sábado, 4 de enero de 2025

Donde me guardas


Hay colmenares grávidos por donde mires.

Cosechas de dulzuras en la miel de estos días
que ha sembrado la luz.

No hay más silencio aquí.
Sólo estos colmenares rítmicos,
serenos en el fragor de sus bullicios.

Ellos cubren el tedio 
con que bosteza el mundo sus horas,
las amargas y grises,
las horas del cansancio de vivir,
las de la fuerza torpe
y la tristeza trivial.

Horas de ciegos felices entre sombras, 
horas de sonrisas siniestras, 
minutos de falsa algarabía
que aturden con zumbidos estériles.

Entre una paz de miel,
entre aromos en sazón y magnolias turgentes,
las abejas.
Laboran sus dulzores,
sellan sus cámaras de ámbar, 
silenciosamente, 
como la música del viento.

Te veo en el reflejo azul
de las flores de lino que te visten,
bailando entre colmenas,
entre acacias y cardos florecientes
murmurar tu sonrisa.

Tu vestido 
regala un enjambre goloso 
y huele a yerbabuena,
y trasmina tu pelo toda dicha, 
de espaldas a la rueda ruinosa 
que mueve los centavos, 
de frente al aguijón del gozo,
en la esperanza de las abejas
que han labrado esta celda feliz
donde me guardas.