Si de barro me hiciera y no de fuego
en cuenco moldearía
el corazón que tengo,
concavidad de amor, rumor tan suave
que acune tu mirada
y te lleve y me lleve.
Pero es fuego la entraña de mi sangre,
la pira de mis días,
la hoguera de saber que está incendiada
la memoria de miel de tu figura.
Si de barro yo fuera,
vasija fresca para un agua dulce,
o de un vino del año, eso sería,
para que en mí bebieras,
recostada a la vera de mi suerte,
tus brazos abrazando mi contorno
mi contorno tu gracia conteniendo.
Pero es de fuego ese interior de fuego
que arde dichas de ti y de tu presencia,
hasta entibiar mi voz
y el canto que entre llamas a ti llega.