Se te fue quien te quería, "Melodía", por los caminos del viento, "Barlovento"; dame una totuma llena, "Noche buena", dame una dulce esperanza, "Mala crianza"; de todas las flores bellas, "Linda estrella", eres tú la más hermosa, "Buena moza"; el corazón me lastima, "Clavellina", con tu bramar lastimero, "Mi Lucero", "Mi Lucero", "Mi Lucero"...
Por la sabana infinita, camina mi pensamiento; dónde estás que no te siento, "Mi Tormento", ya llegó la mañanita, "Flor marchita".
Ya viene saliendo el sol y no siento tu presencia: llegas tarde a la querencia, "Penitencia", me estoy muriendo de amor "Bella flor". "Bella Flor", "Bella Flor"...
Acercate, "Turupial"; acercate, "Viento de agua", que tus penas son iguales a las penas de mi alma, "Tengan calma". "Tengan calma", "Tengan calma"...
Se te fue quien te quería, "Melodía" por los caminos del viento, "Barlovento", "Barlovento", "Barlovento"...
Ya me va a tumba' el balde, Malacrianza, Malacrianza, uhmmm, eche pa' lla Buenamoza, póngase Clavellina, Viento de agua...
Y así es como, diría, se hacen las dos cosas a la vez.
Sin tanta vuelta, sin mucha milonga. Sencillamente. Elegante y simple, valga la redundancia.
Lo cual prueba, si hiciera falta, que se puede.
Y esto dicho para quien diga que no se puede: que una cosa es el placer y otra el deber.
Que una cosa es la milicia y otra la fiesta.
Que una cosa es la belleza y otra el trajín.
Pero el asunto puede catarse de otra guisa.
Porque, al parecer, hay aquí un solo corazón. Como parece también que, en la misma -y por la misma- superposición de cantos, hay más de un tesoro.
¿Puede ser? ¿Podrá ser? ¿O es un solo tesoro, también?