Casandra, somnolienta, me decíala cifra del futuro que me espera,y abrazada a mi cuello, dormitaba,mientras soñaba un cántico sin notas.Cada tanto, sus ojos sin consuelobuscaban mi mirada: "no verásnunca más otros ojos que los míos,ni amarás otra sangre que mi sangre..."Bajo la sombra de una acacia, el airedibujaban sus manos tiernamentey cromaban de sol a mi figura.No era despecho ni resentimiento.Casandra enamorada adivinabalos días que me quedan por delante.