martes, 14 de enero de 2025

Casandra


Casandra, somnolienta, me decía
la cifra del futuro que me espera,
y abrazada a mi cuello, dormitaba,
mientras soñaba un cántico sin notas.

Cada tanto, sus ojos sin consuelo
buscaban mi mirada: "no verás
nunca más otros ojos que los míos,  
ni amarás otra sangre que mi sangre..."

Bajo la sombra de una acacia, el aire
dibujaban sus manos tiernamente
y cromaban de sol a mi figura.

No era despecho ni resentimiento.
Casandra enamorada adivinaba 
los días que me quedan por delante.