Hay algo que aprendí (que me enseñaste):
como arena se cuelan los recuerdos,
como arena se esparcen las memorias
que el viento desordena.
Entre mis dedos
huyeron unos granos de silencio,
se escabulle tu voz y tu suspiro;
como en la arena, el mar de unos segundos
desdibuja miradas que me han visto,
tus huellas que he seguido hasta encontrarte.
Me enseñaste (aprendí...) que con el tiempo,
en médanos de olvido y enterrados,
las cosas y los años se refugian
y ya nadie los ve, nadie los sabe,
porque son ya arenales uniformes
donde se pierde el grito o el susurro
que vistieron historias.
Como arena,
he soltado puñados de mis días
que parecen lejanos y no existen.
Barrí con viento fuerte lo que ha sido
para dejar en piedra lo que es.
Ahora conservo sólo las raíces
inamovibles, como en tierra firme,
que son el corazón de tu presencia.