viernes, 23 de marzo de 2012

Quod est kirchnerismus? (IV)

Una cosa que es (2)


Habrá quien prefiera hablar en detalle y con historias -y con historia- de asuntos como la Tendencia, Montoneros, de la juventud maravillosa o de los estúpidos que gritan o de los imberbes que pretenden tener más mérito. O más atrás de la Tacuara de Ezcurra o la de Baxter, y antes todavía de J. W. Cooke, y así hasta llegar quién sabe si acaso a Dorrego o a Tupac Amaru.

Pero no va a ser aquí, porque esto no es una historia del peronismo ni de los a veces sedicentes movimientos populares.

Simplemente estoy pensando acerca de una cuestión: qué es, de qué está hecho el kirchnerismo.

Veamos, a ver.

Aquel discurso de Perón del 1° de mayo de 1974, tan llevado y traído, es tan bueno como cualquier otro para mirar esta característica que agrego al kirchnerismo, además de las dos anteriores que ya mencioné, su provincianismo en el mando y sus trazas de peronismo.

De aquella pulseada Plaza de por medio entre Perón y Montoneros solamente voy a tomar tres párrafos:
"...Compañeros, nos hemos reunido nueve años en esta misma plaza, y en esta misma plaza hemos estado todos de acuerdo en la lucha que hemos realizado por las reivindicaciones del pueblo argentino. Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conforme de todo lo que hemos hecho...

"...Compañeros, deseo que antes de terminar estas palabras lleven a toda la clase trabajadora argentina el agradecimiento del gobierno por haber sostenido un pacto social que será salvador para toda la República...

"...Compañeros, tras ese agradecimiento y esa gratitud puedo asegurarles que los días venideros serán para la reconstrucción nacional y la liberación de la nación y del pueblo argentino. Repito compañeros, que será para la reconstrucción del país y en esa tarea está empeñado el gobierno a fondo. Será también para la liberación, no solamente del colonialismo que viene azotando a la República a través de tantos años, sino también de estos infiltrados que trabajan de adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero..."

Como se los quiera ver, creo que es claro que en estos dichos aparecen como telón de fondo y como estructura ideológica las tres notas cifradas del peronismo raigal: la independencia económica, la soberanía política, la justicia social. Además, es evidente para mí que de las tres hay una hermenéutica perónica, esto es, de boca de su mentor mismo.

Pero allí hay cifrado algo más, a mi ver. “Hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho”. Creo que son los mismos que no ven con buenos ojos el “pacto social que será salvador para toda la república...” que sostuvo “la clase trabajadora argentina” a la que hay que agradecérselo. Por fin, puede presumirse también que a estos mismos -no sólo a ellos, si bien se entiende, pero también a ellos- les cabe la categoría de “estos infiltrados que trabajan de adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero...”

No digo nada inédito si digo que al kirchnerismo le llegan las furias señaladas allí por Perón.

Más allá del lugar que hayan ocupado los Kirchner en aquel entonces, lo cierto es que Perón les habla a ellos. Y hasta diría que especialmente a ellos, pues la historia los ha puesto en la extraña situación de venir a ser en nuestros días la cabeza de las columnas aquellas que se fueron de la Plaza aquel 1° de mayo, ahora volviendo victoriosas a la misma plaza emblemática y con un poder que no habían tenido nunca antes o, por decirlo mejor, con un poder real y formal que nunca tuvieron.

Con ellos, parece que también llegó la hora de dirimir -con Perón primero, claro- algo tan elusivo y proteico como es la naturaleza última del peronismo.

Es la hora de mostrarle -a Perón primero, claro- por qué y en qué no están conformes con lo que se ha hecho. Como se trata de peronismo -y en parte de políticos a secas, no nos hagamos los distraídos con las cosas de los hombres-, en esas columnas que ahora entran victoriosas a la Plaza hay muchos que nunca se fueron de ella.

Los que se fueron eran los estúpidos que gritaban y los imberbes que creían tener más méritos. Los que se fueron eran los que todavía no están conformes de todo lo que Perón ha hecho.

Podrá llamárselo setentismo, montonerismo, camporismo. No voy a hacer ahora una cuestión de eso. Porque no importa cómo se lo llame: se trata de una visión y una concepción. Y ninguna de ambas es peronista lato sensu y hasta bien mirada tampoco stricto sensu: es una concepción amasada con sólo algunas cucharadas de harina peronista, incluso con las tres consignas raigalmente peronistas, aunque pensadas, sentidas y dichas con sentido diferente.

Aquello que en el entero mundo tiene tantos nombres como episodios emblemáticos -especialmente en los primeros 70 años del siglo XX-, se resume en una concepción revolucionaria profunda del sentido del hombre, de la sociedad y de la historia y abarca todos los ámbitos desde la política al deporte, desde la economía a la cultura en general, desde la educación hasta la teología. Puede ir de Gramsci a Maradona, de Lenin a Teilhard de Chardin, de Simone de Beauvoir a León Gieco, de Evo Morales a Andy Warhol, de Paulo Freire a Barack Obama.

Hay que explicar las palabras un poco más pero, por ahora, digo que en todos los ámbitos la revolución es de izquierda. Siempre.

Perón encarnó un modo de entender la Argentina. Su discurso y su acción estaban hechos de hebras muy distintas pero que, si se divide sin matices el mundo en dos, resultaban hebras que quedaban todas del mismo lado.

Lo voy a decir de un modo brutal: Perón era un socialista de derecha. No hay modo en que eso sobreviva sin por lo menos sorprender. Pero creo que así fue.

Y es el caso que cuando -y cada vez que- el peronismo deriva hacia la izquierda, con el primero -y el último- con el que se tiene que agarrar a las piñas es...con Perón. Y es bastante natural.

Si no gusta el socialismo (entendido de modo peculiarísimo, claro), hay problemas con el peronismo y con Perón. Le pasó a Menem y a los que lo sostenían. Menemismo es, como si dijéramos, una especie de peronismo sin socialismo. Si en cambio lo de derecha perturba, hay problemas con el peronismo y con Perón. Le pasa a Kirchner (en las dos versiones). Kirchnerismo es, como si dijéramos, una especie de peronismo sin derecha.

Ahora bien.

El peronismo, por doctrina, es anticapitalista en cuanto a la concepción de la economía, la política y del hombre y la sociedad, en el orden nacional e internacional. La derecha del peronismo no es lo que se entiende habitualmente como tal, ni propia ni impropiamente. El peronismo es de derecha no como Rivadavia, Moreno o Roca podrían ser de derecha. Es de derecha como Dorrego, Rosas o Quiroga podrían ser de derecha. Pero el peronismo es también anticomunista por doctrina. Y lo es en economía, política y concepción del hombre y de la sociedad, en el orden nacional e internacional.

Su socialismo tiene del corpus de ideas histórico solamente el mismo nombre, porque el contenido es distinto. Se parece más al distributismo antiimperialista y antiglobalista de los hermanos Chesterton y de Belloc. Se parece a los fascismos y al nazismo en lo que ambos profesaban como concepción de comunidad organizada en un cuerpo social. En ese sentido, todos ellos son tan socialistas como el peronismo de Perón.

Y es en ese sentido que se puede decir que el peronismo no puede sino tener un aire definitivamente revolucionario, como movimiento nacional y popular tanto como doctrinariamente, más allá de las salvedades, objeciones y críticas que pudieran hacerse a su doctrina, a su discurso y a su acción. Pero también podrá decirse que en lo que tiene de derecha es profundamente antirrevolucionario, si es verdad aquello de que revolución es una palabra de izquierda, en sentido habitual.

Así las cosas, la idea de un movimiento que sea revolucionario, nacional y popular, y, además de socialista y anticapitalista, de derecha, es un plato exótico.

Y para el kirchnerismo, intragable. Lo era en 1974, cuando el kirchnerismo sólo existía en los espermatozoides que lo engendrarían. Y lo es ahora.

El kirchnerismo, digámoslo así, se llevó finalmente del peronismo las palabras, más que nada. Y, como aquellos jóvenes que se fueron de la Plaza aquel día, nunca estuvo para nada conforme con lo que Perón hizo con ellas. Cuando le llegó el momento, lo mostró para quien quisiera verlo.

El mundo no es el mundo de los '70, claro, aunque en muchísimo es su hijo primogénito. Pero eso mismo le es de gran ayuda al kirchnerismo para esquivar por ahora este asunto central que es precisamente que, en los términos en que lo digo, Perón era irremediablemente un socialista de derecha.