sábado, 15 de junio de 2019

Cosas de chicas





La cuestión ético-civil más importante ligada a la cuestión sexual es la de la formación de una nueva personalidad femenina. Hasta que la mujer no haya alcanzado además de una real independencia frente al hombre, un nuevo modo de concebirse a sí misma y de concebir su papel en las relaciones sexuales, la cuestión sexual seguirá plagada de caracteres morbosos y será necesario ser muy cauto en toda innovación legislativa. Toda crisis de coerción unilateral en el campo sexual conduce a un desenfreno "romántico", que puede ser agravado por la abolición de la prostitución legal y organizada. Todos estos elementos complican y tornan dificilísima cada reglamentación del hecho sexual y cada tentativa de crear una nueva ética sexual, conforme a los nuevos métodos de producción y de trabajo. Por otro lado es necesario proceder a tal reglamentación y a la creación de una nueva ética. Es digno de hacer notar cómo los industriales (especialmente Ford) se han interesado por las relaciones sexuales entre sus dependientes y, en general, por la instalación de sus familias; las apariencias de "puritanismo" que asumió este interés (como en el caso del prohibicionismo) no debe conducirnos a error; la verdad es que no puede desarrollarse el nuevo tipo de hombre exigido por la racionalización de la producción y del trabajo, mientras el instinto sexual no haya sido regulado de acuerdo con esta racionalización, no haya sido él también racionalizado.

Es el final de un apunte que, con el título Algunos aspectos de la cuestión sexual, dejó escrito el sardo Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la Cárcel (en las obras completas, tomo 3, 294, 1935).


Hace poco me preguntaban de dónde había salido toda esta cuestión del género, su ideología, los empoderamientos femeninos, la demolición del patriarcado y más y más de esas andanadas que aperplejan a tantos por estos días.

Creo que parte de la respuesta -parte solamente, no es todo...- está en estas reflexiones del presidente del Partido Comunista italiano en la década de 1920. Hay que notar la lucidez (torcida y partisana) con la que en pocos trazos reúne las cuestiones de familia, moral, producción. La hermenéutica es marxista, eso queda claro. Pero detrás de las cuestiones de estructuras económicas y superestructuras culturales y políticas de la sociedad civil, amanecen otras que fueron consolidándose con el tiempo, que fueron amasándose con harinas de distintos granos hasta formar el pan nuestro cotidiano que sirve de alimento insusutituible de la tópica con la que el hombre común está obligado a pensar. Lo hacen los referentes políticos, lo hacen los "hombres del pensamiento", los "hombres de la palabra", los hombres y mujeres de a pie, los educadores (y muchos educadores religiosos y en particular educadores católicos); y lo hacen tantos padres de familia que, si no lo hacen por entera convicción, como muchos de todos los que menciono, lo hacen por terror al control social, a la "policía del pensamiento" (que dijera Orwell en 1984), por terror a una tópica que lentamente se ha vuelto ley, primero no escrita y después codificada. Y en todo el mundo es igual, en particular en el mundo occidental. En el mundo oriental marxista, la situación de la mujer se iguala de hecho y de derecho con la del varón, ambos igualmente oprimidos por el Partido en función del Partido y de sus intereses. La producción en esos lugares es solamente un ámbito en el que se muestra esa igualdad. Al mismo tiempo, allí, los crímenes sexuales se castigan con dureza, pero no por la consabida moralidad puritana de los revolucionarios solamente, sino por lo que supone de debilitamiento de la disciplina revolucionaria. Claro que eso afecta allí principalmente al proletariado; pero no solamente, como se ha visto no hace mucho con la condena a dirigentes por asuntos de este tipo.

Es notable que, tanto en los análisis ideológicos como en las obras de ficción distópicas, la cuestión sexual adquiera el carácter de quicio, de gozne cardinal necesario para articular la rebelión del hombre ya frente a lo natural como a lo sobrenatural. Inmanencia, historicismo y materialismo se conjugan en esa rebelión de modo que se haga posible la "construcción" de un "hombre nuevo".


Ahora bien. 

Sería un error, claro está, adjudicarle a la izquierda in genere la primacía en estas oleadas revolucionarias. Porque ninguna de esas tres notas (inmanentismo, historicismo, materialismo) es propiedad de la izquierda en exclusiva. Esas tres notas, y los modos que adquieren en distintas corrientes, son patrimonio de una revolución honda, teológica. Una revolución de la cual la izquierda es solamente una de las expresiones.

Cualquiera que se considere "de derecha" (a esta altura, en cualquiera de las acepciones que se le dé al término) tendrá que cuidarse muy bien de caer en el engaño fatal de creer que todo lo malo, sucio, tuerto, cruel es de izquierda por definición.

Pues, desde que se considera frívolamente de izquierda todo lo que no es de derecha, la verdadera rebelión de la ciudad del hombre campea oronda, afiliando a su lado a cualquiera que profese -sabiéndolo o no- el catecismo de la verdadera rebelión. Un catecismo revolucionario que tanto puede mandar el consumo idiota al modo capitalista, como la lucha armada cruel al modo de los ejércitos de liberación.

Todos ellos tienen en último término un mismo enemigo. Porque todos ellos pretenden la construcción de un hombre nuevo.

A contraluz, así lo veo en las 26 páginas de un documento reciente que la Congregación para la Educación Católica de la Iglesia difundió para salir a dialogar, según insiste en proponerse, con la ideología de género, en particular en el ámbito educativo.

Varias de las cosas que allí se afirman, al margen de la inarrugable voluntad dialongante, son de la más rancia doctrina natural y de Fe, en lo que se refiere a Dios, el varón, la mujer, la familia y la educación. Y está muy bien que se hayan proclamado.

Pero eso mismo es lo que resulta contradictorio. Porque desde el título mismo del documento ya aparece la insoluble contradicción con el diálogo: Varón y mujer los creó. Tres palabras indebidas, inadmisibles, políticamente incorrectas, cuyo entero significado (por separado cada una y más las tres en la misma sintaxis) inhabilita el diálogo. Y el contenido del documento, en lo que tiene de posición terminantemente adversa a la ideología de género (que es su parte central y substantiva), tanto más inhibe siquiera una conversación, cuanto más el diálogo, en los términos corrientes en los que esa palabra se usa.


  

_________________________

Dejo aquí el principo del apunte de Gramsci:

Algunos aspectos de la cuestión sexual.

Obsesión de la cuestión sexual y peligros ocasionados por esta obsesión. Todos los "autores de proyectos" ponen en primera línea la cuestión sexual y la resuelven "cándidamente".

Es preciso subrayar la parte extensa, frecuentemente preponderante, que ocupa la cuestión sexual en las "Utopías" (la observación de Croce señalando que las soluciones aportadas por Campanella en La Ciudad del Sol no pueden explicarse por las necesidades sexuales de los campesinos calabreses, es estúpida). Los instintos sexuales fueron los más fuertemente reprimidos por la sociedad en desarrollo; su "regularización", debido a las contradicciones a que da lugar y a las perversiones que se le atribuyen, parece la cosa más "innatural", de allí que las referencias a la "naturaleza" sean más frecuentes en este campo. La literatura "psicoanalítica" es también un modo de criticar la reglamentación de los instintos sexuales bajo una forma a veces "iluminista" [luz divina interior en vez de sacramentos], con la creación de un nuevo mito del "salvaje" sobre una base sexual (incluso las relaciones entre padres e hijos).

Gran diferencia en este terreno entre ciudad y campo, pero no un sentido idílico en lo que concierne al campo, donde ocurren los crímenes sexuales más monstruosos y frecuentes, donde la bestialidad y la pederastia están muy extendidas. En la encuesta parlamentaria sobre el Mezzogiorno [sur] hecha en 1911, se dice que en los Abruzzos y la Basilicata (donde es mayor el fanatismo religioso, y el patriarcalismo, y menor la influencia de las ideas de las ciudades, tanto que en los años 1919-20 según Serpieri no existieron allí agitaciones campesinas) se encuentra incesto en el 30 por ciento de las familias y no parece que la situación haya cambiado en estos últimos años.

La sexualidad como función reproductiva y como sport: el ideal "estético" de la mujer oscila entre la concepción de "productora" y la de bibelot [mini adorno, dije]. Pero no es sólo en la ciudad donde la sexualidad se ha convertido en un "sport"; los proverbios populares tales como "el hombre es cazador, la mujer es tentadora", "quien no tiene nada mejor se acuesta con su mujer", etc., muestran la difusión de la concepción deportiva del sexo también en la campaña y en las relaciones sexuales entre elementos de la misma clase.

La función económica de la reproducción: no es solamente un hecho general, que interesa a toda la sociedad en su conjunto, que reclama una cierta proporción entre las diversas edades a los fines de la producción y del mantenimiento de la parte pasiva de la población (pasiva de una manera normal, a causa de la edad, invalidez, etc.), sino también un hecho "molecular", que se encuentra en el seno de los más pequeños agregados económicos, tales como la familia. La expresión "el sostén de la vejez" muestra la conciencia instintiva de la necesidad económica de que exista una cierta relación entre jóvenes y viejos en toda el área social. El espectáculo de cómo son maltratados en los pueblos los viejos y las viejas sin hijos, incita a las parejas a desear la prole (el proverbio de que "una madre alimenta cien hijos y cien hijos no sostienen una madre" muestra otro aspecto de la cuestión): los viejos sin hijos, en las clases populares, son tratados como los "bastardos". Los progresos de la higiene, que han elevado el promedio de la vida humana, coloca cada vez más la cuestión sexual como un aspecto fundamental y autónomo de la cuestión económica, aspecto tan importante que a su vez puede llegar a plantear complejos problemas del tipo de "superestructura". El aumento del promedio de vida en Francia, con la escasa natalidad y con las necesidades de hacer funcionar un aparato de producción muy rico y complejo, plantea ya hoy algunos problemas ligados a la cuestión nacional. Las viejas generaciones se encuentran en relaciones cada vez más anormales con las generaciones jóvenes de la misma cultura nacional, y las masas trabajadoras son engrosadas por elementos extranjeros inmigratorios que modifican su base: se verifica ya como en América, una cierta división del trabajo (empleos calificados para los autóctonos, además de las funciones de dirección y organización; empleos no calificados para los inmigrantes).

Una relación similar, pero con consecuencias antieconómicas, muy importantes, se establece en toda una serie de países entre las ciudades industriales de baja natalidad y la campaña prolífica: la vida de la industria exige un aprendizaje general, un proceso de adaptación psicofísica a determinadas condiciones de trabajo, nutrición, habitación, costumbres, etc., que no es algo innato, "natural", sino que debe ser "adquirido, mientras los caracteres urbanos adquiridos se transmiten de manera hereditaria o son absorbidos en el curso de la infancia y de la adolescencia. Así, la baja natalidad urbana exige un gasto continuo e importante para el aprendizaje de los nuevos elementos urbanizados y comporta un perpetuo cambio de la composición político-social de la ciudad, planteando permanentemente sobre nuevas bases el problema de la hegemonía.





martes, 28 de mayo de 2019

Los nuevos mártires (II)

 

No conozco casi nada de Israel Folau.

Sé por ejemplo que me gustaba verlo jugar de fullback estrella en los Wallabies australianos o en Waratahs, su equipo de Nueva Gales del Sur.

Y digo gustaba porque ya no jugará, según dicen.

La noticia de mediados de mayo de 2019 cuenta que la Federación Australiana de Rugby lo echó por una falta grave al código de conducta de los jugadores.

¿Qué hizo?

Publicó en su cuenta de Instagram dos frases.

"Borrachos, homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores, ladrones, ateos, idólatras; el infierno les espera ¡Arrepiéntanse! Solo Jesús puede salvarlos". Y además: "Aquellos que vivan en el pecado irán al infierno, a menos que se arrepientan. Jesucristo los ama y les da tiempo para alejarse del pecado y acercarse a él".

"El contenido dentro de la publicación es inaceptable. No representa los valores del deporte y constituye una falta de respeto hacia los miembros de la comunidad del rugby", dijeron al sancionarlo los del comité de disciplina y le dieron la opción de aceptar la sentencia o seguir el asunto en la justicia. Folau decidió la segunda.

No sé si Folau es un mártir.

Me entero de que se crió mormón y pasó después a formar parte de las evangélicas Asambleas de Dios. Es un "ferviente cristiano" dicen las noticias, como quien dijera que tiene esa tara que explica y para nada justifica lo que dijo.

Muy bien.

La cuestión es que esas palabras son de las Sagradas Escrituras, principalmente de san Pablo.

¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios. (I Corintios 6: 9 -11)

Sépanlo bien: ni el corrompido, ni el impuro, ni el que se apega al dinero, que es servir a un dios falso, tendrán parte en el reino de Cristo y de Dios. (Efesios 5: 5)

Y hay más cuestiones por el estilo, no solamente en san Pablo, a quien se le atribuye ser duro, demasiado duro. Se lo oí a más de un cura. Y a más de un biblista.

Os escribí en mi carta que no os mezclaseis con los fornicarios… Lo que os escribí es que no os mezclaseis con quien, llamándose hermano, fuese fornicario, avaro, idólatra, injurioso, borracho o ladrón. Con éstos, ni comer siquiera (1 Cor 5: 9-11).

Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado con los que producen discordia y escándalos contra la doctrina que aprendisteis. Alejaos de ellos, pues ésos no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a su propio vientre, y mediante palabras dulces y aduladoras seducen los corazones de los ingenuos (Rom 16: 17-18).

Todo el que se sale de la doctrina de Cristo, y no permanece en ella, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no transmite esta doctrina no lo recibáis en casa ni le saludéis; pues quien le saluda se hace cómplice de sus malas obras (2 Jn 1:9-11).

Hermanos, os ordenamos en nombre de nuestro Señor Jesucristo que os alejéis de todo hermano que ande ocioso y no conforme a la tradición que recibieron de nosotros…Y si alguno no obedece lo que os decimos en nuestra carta, a ése señaladle y no tratéis con él, para que se avergüence; sin embargo, no lo consideréis como un enemigo, sino corregidle como a un hermano” (2 Tes 3: 6. 14-15).

Felices los que lavan sus ropas, porque así tendrán acceso al árbol de la vida, y se les abrirán las puertas de la ciudad. Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira. (Apoc 22:14-15)

Esto no es cosa de Folau.

La Federación Australiana de Rugby está discutiendo con las Sagradas Escrituras.

No es Folau el que dice cosas inadmisibles. Él simplemente las repite. Y las cree, claro, y por eso las repite.

La conclusión para un católico no es distinta: el cristianismo es inadmisible. Y no solamente por lo que Folau dijo.

Es inadmisible cuando dice que es la religión verdadera y salutífera. Que Jesucristo es Dios y es el Hijo de Dios. Que Su madre es enteramente Virgen y concebida sin pecado original. Que es el único Redentor del hombre. Que el pecado aleja de Dios. Que por los méritos de Cristo y por su Gracia se perdonan los pecados. Que Dios ha creado al mundo. Que ha creado al hombre varón y mujer. Que volverá como ascendió a los Cielos y que cuando vuelva ya no habrá tiempo y habrán Cielos nuevos y tierras nuevas. Que habrá un Juicio al final. Que hay Infierno. Que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Y más y más cosas inadmisibles para la Federación Australiana de Rugby. Y para toda Australia o para Francia o para Bolivia o para Sudáfrica. O para la Argentina.

Y algunas de ellas inadmisibles hasta para el mismo Israel Folau.



 

jueves, 23 de mayo de 2019

Los nuevos mártires




Son casuales. Porque hay más de tres de estos sucesos cada día.

Pero son una muestra. Dicen algo. Y hay que dejarlos decir lo que quieren decir.

Un día la noticia es que, en Mar del Plata, una niña de 5 años obtuvo su cambio de sexo en el registro de las personas. Y fue ella, digo, porque fue a ella y no a sus padres a quien asistió la abogada al efecto.

Otro día, en Cipoletti, un médico es condenado por no matar a un niño de 5 meses en el vientre de su madre. La pena es de prisión en suspenso, pero la condena es de por vida, porque al médico se lo inhabilita para ejercer la medicina.

Un día más y, en Córdoba, una mujer presta su vientre para que allí se geste un niño que nacerá de un espermatozoide de su hermano carnal y de una donante anónima, y eso para que su hermano pueda tener finalmente un hijo, lo que no pudo ocurrir con su esposa.

Como dije: son al acaso. No deliberadamente buscadas. Saltan a los ojos, los ojos no tienen que andar escudriñando en arrabales de las noticias.

La noticia que habla del Dr. Rodríguez Lastra tiene el dato que importa más, a juicio de un servidor.

Para quien no se haya enterado, hacer el bien tiene en la Argentina pena de prisión.

Quiero decir: tome nota todo católico de buena fe. La práctica de sus creencias -y no me importa saber si el doctor las tiene, porque podría haber sido cualquiera que las tuviese-, el testimonio de su fe y de lo que la razón nos dice que la naturaleza prescribe y no debe ser avasallado, puede llevarlo a la cárcel.

En algunos países -también en el nuestro-, hay quienes miden o pretenden medir el compromiso por el diezmo que los fieles aportan a su iglesia, o por la ropa y la comida que las instituciones reparten entre los necesitados.

Necesarias y convenientes pueden ser ambas cosas.

Pero va quedando claro que cada vez con mayor exigencia el compromiso material no alcanza. Y en muchos casos ni siquiera sirve, por engañoso.

Porque se exige algo más que monedas o actos de caridad (entendidos como solidaridad, mayormente...). Porque el mundo exige la rendición total. Y eso significa para un cristiano estar dispuesto a dar la vda. Y la vida se da de varias maneras, la mayor de las cuales es la expresión cruenta del martirio.

Pero hay martirios de distinto grado. Así como hay pecados de distinto tenor. De pensamiento, de palabra, de obra, de omisión.

Lo que hay que pensar, lo que hay que decir, lo que hay que hacer, lo que no hay que hacer.

Y a un cristiano le es necesario hoy tener muy claro lo que hoy significa -y lo que puede acarrearle- pensar lo que hay que pensar, decir lo que hay que decir, hacer lo que hay que hacer, no hacer lo que no hay que hacer.

Hoy, un cristiano ya sabe -o debería enterarse más temprano que tarde- que su testimonio puede serle requerido a la vuelta de la esquina, en cualquier parte, frente a otros. O aun frente a sí mismo.





martes, 7 de mayo de 2019

Norma Hübscher




Revolviendo papeles de la carpeta de El druida, 5, encontré muchas hojas y hojitas sueltas con escritos propios, inconclusos o a prueba la mayoría. También algunos ajenos.

Así di con Norma Hübscher, de Jorge Vocos Lescano, que se ve me gustó entonces y lo copié. Me gusta también ahora, por lo que tiene de historia velada.

Viene de la Revista Mairena, una publicación de poesía que apareció en Buenos Aires. Tuvo sólo 3 números, entre 1953 y 1954.

El soneto está en la página 13; N° 1, 1953. Al año siguiente, en 1954, el texto aparece con el número 59 en El alma hasta la superficie, libro de poemas que editó Rialp. Es claro para mí que lo tomé de la edición que la Academia de Letras hizo de las cosas de Vocos.

Me quedo con mi hojita manuscrita y dejo aquí el facsímil de Mairena.




sábado, 4 de mayo de 2019

Elegía, de Polito Díaz


No te da el sol. La lluvia no te moja.
Y, aunque te dejo atrás, igual te espero.
Quiero darte una flor y se deshoja;
ya eres ceniza y aire, compañero.
Quiero hablar con la sombra de tu roja
herida sin razón; llegar primero
al hueco de dolor donde se aloja
tu último verso triste, compañero.
Donde estaba tu risa, ahora hay vacío.
Tu canto lleva el mío amordazado
y tu paso me ronda y no me alcanza.
Perdí tu mano, se la lleva el río.
Perdí tu voz, tu canto enamorado.
Nada nos queda. Sólo mi esperanza.
Es una historia agridulce la de este soneto en elegía.

Alguna vez he mentado a Polo Rojinegro, a Hipólito Francisco Díaz, Polito para los de mi pueblo.

Salteño de cuna y de estirpe, vendedor ambulante, poeta de versos sencillos y frescos. Conocedor del dolor y la alegría. ¿Cómo hacía para vivir con ambas cosas a la vez y a flor de piel siempre como si sólo fuera feliz?

Nos veíamos en el bar de Roberto, el bar de la estación, y allí conversábamos de cielo y tierra. Comandaba un grupo de AA y un servidor -además de hacerle el marketing para los libros que vendía en el tren- solía escribirle notas para sus presentaciones.

Una vez me tocó armarle el único libro de versos que publicó. Otra vez me tocó, pasado el tiempo, decir las palabras de homenaje cuando se le puso su nombre a la placita de la estación, una vez que para el 2006 ya se nos había ido para el silencio, dice Atahualpa.

Me traía vino y empanadas de Salta, las empanadas de Topeto Díaz y el vino de Cafayate. Viajaba en camión a su tierra, nunca podía estar demasiado tiempo lejos. Iba como fuera. Ajedrecista, jugador de futbol, lector incansable, anfitrión generoso, buen decidor. Salteño, en suma.

Una mañana, llegado al bar, lo veo en una punta del mostrador, con los ojos tristes y el habla quieta. Inusual. Me acerco. Me cuenta que un amigo poeta, "a quien tanto quería", se le había suicidado en Salta. Estaba conmovido. Y me conmovió.

Llegó la hora de tomar mi tren. Él se quedaba.

Su tristeza me hizo estos versos que le di después. Hablando como si fuera él. Haciendo por él la elegía de su amigo muerto.

Me los agradecía cada vez que nos encontrábamos. Y eso era muy seguido.

Revuelvo en estos días las cosas de El druida, 5 y encuentro el original borrador. Se ve que es contemporáneo de aquellos otros días de la revista. Siempre creí que no había quedado nada de eso. Le había dado el soneto a él y supe que lo llevó a Salta y lo leyó en un homenaje a su amigo, tiempo después. Le había puesto una sola condición para darle el poema: los versos eran suyos y no podía decir que eran mío bajo ninguna circunstancia. Creo que cumplió y a regañadientes. Era hombre cabal. Ahora puedo contarlo, salvo un servidor los protagonistas ya no están en este valle.

Pero lo cierto es que esos versos los había compuesto su conmoción. Y su dolor en mí, así que eran más suyos que de nadie.   





Por fandango


(Aire de fandangos de Huelva)

En el portal de tu casa
hay un jardín florecido
y hay una rosa encarnada,
que parece tu cariño,
de orgullosa y espinada.

*   *   *

Está diciendo el torero:
"con la muerte de este toro,
se está muriendo el toreo
en esta arena en que lloro
su sangre brava y de fuego".

*   *   *

Para darte mi cariño
me bastaba con saber
que no había más motivo
que el perfume de clavel
de tu pelo renegrido.

*   *   *

Un ángel bajó del cielo
para hablarle a la doncella.
Y ella cantó un cante nuevo
feliz por lo que le oyera
decir a un ángel tan bello.

*   *   *

Por la nostalgia del mar
llorando está la gaviota
que está sin poder volar.
Tiene sus dos alas rotas,
y sus ojos lloran sal.

*   *   *

Que no te puedo querer
me dijo mi madre un día
y no pude obedecer
pues yo tanto te quería.
Y me arrepentí después.

*   *   *

Vive esperando la muerte
el hombre que está en la vida
y se enfrenta con su suerte,
como sea que sea venida.
Ella es lo que tiene enfrente.

*   *   *

Es como vara de nardo
el talle de tu cintura,
que lo medí con mi abrazo
en una noche sin luna.
Y florecieron mis manos.





viernes, 3 de mayo de 2019

Hoy vas a entrar en mi pasado


Algo más sobre El druida, 5.

Algo más queda por decir.

El título de la entrada es un verso feliz de Los Mareados, un tango que tiene su historia, originarios tintes oscuros (se cantó por primera vez en una obra teatral, Los dopados). Tuvo letras distintas (además de varios tíulos) y de distintos autores desde que nació, sólo música al principio. La letra de Enrique Cadícamo es la que se canta hoy día y fue compuesta en los años '40, unos 20 años después de ver la luz la música.

Hace años, en esta bitácora me ocupé de Paul Géraldy y sus versos "inspiradores" para la letra que Cadícamo hizo para la música de Juan Carlos Cobian.

Y se me apareció ese verso a propósito de la edición del último número de la revista entusiasta y de las circunstancias alrededor.

Pensé, por ejemplo, que durante estos 30 años, y más en los últimos 25, la revista estaba como si dijera fuera del tiempo, por inconclusa.

Hasta ahora, no había entrado en mi pasado. Ni en el pasado. Era algo pasado que no terminaba de entrar al pasado.

Tendrá a partir de ahora una existencia entera y pasada; aunque tan del pasado como perenne en algún sentido, por aquello de Horacio que curiosamente va en el epígrafe de ese último número: ...non omnis moriar. No moriré del todo.

Y es verdad: en ese sentido que dice Horacio no morirá del todo.

Como es verdad que ya fue.

Es la diferencia entre el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto.

No fue del pasado enteramente mientras no terminó de ser del todo, por decirlo de algún modo. Porque de algún modo seguía siendo, seguía in fieri, devenía.

Pero ahora, ya está.

Porque, al terminar de ser, entró triunfante al pasado veramente.




jueves, 2 de mayo de 2019

El druida, 5: un regalo (de aniversario)


No vaya a creer. Tiene su asunto "hacer una revista", por artesanal que sea.

Ya va a ver.

Para empezar, ahora sí con obsesión (que seguramente es rémora de la culpa por la incuria), un servidor revisó la edición que dejó nomás ayer. Y la corrigió, porque le halló aquí y allá esto y aquello. El resultado: rehacer y volver a editar. Y volver a "imprimir", es decir, a cambiar el original de ayer por el de hoy.

Ya está cumplido. De modo que la legión de entusiastas que se haya hecho de un ejemplar, si quiere puede cambiar una versión digital por otra, sin lágrima alguna. ¿Necesario? No, para nada. Conveniente, en todo caso.

http://www.mediafire.com/file/ehxkq8wkoe88sga/el_druida_5.pdf/file


Muy bien.

¿Y no debería hacer algo mejor? ¿Y si hiciera lo que no suelo con otras publicaciones propias de uno?

Una edición para imprimir, por ejemplo. Para imprimir-imprimir y que le quede un ejemplar corpóreo, uno "de veras".

¿Sí? ¿Habrá tantos lectores ansiosos de poder tener un ejemplar de papel? ¿Coleccionstas retro? ¿Fanáticos de El druida? ¿Nostálgicos? ¿Desocupados? ¿Curiosos?

Con uno, basta.

Un sólo par de ojos que quieran posarse benévolamente sobre esas páginas, una mano real que pase realmente las páginas, es suficiente. Para quien le habla, claro. Y no sólo.

Pero.

No vaya a creer. Tiene su asunto "hacer una revista", por artesanal que sea.

Entonces, y como un servicio de un servidor, permítame que le deje estas:

INSTRUCCIONES

1. Bajarse una copia del archivo en .pdf a través de la tapa que reza Edición para impresión. Está en esta entrada y quedará sobre las márgenes de la bitácora, junto a la edición para leer digitalmente.

2. Conseguirse al menos 12 hojas tamaño 28x22 mm (es decir, tamaño Carta), de 80 ó 90 gramos. Si se imprime en un local, debería bastar con 12. Si se hace completamente artesanal y en casa, conviene tener algunas más. Nadie es perfecto. Ni las máquinas.

3. Las hojas no deben ser blancas. Lo pide la tradición de El druida. Los coleccionistas notarán inmediatamente la diferencia. El color canónicamente aproximado, queda en esta muestra:


4. Lo primero que notará el artesano lector puesto a imprentero, al abrir el archivo para impresión, es que hay un aparente desorden en la numeración de las páginas de la revista. Pero ocurre que la numeración, en una edición para imprimir en formato libro o revista, debe seguir otro patrón. No querrá usted que le detalle la cuestión ahora. Valga la advertencia para que no se asuste. Lo que verá tiene su razón de ser.

5. Encontrará que en el archivo hay 24 páginas y que están en posición apaisada. Por arte de la impresión, al final se convertirán en solamente 12 hojas. Recuerde la terminología: 1 hoja son dos páginas, una del anverso y otra del reverso.

6. La impresión debe hacerse a doble faz. He allí la razón por la que conviene que el papel no sea menor a los 80 gramos: se trasluce lo impreso. Sin embargo, no debe usarse papel de más de 100 gramos porque hace difícil y desprolija la compaginación al final.

7. MODO DE IMPRIMIR.
Al imprimir a doble faz, debe seguir el siguiente orden: la página 1 del documento debe imprimirse con la 2, una en cada faz; la 3 con la 4; la 5 con la 6, y así sucesivamente:
1-2                    
3-4
5-6
7-8
9-10
11-12
13-14
15-16
17-18
19-20
21-22
23-24

8. Al terminar de imprimir, apile las hojas con la tapa en primer lugar y las hojas sucesivas después. Si tuvo éxito, las últimas dos páginas, las del final inferior de la pila, deben ser las 24 y 25. Serán las del medio de la revista. La "doble central", que se le dice.

9. Si llegó hasta allí, doble el conjunto por la mitad y ya tiene la revista.

10. En realidad, no todavía. Ese conjunto de hojas dobladas tiene un lomo. Hay que sellar la operación abrochando el conjunto por el lomo con dos ganchos. Se llama "acaballado".

11. Y ahora sí está  impreso El druida, 5. Y usted lo hizo posible. Es suyo.

12. A los interesados, aquí les queda el original para imprimir. Muchas gracias.


https://www.mediafire.com/file/8gx4rmhy01h4h6i/el_druida_5_impresi%F3n_..pdf/file





miércoles, 1 de mayo de 2019

El druida, 5: número aniversario


https://www.mediafire.com/file/d1n18a9rem4iuz1/el_druida_5.pdf/file

¿Por dónde empiezo?

Tendrá que ser por el principio, claro.

1989 fue el año en el que supe por primera vez del proyecto. Mayo de 1989, para ser más preciso.

Y ése es el principio. Entonces, y como todo comenzó en aquel mayo de 1989, hasta este mayo de 2019 han corrido exactamente 30 años desde aquellos días. Un aniversario.

¿Cuántas veces menté en los últimos 15 años aquí a la "revista entusiasta"? Tantas veces traje de allí asuntos propios o de otros.

Pues es El druida, así se llamó la revista entusiasta. Y contra algunos vientos y mareas porque, aunque éramos todos gentes de las letras o del arte o de los libros, no había un completo acuerdo y se sumaban las voces extramuros que se quejaban sordamente de la extranjería y el paganismo de la alusión que llevaba el nombre.

Claro. ¿Y?

Y se llamó El druida, nomás.

Corrieron esos años, y era más lo que allí se conversaba y se leía que lo que se disponía para la imprenta. Escritos, dibujos, ilustraciones, tipografías, caligrafías, no tenían apuro y el tratamiento de cada y toda cosa era moroso y eutrapélico. No pocas veces con los acompañamientos del buen yantar y del mejor beber.

Así las cosas, recién dos años después, en septiembre de 1991, apareció el número inaugural. Y hasta tuvo su presentación comme il faut. Ni más ni menos...

Un servidor se encargaba con herramientas muy rudimentarias de darle forma de edición a trabajos literarios y gráficos que merecían mejores manos y más cuidadoso tratamiento. Ese tipo de cosas que suelen pagar los dineros que no se tenían ni se pensaba gastar. Bastaba con que fuera digna. El trabajo manual que suponía, era parte substancial de la empresa. Como el modo artesanal de resolver qué debía ir en cada edición.

El número 2 nació al público en septiembre de 1992; el número 3, en diciembre de 1993 y el número 4, en diciembre de 1994.

Cualquiera diría que la frecuencia isocrónica era parte del diseño editorial. Ni modo: El druida salía cuando salía. El resto, si alguno se resiste a la vía providencial, debe concedérselo al azar.

Tampoco la frecuencia anual era el resultado de un obseso esmero literario, gráfico o editorial. Lo dicho: había más entusiasmo por preparar las viandas en la cocina -picoteando manjares a la vera de las hornallas- que por servir los platos en la mesa del comedor. Tan así que algunos, que miraban con toda simpatía la empresa, se reían de nuestra periodicidad despreocupada. Nos llamaban la revista anual.

Es el momento de admitir que hay otro aniversario: hace 25 años que no sale un número de El druida.

Ha pasado el siglo XX y ya no es tan joven el XXI, y pasó ese tiempo sin concluirse la tarea: toda la responsabilidad por el lapso laxo debe caer sobre el legajo de un servidor, me apena decirlo. Qué remedio.

Pero.

Se ve que llegó el tiempo (demorado...) de cumplir con una obligación placentera.

Como editor (es decir, como quien se encargaba de preparar la edición), todos los papeles venían a dar a mi escritorio. Y de allí a celosas carpetas para los escritos, con más pulcros sobres ocres para las ilustraciones y las pruebas de tipografia, y todo, por supuesto, debidamente rotulado, con una disposición tal como si el viaje a la imprenta apremiara o fuera inminente.

El número 5, que correspondía al quinto año de la revista (risum teneatis, amici?), estaba previsto inicialmente que estuviera disponible para junio de 1995. Nunca ocurrió.

Ahora es cuando. Porque la ocasión fue venida. Los papeles están intactos.

Y aquí queda para los que quieran -y lo esperaban...- el último número de la revista entusiasta.

El druida, 5.

Tal vez todo sea por aquello de que en nuestro fin está nuestro principio. O en nuestro principio, nuestro fin.

Se ha hecho justicia.

Y disculpen la demora. 








martes, 30 de abril de 2019

Mayo siempre


Mañana será mayo, nuevamente.
Recuerdo un empedrado, la luz fría
de una tarde entre plátanos altísimos,
una ventana gris, el roble oscuro
de una mesa, el silencio entre las voces,
un resplandor de Escocia taciturna
que deshiela el otoño, el aire herido
de un humo dulce y áspero, la risa.
Estoy en esa calle, recostado
sobre una esquina que simula piedras
en paredes añosas. Cae la noche.
Casi vacía, la ciudad murmura.
El día ya pasó. Fin y principio
de un tiempo detenido, siempre mayo.