jueves, 4 de octubre de 2012

Quod est kirchnerismus (IX)

Resulta que, de mayo a esta parte, ando viendo cómo van las cosas y, créame o no, he llegado a la conclusión de que no solamente Kirchner ya no existe: tampoco existen cientos de miles de cosas que uno cree que existen y que te digo que no y que no: no existen...

Me convenció Cristina: en la Argentina solamente existe lo que Cristina dice que existe, tal y como ella dice que existe. Nada de lo que cualquiera dice, piensa, siente, supone o sospecha que existe, existe realmente si ella lo niega. Y si existe con su permiso, sólo existe del modo que ella dice que existe. Y sanseacabó, no quiero oír ni una palabra más...

Pero eso no es todo. No, señor..., ¡qué va!

Leo los diarios, miro la tele, oigo la radio, hablo con la gente (políticos, jardineros, consultores, cordobeses, verduleros, profesores, peruanos, paraguayos, mecánicos, bolivianos, conserjes de hoteles, santiagueños, taxistas, mapuches, empresarios, chaqueños, boleteros, filósofos, pilotos de aviones, sanjuaninos, sintechos, camarógrafos, empleados de la Anses, obispos, trapitos, directoras de colegio, chacareros santafesinos, drogadictos, ordenanzas de los tribunales, poetas, mineros de Santa Cruz, limpiavidrios, vendeflores, sacamuelas...) y nada, malhaya: pasa lo mismo que con Cristina, qué suerte perra: solamente existe lo que ellos dicen que existe y lo demás no existe. Y sólo existe lo que existe tal y como dicen que existe. Y ya no jodan más...


Yo entiendo, no crea, yo entiendo...: sin darle un retoquecito a las cosas hasta desfigurarlas criminalmente no se puede gobernar, no se puede ser gobernado, no se puede ser adicto ni opositor, ni casi nada. ¡Pero cómo no lo voy a entender!


Lo que le digo, nada más, es que así, mi querido, no se puede trabajar.


Así que habrá que esperar un rato y dejar que pase la ola.


Un día, estoy requeteseguro, pasará.

Y las cosas serán normales y reales de nuevo. Bastante, al menos. Lo suficiente, al menos.

Y todo existirá de nuevo y será exactamente lo que es. O bastante o suficientemente lo que es como para que tenga un poco de sentido hablar de algo que es y no de escenografías.

Y lo mejor de todo: hasta llegará a pasar que cada uno podrá saber que lo que es es lo que es tal y como es. Y lo sabrá bastante, al menos lo suficiente. Y ya no será del todo posible sin riesgo grave el maquillaje brutal, la cosmética torpe, el subterfugio ladino.


¿Que soy un papanatas? ¿Por qué? ¿De veras usted no cree que eso pueda pasar?


Yo creo que sí puede pasar, mire.

Pero así como le digo una cosa le digo otra cosa más: hasta que no amanezca un poco por ese lado, ni me voy a molestar en escribir una sola línea sobre cosas que de veras no existen.



¡Hay tantas cosas de verdad!


Mientras tanto, como quien se tira al sol y vaga, para ocuparme de estupideces en mis ratos libres sigo leyendo el diario de Yrigoyen.

Y de eso no falta porque hay más de uno y casi no hay otra cosa.