lunes, 20 de enero de 2025

Tu jardín mío


Hay misterios que anidan en tus manos. 
Son como el agua, 
transparentes y frescos manantiales
que conozco.

Hay secretos de luciérnagas en tu mirada:
lucen y aplacan mis certezas; 
sin mirarme, me ves.

Hay vaticinios como enredaderas
que suben hasta mí,
hiedras de otoño rojizas y veteadas de rocío.
Son como tu abrazo.

Hay profecías sin tiempo entre la hierba.
Esperan anhelantes que llegue a sus orillas
para estallar, 
como risas y capullos,
en tu silencio que habla nuestro idioma.

Hay augurios de miel
que escurren las ternezas de la noche.
Y la oscuridad del ramaje que se enciende
como un vino de Borgoña
junto al fuego. 
Panales que murmuran, 
al ritmo silencioso con que respiras a mi lado.

Todo un jardín de voces que repiten un nombre
y palabras de amor, 
susurros de cortejo,
silbidos de azahares,
y coros de lavandas,
mientras las últimas palomas del día
y el zorzal lastimero,
llamándote me llaman,
sigilosos y melancólicos.

Todo un jardín que tu mano jardinera
y tu voz hortelana han modelado incansables, 
para dejarme un lecho tibio de lloviznas, 
un vendaval de flores, 
un viento de piares que señalan el cielo,
para que al despertar sonría.

Es todo tu jardín 
y es tu jardín en todo.

Allí no hay soledad 
y, siempre sola, 
mujer de pies suaves sin sonidos,
paseas cada tarde tu nostalgia de los días sin fin. 

Y vas trazando con tus huellas de plata ese destino,
que en un rincón espera por nosotros.