martes, 27 de junio de 2017

Libre la torcaza


Cobijada en el laurel,
junto a un púrpura de salvia,
gris como el cielo llovizna
su arrumaco la torcaza.

La tarde la ve posarse,
la recibe hospitalaria,
le sosiega el viento arriba,
le arulla flores de calma
y de un amarillo quieto
luce modesta sus galas.

Pronto la noche se allega,
de negro la noche llama
a la puerta del jardín
y al filo de las ventanas.

La paloma está despierta.
La noche no dice nada.

Ya se ha bajado hasta el suelo,
va al jazmín de la enramada.
Y como haciendo querencia
en un huequito de grama,
la palomita suspira
no más por no estar callada.

Nadie la invitó a quedarse
ni le dice que se vaya.

No la retiene la luz
de la tarde o la mañana,
ni la noche sin la luna
ni el jardín que en sombras pasa.

Está porque quiere estar
entre el laurel y la salvia.

Y será una noche o dos,
todo un año, una semana,
un mes, otra tarde, un día...

Y se irá cuando le plazca.




lunes, 26 de junio de 2017

Je suis partout, en elegía


Ahora sin tu voz, je suis partout.

Y ahora que no estás, no estás en todo.

El aire es aire y el arroyo es agua.
La piedra luce gris. El viento sopla.
La mañana es la luz, la noche un hueco.
Y el pájaro que vuela, sólo vuela.

Ahora que no estás, todo es si mismo.

Y todo es porque sí y no en tu nombre.
Y los sabores saben sus sabores.
Y los aromas son, sin más propósito.
Y el campo es campo. Y la montaña es alta.

Ahora que no estás, nada te es propio.

Ayer vi juncos, garzas y lagunas.
Antes de ayer vi un bosque, una vertiente.
Y un día más y alguien cantó a mi lado
y era una voz y era una melodía.

Todo es verdad, en todo y cada cosa;
todo tiene su voz sin tu presencia.

Ahora que no estás, je suis partout.





sábado, 24 de junio de 2017

Canción de vos


Yo dije y a ti y te reías
y me retaste con tu risa y viste
que la canción fallaba y me dijiste
que así no la querías.

Y dije vos y hacé y tomá y andáte;
y dije chau, rajá y decí y volvé,
y cuando terminé te oí un paráte
ahí, te falta un che.

No sé si puedo hacer esto con vos
pero sin vos no sé si puedo hacerlo.
Si vos querés el vos, quiero quererlo.
Así no somos dos.




Aburridos y aburrientes (II)



Por raro que suene, es aburrido lo aburrido así como aburren los aburrientes.  Pero no aburre ocuparse un poco del aburrimiento.

¿Qué aburre? ¿Por qué aburre lo que aburre? ¿Por qué aburren los aburrientes?

Sí, el aburrimiento es todo un asunto. Y en todo puede haber. En 360°. Desde el amor hasta la comida, desde la inteligencia hasta el placer, desde la fe o el arte hasta los viajes, desde la política al deporte.

En todo. Y tanto. Y en cualquiera.

El asunto está con tintes cargados en los poemas que vengo viendo de Charles Baudelaire.

Y tal vez sea el tema mismo de Las Flores del Mal. No solamente porque hay una parte dedicada precisamente a la tensión entre el tedio y lo ideal, por decirlo rápido.

En esa obra, es sabido, Baudelaire incluyó cuatro poemas (uno de ellos en soneto) que llevan el mismo título: Spleen. Y todos compuestos en 1857.

Creo que merecen leerse, o releerse, si vamos a continuar viendo este asunto, por este rumbo.

(Dejo ahora los textos en el original francés. Por dos razones. Para obligarme con el asunto y no dejarlo deshilachado. Y para revisar las traducciones hasta que me conformen.)

Spleen

J'ai plus de souvenirs que si j'avais mille ans.

Un gros meuble à tiroirs encombré de bilans,
De vers, de billets doux, de procès, de romances,
Avec de lourds cheveux roulés dans des quittances,
Cache moins de secrets que mon triste cerveau.
C'est une pyramide, un immense caveau,
Qui contient plus de morts que la fosse commune.
— Je suis un cimetière abhorré de la lune,
Où comme des remords se traînent de longs vers
Qui s'acharnent toujours sur mes morts les plus chers.
Je suis un vieux boudoir plein de roses fanées,
Où gît tout un fouillis de modes surannées,
Où les pastels plaintifs et les pâles Boucher
Seuls, respirent l'odeur d'un flacon débouché.
Rien n'égale en longueur les boiteuses journées,
Quand sous les lourds flocons des neigeuses années
L'ennui, fruit de la morne incuriosité,
Prend les proportions de l'immortalité.
— Désormais tu n'es plus, ô matière vivante!
Qu'un granit entouré d'une vague épouvante,
Assoupi dans le fond d'un Sahara brumeux;
Un vieux sphinx ignoré du monde insoucieux,
Oublié sur la carte, et dont l'humeur farouche
Ne chante qu'aux rayons du soleil qui se couche.

Spleen

Je suis comme le roi d'un pays pluvieux,
Riche, mais impuissant, jeune et pourtant très vieux,
Qui, de ses précepteurs méprisant les courbettes,
S'ennuie avec ses chiens comme avec d'autres bêtes.
Rien ne peut l'égayer, ni gibier, ni faucon,
Ni son peuple mourant en face du balcon.
Du bouffon favori la grotesque ballade
Ne distrait plus le front de ce cruel malade;
Son lit fleurdelisé se transforme en tombeau,
Et les dames d'atour, pour qui tout prince est beau,
Ne savent plus trouver d'impudique toilette
Pour tirer un souris de ce jeune squelette.
Le savant qui lui fait de l'or n'a jamais pu
De son être extirper l'élément corrompu,
Et dans ces bains de sang qui des Romains nous viennent,
Et dont sur leurs vieux jours les puissants se souviennent,
II n'a su réchauffer ce cadavre hébété
Où coule au lieu de sang l'eau verte du Léthé

Spleen

Pluviôse, irrité contre la ville entière,
De son urne à grands flots verse un froid ténébreux
Aux pâles habitants du voisin cimetière
Et la mortalité sur les faubourgs brumeux.
Mon chat sur le carreau cherchant une litière
Agite sans repos son corps maigre et galeux;
L'âme d'un vieux poète erre dans la gouttière
Avec la triste voix d'un fantôme frileux.
Le bourdon se lamente, et la bûche enfumée
Accompagne en fausset la pendule enrhumée
Cependant qu'en un jeu plein de sales parfums,
Héritage fatal d'une vieille hydropique,
Le beau valet de coeur et la dame de pique
Causent sinistrement de leurs amours défunts.

Spleen

Quand le ciel bas et lourd pèse comme un couvercle
Sur l'esprit gémissant en proie aux longs ennuis,
Et que de l'horizon embrassant tout le cercle
II nous verse un jour noir plus triste que les nuits;
Quand la terre est changée en un cachot humide,
Où l'Espérance, comme une chauve-souris,
S'en va battant les murs de son aile timide
Et se cognant la tête à des plafonds pourris;
Quand la pluie étalant ses immenses traînées
D'une vaste prison imite les barreaux,
Et qu'un peuple muet d'infâmes araignées
Vient tendre ses filets au fond de nos cerveaux,
Des cloches tout à coup sautent avec furie
Et lancent vers le ciel un affreux hurlement,
Ainsi que des esprits errants et sans patrie
Qui se mettent à geindre opiniâtrement.
— Et de longs corbillards, sans tambours ni musique,
Défilent lentement dans mon âme; l'Espoir,
Vaincu, pleure, et l'Angoisse atroce, despotique,
Sur mon crâne incliné plante son drapeau noir.





Aprendí


Finalmente,
aprendí el aire,
el agua.

Y el fuego.

Ahora sé la altura verdadera del roble.
Aprendí qué es su quietud,
y su hondura.

Sé el pájaro.

Aprendí el frío,
sé la rosa.

Sé qué es un día feliz:
una noche fragante
y una mañana clara.

Aprendí.

Ahora lo sé.
Sé que lo sé.

Ya no lo olvido.



lunes, 19 de junio de 2017

Alegría


La noche es una con tu pelo negro
y transminan la luz tus ojos verdes;
moscatel es tu voz, honda y dorada,
mimbre que cimbra el canto que te viste.
Toda vestida en canto, tu figura
es una misma y sola melodía
que se yergue en el aire conmovido
y en cada nota llora sin dolor.
No conozco silencio ni alegría
que sea tanto así, tan suavemente
ave que trina, pájaro que viaja.
Y ahora que la noche ha despertado
y en tus manos morenas alza el vuelo,
ya no hay pena que agobie o te oscurezca.




domingo, 18 de junio de 2017

Sueño de la tarde


El viento llegó. La tarde,
aterida y somnolienta,
se va recostando lenta
junto a la brasa que arde.
Espera que me resguarde
entre sus brazos del frío,
que entibie este pecho mío
y que me duerma a su lado.
Pero todo lo ha soñado
y a su lado está vacío.

La tarde sueña en el viento
con una casa de piedra
abrazada por la hiedra
como si fuera de cuento.
Se le endulza el pensamiento
y el fuego, en la estancia oscura,
acompaña la dulzura
de su sueño en soledad,
la ilumina con piedad
y la aquieta con ternura.

Viene la noche llegando,
viene de hielo su sombra.
La tarde despierta y nombra
el nombre que va soñando.
Por el aire va dejando
la brasa de la madera
hebras de luz de la hoguera,
aromas de un viejo leño,
y es un perfume de ensueño
para la tarde, que espera.


sábado, 17 de junio de 2017

Potro de luna



En ancas de ese potro que domé cada noche
(mi amor sencillo y puro es un potro de luna),
harás erguida y sola tu camino de estrellas.

Hacia el rincón de fresnos que te cierran el paso,
antes del horizonte que sin fin te sostiene,
irá sin rienda el potro de mi amor estrellero.

Pero si acaso el día te encuentra en el camino
y la jornada es triste como un campo sin siembra,
ya no habrá tiento o cerco que detengan la marcha.

Y así como en el cielo se repiten estrellas
cada noche y la próxima vuelven a aparecer;
y en sus ciclos de días la luna, que hace fértil

sementeras y vientres, regresa a arar el cielo,
así será la huella que los cascos amantes
dejarán, de mi potro, en tu piel y en tus ojos.

Pero, si acaso el tiempo sin tiempo en el que vive
mi potro ya domado cada noche de luna,
se vuelve con el tiempo una rueda de azahares

y se perfuma el aire cada vez que me nombras
y vuelve el sol al cielo si acaso me recuerdas,
puede ser que tus pasos se detengan al fin.

Y mientras que un otoño de un año al otro pasa
y cada primavera mejora la anterior,
sentirás el extremo silencioso de un beso

que nunca te fue dado, sin sabor ni nostalgia,
y allí en el corazón, yendo entrañas arriba,
crecerá bien domado otro potro de luna.

Y entonces, cada noche, guerreando con el sueño,
soñarás que tu viaje va hacia el cielo en destino
en ancas de ese potro que obedece tu voz.




miércoles, 14 de junio de 2017

Isolda la bella


La costa gime. Isolda navegando
va a su puerto en Bretaña. Malherido,
Tristán, que sueña un cielo florecido,
ve por el cielo un águila volando.
La vela blanca izó y va quebrando
el mar, que Isolda apura, embravecido.
Tristán despierta, ajeno, entumecido,
y otros ojos, por él, la están buscando.
Isolda llega. Corre. Se ilusiona.
En su lecho, Tristán ya desespera:
hay una voz amante y lo traiciona.
Lo besa Isolda y con su beso leve
ya se deja morir, triste, a su vera,
para que Amor hasta Tristán la lleve.





martes, 13 de junio de 2017

Todo es tuyo


Si siempre y cada vez la luz que hiere
fibra por fibra, en hebras luminosa,
dejara por el aire de la rosa
un aroma de luz que no muriere.
Si cada cosa y siempre obedeciere
ese rumor de luz que en cada cosa
vive latiendo el fuego silenciosa,
y quietamente en ese amor ardiere.
Los ojos que no ven despertarían,
y en cada cosa, en todo, estallarían
rayos de luz, murmullos de fulgores.
Secretamente enamorada, aguarda.
Sabe que el tiempo de lucir no tarda.  
Y que habrá sólo luz y ojos mejores.




domingo, 11 de junio de 2017

Insomnio


Te vi en la noche.

Yo te vi.

¿Te creías amparada,
así, asomada apenas,
confundida con el aire del este?

No me viste, incendiada y fría como estabas.
Oculta en un azul que ardía de tu luz.

Te vi quebrarte entre ramajes,
y silenciosa, como un amante nocturno,
te vi mezclarte entre la púrpura de flores quietas,
subiendo los peldaños de las cosas;

y después traslucir las veredas de piedra
y al fin rodar hacia mí con tu séquito de esferas y de ángeles.

No me veías.

Yo sí.

Y toda la noche estuve viéndote,
y quise verte siempre,
verte toda la noche de un día.

Ver cómo lucías al amanecer.
Y a mi costado.


Y te vi.

Y no me viste.

Luna de junio,
pastora del cielo.




sábado, 10 de junio de 2017

Felices los que ven


Toda luz se les hurta de los ojos opacos,
agazapados, en medio de la noche,
ahitos de la nada de si mismos,
vagando por un aire que no los apacigua
ni los hospeda,
ni les pertenece.

Extranjeros de todo.

Silencio de lo oscuro,
soledad del silencio,
oscuras soledades.

Nada ven.
Y al ver no ven.
Y no saben lo que ven.
Y no saben que no ven.

Felices los que ven,
y al ver, ven;
y saben lo que ven.

Y saben que ven.

Felices ellos que ven lo que ven.
Porque ellos serán vistos.



viernes, 9 de junio de 2017

Aburridos y aburrientes




Mais parmi les chacals, les panthères, les lices,
Les singes, les scorpions, les vautours, les serpents,
Les monstres glapissants, hurlants, grognants, rampants,
Dans la ménagerie infâme de nos vices,

Il en est un plus laid, plus méchant, plus immonde !
Quoiqu’il ne pousse ni grands gestes ni grands cris,
Il ferait volontiers de la terre un débris
Et dans un bâillement avalerait le monde;

C’est l’Ennui ! — L’œil chargé d’un pleur involontaire,
Il rêve d’échafauds en fumant son houka.
Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
— Hypocrite lecteur, — mon semblable, — mon frère!

(Préface a Les Fleurs du Mal, Charles Baudelaire)


Es hasta simpático que en francés el verbo ennuyer tenga un participio presente que es adjetivo, se entiende, y a su vez tenga un participio pasado, ennuyant y ennuyé. Además de ennuyeux, claro, que es adjetivo a secas, con parejo significado.Como si dijéramos, aburriente y aburrido, poco más o menos.

Es comprensible etimológicamente incluso que el verbo y los demás derivados tengan dos significados principales: aburrir y desagradar o enojar. Por donde para los franceses aburrir y desagradar andan juntos y cerca, y con toda razón.

Porque la honda razón del enojo por lo aburrido está en la misma raíz de la existencia de las cosas.

Dicen también en la Francia que l'ennui est le contraire de l'art, esto es: el tedio es lo opuesto al arte. Y por las mismas razones, pues se entiende que si lo bello es lo que visto agrada (dicho sin las debidas precisiones), y el arte procura lo bello, desagradar es opuesto a la belleza y en consecuencia al arte.

Muy bien. Entendido.

Pero la profecía de Baudelaire con respecto a los tiempos que le vienen a él y que ya son nuestros es bastante más impresionante, si bien se ve.

Todo el Prefacio a Las Flores del Mal es impresionante y todo el resto de la antología lo es, qué decirles.

L'Ennui.

El aburrimiento hace estragos. Es verdad.

Nuestro tiempo muere de una languidez y de una lasitud de tedio, de arcadas de hastío.

La falsedad, la oquedad, la hipocresía, el discurso insubstancial, la dispersión, la frivolidad, el fraude, el atiborramiento de manjares insípidos, de perfumes y esencias que bañan la putrefacción. La crueldad sin motivo.

La ficción del bien, la cobardía, la celebración de lo torcido, de lo banal, de lo contrahecho, de lo repugnante. La adulación de lo irreverente, la algarabía ante lo perverso, la solemnidad y reverencia ante lo inmundo. La devoción oportunista.

La burla y la fingida conmiseración. El regodeo ante la muerte y la truculencia. La insolvencia afectiva, emocional, psicológica, moral, intelectual, espiritual.

El asco.

El asco del aburrimiento que provoca asco.

Todo eso lleva el hombre en las alforjas de sus ojos y oídos, en las honduras de su alma. En el corazón.

Siente asco y no sabe que ha sido aburrido.

Pero.

Felices los franceses que tienen cómo decir aburrientes, en participio activo.

Porque a los aburridores (nos conformemos en castellano con esa palabra) es a quienes hay que mirar.

Ellos son. Ellos lo han hecho.

Ellos son de todas partes. Ellos son en toda cosa. Donde se mire se los verá. Sin buscarlos.

Ellos vienen al hombre y lo deshacen.

Cometen el peor de los pecados, sí, Baudelaire, estás en lo cierto:
Il ferait volontiers de la terre un débris
et dans un bâillement avalerait le monde
Ya lo han hecho. Han hecho escombros no solamente del orbe, también de todo lo que debería ser gozoso, sabroso, vital. Lo han intentado con fiereza.

Han abolido la felicidad presente, sí. Pero también la futura. Han decretado el sin sentido. El sin fin. El no importa qué. Lo han intentado con fiereza.

Han jugado con lo más precioso como con abalorios inservibles; han arrojado al aire, como si fueran clavas de plástico, cristales delicados, piezas finas de metales nobles, firmes ternuras, amores con raíz, corazones, mentes.

Y han dejado al hombre en una soledad en la que no puede estar ni siquiera consigo.

Tiene razón otro francés, que todavía vio más lejos, porque vivió unos siglos antes:
Tout le malheur des hommes vient d'une seule chose, qui est de ne savoir pas demeurer en repos, dans une chambre.
Sí, Pascal, sí. No pueden. No saben, no pueden ni quieren reposar a solas en una habitación. Ya no lo toleran. Y de allí les viene infelicidad.

Pero.

¡Ay de los aburrientes!

¡Ay de los que empujaron al vacío y a la nada!

Han hecho enojoso lo feliz, han hecho miserable lo glorioso, han dado de comer platos desabridos.

Y, ¡ay de ellos mismos, los aburrientes!

No pueden saborear, mutilados. No pueden saber, mutilados. No pueden amar, mutilados.


Lector, tú bien conoces al delicado monstruo
-¡Hipócrita lector -mi prójimo- mi hermano!






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Mas, entre los chacales, entre las panteras y los linces
los simios, las serpientes, escorpiones y buitres,
los aulladores monstruos, silbantes y rampantes,
en la mezcolanza infamia de nuestros vicios, .

¡Hay uno más malvado, más lóbrego e inmundo!
Sin que haga feas muecas ni lance toscos gritos
convertiría con gusto a la tierra en escombro
y, en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;

¡Es el tedio!- Anegado de un llanto involuntario,
imagina cadalsos, mientras fuma su yerba.
Lector, tú bien conoces al delicado monstruo
-¡Hipócrita lector -mi prójimo- mi hermano!

(Prefacio a Las Flores del Mal, Charles Baudelaire)


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Toda la infelicidad de los hombres procede de una sola cosa, que consiste en que no sabemos quedarnos tranquilos en una habitación.  (Blas Pascal, Pensamientos)

miércoles, 7 de junio de 2017

De los labios secos


¡La edad es ésta de los labios secos!
¡De las noches sin sueño!
¡De la vida estrujada en agraz!
¿Qué es lo que falta que la ventura falta?


Amor de ciudad grande, José Martí



Se bebían el vino de la gloria
y atacaban proezas, y empujaban andanzas,
los labios empapados de canciones de miel amarga
y gritos de victoria,
con los ojos aguerridos chispeando
fuegos de amor,
fingido como flores de papel,
esperanzas fláccidas como sus carnes grises.

Dejaban cada noche su sueño junto al fuego:
sueños de mares bravos;
los mares de este mundo y las orillas
del otro mundo,
que despreciaban con dedos ateridos y ajados,
sus manos siempre frías,
como sus pechos;
contando unas riquezas pobres,
hilos
de voces huecas, brillantes de oro falso.

Eran aquellas noches, noches sin sueños; demasías de odios,
soledades sin tiempo;
eran viñas de agraces,
de amores estrujados como restos de un banquete grasoso,
libando mostos tristes entre penumbras de una casa vacía.

Un ángel de tormenta, con alas como rayos,
ya murmura la vindicta,
alza su palma como una espada justiciera;
arde de celos terribles,
y su celo es un viento de luz que ilumina a los pequeños
y a los solos.

Y les da calor.

Con vaho que exhala pesadillas,
los labios atontados están secos:
los labios que bebían sus vinos de gloria ínsipida,
que atacaban proezas,   
que mentían andanzas,
los labios secos que no conocieron la compasión,
que gritaron sus blasfemias entre risas
y burlaron la estupidez ácida de lo plebeyo.

Ahora duermen una noche sin mañana
y en un licor que destila una sangre
que la vergüenza alquitrana y empluma,
se embriagan con la desesperación.
Saben que ya es tarde.

La edad es ésta.

Éste es el tiempo.

Este tiempo llegó y está a las puertas.

Vendrá y no lo verán.
Gritará,
león herido,
rugido de amor dulce y quemante.

No lo oirán.

Balbucirán sus cuitas tediosas,
con el aburrimiento sin sosiego
de los árboles marchitos.

Mirarán los centros de sus centros como si fueran preciosos,
vientres estériles, inflados de oquedades.
Serán sordos al sabor de los arroyos.
Ciegos frente al aroma de los lirios.


Pero la edad es ésta.

Y afuera, en la noche,
rechina la intemperie
que desdeñaron por la tibieza
de una caricia
de ceniza.