Si al morirme contigo no muriera
y quedara en el mundo,
sabría que una sombra me ha poblado
velando ese vacío de tu ausencia,
una oquedad de luz,
una orfandad de voces, un silencio
que crecerá hasta el día de mi muerte.
Si al morirme contigo no muriera,
viviría entre ensayos de la muerte
y una sospecha frágil, insegura,
de que te he visto hoy,
te he visto ayer, tal vez veré mañana
flagrante tu presencia y cercanía,
un trazo de tus ojos,
esbozos de tus manos,
la suavidad del aire de tu cuerpo.
Y pasarán los días
y las noches del día hasta que el alba
vuelva a nacer sin ti,
opaca de una parte,
una vez y otra vez,
brillante entre las cosas que ilumine,
clara entre nieblas de una noche oscura,
siempre ciega y traslúcida,
igual que esta mirada
que te busca y te busca sin hallarte.
Y viviré esa muerte con que vivo,
esperando que el tiempo se diluya,
si al morirme contigo no muriera.