Siempre fue clara la esperanza. Tiene
el pudor de ser clara. Su presencia
es suave y en su misma transparencia
trae luz y misterio. Cuando viene,
aparta el desencanto y toda urgencia,
despeja la mirada y la sostiene
y no hay deseo futil que no ordene.
Llega en silencio y al llegar silencia
el trueno del dolor, porque, aunque truene,
amansa el corazón y su querencia,
pues clara es la esperanza. Su inocencia
espera por amor. De allí proviene
y hace que en el amor su voz resuene
y hacia el amor dirige la existencia.