miércoles, 17 de noviembre de 2004

El sueño de Adán (II) (*)

Dice Jean Daniélou que, además del sacramento, también el misterio está contenido en el pasaje del Génesis que se refiere al sueño de Adán. Reconoce el cardenal que "el sentido escatológico dado por Hilario al nacimiento de Eva queda como algo excepcional. Lo ordinario en la tradición común es la interpretación sacramental."

Sin embargo, así lo trae San Hilario en su Tratado. Se trata del misterio escatológico de la resurrección, pero no sólo la resurrección del cuerpo, sino la de los muertos y hasta de la reunión de Cristo con las naciones, todo en virtud del sueño-Pasión y Muerte y del despertar-Resurrección de Adán, del Adán celestial. Ambos Adanes, el typo y el antitypo, dirán lo mismo: Hoc nunc, os ex ossibus meis, et caro de carne mea (esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne.)
"Hay que ver también en el sueño de Adán y formación de Eva el sacramento de un misterio (sacramentum mysterii), escondido, concerniente a Cristo y a la Iglesia: en efecto, encontramos contenidos a la vez la sustancia y la figura de la resurrección corporal (fides et ratio). Efectivamente, la mujer al ser creada, no ha sido sacada del barro, ni formada de la tierra, ni es una materia inanimada suscitada en alma viviente por el soplo de Dios, sino que la carne se forma sobre los huesos, y a la carne se da la perfección del cuerpo, y a la perfección del cuerpo sigue el soplo vital. Yavé ha expresado por Ezequiel que ése era el orden de la resurrección, mostrando en las cosas que se habían realizado el poder de su fuerza. Todo, en efecto, se encuentra allí: la carne aparece, el espíritu vuela hacia ella, nada perece de la obra de Dios, del Dios para quien las cosas que no eran han existido con vistas a la realización de su cuerpo: es pues un misterio (sacramentum), escondido en Dios, según el Apóstol, que las naciones sean concorpóreas en Cristo, que puede hacer conforme al cuerpo de su gloria el cuerpo de nuestra humildad. Por eso es que, después del sueño de la pasión, el Adán celestial reconoce en la Iglesia sus huesos, su carne, no ya creados del barro ni vivificados por el soplo de la boca, sino creciendo de sus huesos y formando de su cuerpo un cuerpo perfecto por la venida del Espíritu. Aquellos pues que están en Cristo resucitarán según Cristo, en quien está ya cumplida la resurrección de toda carne, al nacer en nuesta carne por la virtud de Dios en la cual ha sido engendrado antes de los siglos por el Padre. Y puesto que judío y griego, bárbaro o escita, esclavo y hombre libre, hombre y mujer, todos son uno en Cristo, dado que la carne se reconoce salida de (su) carne y que lo que hay en Adán y Eva es una profecía de Cristo y de la Iglesia (creemos que) desde el comienzo del mundo estaba ya cumplidos en Adán y Eva todo lo que Cristo tiene reservado a la Iglesia para la consumación de los tiempos" (I, 5).


Del mismo modo que Adán, despertando de su sueño, saluda a Eva nacida de sus huesos, así saludará Cristo a su Esposa resucitada a la hora en que el Señor la llame a sí.
ver


San Hilario, al volver su atención al pasaje del Génesis, tiene la mirada puesta principalmente en los textos que ya referí de San Pablo. Pero el pasaje profético al que ahora alude, está en medio de las profecías referidas al Israel de Dios. Allí, Ezequiel, en el capítulo 37 (1-14), dice:
La mano de Yahvé vino sobre mí, y me sacó en el Espíritu de Yahvé, y me puso en medio del valle que estaba lleno de huesos. Y Él me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, {eran} muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, {estaban} muy secos. Y Él me dijo: 'Hijo de hombre, ¿revivirán estos huesos?' Y yo respondí: 'Yahvé Dios, tú lo sabes.' Entonces me dijo: 'Profetiza sobre estos huesos, y diles: "Huesos secos, oíd la palabra de Yahvé.
"Así dice Yahvé Dios a estos huesos: 'He aquí, haré entrar en vosotros espíritu, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, haré crecer carne sobre vosotros, os cubriré de piel y pondré espíritu en vosotros, y viviréis; y sabréis que yo soy Yahvé.'"
Profeticé, pues, como me fue mandado; y mientras yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí, {había} tendones sobre ellos, creció la carne y la piel los cubrió, pero no {había} espíritu en ellos.
Entonces Él me dijo: 'Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: "Así dice el Señor, Yahvé: 'Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.'"
Y profeticé como Él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejército. Entonces Él me dijo: 'Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel; he aquí, ellos dicen: "Nuestros huesos se han secado, y nuestra esperanza ha perecido. Estamos completamente destruidos." Por tanto, profetiza, y diles: "Así dice el Señor, Yahvé: 'He aquí, abriré vuestros sepulcros y os haré subir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Yahvé, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo mío. Pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os pondré en vuestra tierra. Entonces sabréis que yo soy Yahvé, he hablado y lo hice', oráculo de Yahvé."
{Breve comentario: No puedo dejar de anotar a esta altura, y con este texto adelante, la proximidad de algunos elementos de esta escena que tan vivamente pinta el profeta Ezequiel con un pasaje al que me referí tiempo atrás en ocasión de otro asunto. Está en el capítulo 7 del Apocalipsis de San Juan y se refiere a la marca que llevan aquellos que han pasado la gran tribulación. La mención de aquella reunión, los vientos detenidos, el anciano que habla con San Juan, el ámbito escatológico, la proximidad del "Día del Señor", son al menos similitudes que me resultan evidentes y que, se me figura, ponen un texto junto a otro sino en identidad, al menos en vecindad. Asunto que quedará para mejor ocasión (y mejores cabezas.) Me llama la atención -dicho sea en contra de mi presunción- que las versiones que consulté de ambos textos no los crucen ni los refieran.}

Habrá que recordar siempre que el método tipológico que sigue San Hilario, en palabras de Daniélou:
"...consiste en volver a su contexto un texto citado por la Escritura como tipo y dar un sentido figurativo a todo el conjunto (...) Del mismo modo Hilario hace pie en las palabras de Pablo: Erunt duo in carne una (serán dos en una sola carne), para aplicar a la unión de Cristo y de la Iglesia todo el pasaje de la creación de Eva. No se trata de hacer algo distinto de la Escritura, sino de extender a otros pasajes del aAntiguo Testamento, y con la misma orientación, el sentido figurativo que los apóstoles han indicado en algunos. Éste es el camino seguro de la exégesis tipológica."
Creo, por esto mismo, que conviene tener a mano los lugares a los que está aludiendo San Hilario cuando aplica al Génesis aquello que San Pablo ha unido en su predicación.

La Carta a los Efesios (5, 22-33):
22 Las mujeres {sujétense} a sus propios maridos como al Señor,
23 porque el varón es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, {siendo} Él mismo el Salvador del cuerpo.
24 Pero así como la Iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres {deben estarlo} a sus maridos en todo.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó Él mismo por ella,
26 para santificarla, habiéndola purificado por del agua con la palabra,
27 a fin de presentarla delante de Sí mismo como una Iglesia gloriosa, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.
28 Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
29 Porque nadie aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, así como también Cristo a la iglesia;
30 porque somos miembros de su cuerpo.
31 "A causa de esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una carne.
32 Grande es este misterio, más yo lo digo en orden a Cristo y a la iglesia.
33 En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer a su vez reverencie a su marido.
La Carta a los Romanos (5, 12-21):
12 Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;
13 pues ya antes de la Ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa cuando no hay Ley.
14 Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de Aquel que había de venir.
15 Mas no fue el don como el delito. Porque si por el delito del uno murieron los muchos, mucho más copiosamente se derramó sombre los muchos la gracia de Dios y el don por la gracia de un solo hombre, Jesucristo.
16 Tampoco sucedió con el don como con aquel uno que pecó; porque de uno solo vino el juicio para condenación; pero el don justificación vino por muchos delitos.
17 Porque si por el delito de uno solo reinó la muerte por culpa del uno, mucho más los que reciben la sobreabundancia de la gracia y del don de la justicia, reinarán en vida por el uno: jesucristo.
18 Así pues, tal como por un solo delito (vino juicio) para condenación de todos los hombres, así también por un solo acto de justicia (viene la gracia) a todos los hombres para justificación de vida.
19 Porque así como por la desobediencia de un solo hombre los muchos fueron constituídos pecadores, así también por la obediencia de uno solo los muchos serán constituídos justos.
20 Pero la ley se subintrodujo de modo que abundara el delito, mas donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia;
21 para que, así como el pecado reinó por la muerte, así también la gracia reinase por medio de la justicia, para vida eterna, por medio de Jesucristo nuestro Señor.
La Primera Carta a los Corintios (15, 45-49):
45 Así también está escrito: "El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente. El último Adán, espíritu que da vida.
46 Sin embargo, no fue antes lo espiritual, sino lo natural; y después lo espiritual.
47 El primer hombre, hecho de tierra, es terrenal; el segundo hombre viene del cielo.
48 Cual es el terrenal, tales son los terrenales; y cual el celestial, tales serán los celestiales.
49 Y tal como hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos la imagen del celestial.
A esto tal vez cabría agregar, de esta última carta (15, 22):
22 Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.

Me parece que corresponde dejar aquí esta segunda parte de la cuestión del Sueño de Adán. Son, creo, materiales bastantes densos. Tal vez alguna cita más y tendré que mirar después otros textos, bien distintos aunque asociados a esta cuestión íntimamente, como son algunos de Simone Weil.

Pero para eso -no sé si a quien lee le pase lo mismo- tengo que tomar mucho más aire.

(*) La primera parte de esto se remonta a cuestiones varias; y creo que, así como son delicadas, hay que andar con tiento, cosa difícil de hacer sin ocupar espacio. Y tiempo. Especialmente del paciente lector. Como ya advertí que son largas cuestiones, no me queda sino repetir la advertencia.

martes, 16 de noviembre de 2004

No sé de dónde habrán sacado eso que dicen los alemanes: ende gut, alles gut.

El día (el día de la quinta fragante) periclita, entre otras cosas, con un obligado paseo por Buenos Aires.

(¿Cómo se hace para distinguir a los piqueteros de la delegación china, si entre los dos -medidas de seguridad mediante- se las ingenian para que el trayecto de tres consabidas cuadras se vuelva la larga marcha de 25 cuadras...? Puedo entender las 20.000 millones de razones que algunos tendrán para poner al extremo oriente en cajita de cristal. Ahora, ¿por qué a los que van a tomar la Bastilla?)

Hacía bastante que no andaba por la ciudad a pie, cruzándola de sur a norte. Hacía tiempo que Buenos Aires no era peatonal y piquetera. Ni china. Otro poco de lo mismo, me había olvidado. Pero lo que me sigue llamando la atención es la disciplina de los cuadros militantes, ahora en partes iguales de hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Resulta evidente que la orden es 'quietos y ordenados'. Un día les van a dar otra orden. Lo digo por los piqueteros. Pero también por los chinos.

Con todo y eso, dos apostillas, nada más.

Me sorprendió lo vistada que está Buenos Aires, casi hasta molesta ese asunto de encontrase con un extraño en la cocina de tu casa abriéndote la heladera y otro sentado en tu comedor usando tu sopera...Y miren que a mí me gusta viajar. Pero por eso mismo sé, por propia experiencia, que cuando uno viaja mira todo, casi nada más que porque está viajando. Y es capaz de mirar un cordón de la vereda en Timbuctú como si nunca hubiese visto uno en su vida. Eso tiene de chestertoniano el turista (ojalá): mirar lo que se conoce como si nunca se lo hubiera visto antes.
Me parece que no era exactamente eso en lo que pensaba GKCh cuando dijo: "es buena la familiaridad cuando engendra amor, no cuando la familiaridad engendra desprecio." Ahora bien, que una parejita de suecos en bermudas se pare en la vereda subiendo de la Plaza San Martín y miren las cúpulas del Santísimo de la calle San Martín como si estuvieran viendo las cúpulas de Santa Sofía..., qué quieren que les diga, me hace un poco de gracia y es otro poco chocante.

El otro asunto es una rara sensación. De pronto, llegando a Retiro tras la larga marcha, uno descubre que las únicas tres clases de personas que no llevan un celular en la mano, al cinto o pegado a la oreja son: 1) los mendigos (no dije piqueteros, dije mendigos) o los que tienen aspecto de que pueden serlo de un momento a otro; 2) los turistas; y 3) uno mismo.

Y así, más o menos, el día fenece.
Ustedes estarán allí. Y yo aquí. No sé dónde están ustedes ahora. A algunos los conozco y sé dónde están. De otros, nada sé. Pero el asunto es que estoy aquí, madrugada de martes. Son las 5. Desvelado. Cosas de padre. Cosas de hijos que hacen cosas rarísimas a las 4 de la mañana que desvelan a los padres.

A la cueva, me digo, mate, cigarrillos, los papeles, a leer algo, a escribir un poco. Miro apenas los diarios. Me digo que tengo que escribir algo sobre Saramago (me gusta Portugal -¡cómo me gusta Portugal!-, no me gusta Saramago, pero algunas de las cosas que dice en La Nación de hoy sobre la palabra y el lenguaje...); o decir algo sobre qué pasa cuando un columnista de Clarín no tiene tema y tiene columna y se pone a hablar de Roberto Arlt; o de las 'putas tristes' de García Márquez; o de las 700 últimas páginas de Tom Wolfe (¿qué les pasa a los escribidores con el sexo? ¡qué cosa...!); y que está por ahí esa pavada de Andrés Oppenheimer sobre la izquierda mexicana y el permiso de EE. UU. para que la gente vote a quien quiera en cualquier país; y el aluvión de los ojos rasgados; y pienso que me falta la segunda y la tercera parte del sueño de Adán; y los hokkus y wakas de Fingerit, y de todo el trabajo que tengo pendiente, y que me gustaría poder escribir algo sobre...

Pero yo estoy aquí. Amanece muy húmedo. Las calandrias y zorzales y horneros y bichofeos tienen sus propios libretos, sus propias bitácoras y reclaman migas de pan a los gritos (los gorriones chillan, nada más, son analfabetos), insolentes, bullangueros. Así que hay que ir a buscar pan duro a la panera y de ahí al rito de cortarlo con la mano, en pedacitos (descubrí que se llevan los pedazos grandes también) y después sembrar de pan el pasto, sentado en el umbral de la casita de madera en la que juegan los más chicos, bastante fría la salida del sol... Ya no se asustan los pájaros, ya perdieron la distancia animal. Bajan y comen. Y listo.
Y todavía hay que arreglar el amortiguador del auto, antes de que se despierten los chicos...

Me vuelvo a la cueva de los papeles, de los libros. Pero, de camino, me queda a la derecha la quinta, la "huerta" que hizo uno de los varones, uno de los del medio: zapallos de tronco, zapallitos, acelga, lechuga criolla, tomate, rabanitos, porotos. Y el enhiesto maíz. Ya tiene casi medio metro de alto y viene vigoroso, melena al viento. Da gusto la quinta, chiquita, pobretona, pero vital, fragante. Me acuerdo, qué se yo por qué, de Éowyn, de la última Éowyn, la de las Casas de Curación, la que acepta a Faramir, la que ya no quiere ser reina de nada y prefiere cuidar de todas las cosas que viven y crecen...

¡Qué manía la de tener la vida toda enhebrada de palabras y de libros, y de citas y pasajes de libros!

Pero aquí estoy. Mirando el maíz. Segunda pava de mate. Salió el sol, está despejado. Mejor así.

lunes, 15 de noviembre de 2004

Mientras todavía no copio unos versos de Fingerit, bien puedo entretenerme con otro del '40: Amaro Villanueva, un entrerriano de Gualeguay, ya muerto y del que conozco poco, aunque sé que le gustaba versificar cosas del tango y en lunfardo. Don Escolástico Junco es obra afamada. Tenía buen oído.
Verano lavandero
Buscando sombras para el sol de enero
R. Obligado

A solas con el sol y no solapa,
por paisaje de tierra que galopa,
vistoso el cuerpo de la poca ropa,
linda la cara y caminar, de yapa;

guapa, en el doble modo de ser guapa,
la joven lavandera el campo copa
y el aire delicioso que la topa
la siesta en la rodilla le destapa.

La mano en alto parapeto atrapa
sombra para mirar y alza la copa
del seno que en la blusa se agazapa.

Mientras cortando cielos, hecho sopa,
viene el río, sudando al sol la napa,
tras el blando camino de su tropa.

(De Son sonetos, 1941)

domingo, 14 de noviembre de 2004

No es ninguna novedad, es solamente recordatorio y sorpresa renovada por mi parte: más que notable el Tratado de la Caridad (II-II, qq. 23-46) que desarrolla Santo Tomás de Aquino. Así como espanta el que estén llenas de lugares igualmente notables cada una de las partes y de las cuestiones que lo integran. Por ejemplo, nada más y para empezar, el hecho de que divida todo el Tratado en dos grandes secciones. La primera y extensa, referida a la virtud de la caridad: su naturaleza, objeto, actos, vicios opuestos y preceptos. La segunda muy breve (y aquí el sorprendente detalle de arquitectura intelectual y espiritual, a primera vista) está referido al don de sabiduría (correspondiente a la caridad) y a su vicio opuesto, la necedad, hija de la lujuria.

Es curioso que Santo Tomás haya ido cambiando de opinión respecto de si a la virtud de la caridad le corresponde algún don del Espíritu Santo, negándolo primero en otras obras para llegar finalmente (este tratado parece fechado en 1271-1272, es decir dos años antes de morir) a la conclusión de que caridad y sabiduría se corresponden, tal como lo explica en la cuestión 45.

Ahora bien, entre los vicios contra la caridad está la acedia (de akédeia, en griego; acidia, también llamada en latín.) Lamentablemente, se suele traducir como pereza, quitándole así la gravedad (también en sentido de peso) que tiene, incluso como pecado capital, como vicio madre de otra constelación de vicios. Parecería que al tenerla por pereza se tratara simplemente de flojera, de vagancia, de simple descuido, de mera dejadez. Y no es eso, como se ve, si uno la define como tristeza frente al bien y especialmente frente a los bienes divinos.

Es curioso lo mal que se nos han enseñado algunas cosas, creo que por voluntarismo intelectual y moral y también por activismo. Baste recordar aquello de que el ocio se asocia a la pereza y aquello otro de que el ocio es el padre de todos los vicios (o la pereza la madre de todos los vicios). Cuando debió habérsenos explicado que meditar y pensar en los bienes divinos no se puede sin ocio, que siempre parece pereza y no siempre es pereza, más si es verdadero ocio, es decir disposición a la contemplación, actitud ésta necesaria para considerar las cosas divinas. Precisamente de estos lares vienen las razones para impugnar la vida contemplativa, por ejemplo en los conventos y monasterios.

De allí que el aspecto que me parece destacable ahora es el del remedio contra la acedia que trae Santo Tomás (no olvidar que está entre los vicios opuestos a la caridad.)

En el artículo primero de la cuestión 35, propone como cuarta dificultad -referida concretamente al remedio contra la acedia- dos textos: "huye del pecado como de culebra" (Eclesiastés, 21, 2) y otro de Casiano: "Es por experiencia averiguado que el asalto de la acidia no se evita huyendo, se supera resistiendo" (ML, 49, 398).

La respuesta de Santo Tomás (ad 4) explica allí cómo frente al pecado (a pecados diversos) unas veces se huye y otras se resiste:
Siempre se debe huir del pecado. Pero el ataque del pecado se ha de superar, a veces huyendo, a veces resistiendo. Huyendo, cuando la persistencia del pensamiento aumenta el incentivo del pecado, como es el caso de la lujuria; por esa razón manda el Apóstol en 1 Cor 6,18: Huid la fornicación. Resistiendo, en cambio, cuando la reflexión profunda quita todo incentivo al pecado que proviene de ligera consideración. Es lo que se debe hacer en el caso de la acidia, pues cuanto más pensamos en los bienes espirituales, tanto más placenteros se nos hacen. El resultado será que la acidia cese.

De modo que, incluso y principalmente en lo que tiene de vicio opuesto a la caridad: contra la acedia, contemplación.

sábado, 13 de noviembre de 2004

No es del todo disparatado un artículo de Clarín sobre el politizado Congreso de la Lengua. No del todo. Pero en substancia me parece flojo. Especialmente por el enfoque.

El resultado del modo de ver el asunto (en el planteo del autor de la nota y en el de los lingüístas más seriamente) da un equilibrio inestable entre la validez de una lengua y lo que pasa con el español (con cualquier lengua, en realidad) en tiempos en que la tasa es la mera utilidad de todas las cosas.

Equilibrio inestable también porque hay que considerar, por una parte, la supervivencia de una lengua determinada en oposición a otros lenguajes y a otras lenguas, y, al mismo tiempo procurar que la incorporación de la vida de los hablantes a la vida de una lengua viva no mate al sistema de esa misma lengua. Un juego algo peligroso entre que la conciencia determine la existencia y que la existencia determine la conciencia, por ponerlo en términos marxistas. Estoy seguro de que hay un problema allí. Pero estoy seguro también de que la forma de plantearlo, la propia determinación de cuál es el problema a resolver y los intereses ideológicos que sí o sí deben quedar asentados en el planteo y en la solución, hacen más y más inestable el ortopédico equilibrio.

Pero sobre todo el equilibrio es inestable, creo, porque se plantea la cuestión sin tomar nota de que en el lenguaje, y más precisamente en la tan aclamada lengua de uso (y no estoy defendiendo con esto la pura lengua académica como sistema intocable), es donde se nota primero y de modo más impresionante el estado espiritual e intelectual de una sociedad.

Arriesgo, sin demasiado cargo de conciencia, que, en lo que a nuestro tiempo se refiere, esto ocurre una vez que ya se ha perdido en buena medida el sentido de la realidad. El sentido de la realidad respecto de las cosas, el sentido de la realidad respecto del intelecto y el sentido de la realidad tal como está en las palabras. Algo que los griegos sabían.

Y en este orden, algún que otro gazapillo de cierto bulto hay también en la nota, como cuando dice que las academias son herederas del espíritu racionalista griego (sin aclarar, en todo caso, que el siglo XVIII en que se crea la Academia Española, no es precisamente un siglo impregnado de espíritu griego, aunque sí racionalista.)
ver

Me llamó la atención, sin embargo, un aspecto. Repasando los ejes temáticos del congreso, dentro del primero repara el autor en:
...la indagación sobre la vinculación entre sociedad y lenguaje, en la cual el empobrecimiento de las experiencias subjetivas y el decaimiento de la riqueza lingüística tienen una complejidad que excede a la mera relación entre pobreza material y achicamiento del campo simbólico, ya que se relaciona con la unidimensionalidad de los bienes simbólicos producidos para el consumo por las industrias culturales de masas.
Esta afirmación sigue en equilibro inestable con lo que dice más adelante:
La influencia de los estudios contemporáneos sobre el lenguaje fueron llevando a una valoración positiva de la diversidad lingüística y, además, a concebir a la propia lengua como no homogénea. Este abordaje ha llevado, como lo explica la lingüista María Elena Rodríguez, a que se admita una mayor variedad en los contenidos de área de lengua que se imparten en las escuelas argentinas. "Aunque permanece -explica Rodríguez, quien además trabaja en el área de contenidos de la Secretaría de Educación de la ciudad de Buenos Aires- la idea y la enseñanza de un dialecto más prestigioso, esto se presenta con un conjunto de variedades, lo cual refleja la diversidad que está presente en la estructura social". Por este motivo, progresivamente pero con más énfasis desde el fin de la última dictadura, se abandonaron las lecturas unilaterales que antaño inculcaban autores españoles y una variedad de castellano uniforme, abriendo las aulas a la literatura latinoamericana. Complementariamente, Beba Guido -autora de libros para la enseñanza de la lengua y profesora de esta materia en diversos magisterios- afirma que, en contra del pasado en el que se enseñaba en base al "tú" -forma que carecía de adhesión entre los hablantes-, "ya la enseñanza de la lengua se basa en la lengua en uso".
Claro que no voy a siquiera detenerme en vos vs. tú ni en opresores/oprimidos o dictadura/autores españoles vs. democracia/literatura latinoamericana. Aunque esta mirada horizontal de la cuestión no es menos parte del problema de para qué existen las lenguas y qué es el lenguaje.

Sin duda que la lengua de uso es un complejo producto social (a la vez que individual.) Se da cuenta de esto el autor de la nota, cuando dice:
En ese movimiento, la socialización lingüística a través de la familia pero también por la escuela y el efecto de los medios de comunicación, deja una marca capaz de enriquecer el universo de sentidos o, por el contrario, de restringirlo. De este modo, y aunque pueda parecer que el Congreso de la Lengua tiene un alto nivel de abstracción y de impersonalidad, sus problemáticas se relacionan con la capacidad de producción de sentidos y de efectos comunicativos de los hablantes del español en un mundo global en el que se extinguen lenguas y hay hegemonías aplastantes, en el cual también existen resistencias, desafíos y, a pesar de todo, el cultivo de las diversidades.
Pero, lo dicho: equilibrio inestable. Y no estoy diciendo que en muy buena medida todo ser vivo (y una lengua lo es, mientras tiene hablantes) no sea un ser en inequilibrio inestable, porque de hecho lo es. Estoy diciendo que las razones de ese equilibrio inestable no se agotan en la existencia -y defensa algo posmoderna- de las diversidades, o en la dialéctica lengua académica-lengua de uso. Una lengua, un idioma, está para reflejar sentido, primero, y, a la vez, para producir sentido y para transmitir sentido y para, de este modo, configurar en signos el mundo. Su validez última y mayor calidad es precisamente la de lograr el mayor éxito en esta acción simbólica. Por eso mismo, no hay modo, me parece, de no entender como un argumento ideológico la cuestión de la diversidad, sobre todo si viene sin la afirmación de una realidad detrás del símbolo.

Me dirán que no es un problema lingüístico. Y diré que por lo menos es un problema metodológico lingüístico -como diría Gilson- pasar por adelante del asunto sin tener definido el problema y hablar del lenguaje como si ya tuviéramos definida -o como si no importara tener definida- la relación del lenguaje con aquello que nombra en última instancia: la realidad.

Pero me parece también que esto está en relación profunda con asociar el racionalismo iluminista del XVIII con Grecia, sin más.

Claro que no sé cómo se puede hablar de lo más lejano a la cuestión principal y precario por lo mismo, sin abordar lo más próximo y axial (especialmente cuando afilan la utilidad del idioma, como quien prepara un cuchillito para entrarle a las carnes pingües de las ganancias):
Además, el Congreso interviene en un área -la lengua- que produce todo un universo voluminoso de negocios, que van desde la industria editorial y los medios gráficos a la televisión, la música y el cine. En buena medida, la expansión del número de hablantes del español es, correlativamente, el crecimiento de formas simbólicas que también son mercancías y brindan ganancias.
Confieso, finalmente, que este párrafo me parece de mero oportunismo literario:
El español es signo de identidad para sus hablantes, un idioma de la cultura con una formidable tradición y un horizonte abierto: acercar el ideal de que sus hablantes puedan participar de la madurez y potencia de la lengua.

No se vayan de la página de la revista de Clarín sin hacerle un último servicio al adocenamiento de la cultura de masas para ovejas encarriladas. En la encuestita que está abajo a la derecha, con cierto desmaño pregunta Clarín por el escritor "preferido" de los lectores. Y enseguida nos embreta en una listita políticamente correcta para que prefiramos entre los escritores que prefiere Clarín. O entre los escritores que hay que preferir. Un ejemplo de promoción de la lectura y de la venta de libros, cuando menos. Pero, además, un ejemplo práctico de dónde está uno de los problemas de la supervivencia de una lengua. Y de la validez de una cultura.

viernes, 12 de noviembre de 2004

Algo más del '40 poético, y no lo último. Allí figura Marcos Fingerit, hermano de Julio, santafesinos. Junto con Jacobo Fijman y Raquel Adler, forman parte de un grupo de judíos conversos. Julio, por ejemplo, fue el primer director de Número, la revista que fundaron los jóvenes escritores y poetas que se fueron medio a los gritos de la primera revista Criterio, allá por 1930.

De Marcos Fingerit tengo, por desgracia, nada más que unos cuantos poemas en antología de sus casi 20 libros de versos publicados. Se parece en algo a Fijman en la imaginería y en el sabor de las metáforas, aunque más 'ordenado', menos místico. Hay unos 'hokkus' que ya publicaré. Pero, por ahora:
Canción trémula

Se hizo buena mi mirada
todo de mirarte.

Dulce eres, hermana, así como
árbol florecido.

Da una bondad el mirarte,
cerezo florecido...

¿Quien te miró, la mirada
no tiene más buena?

¡Si sólo con mirarte, buena
se hace mi mirada!


(De Canciones mínimas y nocturnos de hogar, 1926)
Y este otro que bien puede ser un hallazgo deportivo-filosófico:
Frontón

Contra el paredón del alba,
jugador bizcaitarra,
en duro saque,
lancé mi corazón como pelota.

Mi contrincante negro,
Don Dolor,
campeón de todos los frontones,
perdió un tanto
definitivo.

Reventó entre las manos
del mundo de mis tristezas
un atronador aplauso.


(De Antena, 1929)

jueves, 11 de noviembre de 2004

Viendo anécdotas en torno a San Martín de Tours, el patrono de la Ciudad de Buenos Aires, aparecen cosas conocidas.

Su elección por sorteo entre otros santos, allá por el siglo XVI, época de fundación de la ciudad; la resistencia hispánica a nombrar patrono a un francés. Y la insistencia del francés por salir nombrado.

Más lejos en el tiempo, el episodio famoso de la media capa dada a un pobre en un frío invierno de Amiens y la subsiguiente aparición de Jesús ante Martín ataviado con esa misma mitad. O el origen de capella > capilla, con su sentido actual, tomado de este mismo episodio. No deja de ser curiosa esta asociación espontánea del templo (la capilla) con la caridad (dar la capella). Espontánea en un sentido algo misterioso también, porque no es que alguien se lo haya propuesto. Cosas que hace el lenguaje, una lengua, mientras está viva y viva en cierto ámbito. Y cosas que hace una cultura mientras es lo suficientemente vital como para que los significados sean naturales y surjan con cierta naturalidad. De ir devotamente a ver el templito que se levantó para recordar el episodio, y para guardar la capella, quedó simplemente "ir a la capella".

Y otras cosas que no sabía. Como por ejemplo que a Martín lo bautizó San Hilario, el obispo de Poitiers, el mismo del Tractatus que estoy viendo por otro lado.

O aquella otra cuestión, que no sabía tampoco viniera de la fiesta del santo: a cada chancho le llega su San Martín. Como su fiesta es (y más bien era) grande en buena parte de Europa (desde Francia hasta Hungría), y como es tiempo de carneada y faena para estas fechas, que son frías en el norte, de allí que, en llegando a San Martín, difícilmente zafara el bicho que ya estuviera en sazón.

miércoles, 10 de noviembre de 2004

Los de la agencia de noticias AFP hicieron su pequeño ejercicio de comunicación (el rastrillo semiótico tiene para un módico festín.) Usaron la simpatía, la ternura, la kantiana preocupación por el futuro de la humanidad en paz, y la no menos kantiana loa a la panacea moderna que drena infalible de la Ciencia.

Por supuesto, mucho es el peso de la mención de la palabra talismán: Galileo -imagino que Clarín también se puso un poquito la servilleta al cuello para este pequeño bocadillo de mitología cientificista-, y, claro, esa apelación a los "hijos de Galileo", que no deja lugar a dudas sobre la importancia ideológica de defender a la ciencia contra..., contra..., eh, bueno..., contra... Bueno, ¿qué?, si ya todo el mundo sabe contra "qué" y contra "quiénes" hay que defender a la Ciencia y a Galileo.

No deja de ser publicitaria y marketinera esa mención de los usos cotidianos de la grandeza científica (que, después de todo, no es tan arrogante que no sepa cocinar...):
"La imagen del profesor de matemáticas se ha desprestigiado", admite (el profesor) Giusti. "Los jóvenes perciben la materia como algo difícil, sin satisfacciones inmediatas" aseguró el profesor, autor del libro "La matemática en la cocina". Con su libro se aprende la fórmula para cocinar una carne al horno y se explica la razón por la cual las papas grandes se pelan más rápido que las pequeñas.
Parece amigable y familiar. Pero, ojo, no es para tomarlo a la ligera. Un capo di tutti gli capi en materia de enseñanza científica en Italia, también mencionado en la propaganda de AFP-Clarín, preparó hace un tiempo un trabajito con cifras, datos, comparanzas, dólares, salidas laborales y algunas otras cuestiones, como el papel de la magia y del espiritismo como ingrediente que ayuda a no tomarse suficientemente en serio el papel socialmente redentor de la Ciencia. Que los horóscopos sean de una inutilidad medio perversa, no impide que resulte gracioso, en el albor del futuro, este asunto de que la gente -y los que estudian- parezcan haberle perdido el respeto a las pizarras llenas de fórmulas y se hayan aburrido de la épica del científico loco.

Ahora bien, que me disculpe la plañidera dupla AFP-Clarín, de una parte, y la exultante onda verde y 'espiritualista', del otro lado, pero, los "hijos de Galileo" gozan de buena salud. Se mezclarán con gentes indeseables como 'humanistas' (vaya uno a saber qué se entiende por 'humanidades'), se juntarán con programadores, con RR.PP; andarán del bracete con artistas plásticos o con guías de turismo profesionales. Lo que quieran. Pero Galileo goza de buena salud. Y sus hijos crecen, todavía.

También me pregunto, claro, qué habrá sido de la Física, dónde habrá ido a parar la Matemática, qué fue de la Biología y de la Química, que tanto prometían. No sé si en el mismo sentido, pero me pregunto, sí.

De lo que se da a entender con Galileo, con el mito de Galileo y con lo de los hijos de Galileo, de eso no hay por qué preocuparse. Allí están y allí se quedan, me parece.
Nuestra generación poética del '40 ha dejado huellas en la Argentina. Como suele pasar, esas cosas agonales y en general frívolas que tiene el hacer cultura con los amigos de la cuadra y nadie más (incluso con el grupo de los que no tienen grupo), ha dejado entre paréntesis a muchos de poetas y escritores. Tendría que dedicar, en algún momento, unas líneas a esta legión medio desangelada pero tan potente.

José María Fernández Unsain ha sido uno de esos casos. Por ejemplo, publicó en la vieja revista El Hogar, en diciembre de 1951, este soneto (con una peculiaridad paisana y con su pequeña y final rareza de aguijón...)
Agosto

Agosto deshojado, sin ternura,
agosto duramente deshojado,
sobre tu tierra fría he caminado
y he galopado en tu desparejura.

Estoy atado a tu memoria oscura
y a tu tiempo de hielo calentado.
Yo supe ser aquel enamorado
sin antes, sin muchacha, sin diablura.

Nacido fui sobre tu lomo arado
en la provincia de la donosura,
ande todo el paisaje está encelado.

Me enamoré en tus sombras y en tu albura
y me gusta morir enamorado.
Agosto. Luz segura.

martes, 9 de noviembre de 2004

O esto es déjà vu o hay que insistir. No, mejor no engañarse porque está claro que La Nación no lee estas páginas.

En su nota editorial del último domingo, el diario de los Mitre dice con preocupación:
"El mundo está empezando a preguntarse, con creciente preocupación, qué medidas habría que tomar para frenar la avalancha de banalidades, bajezas, manifestaciones de irrealidad y demoledoras expresiones de mal gusto que la televisión suele arrojar desaprensivamente, día tras día, sobre sociedades indefensas y frágiles."
Y ya en el final de la nota, con esperanza y determinación:
"Se abre, pues, una nueva esperanza. Esperemos que no se vea defraudada. No podemos seguir perdiendo tiempo: es necesario que la televisión deje de ser un instrumento que contradice o destruye lo que con tanto esfuerzo procura edificar todos los días el sistema educativo formal o aquello que se inculca en el ámbito familiar. Si la educación es una prioridad, también debe ser prioritario el esfuerzo de la sociedad para impedir que las pantallas de TV sean una ventana abierta a todas las deformaciones morales y a todos los vicios que la escuela intenta corregir o erradicar.

"La batalla contra la telebasura -para emplear la expresión consagrada en España- no debe quedar circunscripta a un sector. Deben librarla, en primerísimo término, los padres de familia, asumiendo las responsabilidades que les son propias. Deben librarla también los responsables de los programas que se emiten y de la conducción de los canales. Y, desde luego, los organismos del Estado con responsabilidad sobre el sector.
"Podría decirse que es, en definitiva, una lucha de todos, ya que está en juego el alimento cultural cotidiano de nuestros niños y adolescentes. Es decir, de quienes definirán el espíritu y el perfil moral de la Argentina de mañana."

Ah..., pero qué bobo soy. Está hablando nada más que de la televisión...

lunes, 8 de noviembre de 2004

"Cambia y se muda: es un tergiversador"

Los Siete Ciegos de Ceylán le mandaron sus informes acerca del elefante al Dalai Lama del Tibet.

"El Elefante es como una enorme serpiente boa" -escribió el primero de ellos. Había atrapado la trompa del animal.

"El Elefante viene a ser algo así como un suave harapo de terciopelo con forma de flor de baobab" -escribió con precisión el segundo, que había agarrado la oreja.

"El Elefante, Santísima Excelsitud, es como una espada o una lanza fría y bruñida" -se pronunció el tercero, que había tocado el colmillo.

"El Elefante es como una gran roca con musgo" -opinó el cuarto, que se había apoyado en la cabeza.

"El Elefante es tal cual un viejo tronco de árbol" -dijo el quinto, que era un petizón que había abrazado la pata.

"El Elefante es un muro blando y convexo" -dijo el que se recostó contra la panza.

"El Elefante es como una cuerda" -dijo el último, que se había prendido de la cola.

El Pontífice Negro del taoísmo se dijo:

-O todos estos santos varones mienten, o el extraño ente llamado Elefante es un tergiversador: cambia y se muda. Pero como no es posible que estos lamas mientan...

No era un tergiversador. Ni tampoco los bonzos mentían. Sabían poco solamente. Les faltaba el órgano para percepción de elefantes.

Leonardo Castellani, Camperas

domingo, 7 de noviembre de 2004

En tren de distinciones, me parece que lo primero que hay que distinguir es el principio de las distinciones.

Porque el primer obstáculo en una conversación sobre estos temas de los que voy a hablar, es cierta tensión, cierta bipolaridad. El síndrome River-Boca, en un campeonato donde no hay otro equipo y donde, si acaso lo hubiera, tendrá que ser uno que necesariamente juega -debe jugar- para River o para Boca: o conmigo o contra mí, tertium non datur.

Yo mismo, por ejemplo, soy de Boca. Y cuando Racing (cuando cualquiera) le gana a River, tiendo a sentir satisfacción.

Ahora bien, allí están para explicar estas cosas las variantes de aquel antiguo tópico:
a. Los amigos de mis amigos son mis amigos
b. Los enemigos de mis enemigos son mis amigos
c. Los enemigos de mis amigos son mis enemigos
d. Los amigos de mis enemigos son mis enemigos


En un sentido general y relativo (es decir, en cuanto relaciones -prudenciales, por ejemplo-) estos tópicos tienen validez. No son de esa especie como el todo es mayor que la parte, o quien puede lo más puede lo menos, cuya validez es universal.

Son tópicos que no mandan nada, no rigen ninguna necesidad. En este caso es como si dijéramos por ejemplo que los enemigos de mis enemigos son mis amigos pero eso sólo según y conforme, y si realmente podría considerarlos tales, en tal o cual asunto y por tal o cual acotada razón oportuna, y por tales o cuales buenos o malos motivos, y toda otra serie de distinciones de este tipo.

Si es que en algún caso valen en sí mismos, no será sino en alguno muy matizado y circunstanciado. Se necesita fundamentalmente de la relación, de establecer alguna relación, de relativizar algo, para que valgan. Sin poner las cosas en relación con otras cosas -natural o forzada-, estos tópicos pierden fuerza. Ahora bien, las cosas no se miran ni sola ni primeramente bajo la categoría de relación.

Una conversación no progresa en absoluto hacia la verdad, me parece, si ésta es la única o la principal categoría con la que se puede pensar la realidad. Y sé que es una tontera recordar aquí que la primera categoría es la de substancia y que las restantes nueve se llaman accidentes. Y que la relación es un accidente.

El asunto es, entonces, Estados Unidos. Y en ocasión de dos episodios: La guerra en Irak, por una parte; las elecciones últimas, por otra parte.

Voy a decir lo que sigue pensando, primeramente, en la Argentina y 'desde' la Argentina. No creo que le importe esto que digo a los que tienen partido tomado. Y yo mismo creo que debería descartar a aquellos que se sienten ciudadanos de Estados Unidos, no importa el país en que hayan nacido o vivan; como también a aquellos a quienes les da igual ser cristianos o musulmanes, pues no tienen apego a ninguna religión. Pero también debería descartar a aquellos para quienes las cosas solamente tienen algún sabor si vienen en relación con otras, según el momento y el punto de vista. Los descarto no porque prefiera. Presumo que ni siquiera me oirían o que jamás nos pondríamos de acuerdo.
ver

Veamos, entonces, por lo menos un primer asunto.

De gentes que en otro plano y en ciertos registros detestan a los Estados Unidos y lo que los Estados Unidos significan, así como tienen enormes argumentos contra los musulmanes y el Islam, he oído defensas más o menos 'circunstanciales' pero igualmente encendidas de Irak en ocasión de la guerra (y del entero mundo islámico y árabe), defensas y encomios hiperbólicos, fundados en el tópico que dije antes, básicamente en su forma b. Como oí críticas feroces contra los Estados Unidos y sus aliados, fundados principalmente en el mismo tópico en su forma d.

Pero, mirando el supuesto combate entre Bush y Kerry, la mayoría de estas gentes sintieron que se alegraban porque perdió Kerry.

Entiendo esa polaridad, digamos que aparentemente contradictoria. Parecería que se trata de las mismas cosas pero no exactamente bajo el mismo aspecto.

Por una parte, si uno pregunta, están mirando a los Estados Unidos, su origen y su modo de ser, sus acciones en el mundo, su 'filosofía de vida', su 'teología de la historia', su encarnación del capitalismo, su calvinismo, su desprecio por las razas inferiores, su modo 'wasp', su inmanentismo, su defensa de un peculiar sentido de la libertad, su voluntad de encarnación de la democracia (sea esto lo que fuere), su individualismo, su imperialismo (no dije voluntad imperial, advierto a los quisquillosos), su plutocratismo, su arrogancia, su mesianismo, su perverso sentido de la propiedad del mundo, su sentido de que no hay límites para la voluntad humana, su voluntad prometeica, su religiosidad preceptista, su hipocresía religiosa.

Gentes que podrían ven en la Coca Cola y en un McDonald's la encarnación de la guaranga omnipresencia yanqui. Se erizan sólo de ver las barras y las estrellas, abominan de Bill Gates y de Rockefeller, como de Woody Allen y John Wayne, detestan desde el cine americano medio con su estigma de cow boys vs. indios, hasta la tiranía del chicle y del slang. Gentes que odian que los norteamericanos hagan películas de guerra en las que siempre ganan, incluso cuando pierden. O que pierdan pero porque tenían razón pues cada norteamericano es la mismísima estatua de la libertad, que nadie defiende mejor que ellos. Gentes que detestan que los norteamericanos norteamericanicen todo, desde el Quijote y Hamlet, hasta la escena de David y Goliat. Gentes que se mofan con disgusto del turista yanqui, y del yanqui en su casa. De su casita prolijita, de jardín impecable, las cercas blancas, niñitos (a lo más dos) rubitos, comiendo su avena matutina y a los codazos para ser el mejor. Que se mofan y se amargan de ver su modo calvinista de pensar que ser rico y tener una dentadura brillante, es señal de que Dios te prefiere. Les endilgan desde la vida color California beach hasta la despiadada cultura Wall Street. Deploran Nueva York, pero tampoco se llevan bien con el farmer cuáquero o el hippie de Berkley.

Ahora bien, aun cuando admitieran que Estados Unidos no es sólo eso, de todo esto y más cosas creo que tienen la noción de que no son accidentes, sino que eso está en la substancia de los Estados Unidos. Cosas que no se hacen más amables por el hecho de que ganen los republicanos o que pierdan los demócratas, o viceversa, simplemente porque los que ganan o pierden elecciones son norteamericanos.

Ciertamente, parece que estas cosas se hacen más insolentes e insoportables cuando Bush le declara la guerra a Irak, a Afganistán, o se pone del lado de los israelíes frente a los palestinos. O cuando invade una isla, o sacude Panamá o se pone del lado de los ingleses en la guerra de las Malvinas.

Muchas de estas mismas gentes, como he dicho, parados si acaso en la vereda del catolicismo (aunque no todos, ni necesariamente por ello), son más o menos consistentes o sinceros admiradores de, digamos, Lepanto y de las Cruzadas contra el Islam, aun sin decirlo. Aun sin saberlo.

Muchos de ellos, en clave de fenomenología simbólica, se mofan del abstencionismo alcohólico de los musulmanes y del velo de sus mujeres, creen sinceramente que es una crueldad cortarle la mano a un ladrón para que muera de hambre y que hasta el mismo entero modo de ver el mundo de los musulmanes es de una crueldad fanática. Si miran la historia, tienen un rosario de páginas negras, desde la Hedschra del 622 para acá. Y aun admitiendo las páginas blancas (la filosofía, las ciencias, la poesía, la arquitectura, algo de la mística espiritual), se sienten enemigos o por lo menos extraños. Y, cuando menos, sienten que esa visión del mundo excluyente de los musulmanes es un fanatismo intolerable e inadmisible. Lo piensan, creo, también en defensa propia.

Y de todo esto tienen la noción de que no son accidentes sino que está en la substancia del Islam.

Por otra parte, pero ahora en una visión relativa o relacional, y hasta política (en cualquier sentido de la palabra), allí están las múltiples convergencias sobre algunos asuntos que inquietan hoy las aguas del mundo como, por ejemplo, el de los homosexuales (casados o no), el aborto, la manipulación genética, el divorcio, el papel de la mujer, los contenidos de los medios, o hasta los límites del capitalismo, los abusos de la libertad y los abusos contra la libertad.

Y digo que se trata de asuntos que no pueden ser considerados, sola y principalmente, como moneda de intercambio en el marco de las relaciones de poder internacionales.

Todos estos asuntos son, sin embargo, moneda de intercambio y ocasión de alianzas variadas entre estadounidenses (más bien republicanos, o evangélicos fundamentalistas), musulmanes (de casi todas sus denominaciones o ramas) y católicos (más bien tradicionalistas.) Mucho me gustaría pensar que estas convergencias son en nombre de la cosa tal como es y por las razones por las que es. Pero mucho me temo que no es así, en muchos casos, si no en todos.

Curiosamente, vale la pena anotarlo por otro lado, fundamentalismo (más allá de su origen) es en estos tiempos de pensiero débole una palabra que suele usarse para el evangélico recalcitrante (católico o no) así como para el talibán.

Tampoco juega un papel menor en todo esto el hecho de que Israel esté en el medio de la cuestión. Tan identificado con los Estados Unidos y sus motivaciones como opuesto a los árabes y musulmanes. Allí el tópico funciona a pleno también, en todas sus variantes.

Soy consciente de que hasta aquí no he dicho aquí nada sobre la masonería, el poder del dinero, la Kabala, nada sobre la escatología ni el Apocalipsis, ni del gobierno mundial; no he dicho nada sobre la reconstrucción del Templo de Jerusalén, ni sobre el odio práctico al cristianismo, específicamente católico, por parte del judaísmo por unas razones y del Islam por otras, como nada se ha dicho del desprecio al catolicismo, por ser la Bestia y por ser latino, por parte del protestante anglosajón de tomo y lomo. Ecumenismos al margen, claro. Tampoco he dicho, demasiado explícitamente, nada sobre los progresismos, sobre la izquierda que, por ejemplo, detesta a Israel cuando -y porque- es nazi y amigo de Estados Unidos, o a Estados Unidos cuando es explotador de los subdesarrollados, de los países pobres, o cuando es fascista por impugnar, desde una visión de la fe y de la moral conservadoras -que no necesariamente está pensando en la naturaleza humana-, los hitos de la modernidad y de la posmodernidad religiosa (o areligiosa) y moral (o amoral.) O de los progresismos a los que se les arma un matete entre la defensa de los derechos humanos avasallados por el capitalismo fundamentalista o por el Islam fundamentalista del Tercer Mundo.

Y no sé por qué no he dicho nada de todo eso, si todo eso es parte de la historia también.

Pero, allí está lo que está, en todo caso.

Con esto planteado, se que todavía me quedaría por decir por qué -en sí mismas consideradas las cosas, en primer lugar- no me gustan ni la guerra de Bush ni la paz de Bush ni las razones para una cosa u otra; ni la paz de Kerry ni su guerra ni sus razones para una cosa u otra; ni la guerra del Islam ni la paz del Islam ni sus razones para una cosa u otra; ni la guerra de Israel ni la paz de Israel ni sus razones para una cosa u otra. No he dicho por qué no me gustan las guerras del capitalismo ni me gusta la paz del capitalismo, ni el republicano ni el demócrata. Ni por qué no me gustan la guerra de las izquierdas ni la paz de las izquierdas. Ni he dicho del todo tampoco por qué no me entusiasman los entusiasmos en clave puramente relativa, oportuna. Ni los odios en la misma clave.

Sé muy bien que, en el mundo puramente humano sublunar, al menos, nada es tan una sola cosa separada de todo lo demás, que no se mezcle con otras a la vez. Y que los puntos de mira existen y que se mezclan a veces, como sé que a veces se ven las cosas bajo un punto de vista sin mencionar los otros posibles o reales y ni siquiera mencionando lo que las cosas son en realidad, antes que nada.

Sé también que las relaciones y las relatividades existen y por ello mismo hasta cierto punto deben formularse y sé que hay cierta acción, digamos política, que a veces obliga retóricamente a mirar las luces de algo oscuro y no su oscuridad, o a mirar la oscuridad de algo luminoso, sin decir nada de la luz.

Pero creo también que la mayoría de todas estas cosas y posiciones deben formularse como lo que son: relaciones y relatividades. Como creo también que en tal caso debe aclararse que ciertas afirmaciones respecto de estos asuntos son simplemente un uso del tópico amigo-enemigo, en cualquiera de sus variantes y a efectos más bien inmediatos y oportunos.

Esto es lo que me parece. O, como ya dije, una parte de lo que me parece respecto de los Estados Unidos, de los Estados Unidos cuando van a la guerra, cuando van a la paz, o cuando van a las urnas o salen de ellas.

sábado, 6 de noviembre de 2004

Sobre el sueño de Adán (I)

Pese a mi intención de poner todo junto este asunto para no alargarlo demasiado, se ve que no me es posible. De manera que habrá que ir por partes y ésta será la primera. Así las cosas, ya por la extensión del asunto, ya por el asunto mismo, ni falta hace prevenir a los lectores, ni eximirlos si acaso quisieran saltearse estas páginas.


Pues bien, qué es lo que me interesa de estas cuestiones. Creo que inicialmente es la relación entre Cristo y la Iglesia. Pero, inmediatamente después, también la relación entre los cristianos y la Iglesia, o, lo que parece lo mismo, la necesidad de la Iglesia para los hombres.

Ahora bien, esta necesidad (o relación) puede ser vista desde la orilla humana o desde la divina.

Una cosa parece ser lo que el hombre 'siente' respecto de esa necesidad. Incluso su resistencia o siquiera su perplejidad. ¿Por qué es necesario, estar en la Iglesia, entrar a la Iglesia? ¿Por qué debería ser un paso necesario? ¿Por qué esa humillación u obligación? ¿Por qué la obediencia? ¿Por qué no basta con Jesucristo? ¿Por qué confiarse a hombres, que es en definitiva con lo que nos encontramos en la Iglesia: hombres, preceptos, prácticas? Antes o después de estas preguntas hay otras tantas preguntas y otras tantas formas de argumentar, lo que podría ser entendido como una rebelión o, muchas veces también, como necesarias distinciones.

Pero, por otra parte, la cuestión tiene sin lugar a dudas un 'desarrollo' divino.

También Dios parece argumentar -bien que a su modo- acerca de la naturaleza y de la necesidad de la Iglesia. Él tiene un diseño en mente. Ha pensado un argumento, ha puesto en marcha una obra, ha concebido un drama y parece no apartarse de él. Parece tener muy clara la figura de cada una de las 'drammatis personae'. Y lo que resulta a veces más notable -y perfectamente obvio- es que sus líneas no son las que uno recita cuando habla de los mismos temas. Tal vez, la clave no menos obvia de estas cuestiones está en lo que nadie sensato e inspirado se cansa de decir: hay un misterio grande allí detrás. Y cuando de misterio se trata, hay que ir con cuidado. Y no menos reverencia.

Vayamos a lo primero. El asunto es que ya en la creación del hombre está en figura el nuevo Adán, así como en el sueño del Adán terreno y en la creación de la mujer, está el misterio de Cristo, el de su muerte y el nacimiento de la Iglesia. Voy a seguir en esto, como dije, la exposición de este tema en San Hilario que trae Jean Daniélou en Tipología Bíblica.

Tertuliano, dice Daniélou, es el primero en presentar la cuestión: "Adán ha profetizado este gran sacramento relativo a Cristo y a la Iglesia: Hoc nunc os ex ossibus meis" (esto sí ya es hueso de mis huesos) (De anima, 11; PL, II, 665 A). In somno Adae Christus generat Ecclesiam (en el sueño de Adán Cristo engendra la Iglesia).

Dice también: "Si Adán era una figura de Cristo, el sueño de Adán representaba la muerte de Cristo, que dormía en la muerte, a fin de que la Iglesia, verdadera madre de los vivientes, fuese figurada por Eva salida de la herida de su costado" (De Anima, 43; PL, 723 B).

San Hilario, dice Daniélou, presentará el sueño como el misterio adámico por excelencia: "Hay en el sueño de Adán un misterio escondido" (TM, I, 5). Del mismo modo remite a la Carta de San Pablo a los Efesios (5, 22-33) y a la presentación de Cristo como el nuevo Adán (Romanos, 5, 12-21; I Corintios, 15, 45-49). Según la visión de San Hilario, estos textos del Antiguo y Nuevo Testamento se alimentan mutuamente de sentido en la exégesis tipológica.

En el mismo sentido hablará, después de Tertuliano, Metodio de Filipo, asociando también las consecuencias del sueño de Adán a la Eucaristía, como presencia constante en la Iglesia:
"Así en particular hay que entender (lo que dice San Pablo), de la Iglesia, nacida de los huesos y del costado de Adán. Por ella el Verbo ha dejado a su Padre que está en los cielos y ha descendido 'para unirse a la esposa', y, muerto voluntariamente, ha dormido el extasis de la Pasión por ella 'a fin de hacer aparecer ante Sí a esta Iglesia gloriosa e inmaculada, después de haberla purificado en el agua bautismal' (Ef. 5, 23-27), dispuesto a recibir la semilla espiritual y dichosa que él mismo siembra y planta, resonando en las profundidades del espíritu, pero que la Iglesia, como una mujer, recibe y forma en orden a engendrar y nutrir la virtud". (Banquete de las doce vírgenes, III, 6).


"La Iglesia no podía, por otra parte, concebir y regenerar a los creyentes por el agua bautismal de la regeneración si Cristo no se hubiera anonadado por ellos, a fin de ser recibido según la recapitulación de su Pasión, como lo decía yo, muriendo de nuevo al descender de los cielos y al adherir a su esposa la Iglesia, y ofreciendo su costado para que de él brote una virtud por la que todos aquellos que han sido edificados en Él, que han sido engendrados por el agua bautismal, reciban su crecimiento de sus huesos y de su carne" (III, 8; 35-36).


Pero, como dije, son los textos de San Hilario del Tractatus Mysteriorum los que estoy siguiendo en el libro de Daniélou. Veamos ahora algunos de ellos:
"...El nombre mismo de Adán figura el nacimiento del Señor. Efectivamente, en hebreo Adán es equivalente del griego gépyra y del latín terra flamea y la Escritura acostumbra a llamar tierra a la carne del cuerpo humano. Esta carne, nacida de la Virgen por el Espíritu en el Señor, transformada en una especie nueva y extraña de sí misma, ha sido hecha conforme a la gloria espiritual, según la palabra del Apóstol: segundo Adán del cielo y: Adán celestial, porque el Adán terreno es la figura de Aquel que ha de venir. Tomamos, pues, con toda seguridad el nombre de Adán, apoyándonos sobre una tal autoridad, no sin buscar alguna prefiguración de Aquel que ha de venir" (I, 2).

Refiriéndose al somnus Adae, dice San Hilario:
"El texto dice en seguida que estando Adán dormido, Eva fue engrendrada de su costado y de su hueso: luego de despertado, sigue esta profecía: Hoc nunc os de ossibus meis, etc... Esto no me impone ningún esfuerzo pues el Apóstol, luego de referir esta misma profecía, añade: Hoc mysterium magnum est, ego autem dico in Christo et in Ecclesia (Este misterio es grande, mas yo lo digo en orden a Cristo y a la Iglesia.) Pero leemos que solamente el hueso fue sacado de Adán. Cómo es pues: carne de mi carne. Esto puede referirse a la realidad de las cosas presentes (= en sentido literal), en esta forma: puesto que el hueso extraído del costado de Adán ha sido por el Dios todopoderoso vestido de carne para formar el cuerpo de la mujer, y puesto que el hueso ha sido extraído de la carne y, de nuevo revestido de carne, ha formado un cuerpo, también la carne ha sido sacada de la carne, como el hueso sacado del hueso... Pero, por otro lado, a propósito del lazo que le tendían los judíos con respecto al repudio, el Señor muestra que aquello se había dicho más bien por Él que por Adán... Cuando, pues, el Señor, que hizo al hombre y a la mujer, dijo que el hueso era de su hueso y la carne de su carne, expresó por Adán lo que se había cumplido enteramente en el mismo Adán, respetando la realidad del hecho histórico y mostrando haberse prefigurado de Él cuanto se había realizado en otro. En efecto, puesto que el Verbo ha sido hecho carne y la Iglesia miembro de Cristo, nacida por el agua y vivificada por la sangre brotada de su costado, y puesto que por el sacramento de nuevo permanece entre nosotros en la carne en la que ha nacido el Verbo que vive antes de los siglos en cuanto es Hijo de Dios, de manera sencilla nos ha ienseñado que en Adán estaban contenidas su figura y la de su Iglesia, significando que ella ha sido significada después del sueño de su muerte, por la comunión de su carne" (I, 3).


Tan sencillo no es, cosa que también advierte Daniélou quien, además, comenta: No es el detalle histórico de la vida de Cristo lo que se prefigura; es el misterio de Cristo mismo, el vínculo misterioso que existe entre su pasión y el nacimiento de la Iglesia.

Bastarían estos textos para concluir inicialmente que -cualquiera fuere nuestra percepción de lo que es la Iglesia-, Dios ha dejado en las Sagradas Escrituras una visión diferente. La misma noción de Cuerpo Místico se enriquece con estas exégesis. Y, en consecuencia, nuestra propia relación con Cristo. Pero, todavía más, nuestra relación con Cristo a través de su Iglesia parece que cobra un sentido diferente.

Si con estas exégesis, como afirma Daniélou, estamos en el centro de la tradición eclesiástica, la visión del hombre respecto de su pertenencia a la Iglesia no puede sino necesitar un ajuste y una nueva forma de comprensión. Y también la pregunta acerca de si es necesaria la Iglesia para estar unido a Cristo.

La cuestión del agua y la sangre brotadas del costado de Cristo en la Cruz también cobra otra luz. La realidad del Bautismo y de la Eucaristía -es decir el agua que hace nacer y que es origen de la vida y la sangre que vivifica a los vivientes y los alimenta- están de este modo en la naturaleza misma de la Iglesia y figuradas en la creación del hombre teniendo como modelo mismo al Verbo Encarnado y Crucificado.

Hay que decir que Adán no es cristiano, en el sentido actual de la palabra, en el sentido en el que podría imputársele por ser parcial y acotado a una facción.

Sí lo es en otro sentido que se sigue inmediatamente de esta exégesis que exponen tanto San Pablo y San Hilario.

Pero Adán es humano. Es la cabeza de todos los hombres que han de venir. Y, según San Pablo, es la figura de Aquel que ha de venir, y que por ello mismo recapitula a toda la humanidad, será su nueva Cabeza.

Si en Adán está presente el género humano, y de su costado es engendrada Eva, madre de vivientes, y esto mismo es figura de Cristo y de la Iglesia, no habrá hombre que pueda no estar en ella si quiere estar en Él, no hay quien pueda no entrar en ella si quiere estar en Él y ser de Él, pues ella es de Él.

Por supuesto que aquí caben las distinciones y precisiones acerca del verbo estar y del verbo entrar, y es verdad que los modos de pertenencia a la Iglesia no son un asunto menor. Pero ninguna precisión logrará quitarle al agua ser el principio de la vida y a la sangre ser el alimento que vivifica.

Sin embargo, habrá que completar todavía con algunos textos más de este mismo Tratado de San Hilario, referidos ahora tanto a la Resurreción como al sentido escatológico del pasaje del Génesis (por otra lado, también fundado en San Pablo, especialmente en la carta a los Romanos y en la primera a los Corintios.)

viernes, 5 de noviembre de 2004

Me regalaron un librito que es un trabajo de tesis sobre Rafael Morales, poeta español. En 1943, el poeta publica Poemas del Toro. Me entero por el ensayo de que hay una distinción poética entre poesía taurina (la que se dedica habitualmente a la 'fiesta brava' y al toro en función de ella) y la poesía táurica (que es la que toma al toro en sí mismo, sin necesaria relación con la corrida.)

De los que aparecen, me gustó mucho este soneto que copio. Juega barrocamente con la antítesis de la apariencia y la realidad interior y, aunque al modo conceptista, alcanza a dar la esencia (que aprendo allí deberá llamarse táurica, como la poesía de Morales.)
A un toro blanco

Este fuego que habita tu osamenta
se lamenta sonoro, bravo y ciego,
pues no comprende que se llame fuego
mientras la nieve de tu piel sustenta.

Esta llama febril, alta y violenta
que da a tu vida rumoroso riego
no comprende que finja tal sosiego
el fiero corazón de la tormenta.

El asta silenciosa y elevada
libera de tu invierno reposado
la ardiente plenitud de la cornada.

¡Oh, rayo blanco, incendio congelado,
agosto disfrazado de nevada,
por el bronco mugido delatado!

jueves, 4 de noviembre de 2004

Cuenta Geir Kjetsaa que Dostoyevski se fue de Moscú, en el muy caluroso verano de 1866, a terminar Crimen y Castigo a una casa de campo en Liublino, a pocos kilómetros de la capital. Allí había alquilado su cuñado un lugar y fue invitado por dos meses. Estaban sus varios sobrinos y amigos de éstos. El sombrío Dostoyevski se transforma sin embargo en un animador de los días y las noches de la temporada. Actúa, galantea, relata historias, habla con los jóvenes.
Uno de ellos, N. von Vogt, por entonces de 17 años, cuenta cómo lo vio:
Fedor Mijailovich hablaba lenta y calmosamente, con expresión concentrada -era evidente que en su cabeza había pensamientos serios-. Sus ojos pequeños y grises se hundían en los oyentes. En general, sus ojos revelaban buen humor, pero sucedía que a veces fulguraban de un modo extraño y colérico, sobre todo cuando analizaba un tema que le preocupaba profundamente. Pero no importaba de qué hablase, había algo secreto en todo lo que decía. Era como si desease hablar directamente, pero al mismo tiempo sus pensamientos anidasen en la profundidad de su alma. De tanto en tanto relataba una historia completamente fantástica, algo increíble y creaba imágenes maravillosas que sus oyentes recordaban durante mucho tiempo.
Kjetsaa completa la pintura:
Pero incluso cuando el juego y la conversación parecían más animados, de pronto Dostoyevski adquiría una expresión pensativa y se retiraba de la reunión. "Era como si algo estuviese molestándole", comentó uno de los invitados. Le había asaltado una idea y tenía que volver de prisa a Crimen y Castigo. Si después los jóvenes venían a buscarlo, se irritaba y encolerizaba, y hacía lo posble para que se fuesen. No le agradaba hablar de su trabajo, y nadie se sentía tentado a preguntarle acerca del asunto. Una criada aterrorizada informó que el escritor se paseaba por la noche hablando solo de un asesinato que proyectaba cometer.

miércoles, 3 de noviembre de 2004

Disculpen la insolencia pero -por el momento- no tengo mucho para decir sobre Bush, ni sobre los States (*). Si parece indolencia o extravagancia, no lo es. No es que no me parezca importante o significativo lo que pasa en el mundo. Pasa que, para ser más preciso, lo que tendría para decir es medio raro. Alguna vez, quizá, lo diga. Es algo sobre la guerra y la paz. O, más exactamente todavía, sobre "las guerras y los rumores de guerra" y sobre "la paz que da el mundo".

Por ahora, se me hace que sería mejor volver los ojos a la propia Patria, si de patrias es la hora.

Es el caso también que varios lectores dicen haber gustado los sonetos de Vocos. Entonces, dos razones son mejores que una sola. Vayan unas cuantas estrofas de su Canto a la Argentina (+).

Sin dormir, con los ojos estragados
de amor, sin acordarme de otra cosa,
corriendo sin parar por todos lados,

a los golpes como una mariposa
ciega de luz, perdido como un viento,
te ando buscando, oh dulce patria hermosa.

Te ando buscando, sí, desde el momento
mismo en que fui, te busco y no hago nada
más que tus huellas perseguir sediento.

No hago más que gastarme la mirada,
la sangre, la pasión, la vida entera
detrás de ti como una llamarada.

¡Oh, patria, patria mía, quién dijera
que el corazón no habría de tenerte,
que sin tenerte nunca te perdiera!

.........................................

De nuevo estamos, patria mía, en esto.
Tú, separada, sola, suplantada.
Yo, como siempre, tuyo y en mi puesto.

Mas si de andar detrás de ti, cansada
mi fuerza cede y voy como cayendo,
si no me queda por hacer ya nada,

pese a mi ser y al tiempo que corriendo
se me escapa y me falta, pese a todo,
mi esperanza y mi fe siguen creciendo.

Sí, porque hasta en el último recodo
de tu extensión, incluso en esa parte
donde más denso pueda ser el lodo,

yo sé que hay hijos tuyos que al nombrarte
tiemblan de amor y caen de rodillas,
que sólo viven para recordarte.

Yo sé que en todos lados hay semillas
de tus claros varones aguardando,
surcos en gestación de maravillas.

No entiendo cómo, no me explico cuándo;
podré y no podré verlo, da lo mismo;
pero será como lo estoy cantando.

Desde la misma entraña del abismo,
desde la misma muerte o lo que sea,
florecerá otra vez el heroísmo.

Con la fuerza del mar en la marea,
con el empuje de las tempestades,
de pronto empezará la gran tarea

de poner fin a las iniquidades,
de devolver por siempre a cada cosa,
con el honor, las viejas claridades.

¡Oh, luz de la mañana luminosa, puro
jardín del sueño, dulce fuente,
milagro de la vida generosa!

Con la hermosura conque antiguamente
te vio mi madre, con la gracia altiva
con que tu imagen cruza por mi frente

desde que soy, con esa decisiva
plenitud que no muestras pero tienes,
alta y radiante y como nunca viva,

cargada de tus glorias y tus bienes,
patria inmortal, ¡oh patria del destino!,
yo sé que has de venir, yo sé que vienes.

Yo sé que avanzas ya por el camino
que con su propia mano Dios abriera
para la eternidad de lo argentino.

Apura, pues, apura, ven ligera.
deja y olvida lo que te distrajo.
No tardes más, que el corazón te espera,
que el cielo, ya de amor, se viene abajo.

(*) Suscribo, por matizada y divertida además, la opinión de Hernán.
(+) No será ni la primera ni la última vez que haya que recordar que la poesía es más universal que la historia. Tan así es que bien podría discutir algunos aspectos de la ocasión de estos dichos de Jorge Vocos, que vienen de mediados de la década del ´50. Pero más difícilmente tendría algo para decir de los requiebros de amor patriótico que destilan estos versos, buenos versos, además, a mi paladar. Aun a pesar del tópico del Dios atento a la eternidad de lo argentino, una hipérbole de amor, probablemente.

martes, 2 de noviembre de 2004

Ya que lo mentamos, hagámosle un lugar.

En el capítulo 25 de las Crónicas del Ángel Gris, Alejandro Dolina se ocupa de una misteriosa organización de autores: los Libretistas del Mundo o sencillamente los Libretistas de Flores.

La idea, borgeana en su invención y en su dicción -como tantas otras de Dolina-, es llevar hasta las últimas consecuencias, hasta el absurdo, una idea ingeniosa.
Así los Libretistas comienzan redactando chascarrilos y guiones para cómicos y animadores. La idea se extrapola hasta que los secretos guionistas son los que en realidad están detrás de todo lo que se dice y hace, con aparente espontaneidad. Y planean, secretamente, la vida entera de algunos individuos.

Dolina despacha ejemplos. Entre ellos, éste:

El hombre que va a menos (boceto de una vida completa)

El protagonista ha nacido con una dotación formidable. es inteligente, viril y apuesto.
Sin embargo, durante toda su vida disimulará esas cualidades, tal vez por no apabullar a los demás.
Fracasará en sus estudios por fingiri desconocimiento, aun poseyendo erudición.
Renunciará a espléndidas mujeres y se casará con una verdadera bruja. retrocederá ante rivales que en realidad desprecia.
Cometerá injusticias para no sentir la soberbia de ser bondadoso. Se rodeará de amigos miserables y les hará el homenaje de parecerse a ellos.
Tendrá gustos exquisitos, pero los negará para mentir regocijo ante las cosas más despreciables.
Una noche sentirá venir la muerte y no tendrá miedo, pero gemirá como un maula.
Jamás recibirá recompensa ninguna en este mundo, y tal vez tampoco en el otro.

No me parece que sea del todo mala teología la de este cuentito. Y tal vez no sea mala teología tampoco el que ni siquiera se hubiera propuesto hacer teología, aunque esto es cosa que no creo.

Para ver espirales y más espirales borgeanas, aunque dichos con calidad (y no sólo remedo), termina el capítulo con estos laberintos:
Jamás se ha anunciado que los Libretistas abandonaran su trabajo. Por lo tanto no sería extraño que sigan escribiendo todavía.
A lo mejor, muchos de los que hoy compadrean de soberanos no hacen nada que no sea cumplir con ajenos designios.
Puede ser que esta crónica, de la que usurparé jactancias o vergüenzas, haya sido pensanda por la entidad.
Y también los comentarios de los lectores, esas desengañadas palabras que condenan mi torpeza.
Al fin de cuentas, todo, todo lo que digamos o hagamos, aun nuestro grito de rebelión contra la letra establecida, quizá no sea más que un parlamento puesto en boca de actores secundarios por los inconmovibles Libretistas de Flores.

¿Ven? ¿Y yo qué dije? Teología. Buena, mala o regular. Pero teología. Y borgeana, en parte. Aunque me parece que un poco mejor. Tal vez por eso que ha dicho varias veces:
Soy, señores, de Caseros:
lo digo con el pico,
lo defiendo con el cuero.

lunes, 1 de noviembre de 2004

No hace mucho hubo que hablar de la marca de la Bestia (fue por aquello de los implantes de identidad.) Ni por un momento se puede pensar que esa señal sea broma (la de la bestia, el implante no sé...) La marca de la Bestia es cosa seria y de cuidado y la marca de la Bestia podría llevarlo a uno a la Bestia. Y no salir de allí. Pero, con todo, es la marca de la bestia...

Porque, es obvio, la marca que de veras cuenta es la otra, la primera, la verdadera: el sello de Dios sobre la frente de los elegidos, que dice el Apocalipsis (7, 2-4, 9-14) en la lectura de hoy, fiesta de Todos los Santos.

No puede evitarse: la marca de la Bestia es apenas un símil, un remedo, una imitación del sello divino. Y hasta visto de este modo, además de una insolencia envidiosa y pérfida de la Bestia, una distracción para el hombre, esta señal es hasta un señuelo.

De todos modos, una y otra señal pueden resultar igualmente peligrosas. Así como se afanan los buscadores curiosos de signos de la Bestia, así se despepitan los buscadores ansiosos del sello de Dios. Los que ya saben quiénes se condenarán, los que ya saben quiénes habrán de salvarse (o están ya salvados).

Ambos extremos, creo, además de la vanidad de gloriarse de poder saber, de 'tener el dato' tienen como motor una más pedestre y humana necesidad de seguridad. La insana ansiedad por las dos 'marcas', no es sino el anverso y el reverso de sentirse a salvo.

Dos modos de la desesperación, al fin de cuentas, de la presunción del fin. Y tan fácil que caemos en cualquiera de ambas formas de sentirnos seguros y a salvo, para no tener que esperar, con esperanza, el fin...

Y aquellos 144.000 de entre todas las tribus de los hijos de Israel, así como aquella otra multitud inmensa, incontable, de cada nación, raza, pueblo y lengua, todos aquellos que están delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en las manos, quiénes son.

Allí está , con su sabor 'dantesco', ese pasaje de San Juan contemplando la multitud de los santos, junto a su anciano interlocutor que pregunta y se responde a sí mismo ¿quiénes son estos?: "Ellos son aquellos que han pasado a través de la gran tribulación y han lavado sus vestidos haciéndolos blancos con la sangre del Cordero."

Lo mismo dice, de otro modo, me parece, el fragmento de su primera Carta: "Ya somos hijos de Dios aunque todavía no se ha manifestado lo que seremos. Más sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque, lo veremos tal como es. Entretanto quienquiera tiene en Él esta esperanza se hace puro, así como Él es puro."

Y otro tanto, final y más rotundamente, el sermón de las Bienaventuranzas.

Cuestión de marcas, parece. Y de cierto apetito de marcas, de querer saber ya qué marca lleva quién. Nada tan humano, siendo tan temporales como somos. Y tan hechos para la eternidad como somos.

Qué difícil es saber de la Victoria y no sentirse victorioso.

Pero parece que buscar la santidad y llegar al fin a ser parte de aquellos que miran al Cordero en esa impresionante escena celestial, deberíamos, como San Juan lo advierte en su carta, guardar Esperanza y esa Esperanza purificarnos. Cosa difícil. De entender. De hacer. Si uno tuviera que hacer eso solo...

domingo, 31 de octubre de 2004

Nombre

Tierra de sombras: sombra de esta tierra
en que siembran dolores los mortales.
La tierra de los sueños, de la guerra,
del amor, del olvido. Musicales
angustias de esta tierra en la que yerra
el corazón cansado. Manantiales
de ese dolor de luz que nos aterra
pues nos lleva a los días celestiales.
La noche nos aferra y una sombra
nos hiere, nos opaca, nos desnuda,
nos arranca los ojos, nos olvida.
Mas la voz interior con que te nombra
el corazón, jamás se queda muda,
jamás a oscuras, nunca está vencida.

sábado, 30 de octubre de 2004

La biografía de Dostoyevsky del noruego Geir Kjetsaa que estoy releyendo es muy llevadera (me había olvidado.) Me gusta más, en varios puntos, que la de Henri Troyat.

Empecé a leer cosas de FMD a los 17 años. Y lo primero fue El Idiota, novela de la que me hice casi fanático durante unos años.

Cuando llega a esta obra (1867), Kjetsaa transcribe un fragmento de una carta de Dostoyevsky a su sobrina(no hay dos autores que escriban igual los apellidos y hasta los nombres rusos):
La idea central de la novela es retratar a la persona absolutamente buena. Nada más difícil que esto en el mundo entero, y sobre todo en nuestro tiempo. Todos los autores -no sólo los nuestros, sino también todos los europeos- que han intentado realizar un retrato de la persona absolutamente buena, siempre renunciaron al esfuerzo. Pues se trata de una tarea infinitamente difícil. Lo bueno es un ideal, pero ni en nosotros ni en la Europa civilizada el ideal ha cobrado forma hasta ahora. En el mundo entero hay una sola persona absolutamente buena: Cristo, y por consiguiente la existencia misma de este ser infinitamente bueno es en sí misma un milagro inefable. De acuerdo con San Juan, el Evangelio entero nació a partir de este pensamiento: considera que el milagro completo es la aparición del bien, la encarnación de lo perfecto en la carne y la sangre.


Kjetsaa recuerda con razón la preferencia de los ortodoxos -y las del propio FMD- por San Juan Evangelista y, después, enumera las etapas a través de las cuales Dostoyevsky llega a su comprensión de Cristo:
En su imagen de Cristo, la dimensión metafísica ocupaba un lugar muy secundario. Sólo durante su período en la cárcel comprendió cuánto dependía su propio reconocimiento de esta dimensión metafísica. Más tarde advirtió que la herejía arriana -la negación de la divinidad de Jesús- era la primera etapa del proceso europeo de secularización, el mismo al que, según él veía las cosas, debía oponerse con todas sus fuerzas. A partir de ese momento, la doctrina de la civilización de Jesús se convirtió a sus ojos en el eje de todo el cristianismo. "No es la moral de Cristo, ni las enseñanzas de Cristo lo que salvará al mundo, sino la creencia de que la palabra se hizo carne."
Hay no pocas cosas del a veces extremoso misticismo ruso y ortodoxo (hasta del cristiano oriental) que no son de mi paladar (aunque veo con fascinación ese mundo, sabiendo al mismo tiempo que no soy uno de ellos.)

Sin embargo, esta última frase de Dostoyevsky...

viernes, 29 de octubre de 2004

El tren, a la tarde, siempre vuelve lleno de gente. Siempre ha sido así.

Pero hacía bastante tiempo que no oía conversaciones alegres.

Esa cosa que llaman los diarios (y los filósofos no dogmáticos) la vida real, está plagada de detalles que forman de tanto en tanto un paisaje bastante desolador. Por lo menos, si uno tiene memoria de otros tiempos o cierta enfermiza sensibilidad o una imaginación locuaz, para imaginarse qué hacen los demás, qué es de sus vidas.

En el tren, en los últimos años, por ejemplo, la gente que duerme, a cualquier hora, los que miran el vacío, los que están conectados a un pasadiscos o a una radio, los que manotean con cierta aburrida voracidad el diario gratuito, fueron creciendo. Y haciendo un monocolor agrisado, depresivo. Exponencialmente crecieron después los celulares en manos de todo el mundo. Uno los hacía al principio en manos de los que "lo necesitan", pero después se transformaron en un miembro más, en un pseudópodo. Fueron un status y se volvieron un órgano. Los veo con indiferencia agresiva. Pero los veo, los oigo y no puede evitarse oír las "necesidades" que ahora cubre el celular. Pamplinas: "estoy en la estación tal, recién subo al colectivo, ¿vas esta noche...?"

Antiguamente, los furgones del tren eran para jugar al truco o al chinchón (y tomar cerveza, después de las 7...) Así se usaba entre los que subían con bolsos y bicicletas, bulliciosos, alegres. Albañiles, operarios, mezclados con los que iban a fumar o querían ver jugar.

Después se oscureció. Vendedores ambulantes, desocupados, deambulantes. Bajó la edad de los furgoneros y se diluyó la alegría. Ya nadie sabe bien qué edad tienen. Aroma de marihuana a cualquier hora (a cualquier hora), brebajes extraños en recipientes extraños. Miradas brillantes y volátiles. Mujeres guerreras, adolescentes. Chicos, descalzos muchas veces. Lograron que los operarios de antes se fueran corriendo, dispersándose por los pasillos de vagones atestados, oscureciéndose también ellos.

Pero hoy había dos mujeres, sencillas, sentadas frente a frente. Parecían conocerse apenas. Hablaban animadamente de comidas, mientras ellas mismas comían (otra costumbre incorporada que no existía: comer en la calle, en cualquier lado.) Se fue poblando el tren. Me dormí leyendo (tratando de releer a San Hilario, iluso de mí, confiado en mis propias fuerzas y en una voluntad demasiado falluta...)

Había sartenes, mientras tanto, con el tizne del uso, que iban y venían, ingredientes, salsas, preparaciones. Entrecortadas, las palabras me venían de un mundo que estaba a mi alrededor, del que yo estaba apenas ausente, dormitando, incómodo. Creo que estaba sonriendo, o me parecía estar sonriendo mientras las oía. Pasaron por allí fideos, "almóndigas", ensaladas, intercambios de secretos, destrezas, hasta ahorros de gas, marcas de aceite, descubrimientos, olvidos, sorpresas, coincidencias. Todo alrededor de las recetas.

Me desperté, finalmente, y seguían. Me levanté. Junto a ellas, otras dos mujeres, mayores ya, estaban, por su propia cuenta, en el mismo tema. Una sola era, digamos, joven. Las otras tres habían pasado los 55. Era gracioso oírles los diminutivos que insistían en usar: el ajito picadito, el perejilcito, la cebollita cortadita bien chiquita, la ollita, la carnecita frita. Hasta que las cuatro descubrieron que hablaban de lo mismo, dos a dos, y se rieron con ganas y ya no hubo modo de detener el aluvión de harinas y mantecas, el horno y los filetes. Se reían todo el tiempo. Se agrupaban de dos en dos, entrecruzadas alternativamente. Hubiera habido mate y tortas fritas y era cuestión de sacarlas con la fuerza pública de aquel festival culinario.

Allí estaban, cuatro mujeres desconocidas entre sí, de entre 35 y 70 años, meta y ponga a la lengua y a las manos, a la cocina y a los hijos.

Me reía solo. Apretujado entre millones de caras y corazones que no sé si las estaban oyendo, si acaso estaban disfrutando este Seminario Internacional de Mujeres Comunes en Encuentro Casual Hablando de Cocina.

Me reía solo. Miraba esas caras criollas, provincianas, curtidas, morenas. Esos ojos vivaces. Oía esas horas interminables de acumular pruebas y secretos de verduras, arroces y carnes asadas, esos diminutivos, esa pasión pícara de chamanes de las ollas.

Es mentira que no sé por qué -ya bastante despierto y pérfido y malintencionado como suelo ser- pensé en los huesitos de la Isla de Flores. Me acordé de las pequeñas señoras simiescas de los catálogos de antropólogos, de sus elucubraciones en clave paleontológica de la religión del mono y de esas cosas.

Y les aseguro que en mi inocente furia de torpe observador fanático, me dije: No sé el australopiteco o el neandertal, no sé el gorila simil homo o el homo simil Flores, o el Flores simil sapiens. Pero estas cuatro doñas, no me importa lo que digan los que no necesitan dudar de sus dogmas científicos, estas cuatro bellezas de la especie homo vagonensis bonaerensis, ni en mil millones de años han sido monos, ni vienen de ningún chimpancé. Estas cuatro dulzuras de feminas saben cocinar y les encanta cocinar. Y eso es bastante más que lo que cualquier armaesqueletos podría entender, mirando sus osamentas despanchurradas, doscientos mil años después del día que se vayan al cielo sus almas de amas de la casa.

Para decir 'ajito', para decirlo con ternura y fruición, a las 7 de la tarde de un viernes en un tren repleto, incómodas, cansadas, con las hornallas esperándolas al final del camino y del día, para poder decirlo riéndose con otras tres congéneres desconocidas, es necesario un alma espiritual. Y es un pecado no saber eso, de tan evidente que es. O no querer saberlo. O no querer decirlo. Un pecado científico, por lo pronto, así que seguro es un pecado más grave también.

Ya sé, ya sé... Se van a levantar las voces sensatas y menearan las cabezas. Van a decir algunos que es un golpe bajo de pobre apologética pseudochestertoniana. Y qué sé yo que otros dedos veré alzarse. Pero, francamente no me siento obligado a llevarle toda la corriente a una "ciencia" caprichosa y malcriada, nada más que para parecer que no tengo nada contra la modernidad. Dejemos el darle la razón y no mofarnos buenamente de ella, para cuando tenga razón o siquiera para cuando muestre buenos modales.

Así que, por esta vez que pase, qué quieren que les diga. Entre batirse desmañadamente por la noble prosapia de cuatro cocineras nacidas en el seno de la naturaleza humana, y el pundonor de un pontífice de la paleontología o la susceptibilidad de un librepensador, prefiero pensar que es un acto de caridad muy propio de una religión para hombres hacerles irreverentes cosquillas en la nariz un rato a los iconoclastas.
Soneto de la muerte fiel

Todo era igual pero le parecía
que en ese azul del cielo que miraba
otro azul más azul se dibujaba
y en el dibujo se reconocía.

También el aire, limpio, le traía
fragancias de las cosas que añoraba.
El aire, sí, el aire le llegaba
como viniendo de la serranía.

Entonces advirtió la cercanía
de esa dulce ciudad que tanto amaba,
miró sus torres, supo que volvía.

Y al apurar la senda que llevaba,
sintió que hasta la piel se le endulzaba
y se fue, sin saber que se moría.


Jorge Vocos Lescano

Me quedaba este soneto prometido. Si no me acuerdo mal, Adelmo Montenegro -a quien está dedicado- era un cordobés, director del desaparecido diario Los Principios, uno de los dos que durante mucho tiempo salieron en Córdoba (éste era de inspitación católica, como se decía en aquellos tiempos.) Desapareció hace unos 30 años.

jueves, 28 de octubre de 2004

A propósito de los temas que asoman por estas y otras páginas en estos días, me parece que no desentonaría para nada traer a cuento dos cuestiones. Aunque, si no me equivoco mucho, las dos son de esa clase de asuntos en los que más es lo que hay que mirar y contemplar, que lo que hay para decir. Esto no significa que uno no vaya a hablar en absoluto. Que para algo mencionamos el punto.

Creo, además, que la densidad de los textos quizá obligaría a tratarlos por separado. Pero, a la vez, tengo la idea de que están unidos de tal modo en varios puntos importantes de manera que, por más que físicamente se los alejara, terminarían por volverse los unos hacia los otros.


Hace un tiempo vengo leyendo con cierto detenimiento la Tipología Bíblica (*) de Jean Daniélou. Entre los capítulos, algunos tratan la relación entre Cristo y la Iglesia. Y de entre ellos, el cuarto, en el que habla sobre El Sueño de Adán y el Nacimiento de la Iglesia. Los textos fundamentales que comenta Daniélou -y los que más me interesan ahora- son los del Tractatus Mysteriorum (Tratado de los misterios) de San Hilario, aunque hay algunos fragmentos de Tertuliano, Metodio u Orígenes, que también importan.

Me interesó en particular la exégesis tipológica del relato del Génesis que tiene como protagonista a Adán (y a Eva) y las consecuencias, tanto sacramentales como escatológicas, que sacan los Padres, especialmente San Hilario.

En cuanto a la metodología tipológica tal vez baste este fragmento de Daniélou, comentando el texto de San Hilario, para entender someramente en qué consiste:
"Nos interesa (el texto) ante todo por la relación que tan claramente establece entre la profecía y la figura. El Verbo realiza primeramente en Adán el acontecimiento figurativo, y por la Profecía deduce luego la significación profética. Así el acontecimiento histórico conserva todo su valor. Nótese el cuidado de Hilario en dilucidar ante todo las dificultades del sentido literal. Esta preocupación aparece muchas veces en él. Se atiene a la realidad histórica de los acontecimientos, ya que la tipología consiste, precisamente en hacer ver que la historia misma es figurativa, y no en reemplazar la historia por la alegoría."


Por otra parte, no puedo dejar de pensar desde hace unos meses en unos textos que Simone Weil dirige al P. Perrin y que están en Espera de Dios, una edición de seis cartas y varios opúsculos, todos dirigidos al mismo sacerdote.

Son, en particular, las seis cartas lo que me ocupa. De ellas, el asunto que me interesa es, por una parte, el de la naturaleza de la Iglesia y el del Cristianismo, visto a trasluz de lo que allí dice Weil de sí misma. Por otro lado, y en relación con esto mismo, la cuestión de la vida intelectual y el Bautismo (lo que también podría verse como la independencia de la vida intelectual una vez que se pertenece a la Iglesia.) Tiempo después, estuve viendo que esto mismo está tratado con convicción y bastante desgarradamente por John Henry Newman, y, no por casualidad, con fuerte apoyatura en la modalidad de los Padres de la primera Iglesia.


Tiempo atrás, había comenzado una serie sobre Saber saber. Parte de lo que venga ahora a propósito de estos asuntos, está en la misma línea de aquello que me proponía, que se detuvo por eso mismo de que estos temas obligan a pensar y repensar, aun lo ya dicho.

De modo que, así planteadas las cosas, veremos que sale de este matrimonio.


(*) El título original en francés es "Sacramentum Futuri - Études sur les Origines de la Typologie Biblique", que habría que traducir como "Misterio de lo Futuro - Estudios sobre los orígenes de la tipología biblica". La obra se compone de una serie de ensayos sobre varias figuras o typos bíblicos, esencialmente de Cristo. El texto de San Hilario, que sigue Daniélou en buena parte de estos ensayos, es una exégesis de seis libros del Antiguo Testamento.