all my souls bee
Emparadis'd in you (in Whom alone
I understand, and grow, and see).John Donne
A Valediction of my name, 25.
En realidad, el título completo es A Valediction of my Name in the Window, un poema de 11 estrofas de principios del XVII, con una historia trágica detrás, que se refiere a por qué John Donne grabó su nombre a punzón en una ventana de su casa (junto con el de Anne Donne y un misterioso Undone). Es todo un capítulo apasionante la feliz vida desdichada del poeta, a partir de su matrimonio secreto con Anne More, el amor de su vida, la musa perpetua de las profundísimas obras de Donne y la madre de sus hijos.
Con traducción de Carlos Manzano, esos versos están en La imagen del mundo –Capítulo VII (La Tierra y sus habitantes), punto C (el Alma humana)– en la edición de Antoni Bosch editor, de Barcelona.
De hecho, el título original del autor es mucho más potente y significativo: The Discarded Image: An Introduction to Medieval and Renaissance Literature, que publicó Cambridge University Press, en 1964, un año después de la muerte de su autor.
A mi juicio, este es el libro de C. S. Lewis que más me gusta (porque no quiero cursar la pedantería de dictaminar que es el mejor..., aunque debería). Una tesis muy sólida respecto de la continuidad de una concepción del entero mundo material e inmaterial, terrestre y celeste, desde la antigüedad clásica hasta el siglo XVII, siglo en el que esa continuidad se interrumpe. Todo eso fundado sólidamente en la literatura de ese período enorme. Y déjenme que les diga que es un "librito" de apenas 170 páginas en español.
Muy bien.
Hechas las presentaciones bibliográficas de rigor, voy al punto que me interesa sobremanera.
Esos versos de Donne aparecen traducidos en asterisco al pie de la página, de esta sosa manera, sin métrica ni rima:
Todas mis almas están arrobadas en ti (la única por la que entiendo, crezco y veo).
Lewis, a su vez, trae estos versos de Donne, porque se está refiriendo en ese capítulo al alma del hombre según la concepción clásica (con sus tres vertientes, vegetativa, sensible y espiritual) y anota una sutil amonestación doctrinaria (más bien para los lectores): es claro que el hombre no tiene tres almas, aunque, dice Lewis:
A veces los poetas se permiten hablar como si el hombre tuviese, no un alma con tres vertientes, sino tres almas. Donne, al afirmar que el alma vegetal por la que crece, el alma sensible por la que ve y el alma racional por la que entiende, están igualmente deleitadas con la amada (...) Pero en este caso se trata solamente de un tropo. Donne sabe que solamente tiene un alma, que, por ser racional, incluye la sensible y la vegetal.
Fin de la clase de filosofía y letras, vayamos a una palabra.
Resulta que, como se ve, Donne usa una voz extraña: Emparadis'd. Y ocurre que, como con el título, allí la traducción falla de medio a medio. No es lo mismo decir que una concepción del mundo que tuvo vigencia durante casi 20 siglos, fue descartada, que decir simplemente que hay una imagen del mundo antigua. Todo un asunto.
Pero lo mismo para la palabra emparadised. ¿Arrobadas en ti? Así es como toda una dimensión del amor por su amada, que John Donne intencionalmente quiso asociar a algo muy determinado y concreto, como es el Paraíso, se pierde con la imagen de un hombre con la boca abierta y con una semisonrisa, que más bien es lo que el arrobamiento sugiere.
Me tienta decir que al elegir las palabras o los títulos, editores y traductores le acercan a Lewis post-mortem una prueba de que hay una imagen del mundo y de las cosas que fue efectivamente "descartada". Y así es como, ahora, editores y traductores no tienen un mundo paradigmático que les dicte las palabras adecuadas, ni siquiera cuando simplemente deberían traducir literalmente lo que tienen ante los ojos.
Pero hay algo más.
No fue John Donne el primero en usar esa palabra para connotar lo que su amada y el amor por su amada hacen con él. Y sería interesarte rastrear cómo llegó hasta él.
El primero fue Dante Alighieri, que yo sepa. Fue en el Canto XXVIII, de Paradiso, la tercera parte de la Commedia, en un verso en el que nombra así a Beatrice, mención que me deleita hace años y que ya querría cualquiera poder apropiársela:
quella che ’mparadisa la mia mente.
Y así es como allí está la "hermana" poética de Anne More, Beatrice Portinari, haciendo ambas, a unos trescientos años de distancia, lo mismo: emparaisar al hombre que las ama.
Sin embargo.
Algo que me llamó la atención es que, con todo y la solvencia académica de Lewis, no haya hecho la debida referencia a Dante, que es debida porque el neologismo es obra del florentino y salta de tal manera a la vista en el verso de Donne (por lo infrecuente, además) que parece imposible no advertirlo.
Por su parte, tristemente, la Academia Española de la Lengua no registra este verbo.
Pues, es una pena enorme: se lo pierden ustedes, señores académicos. Y nosotros con ustedes. Y por ustedes.