lunes, 29 de agosto de 2016

De la luz


Luz hay. Y en sombra pasa lo pasado.
Está adelante, adentro, en el camino,
es un claro temblor, un repentino
fuego, un nombre que nace iluminado.
Luz hay en todo lo que está a tu lado,
y a tu lado de luz me determino
a que el aire que exalas matutino
brille de miel y azahar, enamorado.
No pasará la luz, porque no falta
y crece en rayos cada vez más puros
y va más lejos, cada vez más alta.
No pasará tu luz, porque es entera,
guerrera de los tiempos más oscuros,
hoguera del amor. Y verdadera.




sábado, 27 de agosto de 2016

Cuántica


Con tus libros de física en las manos,
me muestras el vacío entre moléculas:
distancias sin medida que se expanden,
se entreveran, se apartan o se traman
y forman cuerpos que parecen sólidos,
me dices, porque todo es energía...
Yo no lo sé. Te miro y me parece
que un continuo rumor, que no es materia,
abraza el mundo desde adentro, enlaza
el corazón de todo lo que existe
y hace que sea lo que es. Y pienso,
mientras todo en tus ojos se perfuma,
en la fórmula grácil y elegante
que llamamos Amor y no es en números.




jueves, 25 de agosto de 2016

Décimas obvias (III)


De los rosales, las rosas
son la flor, cuando florecen.
Todos los hombres perecen
y vuelan las mariposas.
Existen todas las cosas
porque existe la existencia.
El que conduce, prudencia
más que nada ha de tener;
y, el que no sabe saber,
no sabe aunque tenga ciencia.

Para volar, tienen alas
las aves. Y los caballos
no son como los cobayos,
ni las calas son las calas.
Son muchachas las zagalas
y es un pastor el zagal
Se cura en el hospital
y, si se come, es comida;
se sale por la salida
y se entra por el portal.

Para ser viviente, vivo
es necesario que sea.
Porque es del mar, es marea;
y no está libre el cautivo.
Si se escabulle, es esquivo;
La mentira no es verdad.
Es grande la inmensidad
y no es grande lo pequeño;
y, si algo tiene dueño,
eso es de su propiedad.




martes, 23 de agosto de 2016

Décimas obvias (II)


Cuando el perro está contento,
si tiene, mueve la cola.
El ruido del mar es ola
y el aire que ruge es viento.
Con el fuego me caliento
y en el desierto hay arena;
redonda es la luna llena
y da peras el peral;
si no está bien, está mal;
y si es triste, es una pena.

La miel la da la colmena
y se arrastra la serpiente;
dolores sufre el doliente
y perfuma la verbena.
Hay doce en una docena
como hay sal en la salina;
con vino el hombre se envina,
sin agua no ha de vivir;
y no vivir es morir.
Y siempre hiere la espina.

Pone huevos la gallina,
interroga el que pregunta,
cada palo tiene punta,
y baila la bailarina.
Son los chinos de la China
y siempre la lluvia moja;
cuando la cincha se afloja
peligra cualquier jinete;
los Sacramentos son siete
y toda la sangre es roja.




domingo, 21 de agosto de 2016

Décimas obvias


Sale el sol por la mañana
y por la noche hay estrellas;
todas las flores son bellas
y el alba es hora temprana.
Sin lomas, la tierra es llana;
tienen agua las lagunas;
en el mes hay cuatro lunas
y son muchos más los vientos;
en el mar, los peces, cientos.
Y si no comes, ayunas.

Del árbol vienen los frutos
y del árbol la madera
Los higos son de la higuera;
de la caña, los canutos.
Hay bichos que son astutos,
otros son más inocentes;
hay todas clases de gentes
como son mil los paisajes,
los linajes y lenguajes
y treinta y dos son los dientes.

En el invierno hace frío
y hace calor en verano,
como hay dedos en la mano
y el agua va por el río.
Con sombra, el soto es umbrío;
con brisa, es fresca la tarde.
Con poco valor, cobarde;
y con demasiado, audaz.
No siempre sin guerra hay paz
y no toda leña arde.





jueves, 18 de agosto de 2016

Nacimiento del aire


Mientras somos aquí,
como testigos del silbido del viento entre los álamos,
al refugio del aire que cimbra las acacias para nuestro contento,
el mundo, lejos, se deshace y diseca perversidades y aporías,
distrae a los inocentes, aturde a los que aman, desespera a los tristes.

Y nosotros somos aquí.

Sólo al sol,
sólo a la luz del sol,
sólo a la luz del día y la tarde sin sombras,
ciegos de sol,
con el sol que rumorea en los aromos ese rumor de abejas
que llevan el hambre temprana de las flores;
sólo a la luz del sol que hace brillar de azul la tibieza de golondrinas

recién llegadas
a estas lomas verdes de avena
y grises del invierno y sus barbechos.

Mientras somos aquí,
vimos nacer el aire de un agosto que ruge,
vimos nacer el viento que te oigo decir que morirá en septiembre
y que ya barre juncales y la laguna fría,
despertando antiguas soledades de llanura que amparan a los caminantes.

Mientras somos aquí,
somos.

Porque hoy vimos nacer el aire del viento de agosto
como un alumbramiento de esperanza,
andando en el silencio de estos surcos dormidos,
andando entre colmenas ansiosas de dulzores,
con el consuelo de la lejanía...

Mientras somos aquí,
el aire nace.

Y somos.

Lejos de aquí, ya no seremos.


jueves, 11 de agosto de 2016

Soneto


Son tus ojos, que miran la mañana
subiendo con la luz por los verdores
silenciosos, que incendian ruiseñores:
silbos de sol en la quietud temprana.
Soy a tu vera verde. Mi ventana
suspira de rocío en estertores
sobrios de estrellas y ebrios de dulzores,
sin rastros de la noche soberana.
Siento en los huesos ráfagas de amores,
siento en las manos tibias los colores,
siento la sangre que tu voz desgrana
sólo en el aire azul y sin dolores,
sólo para que en canto me enamores
siempre, en secreto, súbita y cercana.




domingo, 7 de agosto de 2016

Almost Spring


August morning paves the way
as a glow or a dark day.
(They arrive at the same time,
always mixing what I say:

'August brings the morning fog,
distant barking of a dog,
and a faint fragrance of lime
to seduce a younger frog...')


August morning says nonsense
as the nonsense of this tense
time, worse than that of Magog,
pretty fierce seem, so dense...

(While children on the shores continue shaking foam
and a peasant remember as is the way home;
or left us a light laugh at the tavern at sunset
and even have young ears to hear without headset:
we know it's coming, while we are in our room,
the Day of Doom...)


I saw a man drowning a dove,
sour ugly hands with glove
for the ruin of innocence,
and the sweetness of pure love.

(While Jones and Brown and Scott, the most rambunctious,
drink their beer, drunk with their joys and emotions;
and a mother cradled his throbbing child in her womb,
without the sleep of death on her lap like a tomb:
at least we know that it is weaving and loom
the Day of Doom...)


August passes in its charm
with this wind without sweet calm,
breaking doors, with noise and shove;
proud and deaf up to a psalm.

(While the river runs through the icy steppes
and snow kiss the field as if they were lips;
or leaves of lime trees make the air sweet;
and see lovers who cherish their hands in the street:
joyful hope because we know that brings a scent of broom
the Day of Doom...)


The new spring will come to us soon,
silver glitter on the moon,
light away what is so rough.
Then, will come the Day of Doom.

And a rain of this spring
-fresh rain worthy of a King-,
it will be a light of heaven
so again blessed land can sing.



Salvo excepciones, los versos no hay que explicarlos.

Pero resulta que ahora es cuando.

Es triste -y tal vez un arcano significativo- que nadie se haya tomado el trabajo de traducir la poesía de G. K. Chesterton. La completa poesía, porque haber suelta, hay.

Ocurre que esa cuota medida y desmesurada de humor, fineza y hondura, haría mucho bien. Y no le digo nada de este tiempo nuestro de hoy día: mucho le hace falta. A mí no me da por ninguna parte, no me alcanza nada de nada para poder hacerlo y a otros, que son buenos en eso (poeta hay que ser para lograrlo...), parece que o no les llama la atención o no se le atreven. Tal vez tengan razón.

Pero si no puedo traducir y recrear lo que tan bien hace, al menos puedo jugar a imitarlo. Y así fue que aparecieron estos versos que hay arriba. Están -supongamos- en inglés, que no es mi lengua casi en ningún sentido. Y menos para los versos, ni hablar. Pero en inglés -supongamos- están.

Pasa que, al leerlo a él, la música y la potencia de las imágenes que mezclan lo alto y lo corriente (porque en todo GKCh están mezclados con tanta agudeza como inocencia...), son una tentación fuerte para un irreverente, como un servidor.

Diga lo que quiera y tendrá razón, pero es nada más que escribir al modo de..., aquel viejo ejercicio de los antiguos o esa humorada de -entre otros- Nalé Roxlo o Braulio Anzoátegui, que lo imitaron en prosa y en castellano.

Con todo, lo que definitivamente me coloca fuera de esa lista de buenos escritores es, precisamente, la irreverencia de imitarle no solamente el idioma (que ya es imperdonable) sino la misma tonada musical de los versos o la imaginería de las palabras o los temas.

Era hombre serio y de buen humor. Por eso mismo creo que, en el cielo de los poetas santos, él sabrá mirar con indulgencia esto que habrá oído entre carcajadas.




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¿Por qué no están traducidos? Porque no tiene gracia dar toda la vuelta. Si ya están patas pa'arriba...





martes, 26 de julio de 2016

Pan de paloma


De trigo y claro el aire. Azul tu arrullo,
lino de miel que por el aire quiebra
la nube en sangre, que la tarde enhebra
con una brisa añil y el vuelo tuyo.
Trigo que es pan el aire y te celebra
y germina en tu pecho su capullo:
pecho de pan y canto en el que intuyo
siembra la voz de amor que me requiebra.
Ah, si en azahar y espigas y en su aroma
tu murmullo se vuelve mi alimento
y el viento habla de mí pero en tu idioma:
esa delicia humeante de tu acento,
silencio tibio que en mi boca siento,
será el rumor del pan de mi paloma.



martes, 28 de junio de 2016

Por temor a los judíos (III y final)




El asunto parece materia que se hinca en el corazón religioso de Israel. Y lo es. No hay que olvidarlo ni confundirse. Y así como lo fue entonces, lo es ahora y lo será antes de que Él vuelva.

Allí está el testimonio de san Juan. Testimonio machacón, se diría y no lo es, porque es central. Pero si Juan no lo dijera, si no lo dijera el Testamento Nuevo, lo gritan las propias Escrituras antiguas. Y Jesús, más que ninguno, porque Él es el centro mismo de toda la cuestión y fue a Israel mismo a quien primero le dijo quién era y a qué había venido. Y de dónde.

En tiempos de Jesús, ciertamente, es éste un asunto entre sacerdotes, doctores, escribas, maestros de las escrituras, fariseos, saduceos. Y hasta políticos y revolucionarios. Caudillos y secuaces que tienen en la piel ardida tanto el recuerdo de pasadas y presentes dominaciones humillantes, esclavitudes y deseos de vindicta, como tienen a la vista las promesas del Libro y las promesas enteras que Dios les hiciera desde Abraham hasta sus días. Todos ellos tienen los ejemplos y símbolos de patriarcas, jueces y reyes; y sobre todo de los profetas, precisamente esa piedra de toque que Jesús no deja de citarles una y otra vez y que tanta irritación les causa.

Lo simbólico y lo profético es axial en todo este asunto. Alrededor de ambas cosas, que constituyen las dos caras de un mismo eje que es la realidad misma del Mesías único y verdadero que Él es, Jesús lleva adelante sus días de predicación y, al final, sus días mayores de Pasión, Muerte, Resurrección y Gloria.

Porque desde los tiempos del Edén está figurada la llegada del que habrá de restaurar todo lo que ha sido dañado. Y si uno quisiera ir antes de antes, en la eternidad divina ya estaba el Verbo y hay que volver a san Juan para leer en su Prólogo cuán lejos se extiende la raíz de lo creado y cuánto ha hecho el Creador para restaurar lo que el Otro ha querido destruir y malversar. En cierto modo, el primer profeta es el mismo Padre, si se me permite decirlo así. Y el Hijo, después, especialmente -para nosotros- el Hijo Encarnado. Y todo lo que se ha dicho y revelado recorre el tiempo desde el principio, en que no había tiempo, hasta el fin, en el que ya no habrá.

Pero.

Ya con la llegada de Jesús a este mundo, frente a esa voluntad divina se levanta otra voluntad, como parida en el seno mismo de su pueblo, su viña. Y es el caso que por acción de esa voluntad temen aquellos que esperan a Jesús y aquellos que siguen a Jesús: un hombre tenía una viña en la que había unos viñadores malvados cuando llegó la vendimia, el mismo hombre seguramente que plantó en ella una higuera que por tres años no le dio fruto alguno...

Jesús no teme, ya está dicho. No Él. Sí los suyos, los que están cerca, los que quieren acercarse, y aun los que querrían acercarse y no lo hacen por ese temor.

Y es allí donde aparece con mayor fuerza el símbolo para aquellos que, decenios, siglos y milenios después, perciben -y sufren- renovadamente alguna amenaza que les produce temor. Y un enorme y agrio temor.

¿Es todavía el temor a los judíos? No necesariamente a ellos. No sólo a ellos. ¿Habrá de reeditarse esa misma expresión con el mismo sentido que tiene en los dichos de san Juan, literalmente? Puede ser, bien puede ser. Y en algo lo será. Porque en el tiempo rebota simbólica y proféticamente la expresión de Caifás y de otros. Y aquella expresión no ha sido derogada. Pero el sentido de la expresión es tan simbólico como profético, y lo es precisamente por aquello que quienes buscan su muerte quieren matar en Él.

Jesús murió, es verdad. Lo mataron finalmente. O da su vida en sacrificio, más exacamente dicho: Nadie me quita la vida. Pero si Jesús murió, no muere más: resucitó. Está vivo y venció a la muerte. Suyo es el reino, el poder y la gloria, por siempre. Pero eso no quiere decir que la voluntad de matarlo haya desaparecido. Y si Él ya no muere más, los suyos -que son Él en algún sentido y son miembros de su propio Cuerpo- sí pueden morir, y si deben morir por imperio de esa voluntad.

Entonces, quienes son suyos, quienes forman parte de su Cuerpo, también deben morir, también sobre ellos pesa el designio. Porque son suyos.

Y es así como aquellos que fueron suyos desde que Él apareció en este mundo y hasta el fin del tiempo, temen a los judíos.

Desde la visita de los sabios de Oriente y la huida a Egipto hasta que Él vuelva.

*   *   *

Así como en la expresión por temor a los judíos se aglutinan, simbólica y proféticamente, otras realidades y no sólo los judíos, del mismo modo temor no es solamente el miedo, así como el verbo morir significa más de una cosa.

Ya el sólo temor es en ocasiones una forma de morir, y atemorizar es una forma de matar.

Se equivocará quien suponga que el temor tiene invariablemente la cara torva, que temer es temblar solamente o atemorizar es sólo hacer temblar. Hay quienes ríen por temor. Hay quienes ignoran por temor. Hay quienes hasta se entristecen preventivamente y siempre por temor. Incluso por temor al temor y no es un juego tonto de palabras.

Siempre hay temor cuando algún mal paraliza y lo deja a uno como muerto, inerme, inane. A veces, y como la esperanza es aneja a la fortaleza, el temor corre parejo con la desesperanza, la desesperación, que también paraliza y ancla la mirada en la oscuridad.

Hay muertes distintas y de toda laya. La desesperación es una forma de ella. Pero hay en ocasiones desesperaciones dulces y tibias, como dicen que es la muerte en las alturas heladas, en medio de la nieve, donde se adormece uno cuando las fronteras de su cuerpo ya parecieran no dejar pasar el frío (por inertes) y, en la inmovilidad de los congelados, se diría que uno ha encontrado un tibio refugio interior. Hasta que toda luz se apaga y no queda ya ningún calor.

El temor puede empujarnos a la muerte, también, como en las desmañadas furias del desesperado que ya no puede soportar ese goteo ácido del tiempo que lacera el alma con la tristeza y el dolor: el espiritual más que ninguno, se entiende.

El temor puede llevar a la desesperación y la desesperación puede llevar a una carcajada, tan sonora como triste. Eso también puede pasar. Un intento desesperado por aturdir al corazón y velar sus temores.

Como también están las falsas esperanzas. O las esperanzas con doble fondo. En la superficie, un sufrido asentimiento, una como piadosa resignación ante el viento fétido y cruel de una historia. Mientras, bajo capa, se guardan secretamente las expectativas de logros inmanentes, una muy oculta y disimulada espera de que ya llegarán aquí los tiempos más benignos, y ya no será necesario morir, de ninguna muerte, como si todo esto fuera una prueba: soportar estos dolores para que se nos den después aquellos primores...aquí. No estuvieron exentos de estas esperanzas de doble fondo los apóstoles mismos: esperando que en cualquier momento Jesús inaugurara el reino que viene y viene pronto, apuntándose para algún cargo en ese reino; incluso blandiendo cuando no corresponde una espada horizontal contra los enemigos, cuando en realidad se trata de un asunto vertical y no horizontal.

A contraluz, las circunstancias de esas expectativas -y tantas otras cosas- son de algún modo también ellas una especie de judíos. Por temor a la derrota y al escarnio y al dolor histórico de la muerte civil o religiosa en este mundo (muerte que significa tanto la persecución cruenta como la incruenta, tanto el desprecio como la intemperie y el fracaso histórico), hay quienes se esconden, incluso de sí mismos, o quienes se pliegan a sus perseguidores ocultándose de ellos, procurando que no los distingan en nada de la masa de los que no esperan, de los que no conocen a Jesús, de los que no saben quién es. Como si Él mismo no hubiera avisado: Los tratarán así a causa de mi Nombre.

Porque, además del literal temor a los judíos, hay toda otra clase de temores, como hay toda otra clase de judíos.

El resultado es el mismo.

En cada tiempo, ya se ha dicho, ese temor se reedita. Recorre el entero tiempo de los hombres en este valle y así será hasta que Él vuelva.

*   *   *

Pero así como dije que es tan simbólico como profético ese temor a los judíos, lo es también la respuesta a ese temor. 

Y esa respuesta está fuertemente dicha en Pentecostés, como está en el episodio de los discípulos de Emaús. Como está en el temple de las mujeres que acompañaron a Jesús hasta después de su muerte y anunciaron la Resurrección a los varones.

Y está en la figura del discípulo amado al pie de la Cruz, solo, junto a ellas.

Y está, por cierto, en la Madre de Jesús.

A Ella se le anunció primero el cumplimiento de la Promesa: la presencia de Jesús entre los hombres. Y entre las primeras palabras con las que el Ángel Gabriel la saludó, le dijo: El Señor está contigo. No temas.

Y no temió. Y así fue como Ella concibió al Mesías en su seno. Y Él nos redimió.

*   *   *

Sin embargo, curiosamente, estando ya Jesús con nosotros y sabiendo que se ha cumplido la promesa de que nos daría el Padre un Redentor y Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin; aun así, mientras estamos en este mundo, mientras todo alrededor parecen derrumbarse las murallas de la ciudad y partirse en dos el Templo, mientras vemos cómo el viento barre las ruinas de lo que alguna vez fue en su Nombre grande y noble y bello, mientras vemos las sombras de los demonios de este mundo y del otro pisotear esas ruinas polvorientas ululando y maldiciendo y babeando, mientras oímos por todas partes el aullido de rabia de los que sin sosiego todavía Lo buscan para matarlo; aun así, aun cuando sabemos que quienes lo buscan para matarlo ignoran que Él ya no muere más y nosotros con Él -y por Él- aunque nos maten; con todo y eso todavía nos escondemos como los suyos lo hicieron, pero ahora en la casa de puertas cerradas de nuestras perplejidades y tristezas y angustias.


Y eso mismo, como entonces, igual pero distinto, por temor a los judíos.