miércoles, 27 de noviembre de 2019

(palabras pendientes)


https://www.mediafire.com/file/ba77x9pjnzshcih/palabras_pendientes.pdf/file


No exactamente, claro.

Porque en este libro de versos se cruzan quienes es improbable o imposible que se hubieran cruzado en persona alguna vez, al menos en este valle. Así que pendientes no son stricto sensu...

Pero si la lírica no puede hacer eso, no puede nada.

Que lo haga bien, es otro cantar. Literalmente.

Aquí queda.






sábado, 23 de noviembre de 2019

Federico García Lorca canta por Juana de Arco


Fui también caballero
una tarde fresquita de mayo.
Ella era entonces para mí el enigma,
estrella azul sobre mi pecho intacto.
Cabalgué lentamente hacia los cielos.
Era un domingo de pipirigallo.
Y vi que en vez de rosas y claveles
ella tronchaba lirios con sus manos.

Balada triste
Pequeño poema

Abril de 1918 (Granada)

Federico García Lorca

(Así la miel del hombre es la poesía
que mana de su pecho dolorido,
de un panal con la cera del recuerdo
formado por la abeja de lo íntimo)

El canto de la miel
Noviembre de 1918 (Granada)
De Libro de Poemas

Federico García Lorca


Pasa el río perezoso
que va camino del mar
y la mañana se cuela
por las calles de Ruan.
Mayo se va cabizbajo,
tan lentamente se va
que no florecen los nardos
ni nada su aroma da.
Mayo teme una palabra
que la sentencia dirá
cuando diga que en la hoguera
en fuego dizque arderá
la Doncella que dormita
sin su peto y espaldar,
sin la espada de Martel
que hasta París fue a llevar.
Y sin su blanco estandarte:
sólo viste su sayal,
con san Miguel que la acuna
con dos santas a la par.
Desde Lorena ha venido
la Virgen de su lugar
con una lis en el manto
y estrellas lleva en un haz.
Mayo entre nieblas normandas
oye al odio murmurar 
de un inglés que va vencido
y un francés que va detrás.
Y mayo va dando voces
y la quiere despertar,
porque duerme la Doncella...
Con qué cielo soñará.
Con qué luz, y no de llamas
que pronto la morderán.
Con qué campiñas floridas
que en la Francia crecerán
cuando esparzan sus cenizas,
simiente que sembrarán
sin saber que con sembrarlas
un fuego nuevo darán.

Adiós la Francia florida,
la tristeza que me das,
dama cobarde y traidora
que la dejaste juzgar
por la envidia derrotada
de tu enemigo mortal.
Ya ves tu obra cumplida.
Ya la llevan a quemar.

Juana ve luz en las llamas,
ve ángeles y una Faz
de un armado caballero
que la viene a rescatar,
brioso y blanco el caballo,
brillante el Jinete va.




jueves, 21 de noviembre de 2019

Pádraic Pearse celebra a Adán Buenosayres


Mise Éire:
sine mé ná an Chailleach Bhéarra.
Mór mo ghlóir:
mé a rug Cú Chulainn cróga.
Mór mo náir:
mo chlann féin a dhíol a máthair.
Mór mo phian:
bithnaimhde de mo shíorchiapadh.
Mór mo bhrón:
d’eag an dream inar chuíreas dochas.
Mise Éire:
uaigní mé ná an Chailleach Bhéarra.

Mise Éire (*)
 Pádraic H. Pearse 

Guardosos de semilla,
vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo,
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”,
me dije yo en el Sur y en su empresa de toros.
“Niña y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”

El temor de la Patria y su niñez
me atravesó el costado (la cicatriz me dura).

Descubrimiento de la Patria, 8
 Leopoldo Marechal




Jóvenes morimos, Adán,
demasiado pronto.

Todo era primavera en mi bella Irlanda:
estaba mayo en todo, cuando tu otoño en Villa Crespo.

Y en mi otoño de Dublín -había ya tu primavera de octubre-
viniste entre los ángeles
a completar el número de los locos
que cantando anduvimos el mar
buscando tierra firme
en los círculos concéntricos del cielo.

Yo soñaba mi verde Solveig, y tu Argentina de plata soñabas,
y soñaba con los ojos de Éire
brillando como llamas,
incendiando el mar,
y el mar era campo verde de trigo dorado de tu tierra,
y lo ardíamos
como si jugaran niños libres o ancianos en jolgorio.

Jóvenes morimos, Adán.
Demasiado pronto.

Dejamos dos novias vírgenes y dolientes,
y nos buscan con la mirada en lágrimas del horizonte,
para ver de ver a sus enamorados
viniendo de oriente y occidente, montados en las nubes,
en las olas que rompen con furia,
montados en caballos de guerra,
como potros encabritados acechando la gloria...

No hay hombre que en el tiempo bajo esta luna
haya entendido tanto,
haya llorado tanto tu muerte,
como el que amó a su tierra hasta el martirio.

Los apisonadores de adoquines,
y los ávidos,
y las manos y los corazones que reptan,
y los hombres insensatos de una fuerza insensata,
no entienden nuestro peregrinaje,
lo desprecian y se burlan
de nuestros ojos alucinados por la visión...

Jóvenes morimos, Adán.
Demasiado pronto.

Antes deberíamos haberle puesto llamas
a los pastizales pampas
hasta que la tierra criolla fuera toda una pavesa de risas y vivas..,
antes deberíamos haber urdido los fuegos que arderían para siempre
en la isla verde de mi días.

Jóvenes morimos, Adán,

Pero aún nos queda
el canto,
la palabra que hiende,
la voz que resucita la dicha de los pastores del tiempo.

En un rincón del mundo,
todavía,
yo soy Irlanda
y tú, la Argentina.




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(*) Yo soy Irlanda

Yo soy Irlanda:

soy más vieja que la Anciana de Beara.
Grande es mi gloria:
yo que engendré a Cuchulainn el valiente.
Grande es mi vergüenza:
mis propios niños que vendieron a su madre.
Grande es mi pena:
los encarnizados enemigos de mi eterno tormento.
Grande es mi tristeza:
la muerte de las personas en las que tenía puestas mis esperanzas.
Yo soy Irlanda:
soy más solitaria que la Anciana de Beara.





miércoles, 20 de noviembre de 2019

Francesca da Rimini llora por Julieta Capuleto


Vieni a veder Montecchi e Cappelletti,
Monaldi e Filippeschi, uom sanza cura:
color già tristi, e questi con sospetti! 

Commedia, Purgatorio, VI

"Amor, ch’al cor gentil ratto s’apprende
prese costui de la bella persona
che mi fu tolta; e ’l modo ancor m’offende. 

Amor, ch’a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m’abbandona.

Amor condusse noi ad una morte:
Caina attende chi a vita ci spense".
Queste parole da lor ci fuor porte.

Francesca da Rimini habla con Dante
Commedia, Inferno, V

Dante Alighieri


JULIET.
Good pilgrim, you do wrong your hand too much,
Which mannerly devotion shows in this;
For saints have hands that pilgrims' hands do touch,
And palm to palm is holy palmers' kiss.
ROMEO.
Have not saints lips, and holy palmers too?
JULIET.
Ay, pilgrim, lips that they must use in prayer.
ROMEO.
O, then, dear saint, let lips do what hands do!
They pray; grant thou, lest faith turn to despair.
JULIET.
Saints do not move, though grant for prayers' sake.
ROMEO.
Then move not while my prayer's effect I take.
Thus from my lips, by thine my sin is purged.
(Kisses her)
JULIET.
Then have my lips the sin that they have took.
ROMEO.
Sin from my lips? O trespass sweetly urged!
Give me my sin again.
(Kisses her)
JULIET.
You kiss by the book.

The tragedy of Romeo and Juliet, act I, esc V

William Shakespeare



Julieta, no sabías que en un beso
van la vida y la muerte conjugadas
y queda el corazón en vilo y preso.

No hay horas por venir, horas pasadas,
y apenas se respira en el presente
y por amor las horas gobernadas.

Tan dulce, tan amargo, tan ardiente,
tan ansiado, tan tibio, tan sin prisa...
(pero no como el tuyo de inocente...)

Y reír al besarnos y la risa
manando de la dicha de besarnos
vuelve invisible el paso a la cornisa.

De oír besar llegó el enamorarnos,
saber de Lancelote y de Ginebra
amantes nos volvió hasta estragarnos.

Tejimos nuestro amor hebra por hebra,
fue por burlar morir que fuimos muertos:
y Dante que lo oyó gime y se quiebra...

Juntos estamos, fríos y desiertos
son estos mundos que de amor no saben,
náufragos tristes de estos lares yertos.

Alegría y placer, aquí no caben
y jamás, por un beso, volveremos
a mostrar un amor que otros alaben.

Desde aquí tu infortunio miraremos,
juntos, por no alejarnos aquel día,
pues juntos para siempre aquí estaremos.

Tu corazón qué puro te latía
cuando supiste al verlo que lo amabas
y que tu amor por él no moriría...

Y, sin embargo, cuánto no llorabas
y debiste llorar; mas no sabías
que por besarlo al fin te envenenabas.

Con tus labios sus labios perseguías
hasta la muerte adonde lo escoltabas,
sin saber que en el beso te morías.





lunes, 18 de noviembre de 2019

Garcilaso de la Vega le escribe a Amália Rodrigues


(Del cielo de España al cielo de Portugal)
Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo y verme libre pueda,
y en la tercera rueda,
contigo mano a mano,
busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

De Égloga I
Garcilaso de la Vega



Amalia, por mi mal,
con tal pasión amé a una portuguesa,
ay, flor de Portugal...,
que haberla amado en mi memoria pesa.

Oirás en el cielo que fue mito:
que Elisa, la pastora,
que con su canto llora
el pastor Nemoroso de mi escrito,
no es la Isabel que lloro
sino un nombre velado por decoro.

Tú ya verás allí
y al son sereno de su voz amada
preguntarás por mí:
sabrás lo que te diga
aquella que, adorada,
no fue mi amante ni siquiera amiga.

Yo canté la tristeza
que la muerte me dio viéndola muerta
y, con mi mano yerta,
los versos que lloraron su belleza.
Temblando de agonía,
morí a la par su muerte. Y fue la mía.

Y sabrás lo que ves,
allí nada es oculto.
Y te dirán en dulce portugués
quién me hizo infeliz,
por quién mi amor aún está insepulto.
Si fue Isabel mi amada. O fue Beatriz.





domingo, 17 de noviembre de 2019

Juan Álvarez Gato consuela a Miguel Hernández


No le des prisa dolor
a mi tormento creçido,
que a las vezes el olvido
es un conçierto de amor.
Que do más la pena hiere
allí está el querer callado
y lo más disimulado
aquello es lo que se quiere;
aunqu' es el daño mayor
del huego no conosçido
a las veces el olvido
es un conçierto d' amor

Cançión que hazíe a lo en qu' él estaba
Cancionero
Juan Álvarez Gato - siglo XV

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

De El rayo que no cesa (1934-1935)
Miguel Hernández




De tanto vivir amando,
Miguel, nada te libera:
ni la muerte que te espera,
ni el tiempo si va pasando.
Silencio diste al amor,
y el amor en su querencia
te dio remedio de ausencia
y con la ausencia, dolor.
Ya va en tu sangre entintada
tu pluma que en guerra grita
el corazón que te habita
y el rayo, en tu voz alada.

Los campos visten de olivo,
Miguel, y, por Orihuela,
voz de amante te consuela
perfumadamente vivo.
Adonde tu beso vaya
primaveras abrirás,
y en la mirada pondrás
una amorosa atalaya.
Latiendo al cielo, cantando,
Miguel, te compadeciera
si tu muerte compañera
no te viera andar amando.




sábado, 16 de noviembre de 2019

Lugones le advierte a Borges


La péndola bascula, camarada,
y no sé si decirte mis querrellas
o cabalgar mi potro
de luz por las estrellas...
Y llevo el desconcierto en la mirada
por ver a quién hablarle, a ti o al otro.

Pero no sé quién es, ni sé si existe.

De ti yo sé que acaso en este eón viviste
nimbado por la gloria, con su penacho de oro.

Al otro...
, me resuelvo.
A ti te ignoro.

Mas voy por tus papeles. Voy y vuelvo.
Quiero encontrar la puerta
por la que huyes hacia tu desierto.
Ver la figura muerta
de tu mano que escribe y ya estás muerto.

El oráculo dice: sé quien eres,
sin melindres y ambages,
porque tú eres quien eres
sin las máscaras secas de tantos personajes
que te dan sus consignas.

Y tú, que en tu vagar no te resignas
a sortear laberintos,

a deshacer el túmulo y olvidar tus linajes,
a confesar sincero que tienes tus instintos
y a librar sus lenguajes...

A mí me espasma
ver esa niebla sorda y rumorosa
que haces andar por entre cada cosa;
y cuánto te entusiasma
la palabra graciosa
que aniquila la rosa y deja su fantasma.

¿Serás o no serás?
¿Dónde en el mundo cierto veramente estarás?

Tal vez en traje criollo, debajo del ombú,
librando de tus bolas las patas de un ñandú...
O entre el incienso tibio de un templo que el hindú
levantó con bambú
para el nirvana frío de escuálido gurú...

Por tanto evanescerte,
por tanto y de ti mismo y el otro envanecerte,
con coraje prefiero,
demoliendo el tabú,
el no ser que es no ser y verdadero
del otro que tú dices que eres tú. 





viernes, 15 de noviembre de 2019

John Tolkien encuentra a Sam Gamgee


Yo quería que fueras, Sam, amigo,
el emblema de un mundo en el que los jardines
son como el mar y como el cielo.
Ondulantes de hierbas y transidos de aromas sutiles bajo las nubes,
florecidos en matas verdeazules enhiestas, manchadas de ponientes.
Hacedores de sombras frescas, como los arroyos de las montañas.

Y vi que era tu oficio: la mano que hace crecer el día entre las cosas.
El mismo sol en todo, la lluvia nutritiva.

La mirada sin tiempo tienen los jardineros en mi tierra.
La mirada sencilla, macerada en paciencia y regocijo.

Yo quería ser tú.

Me sorprendiste un día: eras también el paje, el escudero.

Y te miré otra vez.

Y eras el mismo.

Carpías el destino como a la tierra.
Abrías las acequias de una esperanza apenas tibia.
Podabas desalientos,

abonabas prados que el dolor desdibuja en la memoria,

aferrabas tutores junto a los humanos que desfallecen en lo oscuro,
velabas las semillas del coraje y del asombro.

Yo no lo sabía cuando te encontré,
en aquellos días primeros del último viaje.

Pero, cuando vuelva a encontrarte, 

mi gratitud hará que te llame Juan, como el amado.
Diré que eres Simón, el de Cirene;
quizá tal vez diga José, si es que me atrevo a tanto.

Mientras el siglo muere,
a tientas fui buscando las huellas que dejaste.

Y veo todavía el resplandor sin tiempo,
un suave resplandor que viene de occidente
y que me recuerda la luz
con que mirabas todo a tu regreso al jardín

de tu mundo de jardines.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Décimas de Martín Fierro para el sargento Cruz


Tal vez en el corazón
lo tocó un Santo bendito
a un gaucho, que pegó el grito
y dijo:-!Cruz no consiente
que se cometa el delito
de matar así a un valiente!-
.............................................

 De rodillas a su lado
¡yo lo encomendé a Jesús!
Faltó a mis ojos la luz.
Tube un terrible desmayo.
Cai como herido del rayo
cuando lo vi muerto a Cruz.
.....................................

Cumplí con mi obligación,
no hay falta de que me acuse,
ni deber de que me escuse
aunque de dolor sucumba.
Allá señala su tumba
una cruz que yo lo puse.

Martín Fierro, I, IX; II, VI;  II, VII
José Hernández




Entre los pampas infieles
dejé clavada una cruz,
en sitio donde la luz
se aparta, en las tierras crueles.
Sargento, sé que laureles
no habrá quien dártelos quiera,
pero canto a mi manera
y no tendrás gloria trunca,
pues no han de faltarte nunca
laureles, cruz y bandera.

Tu gesto me rescató
del duro y trágico abismo
al que caí por mí mismo,
y porque alguien me empujó.
Tu nobleza me salvó
de ser muerto o ser cautivo
y por tu vida estoy vivo,
así que a cantarte llego
libre, porque no me entrego,
todavía fugitivo.

Quede ya para la historia
tu nombre, Cruz, que no muere,
y aquí es mi canto el que quiere
hacerse jaculatoria:
El Padre Eterno en su Gloria
ha de tenerte, lo sé,
porque Él no olvida quién fue
el que, frente a mi enemigo,
me dio su mano de amigo:
ciento por uno te dé.



martes, 12 de noviembre de 2019

Don Quijote perdona a Sansón Carrasco


Pero lo que yo más precio y ufano es de haber vencido en singular batalla a aquel famoso caballero
don Quijote de la Mancha, y héchole confesar que es más hermosa
mi Casildea de Vandalia que su Dulcinea, y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido
a todos los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido a todos;
y habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona.
Sansón Carrasco, como Caballero de los Espejos, dice a Don Quijote
Don Quijote, II, 14
Miguel de Cervantes

Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierta
que la muerte no triunfó.
Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.

Epitafio de Sansón Carrasco para Don Quijote
Don Quijote, II, 74
Miguel de Cervantes


Sansón Carrasco, yo, y en mi indulgencia,
te perdono el hablar con arrogancia;
porque no hablabas tú, sí tu ignorancia,
que aunque me hiere, llevo con paciencia.
¿Qué más que amar fue toda mi ganancia?
¿Qué sabés, en tu larga y corta ciencia,
de la fragancia con que la inocencia
de mi señora, indigno, me distancia?
Yo no volví por ti a La Mancha un día,
estragadas mis armas y mi suerte
de caballero por amor andante.
Volví vencido. Pero mi alegría
fue el homenaje que rendí en mi muerte
a la más bella, de la que fui amante.