domingo, 4 de enero de 2026

Poema del puerto


Navegué por los años, surqué el tiempo
interminable, como noche oscura,
como mares de arena.

                        Fui remando,
y cada vez más lentamente, un día
y otro día, otro día, un día más,
para hallar esa isla misteriosa
sin pena, sin espinas: el refugio
donde se enjugan lágrimas con flores,
donde amanece siempre en la mirada,
donde la brisa es beso, donde trinan
alondras de arias nuevas y zorzales.

Navegué en las alturas; fui tan hondo
que encontré las cavernas del silencio;
nadé por ríos que al bramar heridas
olvidaron la miel de las esperas.
Corté cien cabos, encallé mil veces 
y dejé a la deriva hacer su curso.

Ahora, en la tarde de mi historia, llego
al puerto que buscaba y no tenía.

Tiene en sus ojos sol, lleva en sus manos
una siembra eternal y manantiales
de los que mana el viento, fresco y tierno.
Y un corazón de isla en que naufrago.