Esto pasó hace mucho, mucho tiempo, y en un lugar lejano.
Los pastores siempre andan buscando lugares donde sus ovejas puedan pastar durante el día. Y, de vez en cuando, puede ser que se les escape una oveja. Entonces salen a buscarla, mientras las demás siguen pastando tranquilamente, todas juntas.
Pero esta vez pasó que el pastor se quedó dormido varias horas y, cuando despertó, ya estaba bajando el sol. Se levantó del suelo inquieto porque se dio cuenta de que pronto iba a llegar la noche y tenía que llevar rápidamente sus ovejas al corral para que durmieran protegidas.
Pero las ovejas no estaban.
Miró en todas direcciones, subió a un peñasco para ver el lugar desde arriba y así poder ver más y más lejos. Pero las ovejas no estaban y la tarde se iba yendo hacia la noche.
Se lamentaba retándose a sí mismo y bajando de la peña apuraba el paso. Como no las veía y no sabía qué podía haber sido de las ovejas, empezó a caminar en cualquier dirección. Primero hacia el corral, que estaba bastante lejos; como el camino hacia el corral era llano, pensó que si hubieran ido hacia allá las hubiera visto. Pero las ovejas no estaban.
Entonces dio vuelta y buscó en otro lado, a cada paso más triste y preocupado. Caminó hacia una cañada seca que había entre unas sierras bajas y buscó las pisadas por si encontraba rastros del rebaño. Pero no había rastros.
La cañada iba bordeando las sierras haciendo curvas. Al dar una vuelta, vio a un niño sentado sobre unas piedras jugando con una rama con la que dibujada en la tierra arenosa.
Cuando lo vio llegar todavía desde lejos, el niño habló primero antes de que el pastor pudiera abrir la boca. El eco de la cañada hizo que el pastor oyera claramente su voz. Le preguntaba qué hacía a esas horas por allí y si era pastor y dónde estaba entonces su rebaño.
El pastor, tartamudeando por el miedo y la vergüenza de haber perdido a sus ovejas, contestó como pudo a todas las preguntas y confesó que se había quedado dormido de más.
El niño lo miraba mientras el pastor hablaba. Cuando el pastor se quedó en silencio mirando en todas direcciones todavía buscando a sus ovejas, el niño le ofreció caminar con él para tratar de encontrarlas. La noche estaba muy cerca.
Mientras caminaban, el niño cada tanto le hacía alguna pregunta o le contaba alguna historia de aquellos lugares. Por momentos, el pastor se distraía de su preocupación y del miedo de que a su rebaño le hubiera pasado algo malo. Pensaba que el niño viviría cerca de allí, en algún lugar, pero no había visto ninguna población, ni siquiera una casa.
El pastor casi ni se dio cuenta de que la noche ya había entrado, pero igual trataba de ver algo en medio de la oscuridad. Ya hacía frío y el pastor trataba de acomodar sus ropas para protegerse. Allí se dio cuenta de que el niño estaba descalzo y le ofreció envolverle los pies con algo de sus ropas. El niño aceptó y por unos minutos se detuvieron para cubrir sus pies.
El pastor no sabía ya cuánto tiempo habían caminado entre las sierras de a ratos, o de a ratos por algunas partes llanas.
De pronto, el niño le señaló una luz muy débil que se veía al pie de una sierra muy baja. El frío crecía y el pastor, entre el miedo por su rebaño y las horas de búsqueda, estaba muy cansado. Caminaron hacia esa luz débil que iba creciendo un poco a medida que se acercaban. La noche estaba muy estrellada, pero era oscura. Por eso el pastor no podía ver bien qué había en el lugar de donde salía la luz, que era en realidad una fogata pequeña, alimentada con ramas secas de algunos arbustos porque no había árboles por allí.
Cuando ya estaban bastante más cerca, el pastor vio a la luz de la fogata las siluetas de unas ovejas que estaban sentadas muy juntas unas a otras. Con sorpresa, salió corriendo hacia el lugar, mientras llamaba por su nombre a algunas de las ovejas. Las que nombraba fueron levantándose del suelo y empezaron a trotar hacia el pastor, y parecían tan contentas de haberlo encontrado como él de haberlas encontrado por fin a ellas.
Con el cansancio y la emoción se olvidó por un momento del niño que lo había acompañado hasta allí. Rendido, se acurrucó junto a sus ovejas y se quedó dormido.
Cuando empezó a clarear, se despertó. Alrededor vio con asombro dos o tres pastores más con algunas otras ovejas. Todos estaban mirando a una especie de cueva que había al pie de la sierra. La luz del fuego de la noche ahora salía de esa especie de cueva, a la que todos miraban.
En ese momento, el pastor buscó otra vez al niño y no lo encontró. Se inquietó por si le hubiera pasado algo. Preguntó a los pastores si habían visto a un niño y nadie lo había visto.
Entre los pastores, había una viejecita con unas pocas ovejas. Se acercó al pastor y le dijo que ella había estado casi toda la noche allí. Mientras señalaba la cueva, le dijo que el único niño que había estaba dentro de la cueva de donde todavía salía la luz.
Pero que ese niño acababa de nacer.