Si nos naciera en mi rosal tu rosa
este nuevo jardín
florecido de luz florecería,
se abrirían corolas y dulzuras;
las abejas golosas
volverían en sí
a los panales que secó este invierno.
Años que fueron sólo primavera
volverían en sí, se poblarían
del zumbido frutal,
linos de cielo en tierras renacidas,
girasoles de sol;
nimbando lomas y tiñendo campos
colores como fuegos,
tormentas de delicias,
en una eternidad de miel el aire.
Y con sólo tu rosa.
Y con sólo tu rosa nacerían
en mis ojos tus ojos,
el alma de tus ojos transformada
en pétalos y aroma.
Y espera este rosal,
enhiesto en la constancia de su espera,
latente en su constancia,
atento a los caminos de la savia,
sonriente de esperanza,
seguro de que el aire será eterno
si nos naciera en mi rosal tu rosa.