatro poemas.
El año pasado, con un cuidado que creí irreprochable y hasta obsesivo, llegué a editar los versos que había en ens. Después, como se sabe, los publicó benevolentemente Vórtice. Ya lo dije. Lo mencioné hace pocos días aquí mismo, presentando otros libros de versos que llegaron a la etapa de un borrador decente y que tienen versos que también estaban allá.
Pero.
Cuatro poemas faltaron en aquella cuenta de 138, más dos, que le dio título al libro primero.
Estoy aturdido y no sé qué decir, ni qué disculpas pedir.
Sé que ahora vendrá la vela de revisar línea por línea toda la bitácora aquella, y que será con temblor y temor de encontrar más abandonados, como bastardos.
Mientras, esta laguna (¿imperdonable?, se me hace que sí, malhaya..., y por bastante tiempo, al menos...) exige justicia.
Y desagravio.
Por eso mismo, aquí están ellos.
El miércoles 2 de diciembre de 2009, apareció este romance:
La luz de esta luna llenaEl martes 15, este soneto:
Aceite gris está el cielo;
bonita la luna llena
que con su tiza ha trazado
rondas de alegre tristeza
por el cielo gris de aceite,
espeso de luz. La pena
de ver que pasa la luna
llena, sola, suave y queda,
tirita lágrimas dulces,
pero no porque le duela
el aceite gris del cielo
ni la traza que la esfera
deja sutil en el aire
cuando va al oeste. Sueña,
la pena que llora alegre,
con esa luz de belleza
que una mano azul y mansa
parece que retuviera
para que los ojos giman
felices de ver la plena
plenitud de luz luciente
que, como la luna, es llena
y le da luz a las cosas
aunque sólo se las presta,
para que vean las cosas
esos ojos que las vean.
Manantiales de silencio
del cielo abajo ya ruedan;
vienen celestes de luna,
y hacen noche en las veredas
que las manos de los hombres
trazan cada vez que rezan.
Silencios que suenan voces.
Voces de luz tenue y quieta
que en estallidos de luna
son música, son la fiesta,
son corazones de noche
que sin embargo alborean
transidos de paz y luna
y son flor de una verbena
que en una danza de gloria
ya sube desde la tierra
para brindar en el aire
con un amor que se empeña.
Camina el hombre en lo oscuro
de la noche de esta tierra.
Sabe que un sol que no ha visto
ha vuelto a la luna bella
en el aceite del cielo
que está cubriendo sus huellas.
Por eso no teme y anda.
Por eso, aunque teme, arriesga.
Por eso, aunque sufre, ríe.
Por eso, aunque duele, espera.
Mira la luna y confía.
Y en la luz que la hermosea
ve una Hermosura que brilla,
ve una Hermosura que llega,
ve una Hermosura que ha hecho
la luz de esta luna llena.
Adviento de ParusíaEl miércoles 23, esta dedicatoria severa a Messi, el del Barcelona (*):
A F. M. S.
Las olas que no cesan de este mundo,
de este mundo de mar de sal doliente,
rumorean, se agitan. Tu figura
las gobierna. Las ondas y los ayes
se maridan y engendran inquietudes
que andan perplejas por un mar sin puertos.
Esperamos al fin un fin sin límite:
un resplandor que calme, vientos leves,
refrigerios de ti, gracia en el aire,
fulgores amorosos, la justicia,
los ojos del león entrecerrados
viendo pastar en paz a los corderos
y una voz poderosa que proclama
que ya no hay más dolor, ni mar, ni tiempo.
(De Minaya Alvar Fáñez, a Messi)El 31, finalmente, y a la puerta misma del otro año, apareció otro soneto:
(Bastaba con el gol. Con el festejo
no era más gol el gol. Con el decoro
quedaba a salvo el gol, igual. Reflejo
quizá de ser quien se es. La plata, el oro,
no garantizan nada. El señorío
es cosa de señores. La cucarda
habla sólo del pie. Pero el tronío
va más alto que el pie, da a la gallarda
frente del vencedor una corona
que es para pechos nobles: los mejores
no importa de qué oficio, de qué suerte;
que es del templado y justo, como el fuerte
Ruy de Castilla, flor entre las flores,
más alto que Carrión y Barcelona.)
Nueva luna llena
Noroestes de luna sueña el cielo
y le sangra una luz en su costado.
Madrugada de insomnio, aroma y vuelo
del corazón en flor, quieto y callado.
Con su frente estrellera sobre el suelo
la niebla penitente ha dibujado,
al este silencioso de ciruelo,
un sol maduro y fresco, ensangrentado.
Y es tan nueva la luna que se ha ido,
tan lúcida amanece en retirada,
tanto incendia la noche en que ha caído,
tan llena y luna es, va tan preñada
del día nuevo como del que ha sido,
que ya no está, pero no falta nada.
En mi ansiedad por reparar en ellos algo de lo que esta laguna pudo haberlos dañado, me fijé por ejemplo en si las lunas llenas de aquel mes de 2009 coincidían con las de diciembre de 2012.
¿Para qué? No lo sé. Pero sí, coincidieron.
Y me quedé más tranquilo.
Tampoco sé por qué.
--------------------------------------------------
(*) Esto, ahora, hay que explicarlo. Era la final del campeonato mundial de clubes que se jugó el 19 de diciembre de 2009 a las 10:00 de la mañana (17, hora nuestra) en el Sheikh Zayed Stadium, en Abu Dhabi. Estudiantes de La Plata vs. Barcelona. En el tiempo reglamentario, el partido terminó empatado. Los goles: Mauro Boselli (Estudiantes) a los 37; a los 89 el empate de Pedro, y ya en tiempo suplementario (a los 109 minutos de juego) el segundo gol del Barcelona, que hizo Lionel Messi. Con eso fue campeón el Barcelona de esa copa ese año. Messi hizo el gol de pecho y lo festejó como si fuera catalán o español.
viernes, 4 de enero de 2013
Scripta
Así dicen: manent.
Pero, ¿no sería mejor seguir el consejo de la Carta VII del maestro Platón?
También podría ser, claro que sí.
Hay que pensar. Seriamente.
Vayamos, mientras, a las cosas escritas, que para eso están los participios perfectos pasivos (y eso de perfecto y pasivo no es materia para despreciar, si es que hay que pensar seriamente en este asunto, digo yo...)
El caso es que, de a poco, parece, y más temprano que tarde, andarán por allí ediciones, ahora digitales, de escritos que había en otra bitácora que no es ésta y que se han ido acollarando en volúmenes.
En su momento, apareció una edición gráfica muy cuidada de 140 poemas, lo que le valió a su editor un premio, cosa que me alegra.
Ahora, quizá como un adelanto de Epifanía, supongo, quedan aquí los borradores de lo que vendrá.
* * *
En Trilogía se agrupan tres libros de versos, dos de los cuales ya fueron publicados en la bitácora otra: Sicilia en flor y Siembra de faros. Los de Silencio de fusa, en cambio, son inéditos, como si eso significara algo y sólo significa que no aparecieron en aquellas páginas.
Las Coplas, por su parte, se publicaron por separado allá y ahora aparecen juntas.
Lo mismo para la serie de sonetos del libro que ahora se llama B., y que los reúne.
No sé si no debería pedir disculpas. Tal vez.
Sobre todo porque scripta manent.
jueves, 30 de agosto de 2012
Nombres reales
Puerto de San Julián
Bahía de flamencos. Sobre el mar suspendido,
arena entre las manos, y la estepa en mi espalda;
todo el sol en el cielo y el silencio en el aire
y el hielo como agujas en el alma y la piel.
Estoy solo en el cielo, en el mar, la meseta.
La costa acantilada es alta como el tiempo
y estoy parado sobre una nada de nada.
No tengo más que dar que lo que tengo ahora.
Y en este mar sin ruidos, los nombres son silencio
que aquieta las mareas, pero amargan la boca.
(Erguido. Mientras, sigo sobre nada de nada.)
Ya el desierto no existe. Soy todo yo desierto.
Y es tan mudo el desierto como es sereno el mar.
Así es el mundo cuando los nombres se disuelven.
Lo encontré hoy entre unos papeles de hace unos cuantos años atrás, junto con algunas otras cosas que tal vez aparezcan por aquí. Fue un otoño espléndido en aquel lugar que siempre llevo conmigo de un modo u otro, pese a su aridez. Por su aridez.
Hace algún tiempo que no estoy por allí.
Vistas ahora, pasado el tiempo y desgajadas, parecen letras mucho más viejas; casi de otro, si acaso no lo son en algún sentido. Por raro que me haya sido, hizo falta mirar más de una vez, volver a ver y casi a escribir de nuevo, espiritualmente, visualmente. Recorrer casi toda completa la geografía de afuera y adentro.
Y sin embargo, una vez allí otra vez -otra vez más, de las que allí estuve-, inmediatamente se reencuentra uno con cierta alegría extraña y, a la vez, cierta alegría familiar. Mucho más honda que los recuerdos, algo que no tiene relación con los recuerdos.
Y la alegría mayor es la de advertir que esas letras no llevan amargura ninguna. Y que, al contrario, llevan la marca de una felicidad de silencio que emana del paisaje y traspasa y desnuda cierta nostalgia feliz de un lugar en el que las cosas son tan nítidamente ellas mismas en su brutal sinceridad esteparia y helada que cualquier conversación es innecesaria.
El viento era de unos cien kilómetros por hora, el acantilado tenía unos setenta metros de alto. El mar estaba vacío de nada que no fuera mar, la meseta esteparia era la soledad misma en cientos de kilómetros alrededor, el puerto era una línea blanca, aterida y muda, allá en el fondo de una inmensa cala de casi diez kilómetros de extensión, apenas conmovida por un mar liso de tan encerrado.
La sensación feliz de un mundo tan abierto y libre como estrechado por la soledad inmensa.
Los nombres de las cosas de afuera se disuelven allí, claro.
Pero es verdad que, cuando se está allí, muy lentamente, y si uno soporta el viento, parecería que solamente van quedando adentro de uno los nombres -cosas, gentes- que parecería no hay modo de disolver, los que son tan hondos y tan propios que en aquella ascesis sin atenuantes hasta incluso cuesta pensar y sentir que realmente nombran algo, a alguien, que no sea uno mismo. Y a veces es tan verdad.
Y después ni siquiera eso, porque en aquella astringencia feroz lo que no es no se disuelve, claro, porque allí sólo lo que es aparece siendo.
Extraño aquellos páramos terribles y esa libertad y esa invitación, constante como el viento, a la prescindencia serena de los nombres innecesarios por irreales y de los innecesarios a secas.
jueves, 23 de febrero de 2012
Nobleza obliga
Se dijo también que, en lo posible, un servidor trataría de hacer libros de ellas. Y así fue también y así va siendo, Dios primero, y habiendo vida, que no está sobrando.
De hecho, los versos fueron los que tomaron la delantera y cerraron filas en respectivos tomos.
Con la prosa -los ensayos, series de artículos y otros comentos- es más difícil. Aunque no tanto que deba resultar imposible, porque también van camino de juntarse (Dios primero, y habiendo vida, que no está sobrando...), cada uno en torno al fuego que mejor parece que le va.
La versión de estas cosas, por fuerza, habrá de ser digital, cuando llegué el momento, y entonces, si llega, aparecerán disponibles en la bitácora pelícano en el sur.
El caso ahora es que una suma de insólitas y conmovedoras generosidades hizo que el primero y más extenso de los tomos formados con los versos que hubo en esta bitácora, se volviera libro de papel que ya anda por ahí. Nobleza obliga, por lo mismo, y esta entrada cumple con el deber de anunciarlo y agradecerlo.
Para quien tenga interés, tal vez valdrá la pena recordar que, en sus años, aparecieron en estas páginas poemas sueltos, esto es, aquellos que no pertenecieron a ninguna de las series de poemas, que sí las hubo aquí y forman ya volúmenes, aun cuando todavía son volúmenes inéditos en todas las versiones, salvando el hecho de que aquí estuvieron.
Los poemas sueltos fueron 138 composiciones que, con el agregado de dos nunca publicadas, formaron un tomo que lleva por título, precisamente, 140 poemas. Es el libro en papel recientemente editado del que estoy hablando y cuya tapa ilustra esta entrada.
Con simpatía, dedicación y esmero, lo publicó Vórtice y tiene 214 páginas.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Septiembre
Septiembre nace frío, húmedo y barroso, con una llovizna ínfima, mojadora. Y el viento.
Pero es septiembre.
Y temprano tiene que ser: a oír la madrugada, mate y cigarro en ristre, se va temprano.
Porque empezó el tiempo en el que la mañana se oye antes de que se la pueda ver.
Es el zorzal que vuelve.
Pero es septiembre.
Y temprano tiene que ser: a oír la madrugada, mate y cigarro en ristre, se va temprano.
Porque empezó el tiempo en el que la mañana se oye antes de que se la pueda ver.
Es el zorzal que vuelve.
Septiembre está pariendo zorzales por el aire.
Y ellos respiran cantos que trinan como luces
en medio de una noche que, inquieta todavía,
ruge vientos que lloran lloviznas en la hierba.
Septiembre llega y nace. Un zorzal pregonero
proclama, entre las hojas de un sauce que murmura,
que agosto dio sus días, y que su sangre corre
ahora por las venas de ciruelos y tilos.
Septiembre cruza el tiempo y deja atrás la noche.
Y siembra por las ramas de su invierno natal
brotes verdes, zorzales, una luz quieta y niña.
Septiembre ya es septiembre. Ya es el mundo en septiembre.
Lo han dicho los zorzales. Mi corazón lo ha dicho.
Y se oye que es septiembre en la voz de este día.
sábado, 21 de agosto de 2010
Pelícano
De un modo u otro, se sabe que hay quienes pasan de vez en cuando por esta bitácora.
Hay que hacer una advertencia, entonces.
Por un tiempo, aparecerán aquí los resultados de unos ejercicios, de los que ya algo dije, que son de cuando –en la primera parte de este año- viajaba por Sicilia y otros sitios, tomando notas de esto y de aquello.

Uno nunca sabe qué buscan y qué encuentran los viandantes en estas páginas. Pero tal vez pueda hacerse algo para que no les pase que encuentren lo que no buscan. O que busquen algo y no lo encuentren, que es lo más probable.
De allí el pelícano que ilustra estas líneas. Pues pareció lo mejor dejar un signo inmediato que le permita seguir viaje a mejores vientos a quien quiera pasar de largo y no verse obligado a toparse con versos. Y eso porque las notas de esos viajes, se entiende, están dichas en verso.
Así las cosas, compadre, ya sabe lo que tiene que hacer si ve un pelícano.
Hay que hacer una advertencia, entonces.
Por un tiempo, aparecerán aquí los resultados de unos ejercicios, de los que ya algo dije, que son de cuando –en la primera parte de este año- viajaba por Sicilia y otros sitios, tomando notas de esto y de aquello.

Uno nunca sabe qué buscan y qué encuentran los viandantes en estas páginas. Pero tal vez pueda hacerse algo para que no les pase que encuentren lo que no buscan. O que busquen algo y no lo encuentren, que es lo más probable.
De allí el pelícano que ilustra estas líneas. Pues pareció lo mejor dejar un signo inmediato que le permita seguir viaje a mejores vientos a quien quiera pasar de largo y no verse obligado a toparse con versos. Y eso porque las notas de esos viajes, se entiende, están dichas en verso.
Así las cosas, compadre, ya sabe lo que tiene que hacer si ve un pelícano.
sábado, 24 de julio de 2004
X
Habéis visto la casa edificada, la habéis visto adornada
por uno que llegó en la noche, ahora está dedicada a
DIOS.
Ahora es una iglesia visible, una luz más, puesta en un
cerro
en un mundo confuso y oscuro y agitado por presagios
de miedo.
¿Y qué diremos del futuro? ¿Es una sola iglesia lo único
que podemos edificar?
¿O seguirá la Iglesia Visible y vencerá al Mundo?
La gran serpiente yace siempre medio despierta, en el
fondo del pozo del mundo, enroscada
en pliegues de sí misma hasta que despierta de hambre y
moviendo la cabeza a derecha e izquierda se
prepara para su hora de devorar.
Pero el Misterio de Iniquidad es un pozo demasiado
hondo para que lo sondeen los ojos mortales. Salid
afuera de entre los que aprecian los ojos dorados de la
serpiente,
los adoradores, sacrificio que la serpiente se da a sí
misma.
Tomad vuestro camino y separaros.
No seáis demasiado curiosos del Bien y del Mal;
no tratéis de contar las futuras olas del Tiempo;
sino satisfaceos con que tenéis luz
bastante para dar vuestro paso y encontrar dónde
asentar el pie.
¡Oh Luz Invisible, Te alabamos!
Demasiado clara para una visión mortal.
Oh Luz Mayor, Te alabamos por lo que es menos,
por la luz oriental que nuestras torres tocan de mañana,
la luz que se inclina sobre nuestras puertas occidentales
al anochecer,
el crepúsculo sobre charcos estancados cuando vuela el
murciélago,
Luz de luna y luz de estrellas, luz de búho y de falena,
fulgor de luciérnaga en una brizna de hierba.
¡Oh Luz Invisible, te adoramos!
Te damos gracias por las luces que hemos encendido,
la luz del altar y del santuario;
pequeñas luces de los que meditan a medianoche
y luces dirigidas a través de los cristales de colores de
ventanas
y luz reflejada en la piedra pulida,
la dorada madera tallada, el colorido fresco.
Nuestra mirada es submarina, nuestros ojos miran
hacia arriba
y ven la luz que se quiebra a través del agua inquieta.
Vemos la luz pero no vemos de dónde viene.
¡Oh Luz Invisible, te glorificamos!
En nuestro ritmo de vida terrena nos cansamos de la luz.
Nos alegra cuando acaba el día, cuando se acaba
la función y el éxtasis es demasiado dolor.
Somos niños rápidamente cansados: niños levantados de
noche y que caen dormidos cuando se lanza el
cohete; y el día es largo para el trabajo o el
juego.
Nos cansamos de la distracción y la concentración,
dormimos y nos alegramos de dormir,
gobernados por el ritmo de la sangre y el día y la noche
y las estaciones.
Y tenemos que apagar la vela, apagar la luz y volverla a
encender;
para siempre debemos apagar, para siempre volver a encender
la llama.
Por eso te damos gracias a Ti por nuestra lucecita; ésta
está moteada de sombra.
Te damos gracias a Ti que nos has movido a edificar, a
encontrar, a formar en la punta de los dedos y
los rayos de nuestros ojos.
Y cuando hayamos edificado un altar a la Luz Invisible,
quizás podamos poner en ella las lucecitas para
las que se hizo nuestra visión corporal.
Y te damos gracias de que la tiniebla nos recuerde la luz.
¡Oh Luz Invisible, Te damos gracias por Tu gran gloria!
Thomas Stearns Eliot
(De los coros de la obra La piedra)
Habéis visto la casa edificada, la habéis visto adornada
por uno que llegó en la noche, ahora está dedicada a
DIOS.
Ahora es una iglesia visible, una luz más, puesta en un
cerro
en un mundo confuso y oscuro y agitado por presagios
de miedo.
¿Y qué diremos del futuro? ¿Es una sola iglesia lo único
que podemos edificar?
¿O seguirá la Iglesia Visible y vencerá al Mundo?
La gran serpiente yace siempre medio despierta, en el
fondo del pozo del mundo, enroscada
en pliegues de sí misma hasta que despierta de hambre y
moviendo la cabeza a derecha e izquierda se
prepara para su hora de devorar.
Pero el Misterio de Iniquidad es un pozo demasiado
hondo para que lo sondeen los ojos mortales. Salid
afuera de entre los que aprecian los ojos dorados de la
serpiente,
los adoradores, sacrificio que la serpiente se da a sí
misma.
Tomad vuestro camino y separaros.
No seáis demasiado curiosos del Bien y del Mal;
no tratéis de contar las futuras olas del Tiempo;
sino satisfaceos con que tenéis luz
bastante para dar vuestro paso y encontrar dónde
asentar el pie.
¡Oh Luz Invisible, Te alabamos!
Demasiado clara para una visión mortal.
Oh Luz Mayor, Te alabamos por lo que es menos,
por la luz oriental que nuestras torres tocan de mañana,
la luz que se inclina sobre nuestras puertas occidentales
al anochecer,
el crepúsculo sobre charcos estancados cuando vuela el
murciélago,
Luz de luna y luz de estrellas, luz de búho y de falena,
fulgor de luciérnaga en una brizna de hierba.
¡Oh Luz Invisible, te adoramos!
Te damos gracias por las luces que hemos encendido,
la luz del altar y del santuario;
pequeñas luces de los que meditan a medianoche
y luces dirigidas a través de los cristales de colores de
ventanas
y luz reflejada en la piedra pulida,
la dorada madera tallada, el colorido fresco.
Nuestra mirada es submarina, nuestros ojos miran
hacia arriba
y ven la luz que se quiebra a través del agua inquieta.
Vemos la luz pero no vemos de dónde viene.
¡Oh Luz Invisible, te glorificamos!
En nuestro ritmo de vida terrena nos cansamos de la luz.
Nos alegra cuando acaba el día, cuando se acaba
la función y el éxtasis es demasiado dolor.
Somos niños rápidamente cansados: niños levantados de
noche y que caen dormidos cuando se lanza el
cohete; y el día es largo para el trabajo o el
juego.
Nos cansamos de la distracción y la concentración,
dormimos y nos alegramos de dormir,
gobernados por el ritmo de la sangre y el día y la noche
y las estaciones.
Y tenemos que apagar la vela, apagar la luz y volverla a
encender;
para siempre debemos apagar, para siempre volver a encender
la llama.
Por eso te damos gracias a Ti por nuestra lucecita; ésta
está moteada de sombra.
Te damos gracias a Ti que nos has movido a edificar, a
encontrar, a formar en la punta de los dedos y
los rayos de nuestros ojos.
Y cuando hayamos edificado un altar a la Luz Invisible,
quizás podamos poner en ella las lucecitas para
las que se hizo nuestra visión corporal.
Y te damos gracias de que la tiniebla nos recuerde la luz.
¡Oh Luz Invisible, Te damos gracias por Tu gran gloria!
Thomas Stearns Eliot
(De los coros de la obra La piedra)
jueves, 22 de julio de 2004
Hay que ver lo que son las cosas. En mi adolescencia me gustaba este tangazo. Es verdad que estaba medio solo en mi afición. Por el tango, con unos. Y por la letra de éste, con otros.
Ahí tienen un caso, me parece, en el que probablemente un tango tenga mejor música que letra.
No porque esta letra no tenga lo suyo. ¡Lo que no me habrán dicho de estos versos impíos! ¿Se imaginan el festín que podría hacerse uno si quisiera? Desde Freud y Don Bosco (por lo de los juguetes en la infancia, más que por lo de la 'mama'), hasta San Agustín. Desde Lutero, Chaucer y Rabelais hasta Jorge Manrique o Baudelaire. Y más y más. Hay para todos los gustos.
No quiero ser esteticista, pero, como dije hace poco, ya querría que se me hubiera ocurrido aquello de:
Y hasta el
con un dejo frayluisdeleonesco (aquello del "...vivir quiero conmigo..." de la Oda, de tan opuesto sabor a estos versos de Antonio Miguel Podestá)
El resto...bueno, claro. Pero no hagamos tanto escándalo. Después de todo, lo peor no es lo que dice, sino que lo diga con ese aire tan porteño de bravata y provocación baladí. Esa impostación de la maldad, no deja de ser un poco naïf.
(Yo no sé si los porteños no somos tan inconsistentes o 'chantas' por esa cosa de imitar más a varios de esos personajes un poco patéticos de nuestra cuasi épica de compadritos de milonga o tango, en vez de calcarnos en los compadres reales, más fieros, más salvajes, más viriles...)
Al fin de cuentas, ningún hereje se llama 'hereje' a sí mismo.
Suena tan malo que pierde credibilidad.
Hasta que llegamos finalmente a "...como abrazao a un rencor...", verso que da título a la composición, que tiene ese 'como' relativizante, diluyente, benévolo...y arrepentido.
Ahora, la melodía...
Es tango. Esas guitarras (hay que oírlo por Gardel)...o ralentado con bandoneón (más en las estrofas que en el estribillo.)
Dicen que es mérito de Rafael Rossi, que le puso música a la letra.
Todo esto pasó en 1931, en la bohemia nocturna de redacción del diario Última hora, en Buenos Aires. Un clásico.
(Está listo, sentenciaron las comadres;
y el varón, ya difunto en el presagio,
en el último momento de su pobre vida rea
dejó al mundo el testamento
de estas amargas palabras
piantadas de su rencor):
Esta noche para siempre terminaron mis hazañas,
un chamuyo misterioso me acorrala el corazón.
Alguien chaira en los rincones el rigor de la guadaña
y anda un algo cerca' el catre olfateándome el cajón.
Los recuerdos más fuleros me destrozan la zabeca,
una infancia sin juguetes y un pasado sin honor,
el dolor de unas cadenas que aún me queman las muñecas
y una mina que arrodilla mis arrestos de varón.
Yo quiero morir conmigo
sin confesión y sin Dios,
crucificao en mis penas
como abrazao a un rencor.
Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor;
aquélla me dio amarguras,
y el amor, una traición.
Yo no quiero la comedia de las lágrimas sinceras,
ni palabras de consuelo ni ando en busca de un perdón.
No pretendo sacramentos, ni palabras funebreras,
me le entrego mansamente, como me entregué al botón.
Sólo a usted, mama lejana, si viviese le daría
el derecho de encenderle cuatro velas a mi adiós,
de volcar todo su pecho sobre mi hereje agonía,
de llorar sobre mis manos y pedirme el corazón.
Ahí tienen un caso, me parece, en el que probablemente un tango tenga mejor música que letra.
No porque esta letra no tenga lo suyo. ¡Lo que no me habrán dicho de estos versos impíos! ¿Se imaginan el festín que podría hacerse uno si quisiera? Desde Freud y Don Bosco (por lo de los juguetes en la infancia, más que por lo de la 'mama'), hasta San Agustín. Desde Lutero, Chaucer y Rabelais hasta Jorge Manrique o Baudelaire. Y más y más. Hay para todos los gustos.
No quiero ser esteticista, pero, como dije hace poco, ya querría que se me hubiera ocurrido aquello de:
"...Alguien chaira en los rincones el rigor de la guadañaY eso de:
y anda un algo cerca' el catre olfateándome el cajón..."
"...una mina que arrodilla mis arrestos de varón..."
Y hasta el
"...Yo quiero morir conmigo..."
con un dejo frayluisdeleonesco (aquello del "...vivir quiero conmigo..." de la Oda, de tan opuesto sabor a estos versos de Antonio Miguel Podestá)
El resto...bueno, claro. Pero no hagamos tanto escándalo. Después de todo, lo peor no es lo que dice, sino que lo diga con ese aire tan porteño de bravata y provocación baladí. Esa impostación de la maldad, no deja de ser un poco naïf.
(Yo no sé si los porteños no somos tan inconsistentes o 'chantas' por esa cosa de imitar más a varios de esos personajes un poco patéticos de nuestra cuasi épica de compadritos de milonga o tango, en vez de calcarnos en los compadres reales, más fieros, más salvajes, más viriles...)
Al fin de cuentas, ningún hereje se llama 'hereje' a sí mismo.
Suena tan malo que pierde credibilidad.
Hasta que llegamos finalmente a "...como abrazao a un rencor...", verso que da título a la composición, que tiene ese 'como' relativizante, diluyente, benévolo...y arrepentido.
Ahora, la melodía...
Es tango. Esas guitarras (hay que oírlo por Gardel)...o ralentado con bandoneón (más en las estrofas que en el estribillo.)
Dicen que es mérito de Rafael Rossi, que le puso música a la letra.
Todo esto pasó en 1931, en la bohemia nocturna de redacción del diario Última hora, en Buenos Aires. Un clásico.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








